Nuestras tempestades

Para el día de hoy (21/04/12):

Evangelio según San Juan 6, 16-21

(Ellos se habían subido a la barca, alejándose de ese sitio en donde el pan se había multiplicado en pura bondad y gracia para miles y para los que aún no habían llegado.
Frente a ello, muchos -incluidos los Doce- cayeron rotundamente en la tentación ideológica del éxito: querían nombrar allí mismo a Jesús de Nazareth como rey.
Pero el Maestro desdeña rótulos, rechaza el poder y la fama; es un príncipe de paz extraño, que se coronará de espinas, que sólo entiende al poder como servicio y fruto del amor infinito que surge de su Padre. Por ello habrá de despedir a la multitud, por ello los discípulos desertan de esa imagen que se le ha caído, como habitualmente hacemos con las estampas y esquemas que solemos crearnos para nuestra conveniencia.

Desertamos de ese Jesús de Nazareth de la mansedumbre, la pobreza, la humildad y el servicio, y nos embarcamos en severos proyectos que imaginamos dorados y revestidos de espectacularidad. Pero nuestras barcas -nuestras existencias- son frágiles, barquitos que tiemblan ante cualquier viento ajeno. Y sucede que por ese andar solos, nuestros planes se tornan tempestades.

Pero Jesús es el Verbo de Dios, la Palabra Viva entre nosotros que nunca, jamás nos abandona, con todo y a pesar de todo. Y es esa palabra la que calma toda tormenta, palabra de paz, palabra que aleja el miedo, palabra que nos despeja nuestra visión de todo aquello que adjudicamos a un lejano cielo.

Será entonces que aún nos falte renegar abierta y alegremente de todo éxito, de todo poder, fugitivos perpetuos del reconocimiento y las prebendas.
No es tarea imposible, pues el Maestro viene siempre, inquebrantablemente a nuestro encuentros por sobre las aguas turbulentas que nos suelen agobiar)

Paz y Bien

Éxodos de la injusticia

Para el día de hoy (20/04/12):

Evangelio según San Juan 6, 1-15

(Es imprescindible situarse en las regiones por donde Jesús predicaba: allí hay una multiplicidad de señales que hoy mismo nos están dirigiendo la mirada hacia lugares y situaciones impensadas. Así podemos advertir que Jesús cruza el mar de Galilea también llamado Tiberiades, sitio mixto de judíos y paganos, región de ortodoxia sospechosa, de donde nada bueno puede esperarse igual que en la Nazareth de sus orígenes. Lo bueno y lo santo pueden y deben acontecer en lugares extraños, allí mismo en donde nada nuevo puede esperarse.

Hay una multitud que lo sigue, probablemente movida más por su fama de sanador, por los signos fantásticos que realiza antes que por el Reino que anuncia. Sin embargo esto no es motivo de reprobación o rechazo, nadie ha de perderse, todos son invitados a la mesa grande del Dios de la Vida y por ello mismo, los panes que sobreabundan -esos doce canastos- se guardarán concienzudamente para los que aún no han llegado.

Jesús de Nazareth tiene una mirada profunda y compasiva que sabe descubrir la necesidad del otro aún cuando no se le reclame, sin que se le ruegue, advirtiendo que hay cinco mil hombres pero también hay mujeres y niños hambrientos a los que pocos tienen en cuenta. Los pobres suelen molestar y los excluidos se tornan invisibles en estas realidades tan dolorosas por las que atravesamos, y es menester volverse -convertirse- al Reino al cual estamos invitados, un ámbito amplísimo en donde todos podemos sentarnos fraternalmente en paz a compartir el pan, a compartir a Dios.

La respuesta de Felipe a la magnitud de la tarea está revestida de lógica y teñida de la más exacta razón: es la clásica actitud de esa mentalidad de éxitos y fracasos, porque se apoya netamente en la razón antes que en el co-razón. Aún así, hay que atreverse a más, y la respuesta proviene de la humildad innominada de un muchachito que se anima a compartir dos pescaditos y unos panes de cebada -almuerzo de pobre-. Sólo allí, desde la confianza en ese Jesús hermano y servidor y a partir de la solidaridad podrán acontecer los milagros, y esa compasión también se nos vuelve milagrosa.

Se acercaba la fiesta de la Pascua judía, memorial del paso liberador del Dios del Israel en éxodo de toda esclavitud. El Maestro vuelve a decirnos que todo puede cambiar, que los milagros son cotidianos, desprovistos de toda espectacularidad, y que es necesario que hagamos nuevamente nuestro éxodo para celebrar en plenitud la Pascua.
Éxodo de toda injusticia, renegando a cada instante de egoísmos, valientes a la hora de partir el pan. compasivos con el hambriento, hermanos de los que están relegados al olvido)

Paz y Bien


Celebración de la libertad

Para el día de hoy (19/04/12):

Evangelio según San Juan 3, 31-36

(La Pascua es la fiesta del amor mayor, de ese amor incondicional de Dios para con toda la humanidad, y es también celebración de la libertad.

Celebramos la libertad absoluta con la que Jesús de Nazareth nos ama hasta el extremo de morir por nosotros, ese amor hasta el fin, ese quedarse para siempre entre nosotros aún cuando todo diga que ha partido. Allí también se enraiza nuestra existencia.

Porque Dios nos ofrece Salvación y liberación sin imposición, incondicionalmente, bendición total a pesar de todo lo que somos, a favor de todo lo que podemos llegar a ser.
La premisa es sencilla, pero no por ello menos profunda: significa unirse cordialmente -desde las profundidades de nuestro ser- a la ofrenda de ese Jesús hermano nuestro y Señor.

Salvación es unirse inseparablemente a Alguien, aceptar salir a su sol, renegar de toda tiniebla, encaminarse decididamente a una vida plena a la que nos invita más no se nos obliga.
Dios es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida y no quiere que ninguno de sus hijas e hijos se pierda, que no amenaza con castigos sino que nos quiere y seguirá queriendo siempre)

Paz y Bien

La Salvación, don y misión

Para el día de hoy (18/04/12):

Evangelio según San Juan 3, 16-21

(No, no es el Dios de Jesús de Nazareth un dios hambriento de ofrendas y sacrificios, sediento de sangre, fiscal, juez y verdugo rápido y eficaz, el dios de algunos puros privilegiados e inaccesible para casi todos, el dios manipulable por precisas prácticas piadosas, el dios de las balanzas que espera en nuestros finales -llave en mano- con edenes e infiernos preparados.

