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María de la Merced, Madre Redentora consuelo del corazón

 

 


 

 

 

 

 

 Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/20): 

Evangelio según San Lucas 9, 7-9

 

 

 

Al pié de esa cruz en donde su Hijo se moría, Ella permaneció en pié, firme aún cuando todos se escondían o estaban dispersos por el miedo o por la vergüenza. Su puro corazón, traspasado por esa espada cruel de dolores, permanece fiel y porta -a pesar de ese dolor inenarrable- una llama de esperanza que no se apaga ni desvanece a pesar de tanto horror, y en la sintonía de esa esperanza que es fruto primordial de la Gracia, se producirá el reencuentro con el Hijo Resucitado, el fin de los imposibles. La muerte física y todas las muertes no tienen ni tendrán la última palabra.

Al pié de esa cruz, como ofrenda de amor absoluto, el Hijo que entrega la vida para que no haya más crucificados, realiza su despojo mayor, y se desprende de la Madre, que ahora será Madre de todos sus hermanos. Mujer sin casa, su hogar estará allí en donde los hijos la reciban.

Como Madre, sigue permaneciendo fiel y firme al pié de la cruz de todos los hijos, a través de toda la historia. Cuando todos se van, Ella se queda, sufriendo con esas hijas y esos hijos doloridos, pero a la vez encarnando la esperanza, expresión amable y asombrosa de la solidaridad de un Dios que se encarna para hacerse hermano, vecino, Hijo amado, un Dios decididamente parcial, que se vuelca por entero y sin condiciones hacia los pobres, los pequeños, los cautivos.

Dios es misericordia que ha experimentado en su cuerpo y en toda su existencia, vida que se expande, y por ello María de Nazareth canta a ese Dios magnífico que tiene su mirada puesta en los pequeños, que redime a los cautivos y libera a los oprimidos, Dios fiel a todas sus promesas.

En su amor y fidelidad, María es Redentora desde su tenaz ternura de Madre que no tolera las cadenas que se impongan a ninguno de sus hijos. Y por ese amor cálido y eficaz, siempre está atenta cuando el vino de la vida se consume en la lobreguez de la humanidad apisonada, para avisarle al Hijo y para impulsar también a los amigos y hermanos del Hijo a que renueven los fervores y la piedad en el esfuerzo santo e inaplazable de la libertad.

Merced es misericordia. María es el rostro materno de un Dios que siempre escucha los clamores de liberación de su pueblo.

Que María de la Merced siga impulsándonos el corazón y las manos hacia el hermano cautivo, hacia su rescate, al restablecimiento de la dignidad única de ser hijas e hijos de Dios.
Que María de la Merced siga hablándole de todos y cada uno de nosotros al Hijo, para que el vino de la Gracia nunca se nos acabe.

María, Madre Redentora, Madre de la Merced, ruega por nosotros.

Paz y Bien

Madre de la Merced, redentora de todas las cautividades

















Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/19): 

Evangelio según San Lucas 8, 19-21








La lectura que nos ofrece la liturgia en el día de hoy es breve, consta de tan sólo dos versículos, pero esa brevedad implica también una profunda y decisiva revelación.

Para situarnos en el contexto y ambiente, imaginémonos por un momento la situación: en el siglo I seguía teniendo una influencia decisiva el clan, la tribu, entendidas como familia extensa que otorgaba identidad y además imponía carácter y tradiciones. Era muy infrecuente que ningún varón -las mujeres no contaban- rompiera con esos códigos preestablecidos, y por ello, cuando ya hombre Jesús de Nazareth se larga a los caminos en cumplimiento de su vocación, menudo escándalo se debió desatar entre los parientes.

Seguramente se esperaba de Él que siguiera con la tradición familiar, que fuera carpintero como José, que se casara y tuviera hijos, que viviera su vida bajo la mirada de su Dios en su pueblo, junto a los suyos.
Pero este Cristo no hace lo que se supone que hará, siempre anda sorprendiendo. Curiosamente, no cumple con los planes de los otros, permanece fiel a su misión, y esa misión lo llevará a los caminos, a restaurar en humanidad y en salud a los enfermos y excluidos, en sentarse a la mesa con los que todo el mundo desprecia, a hablar de Dios como Padre y de un modo tan distinto a la enseñanza de escribas y fariseos.

Por ello es lógico que sus parientes crean que enloqueció. Los riesgos a los que se enfrenta son muy grandes, y en cierto modo el oprobio consecuente, tarde o temprano, caerá sobre su clan.
Por eso se quedan a las puertas de la casa en donde se encontraba el Maestro con los discípulos, y en apariencia el motivo que les impide acercarse es la nutrida multitud que busca beber de las palabras del Maestro. Pero es una construcción a la vez simbólica: los parientes se quedan fuera, no son parte de los discípulos, están allí por otros motivos, reclaman quizás una propiedad del rabbí que se entrega a todos sin condiciones.

Es que el Maestro ha inaugurado una nueva familia siempre creciente, que no se limitará a los vínculos de sangre. Se trata de la familia reunida por vínculos que refieren siempre al amor de Dios y al amor al prójimo, vínculos permanente, vínculos definitivos que surgen de la escucha atenta de la Palabra, y de su puesta en práctica.

Así en la comunidad cristiana, en esta nueva familia, a Dios se lo puede llamar Padre, Madre, hermano. Dios es familia en donde todos crecen en solidaridad, en justicia, en libertad, en cielos abiertos que se enraizan en la cotidianeidad.

Por ello el pronunciamiento del Maestro es un profundo elogio a María de Nazareth. A pesar de todas las situaciones confusas, aún cuando luego de treinta años Él parece apartarse de su lado, María sigue atesorando la Palabra en las honduras de su corazón purísimo, encarnando cada día en su ser a ese Dios que la ama, y que es su Hijo y su Señor. Hermana, Madre y discípula, la más feliz, espejo de nuestras existencias, compañera de todas nuestras luchas, siempre atenta a cuando el vino de la vida plena parece apagarse.

Una nueva familia también se constituyó desde el amor liberador de la Madre del Señor, Madre de la Merced, Señora de la Liberación, la Familia Mercedaria que hoy sigue ofreciendo gratamente su vida por todas las esclavitudes que impiden la vida en plenitud, de cara a Dios y al prójimo.

