El encuentro con tus hermanos

Para el día de hoy (09/04/12):

Evangelio según San Mateo 28, 8-15

(Si hay algo de lo que está revestida la Pasión del Señor es de vulnerabilidad, un Jesús humillado en su soledad y pobreza, un Cristo que asume nuestra fragilidad y nuestros quebrantos en la ofrenda mayor de la cruz.

Así serán entonces las más vulnerables, las que no cuentan, esas mujeres encendidas de fé quienes se atreven a la esperanza y dejan abiertos espacios para la alegría. Y así sucede, pues el Dios de Jesús de Nazareth nunca defrauda a sus hijas e hijos ni abandona a los pequeños y excluidos.

Ellas se plenifican de felicidad, una felicidad que nada ni nadie podrá quitarles y tienen la necesidad incontenible de avisar y dar cuenta de la mejor de las noticias, por eso sus pies vuelan al encuentro de Pedro y los otros, y porque hay que salir presurosos de esos sepulcros blanqueados de la exclusión, de la miseria y del dolor que nos hemos construido a través del tiempo. Los sepulcros devienen inútiles porque la vida prevalece.

Ellas buscaban el cuerpo muerto del Maestro Amado, y se maravillaron hasta extremos inconmensurables pues Jesús está vivo: es la vida que permanece germinal aún en la oscuridad de las tumbas, es la vida la que decide y no la muerte quien tiene la última palabra.

Por supuesto, están los que siempre apuestan al poder corruptor del dinero para desdibujar la eternidad que siempre se nos está amaneciendo, usufructuando rumores y socavando almas.

Sin embargo, es el fin del no se puede, y es la verdad mayor del amor la que no puede esconderse ni acallarse.

Hoy, dos milenios después, es menester volver a preguntarnos como María de Magdala donde está, adonde se han llevado al Maestro.
Sin dudas, lo encontraremos junto a sus hermanos, y hay que emprender el viaje presurosos a esas Galileas de la sospecha perpetua, Galileas de donde nunca esperaremos nada, Galileas de los márgenes y la periferia.
Allí nos encontraremos nuevamente con el Crucificado, vivo entre nosotros, un Cristo Resucitado que encabeza nuestra caravana del para siempre, un Dios compañero de nuestros días)

Paz y Bien

La vida urgente


Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Para el día de hoy (08/04/12):

Evangelio según San Juan 20,1-9

(María de Magdala se encamina en la cerrada noche de su desconsuelo hacia esa tumba en donde reposan los restos de su Maestro. Ella lo ha visto morir en la crueldad de la cruz, en su extrema soledad y visita la tumba con el mismo amor y la misma tristeza conque visitamos la sepultura de quien amamos.
Sin embargo, en plena oscuridad de ese agobio, asoma el alba. No hay noche que sea definitiva, sea de María Magdalena o sea nuestra.

Se trata de una tumba complicada. Es morada prestada para su cuerpo -ni en la muerte Jesús ha tenido nada propio-, pero es hogar inútil para un muerto inquieto y peligroso, un muerto que no descansa aunque los motivos son bien distintos a todo presupuesto.
La pesada piedra está corrida, señal de que es una tumba inútil, y que no hay roca -por gravosa que fuera- que no pueda ser corrida o derribada.
María corre hacia donde se refugian con miedo y pesar los Once: aún supone la muerte de Jesús, y cree que se han apropiado de su cuerpo.Tiene -aún con sus errores- las prisas de quien ama,y sus pies ligeros son también los nuestros cuando algunos nos quieren esconder a ese Cristo que amamos.

Pedro y el Discípulo Amado corren hacia la tumba; tienen la necesidad de constatar lo dicho por María y los angustia alguna maquinación más,otra manipulación bienintencionada en nombre de Dios.
Es dable imaginar esa carrera, y nos es fortuito que el Discípulo Amado llegue primero al sepulcro.
No se trata de que es más joven, más veloz o más virtuoso que Pedro: se trata de que siempre llega primero quien ama, siempre, sin vacilaciones y de manera indefectible. Y más aún: será ese mismo Discípulo quien comprenda que Jesús ha resucitado, ha visto las señales de vida y se ha revestido de alegría y esperanza.

No es tampoco casual que el Discípulo no tenga un nombre que lo identifique: allí corresponde poner comunidad, allí van tu nombre y el mío.
La comunidad que ama y se descubre amada siempre llega antes que Pedro,pero no deja a Pedro de lado; corre sin parar hacia allí, adonde supuestamente impera la muerte, con la urgencia de esa vida que se le amanece en las honduras de su corazón, y sabe encontrar signos ciertos de vida a pesar de las gran necrópolis en que a veces se convierte nuestro mundo.

Es el fin de los imposibles, la cancelación del no se puede, el comienzo de todas las alegrías.
Cristo ha resucitado y estamos todos invitados a esa fiesta de la vida sin fin, y hay que salir corriendo a dar aviso a los cegados de pesadumbre.
Muy feliz éxodo nuevo,Muy Feliz Pascua de Resurrección)

Paz y Bien



Crucificada


Es una muchacha campesina y judía, casi una niña, casi una nadie, comprometida con un carpintero galileo, un hombre bueno pleno de justicia.

¿Quien lo hubiera creído? Ella era hasta hace poco la pequeña que jugaba en la casa paterna; ahora, es una jovencita de la que el Dios del universo se ha enamorado perdidamente.
Y cuando Dios se enamora, suceden cosas extrañísimas.
Hasta le pide permiso a esa muchacha para que sea su Madre, Madre de ese Hijo que será luz de las naciones y gloria de Israel.

Ella, a pesar de sus dudas y de su asombro, no vacila. Su Sí! cambiará la historia. Se afirma en la Gracia, y cuando la Gracia acontece sólo puede generarse la vida total. Por eso se le irá creciendo ese Bebé Santo en su seno pleno, fértil de toda pureza, tierra perfecta.

Ella lo trajo al mundo pobre de toda pobreza, sin un techo, en un refugio frío de animales.
Ella vió con sus ojos plenos de asombro las honras que le brindaban a su niño pastores del campo y sabios venidos de muy lejos.
Ella le brindó la mejor de las coronas y el más noble de los palacios, la vida en sus pechos y el calor de sus brazos, los mismos brazos que lo protegieron en el desierto, camino a la dureza del exilio, de tierra e idioma extraño.
Ella no olvidaría jamás la bendición y la profecía de aquel abuelo en en Templo; su Niño sería Santo y una espada afilada esperaba el momento exacto para quebrar su corazón.

