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Uno por el pueblo








Para el día de hoy (08/04/17): 

Evangelio según San Juan 11, 45-57




En la pequeña Betania, a tres kilómetros de Jerusalem, Jesús había regresado a la vida a su amigo Lázaro, quien había muerto por una grave enfermedad. Muchos de los que estaban allí, en ese hogar que Jesús amaba -casa de Lázaro, de María y de Marta- al ver su profunda emoción y el signo de Lázaro redivivo, creyeron en el Maestro, aún cuando hasta ese momento lo ignoraran con fervor.

El pueblo que creía en este Cristo aumentaba a cada instante, pero aún así varios de esos testigos se encaminaron con presteza hacia donde se encontraban los principales fariseos para relatarles los hechos que habían presenciado.


A pesar de la patente evidencia que aconteció ante sus mismos ojos, esos hombres estaban compelidos a someter a las autoridades religiosas las acciones de Cristo para su escrutinio. Cuando los prejuicios y los esquemas mentales rígidos sobrepasan las cuestiones cordiales, poco espacio queda para la verdad, y como presuponen que se juegan algo muy grande, prefieren trasladar sus inquietudes a quienes verdaderamente detentan la autoridad mayor.


Al enterarse, se desata el pánico, y se forma una impensada alianza entre los rígidos fariseos y los acomodaticios saduceos que, por lo general, se reservaban para sí las máximas jerarquías del Templo -los sumos sacerdotes-. El miedo es capaz de anudar telarañas muy extrañas e intrincadas.

Tales son los fuegos que se encienden, que hasta convocan abruptamente al Sanedrín, consejo supremo de la nación judía que dictaminaba acerca de cuestiones religiosas y civiles también, pues el peligro que infieren es gravísimo: si el rabbí galileo sigue convocando alrededor de sí corazones y voluntades del pueblo -confianza y fé- las gentes iban a dejar de doblegarse a los dictámenes de ellos mismos, y sin dudas ello sería visto por la potencia ocupante romana como un hecho incoercible de subversión.

Esa rebelión incipiente Roma la trataría de una sola manera, aplastándola mediante la fuerza bruta de sus legiones. Así entonces, el Templo quedaría derrumbado, el centro de Israel disperso y la misma nación en peligro, y, sobre todo, ellos mismos perderían todo su poder e influencia.


Ésa es la causa primordial por la cual deciden matarle, y matarle cuanto antes.

Y se conjugan dos libertades: el libre albedrío de esos dirigentes inescrupulosos, que se suponen capaces de disponer de la vida de otros a su antojo porque lo entienden amenaza, y la libertad absoluta de Cristo, que pudiendo escapar se mantiene firme e íntegro porque ante todo cuenta el proyecto de su Padre, aún cuando la sombra de la muerte vaya inundando todos los resquicios.


Para sus propios enemigos mortales la presencia de Jesús tiene una índole comunitaria que deben extirpar. Y es Caifás -sumo sacerdote en ese momento- quien sin saberlo pero merced a su sacerdocio lo define con pasmosa exactitud: conviene que muera un sólo hombre por el pueblo, afirmación cruel de un fin que justifique cualquier medio pero también profecía.


Ese Cristo morirá por todos, por los discípulos, por los que han creído en Él, pero también por los que le odian, los que ansían su muerte, los que lo desprecian y condenan.

Cristo muere para que el pueblo viva, y viva en plenitud y libertad. Uno por todos, por vos, por mí, por tí, por nosotros, para que no haya más crucificados, para reafirmar de una vez y para siempre esa vida que es Dios mismo.


Paz y Bien



Piedras a Dios




Para el día de hoy (07/04/17): 

Evangelio según San Juan 10, 31-42



Piedras de David contra Goliat. Piedras para ejecutar a los reos condenados. Piedras que se desprenden de los cerros. Piedras que representan estabilidad, y que se utilizan para construir hogares, sinagogas y templos. Piedras como armas. Piedras que se enarbolan para ejecutar a Jesús de Nazareth.

La Pasión está ahí cerca, dura, ominosa pero -por la fé- resplandeciente de fidelidad y amor.

Los dirigentes religiosos habían abandonado cualquier corrección política y de lenguaje encendidos de furia, y no quieren demorar más la sentencia que ya se ha incubado en sus corazones. Al rabbí de Nazareth lo quieren ajusticiar en ese preciso momento para que se calle, y porque se sienten ofendidos en su fuero más íntimo: ese hombre se iguala a Dios.

Dejan en segundo plano todo lo demás. No les importan todas las obras de bondad que ha realizado, el bien que ha prodigado. Quieren matar en nombre de Dios.
Curiosamente y aún desde sus obscenos prejuicios, esos hombres intuyen la dimensión mesiánica de Cristo quizás con más amplitud que los propios discípulos. De allí la gravísima acusación de blasfemia, cuya única consecuencia legal directa es la pena capital.

Es que Cristo, Dios hecho hombre, es un Mesías y un Dios demasiado inconveniente. Un Dios tan cercano nos despeina preconceptos, nos demuele las expectativas de poder, nos cuestiona la vida misma pues está con nosotros cada día, acampando entre nosotros, y Su presencia pone en evidencia todas las oscuridades que nos esforzamos en esconder.

Tal vez en estos tiempos la figura de Cristo es simpática, agradable, se puede escuchar con romántica fruición. Los problemas comienzan cuando advertimos que seguir sus pasos exige una radicalidad total, que no hay lugar a medias tintas, que es imperioso el éxodo de la conversión, y ahí alistamos las piedras que estamos dispuestos a arrojar a Dios, piedras de rechazo, de resignación y mediocridad.

Que el amor de Dios en la cruz nos revista de mansedumbre y nos vuelva discípulos y servidores.

Paz y Bien

Hijos de Abraham







Para el día de hoy (06/04/17): 

Evangelio según San Juan 8, 51-59



A través de los velos de los siglos, es menester fijar nuestra mirada en el viejo pastor de Ur, Abraham.
Hombre anciano, casado con una mujer de avanzada edad como él mismo, no habían podido tener hijos, y vivían sus días al calor del desierto, en el refugio de sus carpas beduinas.