Feliz día a todos mis hermanos mercedarios.
 
Paz y Bien

Nuestra Señora de la Merced: Dios escucha los clamores de liberación de su pueblo
















Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/18): 

Evangelio según San Lucas 8, 16-18








Al pié de esa cruz en donde su Hijo se moría, Ella permaneció en pié, firme aún cuando todos se escondían o estaban dispersos por el miedo o por la vergüenza. Su puro corazón, traspasado por esa espada cruel de dolores, permanece fiel y porta -a pesar de ese dolor inenarrable- una llama de esperanza que no se apaga ni desvanece a pesar de tanto horror, y en la sintonía de esa esperanza que es fruto primordial de la Gracia, se producirá el reencuentro con el Hijo Resucitado, el fin de los imposibles. La muerte física y todas las muertes no tienen ni tendrán la última palabra.

Al pié de esa cruz, como ofrenda de amor absoluto, el Hijo que entrega la vida para que no haya más crucificados, realiza su despojo mayor, y se desprende de la Madre, que ahora será Madre de todos sus hermanos. Mujer sin casa, su hogar estará allí en donde los hijos la reciban.

Como Madre, sigue permaneciendo fiel y firme al pié de la cruz de todos los hijos, a través de toda la historia. Cuando todos se van, Ella se queda, sufriendo con esas hijas y esos hijos doloridos, pero a la vez encarnando la esperanza, expresión amable y asombrosa de la solidaridad de un Dios que se encarna para hacerse hermano, vecino, Hijo amado, un Dios decididamente parcial, que se vuelca por entero y sin condiciones hacia los pobres, los pequeños, los cautivos.

Dios es misericordia que ha experimentado en su cuerpo y en toda su existencia, vida que se expande, y por ello María de Nazareth canta a ese Dios magnífico que tiene su mirada puesta en los pequeños, que redime a los cautivos y libera a los oprimidos, Dios fiel a todas sus promesas.

En su amor y fidelidad, María es Redentora desde su tenaz ternura de Madre que no tolera las cadenas que se impongan a ninguno de sus hijos. Y por ese amor cálido y eficaz, siempre está atenta cuando el vino de la vida se consume en la lobreguez de la humanidad apisonada, para avisarle al Hijo y para impulsar también a los amigos y hermanos del Hijo a que renueven los fervores y la piedad en el esfuerzo santo e inaplazable de la libertad.

Merced es misericordia. María es el rostro materno de un Dios que siempre escucha los clamores de liberación de su pueblo.

Que María de la Merced siga impulsándonos el corazón y las manos hacia el hermano cautivo, hacia su rescate, al restablecimiento de la dignidad única de ser hijas e hijos de Dios.
Que María de la Merced siga hablándole de todos y cada uno de nosotros al Hijo, para que el vino de la Gracia nunca se nos acabe.

María, Madre Redentora, Madre de la Merced, ruega por nosotros.

Paz y Bien

María de la Merced, Madre de la liberación












Domingo 25° durante el año

Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/17):  

 
Evangelio según San Mateo 20, 1-16



¿Quien lo hubiera pensado? Sólo en los amorosos sueños insondables de Dios podría suceder.
Ella es apenas una muchachita campesina -una niña- de aldea ignota, una desconocida, una nadie, casi invisible para todos menos para Aquél que la amaba desde toda la eternidad.

Era tal la desmesura de ese Dios enamorado que la trata con una delicadeza inaudita y le pide permiso.
De su Sí dependerá la suerte misma del universo, de su Sí y su confianza se iniciará el camino del regreso a la vida plena, a la vida que no se termina. En las honduras de su ser se crece el Salvador de toda la humanidad, el que recreará a puro amor a toda la creación.
La Salvación tiene un rostro bien definido de mujer.

Ella es la que corre presurosa, madre en ciernes de pies descalzos, allí en donde hay una necesidad, en donde se requiere una mano amiga, un abrazo solidario, un auxilio incondicional.
Ella es la que no se contiene, y canta con voz firme al Dios de Gracia y la bondad que se ofrece a los que no cuentan, a los más pequeños, a los que son como Ella misma, invisibles pero de corazón grande, Dios que es roca firme en sus promesas invariablemente cumplidas, Dios siempre fiel, el Dios que se desvive por los humildes y levanta a los caídos, el que no vacila en derribar a los poderosos de sus tronos, el Dios de la mesa grande siempre dispuesta para los hambrientos.

En la mirada de María de Nazareth adivinamos la mirada de Jesús. En donde está la Madre, encontramos al Hijo, y con Ella, a pesar de todas las cruces más dolorosas, cobijamos pecho adentro lo que aún no comprendemos para que nos germine, para que la verdad se expanda, para que haya fiesta grande allá y aquí por cada cadena que se rompe, fiesta de liberación, esperanza que se reza para que no persista ninguna cautividad.

María al pié de la cruz, María del vino bueno y nuevo que nos anda faltando, María Madre, hermana, amiga, compañera de todos nuestros caminos, María de la Libertad que es menester procurar a cada instante y conquistar a fuerza de servicio y de vidas ofrecidas.

Para ser redentores con el Hijo en un mundo plagado de opresiones.
Para todas mis hermanas y hermanos mercedarios, Feliz día de la Madre.

Paz y Bien

Nuestra Señora de la Liberación








Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/16):  

Evangelio según San Juan 19, 25-27 



Madre y hermana, amiga y discípula. Al pié de la cruz, demolida de dolor, permanece firme y fiel aún cuando todos se han ido, despeinados de miedo, fragores del temor.
El vino de Jesús es el vino de María. El cáliz del Hijo es también copa que la Madre no elude, como tampoco escapa a todos los tragos amargos de todos los hijos.

Allí, firme junto al árbol santo de los dos maderos expresa en silencio su frondosa pobreza que es -en la ilógica del Reino- la inmensa riqueza de la Gracia. Esa mujer no tiene casa propia, su hogar estará allí en donde los hermanos del Hijo, sus otros hijos, la reciban con afecto y corazón creciente.

