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Cercanía solidaria, humildad y misión: Dios entre nosotros

Bautismo del Señor

Para el día de hoy (09/01/11):

Evangelio según San Mateo 3, 13-17

(Jesús está allí, anónimo entre esa multitud que buscaba recibir el bautismo por parte de Juan.

Es el Salvador del mundo, y sin embargo está allí, esperando pacientemente su turno a orillas del río, junto a todos aquellos que esperaban ser bautizados y el perdón de sus pecados y miserias.
Es claro, Él no lo necesita, pero persiste en estar entre esas gentes dolidas y lastimadas.

Jesús comienza su misión, trayendo una vida nueva para toda la humanidad en el silencio humilde del hacerse uno más entre los hombres.

La mirada profunda del Bautista -ojos de hombre de fé- lo descubre, y Juan, el más grande entre los nacidos de mujer, está visiblemente incómodo.
No debe él bautizar a Jesús, por el contrario es el mismo Juan el que ansía ser bautizado por Jesús.
Con los mismos ojos capaces de descubrir al Salvador por entre la multitud, Juan se descubre a su vez pequeño y totalmente inferior a ese galileo que es su Dios y Señor. La entereza del Bautista se funda en el Espíritu y se expresa en su humildad.

Han pasado treinta años de vida oculta a la vista de todos, de existencia silente y por demás elocuente. El Maestro comienza a recorrer la huella de su misión de salvación, y en el Evangelio de San Mateo las primeras palabras que pronuncia se refieren a la justicia, al proyecto de su Padre, a la vida plena y abundante, sinfonía de las almas que cantan la voluntad del Dios de la Vida. Justicia de los que reniegan de todo interés mezquino, que abdican de todo protagonismo, que destierran cualquier formalismo que cercena el centro de la existencia humana: es la justicia que se expresa en solidaridad y misericordia.

Un cielo se abre, y es signo cierto de que ese galileo es de Dios y es Dios, y que lo divino y lo humano, por Él, comienzan juntos a tejer la historia.

En la celebración del Bautismo del Señor está declarada sin ambages toda nuestra misión y, por ello mismo, toda nuestra existencia.
Dios está entre nosotros, allí mismo, entre la multitud que nos encontramos a diario, uno más entre nosotros, adentrándose en nuestros dolores y asumiendo nuestras miserias.
Por ello mismo su misión también es la nuestra, misión de justicia, compromiso santo de asumir el sufrimiento y la marginalidad de tantos para que se cumpla el proyecto del Abbá, eso que llamamos Reino y que suplicamos a diario.

No hay resquicio para la rutina ni posibilidad para el desánimo: nos basta con sabernos queridos, amados, elegidos especialmente todos y cada uno de nosotros, muriendo a todo egoísmo y emergiendo nuevos desde las aguas purificadoras del servicio y la entrega, anticipo seguro de la Resurrección definitiva)

Paz y Bien

Pan de vida, pan de coraje, pan de compasión

Para el día de hoy (08/01/11)
Evangelio según San Mateo 6, 34-44

(Sin dudas, el Maestro y los discípulos estaban cansados.
La misión de anunciar la Buena Nueva del Reino es maravillosa pero nada fácil: a ellos acudían sin cesar miles y miles llevando sus dolencias, tristezas y miserias, y esa empatía de Jesús -más allá de toda razonabilidad- lleva al cuerpo a traspasar las fronteras del cansancio y el agotamiento.
Algunos sabrán de qué se trata: es un cansancio que supera largamente el agotamiento físico; quizás, porque se trata de ponerse al hombro el dolor del otro, hacer propio el dolor del otro, y eso, humanamente, desgasta.
Y el Maestro es el más humano de todos, y hace propio el sufrimiento del prójimo: es la esencia misma de eso que llamamos compasión, es decir, com pathos, compartir lo que se sufre.

Allí mismo, al borde del lago y adentrándose en el desierto, las gentes lo seguían. Un número incontable de niños, hombres y mujeres ansiosos de estar con Él.

El Maestro desciende de su barca, y se conmueve en sus entrañas: la multitud se encontraba librada a su suerte, a los vaivenes de su soledad, a la ventura del dolor.
Jesús se compadece, y de golpe su cansancio desaparece. Allí mismo, en el lugar menos impensado se pone a enseñar, devuelve la Palabra a tantos enmudecidos.

A muchos nos ha sucedido, y a ese nutrido grupo de gentes también: cuando se está tan a gusto, cuando la paz se vivencia hasta los poros el tiempo ya no tiene decisión, y talla esa necesidad de prolongar esos momentos de eternidad.
Es claro, sucede que cae la noche; estaban en un sitio apartado, lejos de cualquier poblado. Y está Jesús, y son tiempos nuevos: ya es hora de ver todas las necesidades del prójimo.

En esa lógica ajena a toda razón -la ratio del Reino- Jesús hace intervenir activamente a los discípulos en la búsqueda de la solución al grave problema de sus hermanos: la gente también se había cansado, estaban hambrientas y había que encontrar una solución. No puede haber diferencias entre la compasión que vive y ejerce el Maestro y lo que viven y hacen sus discípulos -tu y yo, todos nosotros-.

Sin embargo, a los discípulos aún les cuesta despojarse de ciertos criterios mundanos, y buscan una solución de compromiso por fuera de la gente: es mejor enviarlos de regreso a aldeas y pueblos a que ellos mismos procuren su alimento.
No se habían dado cuenta, y nos cuesta darnos cuenta: es tiempo de tener coraje, las soluciones se encuentran en el centro de la misma gente, no por fuera. Basta con un corazón compasivo capaz de ver y mirar y actuar con mansa bravura.