Nada de eso es el Dios Abbá, Padre de Jesús y Padre nuestro.

Él irrumpe en la historia como un niño pequeño en brazos de su madre, asumiendo hasta el extremo nuestra frágil condición humana. Viene sin imponer, sin levantar su voz, pidiendo respetuoso permiso.
Es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida, y que no quiere que ninguno se pierda.
Es el Dios de los extraviados, incansable buscador de los perdidos, amigo fiel de los excluidos, compañero de nuestras soledades, hermano de todos los crucificados.

Es ese Dios que es amor y que Él mismo se hace ofrenda para toda la humanidad en su Hijo, para que sean buenos tiempos de luz, para que no imperen las tinieblas. Es don, es misterio, es bondad inenarrable.

Ese amor infinito es también misión y compromiso para todos y cada uno de nosotros. Descubrirnos salvados no es tanto adherirnos a una doctrina, a algo sino más bien a Alguien que nunca dejará de estar con nosotros y acompañarnos.
Por ello mismo, estar a su lado significa volverse señal certera de paz y justicia para los hermanos y de esperanza inclaudicable para nuestra gente y para todas las gentes, resignando cualquier egoísmo y enciendo a cada paso luces permanentes de compasión y solidaridad)

Paz y Bien

En otro rumbo

Para el día de hoy (17/04/12):

Evangelio según San Juan 3, 7b-15

(Una vida nueva, una existencia renovada exige siempre un gran salto de coraje. Es que estamos demasiado atados a lo material y sometidos a los escasos dictados de nuestros esquemas, y vivir la vida en el Espíritu no es cosa fácil desde postura acotada.

Sin embargo, es tan sencillo como el paso del viento.
El paso del viento es perceptible, no puede negarse que está allí, que pasa, que impulsa. No nos pertenece, no podemos conocer con exactitud su origen, y aún así intuimos su su dirección, su hacia donde.
Ese coraje ausente implica desplegar el velamen de estas pequeñas barcas que somos y poner rumbo hacia donde quiera llevarnos, seguros de que vamos hacia buen puerto, conocedores de que las borrascas no nos derribarán.
Quizás descubramos que la vida no sea tanto arribar a un destino prefijado, sino más bien animarse a ser navegantes.

Navegantes como ese Jesús que salió a los caminos, peregrino de nuestras soledades, profeta del Espíritu que anunciaba la mejor de las noticias)

Paz y Bien

Desde las profundidades del bautismo

Para el día de hoy (16/04/12):

Evangelio según San Juan 3, 1-8

(Nicodemo se acerca en la noche a Jesús de Nazareth. Se siente atraído por su Palabra nueva y vibrante, intuye que en el rabbí galileo hay algo más que en la enseñanza tradicional y simpatiza con Él. Pero no deja de ser un fariseo prisionero de sus esquemas, dependiente aún del que dirán.
Es menester que vaya al abrigo de la noche, de manera clandestina, para no poner en juego su prestigio y sus prebendas en el Sanedrín; es la postura similar a la de aquellos a los que Jesús conmueve, pero por temor a pérdidas y a correr riesgo no pasan del plano de la simpatía.

Si hay algo que es innegable, es la honestidad de Nicodemo. Aún así, no es suficiente, hay que atreverse a más, hay que permitirse ir más allá. Nicodemo pretende interpretar las maravillas de la Gracia desde la acotada lente de la Ley, desde las escasas fronteras de la literalidad. Por ello mismo contestará desde el estupor su incapacidad de comprender ese nacer de nuevo propuesto por el Maestro.

Un Dios extraño el de Jesús de Nazareth: no sólo se deja encontrar por aquellos que lo buscan con sinceridad, sino que sale a los caminos al encuentro de aquellos que se han quedado adormecidos en la vejez de ciertas doctrinas que los someten y en el agobio de una rutina que rechaza toda novedad.

El Reino ofrecido incondicionalmente supone el Bautismo, un Bautismo muy distinto al de Juan. Es aquel que es mucho más que un ritual, es aquel que implica renacer día a día al amor inconmensurable del Dios de la Vida, renuevo de asombro y alegría, liberación de la letra e impulso del Espíritu que todo sostiene y a todo anima.

Renacidos a esa vida buena y nueva, será posible descubrir en todas partes, hasta en los sitios más impensados y de quienes menos lo esperamos, palabras santas y eternas de ese Espíritu que es libertad y que sopla en donde quiere)

Paz y Bien

Shalom definitiva

Para el día de hoy (15/04/12):

Evangelio según San Juan 20, 19-31

(Estaban encerrados por temor a esa violencia que los circundaba, ciegos de ese temor de creerse solos, ignorantes impenitentes del Maestro Resucitado. Ellos habían corrido temerosos el cerrojo, del mismo modo en que solemos encerrarnos, presos de nuestras esperanzas derrotadas, vacíos de cualquier coraje.
Mucha gente también languidece en soledad, puertas adentro del olvido, de la discriminación, del ninguneo, de la exclusión. Hay demasiados recintos cerrados que deberían dolernos y a los que nos hemos acostumbrado como a una rutina más.

Pero más allá de toda previsión, Jesús de Nazareth -el Crucificado que ha Resucitado- irrumpe de modo sorprendente en todos esos recintos cerrados, de puertas trabadas por tanto desconsuelo.
Él ha abandonado todo sepulcro, esos sitios en donde sólo se expresa la muerte y la tristeza, y atraviesa cualquier barrera brindando paz, una paz que es más que un simple saludo o una expresión de deseos. Es la Shalom definitiva, esa misma que subvierte la resignación que prevalece, paz que abre las ventanas, paz que retorna la luz, paz que recupera la alegría y el coraje.

Uno de los discípulos no estaba; no sabemos los motivos de su ausencia, pero aún así castigamos su incredulidad. Tomás no cree en el testimonio de esa comunidad pascual porque ha visto a sus hermanos atenazados por el más de lo mismo de la desesperanza. Necesita vivir una experiencia decididamente personal para creer.
Aún así, no es expulsado por esas desavenencias fundamentales con sus hermanos: la comunidad del Resucitado -la Iglesia- ha de ser recinto amplio de fraternidad y libertad en donde se contiene a todos y a nadie se decide extraño, porque sólo en comunidad es posible la experiencia de la Pascua, recibir ese Espíritu de Vida que es valor, que es alegría, que es impulso y movimiento.