Ella lo vió crecer en salud, en altura y en Gracia de Dios, niño nazareno, trabajador incipiente, peregrino en el anuncio de una fantástica noticia para su pueblo y para todos los pueblos.
Y ella se volvió discípula, la primera de todos, y lo siguió por esos senderos extraños de la periferia, huellas extranjeras y sospechosas.
Ella, como nadie, sufrió cuando a ese Hijo que amaba lo trataban de blasfemo, de desquiciado, de borracho, de glotón, de subversivo. Justamente Él, el más manso de todos, se había vuelto peligroso para los poderosos y esperanza para los pobres y olvidados.
A pesar de todas las afrentas y amenazas, ese Hijo que había gestado seguía creciéndose en las honduras de su alma.

Y llegaría el tiempo de espanto de su arresto y su Pasión, la traición de Judas, la deserción de sus amigos más cercanos.
Ella quiere morir junto a ese Hijo que agoniza en la cruz, Ella está crucificada como Jesús -su Hijo, su Maestro y su Señor- unida a Él y sufriendo con Él como sólo una madre puede entenderlo.
Ella se quiebra por sí y por su Hijo.

Su Hijo está a punto de morir, y en un gesto de amor y despojo absoluto se desprende de su afecto más preciado: entrega al discípulo amado a esa mujer como Madre.
El discípulo amado no tiene un nombre que lo identifique porque allí están todos y cada uno de nuestros nombres.

Ella no tiene casa propia; en adelante su hogar se encontrará allí en donde se encuentren las hijas y los hijos de Dios, hermanos de su Jesús que la reciban como propia, madre, amiga, hermana, compañera.

Ella, crucificada,vive para siempre porque nunca abdicó de esa Gracia que la hizo fecunda, y allí está nuestra esperanza y nuestra plenitud, a pesar de los dolores y más allá de todas las cruces que se imponen.

Paz y Bien



Verdad del hombre, verdad de Dios

Viernes Santo de la Pasión del Señor


Para el día de hoy (06/04/12):
Evangelio según San Juan 18, 1-19, 42

(Jesús de Nazareth ha cruzado el torrente Cedrón -pequeño riacho que delimita la Jerusalem del poder religioso y la fuerza imperial- y junto a sus amigos se ha ubicado en un huerto, un pequeño sembradío. A la hora de elegir y buscar, lo encontraremos allí mismo en donde la vida se asoma, germina y florece, y no tras las fortificaciones imponentes que separan y excluyen.

La escena nos enmudece, y desoye cualquier prepotencia de explicación banal: un escuadrón de soldados y un grupo de guardias religiosos armados, dirigidos por Judas Iscariote, se encaminan decididos a detener al galileo. Es un despliegue totalmente desproporcionado para apresar a Aquél que siempre ha sido manso, que nunca amenazó. Ellos vienen munidos de antorchas pues cae la tarde, pero también porque desde hace tiempo son habitantes de las tinieblas.
Entre sus amigos, el ambiente no es mejor: algunos se paralizan de miedo, otros también procuran tener a mano armas con las que defender a su Maestro. Ellos tampoco han entendido, Pedro no ha entendido, nosotros no hemos entendido cuando nos embarcamos en fatales y violentas defensas de Dios, de la Iglesia, del Cristo de la paz y la bondad, cruzadas bienintencionadas que muy lejos están del Espíritu de Aquél que todo ha dado por todos.

Aún así, el Maestro se interpone entre los captores y sus amigos. Él cuida y cuidará de los suyos hasta el fin. Y se lo llevan maniatado hacia la casa de Anás, de allí al palacio de Herodes, de allí a la fortaleza del pretor romano, todo de noche, todo a escondidas, no vaya a ser que el pueblo se entere y haya algún conato de rebelión.

Los sucesivos interrogatorios son lógicos y conducentes con quienes no han entendido o no han querido entender la Buena Noticia de Jesús de Nazareth, los que lo han visto como un réprobo, un maldito, una amenaza, un blasfemo, un peligroso subversivo, todos términos que serán sinónimos florales de ese Dios que es Padre y es Amor. Quizás nosotros también en muchas actitudes religiosas, políticas y especialmente cotidianas reiteramos ese tenor cuando volvemos a preguntarle a ese Jesús preso quién se cree que es, porqué abdica de cualquier tentación de poder mundano, porqué se sienta a la mesa con los despreciados, porqué se sale de nuestros esquemas, porqué nos regodeamos con lo sangriento, porqué creemos en un dios voraz que avala el sufrimiento y el dolor, porqué nos acostumbramos a que siga habiendo crucificados hoy, dos milenios después.

La cruz es patíbulo preciso de cruel eficacia romana; su utilización estaba dedicada especialmente para los criminales más réprobos y para quienes se rebelaran contra el poder instaurado. Porque solemos olvidar que la condena reclamada por el Sanedrín debería haberse efectuado mediante lapidación.
Él bien podría haberse escapado con relativa facilidad, conocía Galilea y la periférica Decápolis como la palma de su mano, y teniendo tantos amigos y seguidores su huida no podría presentar demasiados problemas. Pero Él prefiere entregarse a manos de sus captores y verdugos, y es el asombro y el escándalo final de una vida que nos desconcierta y nos maravilla como nos descentra y nos lleva a lo impensado la Gracia increíble.

En esa entrega voluntaria y libre Él ratifica todo lo que ha venido enseñando, que Dios es un Padre que se brinda a la humanidad sin límites ni condiciones, un Dios que se desvive por todas sus hijas e hijos, el Dios que resplandece en el despojo amoroso para que los demás vivan, incluidos sus propios ejecutores.
El pretor Pilato pretende corrección política y burla simultáneas: por eso, el rótulo del condenado en hebreo, latín y griego, símbolo preciso que declama a los cuatro vientos que allí está muriendo un hombre que ha nacido en Nazareth, artesano hijo de carpintero y de María, que ha vivido siempre de acuerdo a esos orígenes galileos de periferia, de donde nada puede salir nada bueno, un Dios que ha querido nacer hombre pobre y que morirá en la absoluta pobreza en esa cruz de espanto y milagros.

Cruz de los milagros, porque ese hombre que se está muriendo ratifica al infinito la verdad de Dios, y muriendo en dolorosa soledad vive en la plenitud total de quien se entrega por los demás)

Paz y Bien



Nuestra herencia

Para el día de hoy (05/04/12):

Evangelio según San Juan 13, 1-15

(Es una cena de despedida, y aunque los Doce aún no lo comprendan, es un hasta pronto.
Es un hombre que sabe con certeza que dentro de muy poco vá a morir de manera espantosa, y ello sólo puede mínimamente compararse a la del condenado que está esperando la hora cierta del verdugo.

