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Obispo Enrique Angelelli - Cantata a los Santos Latinoamericanos




Enrique Angelelli, obispo y mártir 
1976 - 4 de agosto - 2016



OBISPO ENRIQUE ANGELELLI
(chaya)


Con un oído en el pueblo
y otro en el Evangelio
derrama sangre de mártir
pa.. darle al pobre el consuelo.

Padre Obispo Angelelli
profeta y pastor bueno
la chaya grita tu pascua
y el viento trae un lamento.

Mientras la noche se acerca
y tu sangre cae en silencio
mientras la noche se acerca
La Rioja llora en silencio

En nuestra América pobre
ha de sonar por los cerros
tu fraternal profecía
de padre y pastor bueno.

A dónde andará tu pueblo
yo se que está junto al fuego,
del calor que vos prendiste
con sangre que grita al cielo.


Pbro. Jorge Leiva

aquí puede escucharse 

Beato Oscar Arnulfo Romero Galdamez, obispo y mártir




Recién ha acontecido un milagro.

Un pastor y hermano nuestro, Oscar Arnulfo Romero, reconocido por la comunidad cristiana como obispo y mártir, ha sido proclamado Beato, modelo de vida cristiana para ser recordado e imitado. 
Vivió las virtudes cristianas en grado heroico.

Buen Pastor que dá la vida por su rebaño, el amor mayor. Buen Pastor con un persistente aroma a ovejas. 

Muchos lo venerábamos en el altar primero del corazón. Pero es una ofrenda grande que la Iglesia universal lo reconozca. A pesar de todo el dolor y de todos los horrores, la sangre de los mártires fecunda y florece el árbol de la Iglesia.

Padre de los pobres, mensajero de paz y justicia, Romero de El Salvador y de América, con temor y temblor ante la certeza de la bendición de Dios, nos aferramos a tu voz clara que no se apaga, que sigue siendo fuerte y veraz.

Hay quienes, aunque mueran, no se van del todo. Permanecen para siempre, viven con Dios y en el afecto de su pueblo.

Dios bendice a nuestra hermana El Salvador, a toda Latinoamérica, a toda la Iglesia.

Gloria a Dios.

Paz y Bien

Ricardo





Monseñor Romero, no te olvidamos

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, mártir de El Salvador, de Latinoamérica y de toda la Iglesia.
24 de marzo de 1980 - 24 de marzo de 2014

No te olvidamos, y esta obligación sagrada de la memoria es impulso también para el compromiso con los pobres y por la justicia y la paz, la Buena Noticia de Cristo.

Tu vida entera ha sido un regalo inmenso para nuestra hermana El Salvador. Tu ofrenda generosa es luz para toda la Iglesia.

Los hombres buenos viven para siempre

Paz y Bien

Ricardo

Memorial del Padre Carlos Mugica




La memoria, desde la Buena Noticia, es mucho más que un proceso cerebral, un ejercicio mnémico o un mero recuerdo que viene y se vá.
La memoria es crucial a la hora de interpelar nuestra historia para aprender de ella, para que el pasado nutra nuestro presente para edificar futuro, para descubrir el paso salvador de Dios a través del tiempo, y de todos aquellos que han vivido en plenitud, señales luminosas para toda nuestra gente.

Es claro que no es fácil cuando, como hoy, recordamos una muerte, la del padre Carlos Mugica, un 11 de mayo de 1974. Existen ciertos riesgos: el de detenernos solamente en lo luctuoso, en permitir que la brutalidad nos paralice, en realizar una lectura solamente política, en añorar lo pasado arguyendo que todo ayer fué mejor,viudez espiritual que reniega de cualquier presente transformado.

Por eso no caeremos en la apologética estéril, sino que tenemos la pretensión de hacer memoria viva de ese mártir / testigo, cuya luz no se apagará porque es la misma luz de Dios.

Hacemos memoria de un argentino, frutal hijo de este suelo, de esta Patria que al igual que él tanto amamos y a veces tanto nos duele.
Hacemos memoria de un creyente que amó hasta el fin como el mismo Jesús de Nazareth.
Hacemos memoria de un hermano que detestaba la pobreza que se impone y la miseria que campea entre muchos, por inhumanas y por injustas, y porque nada tienen que ver con ese Evangelio que se le había encarnado hasta los huesos.
Hacemos memoria de un sacerdote, fiel hijo de la Iglesia y tenaz servidor del pueblo de Dios, de un Dios al que rendía culto primero en sus hermanos más pequeños y en el pan compartido, una vida orante y compasiva sostenida por el Espíritu de Dios. 
Una vida fecunda de testigo, pues los testigos son las ramas de este árbol inmenso que ha de cobijar en plenitud a todos.

