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Benedictus

Para el día de hoy (24/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 67-79

(Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

Él no se ha desentendido de la historia, no reniega jamás de mujeres y hombres a través de los siglos, es un Dios enamorado de su creación, un Dios tenaz en sus afectos, en su corazón sagrado.

Bendito sea el Señor, porque siempre cumple sus promesas, porque paga con creces inauditas sus compromisos, porque no nos abandona.

Bendito sea el Señor, porque se hace uno de nosotros, desde un pueblo, hijo de una mujer de sol.

Bendito sea el Señor, porque libra nuestras batallas y nos libera desde la fuerza imparable del amor.

Bendito sea el Señor, porque nos visitará el Sol Naciente, Él mismo hecho Niño, un Bebé Santo para que nadie más camine en tinieblas, para que no campee la muerte, para reinen orgullosas la paz y la justicia.

Bendito sea el Señor que nos está naciendo.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, Dios de Zacarías e Isabel, Dios de Juan, Dios de José y María de Nazareth, Dios de mis padres y mis abuelos, el Dios de mis amigos, el Dios de mis hijos, el Dios de mi pueblo, el Dios de la Iglesia, el Dios de Jesucristo, nuestro hermano y Señor)

Paz y Bien

Kairos en clave de niños

Para el día de hoy (23/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 57-66

(Es el tiempo santo, kairos, Dios en la historia humana.

A contrario de lo que pudiera imaginarse, interviene sin estridencias, sin imposiciones, sin otro poder que el de la ternura, y será en clave de niños.

Es una pequeña aldea de montaña. Un caserío pequeño, unos cuantos vecinos, uno de esos lugares en donde todos se conocen y se comparten penas y alegrías.
Es dable pensar a las vecinas y parientes acudiendo sin demora a la casa de Isabel: le ha nacido un hijo un hijo que es bendición -todo hijo es bendición- pero en ella es mayor, pues Isable y Zacarías eran ancianos y hasta el momento, no habían podido ser padres.

Ese niño ha transformado sus vidas y su llegada ha quebrado la monótona esterilidad de sus existencias: por ello mismo ese hijo añorado no seguirá las costumbres habituales, es decir, llevar el nombre de su padre Zacarías.
La mamá se muestra firme y decidida: el hijo se llamará Juan, nombre que recordará siempre la misericordia de Dios.
Es claro que las comadres se animan a discutir esa decisión -son casi familia-; pero Isabel se mantiene firme.
Quien debía zanjar en la cuestión era el viejo sacerdote Zacarías. Hacía varios meses que llevaba una mudez impuesta por el Mensajero, ese silencio a menudo necesario para que nos nazcan cosas nuevas.
Zacarías repalda: -Juan es su nombre-, tablilla mediante y para asombro de todos.
E inmediatamente la Palabra nos regala una figura maravillosa: "se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios".

Por este niño que será grande y será profeta -los vecinos lo intuyen- al viejo sacerdote fiel se le sueltan las palabras, recupera la voz.

Un Niño Santo nos está naciendo, el Verbo de Dios se encarna para que recuperemos la Palabra y volvamos a cantar las maravillas de un Dios que no nos abandona jamás.)

Paz y Bien



La canción de María de Nazareth


Para el día de hoy (22/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 46-55

(El anciano sacerdote Zacarías, ante el anuncio del Mensajero, se había quedado mudo hasta que naciera ese hijo soñado.
No se trata sólo de sus dudas: los sacerdotes, los guerreros y los reyes se callarán para que hablen las mujeres, y para que el llanto de los niños recobre significado.

Zacarías enmudece porque, a veces, es mejor llamarse a silencio para que nos nazcan cosas nuevas.
María de Nazareth, en cambio, desborda de alegría incontenible y le canta a su Dios.
Se sabe pequeña, mínima, insignificante -una esclava- y desde su enorme pequeñez descubre la acción bondadosa de Dios en su vida, y su vida entera se hace canción y profecía.

A algunas almas algo mezquinas y demasiado circunspectas les cuesta horrores aceptar la Buena Noticia expresada en el canto nuevo del Magníficat: prefieren una Señora alejada en las alturas de los altares, vestida con ropajes costosos y portadora de joyas y valiosas coronas.
Pero en la ilógica del Evangelio, María de Nazareth es aquella muchachita judía, campesina de aldea polvorienta que desde su confianza y su fidelidad inaugura el kairós, el tiempo santo de la Gracia y la Misericordia.

Recuperar su pequeñez y su frescura es volver a honrarla, es enamorarse de ella como Dios mismo, es cantar decididos y sin temor que Dios no se ha olvidado de la humanidad, que Dios se pone abiertamente del lado de los pequeños, que en ellos está el secreto para transformar la historia, que los poderosos no tienen destino porque Él exalta a los humildes, porque no bajará su brazo jamás, porque siempre cumple sus promesas al pié de la letra, porque es justicia y misericordia por puro amor, porque es un Dios que detesta que sus hijas e hijos pasen hambre, porque es un Dios que interviene en la vida transformándola.