Pero en este hora crucial, el Maestro se sale de los márgenes de los ritos prefijados y del culto estratificado. En el tiempo de la Gracia las cuestiones más importantes y toda la vida se deciden en una mesa de amigos, en el encuentro fraterno del compartir. Por eso Jesús se pondrá de pié y se despojará de su manto en plena cena, no al inicio, no al final; se despoja de su manto como quitándose su dignidad de Maestro y su aura de profeta, haciéndose como un esclavo al lavar los pies de sus amigos.
Sólo después de haber cumplido con esta tarea que su corazón inmenso le impone, sólo entonces vuelve a sentarse a la mesa; sólo el despojo cordial de aquello que nos distancia nos permite volver a sentarnos en una mesa de hermanos, de hijas e hijos con la misma dignidad irreemplazable.

Ello provoca el asombro en Pedro, y hemos de suplicar que el obrar de Jesús siga despertando esa clase de emociones. El pescador está atado a esa concepción de dignidades y prebendas, de privilegios, derechos y jerarquías. Le resulta escandaloso que su Maestro y Señor se despoje de tal modo, pues imagina que él mismo debe realizar esa tarea.
Sin embargo, aún cuando se atreviera a hacerlo, tampoco sería parte del Reino: hay que lavar los pies de los hermanos como lo hace Jesús de Nazareth, expresando a ese Dios que se ha despojado de sí mismo y se ha puesto al servicio de la humanidad de manera incondicional, gratuita, amorosa.

El Maestro deliberadamente se escapa de los márgenes de los ritos, pues lo que nos deja no puede quedar congelado en una espiritualidad abstracta vacía de corazón; se trata de la identificación de las hijas e hijos de Dios, la de aquellos que se atreven a amar hasta el final, pase lo que pase, suceda lo que suceda, haciéndose esclavos voluntarios del prójimo para que no haya más cautivos ni oprimidos, los que saben que la vida se adquiere y se gana cuando se ofrenda.

Como solemos ver en los medios, los bienes que se legan se plasman en un escrito legal.
En el tiempo de la Gracia y la Misericordia, libres de los rigores inmisericordes de la ley, suele pasar algo similar: la herencia que se nos ha legado -la compasión y la Misericordia, Gracia que se expresa en el servir- están plasmadas en un Testamento Nuevo, Noticia Nueva, la mejor de las noticias, que Dios nos quiere hasta el extremo de morir por todos y cada uno de nosotros, y de ir más allá de la muerte para vivir plenos para siempre)

Paz y Bien



Lo que no tiene precio

Para el día de hoy (04/04/12):

Evangelio según San Mateo 26, 14-25

(Mucho se ha escrito, estudiado y analizado acerca de Judas Iscariote, las circunstancias históricas, sus motivaciones, los juicios morales lógicos, la condena por su traición -porque en él se reflejarán todos los traidores-; razones todas ellas válidas, todas ellas importantes, todas ellas necesarias.
Aún así, y sin presentar oposición, junto a todas esas razones es menester -por un momento- aunar co-razones.

La ira y el dolor pueden enceguecernos la mirada lejana, y hay cuestiones que no podemos pasar por alto.
El Maestro no tiene para con Judas una sola palabra de reproche o condena; por el contrario, el mayor quebranto de la historia se decidirá con convites a la amistad y al compartir hasta el último instante.
Y Jesús de Nazareth será vendido por treinta shekels o monedas de plata, el precio de un esclavo; y será comprado con dinero que estaba destinado al sostenimiento del culto en el Templo de Jerusalem -las monedas las entregan los sumos sacerdotes-. Qué terribles que son las cosas que pueden llegar a hacerse en nombre de Dios o de la religión que se profesa, siempre en contrario a la vida, siempre en detrimento del manso, del pacífico, del pobre, del servidor.

Sin embargo, con todo y a pesar de todo, Jesús de Nazareth quiere celebrar la Pascua con sus amigos, festejar a ese Dios que es libertad para su pueblo. Él no tiene casa propia; se ha criado en la casa de sus padres en Nazareth, ha vivido de prestado en Cafarnaúm y en casas de amigos como Pedro, como Lázaro en Betania. El hogar del Señor estará en la calidez de la casa de sus amigos. Allí se lo puede encontrar.

Por ello mismo, en la noche de sus fidelidad traicionada, de su amistad negada, en el dolor de la incomprensión y el abandono de los suyos, sigue queriendo celebrar la vida, porque Dios se empecina en nuestra liberación. No se identifica a quien se le pide el espacio de celebración, porque allí van nuestros nombres, todos.
Eso es lo que no tiene precio, ni por más que se intente se podrá malvender, la tenacidad de Jesús, Cristo de Dios, a celebrar la vida con todos y cada uno de nosotros)

Paz y Bien


En el centro de la noche



Para el día de hoy (03/04/12):
Evangelio según San Juan 13, 21-33.36-38


(Jesús estaba profundamente conmovido -¿cómo no estarlo?- se estaba despidiendo de los amigos con los que había compartido tres años más que intensos, amigos con los que había recorrido mil caminos, amigos a los que les había revelado verdades insondables y las profundidades de su corazón.

Se acerca la muerte, se asoma el horror y en vez de huir, Él comparte la mesa con los suyos.
Entre ellos está el Discípulo Amado, el cual deliberadamente no es identificado con nombre propio: ello así porque allí hay que poner nuestros nombres, y porque también el Discípulo Amado es la misma comunidad.

Jesús habla de quien en pocos momentos lo entregaría a sus enemigos, verdugos de todo asomo de libertad. Los discípulos se horrorizan, porque no asumen que entre ellos haya alguno que se atreva a traicionar al Maestro; nada más erróneo, la traición proviene siempre de quien se confía, de quien reivindicamos como propio. Así también Pedro quebrantará la confianza de Jesús con la rapidez del canto matinal de un gallo, y los demás correrán presurosos a esconderse, prófugos de sus miedos.

Pero en el centro de esa noche cerrada, noche de soledad y negación, Él ofrece compartir el pan.
Aún en nuestros quebrantos más terribles, aún sabiendo que en nuestros orgullos le damos concienzudamente la espalda, nos sigue ofreciendo su amistad.)

Paz y Bien



Malvinas, el deber de la memoria

Son muchas las cosas que a uno se le agolpan al borde de las palabras en un día así.
Tambien, porqué negarlo, cierta tentación patriotera o chauvinista.
Es que en toda guerra la primer víctima no es la verdad, sino que desciende varios escalones lo humano. La guerra no es humana, es menos -dice con justeza el paí Julián-
Sin embargo, nada ni nadie puede borrar el sacrificio de quienes defendieron la casa de todos.
Ni la cruel dictadura que buscaba perpetuarse.
Ni el discurso errado que coloca a nuestros soldados solamente como víctimas, negando su entrega y su heroísmo.
Ni el imperialismo de siempre, estúpidamente brutal a la hora de las razones, que sólo puede imponerse por la fuerza o por la explotación de los pueblos, el que nos insulta de arrogancia, el mismo que esgrime razones financieras para condenar a millones a la miseria, ése que siempre tiene justificaciones cuando aniquila vidas sin otro límite que el de su soberbia.

