La multiplicación del servicio

Para el día de hoy (11/02/12):
Evangelio según San Marcos 8, 1-10

(Estamos con Jesús y sus discípulos en territorio pagano, tierras extranjeras, áreas de lo extraño y lo ajeno. Allí también las gentes buscan con denuedo al Maestro en su hambre de verdad y desde el agobio de sus enfermedades y dolencias: el dolor nos iguala, el dolor nos asemeja, el sufrimiento nos muestra no tan distintos.

Eran ya tres días que estaba el gentío junto a Él, bebiendo de su Palabra sin una queja. Pero el Maestro no es indiferente a las necesidades del otro, no mira para otro lado, lo moviliza la compasión, lo impulsa la Misericordia. Ellos podrán ser perros extranjeros, gentiles, paganos, profanos, inmigrantes ilegales, no católicos o el rótulo por el que optemos: aún así tienen sobre ellos la mirada bondadosa de Dios para el que no cuentan divergencias ni fronteras. Hay necesidad, desfallecen de hambre, hay que alimentar a todos ellos que están a la espera durante tres días, como desfallece la vida los tres días que el cuerpo de Jesús permanecerá en la casa tumba...pero ha de prevalecer la resurrección, la vida en Sus manos es mucho más tenaz de lo que solemos imaginamos.

Pero hay un distingo fundamental: el socorro y el auxilio no es privativo de un Cristo que se conmueve, sino que ha de tener color comunitario. Por ello los discípulos son parte del problema y partícipes de la solución.
El hambre es obsceno, es cruel, es ofensa grave al Creador de la vida, y todas sus hijas e hijos no podemos quedar indiferentes, ni acotarnos a simpáticas declamaciones.
Los Doce, precisamente, intentarán eso mismo: que son muchos, que están en un sitio desierto, que vayan a otro lado más amistoso en busca de pan. Sin embargo, la respuesta está en sus manos, no se puede despedir al hambriento al abandono de su suerte. Parece poco -siete panes- pero serán abundantes y desbordantes si acontece el milagro del compartir. No hay mínimos, ni siquiera esos humildes pescaditos -comida de gorriones-, todo cuenta, todo suma.

Cuando florece el compartir, brota espontánea la acción de gracias, tiempo de Dios y el hombre en plegaria y gratitud, Eucaristía de la humanidad.
Esa acción de gracias no será una oración privada del Maestro, sino que hace partícipes a los suyos, a tí y a mí, a vos y a ella, a todos nosotros.

Cuando sucede la compasión y se expresan concretamente el socorro y la solidaridad, los milagros se agolpan con un enorme aquí estoy! del Dios de la Vida, esos panes multiplicados se vuelve más que suficientes, nunca cálculo mezquino, canastas y canastas que sobran para los que vendrán.

Panes y peces se acrecientan en el altar de la misericordia y del servicio que se multiplica)

Paz y Bien

Effatá

Para el día de hoy (10/02/12):
Evangelio según San Marcos 7, 31-37

(La imposibilidad de oír y escuchar, de mirar y ver y de expresarse eran signos de castigo en los tiempos de la predicación de Jesús de Nazareth. Implicaba esa mentalidad de desalojar la compasión y adjudicarle al que sufre la responsabilidad total del mal que padece por pecados propios o familiares.

Esta postura -que también es una pseudocreencia- no nos es desconocida, y es una actitud ética que tristemente persiste, ese espíritu maligno del por algo será, hay desempleo porque no se busca con decisión un trabajo, hay prostitución y trata de personas porque resulta conveniente para aquellas esclavas de ese terror, hay adicciones porque muchos las disfrutan, hay enfermedades por no cuidarse, hay vidas robadas y desaparecidas por causa de un compromiso político o religioso, sea cual fuere...
Si nos detenemos un momento, en el ayer y en el presente persiste la dolorosa negatividad del egoísmo que reniega de todo esfuerzo comunitario, propiciando un individualismo cruel que separa y castiga.

La multitud no dejaba en paz al Maestro: todos estaban librados a su orfandad, pero se quedaban en la imagen sanadora de Jesús, no más que eso, un profeta milagrero que los aliviaba de sus pesares.
Por ello mismo, cuando le ponen frente a él a este hombre sordomudo, lo lleva a un lugar apartado del gentío, y es toda una declaración silenciosa de principios: la salvación implica romper con la rutina mundana, y quien en verdad no puede oír ni hablar es esa multitud.

El sordomudo es liberado de su dolor, de la imposibilidad de escuchar y del aislacionismo de expresarse: ya libre, no puede contenerse de anunciar la Buena Noticia, todo el bien que Dios ha hecho en él.
No hay modo de silenciar ni de detener la fuerza increíble y maravillosa de la Gracia, de la Buena Noticia.

Todo lo ha hecho bien, siempre pasa por nuestras vidas haciéndonos bien, y es necesario que vuelva a abrirnos la escucha y la palabra para salir de nuestros encierros, para ir al encuentro del que sufre, para hacer el bien y que se reconstruya la vida derrumbada)

Paz y Bien

Más allá de nuestras fronteras


Para el día de hoy (09/02/12):
Evangelio según San Marcos 7, 24-30

(La Palabra para el día de hoy nos sitúa en la región de Tiro, región de paganos y extrajeros/extraños y, por lo tanto, impuros.