Cinco panes y dos peces se nos pueden aparecer como nada: sin embargo, en el compartir sucede el milagro, y desde la gente misma todo se multiplica, todos se sacian y aún quedarán doce canastos llenos... para los que aún no han llegado.

Cuando la Eucaristía -la cena del Señor, acción de gracias de eternidad- queda relegada a los templos, a un hecho meramente cultual, se vulnera y ofende a Aquél que está allí mismo vivo y presente.

Tal vez, debamos ir junto al Maestro a un sitio apartado y reencontrarnos con ese Pan de Vida que nos alimenta de vida eterna, que es eterna porque es Amor, que es eterna porque es compasión, que es eterna pues es vida compartida, vida ansiosa que olvida todo cansancio en el afán de procurar el sustento del hermano.)

Paz y Bien



Luz de los pueblos

Para el día de hoy (07/01/11)
Evangelio según San Mateo 4, 12-17.23-25

(Al Maestro le había llegado la noticia de que Juan el Bautista estaba en las prisiones de Herodes. Sin dudas, su voz valiente que alentaba a convertirse por la inminencia de la llegada del Reino de Dios se había vuelto demasiado peligrosa.
Al saber esto, Jesús se retira a Galilea y se instala en Cafarnaúm; desde allí comienza su misión y su predicación del Reino.

Galilea de los gentiles, refería el profeta Isaías, y era mucho más que ello.
La Galilea de aquel entonces era considerada como de poca valía, tan heterodoxa que se acercaba a la herejía y, especialmente, marginal.

Desde allí, desde los bordes, fuera del templo y el palacio, desoyendo toda lógica de poder, Jesús comienza a desarrollar el proyecto de salvación de Abbá.
No se queda quieto, no se instala cómodamente en una casa a la vera del lago: Él personalmente vá a las gentes, sale al encuentro, busca los sitios en donde la comunidad se reúne y lleva encendida una antorcha de misericordia y compasión.
Quizás por ello, todos los enfermos que eran llevados a su presencia eran curados. El restablecimiento de la salud -entendida en su sentido más profundo, más integral, más pleno- será de allí en adelante señal certera de la presencia del Reino entre nosotros.

La luz brilla en las tinieblas y se cumplen las promesas de varios siglos hechas al viejo pastor de Ur, Abraham del desierto: desde él, se bendecirían todas las naciones de la tierra.
Debe ser porque el Reino acontece en templos y palacios de los opresores, sino más bien florece allí en donde sucede la liberación, la vida, la salud.

Desde las pequeñas ciudades hasta las grandes urbes, dondequiera que estemos, nuestras comunidades tienen ese mandato increíble: ser luz de los pueblos, es decir, salir al encuentro del oprimido, del caído, del marginal, del enfermo, sin distingos ni condiciones, haciendo que suceda ese Reino de amor y misericordia ofrecido entrañablemente desde el corazón del mismo Dios.)

Paz y Bien

Una estrella amiga


Epifanía del Señor

Para el día de hoy (06/01/11)

Evangelio según San Mateo 2, 1-12

(Sabemos que los Evangelios no son libros históricos en el sentido estricto del término: son, ante todo, escritos teológicos, es decir, textos espirituales plenos de signos y símbolos.
En este orden de ideas, exégetas y estudiosos han sostenido la improbabilidad de un fenómeno cósmico -una estrella movediza- que guíe a esos sabios venidos de Oriente y que, milagrosamente, se detiene en la pequeña Belén de Judá, exactamente sobre el pesebre en donde ha nacido el Mesías.
Más aún: la Escritura menciona a unos "sabios" venidos de Oriente; la cuestión de tres reyes magos nos viene por ciertas tradiciones y costumbres a través de los siglos.

Así, quizás erróneamente, se habla de este día como día de Reyes Magos; tal vez sea necesario detenerse un momento en esa inercia espiritual a la que posiblemente nos hemos acostumbrado mal y recuperar el sentido profundo de esta fiesta. Pues Epifanía significa manifestación, y es cada vez más imperioso redescubrir cómo se manifiesta ese Dios que ha venido a salvarnos.

Es extraño: los poderosos lo rechazan, y sin remilgos buscaran matarlo. Los eruditos y entendidos lo ignoran con un intenso desprecio.
Ese Mesías reniega de templos y palacios, del poder ajeno al amor y del culto formal vacío de corazón.
Es el rey del universo que se manifiesta en un Niño Santo que llora su hambre y su frío en la noche en un altar de pañales. A ojos serios, su linaje real no es evidente: la Madre de ese rey es una muchachita judía -casi adolescente- y su padre un tekton nazareno, carpintero galileo pobre que sabe de sacrificarse por ganar el sustento para los suyos. Una corte de sospechosos amigos de lo ajeno -pastores nocturnos- lo rodean con miradas plenas de asombro.

Dios se manifiesta, y lo hace de modo sorprendente.
No hay sucesos espectaculares, declaraciones de heraldos reales, palacios en clima de fiesta: sólo un Niño escondido en la historia. Y sin embargo, todo el universo conspira de ternura y apunta hacia Él.

En la noche de la humanidad, Dios se manifiesta y brilla la luz de la Salvación, una estrella amiga -movediza, imposible de atrapar- que señala caminos ciertos a mujeres y hombres de buena voluntad, corazones grandes y nobles como los de esos magos venidos de Oriente.

Dios se manifiesta y es un Dios que declara abiertamente que no es propiedad de algunos... por ello pertenece a todos, especialmente a los más impensados.
Sale al encuentro de la humanidad, y sin embargo anda exiliándose de poderosos y sabios oficiales: lo encuentran plenos de asombro oscuros pastores e ignotos extranjeros, ajenos a toda especulación de pertenencia.