Nosotros tenemos el deber de la memoria, el de recordar a los que dieron todo, y un compromiso impostergable de confianza.
Hay una cuestión de amores que está mucho más allá de toda lógica y que es la clave del regreso, de ese regreso indudable.

Paz y Bien

El perfume de nuestra fé



Para el día de hoy (02/04/12):
Evangelio según San Juan 12, 1-11


(El espanto de la Pasión es inminente, está por suceder en cualquier momento. Sin embargo Jesús, aún sabiendo lo que le espera, se reune en casa de sus amigos, en casa de María, de Marta y de Lázaro en Betania. Se aproxima la muerte, y Él está a sus anchas en una mesa de amistad, no tiene demasiada lógica que se refugie en una aldea menor si tarde o temprano ha de volver a la esplendorosa y enorme Jerusalem.

En la ilógica de la Gracia, es signo de eso que llamamos Iglesia, lugar humilde y sencillo en donde prevalece la amistad y la calidez de los que se aman más allá de todo horror, casa de los resucitados, hogar de los que se aferran con fidelidad y tenacidad a la vida porque saben que el Maestro está con ellos.
Por ello mismo el centro de todas nuestras Betanias será el pan que se comparte, pues se celebra la vida que se multiplica y expande cuando florece la fraternidad.

En aquel atardecer, en medio de esa cena plena de eternidad, María -aquella misma que se había quedado con la mejor parte, la que nadie le iba a quitar, la Palabra- asume un gesto increíble, que a menudo en una piedad mediocre lo hemos pasado por alto. Ella unge los pies de su Maestro y amigo sabiéndolo su Señor con un perfume muy costoso.
En otra circunstancia, sería un varón notorio quien ungiría los cabellos de su Rey, pero estamos en los impensados e incalculables tiempos de la Gracia. Una mujer es quien ejerce una acción sacerdotal sin ningún temor, llegando al núcleo esencial que es Jesús, Cristo de nuestra Salvación; y en esa misma Gracia, unge sus pies al modo de los esclavos, porque todo se edifica desde el servicio desinteresado, desde esa humildad para la que sólo cuenta el otro, y el Totalmente Otro.

Ese perfume inundará con su fragancia toda la casa, como toda la comunidad y toda la Iglesia se perfuma de santidad con cada gesto de servicio amoroso, de compasión practicada antes que declamada.
Es claro que en ese momento la voz de Judas se opone furiosa a toda la acción anterior; Judas mide todo desde su propio interés mezquino aún cuando en apariencia reivindique a los pobres, y presupone que hay una escala en el amor, un precio aplicable de antemano al servicio. Y seguramente más se enoja pues es una mujer quien hace lo que él mismo no se atreve, o más bien no puede hacer desde su postura calculada y torpemente exclusivista.
No es casual que sea el mismo Judas quien enarbole el enojo reaccionario; en cierto modo, oponerse con cualquier argumento al servicio y al amor, volverse un negador tenaz de sus hermanos por género o posición es también devenir en traidor de la Buena Noticia.

Queda en nuestras honduras descubrir si nos hemos animado a que nuestros hogares y nuestras comunidades sean lugares agradables a Jesús, sitios en donde el Maestro se sienta a gusto y en su casa en medio de tantos horrores que imperan.
Y si a pesar de toda crítica torpe, nos animamos desde esa fé que se nos ha otorgado en un misterio insondable a perfumar nuestras existencias y las vidas de aquellos con quienes compartimos los caminos)

Paz y Bien

Y a pesar de todo, celebramos


Domingo de Ramos de la Pasión del Señor


Para el día de hoy (01/04/12):
Evangelio según San Marcos 14, 1-15, 47


(Es un hombre, nacido de mujer, amigo de réprobos, abrazador de leprosos, descarado quebrantador del Sábado, empecinado reivindicador de pobres y oprimidos, que no le importa que lo consideren impuro, que no se doblega ante el qué dirán ni ante su imagen pública. Discute abiertamente con escribas y doctores acerca de ortodoxias férreamente impuestas, justamente Él, con esa tonada campesina y galilea que lo identifica.

Sabe bien lo que le espera: la soledad, la incomprensión, las afrentas, un juicio falsario, la tortura impiadosa y la voracidad de la cruz, el abandono de los suyos y la negación de los amigos.
Unos soldados se jugaran en dados infernales las pocas ropas que tiene.
Muchos de los que en un momento lo vivaban, en otra oportunidad cercana clamarán por su muerte desde la manipulación de los poderosos.

Su muerte se traduce como derrota.

Pero no podemos quedarnos en los hechos puros porque hay más, siempre hay más.

Sabemos que se mantendrá fiel, aún cuando lo embriague la angustia y el temor.
Sabemos que es el Rey del Universo, que viene en Nombre de Dios, que es Príncipe de Paz.
Aún así, su trono siempre ha de ser el tibio brazo de su madre. No toma posesión violenta, no hay victorias celestiales ni derrotas implacables desde su carro de guerra.
Es un hombre manso montado en un burrito que se hace carroza, como pidiendo permiso.
Él rehuye de todo privilegio, de toda prebenda, de todo uso de poder que se ejerza. Se aferra humilde al árbol de la cruz por los más pequeños, por los pobres y especialmente por los mismos que lo juzgan, lo escupen, lo lastiman, lo ejecutan.

Pero el horror no define ni la muerte será sentencia.
La vida siempre es la Palabra definitiva, y por eso, con todo y a pesar de todo, de tanto horror, de tanto dolor, de tantos quebrantos y de tanta muerte, celebramos.
Él viene nuevamente, cada día a estas existencias mínimas y quebradizas que somos, en su infinita humildad y en su eterna mansedumbre que nos renueva, que nos salva y que nos vuelve a decir basta ya de crucificados, basta ya de condenados.
Uno ha pagado con su vida el precio de nuestro rescate)

Paz y Bien


Uno por todos

Para el día de hoy (31/03/12):
Evangelio según San Juan 11, 45-57

(Muchos estaban en la casa de Marta y María, porque los milagros no son privativos de los templos ni producto de rituales preestablecidos. La increíble Gracia de Dios actúa y nos sorprende desde la cotidianeidad, allí en donde acontece el devenir diario.
Este galileo es un atrevido incoercible: ha regresado a la vida a Lázaro, declarando que la muerte no tiene la última palabra, que Él está del lado de la vida, en Él la vida amanece porque Él es la vida.

Los poderosos de siempre arden de rabia, y deciden suprimirlo, eliminarlo, desaparecerlo. Ya han probado con todo: insultos, excomunión de la sinagoga, invectivas, declaraciones de blasfemia, diseminar la idea de que está enajenado o endemoniado; hasta trataron en varias oportunidades de provocar un linchamiento, pero no han podido hacer nada.
La conclusión menor es que nadie se muere en la víspera, pero debemos atrevernos a dar un paso más: Jesús sólo morirá en el momento exacto de su entrega mansa y entera, nadie lo tocará excepto que Él lo consienta como oblación para la vida de los demás.