Nadie se vá del todo, y mucho menos los que se atreven a permanecer fieles en el amor, con todo y a pesar de todo.

Esta Patria y esta Iglesia se afirma humidemente y crece a partir de hombres como el padre Carlos, semilla que cae y que sin embargo, ha de seguir dando frutos asombrosamente santos.

Paz y Bien

Ricardo

Esta imagen es de cuando llevamos los restos del padre Carlos Mugica desde el Cementerio de La Recoleta hasta la parroquia Cristo Obrero -octubre de 1999- en donde ahora descansan, y en donde él ejercía su ministerio. En esta celebración -en el centro de los sacerdotes- se encuentra nuestro actual pontífice Francisco, por aquel entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Cardenal Bergoglio.

1980 - 24 de marzo - 2013 - Oscar Arnulfo Romero


Un 24 de marzo de 1976, un golpe de Estado instauró en estas tierras argentinas una dictadura cívico-militar que, bajo diversos pretextos, se cobró la vida de más de 30.000 personas, haciendo de la tortura, los campos clandestinos de detención, la violencia de las armas desde el Estado y la desaparición de gentes lo usual y lo cotidiano, justificando estas infamantes e inhumanas aberraciones con la defensa de la seguridad nacional, de la civilización occidental y cristiana, de la lucha contra el comunismo, todas falacias que escondían el rostro infernal del odio.

Otro 24 de marzo, en 1980 en nuestra hermana El Salvador, el mismo odio se cobraba la vida del padre obispo Oscar Arnulfo Romero, pastor y hermano de San Salvador, santo mártir de nuestra Latinoamérica y renuevo frutal de la Iglesia.

Su voz de profeta no podrá jamás ser acallada ni con todas las balas del mundo, su voz permanece viva y joven en estos pueblos que, a pesar de tantos sufrimientos, se saben benditos por su Pascua.

Que este día sea para nosotros de fructífera reflexión, de memoria viva y de gratitud aunque el dolor se quiera hacer presente.

Los hombres buenos viven para siempre

Paz y Bien

Ricardo
 


Carlos Mugica: el deber de la memoria

Eran las 20.15 hs, era un 11de mayo, era el año 1974.

Recién había celebrado misa, recién había compartido con la comunidad el pan de la Palabra y el pan de Vida.

Lo estaban esperando a la salida del templo -parroquia San Francisco Solano-. Desde hace un tiempo lo venían buscando.
La fidelidad al Evangelio y el amor por los pobres son peligrosos para los poderosos que pretenden imponerse mediante fuerza brutal.
Y un ametralladora canta su canto de odio, balas en su pecho, impactos por la espalda. Justo a él, que repudiaba toda violencia, que jamás escondió su rostro, manso como el Maestro al que descubría a diario en los rostros de nuestros hermanos más pobres.

Ese Cristo le dolía, ese Cristo le partía el alma, ese Cristo lo movilizaba, para ese Cristo oprimido y sufriente vivía, por ese Cristo se ofrendaba a diario, por ese Cristo entregaría su vida sin dudar.

Nosotros, a 38 años de su martirio tenemos el deber y la obligación de la memoria.
Una Iglesia que reniega del memorial de sus mártires es una Iglesia que desprecia al Espíritu Santo que los anima e impulsa.

Con el horror -siempre presente- y el estupor que nos producen aquellos que creen que matando se acalla la música de la Buena Noticia, desde la oración y el silencio hoy volvemos a agradecer la vida y el testimonio del padre Carlos, y está muy bien sentirnos incómodos, cuestionados en nuestro amor tantas veces ausente. Los hombres y las mujeres como él nunca se van del todo.

Antes bien, se van para quedarse más vivos y plenos que nunca en el corazón del pueblo.

Padre Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe, el padre Carlos Mugica, sacerdote de la Arquidiócesis de Buenos Aires, mártir y hermano nuestro.