Con esa muchacha volvemos a cantar y a celebrar hoy que no abdicamos en la esperanza, que no nos resignaremos jamás a opresiones y exclusiones, y que es maravilloso que Dios se nos aparezca y nos sorprenda allí precisamente en donde nadie esperaría demasiado, en medio del pobrerío, desde el llanto de un Bebé Santo que viene para quedarse definitivamente, un Dios que quiere que lo acunemos en nuestros brazos)

Paz y Bien

Dos mujeres cercanas y un Dios que se hace pariente


Para el día de hoy (21/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 39-45


(La ley mosaica era dura, durísima e inmisericorde cuando se trataba de una mujer recién desposada y con un embarazo, cuanto menos, sospechoso; por Dt 22, 20 y ss sabemos que María de Nazareth y su bebé se hallaban frente a un peligro cierto de morir por lapidación en las afueras de su pueblo. Sabemos también que la controversia se había desatado, por eso José de Nazareth decide repudiarla en secreto, para evitar tanto el peligro mortal como la ignominia del repudio público normado.
Desde allí, es dable pensar que María se pone en camino no sólo por la necesidad de su parienta Isabel, sino también porque lleva ya tres meses de embarazo de ese Niño Santo...y a los tres meses comienza a notarse maravillosa la vida en ciernes, pero ese vientre que asoma con orgullo desde su Dios es también acusatoria. María se pone en camino solitario por esos ciento veinte kilómetros que separan Nazareth de Ain Karem en busca de refugio y protección.
Sólo por un momento imaginemos a esa muchachita judía tratando de justificar un embarazo sin estar casada, esperando un hijo de Dios y que esto le había sido comunicado por el Ángel Gabriel.  En aquél entonces y ahora se le habría conferido un status por lo menos absurdo e irrisorio.

La Palabra nos abre el horizonte del más, del siempre hay más.

María de Nazareth llega a casa del sacerdote Zacarías y de su esposa Isabel, casi abuelos y, sin embargo, a la espera de un hijo soñado. Isabel luce orgullosa una panza de seis meses, y podemos imaginarnos sin dificultad esos pómulos redondeados y brillantes, esa mirada encendida de vida creciente, de Juan el Bautista que llegará como bendición en poco tiempo.

Son dos mujeres cercanas, pertenecen a la misma familia; aún así, hay un abismo aparente entre ambas.
Isabel es descendiente de Aarón, tiene raíces nobles, es esposa de un sacerdote del Templo de Jerusalem, vive en la ortodoxa Judá y seguramente se encuentra en una situación social sin apuros. María de Nazareth es una muchacha campesina de aldea polvorienta, de región controversial, la Galilea de los gentiles, y estando apenas desposada -es decir, comprometida-, ya se encuentra en su tercer mes.
Son muy diferentes, y sin embargo saltan vigorosamente cualquier distancia que las separa. Debe ser que cuando nos animamos a que suceda el encuentro, Dios se hace presente y acontece la alegría.

Sucede el encuentro, sucede el asombro por ese secreto que comparten dos mujeres que serán madres en breve, y la vida salta, festeja y palpita. Sucede el misterio de Dios que se hace presencia y bendición, sucede la capacidad de descubrir la increíble magnitud de la Gracia que no requiere méritos, que nos devuelve a nuestra estatura real, sucede Isabel  maravillada porque Dios ha llegado a su vida en esa muchacha nazarena, en la que descubre que está la bendición y la Salvación creciéndose humilde, sucede el descubrimiento real del otro -¡Feliz de tí por creer!-

Quizás eso que conocemos como Iglesia sea, ante todo, refugio seguro y hogar de puertas abiertas para la vida acosada y perseguida, cálido recinto para los despreciados.
Entonces se nos descubrirá una de las vertientes magníficas de este tiempo santo, y es que Dios se hace tan cercano en el Niño que habrá de nacer que se hace parte de nuestra familia, un Dios pariente de cada uno de nosotros, ese Dios de María de Nazareth que protege la vida y que se sienta a la mesa de nuestras existencias para brindar por la vida que persiste con todo y a pesar de todo)

Paz y Bien

Con la vida escondida


Para el día de hoy (20/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(Los hechos no son demasiado complejos: objetivamente, suceden en una pequeña aldea de región no muy bien vista, a partir de una muchachita judía adolescente, con un embarazo -cuanto menos- sospechoso, un bebé que se vá creciendo desde sus ojos plenos de asombro.

El poder ver más allá de lo evidente, un aspecto de eso que solemos llamar fé, exige cierto coraje y un confiado salto al vacío, abandonando nuestras seguridades falsas.

Es prácticamente una niña, casi una nada. Sin embargo, de ella dependen el universo y la historia.
Un Dios enamorado le pide permiso, un Mensajero cordial la trata con un respeto inusitado. Hasta podemos imaginar que Gabriel se retira algo avergonzado frente a su enorme pequeñez.

Esa muchacha descubre que de su Dios sólo puede venir la vida y la alegría. 
Desde su alma transparente aceptará sin reservas esa Palabra que transforma, y por ello una vida nueva irá gestándose en silencio.

Los palacios herodianos, el poder imperial romano, la sacralidad del Templo quedan de lado.
Su Dios elige su seno como templo vivo de la Salvación, su Dios elige a los pequeños, a los que no cuentan, a los mínimos para que la vida fluya, crezca y se renueve para siempre.

Esa muchacha lleva en las honduras de su ser a la Palabra de regreso al pueblo. 
Su Dios ha querido torcer una historia por demás escabrosa haciéndose humano, quizás el más humano de todos. Es el misterio infinito de la Encarnación, la Salvación no se impone ni está sometida a suertes o caprichos, la Salvación se nos crece desde lo profundo de nuestras almas.

