Dos mujeres cercanas y un Dios que se hace pariente


Para el día de hoy (21/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 39-45


(La ley mosaica era dura, durísima e inmisericorde cuando se trataba de una mujer recién desposada y con un embarazo, cuanto menos, sospechoso; por Dt 22, 20 y ss sabemos que María de Nazareth y su bebé se hallaban frente a un peligro cierto de morir por lapidación en las afueras de su pueblo. Sabemos también que la controversia se había desatado, por eso José de Nazareth decide repudiarla en secreto, para evitar tanto el peligro mortal como la ignominia del repudio público normado.
Desde allí, es dable pensar que María se pone en camino no sólo por la necesidad de su parienta Isabel, sino también porque lleva ya tres meses de embarazo de ese Niño Santo...y a los tres meses comienza a notarse maravillosa la vida en ciernes, pero ese vientre que asoma con orgullo desde su Dios es también acusatoria. María se pone en camino solitario por esos ciento veinte kilómetros que separan Nazareth de Ain Karem en busca de refugio y protección.
Sólo por un momento imaginemos a esa muchachita judía tratando de justificar un embarazo sin estar casada, esperando un hijo de Dios y que esto le había sido comunicado por el Ángel Gabriel.  En aquél entonces y ahora se le habría conferido un status por lo menos absurdo e irrisorio.

La Palabra nos abre el horizonte del más, del siempre hay más.

María de Nazareth llega a casa del sacerdote Zacarías y de su esposa Isabel, casi abuelos y, sin embargo, a la espera de un hijo soñado. Isabel luce orgullosa una panza de seis meses, y podemos imaginarnos sin dificultad esos pómulos redondeados y brillantes, esa mirada encendida de vida creciente, de Juan el Bautista que llegará como bendición en poco tiempo.

Son dos mujeres cercanas, pertenecen a la misma familia; aún así, hay un abismo aparente entre ambas.
Isabel es descendiente de Aarón, tiene raíces nobles, es esposa de un sacerdote del Templo de Jerusalem, vive en la ortodoxa Judá y seguramente se encuentra en una situación social sin apuros. María de Nazareth es una muchacha campesina de aldea polvorienta, de región controversial, la Galilea de los gentiles, y estando apenas desposada -es decir, comprometida-, ya se encuentra en su tercer mes.
Son muy diferentes, y sin embargo saltan vigorosamente cualquier distancia que las separa. Debe ser que cuando nos animamos a que suceda el encuentro, Dios se hace presente y acontece la alegría.

Sucede el encuentro, sucede el asombro por ese secreto que comparten dos mujeres que serán madres en breve, y la vida salta, festeja y palpita. Sucede el misterio de Dios que se hace presencia y bendición, sucede la capacidad de descubrir la increíble magnitud de la Gracia que no requiere méritos, que nos devuelve a nuestra estatura real, sucede Isabel  maravillada porque Dios ha llegado a su vida en esa muchacha nazarena, en la que descubre que está la bendición y la Salvación creciéndose humilde, sucede el descubrimiento real del otro -¡Feliz de tí por creer!-

Quizás eso que conocemos como Iglesia sea, ante todo, refugio seguro y hogar de puertas abiertas para la vida acosada y perseguida, cálido recinto para los despreciados.
Entonces se nos descubrirá una de las vertientes magníficas de este tiempo santo, y es que Dios se hace tan cercano en el Niño que habrá de nacer que se hace parte de nuestra familia, un Dios pariente de cada uno de nosotros, ese Dios de María de Nazareth que protege la vida y que se sienta a la mesa de nuestras existencias para brindar por la vida que persiste con todo y a pesar de todo)

Paz y Bien

Con la vida escondida


Para el día de hoy (20/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(Los hechos no son demasiado complejos: objetivamente, suceden en una pequeña aldea de región no muy bien vista, a partir de una muchachita judía adolescente, con un embarazo -cuanto menos- sospechoso, un bebé que se vá creciendo desde sus ojos plenos de asombro.

El poder ver más allá de lo evidente, un aspecto de eso que solemos llamar fé, exige cierto coraje y un confiado salto al vacío, abandonando nuestras seguridades falsas.

Es prácticamente una niña, casi una nada. Sin embargo, de ella dependen el universo y la historia.
Un Dios enamorado le pide permiso, un Mensajero cordial la trata con un respeto inusitado. Hasta podemos imaginar que Gabriel se retira algo avergonzado frente a su enorme pequeñez.

Esa muchacha descubre que de su Dios sólo puede venir la vida y la alegría. 
Desde su alma transparente aceptará sin reservas esa Palabra que transforma, y por ello una vida nueva irá gestándose en silencio.

Los palacios herodianos, el poder imperial romano, la sacralidad del Templo quedan de lado.
Su Dios elige su seno como templo vivo de la Salvación, su Dios elige a los pequeños, a los que no cuentan, a los mínimos para que la vida fluya, crezca y se renueve para siempre.

Esa muchacha lleva en las honduras de su ser a la Palabra de regreso al pueblo. 
Su Dios ha querido torcer una historia por demás escabrosa haciéndose humano, quizás el más humano de todos. Es el misterio infinito de la Encarnación, la Salvación no se impone ni está sometida a suertes o caprichos, la Salvación se nos crece desde lo profundo de nuestras almas.

La vida nos está llegando en silencio, humilde y tenaz. Está escondida en esas panzas maravillosas de niño dentro de poco tiempo, de bebés santos, de Dios en nuestros brazos, y sólo con la mirada de María de Nazareth podremos volver a celebrarla)

Paz y Bien


Promesa y silencio



Para el día de hoy (19/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 5-25


(El Evangelista se preocupa, en esta lectura, de dejarnos una multiplicidad de datos históricos concretos: el reinado de Herodes, Zacarías, Isabel, la casta sacerdotal del grupo de Abías, el turno en el Templo de Jerusalem, la ofrenda del incienso en el Tabernáculo. Aquí debemos hacer un alto: los Evangelios no son crónicas historiográficas sino relatos teológicos, es decir, crónicas espirituales. 
La abundancia de datos puntuales en la redacción por San Lucas es la de destacar que las promesas se cumplen, y que Dios actúa en situaciones y hechos concretos, decidiéndose la Salvación en lo profundamente humano, no en abstracciones ni en conceptos desencarnados y caducos.

Dios es un fiel cumplidor de lo que promete. Paga al contado sus compromisos, esos compromisos que adquiere por puro amor. Zacarías e Isabel eran estériles y de avanzada edad: a pesar de una vida intachable, eran mirados con cierto desprecio, pues el hecho de no poder tener descendencia -para su cultura- era signo de oprobio, condición vergonzosa. Un hijo había sido suplicado desde sus plegarias confiadas al Dios de Israel.