Dios hace una alianza con este hombre, una alianza que no se registra en tratados formales ni se codifica en documentos verificables a posteriori porque es una alianza cordial que involucra la totalidad de la existencia. En esa alianza, Dios hará fructífera la vida del pastor con la llegada de un hijo añorado, y no será lo único: por la fé -que es la contrapartida de Abraham- éste se convertirá en padre de naciones, abuelo de todos los creyentes de toda la historia.
La razón le indicará al anciano sabio que ya sus viejos huesos no están para esos trotes, ni para concebir hijos ni para encabezar pueblos hacia una tierra que se le promete y que se le hace improbable. Menos aún, que pueda ser el primero entre millones que le sucederán.

Pero la razón no comprende cuestiones que el corazón aprehende, y la fé, que ante todo es confianza, prolonga la mirada hacia horizontes ilimitados.
Por ello mismo Abraham se enciende de júbilo: será, por ese Dios asombroso, padre de un hijo increíble al que llamará Isaac -cuya traducción literal es Dios sonríe- y será padre de naciones estrelleras, y más aún.
A lo lejos, asomándose como un amanecer único y por esa fé de mirada profunda, es capaz de mirar y ver que cuando el tiempo madure, Dios mismo instalará una tienda similar a la suya y habitará entre su pueblo.
Abraham, mil años antes, avizora felizmente al Redentor.

Su camino comienza a hacerse firme, y esa pequeña tribu se ha de convertir en nación y promesa, a pesar de que deba sufrir esclavitudes, exilios, quebrantos e infidelidades. El Dios de sus promesas siempre cumple sobradamente con lo que se ha comprometido.

Sin embargo, muchos de los hijos del viejo pastor se confundieron, y creyeron que sólo por pertenencia sanguínea o identidad nacional tendrían todo resuelto, definitivamente allanado. Ése fué su mayor error, el de la lineal literalidad, que los vuelve fanáticos y falaces.
Han olvidado y renegado de la dinastía primordial que es la de la fé: son hijos de Abraham por creer como él creía, por confiar en el Dios de la promesa perenne.

Por eso mismo rechazan con asco y violencia al Cristo manso que les habla y trata de despertarlos. Ellos están muy cómodamente instalados en sus esquemas, y no toleran que ese campesino galileo venga a trastocarle el andamiaje. Mucho menos, que se erija con la autoridad y la esencia misma de Dios, y con ese argumento buscan su condena y ejecución, sin advertir que así son ellos los que se hunden y condenan.

Cristo es esa alegría inconmensurable, y ese júbilo que no se derrumba pues nace del corazón, en donde se afinca por maravillosa bondad la fé en Dios, que es don y misterio.

Porque a pesar de tantas miserias, rechazos y desprecios, de tantas amenazas y argumentos tétricos, la muerte no ha de prevalecer.
Nosotros no moriremos.

Paz y Bien

Liberación, de la servidumbre al servicio







Para el día de hoy (05/04/17): 

Evangelio según San Juan 8, 31-42



La Pasión está muy, muy cerca, y los mecanismos propios del odio parecen estar a plena marcha.

Ayer contemplábamos como sus enemigos lo vindicaban como un potencial suicida, tan intoxicados de literalidad y de prejuicios que estaban: hoy lo injurian, quizás indirectamente, diciendo que es hijo de una prostituta.

Meterse con la Madre es una frontera que jamás debería trasponerse, pero ellos lo hacen, orgullosos y soberbios que exhiben pertenencia y credenciales como distintivo y condición necesaria y suficiente para ser hombres plenamente libres, nunca esclavos, descendientes de Abraham.
Es clara su visión sesgada. Olvidaron los ladrillos del Faraón, el exilio babilónico, las invasiones asirias. En ese tiempo, el orgullo nacional se encontraba hollado por la bota imperial romana, y ese pueblo único entre todos los pueblos era, a todos los efectos, un grupo menor provincial entre las vastas posesiones del César.

Aún así, su mezquina perspectiva les impedirá ir más allá, les obtura cualquier éxodo cordial, la conversión.
La pertenencia no basta, no es suficiente ni es condición absoluta de plenitud y libertad, pues en el tiempo de la Gracia se nos revela que el pecado es el origen de todas las esclavitudes, las de ese tiempo y las de éste. Al fin y al cabo, todo encuentra su raíz en el corazón humano.

Somos libres si permanecemos en la verdad, si nos afianzamos en el amor de Dios, si guardamos la Palabra de Cristo y la hacemos tiempo, vida cotidiana. 

La verdadera liberación es el paso de la servidumbre al servicio, señal de la vieja vida esclava del pecado en paso franco a la humilde y gloriosa libertad de los hijos de Dios, ricos por darse, felices por amar.

Paz y Bien

Cruz y luz




Para el día de hoy (04/04/17) 

Evangelio según San Juan 8, 21-30



Los enemigos del Maestro no escatimaban insultos ni descalificativos hacia su persona. Que era un borracho o un glotón. Impresentable amigo de prostitutas y publicanos. Un carpintero con torpes ínfulas de doctor. Un endemoniado, un blasfemo, un loco peligroso. Todos esos epítetos, de verificarse legalmente, le acarreaban durísimas penas, incluso la muerte que se expone como el objetivo mayor. No obstante y como siempre lo han hecho los miserables, la descalificación tiende a aislar a la víctima, royendo su honor, su carácter, su entereza y haciendo que lo que diga y haga torne, cuanto menos, ridículo.

Hoy, nos encontramos con una nueva imputación que le endilgan: lo sindican como un suicida en ciernes.

Esos hombres estaban enfermos de literalidad, pues tomaban al pié de la letra su afirmación de que donde Él iría, ellos no podrían ir.

El Maestro lejos estaba de ser un suicida. Él entregaba su vida voluntaria y libremente como señal absoluta del amor de Dios al mundo. Esa señal sólo puede comprenderse -mucho más allá de los acotados parámetros de la razón- desde la fé, una fé que enciende la mirada sobre la persona de Jesús de Nazareth.
Porque la fé cristiana es creer en Alguien antes que en algo, en una doctrina o en la aceptación de normas y preceptos.

Esos hombres podrían vivir -biológicamente- muchos años, pero estaban muertos de antemano. Morir es aferrarse a la oscuridad, renegar de la luz, hundirse con fervor en las tinieblas a pesar de la mano cordial que Dios nos tiende a cada paso.

Para esos hombres, la cruz implicaría una derrota sin ambages y una maldición, la contundencia de las sombras y el horror.

Para nosotros, humildemente y desde nuestras miserias, la cruz que se levanta con el Cristo de todos los dolores asumidos es la luz que nos dice que Dios nos quiere, que Dios nos ama, que vida que se ofrece es vida que se multiplica como el pan bendito.