La vida nos está llegando en silencio, humilde y tenaz. Está escondida en esas panzas maravillosas de niño dentro de poco tiempo, de bebés santos, de Dios en nuestros brazos, y sólo con la mirada de María de Nazareth podremos volver a celebrarla)

Paz y Bien


Promesa y silencio



Para el día de hoy (19/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 5-25


(El Evangelista se preocupa, en esta lectura, de dejarnos una multiplicidad de datos históricos concretos: el reinado de Herodes, Zacarías, Isabel, la casta sacerdotal del grupo de Abías, el turno en el Templo de Jerusalem, la ofrenda del incienso en el Tabernáculo. Aquí debemos hacer un alto: los Evangelios no son crónicas historiográficas sino relatos teológicos, es decir, crónicas espirituales. 
La abundancia de datos puntuales en la redacción por San Lucas es la de destacar que las promesas se cumplen, y que Dios actúa en situaciones y hechos concretos, decidiéndose la Salvación en lo profundamente humano, no en abstracciones ni en conceptos desencarnados y caducos.

Dios es un fiel cumplidor de lo que promete. Paga al contado sus compromisos, esos compromisos que adquiere por puro amor. Zacarías e Isabel eran estériles y de avanzada edad: a pesar de una vida intachable, eran mirados con cierto desprecio, pues el hecho de no poder tener descendencia -para su cultura- era signo de oprobio, condición vergonzosa. Un hijo había sido suplicado desde sus plegarias confiadas al Dios de Israel.

Y ese hijo vendría, y su venida sería maravillosa, fantástica, increíble: vendría en la vejez de ambos -padres casi abuelos-, y esa alegría de la familia que crece se magnificará pues ese hijo será muy especial, será un hombre de Dios, será un profeta que irá abriendo caminos a Aquel que todos esperaban.
Ellos suplicaron por un hijo que continuara su estirpe, y Dios hace gala de su desmesura, la ilógica de la Gracia: ese niño será Juan el Bautista, el más grande de todos. Es tiempo de cosas increíbles: rogamos por auxilio, por lograr pequeños mendrugos que nos salven, y Dios nos concede canastas y canastas llenas de pan bueno y abundante.

En el tiempo nuevo de la Gracia y la Misericordia, sucede entonces lo impensado: frente al anuncio del Mensajero, Zacarías enmudece hasta que su hijo nazca. El sacerdote calla, el Templo carece de palabras, mientras que en un sitio profano -sospechoso de paganismo e impureza- una muchacha pequeña e ignota recibe un anuncio similar y no se calla, y se alegra, y canta las maravillas del Dios que se hace Palabra y se hace vida en su interior.

Zacarías enmudece de desconfianza frente al anuncio hasta que el niño que ha de venir llegue a su vida. Quizás nosotros también, a veces, debamos hacer un viaje al silencio hasta que la vida nueva aparezca en nuestras vidas, hasta que la promesa y la liberación nos nazca.

Cuando prevalece la razón frente al co-razón, es mejor callar.
Cuando Dios interviene en la historia, en cada historia, en cada existencia, suceden cosas maravillosas y allí sí, la vida nueva nos vendrá a nacer a pesar de los moldes que a menudo queremos imponer.
Con Zacarías también nos callamos, y quedamos expectantes hasta que el que ha de venir llegue en su humildad y sencillez. María de Nazareth canta y habla por nosotros, Ella es la portadora de la Palabra entre el pueblo pequeño y pobre que espera más allá de toda esperanza)

Paz y Bien


María de Nazareth, la Palabra definitiva

Para el día de hoy (18/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(Es estremecedor.
La suerte de la humanidad entera y de todo el cosmos se decide en una aldea polvorienta, perdida en el mapa, en una región profana y sospechosa -Galilea de los gentiles-, y como si fuera poco, todo queda en manos de una muchacha judía, campesina pobre e innominada.

De ella depende seguir sumergidos en mares de muerte o emerger a una vida definitiva, y por ello mismo todo queda en suspenso, los corazones retienen sus latidos, casi ni se respira de pura expectación y ansiedad.

Este Dios es un Dios extraño. Confunde a más de uno, no encaja en molde alguno, anda haciendo locuras.
Es un Dios que está abiertamente enamorado, un Dios que no impone, un Dios que pide permiso, Dios del saludo manso aleja todo temor, Dios que contra toda esperanza vana se hace presente trayendo la alegría.

Por esa causa se hace presente en la vida de esa muchacha con un reconfortante y fantástico -¡Alégrate!-


Sin dudas, esa Palabra de alegría es Palabra creadora y Palabra de Salvación. Más allá de toda especulación, el único destino soñado para toda la humanidad es el de la alegría, esa alegría que cuando se hace plena la llamamos felicidad.

La historia parece contar todo lo contrario, y las cruces y la muerte están allí amenazantes. Pero nada es imposible para Dios.


Es un tiempo nuevo y definitivo, el tiempo de lo incondicional, de lo gratuito, de lo dado por bondad y sin medida.

A esa muchacha se le encienden los ojos de asombro: confía totalmente, sin embargo se sabe tan ínfima y pequeña que pregunta sin cuestionar. Quiere saber qué deberá hacer ella para que esa maravilla que Dios quiere hacer en su vida se cumpla.

María debe dejarse querer: la existencia no se define por todo lo que nosotros podemos hacer por y en nombre de Dios, sino más bien por todo aquello que Dios quiere hacer por nosotros.
María se deja amar, y su vida se transforma enteramente por el Espíritu de amor que suscita la vida. Así entonces, un Bebé Santo se le irá creciéndose al calor de su interior profundo.

Es el misterio insondable de la Encarnación: la Salvación no viene desde fuera, no se impone, la Salvación nace y vá creciéndonos humilde y silenciosa en las honduras de nuestras almas.

A pesar de tantos apropiadores impiadosos, la Palabra retorna a los pequeños, a los pobres, a los que no cuentan para nadie y se hace vida, se hace maravillas, se hace liberación, se hace alegría que no cesará jamás.