Y ese hijo vendría, y su venida sería maravillosa, fantástica, increíble: vendría en la vejez de ambos -padres casi abuelos-, y esa alegría de la familia que crece se magnificará pues ese hijo será muy especial, será un hombre de Dios, será un profeta que irá abriendo caminos a Aquel que todos esperaban.
Ellos suplicaron por un hijo que continuara su estirpe, y Dios hace gala de su desmesura, la ilógica de la Gracia: ese niño será Juan el Bautista, el más grande de todos. Es tiempo de cosas increíbles: rogamos por auxilio, por lograr pequeños mendrugos que nos salven, y Dios nos concede canastas y canastas llenas de pan bueno y abundante.

En el tiempo nuevo de la Gracia y la Misericordia, sucede entonces lo impensado: frente al anuncio del Mensajero, Zacarías enmudece hasta que su hijo nazca. El sacerdote calla, el Templo carece de palabras, mientras que en un sitio profano -sospechoso de paganismo e impureza- una muchacha pequeña e ignota recibe un anuncio similar y no se calla, y se alegra, y canta las maravillas del Dios que se hace Palabra y se hace vida en su interior.

Zacarías enmudece de desconfianza frente al anuncio hasta que el niño que ha de venir llegue a su vida. Quizás nosotros también, a veces, debamos hacer un viaje al silencio hasta que la vida nueva aparezca en nuestras vidas, hasta que la promesa y la liberación nos nazca.

Cuando prevalece la razón frente al co-razón, es mejor callar.
Cuando Dios interviene en la historia, en cada historia, en cada existencia, suceden cosas maravillosas y allí sí, la vida nueva nos vendrá a nacer a pesar de los moldes que a menudo queremos imponer.
Con Zacarías también nos callamos, y quedamos expectantes hasta que el que ha de venir llegue en su humildad y sencillez. María de Nazareth canta y habla por nosotros, Ella es la portadora de la Palabra entre el pueblo pequeño y pobre que espera más allá de toda esperanza)

Paz y Bien


María de Nazareth, la Palabra definitiva

Para el día de hoy (18/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(Es estremecedor.
La suerte de la humanidad entera y de todo el cosmos se decide en una aldea polvorienta, perdida en el mapa, en una región profana y sospechosa -Galilea de los gentiles-, y como si fuera poco, todo queda en manos de una muchacha judía, campesina pobre e innominada.

De ella depende seguir sumergidos en mares de muerte o emerger a una vida definitiva, y por ello mismo todo queda en suspenso, los corazones retienen sus latidos, casi ni se respira de pura expectación y ansiedad.

Este Dios es un Dios extraño. Confunde a más de uno, no encaja en molde alguno, anda haciendo locuras.
Es un Dios que está abiertamente enamorado, un Dios que no impone, un Dios que pide permiso, Dios del saludo manso aleja todo temor, Dios que contra toda esperanza vana se hace presente trayendo la alegría.

Por esa causa se hace presente en la vida de esa muchacha con un reconfortante y fantástico -¡Alégrate!-


Sin dudas, esa Palabra de alegría es Palabra creadora y Palabra de Salvación. Más allá de toda especulación, el único destino soñado para toda la humanidad es el de la alegría, esa alegría que cuando se hace plena la llamamos felicidad.

La historia parece contar todo lo contrario, y las cruces y la muerte están allí amenazantes. Pero nada es imposible para Dios.


Es un tiempo nuevo y definitivo, el tiempo de lo incondicional, de lo gratuito, de lo dado por bondad y sin medida.

A esa muchacha se le encienden los ojos de asombro: confía totalmente, sin embargo se sabe tan ínfima y pequeña que pregunta sin cuestionar. Quiere saber qué deberá hacer ella para que esa maravilla que Dios quiere hacer en su vida se cumpla.

María debe dejarse querer: la existencia no se define por todo lo que nosotros podemos hacer por y en nombre de Dios, sino más bien por todo aquello que Dios quiere hacer por nosotros.
María se deja amar, y su vida se transforma enteramente por el Espíritu de amor que suscita la vida. Así entonces, un Bebé Santo se le irá creciéndose al calor de su interior profundo.

Es el misterio insondable de la Encarnación: la Salvación no viene desde fuera, no se impone, la Salvación nace y vá creciéndonos humilde y silenciosa en las honduras de nuestras almas.

A pesar de tantos apropiadores impiadosos, la Palabra retorna a los pequeños, a los pobres, a los que no cuentan para nadie y se hace vida, se hace maravillas, se hace liberación, se hace alegría que no cesará jamás.

El Sí de María de Nazareth es la Palabra definitiva, porque todo se define y resuelve en confianza y fidelidad.

La vida nos está naciendo cada vez que nos encontramos en nuestra pequeñez)


Paz y Bien

El extenso sendero de nuestra historia

Para el día de hoy (17/12/11):
Evangelio según San Mateo 1, 1-17

(Nos imaginó a lo lejos un viejo pastor de Ur, hombre de fé y asombros.

Caminamos desiertos por largos años: de la mano de Aquel que nunca nos abandona llegamos a la tierra prometida.
Allí fuimos lentamente madurando como pueblo, con quebrantos, fidelidades, luchas heroicas.

Tuvimos reyes guerreros, invasiones demoledoras de enemigos. Vimos lentamente edificarse nuestra fé, descubrimos también que ese Dios nunca rompe sus promesas. Es totalmente fiel su palabra, tan fiel que su Palabra vendrá a nosotros para quedarse definitivamente.

Conocimos mujeres extranjeras/extrañas que nos alentaron cuando estábamos por caer en la desesperanza.
Supimos de esclavitudes, de exilios, de añoranzas por lo que una vez fuimos. Aún en nuestros llantos, Él seguía pacientemente tejiendo en silencio nuestra liberación.

Luego de algunos siglos de desencuentros, fruto de nuestras y nuestra soberbia, supimos que la promesa que Él nos había hecho una vez seguía viva y pujante bajo el cuidado atento de un humilde carpintero judío de Nazareth, silencioso y devoto protector de la vida que nos estaba por amanecer, y que en el seno puro de su esposa, una muchacha campesina de sol, iba creciéndose nuestra salvación, Jesús nuestra alegría y nuestra vida, nuestro Salvador y nuestro amigo.

No se trató de una figura literaria medianamente simpática: todos los que nos precedieron en el de la fé a través de los siglos son nuestra ascendencia, nuestra familia.

Dios nos viene buscando desde siempre.
El Dios de Israel, el Dios de Abraham, el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres, el Dios de mis amigos, el Dios de mis hermanos, el Dios de nuestro Señor Jesucristo.)


Criterios de identidad

Para el día de hoy (16/12/11):
Evangelio según San Juan 5, 33-36

(Para los cánones de la época, el Maestro sólo era un campesino galileo iletrado y alborotador, que no ostentaba títulos de nobleza ni prebendas de poder.
Era sólo uno de los tantos predicadores itinerantes que se volvía cada vez más peligroso debido a que la gente más sencilla bebía sus palabras y se alegraba con su presencia y compañía.

Jesús no necesitaba argumentar nada, ni exhibir credenciales ni hacer juiciosas apologías que refrendaran esa filiación que reivindicaba.
Lo que verdaderamente lo definía e identificaba eran sus obras, es decir, todas las acciones y gestos en favor de los demás, de los que sufren, de los pequeños, de los excluidos, de los más pobres.