Frente a la enorme amenaza que significaba Lázaro redivivo -porque cada vez más gentes se daban cuenta de qué hablaba Jesús y porqué actuaba así-  se reune de urgencia el Sanedrín: son de reflejos rápidos a la hora de detectar enemigos y señalar ajenos.
Caifás -sumo sacerdote de turno en el servicio del Templo- toma la palabra y explicita lo que todos piensan: si el ascendiente de este galileo sigue creciendo sobre el pueblo, los romanos tomarán la cuestión en sus manos y arrasarán con todo. Las señales de ese hombre son signos de liberación, intolerables en mentes vasallas y colonizadas.
Ellos no mencionan el nombre del Maestro, como tampoco se suele decir el nombre de cualquier víctima; es el mecanismo torpe de quien quiere aligerar la carga de su conciencia, intentando volver abstracta a una persona concreta.
Pero, aún sin quererlo, Caifás habla con palabras de verdad y profecía: es preferible que uno solo muera por el pueblo a que perezca la nación entera. Lo que no dice es que no se trata de la suerte de Israel, sino del poder y las prebendas que ellos detentan.

Así sucederá: un solo hombre morirá por todo el pueblo, el horror y la muerte se cebarán en uno solo para que los demás vivan, uno se sacrificará declarando que nadie más debe ser sometido a violencias, que nadie más deber ser crucificado, que todos -Caifás del poder también- tienen destino de vida y plenitud.

Uno solo morirá, y al morir vivirá para siempre porque será el gesto de amor mayor)

Paz y Bien

Nuestros Jordanes



Para el día de hoy (30/03/12):
Evangelio según San Juan 10, 31-42


(Ellos juntaban piedras para ajusticiarlo allí mismo; todo había desembocado en una fractura y no había vuelta atrás.
Lo acusaban de blasfemo, el peor de los delitos para su religiosidad exclusivista. No podían soportar que ese galileo humilde, de palabras sencillas y profundas con tonada nazarena -casi un campesino- les revelara en sí mismo el rostro verdadero del Dios del Universo. Los incendia de rabia que brote de Él esa autoridad incuestionable, palabra de justicia, palabra de eternidad.

Por ello poco les importará si ese hombre ha pasado haciendo el bien; en cada gesto suyo de bondad, en cada acto de misericordia, de compasión y sanación indefectiblemente los pone en evidencia, y en veredas opuestas.
Así ha sucedido y así sucederá con todos aquellos que translucen en toda su existencia su filiación, esos mismos que no esconden jamás que actúan y viven así por ser hijas e hijos de Dios.

No hay que equivocarse: sin lugar a dudas, las palabras que el Maestro dirige a aquellos que quieren suprimirlo, eliminarlo, silenciarlo están cargadas de una enorme tristeza, mucho más allá de cualquier enojo. Los violentos e intolerantes rechazan la Salvación que también se les ofrece incondicionalmente a ellos.

En esa tristeza, nos relata el Evangelista que Jesús regresa al otro lado del Jordán, allí en donde Juan bautizaba, allí en donde se revela su misión y se descubre su identidad. Regresa a ese sitio que a la vez es comienzo y fundamento, remanso en donde el Espíritu que lo unge lo hace resplandecer en su condición de Hijo amado.
Él jamás quebrantará ese amor, esa fidelidad, y por ello mismo acontecerá la Pasión.

En los golpes cotidianos, en las tristezas, incomprensiones y atropellos que solemos sufrir -y que a veces infringimos- nos urge regresar a nuestros Jordanes, a esos lugares profundos, sitios santos de nuestros corazones hacia donde nos retiramos para espejarnos en ese amor y en esa lealtad de un Dios que nunca nos abandona y que siempre espera con ansias nuestro regreso.
No hay mayor amor que dar la vida, y no hay mayor certeza que la de sabernos amados por ser hijas e hijos, hermanos de Jesús de Nazareth)

Paz y Bien

Del no morir jamás

Para el día de hoy (29/03/12):

Evangelio según San Juan 8, 51-59

(Nunca lo entenderían ni aceptarían un ápice de sus enseñanzas: estaban presos de sus estructuras mentales y preconceptos, además de ser esclavos de la literalidad, esa literalidad que es raíz de todo fundamentalismo.

Ese fundamentalismo es el que rechaza con violencia lo que no es propio en identidad y pertenencia, que reniega de toda novedad, que tiene encendido un perpetuo detector de demoníacas intervenciones y blasfemas acciones, pero que es totalmente inhábil a la hora de reconocer la acción de la Gracia, el paso de Dios en la historia de cada existencia.

Sus enemigos y detractores -los mismos que se esforzarán por conducirlo al cadalso- andan a ciegas en la superficialidad pantanosa y compleja de su mundo de normas y códigos de pureza e impureza, un dios manipulable y exclusivo de unos pocos.

El Maestro navega en las aguas profundas de la Gracia y la Misericordia; son posturas irreconciliables pues ellos nunca se animarán a avanzar en estas honduras, se regodearán y celebrarán la muerte de Jesús.

Son los mismos que a través de la historia celebran y aplauden cualquier muerte.

La vida eterna comienza en nuestro aquí y en nuestro ahora: por ello mismo, la existencia no quedará limitada a nuestra fragilidad biológica ni al escaso tiempo que nos toca vivir. Desde Aquél que es mucho más que un hecho histórico o una figura simpática podemos entrever y descubrir el rostro verdadero del Dios del Universo.

Él está mucho más allá de cualquier especulación racional, se lo comprende como camino de plenitud, de vida, de paz, de liberación, un Dios que sale a nuestro encuentro, el Creador que se hace tan cercano que acampa en cada corazón.

Allí se juega nuestra vida.

Por ello mismo, eso que entendemos por evangelización sea, en principio, no la pronunciación de sesudos discursos o profundas meditaciones, sino tal vez mostrar en cada gesto, en cada palabrá, en cada acción, en cada respirar el paso salvador de Dios en la historia junto a Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor)

Paz y Bien


Destino de libertad


Para el día de hoy (28/03/12):
Evangelio según San Juan 8, 31-42

(Las aguas están separadas, y parece que no hay regreso. Ya está decidida la suerte de Jesús de Nazareth, sólo puede esperarse un horizonte de violencia y cruz: escribas y fariseos, sumos sacerdotes y notables poderosos lo han rechazado, no lo toleran ni lo reconocen como enviado de su Padre.