Paz y Bien

Ricardo

24 de marzo, el mismo odio, la misma Patria, la única luz

Para muchos de nosotros al sur de estas tierras latinoamericanas, el día 24 de marzo tiene un significado muy especial y es un decidido llamado a la memoria y a la reflexión.
Es que un 24 de marzo de 1976, ya inmersos en un torbellino de violencia fratricida, hubo algunos que decidieron erigirse en salvadores de la nación, genuinos defensores de un pretenso mundo occidental y cristiano y desde el mismo Estado brindaron una prolífica y planificada dispensa de violencia, de torturas, de terror, de robo de identidad, de niños tomados como trofeos de guerra.

Ellos ejercían ese poder omnímodo que supone eliminar y suprimir -desaparecer- a quien no piensa como ellos, al que se opone a sus dictados aún cuando sea desde la mansedumbre del Evangelio.
Es que vivir con fidelidad y de acuerdo a la Buena Noticia es volverse para estas gentes peligrosamente subversivo.

Estas supuestas virtudes de odio e intolerancia no han sido exclusivas de esta Argentina que nos cobija. Ha sido una estrategia mortal cuidadosamente planificada en estas tierras latinoamericanas que tanto amamos y que, a menudo, tanto nos duelen.

Otro 24 de marzo, pero de 1980, otros personeros del mismo odio pretendieron acallar la verdad y suprimir la justicia arrebatando con sus armas la vida de nuestro hermano Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador.
En su voz vibraba el deseo eterno de liberación de ese Dios que nos ama sin límites, Padre de la plenitud y la vida que reconoce a los suyos cuando se auxilia al caído, cuando se sacia el hambre, cuando se visita al enfermo, cuando los pobres recuperan palabra y derechos.

Pero es claro que la verdad y el compromiso del Padre Obispo Romero -San Romero de América para nuestros pueblos- implicaba una amenaza grave para los poderosos e intolerantes de siempre, los mismos que hoy -con otros modos- hambrean a millones, los que ejercen la torpe y peligrosa violencia armada del imperialismo, los que reniegan de sus hermanos excluidos.

Debería ser un día luctuoso, de rictus amargo y duelo.
Pero esa luz que se ha encendido en nuestra hermana El Salvador no se apagará jamas, iluminando con el amor de la ofrenda a todos estos pueblos al sur del Río Bravo y a toda la Iglesia.
Muchas hermanas y hermanos nuestros han ofrecido sus vidas en el martirio, y otros tantos se sacrifican a diario en humildad y silencio, al servicio de los más pobres y pequeños.

Esa luz nunca se apagará, es el signo cierto de Dios con nosotros.

Paz y Bien


Monseñor Angelelli, un mártir prohibido


padre obispo Enrique Angelelli - +4 de agosto de 1976

Cada vez que recordamos a quien ha muerto como Jesús
y por Jesús y los hermanos, la memoria se nos vuelve oración
y el Espíritu nos enciende el rescoldo del alma
para recordarnos que nadie se vá del todo y que la vida prevalece.
Hoy es dia de memoria y oración,
aniversario de la Pascua de nuestro hermano
el Padre Obispo Enrique Angelelli.
Pastor nuestro, Pelado querido, los violentos no tienen destino
a pesar de tanto dolor y de tanta sangre derramada que clama al cielo.
Sólo los capaces de amar hasta las últimas consecuencias
vivirán para siempre, y vos lo sabías bien:
se trata ante todo y por sobre todo, de ser mujeres y hombres buenos.

Vá un hermoso poema del Padre Obispo
Dom Pedro Casaldáliga como memorial y agradecimiento al Dios de la Vida
Paz y Bien
Ricardo


Monseñor Angelelli, un mártir prohibido

Caíste en el camino, desabrochando el Llano,

con los brazos abiertos en asumida cruz.

(Mientras agosto calcinaba el odio, chapado en las

guerreras.

Mientras la Iglesia echaba sus cerrojos prudentes,

negándose a la Muerte y a la Resurrección.

Mientras sobre la Pampa quebraban sus relinchos los

mil potros domados, hijos del viento indómito,

y el gaucho Martín Fierro

lloraba

de vergüenza...

Patria de San Martín, libertadora un día,

triste llama celeste, ¡tu bandera arriada!).



Caíste en el camino, santiguando la marcha. Enrique,
pastor bueno.