La Buena Noticia la expresa de manera concreta y decisiva en los hechos raigales de justicia y liberación, de compasión y misericordia, en el amor mayor de la cruz, en la vida que prevalece más allá de la muerte en la increíble Resurrección.

La luz palpita con todo y a pesar de todo, y Dios se hace Niño para que lo acunemos en nuestros brazos)

Paz y Bien

Los desgraciados

Para el día de hoy (15/12/11):
Evangelio según San Lucas 7, 24-30

(El término desgracia no tiene buena prensa; refiere habitualmente a lo adverso, a lo aciago, a lo doloroso, a lo que lastima profundamente. También, en algunos lugares el calificativo desgraciado remite al malvado. al que nada le importa, al que hace daño.

Sin embargo, otra interpretación es posible desde el tiempo nuevo inaugurado por Jesús de Nazareth, el tiempo de la Gracia, el tiempo de lo dado sin medida ni condiciones, por pura bondad y generosidad.
Es claro que no somos marionetas en manos de un gran titiritero divino que rige nuestros destinos: los regalos que se entregan con generosidad, también pueden rechazarse desde la soberbia, desde el desprecio o desde el desinterés.

Quizás entonces el término desgraciados -o desgracia- pueda comprenderse mejor con añadir sólo un guión: des-graciados, o sea, los que han rechazado de plano la vida plena que se les ofrece incondicionalmente.
Desgraciados aquellos que sojuzgan a sus hermanos, desgraciados aquellos que anteponen el yo al nosotros, desgraciados aquellos que reniegan de toda humanización, desgraciados aquellos que reivindican a un dios manipulable por la piedad prescrita, desgraciados aquellos que no nos animemos a vivir en la entereza del Bautista, aquel profeta sin doblez que todo esperaba de Dios y que jamás se sometió a los dictámenes de la apariencia y el poder.

Aún así, en estas desgracias nuestro Dios es tozudo, Padre tenaz y Madre obstinada en el amor a sus hijas e hijos. Por ello se hará Niño, por ello recorrerá las veredas de los más pequeños, por eso viene a nosotros porque -quizás con demasiada frecuencia- nos sentamos a esperar quejumbrosos que cambien las cosas que no nos gustan, las que están mal, las que hieren.

Por todo y por todos, es Dios mismo que nos sale al encuentro, tiempo de abrazos y reencuentro, tiempo increíble de la Gracia y la sonrisa que se recuperan en música de esperanza)

Paz y Bien




Tiempos y espacios inéditos


Para el día de hoy (14/12/11):
Evangelio según San Lucas 7, 19-23


(Juan languidece en el calabozo herodiano, pero no se quiebra, no cede. Es un hombre íntegro y cabal que se sostiene en el Dios que lo ilumina, por ello no sucumbirá ni aún ante el verdugo.

En ese triste devenir prisionero, envía a dos de sus seguidores hacia donde se encuentra Jesús para hacerle una pregunta crucial: el Bautista mantiene ciertas dudas sobre la imagen que poseía acerca del Mesías de Israel, sigue latiendo en él una semblanza de un Salvador justiciero, poderoso y vengador de su pueblo.
Sin embargo, confía totalmente en ese nazareno pariente suyo, a quien conocía profundamente desde el vientre materno. La pregunta de Juan denota una confianza a toda prueba, y una obediencia en el sentido primigenio de la palabra: él espera la respuesta de Jesús no tanto para sí mismo, sino para los suyos, para los que han de enarbolar la esperanza de tantos.
Por ello mismo, más que una requisitoria es un abrazo lejano entre dos hermanos.

Y la respuesta del Maestro no será menor, se volverá diáfana de claridad y sólida en la coherencia entre el anuncio y los hechos.
Se trata de algo que está mucho más allá de sanaciones increíbles: se trata de que aquellos que eran considerados impuros, enfermos a causa de pretéritos pecados y minimizados en su humanidad son ahora personas de rostro y nombre concretos, integrados plenamente al Reino que se anuncia y acontece como actores primeros e imprescindibles.

El milagro de volver a mirar y ver luego de una existencia ensombrecida.
El milagro de ponerse de pié y comenzar a andar.
El milagro de las llagas de la exclusión y la condena quitadas por pura bondad, almas renovadas.
El milagro de poder oír y escuchar a la Palabra y al hermano, rompiendo la coraza que nos separa en el silencio impuesto.
El milagro de los que estaban muertos para los demás, han recuperado su vida plena, su estatura humana en toda su dimensión.
Y el milagro mayor: no hay condena, no hay recriminación, hay novedades, hay noticias que, inevitablemente, serán buenas y serán anunciadas a los pobres, a los más pequeños. Es el inicio de la alegría que no finalizará jamás.

Jesús de Nazareth inaugura un tiempos y espacios inéditos, increíbles, maravillosos: mujeres y hombres se encontrarán con su Dios en el abrazo, en la compasión, en la misericordia.

Él es el que esperamos, Él es nuestra justicia, nuestra liberación, nuestra felicidad)

Paz y Bien

Nuestras buenas intenciones y Tus malas compañías

Para el día de hoy (13/12/11):
Evangelio según San Mateo 21, 28-39


(Tal vez por pertenencia, quizás por cierto grado de comodidad y tranquilidad, solemos degustar el sopor del cambio innecesario, es decir, ese rendirse alegremente a la resignación y y al conformismo perpetuos. Es esa fé que se declama más no se proclama, es esa religiosidad de las costumbres que reflejan la incapacidad de transformarse, los indicios de convertirse.

Es la religión hiperpoblada de buenas intenciones y escasas acciones.
Es claro: de buenas intenciones está empedrado el camino de la perdición, y tal vez en parte hemos salido del empedrado y hemos llegado a las rutas y autopistas bienintencionadas y bienpensantes.

Sin embargo, Maestro, tus huellas están en otro lado. Sin despreciar a nadie, te gusta andar en malas compañías, con los peores, con los que nadie quiere.
Alguna vez fueron publicanos y prostitutas, hoy probablemente se llamen inmigrantes ilegales, homosexuales, divorciados, heterodoxos, enfermos,mamás solteras, los sin tierra y sin hogar, los que no cuentan para nadie, los que nadie sentaría a su mesa.
Tus malas compañías, Señor, te vuelven escandaloso, impuro, blasfemo. Tus malas compañías no concuerdan para nada con nuestras buenas intenciones.

Tus malas compañías -aún cuando nos duela- son signos del Reino, porque en tu Reino los últimos son los primeros, porque en tu Reino la vida se edifica día a día, porque el tiempo que nos toca es escaso y con todo y a pesar de todo, somos un poco de tierra fértil que anda y es necesario volver a la viña, poner manos a la obra y no dispersarnos más.
Un Niño que crece en silencio aumenta las urgencias de Madre, y es menester dejarle un lugar al abrigo de nuestros corazones)

Paz y Bien

Tonantzin

Nuestra Señora de Guadalupe - Patrona de Latinoamérica


Para el día de hoy (12/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 39-48

(Éramos apenas los arrabales de la periferia imperial; en la extraña y dura mixtura de pueblos milenarios y conquistadores violentos, la Patria Grande aún no había llegado siquiera a la estatura de sueño compartido.