El Sí de María de Nazareth es la Palabra definitiva, porque todo se define y resuelve en confianza y fidelidad.

La vida nos está naciendo cada vez que nos encontramos en nuestra pequeñez)


Paz y Bien

El extenso sendero de nuestra historia

Para el día de hoy (17/12/11):
Evangelio según San Mateo 1, 1-17

(Nos imaginó a lo lejos un viejo pastor de Ur, hombre de fé y asombros.

Caminamos desiertos por largos años: de la mano de Aquel que nunca nos abandona llegamos a la tierra prometida.
Allí fuimos lentamente madurando como pueblo, con quebrantos, fidelidades, luchas heroicas.

Tuvimos reyes guerreros, invasiones demoledoras de enemigos. Vimos lentamente edificarse nuestra fé, descubrimos también que ese Dios nunca rompe sus promesas. Es totalmente fiel su palabra, tan fiel que su Palabra vendrá a nosotros para quedarse definitivamente.

Conocimos mujeres extranjeras/extrañas que nos alentaron cuando estábamos por caer en la desesperanza.
Supimos de esclavitudes, de exilios, de añoranzas por lo que una vez fuimos. Aún en nuestros llantos, Él seguía pacientemente tejiendo en silencio nuestra liberación.

Luego de algunos siglos de desencuentros, fruto de nuestras y nuestra soberbia, supimos que la promesa que Él nos había hecho una vez seguía viva y pujante bajo el cuidado atento de un humilde carpintero judío de Nazareth, silencioso y devoto protector de la vida que nos estaba por amanecer, y que en el seno puro de su esposa, una muchacha campesina de sol, iba creciéndose nuestra salvación, Jesús nuestra alegría y nuestra vida, nuestro Salvador y nuestro amigo.

No se trató de una figura literaria medianamente simpática: todos los que nos precedieron en el de la fé a través de los siglos son nuestra ascendencia, nuestra familia.

Dios nos viene buscando desde siempre.
El Dios de Israel, el Dios de Abraham, el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres, el Dios de mis amigos, el Dios de mis hermanos, el Dios de nuestro Señor Jesucristo.)


Criterios de identidad

Para el día de hoy (16/12/11):
Evangelio según San Juan 5, 33-36

(Para los cánones de la época, el Maestro sólo era un campesino galileo iletrado y alborotador, que no ostentaba títulos de nobleza ni prebendas de poder.
Era sólo uno de los tantos predicadores itinerantes que se volvía cada vez más peligroso debido a que la gente más sencilla bebía sus palabras y se alegraba con su presencia y compañía.

Jesús no necesitaba argumentar nada, ni exhibir credenciales ni hacer juiciosas apologías que refrendaran esa filiación que reivindicaba.
Lo que verdaderamente lo definía e identificaba eran sus obras, es decir, todas las acciones y gestos en favor de los demás, de los que sufren, de los pequeños, de los excluidos, de los más pobres.

La Buena Noticia la expresa de manera concreta y decisiva en los hechos raigales de justicia y liberación, de compasión y misericordia, en el amor mayor de la cruz, en la vida que prevalece más allá de la muerte en la increíble Resurrección.

La luz palpita con todo y a pesar de todo, y Dios se hace Niño para que lo acunemos en nuestros brazos)

Paz y Bien

Los desgraciados

Para el día de hoy (15/12/11):
Evangelio según San Lucas 7, 24-30

(El término desgracia no tiene buena prensa; refiere habitualmente a lo adverso, a lo aciago, a lo doloroso, a lo que lastima profundamente. También, en algunos lugares el calificativo desgraciado remite al malvado. al que nada le importa, al que hace daño.

Sin embargo, otra interpretación es posible desde el tiempo nuevo inaugurado por Jesús de Nazareth, el tiempo de la Gracia, el tiempo de lo dado sin medida ni condiciones, por pura bondad y generosidad.
Es claro que no somos marionetas en manos de un gran titiritero divino que rige nuestros destinos: los regalos que se entregan con generosidad, también pueden rechazarse desde la soberbia, desde el desprecio o desde el desinterés.

Quizás entonces el término desgraciados -o desgracia- pueda comprenderse mejor con añadir sólo un guión: des-graciados, o sea, los que han rechazado de plano la vida plena que se les ofrece incondicionalmente.
Desgraciados aquellos que sojuzgan a sus hermanos, desgraciados aquellos que anteponen el yo al nosotros, desgraciados aquellos que reniegan de toda humanización, desgraciados aquellos que reivindican a un dios manipulable por la piedad prescrita, desgraciados aquellos que no nos animemos a vivir en la entereza del Bautista, aquel profeta sin doblez que todo esperaba de Dios y que jamás se sometió a los dictámenes de la apariencia y el poder.

Aún así, en estas desgracias nuestro Dios es tozudo, Padre tenaz y Madre obstinada en el amor a sus hijas e hijos. Por ello se hará Niño, por ello recorrerá las veredas de los más pequeños, por eso viene a nosotros porque -quizás con demasiada frecuencia- nos sentamos a esperar quejumbrosos que cambien las cosas que no nos gustan, las que están mal, las que hieren.

Por todo y por todos, es Dios mismo que nos sale al encuentro, tiempo de abrazos y reencuentro, tiempo increíble de la Gracia y la sonrisa que se recuperan en música de esperanza)

Paz y Bien




Tiempos y espacios inéditos


Para el día de hoy (14/12/11):
Evangelio según San Lucas 7, 19-23


(Juan languidece en el calabozo herodiano, pero no se quiebra, no cede. Es un hombre íntegro y cabal que se sostiene en el Dios que lo ilumina, por ello no sucumbirá ni aún ante el verdugo.