Ellos se aferran a su pertenencia histórica y racial; les basta con ser cumplidores de reglamentos que han sacralizado, obstinados defensores de una ortodoxia creada por ellos y para ellos en la que no tienen lugar la compasión y la misericordia. Se creen absolutos poseedores de la verdad -como si ésta fuera apropiable- y, por identidad nacional, totalmente libres. Ello supone que no aceptarán jamás al Dios Abbá de Jesús de Nazareth, presos permanentes de sus esquemas y preconceptos, adoradores de un dios hecho a su medida, un dios exclusivo de unos pocos, un dios que a la vez excluye todo lo ajeno y distinto, un dios severo dispensador de premios y castigos, manipulable por la identidad religiosa y una mediocre piedad acumulativa.
Ese dios no es el Dios de Jesús de Nazareth.

La verdad no se detenta por una élite de guardianes de cánones; la verdad se vive, y la verdad no es el conocimiento profundo de una doctrina. La verdad es, ante todo, conocer a Alguien.
Vivimos la verdad cuando conocemos y re-conocemos a Jesús de Nazareth, y en Él descubrimos la eterna voluntad de un Dios que es Padre, un Papá permanentemente inclinado hacia la humanidad, un Dios que jamás descansa por el bien y la plenitud de todas sus hijas e hijos, un Dios del Universo capaz de hacerse hijo, de hacerse vecino, de hacerse compañero, de hacerse prójimo.

En esa verdad de amor y misericordia está inscrito nuestro destino eterno de libertad. Por ello mismo la liberación es ante todo Pascua, paso de la servidumbre de todo lo que nos ata a la tierra prometida de la caridad, del servicio que se hace redención.

Este destino supera largamente una convicción, por profunda que pudiera ser. Se trata de cumplir con una misión a la que se nos ha invitado, la increíble y siempre sorprendente vida en la Gracia, la clave de toda existencia que es descubrirnos hijas e hijos de Dios)

Paz y Bien

Adonde no iremos


Para el día de hoy (27/03/12):
Evangelio según San Juan 8, 21-30

(No iremos allí en donde lo que decida sean criterios anquilosados, normas deificadas o códigos inconmovibles que estén por encima de tus hijas e hijos, Señor.

No iremos allí en donde impere la muerte, como meros espectadores, omisivos cómplices de que todo siga igual, así de oscuro, así de doloroso.

No iremos allí, a ese recóndito lugar en donde hemos archivado falsas imágenes tuyas, torpes fotografías que solemos observar por conveniencia, negando Tu rostro que resplandece pleno en los pequeños y en los pobres.

No nos fugaremos a refugios de pseudoreligiosidad, ni evadiremos la cruz que nos toque cargar. Nadie lleva al hombro más peso del que pueda levantar.

Sólo queremos que se nos reconozca como hijas e hijos de Tu Padre, hermanos tuyos porque hemos sabido renunciar a todo egoísmo, y ofrecernos desde nuestra fragilidad y pequeñez en favor de la vida de un hermano en necesidad)

Paz y Bien

A pura esperanza

La Anunciación del Señor

Para el día de hoy (26/03/12):
Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(La lectura de la Encarnación del Señor puede resultarnos complicada en estos tiempos cuaresmales, pues por defecto tendemos a mirar solamente los horrores de la Pasión, a revestirnos de ese rictus luctuoso y semifúnebre. La Anunciación del Señor a María se nos hace algo fuera de tiempo, contraria a esta rítmica adquirida durante cuarenta días de cuidadosa elaboración y reflexión.
Y si esto así sucede, bendito sea Dios que nos desinstala de todos los supuestos, nos altera las rutinas y jamás dejará de sorprendernos.

La Encarnación y la Pasión del Señor expresan el mismo, único e infinito amor de Dios con nosotros.

Es tiempo santo, momento sagrado.
Es una aldea ignota e insignificante en la historia del pueblo elegido, es un poblado nunca nombrado en las Escrituras, quizás porque la Salvación acontece en donde menos la esperamos, en sitios insospechados o, mejor aún, sospechosos de que nunca nada bueno suceda.
Es una muchachita judía, una jovencita campesina que no cuenta para casi nadie, excepto para los ojos de Dios, y que sin embargo cambiará la historia de la humanidad en clave de esperanza y liberación.
Hace cosas raras este Dios nuestro. Se comporta como un enamorado, anda pidiendo permiso, saluda con gentileza, no impone ni atropella. Su fuerza de vida, que llamamos Espíritu, es toda delicadeza que nada vulnera, que crea, que invariablemente genera vida, que nunca vulnera sino que plenifica.

Es una muchacha la que decide en nombre de todos nosotros. La creación contiene la respiración, pues Dios salvará si ella dice que sí.
Es la conjunción -cónyugues!- eterna de Dios y y los pueblos, ofrenda perpetua para toda mujer y todo hombre a través de toda la historia.
Con María y como María, hoy volvemos a decidir si cambiamos el rumbo de este mundo que está tan lejos de ser santo, si nos vamos a permitir que se nos salude desde la alegría y la fidelidad.

Es Dios que se hace vecino, amigo, hermano, un hijo a nuestras puertas.
Asume nuestra frágil y quebradiza condición humana para hacerla plena, para vestirla de eternidad en una confianza inusitada. Es un Dios a pura esperanza, que cree y confía totalmente en nosotros, con una fé diametralmente opuesta a la escasa confianza que solemos depositar en Él y en su proyecto para toda la humanidad.)

Paz y Bien




Para ver a Jesús, para que todos lo vean

Para el día de hoy (25/03/12):
Evangelio según San Juan 12, 20-33

(Han llegado a Jerusalem para las fiestas de la Pascua un grupo de griegos, -seguramente prosélitos -, es decir judíos conversos que van a cumplir con los preceptos de la Ley, aunque con mayor exactitud debería hablarse de judíos adherentes pues pesaba demasiado la raza y la nacionalidad. En el Templo tenían un patio exclusivo, señal de pertenencia parcial, hijos de Israel pero no tanto.

La aparición y las enseñanzas de Jesús de Nazareth no pasan desapercibidas, y trascienden por lejos las pequeñas fronteras de Israel; su voz repercute en todas partes, su siembra llega a lugares impensados. Por ello mismos esos hombres -extraños a la fé judía a pesar de su cumplimiento ritual- quieren verlo, necesitan conocerlo en su propia impresión, abunda su curiosidad y sus ganas de saber más.
En esas intenciones, tratan de acercarse al Maestro a través de uno de los discípulos, Felipe de Betsaida. Felipe y Andrés son, de los Doce, los únicos cuyos nombres tienen reminiscencias griegas, y por ellos se dirigen a Jesús a través de ellos. Probablemente también porque nos acercamos a Dios a partir de lo que nos es habitual y conocido, de lo que no nos es desconocido, y esto es algo a lo que hemos renunciado en pos de faraónicos planes evangelizadores.