Pero aún así, Ella estaba. Y donde está la madre, está el Hijo.

Totalmente mujer, con la vida en ciernes, siempre dispuesta al auxilio, jamás demorando el socorro a los necesitados.
Una tilma increíble es señal perfecta: sus ojos bajos están inclinados hacia los hijos más pequeños, los que no cuentan, los despreciados, los ignorados, los que te reconocen y te saben cercana, tan nuestra y tan de Dios, canción magnífica de liberación de un Dios de Amor que es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida.

Cuando tus pies descalzos caminan esos cerros de soledad y abandono, la vida adormecida salta y festeja la presencia en tu corazón manso, de ese Dios que siempre cumple sus promesas, que derriba a los poderosos, que escucha a los oprimidos y sostiene a los humildes.

No hablaremos de polémicas, ni nos sumergiremos en intrincadas apologéticas. Ni de la contraposición de diosa nahuatl y Theotokos, ni del enfrentamiento de ideologías substanciosas y puntillosidades vaticanas. Nada de eso.
Sólo diremos que se trata de una cuestión de Madre, una cordial razón de amores y con eso nos basta, y por eso vivimos, y en esa causa nuestros pueblos caminan en tu esperanza)

Paz y Bien

Sólo un testigo, todo un testigo

Para el día de hoy (11/12/11):
Evangelio según San Juan 1, 6-8.19-28


(A causa de la gran influencia de los medios de comunicación, los filmes y series hollywoodenses, periódicos, televisión y, en algunos casos el ejercicio de la profesión, conocemos y podemos inferir la enorme importancia probatoria de las declaratorias testimoniales.
Es claro que no diremos ingenuamente que por los testigos se decide la verdad; demasiadas veces hemos conocido que ley y procesos judiciales no van de la mano con la justicia. Aún así, a través de testigos veraces queda en evidencia plena lo verdadero.

Juan el Bautista -aquel niño soñado, hijo añorado de Zacarías e Isabel- se estaba volviendo peligrosamente importante; las gentes acudían en gran número cerca de Betania, a orillas del Jordán en donde él los instaba a convertirse, a enderezar sus vidas y los bautizaba. En su entereza no vacilaba en denunciar a los poderosos, la corrupción y los desmanejos de quienes sometían al pueblo.
Por ello mismo, la llegada de sacerdotes y levitas llegados desde Jerusalem no es inocente ni ávida de conocimiento y escucha: sabemos también que el valor de un testimonio está íntimamente ligado a la credibilidad del testigo. Así ellos se acercan a su sencillo altar de agua y desierto: necesitan averiguar, indagar, juzgar y, llegado el momento, suprimir su voz clara e íntegra.
No nos es un procedimiento desconocido, todo profeta -en el tiempo que fuere, en la religión que se elija- es decididamente molesto y peligroso.

Juan lo sabe, pero no se calla. Asombrosamente, no quiere que la atención se centre sobre él mismo: no es el Mesías, no es Elías, no es el Profeta, sólo importa el mensaje que tiene que anunciar.

Es la voz que clama en el desierto, un grito que quiebra tanto silencio impuesto, una voz que cobrará sentido porque anuncia a la Palabra que viene, que está a las puertas, que ya está llegando. Y se mantendrá firme a pesar de la sombra ominosa de la violencia y la muerte que se asoma en el horizonte de su existencia.

En este tiempo de Adviento, la presencia del Bautista y de tantos otros Juanes veraces e íntegros se nos hace necesaria, imprescindible.
Mujeres y hombres que no se creen mucho -casi nada- apenas una voz que se encienden de significado y trascendencia por la Palabra que los habita, por el Verbo que les nace, por ese Niño que están señalando.

Hemos de suplicar voces humildes y sinceras que nos vayan allanando la vida, que nos sacudan la modorra de la rutina y el confort, que nos despeinen los miedos y nos despierten del letargo de mirar hacia otro lado, porque está llegando y está a nuestras puertas Aquél a quien esperamos, el que nos reviste del fuego de la vida, ese mismo Dios que es Palabra y se hace humano para que recobremos el habla y la verdad)

Paz y Bien




Incomprensiones y desconocimientos

Para el día de hoy (10/12/11):
Evangelio según San Mateo 17, 10-13


(Es duro y hasta se nos hace contradictorio que en este tiempo de espera y de Niños se nos hable del martirio, del rechazo expreso y violento. Sin embargo, es crudamente real y es consecuencia directa de portar la luz de Dios allí en donde campea la oscuridad.

Jesús y los discípulos bajaban del monte Tabor: sus amigos habían visto allí mismo a su Maestro transfigurarse y conversar con Elías y con Moisés.

Sin embargo, están inquietos, quieren saber más acerca del probable regreso del profeta Elías. Él era muy cercano al sentimiento del pueblo de Israel, y una tradición de siglos indicaba que Elías regresaría para preparar la inminente llegada del Reino, restaurando las familias, sanando toda herida de odio y rencor mediante la reconciliación.
En esos tiempos de sometimiento al imperio, su figura se agigantaba pues las familias corrían el riesgo de ruptura y disolución, algo que para nada nos es ajeno en tiempos de crisis.
El dominio es posible y se facilita cuando la familia está ausente.

Por ello los discípulos preguntan: la enseñanza puntillosa de los doctores de la ley los confundía, pues sabían que Jesús es el Mesías...y aparentemente de Elías, ni noticias.
El Maestro despeja toda duda: Elías ya ha regresado y no han querido reconocerlo, aceptarlo ni comprenderlo. Era el Bautista del Jordan y el desierto, a quienes los poderosos menospreciaron, vilipendiaron y llevaron a la muerte, y no conforme con ello, seguirían en la misma línea de conducta realizando lo mismo con Jesús.

La misión de Jesús tiene continuidad con la del hijo de Isabel y Zacarías: Él también viene para reconstruir los tejidos quebrantados, para curar toda herida, para sanarnos de discordias y desconocimiento del prójimo.

Quizás por eso irrumpe humilde y silenciosamente en la historia en el seno de una familia pobre, revelando desde esa ternura que Dios es familia, que todos somos hermanos y que todos los niños, por ese Niño, son santos)

Paz y Bien



Confluencia de soberbias y egoísmos

Para el día de hoy (09/12/11):
Evangelio según San Mateo 11, 16-19


(El cuestionamiento de Jesús para con su generación es durísima, y es también dolorosamente veraz.

Estaban los que criticaban a Juan, hombre de Dios y del desierto y rechazaban de plano sus llamados a la conversión. Su vida austera, ascética les molestaba y por ello lo catalogaban como loco y endemoniado.
Sin embargo, no ahorraban su juicio despiadado para con el Maestro.
Jesús amaba sentarse a compartir la mesa con los despreciados, con publicanos y prostitutas, con aquellos que nadie sentaría a su mesa. Por ello lo clasificarían como borracho y glotón, como un impuro e irrecuperable irreverente.