Jesús abandona los ámbitos judíos conocidos y se adentra silenciosamente en esa región; a pesar de intentarlo, no pasa desapercibido. Nunca el bien y la bondad pasan desapercibidos o quedan ocultos.
Sin embargo, Jesús de Nazareth -nuestro hermano y Señor- es totalmente humano, el más humano de todos y no es inmune a toda una carga de tradiciones culturales y religiosas de su pueblo. Esta no es una cuestión menor, pues podemos inferir que hay en el Maestro un proceso creciente de conversión y apertura hacia todos, sin excepción, desde las entrañas de su corazón misericordioso.

Allí, en esa casa en donde pretendía pasar un tiempo de incógnito, las gentes se comienzan a agolpar y se hace presente una mujer, cuyo status es harto complicado para la mentalidad imperante: es mujer, es extranjera, es pagana y, como si esto no fuera suficiente, su hija está agobiada por un espíritu malo que la aliena y atenaza. En síntesis, es impura y réproba por donde se la mire y es mejor evitarla para no impurificarse.

Quizás porque el Maestro aún porta el lastre de sus ancestros es porque le habla de una manera tan dura y extemporánea: parecería que las bondades del banquete de Salvación sólo están disponibles para los hijos de Israel.

Pero esta mujer es ante todo una madre que ama a su hija al extremo, y es capaz de todo con tal que salga de su estado de postración y sufrimiento: se arroja a los pies de Jesús -aún siendo extranjera, lo reconoce como Señor sin ambages- y pone en sus manos la vida de la hija enferma. Confía plenamente en que en ese rabbí galileo encontrará sanación y liberación del mal que la agobia. Le basta una migaja de misericordia infinita.

Y Jesús se asombra de la fé profunda de la sirofenicia, y sucede el milagro: la hija recupera la salud, se ha sanado por ese amor de madre inquebrantable y por la compasión de Dios que se expresa en Él.

El Maestro derriba las fronteras desde su inmenso corazón: la Salvación se brinda infinita y generosa, desdibujando los conceptos mezquinos de propios y ajenos, de razas, culturas y religiones.

Es nuestra misión pendiente: en donde menos lo esperamos, allí en donde suponemos la no pertenencia o que no llega la Gracia, allí florece la bendición y la paz.

Todo se decide desde la confianza y la fé que brotan de cada corazón.)

Paz y Bien

Cuestiones de expertos

Para el día de hoy (08/02/12):
Evangelio según San Marcos 7, 14-23

(Jesús llama a las gentes, a los discípulos, a todos los que estaban allí. Quizás la falta de nombres propios en esta lectura nos invita a poner los nuestros, como espectadores atentos y expectantes de lo que Él nos está diciendo.

En nuestro aquí y en nuestro ahora -kairos, tiempo de Dios, Palabra de Vida y Palabra Viva- seguimos incurriendo a repetición en el mismo error grosero de los escribas y fariseos de aquellos tiempos: nos aferramos a normas, preceptos y criterios básicos a cumplir, en la idea de que a partir de ello accederemos a la Salvación y seremos portadores de la bendición de Dios.

Pero así olvidamos que es el año infinito de la Gracia, de lo dado en pura gratuidad y por amor del Dios de Jesús de Nazareth antes de la acumulación voraz de méritos piadosos. Y la bendición de Dios también es don, toda la humanidad ha sido bendita pues Dios se ha hecho uno de nosotros, el más humano de todos, Jesús el hijo de Dios vivo.

En estas costumbres se vuelven imprescindibles los expertos en estas cuestiones, almas puntillosas que nos señalen y codifiquen qué es lo que debemos cumplir y qué es anatema, o si se quiere, qué es lo puro y cristiano y qué no lo es.

La propuesta del Maestro es propuesta de liberación y plenitud integrales, y el camino es el amor que se expresa en lo que hacemos y dejamos de hacer con el otro. Lo que nos ata y lo que oprime a tantos es la mala cizaña que viene de lo profundo del corazón, en todos los casos con el color opaco y apagado del egoísmo.

Indefectiblemente se cosecha lo que se siembra, y tal vez -además de los cuidados médicos que todos necesitamos- debamos comenzar a cuidar con esmero qué cosas son las que nos nacen en las honduras del alma: ésas y no otras son las que llegarán al centro cordial de nuestros hermanos)

Paz y Bien

Tradición y culto

Para el día de hoy (07/02/12):
Evangelio según San Marcos 7, 1-13

(El valor trascendente de la Tradición no es opinable: es aquello que se "trae" -tradere- de generación en generación por impulso del Espíritu, desde los apóstoles a nuestros días.

Podemos entrever en la Tradición la mano bondadosa del Dios de Jesús: la misma Palabra, los libros santos de la revelación, los Evangelios son la tradición primera, el testimonio de la acción liberadora de Dios susurrado por las tribus del desierto, el anuncio de la Buena Noticia hecho memoria y presencia por las primeras comunidades para todos nosotros.

