Mostrando las entradas con la etiqueta Nuestra Señora de Lujan. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Nuestra Señora de Lujan. Mostrar todas las entradas

Virgen surera, Madre gaucha de Luján


















Nuestra Señora de Luján - Patrona de la República Argentina

Para el día de hoy (08/05/20):  
Evangelio según San Juan 19, 25-27





Pero Ella ha venido hasta nosotros y se ha quedado, desde entonces y para siempre, desde 1630, desde los sueños de Dios mismo.

La llevan junto a una imagen hermana -la Virgen de Supampa- por travesía en un buque comercial, y por caminos clandestinos -ruta de contrabandistas-, pues había algo turbio en los negocios de quienes encargaron las imágenes. La carga no se compone solamente de dos pequeñas imágenes de terracota, sino que se complementa ominosamente con una miseria aberrante: un esclavo negro, Manuel por nombre, es compañero de la Virgen.

Aún así, por senderos inusuales y extraños, en medio de costumbres crueles, todo puede suceder porque Dios sigue germinando la historia, y con tenacidad de madre, con la obstinación que sólo conocen los que aman, decide quedarse en este suelo. No habría, ni hay ni existirá fuerza alguna que mueva esa carreta de ruedas enormes, no consta en el universo nada que pueda conmover estos amores que nos definen y constituyen, Virgen Gaucha, Madre del Señor, Señora de Luján, hermana y compañera de nuestros andares que cobija entre sus pequeñas manos nuestra historia y nuestro pueblo, aún con todos nuestros quebrantos, aún con nuestras luces y nuestras sombras.

La Virgen surera permanece firme en el horror de nuestras cruces y sonríe feliz en el cimbrear de nuestras fiestas.

Madre por ese Cristo que está en donde Ella se encuentre -porque donde está la Madre está el Hijo-.

Gaucha por la santa mixtura de la sangre india que aún nos corre silenciosa, y por tantos abuelos que han venido atravesando mares extensos, gauchísima confortando a los que sufren y protegiendo a tantos desvalidos, abandonados y hambreados que han de ser nuestra vergüenza y nuestra misión, protectora de los niños sometidos, Cruz del sur de tantos jóvenes sin rumbo, fiel hermana de una multitud silenciosa de mujeres y hombres honestos que desde su esfuerzo edifican una casa grande para todos, casa común en donde todos cuentan, todos son importantes, que no reconoce enemigos sino hijos y hermanos.

Ella, como en Nazareth, como en el Calvario y en la Villa de Luján también, no tiene casa propia. Ha vivido siempre en techo prestado, porque su hogar ha de ser siempre el hogar de los hijos que la reciben sin reservas, a puro afecto, con la fortaleza indestructible de la ternura.

Señora de Luján ruega por nosotros, por los que nos precedieron, por los que están perdidos, por los que vendrán, por ese hijo tuyo siempre presente que ahora sucede a Pedro, por todos aquellos que con tu misma hermosa obstinación -rebelde, pura, santa- se afirman en la solidaridad, en la presencia, en la justicia y en la paz.

Amén

Paz y Bien

Soy de la Virgen, nomás


(La fecha tradicional de esta celebración es el 8 de mayo; este año, se mueve al día 9 por coincidir en día precedente con la celebración de la Ascención del Señor)



Nuestra Señora de Luján - Patrona de la Argentina

Para el día de hoy (09/05/16):  

Evangelio según San Juan 19, 25-27



La vida de ese hombre transcurría joven y libre en la Cabo Verde africana, calor de sabana, frescor atlántico, zona de Costa de los Ríos. Era ya un adulto, y quizás comenzaba a cumplir sueños de familia y descendencia; pero en 1604 una realidad mezquina y brutal castigaría sus huesos. Atrapado como un animal, vendido como una mercancía hubo de soportar la infamia de la esclavitud, traficado en las bodegas de un buque mercante hasta las costas brasileñas, mercado de almas y cuerpos -no demasiado distinto a la actualidad-.
A las cosas se las usan y se las descartan cuando se vuelve inútiles; de las cosas se espera que sean meros instrumentos de los deseos de los propietarios. Así, a ese hombre se lo arranca de su tierra natal, de su ámbito natural y también se le borra su nombre original, en la inteligencia de disolver su identidad y aplastar todo atisbo de rebeldía: ya en tierras americanas se lo cristianiza a la fuerza, bautizándolo.