Nos queda volver a descubrir las heridas de Jesús de Nazareth en cada uno de nuestros hermanos malheridos. Tantas llagas que sobreabundan, tantos costados traspasados han de convertirse en signos de vida y no en simbología de dolor.
Allí entonces podremos volver a decir, encendidos como Tomas, -¡Señor mío y Dios mío!-)

Paz y Bien




En clave de Resurrección

Para el día de hoy (14/04/12):

Evangelio según San Marcos 16, 9-15

(La situación de los discípulos estaba condicionada por tristeza, dolor, miedo y frustración, y todo ello desemboca en una incredulidad que supera a la razón.
Es que la fé -don y misterio- está mucho más de una postura racional, la aceptación de dogmas o la adhesión a principios religiosos. La fé supone una transformación de la existencia a partir del encuentro con Alguien, Jesús Cristo, el Crucificado que ha Resucitado.

Un Dios extraño es el de este Jesús de Nazareth: para venir a quedarse entre nosotros ha querido depender del sí de una muchachita judía campesina, una mujer ignota de aldea polvorienta. Y para anunciar que está vivo, que la muerte no tiene la última palabra, que ha Resucitado vuelve a insistir con otra mujer, María de Magdala, aquella del alma recuperada de siete agobios, aquella que supo amar más allá del dolor.
Pero se trata de una mujer, y los discípulos siguen empeñados en esa misoginia tan ajena a la Buena Noticia y no creen la maravilla que la Magdalena les cuenta.¿Cómo han de creerle? es sólo una mujer.

Sin embargo, no se quedan allí. Dos hombres les cuentan su encuentro con Jesús Resucitado camino de Emaús, en la Palabra y en el pan compartido. Tampoco a ellos le creen. Su incredulidad está arraigada en sus ideas y esquemas, y todo lo que no se condiga en esos moldes será motivo de rechazo.

Pero la Resurrección de Jesús es evidente en el testimonio de los que creen en Él y lo descubren en sus vidas. Ellos deben hacer su propio éxodo de esas prisiones para poder reencontrarlo vivo en sus corazones, resplandeciendo en su comunidad.

Entonces sí, serán capaces de escuchar el mandato definitivo: ir a toda la creación, sin límites ni fronteras, anunciando la mejor de las Noticias.
Es dialogar e interpelar a toda la creación en clave de Resurrección, con signos de vida, desalojando de una vez y para siempre a la muerte)

Paz y Bien

Cuando nos cruje la quilla






Para el día de hoy (13/04/12):


Evangelio según San Juan 21, 1-14


(Los discípulos, ateridos de tristeza y dominados por ese miedo que los circunda, han regresado a su Galilea de los comienzos. Ese regreso no es solamente físico: a pesar de haber andado junto al Maestro por más de tres años, de haber bebido su Palabra, de haber compartido el pan, a pesar de todo luego de la Pasión ellos regresan a lo viejo, a lo pasado. Se habían convertido en pescadores de hombre, y sin embargo deciden regresar a ser pescadores de peces. Solemos hacer lo mismo en cada quebranto que nos sucede, solemos aferrarnos a lo que ya pasó, a las falsas seguridades de antaño, resignando el coraje y la confianza que implica un tiempo nuevo.




Algunos de ellos deciden embarcarse, junto a Pedro, en ese viejo oficio que tan bien conocían. Eran pescadores expertos -toda una vida en ello- pero a pesar de sus esfuerzos, la noche les resulta infructuosa. Así pasa con nosotros y le pasa a la Iglesia cuando olvidamos a Aquél que todo lo hace fecundo, cuando creemos que por nuestra pura praxis todo lo hemos de conseguir, cuando nos embarcamos en esforzadas militancias en busca de adeptos, olvidando la brisa santa de la Buena Noticia.




El Maestro camina por las orillas del mar de Galilea aún cuando ellos no advierten su identidad, y sucede algo asombroso: esos expertos en pesca aceptan el consejo de un desconocido, un consejo al menos extraño, que en circunstancias mejores no habrían aceptado de ninguna manera, tan en contrario era a su experiencia. Sin embargo, lo hacen y la red -en oposición a la noche estéril- desborda de peces sin romperse, y la pequeña barca exhala su queja por el sobrepeso.


Entonces, el discípulo amado descubre que el causante de esa pesca increíble es el Resucitado que está allí, junto a la orilla. Es el amor el que nos hace descubrir y redescubrir los rostros de quienes creemos perdidos o escondidos, y el discípulo amado podemos ser vos y yo, tú y ella, todos y cada uno de nosotros.




Jesús espera en la orilla con un buen fuego, un pescado a las brasas y un pan para compartir. Es ese mismo Dios que nos cuida a cada paso, con una delicadeza inexplicable, sin imposición y siempre ansioso por servirnos y aliviarnos de todos los hambres.




A veces, la quilla de nuestra existencia suele crujirnos, y sin saber porqué nos vemos insospechadamente colmados de tanto, de vida abundante que, en nuestras mezquindades, no solemos buscar.


Cuando la existencia nos grita así, no hay dudas: es la presencia del Resucitado que nos devuelve a una vida frutal, plena, éxodo de toda noche, red que nos mantiene con vida a tantos sin romperse.


Él nos espera paciente en la orilla de la vida, y para reconocerlo hay que tener la mirada renovada por el Espíritu de la caridad)




Paz y Bien





El reconocimiento del Resucitado

Para el día de hoy (12/04/12):

Evangelio según San Lucas 24, 35-48

(El Maestro ha presentado una constante: se hace presente en los lugares más inesperados y sorprendentes, allí en donde no suponemos que lo encontraremos, tan atados que estamos a nuestros preconceptos y nuestras ortodoxias.
Lo hemos visto en casa de un publicano despreciado, en tierra de extranjeros despreciados, en sitios exclusivos de leprosos e impuros, en cementerios habitados por enajenados, en tumbas de amigos, irremediablemente unido a impuros, a sospechosos, a extraños, a excluidos, a los perpetuos habitantes de los márgenes, a los rotulados como heterodoxos del cualquier poder.

En ese mismo talante, se hace presente allí en donde están reunidos los discípulos, que escuchan atónitos lo que les relatan los caminantes de Emaús.
Ellos son un grupo de mujeres y hombres ateridos de miedo y revestidos de desconsuelo, con sus puertas cerradas por temor a las severas autoridades que no vacilan a la hora de condenar, con sus seguridades resignadas, con sus certezas demolidas por la muerte del Maestro.
Ellos están así, tan malheridos en su alma por haber creído y seguido a ese Jesús de Nazareth que les anunciaba la mejor de las noticias, el Reino de Dios aquí y ahora. No es un sitio ni un grupo en donde cabe esperar que suceda algo bueno.