La ofrenda absoluta de Cristo en la cruz, su muerte como un criminal abyecto y peligroso, sindicado como un maldito, es también el amor mayor de un Dios que nada se reserva para sí, que todo lo entrega para el bien de los hijos. La muerte de Cristo en la cruz es una afirmación rotunda del corazón sagrado de Dios por la vida, y la vida en abundancia.

Como el Padre que nada se reserva, el Hijo tampoco. Muriéndose, brinda a sus hermanos lo último que le queda, su Madre, para que sea Madre de todos en la fé, en la esperanza, en el amor.

Ella lo sabía bien. El Dios que la amaba sin medidas, el Dios Abbá de su Hijo, el Dios de sus mayores es el Dios magnífico que nunca es imparcial, que inclina su rostro bondadoso hacia los pequeños, su corazón infinito hacia los pobres, su brazo fuerte al rescate de los cautivos y los humildes. Y que derriba a los poderosos de sus tronos.
Un Dios que en el Hijo celebra la vida y la libertad.

Líbranos, Madre, de la mano cruel de los violentos, y de la mano cuidada de los opresores de guante blanco.
Que nunca se nos agoten las ganas de escuchar esa música fabulosa de las cadenas que se rompen.
Que bebamos el vino de tu Hijo, y brindemos con todos los hijos en la mesa fraterna del Reino, especialmente con los hermanos en los que perduran las sombras de tantas cautividades nuevas y viejas.

Ayudanos a ser dignos hijos tuyos y hermanos del Maestro, firmes en la esperanza, tenaces buscadores de la libertad, humildes edificadores de la paz, hambrientos a perpetuidad de toda justicia, pues no vamos solos, pues somos todos felices hijos de tu merced que nos ampara, nos consuela y nos restaura.

¡Salve, Madre de Dios!

Paz y Bien



Madre Redentora



Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/15): 

Evangelio según San Lucas 9, 7-9




Al pié de esa cruz en donde su Hijo se moría, Ella permaneció en pié, firme aún cuando todos se escondían o estaban dispersos por el miedo o por la vergüenza. Su puro corazón, traspasado por esa espada cruel de dolores, permanece fiel y porta -a pesar de ese dolor inenarrable- una llama de esperanza que no se apaga ni desvanece a pesar de tanto horror, y en la sintonía de esa esperanza que es fruto primordial de la Gracia, se producirá el reencuentro con el Hijo Resucitado, el fin de los imposibles. La muerte física y todas las muertes no tienen ni tendrán la última palabra.

Al pié de esa cruz, como ofrenda de amor absoluto, el Hijo que entrega la vida para que no haya más crucificados, realiza su despojo mayor, y se desprende de la Madre, que ahora será Madre de todos sus hermanos. Mujer sin casa, su hogar estará allí en donde los hijos la reciban.

Como Madre, sigue permaneciendo fiel y firme al pié de la cruz de todos los hijos, a través de toda la historia. Cuando todos se van, Ella se queda, sufriendo con esas hijas y esos hijos doloridos, pero a la vez encarnando la esperanza, expresión amable y asombrosa de la solidaridad de un Dios que se encarna para hacerse hermano, vecino, Hijo amado, un Dios decididamente parcial, que se vuelca por entero y sin condiciones hacia los pobres, los pequeños, los cautivos.

Dios es misericordia que ha experimentado en su cuerpo y en toda su existencia, vida que se expande, y por ello María de Nazareth canta a ese Dios magnífico que tiene su mirada puesta en los pequeños, que redime a los cautivos y libera a los oprimidos, Dios fiel a todas sus promesas.

En su amor y fidelidad, María es Redentora desde su tenaz ternura de Madre que no tolera las cadenas que se impongan a ninguno de sus hijos. Y por ese amor cálido y eficaz, siempre está atenta cuando el vino de la vida se consume en la lobreguez de la humanidad apisonada, para avisarle al Hijo y para impulsar también a los amigos y hermanos del Hijo a que renueven los fervores y la piedad en el esfuerzo santo e inaplazable de la libertad.

Merced es misericordia. María es el rostro materno de un Dios que siempre escucha los clamores de liberación de su pueblo.

Que María de la Merced siga impulsándonos el corazón y las manos hacia el hermano cautivo, hacia su rescate, al restablecimiento de la dignidad única de ser hijas e hijos de Dios.
Que María de la Merced siga hablándole de todos y cada uno de nosotros al Hijo, para que el vino de la Gracia nunca se nos acabe.

María, Madre Redentora, Madre de la Merced, ruega por nosotros.

Paz y Bien

María de la Merced




Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/14) 

Evangelio según San Juan 19, 25-27




Nuestra gente te reconoce.

Sabe de tus pasos jóvenes y descalzos con la vida creciente, con Dios en tu interior, socorro y servicio presurosos, allí en donde hay necesidad, hay riesgos, hay peligros.

Conoce en tu pequeñez tu Sí enorme, cósmico, definitivo que ha cambiado para siempre la historia humana, abriendo las puertas de tu corazón a la Gracia y las del mundo al Salvador.

Los nuestros saben también que cuando la existencia amenace con apagarse, con adormecerse, con encerrarse, allí estará tu mirada atenta y solícita buscándonos el vino de tu Hijo, para celebrar la vida.

Lo tuyo es cuestión de amores y de sangre, de sangre ofrecida generosa para que otros vivan, sangre ofrecida para dar vida al Salvador, sangre ofrecida en tu Hijo para la Salvación del mundo, vida que se ofrece para la redención de los que no pueden más, no aguantan, se nos caen.
Porque donde está la Madre está el Hijo, y ese Hijo hace presente el anuncio de la Buena Noticia a los pobres, viene a vendar los corazones afligidos, a liberar a todos los cautivos, a redimir a todos los oprimidos, la infinita bendición de Aquél que es nuestra alegría, nuestra justicia, nuestra liberación.

Tu Hijo se te parece mucho en la mirada y en la humildad, y nosotros te sabemos también como Él, mensajera de todas las esperanzas, Madre redentora, hermana cálida y servidora de todos los humillados y oprimidos que languidecen y agonizan en calabozos de hierro y en mazmorras de corazones endurecidos de olvido e indiferencia.