En cada noche de la existencia, Dios se manifiesta: una estrella amiga e inquieta -encendida por ese Espíritu que es compasión y misericordia- está siempre disponible para las almas dispuestas a mirar y a ver, corazones capaces de todo despojo, mujeres y hombres que le restan importancia a preconceptos y orígenes y que atesoran el encuentro con ese Niño que es la Vida que se abre paso desde los pobres, desde los márgenes.

Quizás debamos recuperar a ese niño capaz de asombrarse y alegrarse por los regalos en promesa, ojos de asombro y alegría frente a lo dado generosamente.
Ésa es la Gracia)

Paz y Bien

Integridad e imposición

Para el día de hoy (05/01/11)
Evangelio según San Juan 1, 43-51

(La invitación a ser partícipes de la vida de Jesús -eso que llamamos vocación- es siempre, indefectiblemente personal. Se trata de personas concretas, de carne y hueso con sus luces y sombras, asumidas en la totalidad de su existencia, en un momento específico de la historia.
En parte por ello, las primeras comunidades cristianas guardaron en la memoria colectiva cuidadosamente los nombres de personas concretas, para que recordemos, para que nos demos cuenta: Felipe, Pedro y Andrés, Natanael; hasta persiste el detalle de su lugar de origen, Betsaida, Caná de Galilea...

Así también la Palabra hoy nos impulsa a redescubrir esas cuestiones de identidad de los primeros discípulos que también son las nuestras, y esa fuerza que mueve a compartir, llamar, encontrar, descubrir, ir a Jesús con los hermanos.

Porque uno de los distintivos de esa identidad que nos es propia debería siempre abdicar de toda imposición, imposición que es ajena y hasta contraria a ese Reino que el Maestro nos ha regalado. Quizás debamos, desde nuestros silencios y nuestros desiertos, ahondar en esas cuestiones tan tristemente repetidas en la historia: la cruz debe ser asumida en libertad, no impuesta compulsivamente y. mucho menos, a través de la violencia.

Así también, la vocación -gracia y misterio- tiene una faz de integridad.
Esa integridad no supone hombres inquebrantables: Jesús nos conoce demasiado bien, sabe de nuestras luces y sombras.
La integridad implica hombres -mujeres y varones- que son capaces de permanecer fieles a la presencia de Dios en sus vidas antes que a sus propios esquemas y preconceptos.

Natanael, paisano de esa Caná que sería de bodas y vino, inquiere ¿acaso algo bueno puede salir de Nazareth?... Volvemos a la experiencia que no se exige sino que se invita: -Ven y verás-.
Natanael está bajo la higuera frondosa de la misericordia de Dios, y tiene la integridad de despojarse de todo aquello que le impide ir al encuentro del Maestro.
Se despoja de esa idea localista, de todo esquema preconcebido -un Mesías glorioso, vengador de Israel, pleno de realeza y poder- y no vacila en reconocer en ese Jesús manso y pobre, humilde y servidor al hijo de Dios, su salvador, su hermano, su igual, su Señor.

La Nueva Alianza -tiempo de Dios y el hombre- se renueva a diario en cada corazón que descubre el paso de Jesús en su vida y es capaz de transformarse y saber que ya nada será igual)

Paz y Bien



¿Dónde vives, Maestro?

Para el día de hoy (04/01/11)
Evangelio según San Juan 1, 35-42

(Él camina por las orillas del mar de la cotidianeidad.
Y somos tierra que anda, y como tales portamos las ansias de que sus pasos nos dejen huella.

No vá a pasar de largo: con toda certeza, en el momento menos esperado, Él se volverá y fijará su mirada en nosotros, corazón en la mano.
Es claro que no hablamos de abstracciones, o de hermosas fantasías o urgencias proyectadas por nuestra psiquis: hablamos de hechos concretos, de ese Cristo totalmente humano y totalmente Dios que en una hora precisa de la existencia se hace presente, evidente, tangible!, y se queda para siempre.

Seguramente, se nos vá a despertar el hambre corazón adentro, y esas ansias de saber más, de conocerlo más. Y allí la pregunta: -¿dónde vives, Maestro?-

Ya no es el Dios del Sinaí, escondido en la Tienda sagrada, oculto en el Templo.
Es un Dios cercano, muy cercano, hermano, amigo, pariente.
Él está allí, en el rostro del prójimo, sus ojos brillando en la mirada de los niños, en las lágrimas de los pobres, palpitando en mujeres y hombres solidarios, latiendo en cada gesto de compasión.

Andrés deja su oficio, deja la seguridad de lo que sabe, deja todo, lo sigue y lleva a su presencia a su hermano.
Simón tiene otra misión de fundamento de sus hermanos: su vida ya no será igual, por ello también su nombre será otro.

Vengan y vean es misión y mensaje)

Paz y Bien

Testigos del Cordero

Para el día de hoy (03/01/11)
Evangelio según San Juan 1, 29-34

(Fué en la noche de la primera pascua: con la sangre del cordero pascual se marcaron las puertas de las casas, señal que liberaba a los moradores de la muerte, signo cierto de liberación.

Ha comenzado un nuevo tiempo: Dios mismo se ofrece en Jesús como víctima para que todos se salven, para que la muerte no prevalezca, para que acontezca la liberación.
El Dios del Universo asume para sí la exclusividad del sacrificio: no hay ya más espacios para chivos expiatorios, no hay justificativos para el derramamiento de sangre...