Jesús los cuestiona, más es un planteo algo mezquino imaginar que les está señalando una conducta histórico-religiosa particular. Vá mucho más allá, pues señala posturas éticas que aún persisten, que no se limitan -moralmente- a un determinado acontecer histórico.

Quizás lo más grave es que tanto Juan como Jesús los/nos pone en evidencia.

Cuando confluyen egoísmos, soberbias e intereses individuales, el tiempo se vuelve tiempo de rechazo. Necesariamente sucederá el descrédito, el menosprecio calculado, el rechazo intemperante, las agudas razones estructuradas de tal modo que no acontezca, por ningún motivo, la escucha.

Un Niño que viene nos deja en evidencia. Tal vez nos hemos vuelto demasiado grandes, muy maduros para específicas conveniencias y dejamos de lado la posibilidad de que acontezca la Buena Noticia, ésa que se sucede cuando nos descubrimos hijas en hijos en las manos de un Dios que es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida)

Paz y Bien

María del Adviento

Inmaculada Concepción de la Virgen María


Para el día de hoy (08/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(Muchacha campesina, judía mínima de ojos profundos -los ojos del Hijo serán iguales a los tuyos-

Jovencita de aldea polvorienta, de embarazo sospechoso, del Sí y la fidelidad a pesar de toda duda.

Seguramente nadie te tenía en cuenta ni te daba demasiada importancia; aún así, el universo y la humanidad detienen su devenir y contienen la respiración, pendientes de tus palabras.

-Es tiempo de cosas extrañas, María. Debe ser que tu Dios anda haciendo locuras porque está enamorado.-

Él viene, viene Él mismo al rescate de sus hijas e hijos. Él siempre cumple lo que promete, sin excusas ni dilaciones, y ha querido que todo se decida en términos de Madre.
La Salvación se resuelve con ternura de mujer.
-quizás sin quererlo, te hemos visto en los ojos grandes y asombrados de tantas muchachas muy jóvenes a las que la vida se les crece en su interior, en embarazos minimizados, escondidos y tantas veces repudiados-

Aquel Mensajero -viejo conocido de antiguos profetas de mirada lejana- te habla de parte de Dios, te saluda con un respeto inusitado. Él expresa el mismo cuidado y la delicadeza que tiene ese Dios para con todos, especialmente para con los más pequeños..

La primer palabra que expresa es la Palabra de la Creación y la Salvación -¡Alégrate!-.
Es la Palabra primera, es la Palabra que cuenta, la Palabra decisiva, el destino soñado desde siempre es alegría para todos, felicidad que se respire, vida que se extiende.

¡Salve, María!
Feliz por creer, feliz por vivir plena, feliz por ese Salvador que se crece al calor de tu interior, feliz por saberte tan pequeña y ser por ello mismo infinita, feliz por conocerte servidora, al igual que ese Hijo que está por llegar.

Es el tiempo increíble de la Gracia, de la bondad sin condiciones que se desborda generosa, de la alegría, del Dios que nos pide permiso para crecer en nuestro interior.

María es el cristal perfecto, la creyente prisma desde donde la luz de la Salvación se expande y disipa toda tiniebla)

Paz y Bien






Yunta

Para el día de hoy (07/12/11):
Evangelio según San Mateo 11, 28-30


(Para Jesús y sus oyentes, decididamente ligados a la vida campesina, no les era desconocida la idea de un yugo; se lo utilizaba en las tareas en que eran necesarios bueyes, mulas u otros animales de carga y arado.
Su forma y peso doblegaban los cuellos de los animales, sólo les permitía mirar en una dirección y dirigirse sólo hacia el sitio que decidiera quien los condujera. No existía la mínima posibilidad de un desvío ni de desobediencia por la misma sujeción que imponía su estructura y peso, doblegando cualquier intento de levantar la cerviz. Y todo se disponía de manera tal que las bestias fueran -como mínimo- de a pares, pares llamados yuntas.

La analogía con el acontecer humano es obvia, y quien mejor que el Maestro para ello -el más humano de todos-.
Ayer y hoy se imponen diversos yugos que obligan a inclinar la frente sin atisbos de libertad, con la intención de conducir a las gentes a lugares y situaciones impuestas desde el agobio y la sumisión, imposibilitando de mirar y ver hacia los lados y hacia arriba, condicionando toda rebeldía e iniciativas personales -acertadas o erróneas-.

Jesús de Nazareth llama a los fatigados, a los cansados, a los que no pueden más, proponiendo se lleve su yugo como carga liviana y tolerable.
Es claro: su Palabra es Palabra de vida y liberación, es santa y mansa rebeldía, es la iniciativa pacífica que rechaza la injusticia y la opresión en cualquiera de sus formas, el dominio inmisericorde de algunos por sobre otros, el abrazo infinito de la compasión y la misericordia.

Quizás -sólo quizás- no se trate de una mecánica de reemplazos, es decir, de cambiar un yugo por otro.
Es que Dios asume la frágil y dolida condición humana desde ese Niño mínimo y pobre en brazos de Madre. Y por ello, la cruz como amor mayor y su presencia definitiva signifique que Él viene en yunta con cada uno de nosotros, poniéndose en sus hombros todo lo que nos agobia y doblega para poder andar ligeros, hijas e hijos revestidos de libertad y de alegría.)

Paz y Bien

Un Dios imprudente

Para el día de hoy (06/12/11):
Evangelio según San Mateo 18, 12-14


(-¿Qué les parece?- dice hoy el Maestro, y es una invitación a involucrarse, a no ser un mero espectador.

En ese talante, es preciso ubicarse: allí en los montes, la tarea no es sencilla. Sendas escarpadas, quebradas traicioneras y precipicios mortales pueden hacer retroceder a más de uno. A ello, hay que añadirle el peligro siempre presente de ladrones y salteadores.
Cuando una pequeña oveja se pierde, la lógica y la prudencia mandan que no hay que arriesgarse con las otras noventa y nueve del rebaño. ¿Quién en sus cabales actuaría así, poniendo por delante de la mayoría el rescate de una insignificante oveja descarriada?

Pero así como en la vida, en la parábola el gran paso a dar implica ponerse en el lugar del otro, tomar el lugar del otro.
Aquí la pequeña oveja perdida sos vos, soy yo, eres tú, es ella, somos nosotros y quizás y muy especialmente, aquellos a los que el mundo ya ha condenado como negras ovejas irrecuperables.

La Buena Noticia es que nuestro Dios es un Dios imprudente, un Dios que se desvive por los suyos, un Dios para el que todos cuentan, un Dios capaz de hacer lo increíble para el rescate de los perdidos.

Es claro: quizás hace tiempo que no abundan en nuestros ambientes pastores con persistente perfume a ovejas. Pero no estamos exentos de esta tarea, pues es ajena a esta Buena Noticia toda pasividad y resignación.