Sin embargo, al igual que en los tiempos de la predicación del Maestro, demasiadas costumbres se han instalado -y hasta sacralizado- cuando en realidad han sido fruto de circunstancias históricas determinadas que se perpetuaron en el tiempo. A esa absolutización de situaciones y cuestiones que es su momento han sido importantes también se la suele denominar erróneamente tradición, y como en esa espiritualidad sinagogal -rígida de exclusiones, estigmas e impureza- es causa de separación, agobio y soledad.

Todo ello, claro está, tiene su traducción litúrgica. El culto acartonado, ferozmente puntilloso en exactitudes formales pero en donde el corazón y la compasión están ausentes.

Quizás hemos olvidado que el culto verdadero comienza en la compasión y el socorro hacia el necesitado, y la liturgia es expresión comunitaria y frutal de liberación y amor)

Paz y Bien

Cercanía y presencia

Para el día de hoy (06/02/12):
Evangelio según San Marcos 6, 53-56

(Hechos y palabras son los dos ríos que nos brindan el agua nueva de la Revelación que por pura gratuidad -Gracia!- nos regala Jesús de Nazareth.
La Palabra que nos enseña el rostro paterno y materno de un Dios que es amor entrañable.
Los hechos, las acciones de Jesús que son la expresión cabal de ese Dios que nos ama sin medida ni condiciones.

En esas acciones entrevemos a un Dios que se acerca a las gentes, un Dios que recorre los mismos caminos que la gente, un Dios muy cercano a la cotidianeidad que no se deja encerrar ni por doctrinas religiosas ni por templos de piedra, pues los templos verdaderos en donde se le rinde culto es cada mujer y cada hombre, vidas sagradas que nos redescubre el Maestro.
Un Dios que se pone abiertamente del lado de los que sufren, que está inclinado hacia los excluidos de todo estigma, un Dios cuya justicia es la Misericordia, un Dios que se deja encontrar y tocar.

En esa realidad, Jesús de Nazareth -judío marginal pero judío hasta los huesos- vestía como todos los varones de Israel el tallit katan, manto con flecos especialmente anudados de color púrpura violeta según prescribía la ley de Moisés -Nm 15, 37-40-, y significaban para todo creyente memoria, recuerdo y realidad de los mandamientos de la vida, de la santidad añorada por Dios, ese Dios siempre cercano que nos ha liberado de la esclavitud de Egipto y de todas nuestras prisiones. En ese talante, los enfermos rogaban que les permitieran tocar esos flecos anudados, intuyendo la santidad que imperaba en ese rabbí galileo.
Todos lo que lo hacían quedaban sanados, no tanto por la mecánica del gesto sino más bien porque la cercanía constante de Jesús y nuestras ansias de santidad obran milagros en nuestro aquí y ahora.

Presencia y cercanía de Dios se nos vuelven invitación y misión, movimiento perpetuo de esta comunidad que llamamos Iglesia, y que sale al encuentro de los perdidos, de los que sufren, de los que están librados a la suerte del dolor)

Paz y Bien

Desde la gratitud

Para el día de hoy (05/02/12):
Evangelio según San Marcos 1, 29-39

(Ella está postrada, atada a la enfermedad que la somete, las fiebres la vuelven intocable por impura, careciente de voluntad propia por la temperatura alta y porque es mujer. Por ello son los varones los que regresan de la sinagoga, en el encuentro sabatino con la palabra; ella permanece en su lecho, encerrada entre paredes de la exclusión.

Pero es tiempo de milagros, año de Gracia y misericordia, y ella encontrará salud y liberación. No está sola: el Maestro llega a la casa de Simón y Andrés sin saber de su situación, y es la preocupación de los demás la que lo informa acerca del estado de la suegra de Pedro, y así es también siempre el primer paso de toda sanación y de toda redención, el interés, el socorro y el empeño puesto por la familia, por la comunidad en favor del que sufre.

Allí no habrá conjuros, palabras mágicas ni rituales preestablecidos que rubriquen el milagro de manera espectacular; el milagro comienza con una actitud de ternura revolucionaria de Jesús de Nazareth, que no vacila en inclinarse hacia ella, en tomarla de la mano sin importarle esas pesadas cargas sociales que le impiden acercarse por ser una mujer, y en ese yugo religioso intolerable que a Él mismo lo vuelve impuro por el contacto con la fiebre y la enfermedad.
El milagro primordial es el magnífico quebranto que realiza el Maestro, derribando esos muros de exclusión y soledad que solemos imponer, gestos y acciones de redención que sanan y liberan.

En esa casa familiar de Andrés y Simón, casa de pescadores en donde habría esposas, bullicio de niños, mesa grande de pan compartido y esfuerzo común, Jesús restaura el ámbito de la sacralidad: la vida es sagrada, el templo primero es cada vida humana, el culto comienza a partir de la compasión y la solidaridad en espacios comunitarios en donde prima el cuidado del otro.