Anónimo y silencioso, Jesús camina entre la muchedumbre que se agolpa a orillas del Jordán; sus pasos se dirigen a Juan el Bautista.
Y Juan, pleno del Espíritu desde antes de su nacimiento, tiene esa capacidad de verlo, de descubrirlo, el galileo que viene a su encuentro es el Esperado, y más aún: la humanidad puede retornar a la comunión con el Creador, a la vida plena.

El profeta del desierto se reconoce pequeño: el hombre al que señala, el Enviado, es mayor que él mismo, y en esa primacía también está su misión.
Ha visto descender al Espíritu como paloma y posarse sobre Jesús, templo vivo del Dios de la Vida.

Juan nos desafía cordialmente a través de los tiempos -las cosas del Espíritu atraviesan toda barrera temporal-: quizás sea preciso descubrir a ese Jesús que camina entre la multitud, humilde y anónimo, el que es vida y liberación, por el que cada mujer y cada hombre serán a su vez templos latientes y sagrados.

Y allí sí, encenderse con una mirada renovada y dar la mejor de las noticias, allí está Aquél que nos libera de la muerte.)

Paz y Bien


Hacerse palabra

Para el día de hoy (02/01/11):
Evangelio según San Juan 1, 1-18

(Desde toda la eternidad, la mano del Altísimo podía descubrirse en toda la creación, y desde allí el hombre se encontraba en comunión con Su mano bondadosa.
Pero aquello que entendemos por el pecado original supuso una fractura tan grande, que el hombre enmudeció, y se volvió incapaz de descubrir a su Dios en la naturaleza que le había sido regalada. No podía hablar con Él, no lo entendía y a su vez, desoía a sus semejantes y todo diálogo se le hacía ímprobo.

Desde el mismo centro del misterio, desde la misma intimidad de la divinidad, Dios ha salido: debe ser porque el amor -su misma esencia- implique ante todo salir de sí mismo al encuentro del otro.

Dios ha salido al encuentro de ese hombre -varón y mujer- perdidos en su soledad, mudos en sus múltiples lenguas.
Palabra de amor, Logos creador que se ha hecho carne -uno de nosotros, otro más como tú y yo igual en todo menos en el pecado- para que recuperemos la voz.

Inefable misterio de ternura, de ese Dios infinito e invisible que decide llegarse a estos arrabales siendo un Niño frágil, hijo de mujer, pobre y marginal.

En la insondable Misericordia de este Jesús presente y vivo hoy, ahora mismo entre nosotros, palpita un mandato y una invitación: la de hacernos Palabra.

Palabra de consuelo para el agobiado por el dolor, Palabra de esperanza, Palabra de luz y verdad, Palabra eficaz que construye la justicia y la fraternidad.

Hacerse Palabra quizás implique salir de nosotros mismos para volver a conocernos y a re-conocernos, eso que llamamos amor)

Paz y Bien

Madre de Dios, camino de la paz


Santa María, Madre de Dios

Para el día de hoy (01/01/11):

Evangelio según San Lucas 2, 16-21

(Noche extraña: los pastores -sindicados desde siempre como gentes al margen, amigos de lo ajeno- eran, a ojos de la ley mosaica, totalmente impuros por el contacto habitual con animales. A nadie en su sano juicio se le habría ocurrido invitar a ninguno de ellos a acercarse a un recién nacido.
Sin embargo, tienen una invitación preferencial -con sus nombres claramente definidos- a descubrir a Aquél que se su Señor y Salvador, la liberación esperada.

El signo de la Salvación está en un Niño pequeño y frágil, un Niño pobre acunado por la ternura de su Madre, y quizás seguimos pasando por alto esta señal.

Día de triple celebración: por una parte, nos deseamos un año nuevo pleno y feliz. A la vez, se recuerda la Jornada Mundial por la Paz. Y como si no fuera suficiente, muchos cristianos celebramos a Santa María, Madre de Dios, Theotokos.

No existen las casualidades, sin aquellas causalidades que, quizás, sean signos de la mano bondadosa con la que Dios quiere escribir junto al hombre la historia.

Decimos María Madre de Dios, Theotokos -literalmente "la que ha parido a Dios"- y el Dios invisible, inaccesible y lejano se nos hace cercano, humano, uno de nosotros, quizás el más humano de todos para que todos nos hagamos Dios.

Decimos María y decimos nuevo, novedad, más aún, Buena Nueva... el Espíritu que renueva todas las cosas la ha recreado desde toda la eternidad y deseamos con Ella también que en este año calendario que iniciamos también hagamos espacios para que ese Niño Santo nos nazca.

Decimos María y decimos paz verdadera, plena y total, paz que es don y misterio, paz que crece en un corazón que rumia la Palabra de Dios y deja que germine y transforme su vida, paz que se edifica en el día a día, paz que no es la ausencia de guerras o conflictos sino más bien que es hija dilecta de la justicia, la fraternidad, la verdad vivida en plenitud y la derrota corazón adentro de todo egoísmo.

Decimos María y bendecimos -decimos bien-: bendecimos todo este año que comienza como vida nueva y plena, ajenos a todo éxito, felices por creer, plenos por descubrir todo lo que Dios ha hecho en nuestras vidas y deseosos de que Él nos lleve de la mano durante todo este año que está en pañales como la vida misma, Cristo que nos nace para nuestra liberación)

Paz y Bien

La luz verdadera, un Niño Santo

Para el día de hoy (31/12/10):
Evangelio según San Juan 1, 1-18

(Toda la creación es expresión de la Palabra de Dios, Verbo Eterno por el que todo ha sido creado, en el que todo se sustenta y hacia donde todo se dirige.