Dios se hace hombre, se hace Niño, se hace uno de nosotros para que jamás se nos apague la esperanza y para que cada reencuentro sea motivo de alegría y celebración)

Paz y Bien

El Dios que predicamos



Así, me imagino que pensó Jesús:

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el dios de los sacrificios, aquél que aman los sacerdotes del Templo, un dios siempre sediento de sangre. Un dios que si no ve sangre no está satisfecho. Un dios siempre ofendido al que hay que calmar a precio de vidas. Carneros, corderos y palomas tienen que ofrendar su vida para calmar las afrentas cotidianas. Rezos y ofrendas para aplacar su enojo. Pero mi Dios es el Dios creador de la vida, el que puso vida en toda sangre. El que se dolió cuando supo de la sangre de Abel clamando desde la tierra, pero no por eso pidió la sangre de Caín, sino que le dio señal de vida sobre su frente, para que no fuera muerto. No fue ese dios sanguinario el que habló por el profeta Isaías: yo no iré sus oraciones porque tienen las manos llenas de sangre. Ese dios de los altares solemnes no es el Dios de Amós, porque el Dios de justicia no habita en Betel ni Gilgal, dijo el profeta. No es el Dios de Oseas, porque el Dios de Oseas pide misericordia en lugar de sacrificio. Tampoco será el mío. No será mi Dios el dios sacrificial de los sacerdotes.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el dios de la pureza, aquél que aman los fariseos, un dios siempre atento y vigilante al detalle de la ley. Un dios del rigor insensible, de la exigencia permanente, de la discriminación artera. Con ese dios habría sido expulsada la mujer de Moisés por ser cusita, y no hebrea, como querían Aarón y Myriam. Pero Dios prefirió el amor de Moisés a la pureza de la raza de Leví. Ay de los que aman la pureza de la raza incontaminada y los platos y vasos limpios, de las manos lavadas, pero no ven que esos platos están vacíos porque no hay alimento, y las manos llagadas por el trabajo explotador. El Reino de mi Dios viene con justicia más que con pureza. No será mi Dios el dios riguroso de los legalistas.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el Dios de los violentos, aquél que aman los sectarios, un dios siempre pendiente de la guerra. Hijos de la Luz contra hijos de las tinieblas, batallas terrenales y batallas celestiales, espadas refulgentes y gritos de venganza, plazas sitiadas y campos de exterminio, los míos y los demás, Israel contra el mundo. Se equivocan ellos tanto como los del Imperio; aunque los romanos siempre están listos para la guerra, la paz no viene de la guerra. Lo dice el salmista, la paz se besa con la justicia, la paz es fruto de la justicia. Sin duda la guerra está, y seguirá levantándose nación contra nación, pero ese no es el fin que Dios anhela, no nos hizo para ello. No para el dolor y la lágrima, no para la herida y el despojo. Habrá disensos, los habrá; habrá conflictos, los habrá. Mas mi tarea es salvar, no condenar; curar, no herir; rescatar, no despojar. Mi Dios es el que recoge al caído, el que consuela al dolido, el que anuncia vida. No será mi Dios el belicoso dios de los sectarios.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el Dios de los resignados, aquél que ama el dolor y la tragedia, un dios que le pone mérito al sufrimiento. Ese dios inmutable, siempre pasivo, distante. El dios del ayuno y el cilicio, que solo se fija en la solemnidad de los solemnes, en la parquedad de los sentimientos, en la mesura de los ritos. Sin desbordes ni excesos, sin tiempos de pasión ni momentos de expansión. Un dios incapaz del gozo, incapaz de la fiesta. Pero mi Dios siente y ama, se alegra y se enoja, busca al pobre para darle esperanza de una buena noticia, al ciego para que vea, al oprimido para liberarlo. Un Dios que altera los tiempos, que desafía las rutinas, que nos sorprende con lo inesperado, que nos creó para la compañía, el placer y alegría. Será mi Dios el que sabe caminar con gozo en medio de su pueblo, para alentar la esperanza. No, no será mi dios el dios resignado de los que viven pendientes del ritual y la repetición.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el Dios de los acaparadores, aquél que aman los prósperos, un dios siempre ávido de riquezas, que bendice a los que acumulan, que hace que los ricos rían en su abundancia y los pobres lloren su miseria. El dios del negocio mezquino, que cambia ofrendas por dádivas materiales, sumisión por bienes, que regala antojadizamente herencias inmerecidas y escamotea los favores a los miserables. Pero mi dios es el que inundó el mundo de bienes para todos, que quiere repartir una y otra vez, porque suyas son la tierra y la vida, y a todos las da. La acumulación en los graneros no liberará del juicio; no es menos pecado el que roba en un préstamo que quien lo hace con un arma. Mi Dios reparte y da a quien le falta, y espera que todos hagan lo mismo. Será mi Dios aquél Dios que liberó al esclavo y se acuerda de la viuda y el huérfano, del pobre y el extranjero. No, no será mi dios el dios que confunde riqueza con bendición, el de los que acumulan para el día del juicio.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el dios de los soberbios, aquél que adoran los que viven del orgullo de la raza, el que justifica el prejuicio, el que se regodea en prosapias y diplomas, en escudos y prestigios, el de los abolengos largos, el que mira con desprecio al hombre común, a la mujer de pueblo, al pobre y al extranjero. Pero mi Dios se mezcla con su pueblo, sabe de los sinsabores del excluido, de la labor del labriego, del esfuerzo del humilde. Es el Dios, no de los sabihondos de la doctrina sino el de los sabios de la parábola cotidiana, de la oración escondida, del que no tiene otro blasón que su fe. Es el Dios que hace pueblo de los que no eran pueblo. No es el dios de los que creen que creer autoriza privilegios, que la religión merece prebendas, que nunca se pueden equivocar porque están sentados en sillas altas y los confundidos le rinden pleitesía. No es el dios de los dueños de la verdad, de los que no necesitan escuchar a los otros, los que emiten dogmas incambiables, como si dios mismo no se aviniera a escuchar y dialogar con los hombres, como lo hizo con Moisés, como negoció con Abrahán. Mi Dios está dispuesto a escuchar al sincero que duda, a cambiar castigo por bienaventuranza frente al arrepentido, el que mira con amor al humilde, más se aleja del altivo. No, no será mi dios el dios que da condecoraciones que dividen, el que regala oropeles a cambio de adulación.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el Dios de los miedosos, aquél que aman los asustados que dejan que el temor les organice la vida. O, por el contrario, el de los bravucones que se llevan todo por delante. Y el otro dios, el de los precavidos que miden todo para no perder. Mi dios es el dios que da y pide confianza: ni miedos que encierran, ni precauciones paralizantes, ni atropelladores que esconden su desmesura en la intemperancia, la otra cara del mismo desamor. Es mi Dios aquél que inspira la fe que sostiene en el tiempo la fuerza para vivir, la perseverancia para seguir, la paciencia que no renuncia frente al contratiempo, que sostiene la mirada en el horizonte, que camina sobre el agua aun en medio de la tormenta, que ama en medio del terror que crucifica. No será mi dios el dios de los cultores del temor, pero tampoco el de los temerarios enceguecidos, ni el de los precavidos que no se atreven, ni siquiera el del cálculo del justo medio de la valentía. Será mi Dios el Dios de la confianza, el que permite marchar hacia adelante hacia el Reino, aquél a quien puedo llamar “padre” porque me ama, “madre” porque me cuida, el que rescata, el que me alegra, el que da vida. Es el Dios de todo amor. Ese Dios anunciaré.