Precediendo tu Paso, Chamical destacaba sus diáconos
pascuales,
también sobre el camino.
(«Hay que seguir nomás»,
por el camino
de Emaús, en la tarde.
Por «la tierra preñada de vida» prohibida.
Con el pueblo que anda, noche adentro, callado,
detrás del alba nueva...).



«Con un oído puesto al Evangelio
y el otro al Pueblo», fiel entre los fíeles,
caminabas llanero, en catequesis viva.
Empapadas tus páginas de rocío y sudor y padrenuestros.
Leídas, letra a letra, por los ojos del pueblo acompañado.
«Pelado» como un cerro, claro como un arroyo, libre
como Jesús
Quemados en el fuego del servicio todos los oropeles.
Pelado como el pueblo de los pobres.
Como el cardón
hirsuto de silencio y escucha,
rebelde de esperanza
sin otras concesiones
que la raíz primera
y los desnudos brazos:
¡fibra y vigía de la Patria Grande!



«Sólo se es poeta cuando se muere»

(el ave deshoja en el ocaso toda su antología).

Sólo se es profeta cuando se muere, hermano.
La «chaya» que te canta
—«trenzado» de las voces de tu pueblo—
no callará jamás tu profecía, Enrique.

Los cerros de Anillaco y de Calmayo
repetirán tu confinado nombre
a toque de campanas, entre el viento y la estrella.
Cada niño que nazca en La Rioja
sentirá, con el agua del bautismo,
el tacto luminoso de tu sangre apostólica.

Tu cruz, la cruz de Cristo, la piedra consagrada de tu

pueblo,

no cederá a las bombas sacrilegas del odio.

Las ruedas que cortaron tus pies agonizantes

levantaban tu vuelo, para siempre,

sobre el llano del corazón de América...



Tú vives, nos precedes, tu sangre nos convoca.

La Rioja, argentina, la Patria Grande entera

necesitan sentirte presente en la calzada.

Queremos rescatar, con tu memoria, Enrique,

la memoria de Pascua, camuflada de ritos reticentes.

Queremos desnudar, a pleno testimonio, al aire del

Domingo

la tumba que sellaron el Templo y el Pretorio.

Queremos que la Iglesia del miedo recupere la voz y

la andadura

—vestida con la estola de tu sangre, vestida

con los ríos de sangre y de sollozos

y ausencias

de tantos hijos suyos...—.

Para «desenterrarle la luz» que esconde, omisa.



Que «los del Puerto» nunca más ahoguen

la voz de la Quebrada, verdad de tierra adentro.

Que no se diga más que «en Buenos Aires

(casi) todo es mentira».

Que no se niegue a ser latinoamericano Buenos Aires:

hijo que debe ser de tierra adentro, ese lobo de mar

cosmopolita.

(Los buenos aires, fuertes, de la sierra,

más que los buenos aires, ambiguos, de la mar...).

Que las Madres fecundas de la Plaza de Mayo

—alaridos de América en dolores de parto—

consigan dar a luz

el Hombre Nuevo,

el nuevo Pueblo Libre,

¡la gran Patria amerindia, negra, criolla, ella!

Adolfo tallará la paz de la justicia

con el cincel de su sonrisa larga,

con todos los cinceles anónimos del pueblo.

Y haremos, aquel día, el grande Tinkunaco,

rebosando cantares el corazón de América.

Toda la Mama Tierra se encontrará con Dios y con el

hombre

en el Niño «vestido con la carne del pueblo»;

¡el único Alcalde que reconoceremos!

¡el único Alcalde que reconoceremos!

¡el único Alcalde que reconoceremos!

(Es bueno que lo sepan

los señores del Norte,

los virreyes de turno,

los lacayos del juego).

Entre tanto, Enrique, pastor de tierras adentro,

testigo interceptado,

«hay que seguir andando nomás», por el camino de

Emaús, en la tarde.

Con el pueblo que anda, noche adentro, obstinado,

detrás del alba nueva;

Presente a nuestros ojos el Desaparecido

(los desaparecidos);

abierta la posada del Encuentro, quizás en la penumbra;

cantando en nuestras bocas el vino de la Sangre,

nutriendo nuestras vidas el pan de la Promesa.

(«Hay que seguir nomás» por el reguero de tanta

sangre, Enrique...).