No hay puerta cerrada ni impedimento que se le resista: el Resucitado se hace presente en medio de la comunidad, y especialmente allí en donde la esperanza retrocede derrotada.
El Maestro se hace presente en medio de ellos con un mensaje de paz. La presencia de Dios en nuestras vidas indefectiblemente trae un saludo amistoso y restablece la paz en nuestras tormentas de tristeza y soledad.
Ellos se asustan: creen ver a un fantasma, una aparición, una mala jugada de su ansiedad. Tantas imágenes falsas solemos montarnos de Dios que descreemos cuando en verdad se nos hace presente. Sin embargo, Él está allí con las marcas de la Pasión en sus pies y en sus manos. El Resucitado es el Crucificado que está vivo.

Como a ellos, a nosotros también nos vuelve a decir: -Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo-. Allí lo reconocemos, está vivo pero porta las heridas de ese amor inmenso que es la cruz.

Para cuando nos asalten las dudas, o nos ahogue la desorientación y el sinsentido, nos reencontraremos con Dios en las llagas de nuestros hermanos heridos, y allí será el momento de preparar la mesa, de compartir peces y panes, de que florezca la paz como saludo y bendición)

Paz y Bien

Te hiciste camino, te hiciste pan compartido

Para el día de hoy (11/04/12):

Evangelio según San Lucas 24, 13-35

(Compartir una mesa suele ser, con un burdo criterio banal, un mero acontecimiento social, un accidente protocolar, un hecho más de la rutina cotidiana.

Sin embargo, tiene un significado mucho más profundo. En el modo de sentarnos a la mesa, en el modo de comer, en la compañía que podamos tener -o nó- se proyecta y exhibe lo que somos y como somos, y más aún: quienes comparten nuestra mesa y especialmente quienes no están a nuestra mesa nos definen y revelan nuestros corazones, nuestro ethos, y desde allí también podemos inferir como somos como sociedad, como pueblo y como nación.

Desde esta perspectiva, las mesas de Jesús de Nazareth son cuanto menos sorprendentes, y no erraremos al considerarlas provocadoras y escandalosas.
Desde esa Buena Noticia que nos sigue anunciando -hoy, ahora mismo- las mesas del Reino son aquellas en donde la vida se comparte y expande, donde a nadie se le impide participar, donde vamos descubriendo que todos, sin excepción, tenemos un destino de plenitud, sueño eterno de ese Dios que nos quiere para el festejo perpetuo.

A pesar de ello, solemos aferrarnos a la tristeza y a los escasos parámetros y esquemas de nuestra razón, impidiendo que el corazón hable. Y entonces nos sucede lo que a aquellos dos caminantes cercanos a Emaús: deambulamos agobiados por la tristeza y el desconsuelo, ateridos del más de lo mismo, esclavos conscientes del no se puede, del está todo dicho y hecho.
Pero año de Gracia y Misericordia, y es imprescindible dejarse sorprender, recuperar los buenos ojos de asombro.

No es tanto que andamos a tientas buscando respuestas que presuponemos no hallar: es Dios que sale a buscarnos, un Cristo compañero que se hace camino y nos enciende desde la Palabra para romper tanta soledad, para ahuyentar estas resignaciones con las que nos vestimos.
Y el corazón se nos enciende, algo increíble e indescriptible nos está sucediendo.
La tarde y el oscurecer se acercan ominosos, y no queremos quedarnos solos, por eso pedimos a ese Caminante que se quede con nosotros a compartir la mesa, a compartir la vida.

Allí sí, en el pan que se parte, comparte y reparte y abunda lo descubrimos y reconocemos. El Resucitado está con nosotros, lo sabemos, y entendemos que la vida no se nos apaga y el alma nos arde cuando Él se hace presente.

En cada mesa que compartimos, allí donde la vida se expande, donde nadie falta, allí volveremos a encontrarnos con Aquél que está vivo y es nuestra alegría y nuestra esperanza)

Paz y Bien


María de Magdala, el amor que no se resigna

Para el día de hoy (10/04/12):

Evangelio según San Juan 20, 11-18

(María de Magdala está agobiada por el dolor: ha visto morir a su Maestro en la cruz como un criminal, como un delincuente abyecto, como un maldito. Hasta su sepultura ha sido casi clandestina, en una tumba cedida a préstamo, y con el miedo imperante sus amigos se han escondido dejándolo solo.

Ella está de luto, vestida de lágrimas, y ella persiste en su corazón la muerte que parece haber arrasado todo, por ello mismo busca un cadáver, un cuerpo de vida negada. Pero aún cuando no puede ver ni entender que no es el final, ella no se resigna a seguir amando, a persistir en su querer. Porque cuando se ama de verdad, toda quietud y toda parálisis se disipa a pesar del dolor.
Y aunque busque a un muerto, ella busca. Quiere seguir honrando aunque sea en sus despojos a quien era su esperanza.

Por ello se sorprende y desespera: la tumba está vacía, y teme que en medio de tanto espanto, también le hayan quitado el cuerpo del Señor. Ella conoce bien el tema, al fin al cabo es mujer y es mirada con desprecio y menosprecio, y hasta el día de hoy se sigue suponiendo, con interpretaciones mediocremente piadosas, suposiciones falsarias, olvidando lo principal, lo decisivo, lo que cuenta: María Magdalena es una mujer que ama.

Pero sus angustias se disipan de una vez y para siempre cuando escucha su nombre: es el momento clave de todo destino, aquel que acontece cuando nos sabemos reconocidos desde nuestra identidad única e irrepetible, reconocidos y queridos por Aquél que nos sueña plenos desde siempre.
Ello tiene un único destino de alegría que moviliza, que renueva, que reconstituye.
Jesús es el Resucitado pero es María de Magdala quien emerge también de las sombras de la muerte.

Ese amor inquebrantable y ese reconocimiento del Maestro la vuelve testigo y misionera: ella será evangelizadora de aquellos Once temblorosos y agobiados.
Es sólo eso, y todo eso: -¡Alégrense, Jesús está vivo, lo hemos visto!-)

Paz y Bien



El encuentro con tus hermanos

Para el día de hoy (09/04/12):

Evangelio según San Mateo 28, 8-15

(Si hay algo de lo que está revestida la Pasión del Señor es de vulnerabilidad, un Jesús humillado en su soledad y pobreza, un Cristo que asume nuestra fragilidad y nuestros quebrantos en la ofrenda mayor de la cruz.