Alfa y Omega de todo lo que existe, la Palabra crea, acompaña y espera a la totalidad del cosmos en un abrazo infinito.

La Palabra junto a Dios, la Palabra en Dios, la Palabra es Dios; en esa unión tan íntima quien escucha a la Palabra, descubre a Dios y se vuelve -misterio de entrañable ternura- hijo suyo.

No hubo, no hay ni habrá tiniebla que se le resista, oscuridad que no se disperse, noche que no de paso al alba. Primicia siempre, sale al encuentro de sus criaturas sin condiciones, gracia y misericordia, frutos de su misma esencia, el Amor.

Siempre ha estado con sus creaturas, a las que ama entrañablemente: en la zarza ardiente, escondido en el monte Sión, acompañando los años de desierto habitando en la tienda sagrada, en los duros años del exilio. De un modo inefable, siempre ha estado cerca, muy cerca.
Es cuestión de ternura que rompe cualquier lógica: por ese amor infinito, ha llevado a límites impensados su cercanía haciéndose uno de nosotros, y hoy mismo están allí, presentes y latiendo sus señales.

Un Niño Santo en brazos de su Madre es la mejor de las noticias: toda la humanidad puede descubrir en Dios no a un ser invisible, lejano e inaccesible, sino a un Dios lejano, Abbá nuestro, por el que todos -sin excepción- somos hermanos, llamado inequívoco a transformar estos desiertos en jardines de compasión)

Paz y Bien

Esas Anas de la profecía y el servicio

Para el día de hoy (30/12/10):
Evangelio según San Lucas 2, 36-40

(Desde la esperanza que nunca se rinde, los pobres y sencillos, los que son ignorados, los que no son tenidos en cuenta, los que están al margen de todo, ellos precisamente son los que descubren la presencia de Dios en lo cotidiano de sus vidas, a partir de la sencillez de un Niño en brazos de su Madre.

Maravillosa contradicción que desarma toda lógica, y que es semilla de milagros.

Ana -hija de Fanuel, viuda durante décadas- servía a Dios y a sus hermanos desde la oración. Ya anciana, más de ochenta años, carga el peso de sus años sólo en apariencia: desde dentro le brota canción y profecía, el Espíritu de Dios renueva todas las cosas y torna buena toda mirada.
Al igual que Simeón, en ese Niño en brazos de su Madre ha descubierto al Salvador esperado, y no se calla, y cuenta a todo aquel que quiera escucharla que allí estaba Aquel que era la liberación.
Ella mira y vé en ese Niño al Mesías pues su mirada es una mirada de fé que es capaz de transmitirse a otros. Más aún: ese descubrimiento tiene un carácter incontenible, es imprescindible que otros se enteren de la mejor de las noticias.

En ella podemos intuir a tantas Anas de nuestras comunidades, magníficas abuelas de la oración tenaz, del servicio y el cuidado del prójimo, de ojos de mirada lejana capaces de profecía, es decir, de hablar con autoridad de las cosas de Dios.

-debo confesar que a menudo estas abuelas de todos nosotros sostienen en parte, en sus hombros frágiles y en sus almas tenaces, toda la carga del mundo. Si el universo se sostiene por la Misericordia, tú y yo, todos nosotros aún estamos vivos por el servicio infinito de su oración diaria...-

Con los ojos profundos de Ana, hija de Fanuel, es posible imaginarse esos treinta años de vida oculta de Jesús; el término no es demasiado justo, la Palabra nos revela ciertos signos que es preciso seguir.

Nos revela a un Niño que crece y se fortalece sano, y que también crece en sabiduría y Gracia, totalmente hombre, totalmente Dios.
Nos revela a un aldeano galileo criado y educado en la fé de Israel, desde la entereza de su padre carpintero y la ternura de su Madre Virgen.
Nos descubre a un Cristo tan nuestro, tan cercano, creciendo como nosotros, con sus alegrías y tristezas, su amor naciente y sus furias, su capacidad de aprehender y de aprender, su vida de fé y oración, su existencia de trabajador aplicado en el mismo oficio de su padre José, tekton.

Un Maestro fiel desde su nacimiento, fiel a sus padres, fiel a su pueblo, amigo intransigente en su fidelidad a Abbá y a cada uno de nosotros hasta la misma ejecución horrenda e ignominiosa, fidelidad incomparable que vencerá a la muerte pues se traduce en amor)

Paz y Bien


La buena mirada


Para el día de hoy (29/12/10):
Evangelio según San Lucas 2, 22-35

(María y José cumplían con unción profunda lo prescrito en la fe de Israel; en esa fé de sus mayores sería criado su hijo, el Niño Jesús.
Por ello se presentan en la fecha precisa ante el Templo de Jerusalem: debían cumplir con los preceptos sagrados -los podemos descubrir en el capítulo 6º del libro del Levítico- por María y por el Niño.

Korban Ioledet, sacrificio ofrecido por la parturienta
Kidush Bejorot, la consagración a Dios de los primogénitos de Israel.

Llevan un par de tórtolas como ofrenda sacrificial, la ofrenda de los pobres: sin dudas, no podían llevar un cordero, sólo un par de pequeñas palomas, olá y jatat, ofrenda voluntaria y ofrenda por los pecados involuntarios.

El joven matrimonio galileo con su pequeño hijo seguramente pasarían inadvertidos por entre el gentío. Más no así para el anciano Simeón.

Detengámonos un momento: Simeón es un hombre justo, piadoso, un anciano que espera confiado la liberación de Israel.
El Evangelista Lucas se preocupa de señalarnos el término "ver": Simeón no verá la muerte antes de ver al Mesías.
Él en medio de la muchedumbre a la Sagrada Familia, y al Niño en el que tiene puestas sus esperanzas.
Simeón agradece a Dios porque sus ojos ha visto a su Salvador.