Ella se pone de inmediato en pié y se pone a servir; no es una actividad menor, de relegamiento a la cocina, actividades domésticas menores, sino que se trata de diaconía, del servicio a los demás que surge como gratitud por la vida que se ha recuperado y la libertad que se ha redescubierto. Y es la gratitud fruto, y es la gratitud semilla, pues desde la gratitud nos sanamos, nos reconstruimos, nos liberamos y servimos en plenitud.
La gratitud que se expresa en el servicio es el signo por excelencia de la Gracia increíble y maravillosa.

Sin embargo, no hay instantaneidad para muchos: Pedro y varios quieren un Jesús exclusivo, privado, perteneciente a unos pocos, de acceso limitado. Ellos no han realizado aún su éxodo de todo lo viejo que los socava y adormece, por eso el Maestro no responde con discursos, sino que será contundente en la caridad y la ternura, yendo allí en donde se lo necesita y se lo busca. La Buena Noticia no se detiene ni encierra en sitios ni instituciones, el Espíritu impulsa la vida más allá de cualquier frontera que nosotros admitamos.

Tenemos serias carencias de auxilio y deudas de socorro; sin embargo, hay muchas suegras agradecidas que se han puesto de pié, que sostienen las familias y que nos sirven banquetes de esperanza, suegras de Pedro que no se resignan y que desde la gratitud se hacen profecía y eucaristía)

Paz y Bien

Sin tiempo ni horarios

Para el día de hoy (04/02/12):
Evangelio según San Marcos 6, 30-34

(Los discípulos regresan de la misión que su Maestro les había encomendado: han anunciado la Buena Noticia, han expulsado los espíritus malos que agobiaban tantas almas. Por eso mismo estaban expuestos a dos peligros ciertos, los efectos del cansancio y el riesgo de una euforia que sólo tiene como distingo lo pasajero, lo fugaz.
Jesús sabe eso, y los lleva con Él a un lugar apartado para volver a reencontrarse y centrarse, para el reposo que reconstituye, para restablecerse en paz y fraternidad. Son obreros del Reino, son pescadores de hombres pero no están sujetos a cumplimiento estricto de horarios prefijados y normas operativas claramente delimitadas; ellos eligieron a partir de la gracia y de su libertad seguir al Maestro y asumir todo lo que implica ser discípulos y misioneros, y desde esa misma libertad se podrán rehacer y reconstituir junto a Él.
Sólo en Él podemos encontrar descanso, y ese descanso será verdadero cuando en la ilógica del Reino nuestro cansancio se transforme en ofrenda y socorro al necesitado, el culto verdadero.

La raíz de todo está en la compasión -com pathos, asumir propio el sufrimiento del otro-. Jesús de Nazareth vive fuera de sí, constantemente volcado hacia el otro, hacia el que padece, hacia el abandonado. La compasión es la expresión pura de la Misericordia que sostiene al universo, y le nace desde sus entrañas: desde esa compasión multiplicará los panes a judíos y gentiles, sanará a la hemorroísa, a la hija de Jairo, a la cananea, al siervo del centurión. La compasión no conoce límites ni fronteras, tampoco horarios.

La compasión del Dios de Jesús de Nazareth es la que nos reune a pesar de todos nuestros desencuentros, la que nos limpia de soledad, la que nos llena los vacíos de dolor, la que nos libera para la vida plena y se nos vuelve bendición y misión)

Paz y Bien


Mesas opuestas

Para el día de hoy (03/02/12):
Evangelio según San Marcos 6, 14-29

(La mesa de Jesús de Nazareth es la mesa del compartir, del servicio, de la inclusión y la fraternidad. Es la mesa tantas veces mirada con rechazo y reprobación, la mesa imposible en donde se sientan a compartir el pan los despreciados de todo tiempo, los que no cuentan, los considerados impuros e indignos por los sistemas de cada época, la mesa grande de Abbá Padre de Jesús y Padre Nuestro.

Pero hay otras mesas, las de los poderosos, banquetes en donde de derrocha el pan y las vidas de los otros; son esas mesas que tienen mucho de orgías de muerte y nada de ágape, de vidas que se comparten y expanden.

Es innegable que la persona de Jesús atrae, cuestiona, interpela: no es alguien a quien pueda ignorarse. Pero Herodes confiesa la ceguera que suelen portar los que detentan la soberbia, y no logra identificar a este rabbí galileo que tanta fama tiene. Más aún, con un temor supersticioso, cree que es el Bautista a quien él había mandado ejecutar.

La mesa de Jesús es mesa de fraternidad y conversión.
La mesa de Herodes es mesa de poder impune y de perversión; esa bandeja que estaba destinada a llevar el pan que se ha de compartir, se transforma en un signo de horror y muerte, allí llevarán la cabeza del Bautista, el más cabal y fiel de los hombres, el profeta de Dios fiel hasta el fin que no teme el espanto que el poder esgrime ante sus ojos, y que no se calla aunque lo atenace el miedo.