Así serán entonces las más vulnerables, las que no cuentan, esas mujeres encendidas de fé quienes se atreven a la esperanza y dejan abiertos espacios para la alegría. Y así sucede, pues el Dios de Jesús de Nazareth nunca defrauda a sus hijas e hijos ni abandona a los pequeños y excluidos.

Ellas se plenifican de felicidad, una felicidad que nada ni nadie podrá quitarles y tienen la necesidad incontenible de avisar y dar cuenta de la mejor de las noticias, por eso sus pies vuelan al encuentro de Pedro y los otros, y porque hay que salir presurosos de esos sepulcros blanqueados de la exclusión, de la miseria y del dolor que nos hemos construido a través del tiempo. Los sepulcros devienen inútiles porque la vida prevalece.

Ellas buscaban el cuerpo muerto del Maestro Amado, y se maravillaron hasta extremos inconmensurables pues Jesús está vivo: es la vida que permanece germinal aún en la oscuridad de las tumbas, es la vida la que decide y no la muerte quien tiene la última palabra.

Por supuesto, están los que siempre apuestan al poder corruptor del dinero para desdibujar la eternidad que siempre se nos está amaneciendo, usufructuando rumores y socavando almas.

Sin embargo, es el fin del no se puede, y es la verdad mayor del amor la que no puede esconderse ni acallarse.

Hoy, dos milenios después, es menester volver a preguntarnos como María de Magdala donde está, adonde se han llevado al Maestro.
Sin dudas, lo encontraremos junto a sus hermanos, y hay que emprender el viaje presurosos a esas Galileas de la sospecha perpetua, Galileas de donde nunca esperaremos nada, Galileas de los márgenes y la periferia.
Allí nos encontraremos nuevamente con el Crucificado, vivo entre nosotros, un Cristo Resucitado que encabeza nuestra caravana del para siempre, un Dios compañero de nuestros días)

Paz y Bien

La vida urgente


Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Para el día de hoy (08/04/12):

Evangelio según San Juan 20,1-9

(María de Magdala se encamina en la cerrada noche de su desconsuelo hacia esa tumba en donde reposan los restos de su Maestro. Ella lo ha visto morir en la crueldad de la cruz, en su extrema soledad y visita la tumba con el mismo amor y la misma tristeza conque visitamos la sepultura de quien amamos.
Sin embargo, en plena oscuridad de ese agobio, asoma el alba. No hay noche que sea definitiva, sea de María Magdalena o sea nuestra.

Se trata de una tumba complicada. Es morada prestada para su cuerpo -ni en la muerte Jesús ha tenido nada propio-, pero es hogar inútil para un muerto inquieto y peligroso, un muerto que no descansa aunque los motivos son bien distintos a todo presupuesto.
La pesada piedra está corrida, señal de que es una tumba inútil, y que no hay roca -por gravosa que fuera- que no pueda ser corrida o derribada.
María corre hacia donde se refugian con miedo y pesar los Once: aún supone la muerte de Jesús, y cree que se han apropiado de su cuerpo.Tiene -aún con sus errores- las prisas de quien ama,y sus pies ligeros son también los nuestros cuando algunos nos quieren esconder a ese Cristo que amamos.

Pedro y el Discípulo Amado corren hacia la tumba; tienen la necesidad de constatar lo dicho por María y los angustia alguna maquinación más,otra manipulación bienintencionada en nombre de Dios.
Es dable imaginar esa carrera, y nos es fortuito que el Discípulo Amado llegue primero al sepulcro.
No se trata de que es más joven, más veloz o más virtuoso que Pedro: se trata de que siempre llega primero quien ama, siempre, sin vacilaciones y de manera indefectible. Y más aún: será ese mismo Discípulo quien comprenda que Jesús ha resucitado, ha visto las señales de vida y se ha revestido de alegría y esperanza.

No es tampoco casual que el Discípulo no tenga un nombre que lo identifique: allí corresponde poner comunidad, allí van tu nombre y el mío.
La comunidad que ama y se descubre amada siempre llega antes que Pedro,pero no deja a Pedro de lado; corre sin parar hacia allí, adonde supuestamente impera la muerte, con la urgencia de esa vida que se le amanece en las honduras de su corazón, y sabe encontrar signos ciertos de vida a pesar de las gran necrópolis en que a veces se convierte nuestro mundo.

Es el fin de los imposibles, la cancelación del no se puede, el comienzo de todas las alegrías.
Cristo ha resucitado y estamos todos invitados a esa fiesta de la vida sin fin, y hay que salir corriendo a dar aviso a los cegados de pesadumbre.
Muy feliz éxodo nuevo,Muy Feliz Pascua de Resurrección)

Paz y Bien



Crucificada


Es una muchacha campesina y judía, casi una niña, casi una nadie, comprometida con un carpintero galileo, un hombre bueno pleno de justicia.

¿Quien lo hubiera creído? Ella era hasta hace poco la pequeña que jugaba en la casa paterna; ahora, es una jovencita de la que el Dios del universo se ha enamorado perdidamente.
Y cuando Dios se enamora, suceden cosas extrañísimas.
Hasta le pide permiso a esa muchacha para que sea su Madre, Madre de ese Hijo que será luz de las naciones y gloria de Israel.

Ella, a pesar de sus dudas y de su asombro, no vacila. Su Sí! cambiará la historia. Se afirma en la Gracia, y cuando la Gracia acontece sólo puede generarse la vida total. Por eso se le irá creciendo ese Bebé Santo en su seno pleno, fértil de toda pureza, tierra perfecta.

Ella lo trajo al mundo pobre de toda pobreza, sin un techo, en un refugio frío de animales.
Ella vió con sus ojos plenos de asombro las honras que le brindaban a su niño pastores del campo y sabios venidos de muy lejos.
Ella le brindó la mejor de las coronas y el más noble de los palacios, la vida en sus pechos y el calor de sus brazos, los mismos brazos que lo protegieron en el desierto, camino a la dureza del exilio, de tierra e idioma extraño.
Ella no olvidaría jamás la bendición y la profecía de aquel abuelo en en Templo; su Niño sería Santo y una espada afilada esperaba el momento exacto para quebrar su corazón.