Pastor Néstor Míguez
Iglesia Evangélica Metodista Argentina

Alegres brechas

Para el día de hoy (05/12/11):
Evangelio según San Lucas 5, 17-26


(A pesar de todo esfuerzo en contrario, Jesús no dejaba de enseñar la Buena Noticia de que Dios es Padre y es Madre, que brinda su compasión y su perdón para todos, sin limitaciones ni exclusiones. Hagan lo que hagan mujeres y hombres, sea cual fuera su origen o condición, todas son hijas e hijos.

Parece que eso ofende y preocupa sobremanera: su Palabra viva y clara, su mensaje de liberación es menester que sea desvirtuado, que sea tergiversado ofensivamente y, finalmente, sea acallado. Ese galileo se vuelve cada vez más peligroso, y sin esfuerzo cada vez más gentes lo escuchaban con atención.
Fariseos y doctores de la ley acudían allí, en donde Él enseñaba, para impedir de una vez por todas que la Buena Noticia se propague...y porque su poder, sus prebendas y privilegios se ven amenazados. Están allí sentados a su alrededor, impidiendo que nadie más se acerque, rápidos en defenestrar y cercenar cualquier asomo de verdad.
Era necesario mantener esas puntillosas estructuras de exclusión, de espacios reducidos, de un dios y una vida para unos pocos.

Pero suceden varios milagros que superan por lejos el hecho de que el paralizado regrese caminando a su casa.

Acontece la increíble acción de los compañeros del hombre paralizado: ellos no se amilanan por las puertas cerradas, por ese Cristo rodeado y de acceso vedado. Su fé en Jesús de Nazareth los impulsa a lo increíble: trabajosamente, se ponen al hombro la camilla de su amigo, abren una boquete en el tejado y desde allí descargan cuidadosamente al enfermo a los pies del Maestro.
Es la fé de ellos la que rompa las ataduras que paralizan, es la fé atrevida y la confianza en Jesús de Nazareth las que levantan a los postrados de todo tiempo.

Acontece la maravilla del perdón: al ver la fé de esos compañeros, el Maestro se conmueve y en pleno rostro severo de los apropiadores de almas, expresa la ternura infinita de un Dios perdonando los pecados de ese hombre enfermo. No es un dato menor: para la mentalidad opresiva de quienes lo rodeaban con su desprecio, las enfermedades eran causa de pretéritas faltas, y castigos por desviaciones de esa ley pretendidamente divina. Por ello mismo todo enfermo había de ser considerado impuro y excluido de la vida social, religiosa y comunitaria.
Era una de las crueldades mayores: estaba plenamente justificado el sufrimiento, era justo y necesario remitir a los enfermos a la soledad y al abandono. Así entonces, las palabras de Jesús habían de ser consideradas una blasfemia, pues con ese gesto de bondad se derribaba todo un sistema de agobio y elitismo.
Los apropiadores de almas, los saqueadores de esperanzas se quedaban sin negocio.

Esa Palabra de perdón no es cuantitativa, es decir, no remite a un estado de inocencia a la mayor o menor cuantía de los pecados del enfermo: esa Palabra expresa la Misericordia y la compasión de un Dios que quiere a todas sus hijas e hijos de pié.

A riesgo de ingenuidad, la Iglesia debería ser similar a estos espacios que se abren: algunos acceden por la puerta grande, algunos por las ventanas, otros por los tejados, pues nadie debe quedarse fuera.

Tarea y misión santa es abrir alegres brechas para que todos puedan ocupar su lugar especial al que hemos sido invitados, destino de celebración y fiesta, ágape de liberación con ese Niño que nos viene naciendo en nuestro horizonte)

Paz y Bien

Las otras sandalias

Para el día de hoy (04/12/11):
Evangelio según San Marcos 1, 1-8


(Como todos los profetas, Juan sorprende y asombra.
Es un hombre pleno, es un hombre de Dios, es un hombre inesperado.

Inesperado por sus ancianos padres, casi resignados a no tener descendencia y a los que les nace un hijo bendito en su vejez.
Inesperado por los poderosos, porque no hay manera de derribar ni acallar a un hombre íntegro, incansable buscador de esa justicia que la conoce anidada en el corazón de su Dios.
Inesperado por el pueblo en su agobio, sus palabras son lluvia santa que renueva corazones y esperanzas, que sana corazones malheridos, que reorienta la mirada hacia el horizonte infinito.

Desoye la tentación del templo y el palacio: le basta el río y el desierto, porque antes que en los sitios intuye que lo sagrado anida en cada persona.
En sus palabras y su actitud florece la vida y es imposible esa corrupción que tanto nos insulta y que sólo tiene por fruto la muerte. Se viste con pieles de animales y se alimenta con miel silvestre, porque sabe que sobreabunda la providencia bondadosa de un Dios que nunca abandona a los suyos, y que se expresa en los frutos de la tierra, más no en el sometimiento falaz al dinero.

Sin lugar a dudas, es un hombre molesto. Molesta a los que detentan el poder en provecho propio, pues no se calla jamás a la hora de la verdad: es el profeta que anuncia al Dios-con-nosotros pero que a la vez denuncia a todo lo que se opone a la vida. Molesta también a las cargas que impiadosamente nos adosamos: a nadie le simpatiza que le señalen con toda justicia aquello que lo hunde.
Benditos sean estos molestos.

Las gentes desvestían sus corazones de capas de miserias y quebrantos; luego erán bautizados en las aguas del Jordán. Este bautismo es un símbolo que preanuncia la Pasión del que ha de venir, y al que Juan prepara el camino: el bautismo implica sumergirse en el agua purificadora, muriendo a una vida escasa para renacer a una vida en plenitud.
El Maestro asumirá la cruz y los horrores de la muerte para resucitar y quedarse para siempre.

Y en un gesto en total armonía con su talla de hombre humilde y veraz, se declara indigno de desatar las sandalias de Aquel que está por venir.
A primera vista, es un signo de humildad suprema: en aquellos tiempos, era tarea de esclavos quitar el calzado de sus amos cuando regresaban al hogar al final de cada jornada. Sin embargo, es menester ahondar en este gesto porque se revela algo mucho más profundo en su significado.

Existía en Israel una antigua tradición e institución denominada goelato. El Go'el era el pariente fuerte elegido que asumía la tarea de rescatar a aquellos familiares que por diversas circunstancias habían caído en la miseria, en el abandono, en la esclavitud. A ello se dedicaba, en ello ponía todo su empeño, su poder, sus recursos. El Go'el era el redentor de sus hermanos.
Y la renuncia o transferencia jurídica de este mandato de redención se efectivizaba simbólicamente quitándose el Go'el titular las sandalias y entregándolas al que habría de sucederlo.