Paz y Bien


Una nueva oportunidad









Para el día de hoy (03/04/17):  

Evangelio según San Juan 8, 1-11




Los hechos que encontramos en la lectura de este día acontecen durante los últimos días de la vida terrena de Jesús de Nazareth, y esa es la principal perspectiva que no debemos perder de vista. Su fidelidad no se quebrantará ni debilitará aún cuando la sombra ominosa de la cruz parezca acrecentarse hora tras horas.

Él estaba en el Templo a pesar de los riesgos, aún cuando lo buscaban para prenderle. Sólo lo atraparán en el momento exacto, pues la Pasión no es cuestión de la eficacia brutal de sus enemigos sino por la decisión de su corazón sagrado, en entera libertad.

Allí, un grupo de escribas y fariseos traen a su presencia a una mujer que había sido sorprendida en adulterio.
Desde el vamos la intención encierra trampas y peligros. La ley mosaica preveía la ejecución de la mujer adúltera, pero luego del debido proceso legal; en aquel tiempo, el Tribunal mayor era el Sanedrín, máxima expresión de la dirigencia religiosa judía. Sin embargo, y aún cuando el Sanedrín podía condenar a una persona a la pena capital, carecía de facultades para ejecutar la pena directamente pues la soberanía era ejercida por la autoridad imperial romana, y esto también lo comprobaremos durante los días de Semana Santa y el proceso que incoan contra Cristo. 

Esos hombres son meros acusadores que se erigen como jueces y verdugos de una mujer a la que se le ha descubierto un pecado público: sin embargo, nada dicen ellos de los pecados privados, de los pecados que están pero no se conocen.
Ellos pretenden que Cristo se sitúe abiertamente en lugar de Moisés, una disyuntiva terrible que derribaría la identidad raigal de la nación judía.
Pero hay una faceta judicial doble en la falacia que plantean al Maestro: negando la procedencia de la sentencia ejecutoria, lo colocarían en una irrevocable situación de desacato ante la Ley y por tanto, ante el Sanedrín. Ellos sabían cómo se comportaba el Señor con los descastados y los pecadores, con lo cual es probable que buscaran esa posibilidad.
Aún así, si conviniera en sus conclusiones, se pondría en rebeldía frente al pretor romano, cuyo poder decidía la vida o la muerte de los reos.

La tranquilidad del Maestro es pasmosa. En el crescendo de la acusación, Él escribe en el suelo con su dedo. 
En una zona como ésa, los fuertes vientos depositan capas de arena y tierra sobre la calzada. Lo que se escriba ha de durar poco, señal de lo efímero de la existencia, de las almas doblegadas en sus miserias, lo que oscila hacia ninguna parte cuando se rompen la confianza que Dios deposita en cada corazón. Quizás también exprese lo que es el pecado humano frente a la infinita misericordia de Dios.

El procedimiento legal establecía que la ejecución de un condenado a lapidación sería encabezada por los testigos de cargo, los que a su vez debían presentar una conducta impoluta que no cuestionase la validez de su testimonio.
De allí la verdad que manifiesta Cristo, que es plenamente legal pero a su vez que es verdaderamente lapidaria: no hay ni un inocente. 

Cada pecado es causa de muerte, quizás no tanto por una condena prefijada sino por la ruptura con la vida, la elección de esas muertes en las que nos sumergimos. Por eso, tal vez, en el suelo Él escribía el nombre de la mujer y también el nombre de los acusadores.

Esos hombres severos se retiran, comenzando por los más viejos, probablemente por una carga culposa mayor en sus almas.
La mujer y el Maestro se quedan solos. Como decía San Agustín, sólo dos quedan, la miseria y la misericordia.
Él posee la autoridad suficiente para emitir una condena, pero no lo hace. Él es el salvador, y su inmenso amor que rescata y restaura brinda una nueva oportunidad, a pesar de lo que indica que todo está perdido, una oportunidad para vivir, para dejar atrás los quebrantos, para converger hacia Dios. 

Donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia, y es el convite mayor a vivir plenos en esta Cuaresma.

Paz y Bien


Mover las piedras







Domingo 5° de Cuaresma

Para el día de hoy (02/04/17):  

Evangelio según San Juan 11, 1-45




El trasfondo de la lectura que contemplamos hoy es durísimo: se había emitido una orden de arresto contra Jesús de Nazareth por parte de las autoridades religiosas, orden que debía efectivizarse sin más trámite y, eventualmente, mediante el uso de la fuerza. Lo buscaban como a un criminal peligroso, un enemigo público, y quizás toda acción judicial posterior sólo guardaría las formas aparentes porque en la raíz de sus mentes esos hombres habían dictaminado su muerte. 
Por todo ello, el Maestro trataba de evitar los caminos de Judea pues allí se lo buscaba con mayor énfasis: ello, en realidad, implica que no será la mortal eficacia de sus enemigos la que decidirá su Pasión sino más bien el fruto de su entrega libremente asumida en fidelidad con el Padre.

Aún así, la escena parece transcurrir entre cuestiones de amigos.

Los discípulos, tal vez con una amistad más profunda por parte del Señor que de ellos mismos. No aceptaban ni comprendían la misión de Cristo y se aferraban a los viejos esquemas de un Mesías victorioso, de poder arrollador y nó este pretendido destino de Servidor humilde y manso.

Los amigos de Betania, Lázaro, Marta y María, unidos al Maestro por un afecto entrañable. Por ello la casa familiar de Betania es espejo de la Iglesia que amamos, ámbito cálido y familiar en donde Cristo se encuentra a gusto, en hogar que lo hospeda como un hermano.

Pero sobreviene la enfermedad y la marcha inexorable de la muerte que parece tragarse todo. Y a pesar de las cercanías, Él parece demorarse sin razón, deshoras y destiempos arrasados de lágrimas.

Sus tiempos no son los nuestros, claro que nó. Y frente a la desolación, los reproches, las quejas, las resignaciones producto del cansancio pero también de las imposiciones razonadas, bajen los brazos, lo siento mucho, no hay más nada que hacer.
Y tras todas las letanías acongojadas, un solo mensaje, creer, confiar.

Lázaro sale del sepulcro por el amor y el poder de Aquél que es la vida y la resurrección. Lázaro sale del sepulcro para que luego ingrese el Señor.

Es necesario, junto con los dolientes, mover las piedras que obturan todos los recintos en donde impera la muerte, especialmente los cordiales en donde se nos afincan las miserias, los quebrantos, los miedos.