EL Evangelista nos brinda un hecho que no es menor: los discípulos de Juan intervienen sólo para encargarse de sus despojos, y es todo un llamado de atención para todos nosotros, para volvernos servidoras y servidores activos en esas mesas en donde la dignidad se reconoce en plenitud, en donde no se juega la vida de otros a los dados del capricho y el poder, mesas en donde nadie es excluido porque Aquel que invita ha pagado con su propia vida todos los lugares)

Paz y Bien

Temas de familia

Presentación del Señor

Para el día de hoy (02/02/12):
Evangelio según San Lucas 2, 22-40

(Son un matrimonio joven, un carpintero galileo y una muchacha campesina. Son muy pobres, por eso harán la menor de las ofrendas, sus ropas y su acento les descubre el origen.
Entre la majestuosidad del Templo y la abigarrada multitud se pierden; más aún, a ese bebé que se les duerme en los brazos y que llevan a la presencia de su Dios, nadie lo vé.

Sin embargo, dos abuelos cargados de años y sabiduría, con la ternura de aquellos que son padres y madres desde las honduras de su alma, son padre y madre de María y José, son también padres del bebé que acunan en sus brazos. Ellos sí lo pueden ver entre la multitud sin ninguna dificultad, porque tienen una mirada plena de fé y de esperanza.
Ese Niño es la respuesta a tantos años de espera, ese Niño trae todas las respuestas a tantas preguntas que se han hecho a lo largo de décadas, ese Niño es vida para su pueblo y para todos los pueblos.

Parece mentira: la más pura entre todas acude humilde a purificarse, el Libertador es llevado en brazos para ser rescatado según la Ley de Moisés.

Ese Bebé crecerá entre abuelos veraces e increíbles como Simeón y Ana, ese Bebé aprenderá desde pequeño los pequeños gestos diarios de servicio y el afecto concreto que se dispensa y difunde en cada palabra, a cada momento.
Ese Bebé sabe desde que nació que no hay palabras mejores que Abbá e Immá, papá y mamá, porque lo ha aprendido en el calor de su tapera nazarena, con los cuidados de José y María.

Desde eso que conoce y sabe, desde ese calor familiar que lo abriga, Él hablará de Dios de un modo definitivo, Él se hace Palabra para que recuperemos el habla, para que podamos llamar a las cosas por su Nombre)

Paz y Bien

Encasilllamientos

Para el día de hoy (01/02/12):
Evangelio según San Marcos 6, 1-6

(Jesús regresa a su patria chica, a su querencia, a la Nazareth galilea que lo vió nacer y crecer. Como todos los sábados, se dirige a la sinagoga y se pone a enseñar, esta vez allí entre sus paisanos, aquellos que creen conocerlo bien.

Todos los presentes se llenan de estupor, no pueden creer lo que escuchan. Lo conocen desde niño, conocen a los suyos y ese Jesús ya tiene un rótulo preestablecido, ha sido encasillado de determinada manera y sus paisanos no pueden hacer la Pascua que vá del asombro a la fé.
A esto, poco tiempo antes sus parientes se habían llegado hasta Cafarnaúm para llevárselo por la fuerza: sus palabras y acciones los ofendían, y lo creían fuera de sí; tal vez la actitud del resto del pueblo estuviera totalmente en una postura de rechazo hacia el Maestro, y esto es parte de nuestra cotidianeidad. Nosotros también encasillamos a a los más sencillos, descreídos de que puedan hablarnos con palabras de eternidad, nosotros también nos dejamos llevar por las habladurías de otros, las acciones y decires negativos de la Iglesia también provocan en muchos el rechazo a la Buena Noticia de Jesús de Nazareth.

Los nazarenos dan un paso más: no sólo rechazan cualquier novedad proveniente de Él, sino que lo insultan abiertamente: Él no puede hablar así, es el carpintero al que todos conocen, es el hijo de María -una mujer muy pequeña, una nada-, y nada se dice de José. Esto no es casual, es una manera velada de señalar que Jesús no tiene ascendencia paterna, que es un hijo natural, un bastardo sin raíces.

Allí, en su Nazareth no podrá realizar milagros, sanaciones, liberación de almas; los milagros son siempre actos de fé y bondad en donde no hay sujetos pasivos, es Dios que interviene en la historia, es el hombre que responde desde la confianza.
Allí en su Nazareth sólo será motivo de escándalo.

Sin embargo, Él no se resigna y persiste, y seguirá fiel hasta su Pasión y Resurrección y después también. Se asumirá impuro, se sentará a la mesa con los indeseables, soportará con paciencia la marginalidad y la exclusión a la que se lo somete impunemente.
La Buena Noticia comienza y se expande desde los márgenes, desde donde menos se la espera, desde aquellos que están rotulados con diversos estigmas que nadie se atreve a quitar, y todos los desmedros, rechazos y condenas han de ser la medida de la fidelidad amorosa de esta familia grande que conocemos por Iglesia)

Paz y Bien


Hijas e hijos de pié


Para el día de hoy (31/01/12):
Evangelio según San Marcos 5, 21-43

(Jesús y sus amigos vuelven a tierras y ambientes conocidos. Han dejado atrás tierras paganas, territorio de los gerasenos para regresar a Israel, suelo bendito y pueblo elegido.
Es claro que es ámbito conocido, más no sólo por cotidianeidad y hábito, sino porque allí el Maestro -y por consiguiente sus amigos- es considerado un réprobo, un blasfemo, un judío de lo más marginal, un campesino galileo peligroso porque altera todo un tejido de tradiciones férreamente instauradas en las sinagogas.