Su nombre cristiano: Manuel Costa de los Ríos.

Sin embargo, en el acontecer humano nada es tan lineal ni mensurable con ecuaciones exactas. Hay un río caudaloso y subterráneo que no se vé a simple vista pero que está allí, pujante, vigente.
Dios a menudo se vale de pentagramas desdibujados y torcidos para componer magníficas sinfonías junto al hombre.
Y ese Dios que es Padre, desde los bordes de la historia, desde la periferia de la existencia, desde lo que no cuenta y no es tenido en cuenta, transforma los tiempos, los fecunda, los vuelve más humanos.

En 1630, en una nave de comerciantes y contrabandistas se embarcan dos imágenes de la Santísima Virgen María, una representando a la Pura y Limpia Concepción, la otra a la Madre de Dios, con el Niño Dios en sus brazos; su destino era la capilla de una estancia, quizás con ciertos visos de culto privado, escaso, para unos pocos.
Como parte de la mercancía, embarcan al esclavo negro, tal vez en afanes de comprar y vender, tal vez como un presente o pago de favores, algo que se puede regalar.

Desembarcados en el puerto de Buenos Aires, las gentes que portan esa mixtura de imágenes santas y siniestra carga humana evitan el tradicional Camino Real para dirigirse a la estancia en Sumampa, en el norte distante. El viaje es clandestino, ruta de contrabando, pericia de delincuentes que se mueven por senderos escondidos entre las propiedades de ellos mismos.
El viaje no tiene nada de diáfano ni de pueril pureza. Como en casi todo, es necesario saber mirar y ver lo blanco, lo negro y las variantes grises. A orillas del río Luján, en un paraje perdido, la carreta dice basta, hasta aquí, ya no más; en aquel entonces, tanto para el desembarco río adentro como para el viaje por caminos rurales intrincados, las carretas eran tiradas por una yunta de bueyes, pura potencia, fuerza descomunal. Sin embargo allí no hay caso, algo pasa, las carretas parecen atornilladas al barro.

Nuevamente, los asombros. Los hacendados y peones no saben qué hacer, pero ese hombre que se llama Manuel -el nombre del Mesías- comprende lo que sucede. Se trata del obstinado amor de la Madre de Dios, de quien se hace servicial amigo, esclavo cordial. 
Las ideas de patria y nación en ese 1630 no estaban presentes. Sólo éramos el borde periférico de la metrópolis imperial española, extramuros del mundo. Aún así, desde una historia en ciernes la Madre está aquí por decisión propia, con una tenacidad que sólo pueden tener los que aman, y por esa presencia constante sabemos que no vamos sólos, que tenemos cobijo y amparo, que estas tierras están benditas desde sus hijos más pequeños con amor y ternura maternales. Porque donde está la Madre, está el Hijo.

Ya no pudieron separar a Manuel de la Madre de Dios, servidor desde la caridad de María y de los necesitados. Por ello, cuando los que se pretendían dueños de su existencia venían a reclamar soberanías sobre su persona, él afirmaba rotundo

-Soy de la Virgen, nomás-

Es el manso grito de un hombre que era más libre que todos los negreros juntos, en la libertad de los hijos de Dios. Para nosotros, la exclamación de nuestro santo hermano Manuel se nos hace corazón, identidad, principio fundamental.

Somos de la Virgen, nomás.
Ni de los que creen que todos tienen un precio, los que comercian almas, los que se ensañan con los pequeños. Somos de la Virgen, nomás, libres, con todo y a pesar de todo, y nadie nos podrá separar de la Madre.