Sucede que -movido por el Espíritu de Vida- a pesar del correr de los años, Simeón tiene una buena mirada, mirada capaz de ver más allá de lo aparente, una mirada con capacidad de descubrir a Aquél que es su liberación, una buena mirada con la valentía y el coraje de reconocer a su Dios y Salvador en ese Niño pequeño.

Tiene la mejor de las miradas, ésa que se alimenta de la esperanza. Una esperanza que jamás -a pesar del transcurso del tiempo- será estéril, quedará trunca o frustrada.

En Simeón reconocemos a todos aquellos que mantienen viva la esperanza contra toda lógica, aún cuando todo indique que sobrevendrá la muerte. En Simeón están representados todos los anawin, pobres del Señor que saben que Él cumple todas sus promesas, y que encuentran la paz en ese Niño en brazos de su Madre, y se vuelven profecía y antorcha en nuestras noches)

Paz y Bien

Niños molestos, niños peligrosos

Santos Inocentes, mártires

Para el día de hoy (28/12/10):

Evangelio según San Mateo 2, 13-18

(Cuando el ejercicio del poder deja de considerarse un servicio, sin una ética rectora y se plantea como pura praxis, se torna omnímodo, corrupto y peligrosamente inhumano: en esta perspectiva, siempre el fin a alcanzar justificará los medios empleados, y esto es totalmente contrario y ajeno a la Buena Noticia.

Así, quienes ejercen el poder de esta manera tornan su existencia con un color paranoico que excede lo meramente psicológico. En todo lo distinto, encuentra enemigos y motivos de sospecha, y esas sospechas rápidamente se convierten en miedo tangible y en violencia cuidadosamente planificada.

Habrá víctimas, claro está: sería de una torpeza espiritual enorme pensar en lances caballerescos y batallas épicas. Las víctimas, invariablemente, serán aquellos que no tienen voz, que no pueden defenderse, que aún -por aquellos ajenos al mismo núcleo del poder- son considerados ajenos y lejanos, nunca próximos.

Hoy es día de recordar a pequeños niños que han muerto por un poder así, y quizás el modo de honrar su memoria y caminar por el desierto egipcio con ese Dios que debe exiliarse, sea que esas vidas sesgadas nos cuestionen, nos muevan y conmuevan.
Porque los santos inocentes se cuentan hoy de a cientos de miles, y ese Niño Santo quizás también deba irse a mejores lugares: nuestras ciudades se han vuelto recintos de muerte.

Proclamamos -y a menudo, más declamamos- la protección promoción y santidad de la vida desde la misma concepción hasta su fin natural. En esta línea, es natural oponerse a la masacre de los sin voz, el aborto.
Es preciso sincerarse: esa declamación a menudo está desnuda de toda compasión y se nos vuelve bandera ideológica.
Es preciso sincerarse: esa declamación suele abstenerse de proseguir... pues nos olvidamos de ese inocente, ese indefenso, ese sin voz una vez que nace.
Santo inocente también masacrado por la falta de pan, de escuela, de familia y doctor, niños abusados, niños esclavos, niños!...

En tiempos de tantos relativismos militantes, José de Nazareth se nos vuelve ancla y timón para no quedar a la deriva.
Con miedos y dudas, no vaciló en obedecer, en seguir los dictados de su corazón... y en poner en primer lugar y por sobre todo, la vida de ese Dios que llamaba hijito y la de su esposa amada, María, abdicando de todo primer lugar, sin decir una palabra, haciendo lo que se debía y luego partiendo en silencio)

Paz y Bien

Mirada de testigo

San Juan, Apóstol y Evangelista

Para el día de hoy (27/12/10):

Evangelio según San Juan 20, 1-8

(Suele sorprender que en tiempos navideños nos toque reflexionar acerca de este pasaje de la Palabra: se podría inferir cierta contradicción entre el Niño nacido y una tumba.
Sin embargo, quizás una clave de lectura esté en nuestro sitio, es decir, todo adquiere una trascendencia y un significado mayor desde la perspectiva de los testigos.

Un argumento simplista y escaso radicaría en afirmar que nacer y morir son dos caras de la misma moneda; pero nos ahondamos en lo profundo de nuestras raíces cuando descubrimos con otros ojos que el Nacimiento de ese Niño Santo y pobre, y luego su muerte y Resurrección como hombre son facetas del mismo amor.

En el discípulo amado está simbólicamente entrelazada nuestra existencia y nuestra vocación de testigos.
Con Juan y Pedro se apuran nuestros pasos, porque suele invadirnos la angustia, esa misma de suponer no presente al Maestro. Pero siempre habrá alguien que nos despierte del llanto, y nos haga estremecer en la esperanza.

Con Juan y Pedro, salimos corriendo, y Juan llega primero: discípulo amado, hermano querido arriba antes que el firme Pedro, pues el amor supera barreras de tiempo y espacio y siempre -invariablemente- se adelanta.

Hay una tumba vacía, la mejor de las noticias: las vendas están tiradas en el suelo, mortaja inútil porque no es tiempo de muertos. El sudario, plegado a un lado señala que no hay cuerpo apagado que lo necesite.
Juan vé todo esto, y cree.
Tiene otra mirada, la mirada del testigo: no se deja llevar por lo aparente -tumba vacía, vendas tiradas, sudario plegado- sino que todo se le vuelve señal, signo cierto de Aquél que está vivo y presente en medio de su pueblo.