El nombre es bellísimo y es impulso decisivo. Porque la misericordia es el amor de Dios que sostiene al universo, los nuestros saben en las honduras de su alma que te llamas María y más aún, María de la Merced, de la Misericordia.

Que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos, y que no hay sonido más grato que el de las cadenas que se rompen y las almas que vuelven a erguirse en la dignidad propia de las hijas e hijos de Dios.

Para todos mis hermanos mercedarios, y para toda la Iglesia, hoy es día de Madre, día de celebración orante, día de esperanza que no acepta brazos cruzados ni resignación.

El sueño y la fidelidad de Pedro Nolasco y sus compañeros sigue siendo vigente y está vivo en todos aquellos que amamos con pasión y a veces con dolor esa libertad que es hija dilecta de la verdad que habita entre nosotros por el Cristo que ha pagado nuestro rescate.

Paz y Bien



"En un mundo de opresiones, ser redentores con Jesús"

María de la Merced, María de la Libertad



Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/13):  
Evangelio según San Juan 19, 25-27




(¿Quien lo hubiera pensado? Sólo en los amorosos sueños insondables de Dios podría suceder.
Ella es apenas una muchachita campesina -una niña- de aldea ignota, una desconocida, una nadie, casi invisible para todos menos para Aquél que la amaba desde toda la eternidad.

Era tal la desmesura de ese Dios enamorado que la trata con una delicadeza inaudita y le pide permiso.
De su Sí dependerá la suerte misma del universo, de su Sí y su confianza se iniciará el camino del regreso a la vida plena, a la vida que no se termina. En las honduras de su ser se crece el Salvador de toda la humanidad, el que recreará a puro amor a toda la creación.
La Salvación tiene un rostro bien definido de mujer.

Ella es la que corre presurosa, madre en ciernes de pies descalzos, allí en donde hay una necesidad, en donde se requiere una mano amiga, un abrazo solidario, un auxilio incondicional.
Ella es la que no se contiene, y canta con voz firme al Dios de Gracia y la bondad que se ofrece a los que no cuentan, a los más pequeños, a los que son como Ella misma, invisibles pero de corazón grande, Dios que es roca firme en sus promesas invariablemente cumplidas, Dios siempre fiel, el Dios que se desvive por los humildes y levanta a los caídos, el que no vacila en derribar a los poderosos de sus tronos, el Dios de la mesa grande siempre dispuesta para los hambrientos.

En la mirada de María de Nazareth adivinamos la mirada de Jesús. En donde está la Madre, encontramos al Hijo, y con Ella, a pesar de todas las cruces más dolorosas, cobijamos pecho adentro lo que aún no comprendemos para que nos germine, para que la verdad se expanda, para que haya fiesta grande allá y aquí por cada cadena que se rompe, fiesta de liberación, esperanza que se reza para que no persista ninguna cautividad.

María al pié de la cruz, María del vino bueno y nuevo que nos anda faltando, María Madre, hermana, amiga, compañera de todos nuestros caminos, María de la Libertad que es menester procurar a cada instante y conquistar a fuerza de servicio y de vidas ofrecidas.

Para ser redentores con el Hijo en un mundo plagado de opresiones.
Para todas mis hermanas y hermanos mercedarios, Feliz día de la Madre)

Paz y Bien






María de la Merced, canción de liberación


Nuestra Señora de la Merced
 
Para el día de hoy (24/09/12): 
Evangelio según San Juan 19, 25-27

(Madre y discípula de Jesús de Nazareth, Madre del discípulo amado allí, al pié de esa cruz de dolor terrible y amor infinito, Madre de todos los que sufren, los abandonados, los que agonizan en soledad, los que se muerden su rabia a causa de la injusticia, los presos de toda cautividad.

Ante todo Madre.

Porque falta el vino, el vino de la plenitud, el vino de la alegría, el vino de la libertad, y Ella sigue atenta a las necesidades de todas sus hijas e hijos. 

Muchacha campesina de pies descalzos y ojos enormes, que se pone en marcha sin demoras ni vacilaciones cuando hay necesidad, cuando surgen clamores de socorro, sabia por conocer que el encuentro produce alegría y canción, canción de liberación a un Dios que es misericordia, que protege a los pobres, que levanta a los caídos y ensalza a los humildes, que derriba a los poderosos, que dispersa a los que se creen más que los demás, que nos llueve esperanza y paz, que libera a los oprimidos y rescata a los cautivos, que siempre cumple sus promesas de Salvación de edad en edad, a través de toda la historia,

Ella, rostro materno de Aquél que es Padre y también es Madre nos recuerda a todos que la merced/misericordia sustenta al universo y transforma la faz cruel del mundo, volviéndonos cada vez más humanos como el más humano de todos, ese Hijo suyo al que le habla de nosotros, Jesús de Nazareth.

María presencia, María madre, María liberadora que se llega a los que ya nada esperan con la mejor de las noticias y que nos impulsa a otros tantas hijas e hijos a hacer propio el sufrimiento que antes era solamente ajeno.

Madre redentora, consuelo de nuestros corazones doloridos, socorro perpetuo de nuestros andares, auxilio en nuestras zozobras, con la vida siempre en ciernes creciéndose en su corazón enorme, Madre de la Merced.

Para mis hermanas y hermanos mercedarios y para varios más, hoy es el día de la Madre y lo celebramos con esperanza humilde que no se apagará, porque no vamos solos)

Paz y Bien




El altísimo comercio de Pedro Nolasco


6 de Mayo - San Pedro Nolasco

No hay fechas exactas, pero se conoce con cierta certeza que Pedro nació hacia 1183 en el Languedoc del sur de Francia, en Mas-Saintes-Puelles. De su padre aprende y hereda el oficio de mercader, que desarrollará años después cuando su familia se establezca en Barcelona.

Por aquellos tiempos -tiempos del esplendor del califato de Córdoba y del auge de la civilización mora por la península ibérica y todo el Mediterráneo- era habitual encontrarse con la situación de cautividad en la que vivían cientos de cristianos en manos sarracenas, cautividad que sólo podía revocarse mediante el pago de importantes sumas de dinero.