Hay un signo cierto detrás de la mención que el Evangelista hace del número doce.

Doce tribus del pueblo elegido, representando a ese Israel al que Jesús de Nazareth anuncia la salvación.

Doce años de sufrimiento, doce años de impureza y exclusión de esa mujer a la que la vida se les escapaba hemorragia tras hemorragia, doce años de ser considerada impura y, a su vez, de impurificar a todo a quien tocara, doce años dilapidando lo que tiene en busca de la solución mágica a sus padecimientos.

Doce años de la hija de Jairo, jefe sinagogal, doce años de una niña a punto de convertirse en una mujer que nunca será plena, que no conocerá amores, que no gestará más vida en su seno, doce años que se apagan en un instante.

En ese ambiente de sospecha permanente, allí en donde Jesús de Nazareth se ha vuelto objetivo a eliminar, campea el miedo. El miedo a la impureza, el miedo a la muerte, el miedo a la soledad permanente, el miedo que paraliza y obstruye el fluir de la vida, el miedo que es lo opuesto a la fé, esa fé que es fuerza, que es coraje, que moviliza, que levanta al caído y pone de pié.

En el nuevo tiempo de la Gracia esa fé implica confiar y creer en Alguien, antes que adherirse a un canon de doctrinas; sin embargo, ese encuentro personal con Jesús de Nazareth supone atreverse, animarse, tener el valor de acercarnos a pesar de las multitudes de sombras conque pretenden rodearlo y dejarlo inaccesible, jugarse la vida en gestos de fidelidad y confianza, sabedores que de Él brota un manantial inagotable de vida, de salud, de liberación, eso que llamamos Salvación, y que nos volvamos a descubrir hijas e hijos -la mejor de las noticias-, para que finalmente con su voz clara nos diga: -Muchachos, pónganse de pié-)

Paz y Bien



Los nombres, las muertes y la presencia

Para el día de hoy (30/01/12):
Evangelio según San Marcos 5, 1-20

(Jesús y sus amigos no han recorrido un trecho extenso; sólo han cruzado a la otra orilla del mar de Galilea. Sin embargo, la distancia es enorme: han pasado de la seguridad de la localía judía en la que han crecido y que conocen bien a la región de Gerasa, poblada de extranjeros y paganos, terreno incierto de extraños.

Apenas desembarcados, les sale al encuentro un hombre que no parece tal; vive agobiado por males mayores, signos de muerte que lo enajenan de sí mismo y lo alejan de los demás. Esas muertes lo condenan a la soledad, al ostracismo social y a vivir en una casa de muertos. Por ello el cementerio es su hogar.

Pero Jesús se hace presente, y su presencia es la misma presencia de Dios que hace que todo mal pierda consistencia y poder. Surge la queja airada: no sólo los vecinos del lugar tomaban como normal su situación de inhumanidad, sino que el hombre mismo había asumido la cotidianeidad de su dolor como algo asumido y perpetuo.
Entonces el Maestro pide a esos demonios que lo aquejan que se identifiquen: tanto para el bien como para el mal, es imprescindible llamar a las cosas por su nombre, renegando abiertamente de eufemismos y sofismas que suelen ser mecanismos de ocultamiento y disfraces de mentira.

En aquel entonces, la región de Gerasa estaba férreamente controlada por las tropas imperiales: por ello mismo, los demonios se descubrirán como Legión, símbolo de todo aquello que oprime y sojuzga al hombre por la fuerza y la imposición, y porque ninguna opresión es causal, sino que responde a una fatal organización y planeamiento.

En esa mentalidad que es rápida y eficiente en la clasificación y separación del portador de estigmas, es razonable que el espíritu impuro que sojuzga al hombre salte de su alma a una piara de cerdos, animales también considerados impuros.
Ellos se precipitarán al mar porque el mal se precipita y deshace cuando Jesús está allí, en donde se sufre y sobreabunda la falta de solidaridad y compasión.

Los vecinos del lugar le piden al Maestro que se vaya, plenos de temor a volver a perder cerdos en aras de alguna curación de ese galileo extraño. No nos es desconocida esta postura, esa misma en la que prevalecen los beneficios económicos por sobre la vida y la salud. Ni una sola vida debería sacrificarse en el altar de las riquezas, y esa es la verdadera injuria, y esa es la auténtica impureza que nos tiene sometidos.

El hombre está liberado de esos espíritus, erguido de vida. Entonces sí, sucede el milagro: no se queda ni se detiene, corre presuroso a contarle a los suyos todo lo bueno que Dios ha hecho por él.
Quizás lo que conocemos por evangelización y misión sea, en principio, esas ganas fantásticas de compartir con los demás todo lo bueno que nos ha sucedido en nuestras existencias porque Dios se ha hecho presente en nuestros días)

Paz y Bien

La Palabra y los silencios necesarios

Para el día de hoy (29/01/12):
Evangelio según San Marcos 4, 35-41

(No es un lugareño, es un artesano, casi un campesino nazareno. Cumple como todo varón judío la asistencia sabatina a la sinagoga ahí en la Cafarnaúm del mar de Galilea, de pescadores y publicanos, de escribas y fariseos.
Si se hubiera limitado como todos los demás a participar sumisamente del Shabbat, no estaríamos aquí discurriendo. Pero Él, en abierto desafío y para escándalo de acartonadas almas, se pone a enseñar.