En ese triste devenir prisionero, envía a dos de sus seguidores hacia donde se encuentra Jesús para hacerle una pregunta crucial: el Bautista mantiene ciertas dudas sobre la imagen que poseía acerca del Mesías de Israel, sigue latiendo en él una semblanza de un Salvador justiciero, poderoso y vengador de su pueblo.
Sin embargo, confía totalmente en ese nazareno pariente suyo, a quien conocía profundamente desde el vientre materno. La pregunta de Juan denota una confianza a toda prueba, y una obediencia en el sentido primigenio de la palabra: él espera la respuesta de Jesús no tanto para sí mismo, sino para los suyos, para los que han de enarbolar la esperanza de tantos.
Por ello mismo, más que una requisitoria es un abrazo lejano entre dos hermanos.

Y la respuesta del Maestro no será menor, se volverá diáfana de claridad y sólida en la coherencia entre el anuncio y los hechos.
Se trata de algo que está mucho más allá de sanaciones increíbles: se trata de que aquellos que eran considerados impuros, enfermos a causa de pretéritos pecados y minimizados en su humanidad son ahora personas de rostro y nombre concretos, integrados plenamente al Reino que se anuncia y acontece como actores primeros e imprescindibles.

El milagro de volver a mirar y ver luego de una existencia ensombrecida.
El milagro de ponerse de pié y comenzar a andar.
El milagro de las llagas de la exclusión y la condena quitadas por pura bondad, almas renovadas.
El milagro de poder oír y escuchar a la Palabra y al hermano, rompiendo la coraza que nos separa en el silencio impuesto.
El milagro de los que estaban muertos para los demás, han recuperado su vida plena, su estatura humana en toda su dimensión.
Y el milagro mayor: no hay condena, no hay recriminación, hay novedades, hay noticias que, inevitablemente, serán buenas y serán anunciadas a los pobres, a los más pequeños. Es el inicio de la alegría que no finalizará jamás.

Jesús de Nazareth inaugura un tiempos y espacios inéditos, increíbles, maravillosos: mujeres y hombres se encontrarán con su Dios en el abrazo, en la compasión, en la misericordia.

Él es el que esperamos, Él es nuestra justicia, nuestra liberación, nuestra felicidad)

Paz y Bien

Nuestras buenas intenciones y Tus malas compañías

Para el día de hoy (13/12/11):
Evangelio según San Mateo 21, 28-39


(Tal vez por pertenencia, quizás por cierto grado de comodidad y tranquilidad, solemos degustar el sopor del cambio innecesario, es decir, ese rendirse alegremente a la resignación y y al conformismo perpetuos. Es esa fé que se declama más no se proclama, es esa religiosidad de las costumbres que reflejan la incapacidad de transformarse, los indicios de convertirse.

Es la religión hiperpoblada de buenas intenciones y escasas acciones.
Es claro: de buenas intenciones está empedrado el camino de la perdición, y tal vez en parte hemos salido del empedrado y hemos llegado a las rutas y autopistas bienintencionadas y bienpensantes.

Sin embargo, Maestro, tus huellas están en otro lado. Sin despreciar a nadie, te gusta andar en malas compañías, con los peores, con los que nadie quiere.
Alguna vez fueron publicanos y prostitutas, hoy probablemente se llamen inmigrantes ilegales, homosexuales, divorciados, heterodoxos, enfermos,mamás solteras, los sin tierra y sin hogar, los que no cuentan para nadie, los que nadie sentaría a su mesa.
Tus malas compañías, Señor, te vuelven escandaloso, impuro, blasfemo. Tus malas compañías no concuerdan para nada con nuestras buenas intenciones.

Tus malas compañías -aún cuando nos duela- son signos del Reino, porque en tu Reino los últimos son los primeros, porque en tu Reino la vida se edifica día a día, porque el tiempo que nos toca es escaso y con todo y a pesar de todo, somos un poco de tierra fértil que anda y es necesario volver a la viña, poner manos a la obra y no dispersarnos más.
Un Niño que crece en silencio aumenta las urgencias de Madre, y es menester dejarle un lugar al abrigo de nuestros corazones)

Paz y Bien

Tonantzin

Nuestra Señora de Guadalupe - Patrona de Latinoamérica


Para el día de hoy (12/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 39-48

(Éramos apenas los arrabales de la periferia imperial; en la extraña y dura mixtura de pueblos milenarios y conquistadores violentos, la Patria Grande aún no había llegado siquiera a la estatura de sueño compartido.

Pero aún así, Ella estaba. Y donde está la madre, está el Hijo.

Totalmente mujer, con la vida en ciernes, siempre dispuesta al auxilio, jamás demorando el socorro a los necesitados.
Una tilma increíble es señal perfecta: sus ojos bajos están inclinados hacia los hijos más pequeños, los que no cuentan, los despreciados, los ignorados, los que te reconocen y te saben cercana, tan nuestra y tan de Dios, canción magnífica de liberación de un Dios de Amor que es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida.

Cuando tus pies descalzos caminan esos cerros de soledad y abandono, la vida adormecida salta y festeja la presencia en tu corazón manso, de ese Dios que siempre cumple sus promesas, que derriba a los poderosos, que escucha a los oprimidos y sostiene a los humildes.