Ella lo vió crecer en salud, en altura y en Gracia de Dios, niño nazareno, trabajador incipiente, peregrino en el anuncio de una fantástica noticia para su pueblo y para todos los pueblos.
Y ella se volvió discípula, la primera de todos, y lo siguió por esos senderos extraños de la periferia, huellas extranjeras y sospechosas.
Ella, como nadie, sufrió cuando a ese Hijo que amaba lo trataban de blasfemo, de desquiciado, de borracho, de glotón, de subversivo. Justamente Él, el más manso de todos, se había vuelto peligroso para los poderosos y esperanza para los pobres y olvidados.
A pesar de todas las afrentas y amenazas, ese Hijo que había gestado seguía creciéndose en las honduras de su alma.

Y llegaría el tiempo de espanto de su arresto y su Pasión, la traición de Judas, la deserción de sus amigos más cercanos.
Ella quiere morir junto a ese Hijo que agoniza en la cruz, Ella está crucificada como Jesús -su Hijo, su Maestro y su Señor- unida a Él y sufriendo con Él como sólo una madre puede entenderlo.
Ella se quiebra por sí y por su Hijo.

Su Hijo está a punto de morir, y en un gesto de amor y despojo absoluto se desprende de su afecto más preciado: entrega al discípulo amado a esa mujer como Madre.
El discípulo amado no tiene un nombre que lo identifique porque allí están todos y cada uno de nuestros nombres.

Ella no tiene casa propia; en adelante su hogar se encontrará allí en donde se encuentren las hijas y los hijos de Dios, hermanos de su Jesús que la reciban como propia, madre, amiga, hermana, compañera.

Ella, crucificada,vive para siempre porque nunca abdicó de esa Gracia que la hizo fecunda, y allí está nuestra esperanza y nuestra plenitud, a pesar de los dolores y más allá de todas las cruces que se imponen.

Paz y Bien



Verdad del hombre, verdad de Dios

Viernes Santo de la Pasión del Señor


Para el día de hoy (06/04/12):
Evangelio según San Juan 18, 1-19, 42

(Jesús de Nazareth ha cruzado el torrente Cedrón -pequeño riacho que delimita la Jerusalem del poder religioso y la fuerza imperial- y junto a sus amigos se ha ubicado en un huerto, un pequeño sembradío. A la hora de elegir y buscar, lo encontraremos allí mismo en donde la vida se asoma, germina y florece, y no tras las fortificaciones imponentes que separan y excluyen.

La escena nos enmudece, y desoye cualquier prepotencia de explicación banal: un escuadrón de soldados y un grupo de guardias religiosos armados, dirigidos por Judas Iscariote, se encaminan decididos a detener al galileo. Es un despliegue totalmente desproporcionado para apresar a Aquél que siempre ha sido manso, que nunca amenazó. Ellos vienen munidos de antorchas pues cae la tarde, pero también porque desde hace tiempo son habitantes de las tinieblas.
Entre sus amigos, el ambiente no es mejor: algunos se paralizan de miedo, otros también procuran tener a mano armas con las que defender a su Maestro. Ellos tampoco han entendido, Pedro no ha entendido, nosotros no hemos entendido cuando nos embarcamos en fatales y violentas defensas de Dios, de la Iglesia, del Cristo de la paz y la bondad, cruzadas bienintencionadas que muy lejos están del Espíritu de Aquél que todo ha dado por todos.

Aún así, el Maestro se interpone entre los captores y sus amigos. Él cuida y cuidará de los suyos hasta el fin. Y se lo llevan maniatado hacia la casa de Anás, de allí al palacio de Herodes, de allí a la fortaleza del pretor romano, todo de noche, todo a escondidas, no vaya a ser que el pueblo se entere y haya algún conato de rebelión.

Los sucesivos interrogatorios son lógicos y conducentes con quienes no han entendido o no han querido entender la Buena Noticia de Jesús de Nazareth, los que lo han visto como un réprobo, un maldito, una amenaza, un blasfemo, un peligroso subversivo, todos términos que serán sinónimos florales de ese Dios que es Padre y es Amor. Quizás nosotros también en muchas actitudes religiosas, políticas y especialmente cotidianas reiteramos ese tenor cuando volvemos a preguntarle a ese Jesús preso quién se cree que es, porqué abdica de cualquier tentación de poder mundano, porqué se sienta a la mesa con los despreciados, porqué se sale de nuestros esquemas, porqué nos regodeamos con lo sangriento, porqué creemos en un dios voraz que avala el sufrimiento y el dolor, porqué nos acostumbramos a que siga habiendo crucificados hoy, dos milenios después.

La cruz es patíbulo preciso de cruel eficacia romana; su utilización estaba dedicada especialmente para los criminales más réprobos y para quienes se rebelaran contra el poder instaurado. Porque solemos olvidar que la condena reclamada por el Sanedrín debería haberse efectuado mediante lapidación.
Él bien podría haberse escapado con relativa facilidad, conocía Galilea y la periférica Decápolis como la palma de su mano, y teniendo tantos amigos y seguidores su huida no podría presentar demasiados problemas. Pero Él prefiere entregarse a manos de sus captores y verdugos, y es el asombro y el escándalo final de una vida que nos desconcierta y nos maravilla como nos descentra y nos lleva a lo impensado la Gracia increíble.

En esa entrega voluntaria y libre Él ratifica todo lo que ha venido enseñando, que Dios es un Padre que se brinda a la humanidad sin límites ni condiciones, un Dios que se desvive por todas sus hijas e hijos, el Dios que resplandece en el despojo amoroso para que los demás vivan, incluidos sus propios ejecutores.
El pretor Pilato pretende corrección política y burla simultáneas: por eso, el rótulo del condenado en hebreo, latín y griego, símbolo preciso que declama a los cuatro vientos que allí está muriendo un hombre que ha nacido en Nazareth, artesano hijo de carpintero y de María, que ha vivido siempre de acuerdo a esos orígenes galileos de periferia, de donde nada puede salir nada bueno, un Dios que ha querido nacer hombre pobre y que morirá en la absoluta pobreza en esa cruz de espanto y milagros.

Cruz de los milagros, porque ese hombre que se está muriendo ratifica al infinito la verdad de Dios, y muriendo en dolorosa soledad vive en la plenitud total de quien se entrega por los demás)

Paz y Bien



Nuestra herencia

Para el día de hoy (05/04/12):

Evangelio según San Juan 13, 1-15

(Es una cena de despedida, y aunque los Doce aún no lo comprendan, es un hasta pronto.
Es un hombre que sabe con certeza que dentro de muy poco vá a morir de manera espantosa, y ello sólo puede mínimamente compararse a la del condenado que está esperando la hora cierta del verdugo.