Las palabras de Jesús como respuesta a sus requerimientos pueden aparecerse como extemporáneas, duras, inexplicables. Uno podría suponer que les daría palabras de bienvenida, una recepción fraterna, y sin embargo se expresa con la contundencia de un profeta, con la fuerza de la voz de Dios. Jesús siempre nos sorprende, se esapa a nuestros esquemas, y a menudo no es ni hace lo que solemos esperar de Él.

Es que para los que esperamos a un Jesús solamente sanador, milagrero, o tal vez un revolucionario, o un Cristo celestial y lejano, la Palabra nos lleva de regreso al núcleo central de la Buena Noticia, y es que la vida se magnifica, se expande y difunde cuando se entrega generosa, incondicional, sin limitaciones y a pesar de angustias y miedos, cuando la muerte se hace ofrenda para que otro viva.
No se trata, claro está, de un dios voraz en su apetito de sangre, en sus condicionamientos sacrificiales. El Dios de Jesús de Nazareth es Abbá, un Padre que ama y como tal, sólo quiere la vida plena para todas sus hijas e hijos.
Jesús morirá en soledad, en el horror de la cruz para que nadie más sea chivo expiatorio ni víctima necesaria. Nadie debe tener destino prescrito de martirio y dolor.
Hay todo un mundo de desprecio, de rechazo de la vida, de miseria y exclusión del que no hay que evadirse ni escaparse mediante subterfugios religiosos. Es un mundo que debe cambiarse, santificarse y allí sí vale el término sacrificio, es decir, hacer sagrado lo que no lo es.

Esa es la declaración del Maestro, expresión que ratificará en su entrega mansa a ese patíbulo cruel de los maderos cruzados, grano de trigo que sólo se pierde en apariencia, grano pequeño que se convertirá en espiga fuerte, harina purísima del pan que abunda para todos.

La ofrenda mayor de la cruz debe reencaminar nuestros pasos hacia el extranjero para que no haya más extraños, hacia el distinto para que seamos cada día más hermanos, hacia el que está agonizando en soledad para que viva en plenitud.
Ése es el Dios que anunciaremos, ese es el Cristo viviente que todos deben reconocer en nuestros gestos)

Paz y Bien

24 de marzo, el mismo odio, la misma Patria, la única luz

Para muchos de nosotros al sur de estas tierras latinoamericanas, el día 24 de marzo tiene un significado muy especial y es un decidido llamado a la memoria y a la reflexión.
Es que un 24 de marzo de 1976, ya inmersos en un torbellino de violencia fratricida, hubo algunos que decidieron erigirse en salvadores de la nación, genuinos defensores de un pretenso mundo occidental y cristiano y desde el mismo Estado brindaron una prolífica y planificada dispensa de violencia, de torturas, de terror, de robo de identidad, de niños tomados como trofeos de guerra.

Ellos ejercían ese poder omnímodo que supone eliminar y suprimir -desaparecer- a quien no piensa como ellos, al que se opone a sus dictados aún cuando sea desde la mansedumbre del Evangelio.
Es que vivir con fidelidad y de acuerdo a la Buena Noticia es volverse para estas gentes peligrosamente subversivo.

Estas supuestas virtudes de odio e intolerancia no han sido exclusivas de esta Argentina que nos cobija. Ha sido una estrategia mortal cuidadosamente planificada en estas tierras latinoamericanas que tanto amamos y que, a menudo, tanto nos duelen.

Otro 24 de marzo, pero de 1980, otros personeros del mismo odio pretendieron acallar la verdad y suprimir la justicia arrebatando con sus armas la vida de nuestro hermano Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador.
En su voz vibraba el deseo eterno de liberación de ese Dios que nos ama sin límites, Padre de la plenitud y la vida que reconoce a los suyos cuando se auxilia al caído, cuando se sacia el hambre, cuando se visita al enfermo, cuando los pobres recuperan palabra y derechos.

Pero es claro que la verdad y el compromiso del Padre Obispo Romero -San Romero de América para nuestros pueblos- implicaba una amenaza grave para los poderosos e intolerantes de siempre, los mismos que hoy -con otros modos- hambrean a millones, los que ejercen la torpe y peligrosa violencia armada del imperialismo, los que reniegan de sus hermanos excluidos.

Debería ser un día luctuoso, de rictus amargo y duelo.
Pero esa luz que se ha encendido en nuestra hermana El Salvador no se apagará jamas, iluminando con el amor de la ofrenda a todos estos pueblos al sur del Río Bravo y a toda la Iglesia.
Muchas hermanas y hermanos nuestros han ofrecido sus vidas en el martirio, y otros tantos se sacrifican a diario en humildad y silencio, al servicio de los más pobres y pequeños.

Esa luz nunca se apagará, es el signo cierto de Dios con nosotros.

Paz y Bien


El profeta rechazado, el repudio a Dios

Para el día de hoy (24/03/12):
Evangelio según San Juan 7, 40-53

(La controversia se ha instalado con toda su crudeza y separa aguas, incluso entre los mismos enemigos de Jesús.
Su vida es totalmente coherente entre lo que enseña y las cosas que hace, nadie ha hablado como Él. El pueblo -aún cuando a menudo se equivoca- sabe que en ese rabbí galileo hay algo más que un simple hombre; Él les habla de un modo distinto, el Espíritu lo impulsa, Él habla desde Dios y Dios se expresa en Jesús.

Estaban también los rechazadores de siempre, esos mismos que reaccionan con violencia a lo que no pueden encasillar y que se escapa de sus torpes esquemas. Son los mismos que en aquel tiempo -y ahora también- al que habla en nombre de Dios lo vituperan, lo repudian con fervor y lo minusvaloran por origen, por pertenencia, porque no es como ellos.
Son los que se encumbran en la torre de castillos de arena, y miran con desprecio a los que consideran que están por debajo de esa pirámide falaz de poder y dominio -los que no conocen la Ley son unos malditos, dirán convencidos-.

Hasta los enviados a detenerle regresan con las manos vacías, confundidos entre las órdenes brutales que han recibido y la luz que han encontrado en ese Hombre y que los encandila de novedad. Nadie habla como Él.

Es menester detenerse en Nicodemo: su postura es sincera y leal, busca la justicia desde lo que sabe y conoce. Todos debemos buscar ansiosos la justicia a partir de lo que conocemos y siempre desde los hechos tal como son.
Sin embargo, Nicodemo aún debe dar un paso más para que su hambre de justicia y verdad sea plena, así como nosotros mismos: hay que nacer de nuevo, hay que renacer desde el Espíritu.

Hoy, aquí mismo entre nosotros, hay mujeres y hombres magníficos que continúan actuando y hablando en nombre y a causa de ese Espíritu que los impulsa, profetas de barrio y profetisas del campo que solemos ignorar y hasta despreciar por su acento, por lo que dice y por como lo dice, y allí hay un gran peligro, el mismo que transitaron los que renegaban del Maestro.