No hablaremos de polémicas, ni nos sumergiremos en intrincadas apologéticas. Ni de la contraposición de diosa nahuatl y Theotokos, ni del enfrentamiento de ideologías substanciosas y puntillosidades vaticanas. Nada de eso.
Sólo diremos que se trata de una cuestión de Madre, una cordial razón de amores y con eso nos basta, y por eso vivimos, y en esa causa nuestros pueblos caminan en tu esperanza)

Paz y Bien

Sólo un testigo, todo un testigo

Para el día de hoy (11/12/11):
Evangelio según San Juan 1, 6-8.19-28


(A causa de la gran influencia de los medios de comunicación, los filmes y series hollywoodenses, periódicos, televisión y, en algunos casos el ejercicio de la profesión, conocemos y podemos inferir la enorme importancia probatoria de las declaratorias testimoniales.
Es claro que no diremos ingenuamente que por los testigos se decide la verdad; demasiadas veces hemos conocido que ley y procesos judiciales no van de la mano con la justicia. Aún así, a través de testigos veraces queda en evidencia plena lo verdadero.

Juan el Bautista -aquel niño soñado, hijo añorado de Zacarías e Isabel- se estaba volviendo peligrosamente importante; las gentes acudían en gran número cerca de Betania, a orillas del Jordán en donde él los instaba a convertirse, a enderezar sus vidas y los bautizaba. En su entereza no vacilaba en denunciar a los poderosos, la corrupción y los desmanejos de quienes sometían al pueblo.
Por ello mismo, la llegada de sacerdotes y levitas llegados desde Jerusalem no es inocente ni ávida de conocimiento y escucha: sabemos también que el valor de un testimonio está íntimamente ligado a la credibilidad del testigo. Así ellos se acercan a su sencillo altar de agua y desierto: necesitan averiguar, indagar, juzgar y, llegado el momento, suprimir su voz clara e íntegra.
No nos es un procedimiento desconocido, todo profeta -en el tiempo que fuere, en la religión que se elija- es decididamente molesto y peligroso.

Juan lo sabe, pero no se calla. Asombrosamente, no quiere que la atención se centre sobre él mismo: no es el Mesías, no es Elías, no es el Profeta, sólo importa el mensaje que tiene que anunciar.

Es la voz que clama en el desierto, un grito que quiebra tanto silencio impuesto, una voz que cobrará sentido porque anuncia a la Palabra que viene, que está a las puertas, que ya está llegando. Y se mantendrá firme a pesar de la sombra ominosa de la violencia y la muerte que se asoma en el horizonte de su existencia.

En este tiempo de Adviento, la presencia del Bautista y de tantos otros Juanes veraces e íntegros se nos hace necesaria, imprescindible.
Mujeres y hombres que no se creen mucho -casi nada- apenas una voz que se encienden de significado y trascendencia por la Palabra que los habita, por el Verbo que les nace, por ese Niño que están señalando.

Hemos de suplicar voces humildes y sinceras que nos vayan allanando la vida, que nos sacudan la modorra de la rutina y el confort, que nos despeinen los miedos y nos despierten del letargo de mirar hacia otro lado, porque está llegando y está a nuestras puertas Aquél a quien esperamos, el que nos reviste del fuego de la vida, ese mismo Dios que es Palabra y se hace humano para que recobremos el habla y la verdad)

Paz y Bien




Incomprensiones y desconocimientos

Para el día de hoy (10/12/11):
Evangelio según San Mateo 17, 10-13


(Es duro y hasta se nos hace contradictorio que en este tiempo de espera y de Niños se nos hable del martirio, del rechazo expreso y violento. Sin embargo, es crudamente real y es consecuencia directa de portar la luz de Dios allí en donde campea la oscuridad.

Jesús y los discípulos bajaban del monte Tabor: sus amigos habían visto allí mismo a su Maestro transfigurarse y conversar con Elías y con Moisés.

Sin embargo, están inquietos, quieren saber más acerca del probable regreso del profeta Elías. Él era muy cercano al sentimiento del pueblo de Israel, y una tradición de siglos indicaba que Elías regresaría para preparar la inminente llegada del Reino, restaurando las familias, sanando toda herida de odio y rencor mediante la reconciliación.
En esos tiempos de sometimiento al imperio, su figura se agigantaba pues las familias corrían el riesgo de ruptura y disolución, algo que para nada nos es ajeno en tiempos de crisis.
El dominio es posible y se facilita cuando la familia está ausente.

Por ello los discípulos preguntan: la enseñanza puntillosa de los doctores de la ley los confundía, pues sabían que Jesús es el Mesías...y aparentemente de Elías, ni noticias.
El Maestro despeja toda duda: Elías ya ha regresado y no han querido reconocerlo, aceptarlo ni comprenderlo. Era el Bautista del Jordan y el desierto, a quienes los poderosos menospreciaron, vilipendiaron y llevaron a la muerte, y no conforme con ello, seguirían en la misma línea de conducta realizando lo mismo con Jesús.

La misión de Jesús tiene continuidad con la del hijo de Isabel y Zacarías: Él también viene para reconstruir los tejidos quebrantados, para curar toda herida, para sanarnos de discordias y desconocimiento del prójimo.

Quizás por eso irrumpe humilde y silenciosamente en la historia en el seno de una familia pobre, revelando desde esa ternura que Dios es familia, que todos somos hermanos y que todos los niños, por ese Niño, son santos)

Paz y Bien



Confluencia de soberbias y egoísmos

Para el día de hoy (09/12/11):
Evangelio según San Mateo 11, 16-19


(El cuestionamiento de Jesús para con su generación es durísima, y es también dolorosamente veraz.