Pero en este hora crucial, el Maestro se sale de los márgenes de los ritos prefijados y del culto estratificado. En el tiempo de la Gracia las cuestiones más importantes y toda la vida se deciden en una mesa de amigos, en el encuentro fraterno del compartir. Por eso Jesús se pondrá de pié y se despojará de su manto en plena cena, no al inicio, no al final; se despoja de su manto como quitándose su dignidad de Maestro y su aura de profeta, haciéndose como un esclavo al lavar los pies de sus amigos.
Sólo después de haber cumplido con esta tarea que su corazón inmenso le impone, sólo entonces vuelve a sentarse a la mesa; sólo el despojo cordial de aquello que nos distancia nos permite volver a sentarnos en una mesa de hermanos, de hijas e hijos con la misma dignidad irreemplazable.

Ello provoca el asombro en Pedro, y hemos de suplicar que el obrar de Jesús siga despertando esa clase de emociones. El pescador está atado a esa concepción de dignidades y prebendas, de privilegios, derechos y jerarquías. Le resulta escandaloso que su Maestro y Señor se despoje de tal modo, pues imagina que él mismo debe realizar esa tarea.
Sin embargo, aún cuando se atreviera a hacerlo, tampoco sería parte del Reino: hay que lavar los pies de los hermanos como lo hace Jesús de Nazareth, expresando a ese Dios que se ha despojado de sí mismo y se ha puesto al servicio de la humanidad de manera incondicional, gratuita, amorosa.

El Maestro deliberadamente se escapa de los márgenes de los ritos, pues lo que nos deja no puede quedar congelado en una espiritualidad abstracta vacía de corazón; se trata de la identificación de las hijas e hijos de Dios, la de aquellos que se atreven a amar hasta el final, pase lo que pase, suceda lo que suceda, haciéndose esclavos voluntarios del prójimo para que no haya más cautivos ni oprimidos, los que saben que la vida se adquiere y se gana cuando se ofrenda.

Como solemos ver en los medios, los bienes que se legan se plasman en un escrito legal.
En el tiempo de la Gracia y la Misericordia, libres de los rigores inmisericordes de la ley, suele pasar algo similar: la herencia que se nos ha legado -la compasión y la Misericordia, Gracia que se expresa en el servir- están plasmadas en un Testamento Nuevo, Noticia Nueva, la mejor de las noticias, que Dios nos quiere hasta el extremo de morir por todos y cada uno de nosotros, y de ir más allá de la muerte para vivir plenos para siempre)

Paz y Bien



Lo que no tiene precio

Para el día de hoy (04/04/12):

Evangelio según San Mateo 26, 14-25

(Mucho se ha escrito, estudiado y analizado acerca de Judas Iscariote, las circunstancias históricas, sus motivaciones, los juicios morales lógicos, la condena por su traición -porque en él se reflejarán todos los traidores-; razones todas ellas válidas, todas ellas importantes, todas ellas necesarias.
Aún así, y sin presentar oposición, junto a todas esas razones es menester -por un momento- aunar co-razones.

La ira y el dolor pueden enceguecernos la mirada lejana, y hay cuestiones que no podemos pasar por alto.
El Maestro no tiene para con Judas una sola palabra de reproche o condena; por el contrario, el mayor quebranto de la historia se decidirá con convites a la amistad y al compartir hasta el último instante.
Y Jesús de Nazareth será vendido por treinta shekels o monedas de plata, el precio de un esclavo; y será comprado con dinero que estaba destinado al sostenimiento del culto en el Templo de Jerusalem -las monedas las entregan los sumos sacerdotes-. Qué terribles que son las cosas que pueden llegar a hacerse en nombre de Dios o de la religión que se profesa, siempre en contrario a la vida, siempre en detrimento del manso, del pacífico, del pobre, del servidor.

Sin embargo, con todo y a pesar de todo, Jesús de Nazareth quiere celebrar la Pascua con sus amigos, festejar a ese Dios que es libertad para su pueblo. Él no tiene casa propia; se ha criado en la casa de sus padres en Nazareth, ha vivido de prestado en Cafarnaúm y en casas de amigos como Pedro, como Lázaro en Betania. El hogar del Señor estará en la calidez de la casa de sus amigos. Allí se lo puede encontrar.

Por ello mismo, en la noche de sus fidelidad traicionada, de su amistad negada, en el dolor de la incomprensión y el abandono de los suyos, sigue queriendo celebrar la vida, porque Dios se empecina en nuestra liberación. No se identifica a quien se le pide el espacio de celebración, porque allí van nuestros nombres, todos.
Eso es lo que no tiene precio, ni por más que se intente se podrá malvender, la tenacidad de Jesús, Cristo de Dios, a celebrar la vida con todos y cada uno de nosotros)

Paz y Bien


En el centro de la noche



Para el día de hoy (03/04/12):
Evangelio según San Juan 13, 21-33.36-38


(Jesús estaba profundamente conmovido -¿cómo no estarlo?- se estaba despidiendo de los amigos con los que había compartido tres años más que intensos, amigos con los que había recorrido mil caminos, amigos a los que les había revelado verdades insondables y las profundidades de su corazón.

Se acerca la muerte, se asoma el horror y en vez de huir, Él comparte la mesa con los suyos.
Entre ellos está el Discípulo Amado, el cual deliberadamente no es identificado con nombre propio: ello así porque allí hay que poner nuestros nombres, y porque también el Discípulo Amado es la misma comunidad.

Jesús habla de quien en pocos momentos lo entregaría a sus enemigos, verdugos de todo asomo de libertad. Los discípulos se horrorizan, porque no asumen que entre ellos haya alguno que se atreva a traicionar al Maestro; nada más erróneo, la traición proviene siempre de quien se confía, de quien reivindicamos como propio. Así también Pedro quebrantará la confianza de Jesús con la rapidez del canto matinal de un gallo, y los demás correrán presurosos a esconderse, prófugos de sus miedos.

Pero en el centro de esa noche cerrada, noche de soledad y negación, Él ofrece compartir el pan.
Aún en nuestros quebrantos más terribles, aún sabiendo que en nuestros orgullos le damos concienzudamente la espalda, nos sigue ofreciendo su amistad.)