Que la voz fuerte de Cristo espante todas las muertes, porque con todo y a pesar de todo y de todos, Él todo lo puede y la vida prevalece.

Paz y Bien

El abandono de la Ley y la justicia








Para el día de hoy (01/04/17):  

Evangelio según San Juan 7, 40-53




Jesús de Nazareth no pasaba inadvertido. Su Persona suscitaba todo tipo de reacciones y emociones, muchas de ellas opuestas, enfrentadas, virulentamente contradictorias.


En el Evangelio para el día de hoy que la liturgia nos ofrece, hay una cuestión por demás significativa: en ninguna instancia del texto, aparece el mismo Jesús hablando o enseñando. Son los otros quienes se refieren a Él, y quizás, desde esta perspectiva cuaresmal que se nos ha regalado, fructífero ejercicio espiritual es situarnos cada uno de nosotros en los diversos roles que allí se explicitan. En cierto modo, se anticipa el ambiente de las comunidades cristianas luego de la Ascensión: en quien creemos y cómo creemos sin la presencia física del Maestro.


Algunos se quedan en los signos, pero no trascienden el hacia dónde apuntan esas señales, y así ese Cristo es un profeta, a menudo grato de escuchar, que dice verdades a veces algo incómodas. Y si bien profeta, Él es mucho más que un profeta.


Otros pretenden dirimir su legitimidad en base a su origen. Tal vez es una de las posturas peores, no sólo por pretender clasificar al Mesías, sino porque se suele execrar la voz de Dios que se expresa en el hermano a partir de su condición y del lugar en el mundo en donde ha nacido, justificando así un desprecio galopante.


Aún así, en plena discusión, las posturas más violentas no llegan a ponerle las manos encima, no pueden detenerle, y es signo cierto de que la Pasión será en el momento propicio. Con todo su horror, y en el epítome del espanto, la cruz será asumida en absoluta libertad y ofrenda amorosa por el Hijo de Dios.


Curiosamente, en el ámbito de los hombres más formados -quizás en el espacio de los religiosos profesionales-, hombres acostumbrados a ser obedecidos pero que nunca escuchan ni al pueblo ni a Dios, se suscitan las discusiones nás brutales. Aunque tuvieran delante de sí evidencias palmarias, ellos rechazarían al Maestro de Nazareth por, precisamente, ser galileo, ser pobre, no encajar en el molde de sus prejuicios, hablar de Dios como un Padre cercano y afablemente bondadoso, muy distinto al Dios que ellos mismos precognizan. Y su desprecio fervoroso se dirigirá también a aquellos que, con la honestidad de Nicodemo, se pongan de parte de ese Cristo que les ha despertado del sopor de las creencias y se han asomado al regalo inmenso de la fé.


Que ese Cristo siga siendo signo de contradicción. Que Su Persona nos haga tomar posiciones, volver la mirada y el corazón a Nazareth, a la periferia de la existencia, a la Salvación que nos llega generosa y humilde, al amor infinito ofrecido en la cruz.


Paz y Bien

Mesías incómodo y peligroso










Para el día de hoy (30/03/14):  

Evangelio según San Juan 7, 1-2. 10. 14. 25-30




A dos semanas del Viernes Santo y con la cruz en ciernes, la lectura de este día parece palpitar peligro y nos predispone a la Pasión que acontecerá en breve.

Jesús de Nazareth quería quedarse en la relativa seguridad de Galilea, pues en Judea lo estaban buscando con la abierta intención de matarlo, la supresión del profeta, la violencia como solución religiosa y política. Una orden de arresto se había emitido en su contra.
El Maestro trata de eludir el arresto, pues no es su hora: la Pasión será entera consecuencia de su entrega plena y libre antes que de la eficacia de sus enemigos.

Por aquel entonces se celebraba Sukkot, la Fiesta de los Tabernáculos, una de las festividades más importantes de la nación judía junto a Seder Pesaj -Pascua- y Yom Kippur -Día del Perdón-. Sukkot, también conocida como fiesta de las chozas o tiendas, poseía una doble vertiente, el memorial de los años de liberación en el desierto, y también como fiesta de vendimia y cosechas. Ningún varón judío que se preciara de tal evitaría la celebración, y Jesús de Nazareth, fiel hijo de su pueblo y de las tradiciones de sus mayores, ingresa a la Ciudad Santa de manera anónima, casi clandestina.

Extraños vaivenes y contrapuntos. El Santo de Dios llega a Jerusalem como un proscrito que es necesario evitar, un Mesías incómodo y peligroso. Y está allí, en fiesta de cosechas, Aquél que ratifica con su sangre que es menester que el grano de trigo caiga en tierra y fructifique, en la inmensa vendimia de su sangre.

Aún así, con esa confidencialidad, no pasa inadvertido, y los jerosolimitanos creen reconocerle. Por supuesto, aplican preconceptos y prejuicios y sólo esbozan una caricatura banal.
Cuando a Cristo no se lo contempla con los ojos de la fé no se le reconoce, y sólo podrá observarse un reflejo que se acomode a ciertos narcisismos y necesidades individuales.

En el rostro del Señor descubrimos al Padre que lo ha enviado. En Él Dios se revela en plenitud.

Paz y Bien

Dios fiel









Para el día de hoy (30/03/17):  

Evangelio según San Juan 5, 31-47




Jesús de Nazareth se encontraba en plena discusión con esos hombres que lo despreciaban y condenaban por blasfemo, por diabólico y por lo que se les ocurriera. Estaban tan enceguecidos que hiciera lo que hiciera o sea lo que pronunciase, su veredicto sería siempre el mismo.


El problema es que se trata de fanáticos, y los fanáticos no toleran a nada ni a nadie que no pase por el tamiz de sus estrechos esquemas. En este caso, uno de los peores fanatismos, el fundamentalismo religioso que se vuelve capaz de la violencia más brutal en nombre de Dios.


Esos hombres que cuestionaban con odio encendido al Maestro son muy devotos y piadosos. Sin embargo, esa piedad es errónea y falaz, y es consecuencia en gran parte de una lectura literal de las Escrituras, a las que añaden sus propios preconceptos, los que adquieren un status dogmático de cumplimiento estricto.

Ello deviene en una religión que oprime, que subordina las existencias a las normas y nó a la inversa, que traza una línea divisoria entre unos pocos puntillosos y el resto que bien  puede execrarse con fervoroso desprecio. Brutos que hieren y matan concienzudamente en nombre de Dios, como si Dios necesitara que lo defendieran, que se esgrimiera poder en su nombre. Nada más lejos del Cristo humilde y servidor.