Para el discípulo amado -símbolo de esa familia que llamamos Iglesia- todo, hasta lo que usualmente remita a la muerte, se le transforma en experiencia raigal de que Dios está con nosotros, existencia comprometida en un nuevo mensaje que no puede guardarse y que se comunica a los que viven en tinieblas y en sombras mortales.

Testigos de mirada límpida, que en su vida diaria -a menudo en silencio- declaran con claridad y gestos de compasión y misericordia que la vida prevalece)

Paz y Bien

Coplas de los exiliados


Sagrada Familia de Jesús, María y José

Para el día de hoy (26/12/10):

Evangelio según San Mateo 2, 13-15.19-23

(Entre nosotros está demasiado arraigada una imagen bucólica de la Navidad: bueyes y burritos cálidamente instalados a los lados del Niño Jesús, un magnífico coro angélico cantando villancicos y sorprendidos pastores santos en tren de fiesta.
Con Noche de Paz como música de fondo, quizás expresemos una necesidad profunda de tranquilidad, de unificarnos frente a tanta dispersión, de mansedumbre frente a la vorágine de los días. No está mal -claro está- poner a los pies de ese Niño nuestros anhelos y angustias.
Pero ese Dios que nos nace se escapa de todo modelo psicológico que pretendamos -aún inconscientemente- imponerle.

La Navidad supone la paz como don y misterio, fruto de la Gracia que se vá tejiendo en la historia desde corazones de mujeres y hombres recreados, un mundo nuevo que glorifica a Dios protegiendo y promoviendo la vida.

El Salvador ha elegido lo que se desprecia, lo que no se vé, lo que se ignora, lo que no es tenido en cuenta para llegar a esa humanidad que ama entrañablemente.
Desoyendo toda lógica, reniega de palacios y tronos, abdica de las comodidades y seguridades de los poderosos para ponerse abiertamente de lado de los amenazados, los débiles, los más frágiles.
Por eso es un Niño que llora su hambre en la noche oscura, que depende de la ternura de su Madre y del cuidado atento de su padre el carpintero.

Parece que no basta un refugio nocturno de animales como cuna del Niño Santo, parto escondido y saludo de pastores marginales.
El prepotente Herodes -homicida dedicado- lo anda buscando porque entiende una grave amenaza a su poder; rara dialéctica de los poderosos que creen en la no-razón del amor como un peligro mayor.

Hay que irse, hay que huir en la noche, partida clandestina y subrepticia sin pedir permiso. Copla triste de los exiliados, emigrando a tierras ajenas para cuidar esa vida pequeña y mínima, bebé santo recién llegado.
La resolución y la entereza de José el carpintero supera las incertidumbres del camino largo, del parto reciente, de morir -un poco- en una cultura distinta, de dejar la tierra natal que los abriga, huyendo de la sombra ominosa de la espada eficiente que siega inmisericorde la vida de los niños pequeños.

Es dable imaginar con cierto grado de certeza esos días en el exilio egipcio: José, María y el Niño mirados -tal vez- de soslayo, el acento los delata. A ello, en la memoria de los pueblos tiende a permanecer a veces lo luctuoso, y los predecesores de esos galileos alguna vez fueron tribus de esclavos, mano de obra barata para Faraón, novel pueblo que sería causa de la derrota del impresionante ejército imperial.
José -siempre entero, siempre justo, siempre manso y entregado a los suyos- trabajando de lo que pudiera además de su oficio: importa el sustento de su esposa y del hijo amado.

Pasa el tiempo, y en los giros políticos -en este caso, la muerte de Herodes- hay un resquicio para el regreso a la querencia; sin embargo reina el hijo de éste, Arquelao, tan cruel y déspota como el padre, y es mejor no volver a Judea. La seguridad está en ocultarse en una aldea galilea de las montañas, Nazareth.

José escucha en sueños la voz del Mensajero: es obediente a la voz de Dios que escucha en su corazón, y es un sabio lector de los signos de los tiempos que le toca vivir, y el Niño -ya hombre- enseñará el rostro misericordioso del Dios del universo quizás desde esa sabiduría que aprendió del carpintero, en los años peligrosos y a la vez cálidos de su niñez.

Por todo ello, la Navidad debería llamarnos a la reflexión, al silencio y a aguzar la mirada interior.
La Salvación se abre paso desde lo impensado, lo que no es tenido en cuenta, lo mínimo, lo frágil.
Y la paz cantada y celebrada en la mejor de todas las noches, implica la inseguridad de estar a merced de los poderosos, de los prepotentes, edificando la vida aún desde la incertidumbre del exilio, dejando todo de lado para estar siempre disponible para quien nos necesita, al igual que el tekton galileo, José de Nazareth.

Nuestro Dios ha descendido del todo a nuestro fango, se ha hecho frágil de tan humano, emigrante de tan cercano, pobre por predilección y está escapando en silencio, de noche y clandestino para que se nos enciendan otros fuegos mejores, esos que no se apagan y que son capaces de abrigar a muchos, sin mirar orígenes ni pertenencias. Fuegos que se alimentan en el día a día, en el rescoldo santo de la familia: Jesús, María y José signo y símbolo de ese Dios que se nos revela Trinitario y bondadoso en cada instante de la existencia.