A vos Madre, te suplicamos junto a Manuel que le hables a tu Hijo de todos nosotros.
Andamos muy desencontrados, a menudo chillones ingratos, montados a lomos del potro bravo de la intolerancia. Nos hemos acostumbrado a la injusticia y a la violencia, a la miseria razonada, a la maldición de la corrupción.
Aún así, Virgen Gaucha, sabemos que seguís andando por nuestros arrabales, porque tu corazón es mucho más grande que la inmensidad de estas pampas. Que los pequeños y los olvidados tienen en vos refugio y esperanza. Y que aunque no lo digamos, Virgen surera, en verdad andamos escasos de ternura, mendigos de tu consuelo.
Hablale a tu Hijo de un querido hijo tuyo que te añora, y que debe calzar por estos tiempos las sandalias de Pedro.
Hablale a tu Hijo de todos nosotros, para edificar la vida, para que crezca como un árbol frondoso la justicia, para que nos germine la paz, para que jamás abdiquemos de la esperanza.

Somos de la Virgen, nomás.

Así sea.

Paz y Bien









Oración a Nuestra Señora de Luján






Nuestra Señora de Luján - Patrona de la Argentina

Para el día de hoy (08/05/15):  

Evangelio según San Juan 19, 25-27


¡Salve, Madre de Dios!
En este día que es tuyo y de todos nosotros, y de toda la Iglesia
venimos encendidos de confianza
al altar humilde de tu amor obstinado y tenaz
para poner a tus pies estos corazones nuestros
heridos de desencuentro y doloridos de corrupción
firmes en tu ternura
sin resignarnos a buscar fraternidad y justicia,
en la alegría del Evangelio.

¡Bendita seas, Virgen Gaucha!
porque casi cuatro siglos de tu presencia constante
son la señal certera de que no vamos solos,
librados al azar del mundo.
En tu Dios, que es el nuestro
está nuestra suerte y nuestro destino.

¡Salud, Madre de Luján!
Entre tus manos orantes todo este pueblo quiere crecer
a la luz de la Buena Noticia que te hace feliz
el Espíritu de Dios que nos fecunda y renueva toda la tierra.
Tu manto color de cielo
es la cruz del Sur que guía nuestros andares, y bandera de esta querencia grande.
Te suplicamos por todos nuestros niños
especialmente por aquellos que ya no esperan nada, 
abandonados a pura violencia
Te rogamos por nuestros viejitos,
a menudo tan destratados, 
ninguneados en su sabiduría y en su calidez de abuelos
Y te pedimos con fervor
por todos aquellos que en silencio, 
en el humilde fervor de la integridad,
trabajan sin cesar día a día, 
esforzados y humildes obreros de la integridad
que saben confiarte sus pesares y sus sueños.

¡Alegrate, Llena de Gracia!
Pura y Limpia Concepción
Estrella de la Evangelización
Madre de todos
Hablale a tu Hijo de todos nosotros
Para que la vida del prójimo, don de Dios
sea siempre motivo de celebración
Para que nunca abdiquemos, al igual que Vos
en la búsqueda cordial del hermano, especialmente del más pobre
en donde resplandece el rostro de tu Dios y el nuestro.

¡Ave, María de Luján!
Que sepamos corresponder en serena alegría
a tu fidelidad inclaudicable
para hacer presente el Reino de tu Hijo
aquí, por estos pagos y por todo el mundo.
Y te pedimos con emocionado fervor
que sigas protegiendo a otro hijo de este suelo
que ha sido llamado como obispo de Roma,
vicario de Cristo y servidor de todos,
Francisco, tan tuyo y tan nuestro.
Que el Espíritu de Dios
sostenga y anime su ministerio
y que tu presencia maternal lo siga acompañando.

Amén

Paz y Bien

Ricardo Guillermo Rosano - 08/05/2015






ir arriba