Todo ello fué, es y será ajeno a la Buena Noticia de Cristo, pues todo sábado ha de ser para bien del hombre y nó a la inversa, y se trata de que siempre se acreciente el nosotros en fidelidad a ese Dios que es familia.


A pesar de que todo asoma como esfuerzo vano, Jesús insiste con la misma tozudez asombrosa que Dios tiene para con cada uno de nosotros y nuestra carga de miserias y pecados. Nadie -ni uno solo- ha de perderse, y por ello sus ganas de hacerles asomarse a la verdad que es liberación.


No hace apología personal: más bien se refiere a aquellos testimonios que refrendan su vida y su ministerio.


La clave está en sus obras, señales y signos de Dios mismo. Él vive y actúa de tal modo que todo lo que hace lo puede realizar porque lo suyo viene de Dios. No hay demasiada teología, ni biblismo, ni razones religiosas.

Es la evidencia que surge de la existencia misma. Un Dios fiel que acompaña a la humanidad a través de toda la historia, a pesar de los quebrantos, a pesar de las miserias, a pesar de las traiciones, un Dios que sale al encuentro de los caídos, que busca a los extraviados, que celebra los regresos, un Dios que nos hermana en el Cristo que nace de una Virgen nazarena.


Esas señales persisten, y nos llegan a través de la Madre y de los hermanos de Cristo, de todos aquellos que escuchan la Palabra y la ponen en práctica.

Por eso Cuaresma también es recuperar la capacidad de volver a abrir los ojos asombrados frente a tantos testimonios incuestionables de que Dios está con nosotros, y que jamás nos deja solos y a oscuras. Dios fiel.


Paz y Bien

Padre incansable





Para el día de hoy (29/03/17):  

Evangelio según San Juan 5, 17-30



Ciertas lecturas lineales, sin profundidad, pierden lo verdaderamente importante y pasan por alto el sentido primordial. Esas linealidades suelen convertirse en agobiantes ortodoxias, pues en la literalidad se incuban los fundamentalismos. Tal es lo que les sucedía a esos hombres, que en su acotadísimo horizonte no tenían espacio para ninguna idea nueva, ni menos aún, lugar para el prójimo; hombres así reaccionan con violencia, y la muerte es una opción viable, pues se suponen defensores a ultranza de Dios, como si Dios necesitara defensa alguna.

Ellos seguían aferrados a la idea de que su Dios labora seis días y el séptimo -Shabbat- descansa, renegando de cualquier trascendencia simbólica. Jesús de Nazareth nunca se calla a la hora de decir verdades, verdades que conoce desde sus entrañas, tal es la identidad plena con su Dios.

Así, declara que su Dios, al que reconoce como su Padre, jamás descansa, es un Dios incansable procurando siempre el bien de todas sus hijas e hijos, acción creadora que es también acción redentora, salvación que se envía a los extraviados de manera gratuita, generosa, incondicional, abundante. No hay sábado alguno ni día de precepto excluyente a la hora de hacer el bien.
Pero lo principal, es que el Maestro se identifique tan absolutamente con Dios, al punto de reconocerle Padre.

Esa identidad es tal que Dios es Jesús y Jesús es Dios.

En ese Cristo obediente hasta la muerte, firme hasta la cruz, están depositadas nuestras esperanzas porque de Él es la creación y la justicia. Porque salvación y juicio acontecen aquí y ahora.

Como lo enseña el Apóstol de los gentiles, tengamos sus sentimientos. Nada se guarda para sí, ni siquiera su condición divina. Todo lo brinda, todo lo ofrece generoso como el pan compartido por millares.

Cristo es el Dios anonadado para que todos nos elevemos de este barro hacia los campos en donde la vida prevalece en amorosa eternidad.

Paz y Bien

Manantial de Cristo





Para el día de hoy (28/03/17):  

Evangelio según San Juan 5, 1-3a. 5-18



La escena nos sitúa en Jerusalem, en las cercanías del Templo, en una fiesta que no se detalla pero que parece tener su importancia para la nación judía. El lugar es la piscina de Betsata o Bethesda, que formaba parte de un sistema de cisternas que proveía miles de litros de agua necesarios para realizar las abluciones rituales y las purificaciones de precepto que se realizaban de continuo en el Templo. 
Betsata, que como nos señala el Evangelista se encontraba junto a la Puerta de las Ovejas, se utilizaba puntualmente para lavar todo el ganado ovino, ovejas y corderos, que serían sacrificados luego en el altar. En gran parte por esa causa, por la cercanía a lo sagrado, se le adjudicaba a las aguas de Betsata propiedades milagrosas y curativas, y así solían llevar allí a los enfermos en busca de salud.

Betsata estaba muy cerca del Templo y de las escalinatas en donde los rabinos impartían conocimientos de la Torah a sus discípulos, y por ello la escena es sobrecogedora: las inmediaciones de la piscina parecen un hospital de guerra, una sala de emergencias con sus enfermos tirados en el suelo, mientras que a unos pasos de allí -como si nada pasara- se enseña la Palabra de Dios.

La escena es demasiado habitual, el acostumbrarse al dolor sin misericordia, el razonar sufrimientos, el mirar para otro lado religiosamente, erudición teológica que parece haber desalojado la misericordia.

El agua de las tinajas de Caná, el agua del pozo de Jacob, el agua de Bethesda ya no sirven, devienen estériles, no sanan ni purifican, y las gentes languidecen sin solución.
Ese hombre estuvo treinta y ocho años tirado allí, sin auxilio. Treinta y ocho años era, en ese tiempo, la expectativa promedio de vida, por lo que ese hombre paralizado es la humanidad que transcurre su existencia postrada por el pecado y agobiada por la muerte. La Ley sólo alcanza a señalarle la culpa que se porta como un gravamen ineludible, pero no trae respuestas, sólo más cargas a las cruces impuestas.

Pero pasa el Señor, que ha venido a levantar a esta humanidad caída y doblegada en sus miserias, estos dolientes que somos por las miserias que nos aíslan.
Ya no es cosa de objetos o sitios, sino de una persona, la persona de Cristo del cual brota un manantial de agua vida, Gracia y misericordia, el perdón que nos restablece, el amor de Dios que nos re-crea y nos pone de pié, un Dios tan cercano como un Padre que se llega allí donde solemos plegarnos a esos dolores que nos parecen interminables. 
Sólo Cristo es eterno, sólo el amor es definitivo.