Es que cuando se rechaza al mensaje y se desecha al mensajero, se repudia a Aquél que envía el mensaje, y quizás éste sea el mejor momento para volver a escuchar lo que verdaderamente importa y a quienes no solemos tener en cuenta)

Paz y Bien

Un hombre solo

Para el día de hoy (23/03/12):
Evangelio según San Juan 7, 1-2.10.25-30

(Jesús de Nazareth ha sido educado en la fé de sus mayores, ha crecido en la fé de Israel. Es judío hasta los huesos, como su padre carpintero, como su madre nazarena, como sus paisanos, como sus discípulos.

Pero también es un hombre con una misión, un hombre encendido por el Espíritu.

Por eso vá hacia el Templo, aún casi a escondidas -pues lo estaban buscando-, porque eran los días en que se celebraba la Fiesta de los Tabernáculos -Sukkot-, una de las tres fiestas más importantes para la fé de Israel junto a Seder Pesaj -Pascua- y a Shavuot -el recuerdo de la entrega de Dios a Moisés de las tablas de la ley-.

Jesús quiere celebrar con su gente, con sus hermanos, a pesar del ambiente tenebroso que se está cerniendo sobre Él. Sin embargo, a pesar de la multitud, es un hombre solo.

Escribas, fariseos y sumos sacerdotes puntillosos en el cumplimiento estricto de la Ley -y negadores de toda compasión- están decididos a eliminarlo. Hacen lo que siempre se hizo en estos casos: aislar al condenado, rodearlo, no permitir que nadie dé la cara por Él, que nadie hable en su nombre. Así, imaginan, será más fácil eliminarlo.

La multitud lo conoce, y se ha asombrado gratamente cuando lo vieron sanar enfermos, cuando derribó las mesas de los cambistas, cuando bebían sus palabras. Pero es un amor falaz, un afecto lábil; no se atreven a dar el paso más allá del asombro y en cierto modo, acompañan la decisión de los poderosos. Por ello mismo, se asombran de que camine en libertad por las calles de Jerusalem, de que no lo detengan, y se preguntan si, de algún modo, algún sabio lo ha reconocido como Mesías. Es la actitud de quienes se sienten satisfechos por haber leído el menú sin haber tocado un solo bocado, de los que esperan que todo esté hecho por los otros sin animarse ellos mismos a digerir en su alma al Pan de Vida.

Creen conocerlo por cuestiones de nacionalidad y pertenencia -galileo, carpintero-, pero sigue siendo un hombre desconocido, un Mesías dolido de soledad.

Aún así, los pobres y los olvidados se regocijan en silencio. Toda una multitud de excluidos que por crueles normas de pureza no son partícipes de Sukkot, saben que Él ha venido especialmente por ellos, para que la fiesta no sea de unos pocos sino de todos.

Quizás la Cuaresma sea, en gran parte, hacer memoria y vida de esa soledad del Maestro, de ese abandono por parte de los suyos, y que a pesar de todo y de todos, se mantiene fiel a su misión y no permite que se apague la llama que lo enciende, la luz del Padre que lo ha enviado para que todos -incluidos sus verdugos- vivan, y vivan en plenitud.

La Cuaresma es memoria y presencia de fidelidad)

Paz y Bien

Un rostro dibujado

Para el día de hoy (22/03/12):
Evangelio según San Juan 5, 31-47


(Jesús de Nazareth fue sometido a varios juicios, aunque en la práctica a un sólo proceso judicial -el del Sanedrín-, más allá aún de la condena del pretor romano.

Esos juicios anticipados iban señalando y anticipando un derrotero de rechazos y odios que lo conducirían a las horas decisivas de la Pasión. En todos esos hechos y sucesos podemos descubrir y rastrear ciertas actitudes que atraviesan toda la historia y persisten hasta nuestros días: es el rechazo a Dios y a los signos de Dios porque no se condicen ni adaptan a las imágenes y esquemas que de Él nos hemos creado.

También se juegan otros intereses, prebendas, prestigio y poder; en la escala de valores se ubica en la cumbre normas, ritos y preceptos a cumplir, que necesariamente han de tener por consecuencia el rechazo a ese Dios al que se pretende -torpemente y con cierta soberbia- defender, y así con violencia específica rechazar a su Enviado...y a todos las hermanas y hermanos del Enviado que a través de los tiempos se vuelven testigos y signos vivos del Dios de la Vida.

Puede ser que duela, decididamente ha de molestar y desestabilizará más de una mente. Bendito sea Dios por ello.
Él se escapa de nuestros moldes, y es muy distinto de los dibujos que solemos inventarnos por nuestra comodidad y a favor de nuestra conveniencia.

Un Dios así, tan Padre y tan generoso, desinteresado de todo aquello que no sea el bien y la plenitud de la humanidad, un Dios que se hace presente en cada hecho de liberación, en cada gesto de bondad, en cada acto compasivo, es un Dios muy inconveniente.

Ese Dios inconveniente es el Padre de nuestro Señor Jesucristo, el mismo que prefiere levantar a los caídos, sanar a los enfermos, restablecer a los excluidos, liberar a los oprimidos antes que llenarse de palabras que nada digan.
Dios es Palabra que crea, que re-crea y libera)

Paz y Bien

Identidad y misión en tiempo presente

Para el día de hoy (21/03/12):
Evangelio según San Juan 5, 17-30



(La insistencia del Maestro acerca del carácter bondadoso e incansable de su Padre no es mera cuestión repetitiva ni casual: su Padre sigue actuando, su Padre sigue amando, su Padre sigue liberando, su Padre continúa sin pausa su obra creadora hasta hoy mismo, aquí y ahora, entre nosotros.


Y Él se identifica plenamente con su Padre, mucho más que una transparencia. Jesús es Dios y Dios es Jesús, y cada uno de sus hermanos -vos y yo, tú y ella, todos nosotros- tenemos una herencia y un gen espiritual que nos impulsa, en una identidad irrevocable e intransferible: hacer presente en cada palabra, en cada gesto y en cada acción nuestras raíces familiares, ese Padre que nos cobija y protege, ese Hijo que es hermano y compañero.


La tarea no es de juicio y separación cuidadosa de unos pocos elegidos.

Quizás con el devenir de la historia, hemos minusvalorado el real sentido de la universalidad, que es la Gracia que desciende infinita y generosa sobre toda la humanidad.


Por ello, en cada hecho de liberación, en cada acción de socorro y compasión, en toda reivindicación de justicia -provenga de donde provenga- podemos entrever la mano bondadosa de Aquel que todo sostiene y que a todos nos cuida.


Allí está nuestra esperanza, nuestra alegría y nuestro rostro mejor)


Paz y Bien


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