Fuegos que sólo saben iluminar rostros de hermanas y hermanos)

Paz y Bien

Credo de la Buena Noticia -una canción-

Una canción maravillosa de Alejandro Mayol, especial para este día tan especial.
Integra la Cantata Emmanuel -1998- de su autoría, y aquí
es interprestada por dos voces formidables, Mónica Abraham y Claudio Sosa.
Es tiempo de celebrar a ese Dios con nosotros que nos nace,
al tiempo de Dios y el hombre.
Feliz Navidad.
Paz y Bien
Ricardo


CREDO DE LA BUENA NOTICIA

Dios y el hombre se juntaron
el veinticinco del mes...
Cuando se juntan los hombres
es Dios que nace otra vez

Creo en la Buena Noticia,
tiempo redimido,
locura de amor.
Un niño recién nacido es la "falta envido"
que Dios nos cantó.

Creo que cambia el sentido
de toda esperanza,
de todo dolor.
Beso fuerte, apasionado,
Dios enamorado
de su creación.

Creo en la Buena Noticia,
disipa las dudas,
renace el valor.
La vida vale la pena
condena, cadena
todo se rompió.

Dios se encarnó
en nuestra historia,
inocencia y gloria,
ternura y pasión.
Belén es mano tendida,
a cada persona
cada corazón.

Gran sueño del ser humano
un Dios mano a mano,
un Dios Emmanuel,
que sienta desde la carne,
cante con el pueblo
y llore con él.

Este es el Dios con nosotros,
un Dios escondido
al que hay que buscar.
Dios de los pobres, justicia,
la Buena Noticia
de la Navidad.
¡Aleluya! ¡Aleluya!

Alejandro Mayol


aquí puede escucharse:

La luz escondida, la Palabra que nos nace

Solemnidad de la Natividad del Señor

Para el día de hoy (25/12/10):

Evangelio según San Juan 1, 1-18

(Es extraño, muy extraño y sorprendente. No se deja atrapar en ningún esquema y preconcepto, no le pertenece a nadie porque es de todos, y supera toda la historia: el Salvador nos nace hoy mismo.

Él que es la luz, El único capaz de barrer todas nuestras tinieblas, elige oscuridad de la noche y reniega de toda espectacularidad: debe ser que no hacen falta candiles cuando hay un amor tan grande expresado en brazos de Madre y ternura de Niño. En plena madrugada resplandece el amanecer.

El Dios infinito y desconocido se hace limitado, reconocible en el cuidado de su Madre, aceptando sin mesura nuestra finitud y la condena aparente del tiempo para hacerse hermano, y para que todos -sin excepción- nos volvamos hermanas y hermanos.

Dios ha descendido, ha venido a nosotros, está con nosotros, frágil y humilde, sin imponer nada: el amor no se impone, supone un darse siempre sin condiciones.

Está naciendo en un lugar imprevisible, en un sitio que probablemente no se elija para las cuestiones de un parto, cueva de animales, la más pobre de las cunas.
Aún así, no se esconde: se deja encontrar por corazones abiertos, capaces de hacerse niños como Él, de hacerse sus hermanos.

A pesar de la hora de amamantarse y de la hora de dormir acunado, es un Niño Santo inquieto y nos anda buscando.

Hay que atreverse a dejarse encontrar.

Dios es Palabra que se vuelve uno más entre nosotros, para que recuperemos el habla, para poder volver a hablar el único lenguaje universal y eterno: el del Amor.

Fijémonos bien: ese Dios se está adormeciendo en brazos de su Madre hoy mismo, ahora, en este instante en ese lugar que no consideramos, en un lugar insospechado y a la vez sospechoso, oscuro y resplandeciente.

Hoy y siempre, todo es posible: Dios con nosotros, con todos nosotros.
Feliz Navidad)

Paz y Bien

La estrella de medianoche

Misa de Nochebuena

Para el día de hoy (24/12/10):

Evangelio según San Lucas 2, 1-14

(Después de un constante andar por calzadas oscuras -inmersos en nuestras noches más cerradas-, quizás sea preciso levantar la mirada.
No es sólo un movimiento vertebral ni un mecanismo ocular, claro que nó: una mirada veraz exige primero la capacidad de aceptar lo que se vé.

Levantando la mirada, podremos encontrarla. Está allí, humilde y palpitante, señalando el camino en plena medianoche, estrella amiga de los que buscan y buscan sin desmayo.

¿Qué encontraremos allí, donde nos lleva, hacia donde se encaminen nuestros pasos vacilantes?

A un Niño frágil -recién nacido- en brazos de su Madre.

Un Niño pobre, un bebé marginal que ni siquiera ha tenido un resquicio de espacio humano, Niño que no cuenta, hijo de padres pobres, perpetuos sospechosos por provenir de ciertos arrabales.

Un parto sin cuna ni partera, un nacimiento sin relevancia, el anuncio primero a simples pastores sindicados como consecuentes amigos de lo ajeno.

Así y todo, es el comienzo del tiempo nuevo, y es la gran señal: la Salvación se encuentra allí mismo, en un Niño recién nacido al cuidado de la ternura de su Madre.

La estrella de medianoche, amiga inquieta y tenaz viajera, se ha detenido precisamente allí, señalando con insistencia el hacia dónde.

¿Seremos capaces de ver y leer la gran señal?
Nace nuestra liberación, ha elegido lo que el mundo desprecia -fragilidad, pobreza- y se ha hecho uno más entre los pobres y marginados.
Todo un escándalo, un escándalo maravilloso, un escándalo santo.
La Salvación abre un surco definitivo desde los márgenes de un mundo inhumano.

Bendito sea el Altísimo por esa estrella amiga que guía nuestros pasos, por ese Niño que es Él mismo asumiendo la existencia human.
Gloria a Dios en los cielos que hoy, ahora mismo, están entre nosotros y resplandecen en los rostros de los constructores de paz, en los incansables buscadores de justicia, en los obstinados protectores de los niños.

Feliz Navidad)

Paz y Bien

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