Paz y Bien

Confianza y milagros











Para el día de hoy (27/03/17):  

Evangelio según San Juan 4, 43-54



La sumisión a la opinión pública suele llevar al olvido de los principios, de los destinos y a renegar de toda ética. Es la opinión pública, en ese aspecto, un monstruo voraz.
Poco tiempo atrás, Jesús de Nazareth se había ido de su querencia rechazado con rabia por los suyos; hasta intentaron despeñarlo en un cerro cercano. Por las líneas anteriores, se podría presuponer que Él no regresaría a Galilea, notoriamente hostil y reactiva a cualquier novedad y enseñanza.

Pero el Maestro tiene una tenacidad asombrosa, y en los umbrales del Reino es precisamente en donde ha de abandonarse el no se puede.

En los ámbitos humanos, nunca nada es tan lineal, no exacto, ni predeterminado. Y tal vez, todos nos volvemos terriblemente parecidos en el dolor, desde el sufrimiento; allí es donde uno se despoja de los rótulos que diferencian y separan.
En el Evangelio para el día de hoy destaca la angustia de ese funcionario real frente a su hijo que está en las últimas, en Cafarnaúm.
Es un funcionario real, es decir, un burócrata de la estructura de poder del violento usurpador Herodes, ese tetrarca de Galilea que gbierna mediante el terror y una absoluta falta de escrúpulos, respaldado por el poderío de las legiones romanas. Pero aquí, ello podría tener relevancia para nosotros; para Cristo hay un doliente y hay un amor de padre desesperado.

Los milagros son profusos, abundantes, tan desbordantes como lo es el mismo amor de Dios. Pero es menester tener ojos capaces de ver, una mirada que pueda descubrirlos en la cotidianeidad. Porque suceden, y suceden en la insondable urdimbre de la Gracia de Dios y la fé del hombre.

Todo se resuelve allí.
En la fé expresada en confianza: confiamos en Alguien antes que en algo, en una idea, en un dogma.
En la obediencia, que no es hacer torpes venias a caprichos quen nos resultan extraños y ajenos. La obediencia es escuchar atentamente -ob audire- y actuar en consecuencia.

Allí suceden los verdaderos milagros, que son mucho más que hechos prodigiosos o espectaculares. 

Un milagro acontece cuando, a pesar de que broten señales de que todo está perdido, la vida prevalece.

Paz y Bien

La piscina de Siloé








Domingo 4° de Cuaresma

Para el día de hoy (26/03/17):  

Evangelio según San Juan 9, 1-41



La ceguera y varias afecciones oftalmológicas no eran infrecuentes en la Palestina del tiempo del ministerio de Jesús de Nazareth: la arena movida por los vientos y el reflejo del sol fuerte contra las rocas lesionaba sin piedad las córneas. Quizás por eso es que hubiera muchos ciegos y disminuidos en su capacidad visual en toda Tierra Santa, y por ello los ciegos mendigando a la vera de los caminos, dependientes en todo de los demás, incapaces de ganarse el sustento, aislados de una realidad que no pueden percibir en plenitud.
Como si eso no fuera suficiente, un criterio religioso imperante suponía que toda dolencia era consecuencia directa del pecado, es decir, el castigo necesario por las faltas cometidas. Así, el enfermo debía añadir al peso de su dolencia el gravamen de una culpa presupuesta.

Los discípulos del Maestro no eran ajenos a esa mentalidad, y la escena es desoladora: están más preocupados en armar un collage teológico dentro de esa religiosidad retributiva que en socorrer y asistir al hombre ciego, dilapidándose en casuísticas sin destino y abandonando la compasión y la misericordia.
Esa actitud persiste, quizás de manera más evidente en el talante del por algo será, la justificación del dolor, los razonadores de miserias, los que exigen sacrificios a los pobres.
Pero ello también es indicativo de que los discípulos estaban aún muy distantes y ajenos a la asombrosa dinámica de la Gracia.

El gesto del Señor que combina saliva con tierra nos remite al instante de la creación, del hombre moldeado por la acción de Dios desde el barro primero, y por eso, sanación y Salvación implican también desde Cristo una nueva creación.
Eso es precisamente lo que el Maestro enseña; no se trata de horadar en culpabilidades, pues Abbá Padre no es un Dios severo y punitivo, sino un Padre que nos ama sin descanso. A pesar de todos los sufrimientos, en cada cruz se puede aguardar la resurrección, en toda dolencia hay una oportunidad de cambiar rumbos, de que se manifieste la Gloria de Dios, que es que el hombre viva y viva en plenitud. La noche se expande cuando cunde la resignación, cuando se bajan los brazos, cuando se abdican esperanzas

Aún así, Cristo envía al ciego a lavar sus ojos a la piscina de Siloé, cuyo significado literal es enviado. Ésta se había excavado en tiempos del rey Ezequías dentro de Jerusalem como una estratégica reserva de agua frente a las inclemencias climáticas pero mucho más frente a las posibilidades de asedio por las guerras frecuentes. La piscina, entonces, estaba relacionada con la vida y la supervivencia frente a la muerte, pero también poseía una crucial importancia tradicional y religiosa, de tal modo que sus aguas se utilizaban para libaciones, abluciones y purificaciones, especialmente en la Fiesta de los Tabernáculos. De ese modo, lavarse en la piscina de Siloé es afirmarse en la vida, quitarse las costras que nos impiden ver, atrevernos a sumergirnos en los ámbitos sagrados que son aquellos a los que nos conduce Cristo el Señor.

Porque para hacer el bien no hay que pedir permiso, y cada hecho de salud y salvación ha de ser para nosotros motivo de gozo y alabanza.

Paz y Bien





Dios se hace historia, tiempo, vecino


 







La Anunciación del Señor
 
Para el día de hoy (25/03/17):  

Evangelio según San Lucas 1, 26-38


La liturgia tiene un tempo propio, una cadencia espiritual para cada día del año. De ese modo, en el día de hoy esa armonía introspectiva y penitencial propia de la Cuaresma parece quebrarse con el grato memorial de la Anunciación del Señor, con su luminosidad, con su inmensa y trascendente sencillez exactamente nueve meses antes de la Navidad, quizás inaugurando en nuestros corazones la gestación de la Gracia.
Pero si lo contemplamos con mirada amplia, la Encaración de Dios es también una mansa irrupción de Dios en la historia humana desde la periferia, desde los bordes, allí desde donde nada se espera y estableciendo su alianza definitiva con la humanidad a través de una jovencísima mujer nazarena.