Este signo del Bautista es de una trascendencia enorme.
El que está por llegar es el Redentor, el Go'el, un Dios pariente y cercano que pondrá todo de sí para liberar a sus hermanas y sus hermanos.

Un Dios que se hace cercano, hermano, padre, hijo, un Niño Santo para la liberación)

Paz y Bien

La obstinación y tenacidad de la vida

Para el día de hoy (03/12/11):
Evangelio según San Mateo 9,35 - 10, 1.6-8


(Hay una cuestión asombrosa: Jesús de Nazareth recorría todas las aldeas y ciudades enseñando en las sinagogas, en donde se sostenía religiosamente las intolerables normas de pureza, en donde se excluía de toda participación a la mujer y a los niños pequeños, en donde el anuncio del Dios de Jesús y de su Reino iba a ser considerado una afrenta y una blasfemia, y ese rechazo desatará violencias que desembocarán en el cadalso de la cruz, el amor mayor.

Sin dudas el Maestro lo sabía, pero aún así se obstinaba en que la sinagoga -que en su raíz primera significa reunir o congregar- fueran recintos amplios de inclusión, de encuentro, alternativas a una vida estrecha puntillosamente seleccionada y organizada para unos pocos.
Maravillosa y santa irreverencia la de Jesús, que hoy nos reviste de la rebeldía del Espíritu de Vida.

-¿Qué podríamos decir hoy de nuestras comunidades, templos y parroquias? -

El anuncio del Reino no es declamación pura ni transmisión académica de doctrina: es realidad concreta que se transforma, haciendo que la vida sea más plena, es decir, más humana. El Reino acontece cuando se desalojan las dolencias y enfermedades que doblegan y que a menudo son -aún hoy- consideradas cruelmente consecuencia necesaria de vidas pecaminosas y castigos por morales heterodoxas.

El Reino sucede cuando florece la compasión y la solidaridad; es menester mirar al mundo con la mirada de Jesús, son tantos los librados a la resignación, al abandono, existencias fatigadas que sólo conocen malas noticias.

Y nos puede sorprender que el Maestro convoque a doce hombres en apariencia poco confiables, frágiles y que suelen confundir en su soberbia a ese Dios que anuncia Jesús, y que son rápidos a la hora de la traición y el miedo.
Pero es otro maravilloso signo que haya sido así, y que siga sucediendo en nuestros tiempos del mismo modo. Nosotros también no somos los mejores para esto, solemos trastocar las cosas, nos quebramos rápidamente de miedo, nos escapamos veloces en la infidelidad del egoísmo.
Pero la vida es tenaz, y el Reino se edifica desde lo que para el mundo no cuenta, con humildad, pequeñez y una increíble gratuidad, esa Gracia que se derrama como manantial en toda la humanidad sin condiciones ni exigencias.

Un Niño está llegando, un Niño crece en el silencio y la humildad del seno de una muchacha de sol y miel para que todos vivan, para que nadie más esté librado a su suerte, para que todos sepan que Dios se ha puesto de parte del hombre, para que la esperanza en rescoldo se vuelva fogata de luz y calor que desaloje los fríos de la indiferencia y la resignación)

Paz y Bien

Oscuridades

Para el día de hoy (02/12/11):
Evangelio según San Mateo 9, 27-31


(No era fácil la vida en aquellos tiempos; el sol fuerte, la salinidad y el reflejo en la arena solían producir habitualmente daños importantes en córneas y retinas. La incidencia de cegueras era demasiado alta.
Para peor, toda enfermedad era religiosa y socialmente repudiada como consecuencia de un castigo por pretéritos pecados propios o de los padres; de allí que cualquier enfermo debía excluirse de la vida comunitaria y religiosa por las crueles e inhumanas normas de pureza.

Aún así, aún cuando hubiera una nutrida población privada de la vista, muchos más eran los sumidos en oscuridades aunque sus ojos no tuvieran inconveniente alguno.
Abundaba la oscuridad de la exclusión y el desprecio, de la insolidaridad y la no compasión militantes, las negruras del creerse más y mejores que otros, las tinieblas de abandonar a un lado del camino al que sufre, pasando de largo y aceptando el dolor ajeno como una parte más de la rutina cotidiana.

Pero el Maestro no es así.
Le importa la gente. Él, mejor que nadie, sabe leer lo profundo que hay en cada corazón, lo que se teje en cada alma. Tiene una especial deferencia hacia los agobiados por el dolor, por los demolidos en soledad, por los sometidos a toda exclusión, signo cierto de un Dios inclinado decidida y abiertamente hacia ellos.

Aquellos dos hombres comparten algo más que su ceguera, pues cuando la cruz se comparte su carga es más liviana y llevadera. Ellos no tienen temor en acercarse a los gritos al Maestro: Jesús de Nazareth no se preocupa demasiado en purezas, en ortodoxias doctrinarias -lo llamaron incorrectamente Hijo de David- ni en status social. Lo que verdaderamente cuenta, lo que cambia toda historia es lo que anida en las profundidades de cada templo andante que es cada persona.

Aquellos dos hombres tenían fé y además confiaban. Por ese tesoro recuperan la visión.
Porque el verdadero milagro es animarse a escuchar al olvidado, a aceptar como igual al excluido, y atreverse a la estupenda irreverencia de tocar y abrazar a aquellos a los que es mejor dejar a un lado del camino y seguir de largo.

Sólo podremos salir de estas oscuridades cotidianas desde la fé y la confianza y ahí sí, transformar nuestras historias y cambiar el rostro cruel del mundo)

Paz y Bien

Temas de constructores


Para el día de hoy (01/12/11):
Evangelio según San Mateo 7, 21.24-27

(Es tan obvio y evidente que suele pasarse por alto: toda casa debe construirse concienzudamente desde los cimientos. Porque cuando se antepone la buena vista, el confort, las comodidades y ciertos lujos a los fundamentos, las eventualidades de derrumbes se vuelven más que posibles.
Y cuando suceden los derrumbes, invariablemente son vidas las que se pierden.

Esto es válido para una nación, para la Iglesia pero, muy especialmente, en cada existencia.
Se construyen universos frágiles con miríadas de palabras vacuas, y la consecuencia serán vidas perdidas; las verdaderas catástrofes no suceden solamente en ocasiones de terremotos o en el espanto de las guerras, sino cuando los corazones quedan sepultados y librados a su suerte.

En estas épocas tan complicadas, de falta o ausencia de trabajo es natural buscar más de un empleo, para cubrir las necesidades básicas de los hijos.
Quizás estemos pasando por una situación similar: tal vez a nuestro oficio de pescadores hemos de añadirle la tarea imprescindible de constructores, obreros humildes que posiblemente no levanten palacios majestuosos ni monumentos imponentes, pero que desde la sencillez y la confianza del Carpintero vamos edificando este pequeño hogar que llamamos existencia.

La multiplicidad de pequeños hogares firmes y cálidos hacen posible que nadie quede sin abrigo y sin techo.
Porque la solidaridad comienza en la solidez)

Paz y Bien



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