Mostrando las entradas con la etiqueta Luis Espinal. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Luis Espinal. Mostrar todas las entradas

Cristianos del silencio

Hay cristianos mudos, que mientras no les toquen a ellos,
se quedan tranquilos aunque se cuartee el mundo.
No protestan por las injusticias,
porque están esclavizados al Estado
por la persecución o por el compromiso,
comprados por el miedo o por el oportunismo.
Otros, tal vez, porque no tienen nada que aportar.
Para ellos la fe es una cosa etérea,
que no tiene nada que ver con la vida;
vale sólo de nubes arriba...
Te pedimos, Señor, por los cristianos del silencio;
que tu Palabra les queme las entrañas,
y les haga superar la coacción.
Que no callen como si no tuvieran nada que decir.
Tú sabes lo que conviene a tu Iglesia,
si un fervor de catacumbas
o la rutina de una “protección” oficial.
Dale lo que sea mejor, aunque sea la cárcel y la pobreza.
Líbranos del silencio del ahíto ante la injusticia social;
líbranos del silencio “prudente” para no comprometernos.
Tememos haber limitado tu Evangelio;
ahora ya no tiene aristas, ni sobresalta a nadie;
hemos querido convencernos
que se te puede servir a Ti y al dinero.
Señor, libra a tu Iglesia de todo resabio mundano;
que no parezca una sociedad más,
con sus caciques, sus accionistas, sus privilegios,
sus funcionarios, y su burocracia.
Que nunca tu Iglesia sea iglesia del silencio,
ya que es la depositaria de tu Palabra;
que pregona libremente,
sin reticencias ni cobardías.
Que no calle nunca,
ni ante el guante blanco, ni ante las armas.

Luis Espinal sj

sacerdote y mártir

Prudencia


Hay un límite imperceptible entre prudencia y cobardía.
Llamamos prudencia a la seguridad y a la flojera.
Llamamos prudencia al no comprometerse,
al no arriesgar nada personal.
Creemos que con la edad aumenta la prudencia;
sin pensar que también aumenta el conformismo.
Todos nos hablan de prudencia, Señor;
pero de una prudencia que no es tuya que,
que en vano buscamos en tu Evangelio.
Jesucristo, te damos gracias porque tú no fuiste prudente,
ni diplomático; porque no callaste para escapar de la cruz,
porque fustigaste a los poderosos sabiendo que te jugabas la vida.
Los que te mataron, éstos fueron los prudentes.
No nos dejes ser tan prudentes
que queremos contentar a todos.
“Tu palabra” es hiriente como espada de dos filos.
Además de las Bienaventuranzas,
también pronunciaste las maldiciones; es un texto subversivo.
No queremos una prudencia
que nos lleve a la omisión, y nos haga imposible la cárcel.
La terrible prudencia de acallar
los gritos de los hambrientos y los oprimidos.
Danos sinceridad,
para no llamar prudencia a la cobardía,
al conformismo, a la comodidad.
No es de prudentes el ser cristianos y el seguir a Cristo.
No es prudente “vender lo que se tiene y darlo a los pobres”.
Es imprudente entregar la vida por Dios y por los hermanos.
Que cuando sintamos la tentación de la prudencia,
recordemos que Tú “has escogido la debilidad del mundo
para derrotar a los fuertes; y a los estúpidos para confundir a los sabios”.
Porque la prudencia del mundo es enemiga de Dios.

Luis Espinal sj
sacerdote y mártir

Dios en la vida

DIOS EN LA VIDA

Antiguamente los anacoretas buscaban a Dios en el desierto,
o en la soledad de las ruinas.
Hoy día los hombres no tenemos tiempo ni humor para esto.
Pero Dios no sólo sale al encuentro de los solitarios,
sino de los ocupados.
El trabajo de la vida y en bien de los demás
no puede ser un obstáculo para acercarse a Dios.
En nuestras calles ruidosas, y entre el tumulto de los carros y los peatones,
también está Dios, en mil rostros humanos que nos miran…
Dios eterno, te damos gracias
porque te podemos hallar en el mundo, y no ya sobre las nubes.
Te podemos amar y adorar en estas personas que nos rodean.
Sabemos que ni siquiera hay que ir a una iglesia para hallarte.
Queremos escuchar tu llamada por la calle,
en cartel luminoso, en el cine, en esta reunión de amigos.
Enséñanos a orar, no sólo con la Biblia en la mano,
sino también leyendo el periódico;
en él hallamos la historia de tu pueblo y de tus miembros,
tu dolor, tu encarnación que continúa.
Jesucristo, líbranos del culto a las fórmulas;
que comprendamos que lo esencial es encontrarte,
y que los medios son lo de menos.
No queremos unas estructuras que satisfagan nuestra rutina,
y ya no nos lleven a Ti, Dios de la intimidad y del amor sin palabras.
El mundo está lejos de Ti,
¿no será que te han presentado como un Bautista hirsuto?
Cuántas veces se ha empujado a las multitudes hacia el desierto,
como si Tú sólo fueses accesible allá.
Enséñanos a hallarte en las personas.
Tú nos has dicho que lo que hacemos a los demás lo hacemos a Tí.
Lo hemos olvidado;
y ahora, parece que las personas nos estorban para llegar hasta Tí.
Como cátaros te buscamos en soberbia soledad.
Ábrenos los ojos para irte encontrando en cada rostro,
para comulgarte cada vez que estrechamos una mano o sonreímos.

Luis Espinal sj

sacerdote y mártir

Gastar la vida


GASTAR LA VIDA

Jesucristo ha dicho: “Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mi, la recobrará en el vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta,
sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente,
como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu Gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos,
porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos llenos de lágrimas.

Luis Espinal SJ

sacerdote y mártir

ir arriba