La escena es extraña.

Nazareth no está en la memoria de Israel, nunca se menciona en las Escrituras; es apenas un villorio polvoriento perdido en los mapas que, para colmo, se ubica en Galilea, la periferia siempre sospechosa de donde nada bueno puede esperarse.

Las escenas bíblicas de la presencia divina -o por medio de sus ángeles- siempre implican que el hombre que interviene se postre contra el suelo en señal de justa humildad, pues hay un abismo entre la inmensidad de Dios y la finitud humana.
Sin embargo, el Ángel del Señor que se llega a Nazareth y frente a esa mujer se comporta con un respeto inusual, como pidiendo permiso. La muchachita judía a la que visita se desconcierta pues ella es muy pequeña -no cuenta para casi nadie- y se inquieta frente a la eternidad de un Dios que se hace presente en su cotidianeidad.

Pero quien se estremece en verdad es el Mensajero, señal de un Dios enamorado de la humildad luminosa de esa muchacha, señal de un Dios enamorado de su creación.

Dios pone en la decisión de María el destino de la humanidad, lo más preciado que posee, su Hijo querido.
El cosmos depende de lo que Ella diga, y por ello su Si! es tan definitivo, tan grande en su conmovedora pequeñez que nada será igual, todo cambiará.

La vida cambia de rumbo hacia horizontes plenos cuando le decimos Sí a Dios, a pesar de lo que somos, aún cuando nos parezca que todo seguirá signado por nuestras miserias.

Por María de Nazareth, Dios se hace historia, tiempo, vecino, un Hijo queridísimo que se llega a estos arrabales nuestros, fecundando estos campos yertos desde el milagro del amor.

La Salvación es don y misterio, pero por María de Nazareth sabemos y conocemos confiados que Dios nos invita, nos convida, nos hace parte fundamental de sus sueños y sus proyectos, en la tenaz afirmación de la vida desde los pequeños y los pobres.

Paz y Bien


Puerta del Reino









Para el día de hoy (24/03/17):  

Evangelio según San Marcos 12, 28b-34




La postura del escriba que nos presenta el Evangelio para este día es infrecuente: inquiere al Maestro con respeto, con ansias de verdad y reconoce su autoridad.
Pero la pregunta que le hace es muy importante tanto en el  plano teológico-intelectual como en el de la piedad: la Ley mosaica preveía la estricta observancia de 613 preceptos, 248 de índole positiva y 365 de carácter negativo o prohibitivo. Sus implicaciones también son místicas, pues 248 refiere a la totalidad de los huesos del cuerpo humano y 365 a los días del año, es decir, la Ley engloba todos los aspectos de la vida.

Aún así, los rabinos y exégetas de su tiempo trataban de establecer, entre todos esos preceptos, la primacía fundamental de uno o dos de entre todos ellos que además explicaran a todos los demás. Pero las interpretaciones solían variar de acuerdo a la influencia de las distintas escuelas rabínicas.

El Maestro responde con exactitud, sin apartarse un ápice de las tradiciones y las Escrituras de su pueblo, teniendo presente el Shema Israel!: el único absoluto es Dios, y por eso el primer mandamiento es amar a Dios desde lo emocional, lo racional, lo corporal y lo espiritual, o sea, con toda la existencia. Ese amor es muy distinto a las percepciones actuales que se tiene del amor: en tiempos del ministerio de Jesús de Nazareth, amar significaba estar unido sin quebrantos, de manera indisoluble a Dios, mucho más allá de los sentimientos, un compromiso profundo que todo lo abarcaba.

Como anticipo de la cruz que representará el amor mayor, sin brechas un madero señala al cielo y el otro se extiende horizontalmente a los lados, como un abrazo a los hermanos. Por ello el amor a Dios es inseparable del amor al prójimo, y ese amor es mayor, más importante que todo el culto. Más aún, el culto primero es el amor que se expresa en compasión y misericordia.

El amor es la puerta del Reino. 
Cuaresma es volver a colocar en el centro de la existencia lo que verdaderamente cuenta, Dios y el hermano.

Paz y Bien

Pasó haciendo el bien








Para el día de hoy (23/03/17):  

Evangelio según San Lucas 11, 14-23



La palabra significa y expresa el corazón y la interioridad de la gente; es la posibilidad de ir al encuentro del otro, de no encerrarse, del diálogo, de crecer.
La carencia de esa palabra, la imposibilidad de hablar implica anonimato indeseado, soledad impuesta, encierro y opresión. Por ello mismo, devolver las palabras y la Palabra a los mudos de cualquier tiempo, a los acallados de toda la historia es cuestión urgentemente santa, signo certero de que el Reino acontece aquí y ahora.

Ello precisamente es lo que hacía Jesús de Nazareth: pasaba haciendo el bien sin esperas, sin vacilaciones y, especialmente, sin pedir permiso.
Sin dudas, esta actitud del Maestro -y de los que actúen por Él y con Él- es molesta, blasfema y subversiva para los poderosos y para las almas mezquinas y celosas. Así entonces todo argumento descalificatorio se justificará por sí mismo, y proliferarán difamaciones, condenas y rápidas excomuniones sin compasión.

Aún así y a pesar de que todo parezca señalar lo contrario, la fuerza de la Buena Noticia es irreductible porque encuentra su raíz en la gratuidad y en la misericordia ilimitadas de Abbá Padre de Jesús, hermano y Señor nuestro, y el bien ha de florecer en los lugares más impensados, en donde descolla la resignación y acampa la oscuridad.

Quizás la Cuaresma signifique curarnos de mutismos y cegueras.
 
De esa imposibilidad adquirida del decir, y del decir palabras que hagan el bien a aquel que la escuche, palabra que sea diálogo y encuentro.
 
De esa ceguera de no reconocer signos del Reino, es decir, de la vida y de Dios en cada acto de liberación, en cada gesto de bondad aún cuando ello signifique doblegar el orgullo y redescubrir que lo bueno puede germinar y crecer en jardines que creemos ajenos.

Porque esa ceguera pertinaz y ese mutismo consecuente que nos resultan tan tristementes habituales son dispersiones, desparramos de vida, desuniones y dispendios inútiles del milagro de estas vidas que se nos han confiado.