Eran hombres que languidecían en mazmorras oscuras, velados en su identidad, con su dignidad apisonada hacia la nada, con su esperanza en derrota, con su fé en disolución.
La libertad que le habían arrebatado tenía su contraparte en aquellos coetáneos que -a pesar de lamentos- se habían acostumbrado a esas cadenas que aplastaban a sus hermanos. Luego del opresor, la resignación es causal fuerte de toda cautividad.

Al joven seglar Pedro esto se le hacía intolerable, y sólo puede entenderse desde la compasión: mientras mis hermanos estén cautivos, yo soy cada vez menos libre.
A pesar de su oficio de comerciante, no se ha apropiado de su alma la avaricia por los bienes. Por el contrario, serán una mansa arma eficaz para liberar prisioneros. Y cuando se agotan sus cuentas, saldrá a mendigar monedas y a colectar fondos desde corazones solidarios para que no quede trunca su tarea.

Pedro desoye cualquier tentación a personalismos e individualidades; él advierte que esta tarea que descubre primordial y santa debe ser compartida, comunitaria, iniciativa fraternal. Por ello mismo convocará a otros con su mismo sentir, amigos suyos que se hermanarán en esta empresa propia de la Gracia, impulsados por el Espíritu de Aquél que anunció la Buena Noticia a los pobres, la luz a los ciegos y la liberación a los oprimidos.

Es menester ubicarse en las circunstancias históricas: por aquellos tiempos era natural, lógico y razonable embarcarse en aventuras militares para liberar de manos extrañas lugares santos y, a veces, ciudades cautivas, aventuras violentas que conocemos por el nombre de cruzadas.

Pedro y sus hermanos reniegan de toda violencia al igual que ese Jesús que reconocen en los rostros hundidos de los cautivos que ansían liberar.
Ellos levantan desde su humildad y mansedumbre banderas de libertad, de igualdad y fraternidad ocho siglos antes que la bandera brava de la Revolución Francesa, y el estridente silencio de sus vidas ofrendadas llegan hasta nuestros días.

Hoy la cautividad es otra, pero el dolor es el mismo, y es la misma humanidad ultrajada y sometida la que agoniza en tenebrosos lugares.
Hoy, en un mundo en que prevalecen el egoísmo y la avaricia expresados en la ignota crueldad de mercados financieros, de la subordinación absoluta al imperio del dinero, Pedro Nolasco vuelve a reivindicar y a decir que hay otro comercio, un altísimo comercio, un comercio santo que es el de empeñar todo lo que se posee para rescatar a un hermano en tinieblas, que nadie debería dormir tranquilo si otro sufre cadenas, que es intolerable toda opresión.
Y que cuando se acaba el dinero, se pone el cuero, los huesos, la propia vida como pago y rescate del prisionero, al igual que el Cristo de la cruz, del amor mayor por los demás.

Lo que cuenta y lo que importa es el otro, libre y pleno.

De tan humilde el laico Nolasco, que no quiso asumir ningún protagonismo personal. Su tarea y la de sus hermanos es primordial como primordial es la Misericordia.
Por eso las hijas e hijos que lo sucederán a través de los siglos no serán petrinos o nolasquinos, sino que se identificarán con la otra denominación de esa Misericordia que sostiene al universo: Merced.
Es la comunidad que se organiza y ordena en busca del bien mayor de la liberación, es la fraternidad de la Merced, de la Misericordia que se encarna, tus hermanas y hermanos Mercedarios.

Por eso hoy, memorial de tu vida santa, es dable y necesario repetir Pedro con tus hijas e hijos de este confín del sur que es imprescindible -más que nunca- en un mundo de opresiones, ser redentores con Jesús.

Paz y Bien


María de la Merced, la Buena Noticia de la liberación

24 de setiembre - Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/11):
Evangelio según San Juan 19, 25-27

(En el calor de su aldea nazarena, encendido del fuego del Espíritu, Él lo anunció.

Es Año de Gracia y Misericordia de nuestro Dios.

Él ha venido a anunciar la Buena Noticia a los pobres.

Él , con carácter definitivo, proclama la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos.

Él se pone abiertamente de lado de los oprimidos, y es cuestión santa, misión sagrada.

Nos ha hecho libres, en esa libertad que es hija dilecta de la verdad y por eso es capaz de entregarse y morir.

María no es ajena ni espectadora de estas cosas de su Hijo.
Ella es protagonista decidida de ese camino de redención y liberación.
Lo sabemos porque en ese dolor de espanto al pié de la cruz se hace Madre del discípulo amado, de todos los hijos amados, de tantas hijas e hijos que languidecen en tinieblas y en sombras de muerte, de los que agonizan paralizados por tantas cadenas impuesta

s, de los condenados a crueles exilios, de los sometidos como objetos descartables en la esclavitud de la trata de personas, Madre de tantos sometidos a los que se les niega continuamente -con gran pericia y enjundiosos razonamientos- su dignidad primera, fundamental.

Ella sabe que no tenemos vino, que la fiesta de la vida se apaga si no hay brindis de libertad en la mesa grande del Hijo.

Ella atesora todas las cosas meditándolas en su corazón, y es signo cierto de un Dios que se desvive, preocupado, por sus hijos extraviados.

Ella, muchacha judía de aldea ignota y embarazo sospechoso, se descubre muy pequeña, ínfima...y en su pequeñez descubre las maravillas que Dios ha obrado en Ella, un Dios inclinado siempre hacia los más pequeños.

Por eso canta decidida a ese Dios Magnífico enamorado de Ella y de toda la humanidad, un Dios que es Misericordia, que es alegría y felicidad para los pobres, que es brazo fuerte que protege a los humildes y derriba a los poderosos, que siempre cumple su Palabra.

Junto a Ella hoy también cantamos y celebramos la Misericordia de Dios, que los que nos

precedieron llamaron Merced, la Buena Noticia de nuestra liberación, el Hijo Santo que florece en la tierra perfecta de su seno, un Cristo que quiere nacernos en cada alma para que nadie más sufra, para que se rompa toda cadena de esclavitud y pesadumbre.Y que no hay amor mayor que dar la vida por ello.