Dom Pedro Casaldáliga, cmf
Obispo Emérito de Sao Félix de Araguaia, Brasil

Padre Carlos Mugica, nuestra gran interpelación



Han pasado exactamente 37 años de su martirio, un 11 de mayo de 1974.

Es necesario ejercer el derecho a la memoria; sin embargo, tal vez debamos -aunque sea por un momento- despojarnos de cualquier rictus doloroso, de la violencia mórbida y de la sensiblería banal.

Hay hombres que yéndose, se quedan de un modo permanente.
Hay quien muere para vivir para siempre en plenitud.

Despojados de toda tentación ideológica, quizás debamos dejar que el Maestro nos vuelva a interpelar a través de sus amigos, de sus testigos.
Y que pregunte con firmeza de qué lado estamos, qué hacemos, cómo somos, qué dejamos de hacer.

Estas preguntas las responde con firmeza santa nuestro hermano sacerdote el padre Carlos Mugica.
Del lado del pueblo, del lado de los pobres, ofreciéndose entero y sin vacilar para que otro viva, celebrando el culto verdadero que es socorrer al desvalido, auxiliar al caído, estar allí, precisamente, con quien está librado a la suerte de su miseria.

Lo sé bien: no creo que a Carlos le hubiera simpatizado mucho la idea del honor de los altares.
Pero hay otros altares que no son de piedra, y que están en los templos vivos que somos.
En el altar de nuestro corazón, en alegre y mansa comunión, agradecemos la entrega, el testimonio y el sacrificio de un hermano nuestro que vive para siempre.

Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe, el padre Carlos, sacerdote de la Arquidiócesis de Buenos Aires y mártir.

Paz y Bien

Ricardo


Seamos constructores de esperanza y paz...


"... seamos constructores de esperanza y de paz.

No importa si algunos no entienden o no quieren entender.
Queremos construir con el evangelio de Cristo.
No necesitamos recurrir a otra cosa
ni renunciamos a la de este Señor por otras doctrinas
que no tengan en él su fundamento.

Si viviésemos en serio el evangelio no sufriríamos lo que estamos sufriendo hoy. El Cristo, el evangelio, la Iglesia de los padres apostólicos, son los mismos de nuestra Iglesia diocesana y de la Iglesia contemporánea. Los fundamentos y las razones por los cuales sufrieron los mártires del Imperio romano son los mismos por los cuales muchos sufren hoy el martirio físico y moral.

En el fondo, está en juego el egoísmo contra el amor y la justicia. La hora que vivimos nos exige tomar mayor conciencia de nuestra responsabilidad como cristianos. Hoy se nos prueba como en los primeros siglos; se prueba a todo hombre que busca ser recto, limpio de corazón, servidor de sus hermanos.

El discípulo no puede ser mayor que su maestro, nos lo dice el mismo Cristo. Debemos cargar la cruz, no sólo materialmente, sino la cruz que exige ser consecuentes con su evangelio. Hemos de conocerlo bien; hemos de penetrarlo bien; tenemos que vivirlo en santidad y justicia de vida. Los injustos, los que odian, los que desprecian a cualquier hombre, los que hacen un ídolo del placer desenfrenado, del dinero y del poder indebido, aunque se confiesen cristianos, no lo son; o peor, son renegados de su fe.

Porque el cristianismo se edifica sobre un hombre recto, aunque sea débil; para eso nos da el Señor la fortaleza de la vida divina. Hermanos, aunque tengamos que sufrir muchas de estas situaciones no perdamos la paz interior, la esperanza, el coraje ni el gusto por la vida, como don de Dios..."

