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¿Qué se entiende por el Reino de Dios?

Curar para Jesús fue el signo que el Reino de Dios estaba llegando para todo el mundo. Con Jesús y el anuncio del Reino se anuncia un movimiento capaz de generar una convivencia humana libre de comportamientos enfermizos aún de origen religioso como el legalismo, el rigorismo, la hipocresía de un culto vacío de justicia y amor.

Para Jesús acoger y promover el Reino de Dios -insistamos como El lo hizo- consiste en sanear la religión y procurar una sociedad humana justa y amable.

Jesús no solo denuncia lo que se opone al Reino de Dios. Sugiere además un estilo de vida más acorde con el Reino de su Padre-Dios. Como felizmente lo reflota Aparecida, Jesús no excluye a nadie; pero, su preferencia muy notable son los pobres…

Jesús no habla de pobreza en abstracto. Tampoco habla de los pobres para valerse de ellos y ganarse la simpatía o adeptos a su causa. Jesús, jamás cayó en el clientelismo y menos en la demagogia. Nunca alabó a los pobres por sus virtudes o cualidades. Para Jesús - si Dios se pone de parte de los pobres y en forma preferencial, no es por mérito alguno sino porque sufren injustamente. Dios reina haciendo justicia porque es Amor y no hay amor sin justicia ni justicia sin amor. De ahí que el pecado que más aborrece Dios -según el mensaje bíblico- es el pecado de injusticia y la denuncia más dura de Jesús fue contra la hipocresía de los que aparentaban ser justos a tiempo que robaban la herencia de viudas y huérfanos. Para Jesús el signo más claro que el Reino de Dios ya está viniendo es que Dios defiende a los pobres que nadie defiende.

Padre Obispo Miguel Esteban Hesayne
Obispo Emérito de Viedma

El significado de la Reconciliación


...la reconciliación que nosotros predicamos, que es la Palabra de Dios, no es un pacto, no es olvido, no es tampoco una justicia atenuada como he leído en algún diario.

Es, justamente, la actitud de Dios que viene hacia nosotros en Jesucristo.


Es un don...


Pero a su vez, es una tarea del hombre, y esta tarea significa que se examine, que esté dispuesto a reconocer sus faltas, que esté dispuesto , en sincera búsqueda de la verdad, a convertirse a esa verdad, a reconocer sus equivocaciones y a corregirlas; y a reparar lo que ha cometido al margen de la verdad.


Porque el hombre está llamado por Dios, en su proyecto, a construir la verdad y nada más que la verdad...


Padre Obispo Miguel Esteban Hesayne
Obispo Emérito de Viedma

La Iglesia soñada por Jesús de Nazareth

Si la Fe Cristiana es relación personal con Jesucristo, la oración cristiana es el diálogo personal con Jesucristo… Si la Fe Cristiana se centra en la vida, la oración cristiana anima la vida… Si es un axioma que no hay vida humana sin comunidad, es también un axioma que no hay comunidad cristiana sin oración cristiana. Hablamos de oración y no de “rezo”… se puede rezar mucho y no llegar a orar… El “rezo”, en todo caso, es un medio para entrar en oración.

La Oración típicamente cristiana viene de lo Alto y se anida en el corazón humano. Por eso, es llamado y respuesta. Es Dios que habla y el orante que escucha y responde con actitudes de acuerdo a la Palabra de Dios escuchada. María de Nazaret es la perfecta orante. Escuchó, dialogó y aceptó la voluntad del Altísimo y realizó no su proyecto, sino la maravilla de las maravillas del amor divino para con el género humano: sus entrañas de mujer brindaron un ser humano a Dios. En íntimo y personal diálogo con Dios se transformó en Madre del Hombre-Dios.

Oramos no para presentar nuestro proyecto sino para conocer y aceptar el proyecto de Dios sobre nosotros. Oramos de verdad cuando nos convertimos al plan de Dios. Así se encuentre muy lejos de los nuestros. Por eso Jesús fue un hombre de profunda y notable oración y repetía “oren sin cesar”… “conviértanse al Reino”… Su causa que como hemos visto en homilías anteriores fue la vida de los hombres y mujeres de su mundo. Es la convivencia digna y fraterna sin marginados o excluidos. Es el “Cielo Nuevo y la Tierra Nueva” para vivir toda una eternidad feliz, que se inicia en esta historia en tanto en cuanto hombres y mujeres que adhieran a su causa. Es decir vivan de FE CRISTIANA, entendida como forma concreta de vivir, construyendo el Reino del más allá, desde el más acá, es decir, en el cotidiano vivir.

De lo dicho se desprende que la oración es una resultante de la Fe en Jesucristo, pero a su vez una mayor intimidad vital con El. Porque la vida que brota de la Fe y en la que se realiza el seguimiento a Jesús viviendo su Evangelio, exige y desemboca necesariamente en diálogo y celebración, es decir, oración y sacramentos. No como “actos piadosos” en un “a parte” de la vida humana, sino a través de la existencia humana vivida a la luz de los criterios y actitudes de Jesucristo. Para instante a instante cambiar los signos de muerte en signos de vida, un mundo injusto y violento en mundo que en santidad y justicia construya la única Paz sólida y verdadera: el ¡¡¡Shalom del Resucitado!!! Por eso, que nuestro mártir Angelelli estampó en una de sus homilías: “El Cristo de la Pascua no quiere un pueblo “resignado” sino luchador para lograr tener vida”.- La Iglesia será servidora de la humanidad en tanto en cuanto los que participan de la misa dominical se vayan transformando en comunidad orante y servidora del mundo local en el cual viven. En la Iglesia de Jesús no “se va a misa” para cumplir un “acto religioso” sino para comprometerse con El en la vida digna de los demás. Por eso, Jesús en la Última Cena lavó los pies a sus primeros participantes. (Juan 13,1-17) Y les dio el mandato de Maestro a discípulo que lo que El hacía con ellos… ellos debían hacerlo con los demás. El Evangelista Juan, a tal punto entendió el significado existencial de la Eucaristía para la persona y la sociedad humana que, en lugar del rito de la consagración del pan y el vino destacado por los otros evangelistas, describe el lavatorio de los pies. En las celebraciones sacramentales, principalmente, en las Misas… “hemos de volver a las Fuentes”. Las ceremonias rituales han de ceder paso a la vida.
En la medida que se celebre o participe de los Sacramentos con Fe Cristiana el núcleo central ha de ser la existencia de la comunidad con todos sus conflictos y signos de muerte (pecado) que la celebración de la Pascua del Señor revierte en comunión de amor fraternal y solidario. Así, surge la Iglesia signo e instrumento del Reino.
La Iglesia “poder” cede el paso a la Iglesia “servicio”.
La Iglesia “ritual” a la Iglesia “ágape”.

Padre Obispo Miguel Esteban Hesayne
Obispo Emérito de Viedma


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