Junto a las hijas e hijos de Pedro de Barcelona, muchos celebramos hoy el Día de la Madre, y volvemos a cantar esperanzados y confiados ese Magníficat infinito junto a María de la Merced, y sabemos que en donde encontramos a la Madre, está también el Hijo)

Paz y Bien

María de la Merced, Madre de la Liberación



Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/10):

Evangelio según San Juan 19, 25-27

(Merced es otro modo de decir Misericordia.

El Maestro inauguró con colores eternos el Año de Gracia y Misericordia: la Buena Nueva se anuncia a los pobres, sucede la redención de los cautivos, la liberación de los oprimidos, los ciegos recuperan la vista...

Es tiempo de Gracia, de don, de regalo.
Tiempo de Merced, en las antípodas de todo interés egoísta y cálculo mezquino.
Tiempo de libertad ganada desde el amor y la entrega, pagada a precio de sangre...la de Jesús.

Nada ha de imponerse por la fuerza: Jesús ha iniciado de liberación un camino que otros, siguiendo sus mismos pasos, continúan.
Cuando acontece la liberación, cuando se rompen las cadenas de esclavitud -cualesquiera ellas fueran- es signo de que el Reino de Dios está presente entre nosotros.

Merced que por ventura de la misma esencia del Creador, ese Amor entrañable de Padre y Madre, es extensiva a toda la humanidad sin distinción.

María no es ajena, ni una bella figura ornada, ni mucho menos, espectadora pasiva.
Todo lo contrario: como Madre, hermana y discípula, Ella es protagonista de la Redención.

Como muchacha pobre de su pueblo, cantó abiertamente al Dios Magnífico que se fijó en su pequeñez, el Dios que se hace Misericordia/Merced de generación en generación, el Dios que exalta a los humildes, que colma de bienes a los hambrientos, que rechaza a los ricos y soberbios, que derriba a los poderosos de sus tronos.

Mujer del Sí con la vida creciéndose en su seno, acude presurosa a auxiliar una necesidad, sin importar su gravidez ni sus pies descalzos: en Ain Karem esa visita es signo cierto de que Dios es Misericordia y hay que cantar con voz fuerte su justicia.

María emigrante, pasos dolidos del exilio protegiendo al Niño de la Salvación.

Madre de mirada atenta, que comparte la fiesta de sus hijos pero está pendiente de que no se agote el vino de la alegría.

Mujer de corazón atravesado por una espada de dolor, pero sin doblegarse ante esa cruz que devora en su crueldad al Hijo de sus entrañas que es también su Dios y Señor.
Allí se hace Madre de todas las hermanas y hermanos de ese Hijo crucificado, mujeres y hombres flagelados por las cautividades y opresiones que se vuelven más refinadas y diversas con el tiempo.

Tenemos esa increíble certeza: una Madre no es indiferente al dolor de sus hijos, más cuando ellos se encuentran oprimidos o privados de ser libres por cárceles impuestas a pesar de su inocencia...

¿Qué no hará una Madre por esos hijos desfallecientes?

Hace ocho siglos impulsó a unos locos hermanos nuestros - mi querido Pedro y sus compañeros - en esa tarea santa de redimir a las hijas e hijos de Dios de toda esclavitud. Por eso entre sus manos orantes hay eslabones rotos de tantas cadenas.

María de la Merced, Madre de la Liberación.

Para mis hermanos mercedarios y para este insignificante escritor, en este día celebramos realmente el Día de la Madre y festejamos -a pesar de tanto dolor- que no hay nada más valioso que la libertad que Cristo ha ganado para toda la humanidad.)

Paz y Bien




Pedro, el de Barcelona, el del silencio, el de los milagros

No vá a ser fácil esto.

Ante todo, quien esto escribe -con sus muchas limitaciones a cuestas- no conoce personalmente esa bella ciudad; y por degustar el buen fútbol y por el hecho de ser argentino, necesariamente asociaría el nombre de Barcelona al de Messi.

Pero no es así.

En un tránsito obligado del corazón a la razón, la hermosa Barcelona me refiere directamente a mi hermano Pedro, mi maravilloso hermano de la bravura y el silencio, de la generosidad sin medida y la entrega de la propia vida, mi hermano Pedro de la Liberación.

Pedro era comerciante -mercader para mayor precisión- nacido en un pueblo cercano a Barcelona. Tenía una fortuna importante, pero un alma insatisfecha.
Sucedía una tragedia de una magnitud no muy conocida: era usual el secuestro y el cautiverio de miles de cristianos a manos de sarracenos mediterráneos; sólo podían ser recuperados mediante el pago de rescates onerosos. Y esta cautividad era sinónimo de horror y espanto: la tortura, los sufrimientos, el abandono, la lobreguez de los calabozos... Todo conducía a sufrimientos indecibles y a la abdicación de toda esperanza.

Para el cautivo irredento, sin otro horizonte que el de sus cadenas, hasta Dios lo ha abandonado.

Cuerpos flagelados, almas en derrumbe... Pedro no podía ser inmune a tanto dolor.

-al cautivo se le desdibuja el rostro en las sombras de la mazmorra, y mi hermano sólo podía ver al Crucificado renovado miles de veces en las crueldades de su Pasión-

Por ese espíritu insatisfecho, descubrió que del Árbol de la Vida surge como fruto primero la libertad.
Y algo muy malo sucede cuando no brota ese fruto; se vé que andan talando el árbol con malicia certera.

Sumando a su fortuna sus habilidades mercantiles de negociador, se dedicó por cuenta propia a la mejor de las cruzadas, a la más redituable de las empresas: la redención de los cautivos, dejando de lado toda violencia.

-El Maestro había pagado con creces el rescate de toda la humanidad con su Pasión y su Resurrección...ahora es el turno de sus amigos reafirmar esa liberación-

Pero por más cuantioso que fuera su dinero, tiene el destino de todo lo material: se termina.
Por eso buscó sin desmayo y encontró a otros hombres inquietos como él, que no podían dormir tranquilos ni mucho menos sentirse libres mientras existiera un hermano cautivo. Y ellos sumaron lo suyo al emprendimiento de Pedro; el rinde de la cosecha sería mayor, mucho mayor, increíblemente fructífero.
-quizás porque las cosas que permanecen, florecen y no perecen son las que brotan de la fraternidad, de la común unión-

Dicen que en una ocasión atraca un barco en el puerto principal, y cuando se baja la planchada se pudo observar el descenso de trescientos hombres delgados, lastimados, macilentos...pero libres.
Y tras ellos, mi hermano Pedro.