Estaban los que criticaban a Juan, hombre de Dios y del desierto y rechazaban de plano sus llamados a la conversión. Su vida austera, ascética les molestaba y por ello lo catalogaban como loco y endemoniado.
Sin embargo, no ahorraban su juicio despiadado para con el Maestro.
Jesús amaba sentarse a compartir la mesa con los despreciados, con publicanos y prostitutas, con aquellos que nadie sentaría a su mesa. Por ello lo clasificarían como borracho y glotón, como un impuro e irrecuperable irreverente.

Jesús los cuestiona, más es un planteo algo mezquino imaginar que les está señalando una conducta histórico-religiosa particular. Vá mucho más allá, pues señala posturas éticas que aún persisten, que no se limitan -moralmente- a un determinado acontecer histórico.

Quizás lo más grave es que tanto Juan como Jesús los/nos pone en evidencia.

Cuando confluyen egoísmos, soberbias e intereses individuales, el tiempo se vuelve tiempo de rechazo. Necesariamente sucederá el descrédito, el menosprecio calculado, el rechazo intemperante, las agudas razones estructuradas de tal modo que no acontezca, por ningún motivo, la escucha.

Un Niño que viene nos deja en evidencia. Tal vez nos hemos vuelto demasiado grandes, muy maduros para específicas conveniencias y dejamos de lado la posibilidad de que acontezca la Buena Noticia, ésa que se sucede cuando nos descubrimos hijas en hijos en las manos de un Dios que es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida)

Paz y Bien

María del Adviento

Inmaculada Concepción de la Virgen María


Para el día de hoy (08/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(Muchacha campesina, judía mínima de ojos profundos -los ojos del Hijo serán iguales a los tuyos-

Jovencita de aldea polvorienta, de embarazo sospechoso, del Sí y la fidelidad a pesar de toda duda.

Seguramente nadie te tenía en cuenta ni te daba demasiada importancia; aún así, el universo y la humanidad detienen su devenir y contienen la respiración, pendientes de tus palabras.

-Es tiempo de cosas extrañas, María. Debe ser que tu Dios anda haciendo locuras porque está enamorado.-

Él viene, viene Él mismo al rescate de sus hijas e hijos. Él siempre cumple lo que promete, sin excusas ni dilaciones, y ha querido que todo se decida en términos de Madre.
La Salvación se resuelve con ternura de mujer.
-quizás sin quererlo, te hemos visto en los ojos grandes y asombrados de tantas muchachas muy jóvenes a las que la vida se les crece en su interior, en embarazos minimizados, escondidos y tantas veces repudiados-

Aquel Mensajero -viejo conocido de antiguos profetas de mirada lejana- te habla de parte de Dios, te saluda con un respeto inusitado. Él expresa el mismo cuidado y la delicadeza que tiene ese Dios para con todos, especialmente para con los más pequeños..

La primer palabra que expresa es la Palabra de la Creación y la Salvación -¡Alégrate!-.
Es la Palabra primera, es la Palabra que cuenta, la Palabra decisiva, el destino soñado desde siempre es alegría para todos, felicidad que se respire, vida que se extiende.

¡Salve, María!
Feliz por creer, feliz por vivir plena, feliz por ese Salvador que se crece al calor de tu interior, feliz por saberte tan pequeña y ser por ello mismo infinita, feliz por conocerte servidora, al igual que ese Hijo que está por llegar.

Es el tiempo increíble de la Gracia, de la bondad sin condiciones que se desborda generosa, de la alegría, del Dios que nos pide permiso para crecer en nuestro interior.

María es el cristal perfecto, la creyente prisma desde donde la luz de la Salvación se expande y disipa toda tiniebla)

Paz y Bien






Yunta

Para el día de hoy (07/12/11):
Evangelio según San Mateo 11, 28-30


(Para Jesús y sus oyentes, decididamente ligados a la vida campesina, no les era desconocida la idea de un yugo; se lo utilizaba en las tareas en que eran necesarios bueyes, mulas u otros animales de carga y arado.
Su forma y peso doblegaban los cuellos de los animales, sólo les permitía mirar en una dirección y dirigirse sólo hacia el sitio que decidiera quien los condujera. No existía la mínima posibilidad de un desvío ni de desobediencia por la misma sujeción que imponía su estructura y peso, doblegando cualquier intento de levantar la cerviz. Y todo se disponía de manera tal que las bestias fueran -como mínimo- de a pares, pares llamados yuntas.

La analogía con el acontecer humano es obvia, y quien mejor que el Maestro para ello -el más humano de todos-.
Ayer y hoy se imponen diversos yugos que obligan a inclinar la frente sin atisbos de libertad, con la intención de conducir a las gentes a lugares y situaciones impuestas desde el agobio y la sumisión, imposibilitando de mirar y ver hacia los lados y hacia arriba, condicionando toda rebeldía e iniciativas personales -acertadas o erróneas-.

Jesús de Nazareth llama a los fatigados, a los cansados, a los que no pueden más, proponiendo se lleve su yugo como carga liviana y tolerable.
Es claro: su Palabra es Palabra de vida y liberación, es santa y mansa rebeldía, es la iniciativa pacífica que rechaza la injusticia y la opresión en cualquiera de sus formas, el dominio inmisericorde de algunos por sobre otros, el abrazo infinito de la compasión y la misericordia.

Quizás -sólo quizás- no se trate de una mecánica de reemplazos, es decir, de cambiar un yugo por otro.
Es que Dios asume la frágil y dolida condición humana desde ese Niño mínimo y pobre en brazos de Madre. Y por ello, la cruz como amor mayor y su presencia definitiva signifique que Él viene en yunta con cada uno de nosotros, poniéndose en sus hombros todo lo que nos agobia y doblega para poder andar ligeros, hijas e hijos revestidos de libertad y de alegría.)