Paz y Bien

La plenitud de la Ley y los Profetas







Para el día de hoy (22/03/17):  

Evangelio según San Mateo 5, 17-19



Resulta comprensible que por la actitud del Maestro frente a los criterios legalistas establecidos, se infiriera que Jesús de Nazareth era un revolucionario que todo venía a derribar y a suplantar con su enseñanza lo que regía desde muchos siglos atrás.
Ello se acentuaba en los dirigentes religiosos de Israel, que solían adjudicarle el carácter de blasfemo pero que en realidad temían que el rabbí nazareno desestabilizara el status quo y quebrantara poder y prebendas que ellos detentaban. Sus discípulos no eran del todo ajenos a estos criterios.

Pero Él les aclara el panorama, les despeja mentes y corazones de esos errores. Él no ha venido a abolir, sino a darle pleno cumplimiento a la Ley y los Profetas.

Para Israel, la Ley era el distingo único, su marco referencial que le confería identidad nacional y cohesión como pueblo. Don de Dios, la Ley les ordenaba el modo de vivir con Dios y los demás, vínculos de justicia, de fraternidad, de equidad. Ellos venían de la esclavitud de Egipto, cargados de miedo y rencor y aferrados a una promesa de tierra propia, de futuro; en el camino, en el duro crisol del desierto, la Ley les fué templando los pasos. Por eso el camino de la Ley es camino de libertad.
Los Profetas es la voz de Dios, a veces dura pero siempre fiel, que les recordaba el horizonte cuando éste se les desvanecía, cuando los egoísmos los confundían, cuando las infidelidades los hacían retroceder.

Sin embargo Ley y Profetas, aún siendo don y misterio, eran medios para la plenitud, para confluir en la santa voluntad de Dios.
Los problemas comenzaron cuando se transformaron en absolutos que sólo son carga y oprimen, convirtiendo en esclavos a los que tienen inscrito en sus almas un destino de hombres libres.
Pero también la Ley puede cumplirse por puro deber, o por un temor a los castigos.

Con Cristo acontece la plenitud de la Ley y los Profetas que es el amor, el único y pleno camino de liberación, una devoción humilde que se expresa cotidianamente en los detalles pequeños, en los gestos más sencillos.

La Ley y los Profetas y su plenitud, el amor, son las señales inclaudicables de un Dios profundamente implicado en el acontecer humano, que asume propios los sueños de sus hijas e hijos.

Paz y Bien

Perdón y ruptura








Para el día de hoy (21/03/17):  

Evangelio según San Mateo 18, 21-35




 El diálogo entre Pedro y el Maestro es fecundo y revelador del modo en que sólo en su amistad y cercanía se nos abren las ventanas a la eternidad.

Pero Pedro es roca y también portavoz de sus hermanos, y por ello la pregunta refleja los cuestionamientos e inquietudes propias de la comunidad cristiana, quizás con mayor énfasis en cómo seguir perdonando a quienes de continuo buscan ofendernos o hacernos daño.

Para las tradiciones de Israel, el perdón se limita en tres ocasiones y referido siempre al prójimo en tanto par, nunca al extranjero, al impar, al gentil y, mucho menos, al enemigo. Pedro con mucha generosidad eleva ese caudal a siete veces, quizás por la grave influencia simbólica del siete en tanto expresión de lo divino, de la perfección. Por ello, en principio, Pedro parece abrirse camino hacia una nueva ética más amplia.

El Maestro afirma que, en realidad, debe perdonar setenta veces siete. No se trata de un factor multiplicador, sino más bien debe entenderse como setenta veces siempre, en la santa ilógica de la Gracia y la misericordia de Dios.

Pedro, aún cuando expresa un corazón más amplio que lo usual, persiste en los viejos esquemas: en el tiempo nuevo del Dios que se encarna, del Reino aquí y ahora no debe tabularse ni cuantificarse el perdón.

El perdón es razón y co-razón de los que han descubierto la asombrosa misericordia de Dios, las deudas impagables que han sido condonadas por pura bondad. Descubrir la misericordia en la propia existencia es un tesoro inmenso.

A través del perdón se desarman todas las terribles vorágines de venganza y retribución violenta, las dinámicas de negación del prójimo y nos acerca, salvando todos los abismos que nos separan. Setenta veces siempre.

Paz y Bien





José de Nazareth, padre de Jesús








San José, esposo de la Virgen María

Para el día de hoy (20/03/17): 

Evangelio según San Mateo 1, 16. 18-21. 24a


Las dudas del carpintero de Nazareth suelen interpretarse en clave legalista, de tal modo que el embarazo de María es solamente sospechoso, lo cual lo vuelve punible para los rígidos criterios religiosos imperantes. La severidad implicaría su ejecución por lapidación, y por ello José decide repudiarla en silencio, evitándole la infamia pública y, tal vez, la misma muerte.

Pero hay más, siempre hay más.
José es un hombre justo en el sentido bíblico del término, es decir, que ajusta su voluntad y su corazón a la voluntad de Dios.
Sabe que ese asombroso embarazo de la mujer que ama es cosa de Dios, un misterio enorme que lo desborda y que lo descoloca. Él decide irse en silencio pues en su insondable humildad se descubre indigno, fuera de lugar por la presencia del Altísimo en María. 

Pero José sueña. aún en los momentos más oscuros y cerrados, esos en donde se pierde el horizonte, hay que seguir soñando, nunca resignarse, jamás ceder un sólo paso a la desesperanza.
Así en sueños, un Mensajero amable le aclara todas sus dudas, le trae Buenas Noticias que cambiarán la historia, transformando el devenir del tiempo en senderos de Salvación.

José asume su lugar hasta los huesos en el proyecto de amor de su Dios. 
Por José, el Bebé Santo que nacerá de la Virgen tendrá un linaje davídico, herencia de todas las promesas de su pueblo.
Por José, el Redentor nacerá y crecerá dentro de una familia, un pueblo, una identidad, una familia que lo acuna y protege, un Dios que se hace historia con raíces, mucho más que un apellido, mucho más que un paria sin destino.

El nombre de cada persona revela identidad, misión, carácter.
José tendrá por misión conferir al Hijo el nombre de Jesús, Yahveh Salva, y bajo su amparo humilde, por su manso servicio y su cálida entrega, Jesús conocerá desde pequeño el profundo significado de la palabra Abbá, el Papá que lo cría, lo educa y protege y desde el cual identificará el asombroso misterio de Dios.

Por eso José es padre de Jesús con todas las letras y sin matices, la cordial imagen de un Dios que siempre está allí para nosotros.

San José de Nazareth, esposo de la Virgen María y padre de Jesús, ruega por nosotros.

Paz y Bien

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