Seguramente habla de Dios como Abbá!, habla desde lo que conoce en las honduras de su ser, a partir de su identidad plena, enseña desde lo que vive y respira, y entonces se desatan los asombros: se expresa con autoridad, no como los fariseos y los escribas. Ellos citaban -haciendo gala de una profusa erudición- las diversas interpretaciones que otros habían hecho de la Ley de Moisés, llevando su análisis a zonas demasiado intrincadas, que poco tenían de humanidad y mucho menos de Dios. Pura doctrina, habían resignado todo afecto y corazón en pos de la pureza fundamentalista.

Pero Jesús de Nazareth es Palabra Viva, y su autoridad -augere, esa fuerza que hace crecer- nace de sus entrañas mismas, de su corazón sagrado.
No tiene que referirse a puntillosos intérpretes de la ley, porque Él expresa a Aquel que es la vida misma, y así su relato es la mejor y más nueva de las noticias.

Allí entre la gente había un hombre poseído por un espíritu impuro, un espíritu despreciable; alienado de sí mismo, está reducido al silencio impuesto y se vuelve un objeto sin comunidad y sin Dios. Esa misma habla coartada es la que permite que grite su queja fiera ese estigma que lo hace diferente, anormal, enfermo.
Su queja es extraña: desde la singularidad de un hombre enajenado, arrecia su grito en tono plural.

Los alaridos en realidad son la rabia quejumbrosa de un sistema opresor e inhumano que retrocede frente a la presencia liberadora del Maestro. Pero siempre, indefectiblemente han de prevalecer la vida y la salud, en horizonte de plenitud. Así el Maestro acalla la brutalidad de la exclusión, la pretendida normalidad de unos pocos para que haya vida abundante para todos.

Quizás se nos haya adormecido el hambre de cierto silencio, el silencio de la tierra fértil que permite que germina y crezca fiel la semilla de eternidad, la sed insaciable de que finalice todo silencio impuesto y que por fin, en un mundo renovado, se llamen al silencio y al olvido tantos demonios de dolor y soledad)

Paz y Bien

A la otra orilla, a través de las tormentas

Para el día de hoy (28/01/12):
Evangelio según San Marcos 4, 35-41

(Jesús invita a sus amigos a cruzar a la otra orilla, y este deseo y proyecto está mucho más allá de una indicación geográfica: cruzar a la otra orilla del mar de Galilea implicaba irse a tierras gentiles, a la Decápolis abundante en paganos, es decir, nutrida de impuros y extranjeros. Hacia allí quiere ir Jesús de Nazareth, fuera del espacio políticamente correcto y ortodoxamente religioso, allí donde nadie en su sano juicio iría, desdibujando torpes fronteras religiosas e ideológicas que separan y matan.

No está sólo en esta travesía: varias barcas quieren acompañar a aquella en donde navega el Señor. Barcas de no sabemos quienes, pero barcas compañeras que no son del todo extrañas. Aún así, los discípulos no entienden ni aceptan el Reino de Dios que les ofrece su Maestro en la gratuidad increíble de su bondad.
Por ello, es claro que Jesús se duerma en la popa; la Buena Noticia es imparable, pero se apaga y diluye cuando pretenden apropiársela unos pocos. Y cuando esto sucede, se desata necesariamente una tempestad.

Todo pensamiento y acción de exclusividad y de exclusión deja a las almas a la deriva. Como bien lo sabía el rabbí galileo, tarde o temprano se cosecha lo que se siembra, y los discípulos han cosechado la tormenta que ellos mismos han producido, tormentas habituales en esta barca que llamamos Iglesia cuando nos cerramos en nosotros mismos, cuando abdicamos del coraje de la misión y del valor evangélico de ir hacia el otro, al distinto, al supuestamente extraño y extranjero que también es mi hermano.

Benditos temporales que nos despiertan de religiosas modorras; puede asomarse el clamor exigente de un Dios que parece haberse dormido, un Dios que aparenta no importarle lo que nos pasa.
Y Jesús levanta la voz, y su grito no vá hacia el oleaje bravo ni a la tormenta enardecida. Ese grito nos expulsa a nosotros los demonios del miedo, esos deseos de preeminencia y jerarquías que resignan toda fraternidad.

Quién será éste Jesús que hasta las tormentas de nuestras mentes y las marejadas de nuestros corazones le obedecen...)

Paz y Bien

De semilla y cruz

Para el día de hoy (27/01/12):
Evangelio según San Marcos 4, 26-34

(A menudo nos gana el hastío, nos sobrepasa la resignación y nos somete la desesperanza. Todo aquello que es contrario u opuesto al Reino es tan evidente y y flagrante, que pareciera que todo aquello en lo que creemos sólo son bellas palabras vividas templo adentro o en el reducto de nuestras creencias...y a veces ni eso.