Paz y Bien



Malvinas, el deber de la memoria

Son muchas las cosas que a uno se le agolpan al borde de las palabras en un día así.
Tambien, porqué negarlo, cierta tentación patriotera o chauvinista.
Es que en toda guerra la primer víctima no es la verdad, sino que desciende varios escalones lo humano. La guerra no es humana, es menos -dice con justeza el paí Julián-
Sin embargo, nada ni nadie puede borrar el sacrificio de quienes defendieron la casa de todos.
Ni la cruel dictadura que buscaba perpetuarse.
Ni el discurso errado que coloca a nuestros soldados solamente como víctimas, negando su entrega y su heroísmo.
Ni el imperialismo de siempre, estúpidamente brutal a la hora de las razones, que sólo puede imponerse por la fuerza o por la explotación de los pueblos, el que nos insulta de arrogancia, el mismo que esgrime razones financieras para condenar a millones a la miseria, ése que siempre tiene justificaciones cuando aniquila vidas sin otro límite que el de su soberbia.

Nosotros tenemos el deber de la memoria, el de recordar a los que dieron todo, y un compromiso impostergable de confianza.
Hay una cuestión de amores que está mucho más allá de toda lógica y que es la clave del regreso, de ese regreso indudable.

Paz y Bien

El perfume de nuestra fé



Para el día de hoy (02/04/12):
Evangelio según San Juan 12, 1-11


(El espanto de la Pasión es inminente, está por suceder en cualquier momento. Sin embargo Jesús, aún sabiendo lo que le espera, se reune en casa de sus amigos, en casa de María, de Marta y de Lázaro en Betania. Se aproxima la muerte, y Él está a sus anchas en una mesa de amistad, no tiene demasiada lógica que se refugie en una aldea menor si tarde o temprano ha de volver a la esplendorosa y enorme Jerusalem.

En la ilógica de la Gracia, es signo de eso que llamamos Iglesia, lugar humilde y sencillo en donde prevalece la amistad y la calidez de los que se aman más allá de todo horror, casa de los resucitados, hogar de los que se aferran con fidelidad y tenacidad a la vida porque saben que el Maestro está con ellos.
Por ello mismo el centro de todas nuestras Betanias será el pan que se comparte, pues se celebra la vida que se multiplica y expande cuando florece la fraternidad.

En aquel atardecer, en medio de esa cena plena de eternidad, María -aquella misma que se había quedado con la mejor parte, la que nadie le iba a quitar, la Palabra- asume un gesto increíble, que a menudo en una piedad mediocre lo hemos pasado por alto. Ella unge los pies de su Maestro y amigo sabiéndolo su Señor con un perfume muy costoso.
En otra circunstancia, sería un varón notorio quien ungiría los cabellos de su Rey, pero estamos en los impensados e incalculables tiempos de la Gracia. Una mujer es quien ejerce una acción sacerdotal sin ningún temor, llegando al núcleo esencial que es Jesús, Cristo de nuestra Salvación; y en esa misma Gracia, unge sus pies al modo de los esclavos, porque todo se edifica desde el servicio desinteresado, desde esa humildad para la que sólo cuenta el otro, y el Totalmente Otro.

Ese perfume inundará con su fragancia toda la casa, como toda la comunidad y toda la Iglesia se perfuma de santidad con cada gesto de servicio amoroso, de compasión practicada antes que declamada.
Es claro que en ese momento la voz de Judas se opone furiosa a toda la acción anterior; Judas mide todo desde su propio interés mezquino aún cuando en apariencia reivindique a los pobres, y presupone que hay una escala en el amor, un precio aplicable de antemano al servicio. Y seguramente más se enoja pues es una mujer quien hace lo que él mismo no se atreve, o más bien no puede hacer desde su postura calculada y torpemente exclusivista.
No es casual que sea el mismo Judas quien enarbole el enojo reaccionario; en cierto modo, oponerse con cualquier argumento al servicio y al amor, volverse un negador tenaz de sus hermanos por género o posición es también devenir en traidor de la Buena Noticia.

Queda en nuestras honduras descubrir si nos hemos animado a que nuestros hogares y nuestras comunidades sean lugares agradables a Jesús, sitios en donde el Maestro se sienta a gusto y en su casa en medio de tantos horrores que imperan.
Y si a pesar de toda crítica torpe, nos animamos desde esa fé que se nos ha otorgado en un misterio insondable a perfumar nuestras existencias y las vidas de aquellos con quienes compartimos los caminos)

Paz y Bien

Y a pesar de todo, celebramos


Domingo de Ramos de la Pasión del Señor


Para el día de hoy (01/04/12):
Evangelio según San Marcos 14, 1-15, 47


(Es un hombre, nacido de mujer, amigo de réprobos, abrazador de leprosos, descarado quebrantador del Sábado, empecinado reivindicador de pobres y oprimidos, que no le importa que lo consideren impuro, que no se doblega ante el qué dirán ni ante su imagen pública. Discute abiertamente con escribas y doctores acerca de ortodoxias férreamente impuestas, justamente Él, con esa tonada campesina y galilea que lo identifica.

Sabe bien lo que le espera: la soledad, la incomprensión, las afrentas, un juicio falsario, la tortura impiadosa y la voracidad de la cruz, el abandono de los suyos y la negación de los amigos.
Unos soldados se jugaran en dados infernales las pocas ropas que tiene.
Muchos de los que en un momento lo vivaban, en otra oportunidad cercana clamarán por su muerte desde la manipulación de los poderosos.

Su muerte se traduce como derrota.

Pero no podemos quedarnos en los hechos puros porque hay más, siempre hay más.

Sabemos que se mantendrá fiel, aún cuando lo embriague la angustia y el temor.
Sabemos que es el Rey del Universo, que viene en Nombre de Dios, que es Príncipe de Paz.
Aún así, su trono siempre ha de ser el tibio brazo de su madre. No toma posesión violenta, no hay victorias celestiales ni derrotas implacables desde su carro de guerra.
Es un hombre manso montado en un burrito que se hace carroza, como pidiendo permiso.
Él rehuye de todo privilegio, de toda prebenda, de todo uso de poder que se ejerza. Se aferra humilde al árbol de la cruz por los más pequeños, por los pobres y especialmente por los mismos que lo juzgan, lo escupen, lo lastiman, lo ejecutan.

Pero el horror no define ni la muerte será sentencia.
La vida siempre es la Palabra definitiva, y por eso, con todo y a pesar de todo, de tanto horror, de tanto dolor, de tantos quebrantos y de tanta muerte, celebramos.
Él viene nuevamente, cada día a estas existencias mínimas y quebradizas que somos, en su infinita humildad y en su eterna mansedumbre que nos renueva, que nos salva y que nos vuelve a decir basta ya de crucificados, basta ya de condenados.
Uno ha pagado con su vida el precio de nuestro rescate)

Paz y Bien


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