Esas figuras dolidas y silenciosas que volvían a casa seguramente hicieron enmudecer a más de uno, a algunos por respeto, a otros por esperanza, a otros por vergüenza...

A los amigos les sucedió lo mismo que a Pedro, y por la misma razón: el dinero propio se había terminado, pero la tarea nó, inclusive se les hacía cada vez más imperiosa, más acuciante, más urgente.
Seguramente a nadie dejaron de insistir al recolectar fondos para rescatar a más hermanos.

-será porque el Amor implica urgencias hacia el otro-

Y Pedro, así como veía en el rostro oculto del cautivo a su Cristo oprimido y preso, también entendió que la Madre de Jesús no era ajena a lo que estaba sucediendo.
Porque el hombre no sólo era piadoso, sino que veía a María al pié de la Cruz, y antes que a esa imagen coronada y ornada con dorados vestidos, veía a la muchacha nazarena que supo decirle ¡Sí! sin vacilar al Dios de la Vida, que no era una espectadora pasiva sino la mujer maravillosamente activa en la Salvación, que cantaba las maravillas del magnífico Dios que exalta a los humildes y derriba a lo poderosos de sus tronos.

La Virgen no lo abandona y lo impulsa, y sucede el milagro: Pedro debe seguir el camino iniciado desde una fraternidad dedicaba exclusivamente al rescate de los cautivos, a la liberación de los oprimidos, haciendo presente el Reino que Aquel que ha dado todo por la libertad de sus hermanos sin reservarse nada para sí, Aquel que vino a contar que Dios es Padre y Madre de Misericordia.

Una obviedad: misericordia, en español, se expresa también como Merced.

Pedro, obediente, funda una fraternidad que en adelante se consagrará a la redención de mujeres y hombres de toda cautividad; al modo de las antiguas órdenes religiosas, profesan los votos de castidad, pobreza y obediencia... Pero no es suficiente: añaden un cuarto compromiso santo: el voto de quedarse rehén en lugar del cautivo si no alcanzaran los recursos.
Todos unos nuevos Cristos dando la vida por la redención de la humanidad: Pedro funda la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced de la Redención de Cautivos, los primeros hermanos de la familia mercedaria.

Es tarea de misericordia, es empresa de amor.
Y el amor siempre vence cualquier límite de espacio y tiempo, y jamás pierde vigencia. Siempre vá varios pasos por delante. Y tanto se adelanta, y es tan profético, que desde su silencio Pedro levanta el clamor que sería bandera de la Revolución Francesa -libertad y fraternidad- con más de cinco siglos de anticipación.
Porque la Orden de la Merced se constituye en 1218.

Sin dudas, mi hermano Pedro, el de los milagros de liberación, se volvió profeta y precursor por su Maestro y por su Madre.
Por eso es revolucionario con todas las letras: el grito de libertad y fraternidad atraviesa toda la historia hasta nuestros días y dice que sí, que está muy bien el derramamiento de sangre... siempre y cuando sea la propia, siempre y cuando sea ofrenda mansa por la libertad del hermano.

En este tiempo que sabe con abrumadora precisión, método y rapidez fabricar esclavos, producir cautivos en serie, ocultar los rostros de millones bajo formas toscas y sutiles de opresión, la tarea de Pedro se nos vuelve tan urgente como en aquellos días.
Es cuestión de amor.

Una última nota: Pedro lleva por apellido Nolasco, y es reconocido como Santo por esta comunidad que se nos ha dado y que llamamos Iglesia.

Hoy como ayer Pedro, y como saben decir tus hijos de aquí: en un mundo de opresiones...ser redentores con Jesús.

San Pedro Nolasco, ruega con nosotros, ruega por nosotros.

Paz y Bien

Ricardo

Sembremos esperanza

SEMBREMOS ESPERANZA

Pa’ traerles a los pobres sus esperanzas
Vino Jesús al mundo y dio su palabra,
De que serán felices los hambrientos,
Que no es camino el de los violentos
Que la justicia se instaurará.

El bajó de su trono a los poderosos,
La fuerza de su amor venció a la muerte.
¡Qué se haga río de vida todo el llanto!
Y mar de amor con fuerza nueva
La sangre joven de mi gente.

Vení hermano, animate a construir,
¡Hay tantos corazones para armar de nuevo!
¡Tanto dolor para cambiar por dicha!
¡Hay tanta vida para seguir viviendo!
Vení hermano, que Jesús venció a la muerte,
Juntos podremos desterrar el desaliento.
Vení sembremos con semilla de esperanza
El horizonte nuevo es nuestro pueblo.

Si la soberbia el fuego cambió en cenizas,
Tendremos que encenderlo con alegría,
Que el Señor de la Vida con brazo fuerte
Puede cambiar nuestra antigua suerte
Y alzar a mi pueblo de entre sus ruinas,

El andará borrando rencores viejos
Y nosotros curando viejas heridas,
Que ya es hora de darle alas a la vida,
La vida que abre nuevos caminos,
La vida que nos ofrece Cristo.

Patricia Inés Guerra

Aquí se puede escuchar:

Chacarera de la Redención


Chacarera de la Redención

Cuando la noche se cierne
sobre los montes y llanos,
hay quien retorna a su nido
y hay quienes huyen llorando
Más Dios envía en la noche
siempre un puñado de estrellas
para iluminar los sueños
del que es valiente y se queda.

Aunque al parecer la muerte
se cierre sobre el destino
de las jóvenes propuestas
que en esta tierra han nacido.
No es bueno cambiar hermano
aunque sea duro el camino
la libertad del desierto
por las cebollas de Egipto.

Jesús nos dio su mensaje,
vida fuerza y pan bendito
pa’ que saciemos el hambre
del pueblo que clama a gritos
y alcanzará solamente si tu corazón y el mío
se estrechan para que el llegue a donde sea preciso.