R.P.Enrique Angellelli

Obispo y Mártir

Homilía en la Misa radial del 29 de febrero de 1976

Cristianos del silencio

Hay cristianos mudos, que mientras no les toquen a ellos,
se quedan tranquilos aunque se cuartee el mundo.
No protestan por las injusticias,
porque están esclavizados al Estado
por la persecución o por el compromiso,
comprados por el miedo o por el oportunismo.
Otros, tal vez, porque no tienen nada que aportar.
Para ellos la fe es una cosa etérea,
que no tiene nada que ver con la vida;
vale sólo de nubes arriba...
Te pedimos, Señor, por los cristianos del silencio;
que tu Palabra les queme las entrañas,
y les haga superar la coacción.
Que no callen como si no tuvieran nada que decir.
Tú sabes lo que conviene a tu Iglesia,
si un fervor de catacumbas
o la rutina de una “protección” oficial.
Dale lo que sea mejor, aunque sea la cárcel y la pobreza.
Líbranos del silencio del ahíto ante la injusticia social;
líbranos del silencio “prudente” para no comprometernos.
Tememos haber limitado tu Evangelio;
ahora ya no tiene aristas, ni sobresalta a nadie;
hemos querido convencernos
que se te puede servir a Ti y al dinero.
Señor, libra a tu Iglesia de todo resabio mundano;
que no parezca una sociedad más,
con sus caciques, sus accionistas, sus privilegios,
sus funcionarios, y su burocracia.
Que nunca tu Iglesia sea iglesia del silencio,
ya que es la depositaria de tu Palabra;
que pregona libremente,
sin reticencias ni cobardías.
Que no calle nunca,
ni ante el guante blanco, ni ante las armas.

Luis Espinal sj

sacerdote y mártir

Prudencia


Hay un límite imperceptible entre prudencia y cobardía.
Llamamos prudencia a la seguridad y a la flojera.
Llamamos prudencia al no comprometerse,
al no arriesgar nada personal.
Creemos que con la edad aumenta la prudencia;
sin pensar que también aumenta el conformismo.
Todos nos hablan de prudencia, Señor;
pero de una prudencia que no es tuya que,
que en vano buscamos en tu Evangelio.
Jesucristo, te damos gracias porque tú no fuiste prudente,
ni diplomático; porque no callaste para escapar de la cruz,
porque fustigaste a los poderosos sabiendo que te jugabas la vida.
Los que te mataron, éstos fueron los prudentes.
No nos dejes ser tan prudentes
que queremos contentar a todos.
“Tu palabra” es hiriente como espada de dos filos.
Además de las Bienaventuranzas,
también pronunciaste las maldiciones; es un texto subversivo.
No queremos una prudencia
que nos lleve a la omisión, y nos haga imposible la cárcel.
La terrible prudencia de acallar
los gritos de los hambrientos y los oprimidos.
Danos sinceridad,
para no llamar prudencia a la cobardía,
al conformismo, a la comodidad.
No es de prudentes el ser cristianos y el seguir a Cristo.
No es prudente “vender lo que se tiene y darlo a los pobres”.
Es imprudente entregar la vida por Dios y por los hermanos.
Que cuando sintamos la tentación de la prudencia,
recordemos que Tú “has escogido la debilidad del mundo
para derrotar a los fuertes; y a los estúpidos para confundir a los sabios”.
Porque la prudencia del mundo es enemiga de Dios.

Luis Espinal sj
sacerdote y mártir

Dios en la vida

DIOS EN LA VIDA

Antiguamente los anacoretas buscaban a Dios en el desierto,
o en la soledad de las ruinas.
Hoy día los hombres no tenemos tiempo ni humor para esto.
Pero Dios no sólo sale al encuentro de los solitarios,
sino de los ocupados.
El trabajo de la vida y en bien de los demás
no puede ser un obstáculo para acercarse a Dios.
En nuestras calles ruidosas, y entre el tumulto de los carros y los peatones,
también está Dios, en mil rostros humanos que nos miran…
Dios eterno, te damos gracias
porque te podemos hallar en el mundo, y no ya sobre las nubes.
Te podemos amar y adorar en estas personas que nos rodean.
Sabemos que ni siquiera hay que ir a una iglesia para hallarte.
Queremos escuchar tu llamada por la calle,
en cartel luminoso, en el cine, en esta reunión de amigos.
Enséñanos a orar, no sólo con la Biblia en la mano,
sino también leyendo el periódico;
en él hallamos la historia de tu pueblo y de tus miembros,
tu dolor, tu encarnación que continúa.
Jesucristo, líbranos del culto a las fórmulas;
que comprendamos que lo esencial es encontrarte,
y que los medios son lo de menos.
No queremos unas estructuras que satisfagan nuestra rutina,
y ya no nos lleven a Ti, Dios de la intimidad y del amor sin palabras.
El mundo está lejos de Ti,
¿no será que te han presentado como un Bautista hirsuto?
Cuántas veces se ha empujado a las multitudes hacia el desierto,
como si Tú sólo fueses accesible allá.
Enséñanos a hallarte en las personas.
Tú nos has dicho que lo que hacemos a los demás lo hacemos a Tí.
Lo hemos olvidado;
y ahora, parece que las personas nos estorban para llegar hasta Tí.
Como cátaros te buscamos en soberbia soledad.
Ábrenos los ojos para irte encontrando en cada rostro,
para comulgarte cada vez que estrechamos una mano o sonreímos.

