Señor, que nunca me negaste nada,nada te pido para mi; te pido
sólo por cada hermano dolorido,
por cada pobre de mi tierra amada.
Te pido por su pan y su jornada,
por su pena de pájaro vencido,
por su risa, su canto y su silbido,
hoy que la casa se quedó callada.
Te pido una palabra de rodillas,
una migaja de tus maravillas,
un mendrugo de amor para sus manos,
una ilusión,sólo una puerta abierta;
hoy que la mesa se quedó desierta
y lloran, en la noche, mis hermanos.
José María Castiñeira de Dios
-poeta argentino-