Paz y Bien

Un Dios imprudente

Para el día de hoy (06/12/11):
Evangelio según San Mateo 18, 12-14


(-¿Qué les parece?- dice hoy el Maestro, y es una invitación a involucrarse, a no ser un mero espectador.

En ese talante, es preciso ubicarse: allí en los montes, la tarea no es sencilla. Sendas escarpadas, quebradas traicioneras y precipicios mortales pueden hacer retroceder a más de uno. A ello, hay que añadirle el peligro siempre presente de ladrones y salteadores.
Cuando una pequeña oveja se pierde, la lógica y la prudencia mandan que no hay que arriesgarse con las otras noventa y nueve del rebaño. ¿Quién en sus cabales actuaría así, poniendo por delante de la mayoría el rescate de una insignificante oveja descarriada?

Pero así como en la vida, en la parábola el gran paso a dar implica ponerse en el lugar del otro, tomar el lugar del otro.
Aquí la pequeña oveja perdida sos vos, soy yo, eres tú, es ella, somos nosotros y quizás y muy especialmente, aquellos a los que el mundo ya ha condenado como negras ovejas irrecuperables.

La Buena Noticia es que nuestro Dios es un Dios imprudente, un Dios que se desvive por los suyos, un Dios para el que todos cuentan, un Dios capaz de hacer lo increíble para el rescate de los perdidos.

Es claro: quizás hace tiempo que no abundan en nuestros ambientes pastores con persistente perfume a ovejas. Pero no estamos exentos de esta tarea, pues es ajena a esta Buena Noticia toda pasividad y resignación.

Dios se hace hombre, se hace Niño, se hace uno de nosotros para que jamás se nos apague la esperanza y para que cada reencuentro sea motivo de alegría y celebración)

Paz y Bien

Alegres brechas

Para el día de hoy (05/12/11):
Evangelio según San Lucas 5, 17-26


(A pesar de todo esfuerzo en contrario, Jesús no dejaba de enseñar la Buena Noticia de que Dios es Padre y es Madre, que brinda su compasión y su perdón para todos, sin limitaciones ni exclusiones. Hagan lo que hagan mujeres y hombres, sea cual fuera su origen o condición, todas son hijas e hijos.

Parece que eso ofende y preocupa sobremanera: su Palabra viva y clara, su mensaje de liberación es menester que sea desvirtuado, que sea tergiversado ofensivamente y, finalmente, sea acallado. Ese galileo se vuelve cada vez más peligroso, y sin esfuerzo cada vez más gentes lo escuchaban con atención.
Fariseos y doctores de la ley acudían allí, en donde Él enseñaba, para impedir de una vez por todas que la Buena Noticia se propague...y porque su poder, sus prebendas y privilegios se ven amenazados. Están allí sentados a su alrededor, impidiendo que nadie más se acerque, rápidos en defenestrar y cercenar cualquier asomo de verdad.
Era necesario mantener esas puntillosas estructuras de exclusión, de espacios reducidos, de un dios y una vida para unos pocos.

Pero suceden varios milagros que superan por lejos el hecho de que el paralizado regrese caminando a su casa.

Acontece la increíble acción de los compañeros del hombre paralizado: ellos no se amilanan por las puertas cerradas, por ese Cristo rodeado y de acceso vedado. Su fé en Jesús de Nazareth los impulsa a lo increíble: trabajosamente, se ponen al hombro la camilla de su amigo, abren una boquete en el tejado y desde allí descargan cuidadosamente al enfermo a los pies del Maestro.
Es la fé de ellos la que rompa las ataduras que paralizan, es la fé atrevida y la confianza en Jesús de Nazareth las que levantan a los postrados de todo tiempo.

Acontece la maravilla del perdón: al ver la fé de esos compañeros, el Maestro se conmueve y en pleno rostro severo de los apropiadores de almas, expresa la ternura infinita de un Dios perdonando los pecados de ese hombre enfermo. No es un dato menor: para la mentalidad opresiva de quienes lo rodeaban con su desprecio, las enfermedades eran causa de pretéritas faltas, y castigos por desviaciones de esa ley pretendidamente divina. Por ello mismo todo enfermo había de ser considerado impuro y excluido de la vida social, religiosa y comunitaria.
Era una de las crueldades mayores: estaba plenamente justificado el sufrimiento, era justo y necesario remitir a los enfermos a la soledad y al abandono. Así entonces, las palabras de Jesús habían de ser consideradas una blasfemia, pues con ese gesto de bondad se derribaba todo un sistema de agobio y elitismo.
Los apropiadores de almas, los saqueadores de esperanzas se quedaban sin negocio.

Esa Palabra de perdón no es cuantitativa, es decir, no remite a un estado de inocencia a la mayor o menor cuantía de los pecados del enfermo: esa Palabra expresa la Misericordia y la compasión de un Dios que quiere a todas sus hijas e hijos de pié.

A riesgo de ingenuidad, la Iglesia debería ser similar a estos espacios que se abren: algunos acceden por la puerta grande, algunos por las ventanas, otros por los tejados, pues nadie debe quedarse fuera.

Tarea y misión santa es abrir alegres brechas para que todos puedan ocupar su lugar especial al que hemos sido invitados, destino de celebración y fiesta, ágape de liberación con ese Niño que nos viene naciendo en nuestro horizonte)

Paz y Bien

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