Luis Espinal sj

sacerdote y mártir

Padre Obispo Enrique Angelelli - a 34 años de su siembra

Debería ser un día de duelo y tristeza, con algo de rencor por la impunidad vigente hasta el día de hoy.
Pero no es así.
Un 4 de agosto de 1976, las aves negras del odio tomaron por asalto la vida de un hombre santo, el padre Obispo Enrique Angelelli.
Como su Maestro, él también era un buen pastor, siempre dispuesto a dar la vida por sus ovejas.

Hoy lo recordamos con la serena alegría de saber que uno de los nuestros está vivo para siempre en los brazos del Dios de la Vida, y continúa protegiendo a su pueblo, especialmente a los necesitados, los pobres, los niños, los trabajadores, los excluidos, un oído escuchando la voz de Dios que clama en su pueblo y el otro puesto en la Palabra de Vida y Palabra Viva.

Es día de siembra y oración; no podemos dejar paso a lo lúgubre y a lo luctuoso cuando todo está teñido con el mismo amor de Jesús.

Lo recordamos, y recordamos también a Fr.Carlos de Dios Murias ofm, al padre Gabriel Longueville y a nuestro hermano Wenceslao Pedernera.

Con ellos, hermano obispo, querido Pelado, se mantiene viva tu luz que es la luz del Evangelio en medio de tantas sombras, y sin pensarlo demasiado, tenemos la certeza de que no hay mayor amor que dar la vida para que otros vivan.

Ruega con nosotros, ruega por nosotros.

Paz y Bien

Ricardo

Gastar la vida


GASTAR LA VIDA

Jesucristo ha dicho: “Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mi, la recobrará en el vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta,
sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente,
como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu Gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos,
porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos llenos de lágrimas.

Luis Espinal SJ

sacerdote y mártir

Padre Carlos Mugica, o de cuando nadie se vá del todo

Es una historia que debería encendernos el alma...
y sin embargo aún hoy, exactamente 36 años después,
nos sigue doliendo la polémica y nos lastiman ciertas justificaciones y no pocas invectivas.
Como si no hubiera sido suficiente despojarse de toda una propia historia
para darse por entero a los pobres, en donde veía resplandecer el rostro del Crucificado.
Como si no hubiera sido suficiente morir por el odio hecho violencia
justo al terminar de celebrar la Eucaristía -aquí cerca de donde estoy escribiendo,
en la parroquia San Francisco Solano-
Como si el compromiso al que nos impulsa el Espíritu,
el Reino que vá creciendo aquí y ahora, no tuviera consecuencias inmediatas
sobre el bien común... Si señores, porque política -por si alguien no lo sabe-
en su sentido primordial es la búsqueda del bien común.
Como si la fé profesada se tuviera que circunscribir a un culto vacío...
Y nos olvidamos el mandato del Amor, ese mismo
que el Maestro nos recordaba:-Misericordia quiero, que no sacrificios...-

No importa.

Dicen que el árbol de la Iglesia se vuelve más frondoso cuando es regado con sangre de mártires.

Muchos de nosotros -con el dolor del rechazo, el desprecio y la violencia
que tanto nos duelen- lo amamos y lo sabemos presente con su corazón grande.
Sabemos que quien mucho ama jamás se vá del todo.
Nos lo enseñó el Maestro.
Por eso, hoy es un día no tanto de recordar lo luctuoso,
sino de una profunda acción de gracias por el testimonio imborrable
y valiente de nuestro hermano,
el sacerdote de la Arquidiócesis de Buenos Aires y mártir, padre Carlos Mugica.

Paz y Bien
Ricardo

...Para no falsear su testimonio será importante
“no tener vergüenza del Evangelio” (Epístola a los romanos 1,16)
que siempre, en alguna de sus dimensiones,
será considerado “locura” por el mundo.
Se trata de usar de las cosas de este mundo,
buscando su transfiguración,
pero como “si no se las usara”.
Esta tensión entre estar en el mundo luchando
por la liberación del hombre en todos los frentes,
sin ser del mundo, sin hacer de esta instancia terrena el destino definitivo,
es lo que Cristo exige hoy al cristiano,
y éste es el desafío que debe asumir sin claudicaciones
para ser la sal de la tierra, mas allá de su fragilidad e impotencia...