No te escapes a esta hora,
hora de andar anunciando
que es posible la esperanza
que el pueblo seque su llanto
si es cosa de abrir el alma
y amarse como es debido
seguí creyendo en la vida,
sumate te invita Cristo.


Hace tiempo una muchacha
que se llamaba María
le dijo a un pueblo tan pobre
como el que yo tengo hoy día
que Dios es misericordia
y hay que cantar su justicia
que nos hizo una promesa
de amor y nunca se olvida.

Muchos andan proclamando
que no es posible quedarse
y la casa que Dios ha dado
ha de ser tierra de nadie,
hay que avisarle a la gente
que es bueno sembrar el suelo
que cuando el amor se riega
siempre los frutos son buenos.

¿Porque entonces no jugarse
por un sepulcro vacío?
y hallar todas las respuestas
en las verdades de Cristo,
no hay muerte que acabe todo
por más tremenda que sea
si hay gente que pone el hombro
y se juega por lo que sea.

aquí puede escucharse:

Rosario de ternura


Un Rosario de ternura fluye de tus ojos

y desgranan tus manos las cadenas del odio.


Encarnas en tu vida todo el amor del Padre

y la Merced florece, sobre tu pecho de ave.


Dios escuchó pedir liberación

y te mando a su pueblo.

Y la Merced brotó en tu corazón,

abriste el mar del miedo.

Y de tu mano nos conduces hacia Dios,

Maria, Madre de la Redención.


Borra el temor que oprime nuestro corazón joven,

que es sangre, vida y fuerzas para el hermano pobre.


Hay tanta gente presa, haznos Redentores,

y junto a ti, seremos amor para los hombres.

aquí se la puede escuchar:

Oración a María de la Merced de la Redención de Cautivos


María
Madre de Jesús, nuestro hermano y Señor,
y Madre nuestra
Hace ocho siglos el Espíritu de tu Hijo
impulsó a varios maravillosos locos y santos
hermanos nuestros a dar la vida por la libertad de los cautivos.
Y vos estabas allí
tenaz en tu fé
obstinada en tu amor
con los ojos salobres
de tantas lágrimas que derramaste por tus hijos oprimidos
-Pedro Nolasco y sus compañeros te sabían con ellos
y por eso no cejaron en su compromiso de amor y libertad-
Hoy han cambiado los términos y los modos
pero los poderosos siguen siendo poderosos
y miles de nuestros hermanos sufren
-a menudo ante nuestra mirada impávida-
la cautividad y la opresión
que son afrenta a su dignidad de hijas e hijos de Dios.

Vos sabés bien que sucede con tus hijos
hay muchos cautivos y oprimidos
por la miseria
por la exclusión
por el desempleo
por el color de su piel o el lugar en dónde viven
por haber nacido en determinado lugar
por ser considerados menos que nada

Con tu ¡Sí! incondicional y confiado al Padre Eterno
has abierto las puertas de la Redención
llevando en tu vientre a quien se esperaba siglo tras siglo,
amamantándolo, criándolo, siendo su mejor discípula,
acompañándolo hasta su inmenso sacrificio de la cruz
y siendo testigo de su victoria sobre la muerte.

Ayudanos hoy a vencer ante todo nuestros miedos y temores
nuestras incertidumbres y nuestra falta de confianza

Vos sos la Liberación también.
El despojo de vos misma por puro amor
la entrega confiada en Aquél que nunca nos abandonó
abrió la puerta que jamás ha de cerrarse.

Acompañanos

La tarea parece inmensa, pero no es imposible
La cautividad que ofende la dignidad de las hijas e hijos del Padre de todos
puede convertirse en fiesta de liberación
en fruto viviente del Reino de tu Hijo, nuestro hermano

Ayudanos
para que dar la vida por la libertad del prójimo
sea la tarea primordial
y se convierta en sacramento del Reino
y camino de nuestra plenitud, que es también la tuya.

María de la Merced,
de la Misericordia infinita de Dios
de la Redención de cautivos
intercede por nosotros ante tu Hijo
-Él nada te niega-
para no ceder en nuestro compromiso
y tener bien abiertos los ojos
para mirar y ver la opresión
que es contraria a la Vida que Dios quiere
para todos sin distinción.

María de la Merced, ruega por nosotros


Oración a Cristo Redentor

Señor Jesucristo,
Tú eres el redentor del hombre,
Tú eres el redentor del mundo.
Tú has penetrado,
de modo único e irrepetible,

en el misterio del ser humano.
Hiciste tuyo todo lo nuestro
para redimirnos,

para que podamos
hacer nuestro tu ser.

Mira, Señor, nuestras inquietudes,
incertidumbres y debilidades;

mira nuestro mundo
que pone sobre los hombros

de muchos hombres
pesadas cadenas de opresión,

que nos hace descubrir la dimensión
de esa otra opresión profunda
que vive debajo de ellas: el Pecado.

Concédenos entrar en Tu persona
y presentir el amor
que te llevó a redimirnos,

recibir tu libertad
y ofrecerla a los hermanos;

entregarte nuestra vida
y unirnos a todo hombre,

especialmente al cautivo,
oprimido o perseguido

y junto a Ti,
Señor, ser redentores.


AMÉN

(Orden de la Merced en Argentina)

Oración a María de la Merced

María,
Madre de la Merced,

Tú has experimentado como nadie
la misericordia del Padre,

y has participado en su manifestación
mediante el sacrificio de tu corazón al pie de la cruz.
Tú, interviniste en una noche de la historia
a favor de los cristianos que sufrían cautividad
y se encontraban en peligro de perder su fe.
Y hoy sigues haciendo presente el amor de Dios
entre los hombres,

los que sufren, los pobres,
los perseguidos, los oprimidos.

Escucha nuestras súplicas.
Rompe las cadenas que nos atan
y nos impiden ser libres

y conviértenos en redentores y liberadores,
para que llenos del amor de CRISTO,
dediquemos nuestras vidas
a promover la verdadera libertad

y dignidad de los hombres,
aquella que permite la comunión con el Padre
y la fraternidad con CRISTO y los hermanos.

AMÉN.

(Familia mercedaria argentina)

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