No hay noche cerrada que no deserte cuando la luz de Cristo se hace presente














Domingo 33° durante el año 

Para el día de hoy (17/11/19):  

Evangelio según San Lucas 21, 5-19










El Templo era el centro de la fé de Israel y clave en su identidad nacional: todo judío estaba orgulloso de su imponencia, de su talante fastuoso, de su engalanada belleza. En cierto modo y aunque a veces -por la Diáspora- no pudieran peregrinar, siempre tenían sus miradas orientadas hacia Jerusalem y más precisamente hacia el Templo pues era la certeza de lo perenne, de lo inmutable y de la firmeza de sus tradiciones.

Justamente allí, en las inmediaciones del mismo Templo, Jesús de Nazareth preanuncia su destrucción. La comunidad cristiana primera tndrá certeza de ello y lo recordará hacia el año 70, cuando las tropas romanas de Tito y Vespasiano, luego de un prolongado asedio, ingresan a sangre y fuego a la Ciudad Santa y arrasan con el Templo sagrado.

Pero en realidad el Maestro advierte a los suyos acerca del futuro, pues respecto del Templo y su trascendencia ya les ha enseñado bastante. El futuro como horizonte de toda la vida, el futuro como realización de la existencia, el futuro pleno de Dios.

A continuación, la descripción de los acontecimientos que han de vivir los suyos nos trae ecos desoladoramente cercanos: los falsos profetas que engañan, revoluciones y guerras, terremotos y plagas. Hoy, en este presente tan crítico en el que se juega a diario la supervivencia y todo transcurre con mórbida normalidad, podríamos decir las falsas profecías de las ideologías y la propaganda, la violencia extrema que se planifica en siniestros escritorios y se razona en los medios, los descalabros ecológicos porque no cuidamos la casa común, esta tierra, esta naturaleza de la que somos parte.

Más aún, en las persecuciones implacables, el acoso del hambre y el desempleo, las difamaciones continuas, la incomprensión de los cercanos a los afectos, en esas noches cerradas no hay que perder de vista por quien andamos, por quien somos lo que somos y como somos. Quien nos acompaña sin dejarnos librados a nuestra suerte.

Permanecer firmes en lo que prevalece y no perece, aunque todos los templos que nos edificamos como refugio tranquilo se derrumben o nos los derriben, tenaces en la esperanza en Aquél que nos impulsa, que camina con nosotros y que nos espera en un final que es el comienzo definitivo de la eternidad.

No hay noche cerrada que no deserte cuando la luz se hace presente.

Paz y Bien

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