R.P. Carlos Mugica - sacerdote y mártir-

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, a 30 años de su martirio


Sucedió en la capilla de Hospitalito, en la celebración de la Eucaristía.

No podía ser de otro modo: al igual que su Maestro, Oscar Arnulfo Romero y Galdamez - arzobispo de San Salvador- en el Ofertorio ofrendaba su vida por sus amigos, por su amado pueblo salvadoreño.

Era un 24 de marzo de 1980 -para nosotros los argentinos, los días 24 de marzo tienen también un significado muy especial-.

Es preciso resistir la inveterada tentación de quedarse en lo luctuoso, en la acentuación del crimen.
Aún con la tristeza y el espanto que puedan asaltarnos, debemos recuperarnos en la esperanza que germina desde un amor tan grande.
Con nuestros hermanos salvadoreños, con los hermanos de esta Patria Grande latinoamericana y con toda la Iglesia, agradecemos a Dios la gracia de su voz de profeta que nos anima a no cejar jamás en la mansa búsqueda de la justicia, en la edificación de la paz y en descubrir el rostro de Cristo que resplandece en los más pobres.

El padre obispo Romero ha sido, es y será una Gracia de Dios para todos nosotros.

En este día de recuerdo y gratitud, mucho mejor que esta torpes palabras es una poesía de Dom Pedro Casaldáliga

Paz y Bien

Ricardo


San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro

El ángel del Señor anunció en la víspera...

El corazón de El Salvador marcaba
24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!

El ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.

¡Y se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!

Estamos otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

Como Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa...!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).

Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.

Como un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!

Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares...
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!

Dom Pedro Casaldáliga, cmf
Obispo Emérito de Sao Félix de Araguaia, Brasil


fuente: Koinonía

Signos de la vida

...Sepan que no se construye una nueva sociedad,
con la molicie,
la superficialidad,
el aburguesamiento de la vida,
la desorientación como sistema de vida.
Ustedes son el signo de la vida,
del camino,
del futuro,
de las cosas permanentes que hay que llevar
y de las cosas caducas que hay que dejar.
No vendan nunca el grito de rebeldía
por un plato de lentejas, ni por complicaciones anónimas...

R.P. Enrique Angelelli
Obispo y Mártir

Una palabra sin compromiso


Queridos hermanos, que no vaya a ser falso
el servicio de ustedes desde la palabra de Dios.
Que es muy fácil ser servidores de la palabra sin molestar al mundo.
Una palabra muy espiritualista, una palabra sin compromiso con la historia,
una palabra que puede sonar en cualquier parte del mundo
porque no es de ninguna parte del mundo;
una palabra así no crea problemas, no origina conflictos.
Lo que origina los conflictos, las persecuciones,
lo que marca a la Iglesia auténtica
es cuando la palabra quemante, como la de los profetas,
anuncia al pueblo y denuncia:
las maravillas de Dios para que las crean y las adoren,
y los pecados de los hombres, que se oponen al reino de Dios,
para que lo arranquen de sus corazones,
de sus sociedades, de sus leyes,
de sus organismos que oprimen, que aprisionan,
que atropellan los derechos de Dios y de la humanidad.

Monseñor Oscar Arnulfo Romero
Arzobispo de San Salvador y mártir

Al reaccionario


Al reaccionario

¡Amigo! un crepúsculo enrojecido te envuelve
y la noche peregrina tu existencia,
el miedo resquebraja tu esperanza
y la oscuridad se hace sangre en tus venas.

¿Por qué hieres al hermano y calumnias...
por qué manchas, envileces y persigues?
¡Advierte! no eres pasado sino historia,
eres proyecto y siempre mensaje,
pueblo que camina y no desierto,
agua que canta y no estanque.

No te quedes solo, porque envejeces;
escucha la Fuerza de lo que no muere...
es El... de ayer, de hoy y de siempre.

¡Advierte! no eres pasado sino historia,
agua que canta y no estanque.

R.P. Enrique Angelelli
Obispo y Mártir

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