Probablemente nos sucede porque aún nos aferramos a una imagen o fotografía de un Cristo glorioso, un Salvador instantáneo del poder que todo lo realiza ya, de inmediato, que derrota a sus enemigos, un Dios manipulable por actos de piedad preestablecidos, el Dios de los premios y castigos, el Dios castigador en la vida postrera, el de la Salvación sólo post mortem. Queremos que todo cambie ahora mismo, y más aún, que Él lo cambie mientras nosotros nos instalamos como ávidos espectadores de victorias cristianas.

Frente a todo ello, Jesús de Nazareth vuelve a hablarnos del Reino de su Padre de otra manera, con otra esencia muy distinta y hasta opuesta.
Nos habla de un Reino humilde y tenaz que se nos crece con nosotros y a pesar de nosotros, con la sencillez de una pequeña semilla persistente de fuerza, imparable, y que algún día será un arbusto grande que dé cobijo a tantas almas perdidas, pájaros a la deriva de los vientos mundanos.

Esa semilla persistente que crece aún cuando debamos detenernos agobiados de cansancio es la clave de nuestra esperanza, es vida que prevalece con su tiempo, con su proceso, en rebeldía contra la solución torpe e instantánea, contra esos remedios automáticos que nos venden y que a veces compramos.

Esa humildad de la semilla está íntimamente ligada a la Pasión del Señor: una espiritualidad que se aferra a lo glorioso, a lo que se ostenta, en verdad rechaza la cruel derrota de la cruz.
Porque la cruz es la victoria de los violentos, pero es una victoria fugaz, tan fugaz como las esperanzas vanas. La cruz como amor mayor preanuncia el milagro increíble de la Resurrección y la vida plena.

Tenemos que permitirnos la esperanza)

Paz y Bien

Sembradores de luces

Para el día de hoy (26/01/12):
Evangelio según San Marcos 4, 21-25

(Él lo sabía bien, viniendo de donde venía: había visto a su madre en la pequeña casa nazarena al caer la tarde, buscando el mejor lugar de la casa para colocar la lámpara de aceite, con el fin de que se ilumine hasta el último rincón y que ninguno de los tres quedara a oscuras. Además, no había posibilidad de derroches, el aceite era costoso y era menester saber aprovecharlo; por ello era impensable que ella pusiera la lámpara bajo la cama o dentro de una caja.

Así la Palabra: no se la esconde, no debería ser un arcano o un secreto compartido por unos pocos elegidos, sino más bien esa lámpara que no se esconde sino que se coloca de tal modo que ilumina la vida diaria, la comunidad. aún en la noche más cerrada la luz prevalece, y nada ha de quedar oculto. El mismo Dios no se ha guardado nada de sí mismo, se ha revelado por completo en Jesús de Nazareth.

Contrariamente a toda razón, y sabedores que el sentido común es el menos común de los sentidos, a menudo renegamos de nuestro destino de sembradores de luz. Obcecadamente persistimos en esconder bajo la cama esa luz que tiene por fin iluminar a todo aquel que deambule en tinieblas y en sombra de muerte, supuestos cristianos de lámparas escondidas replegados en el miedo y el egoísmo.

Ésa precisamente es la clave de la felicidad: al que tiene se le dará aún más.
Con criterios mercantilistas, nos volvemos incapaces de comprenderlo; pero en la ilógica santa de la Buena Noticia, la compasión, la solidaridad, el servicio y el amor siempre se multiplican más allá de todo cálculo.
Y allí sí, la alegría prevalece y no se vá, al igual que la luz de esa pequeña lámpara en medio de la noche)

Paz y Bien


La otra fé

Conversión de San Pablo, Apóstol

Para el día de hoy (25/01/12):
Evangelio según San Marcos 16, 15-18

(Sabemos que la fé fundamentalmente es don y misterio; en tanto que regalo del Espíritu no nos exime de cuidar que vaya creciendo frondosa esa semilla vital que todos -sin excepción- tenemos sembrada en nuestros corazones. Es mucho más que la adhesión a un sistema de creencias religiosas, trasciende inclusive los límites de dogmas y doctrinas pues creemos en Alguien y lo seguimos.
Cuando hablamos de fé, hablamos especialmente de nuestra fidelidad y confianza en Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor, el Hijo de Dios Vivo, Cristo de nuestra Redención.

Sin embargo, podemos animarnos y atrevernos a afirmar que hay otra fé.
Es la increíble e inconmensurable fé que Dios tiene en nosotros, a pesar de todo lo que somos y con esa mirada lejana que sueña con todo lo que podemos llegar a ser.

Él confía en nosotros infinitamente más de lo que nosotros en Él, a tal punto de confiarnos la totalidad de la vida y el universo en nuestras manos.
Esto no es una figura literaria o una mera expresión de deseos: es esa confianza cordial y eterna que nos envía como portadores tenaces de buenas noticias a los cuatro rumbos, es esa fidelidad perpetua de saber que no vamos solos, que tenemos un poder liberador, el poder indestructible de la misericordia y la compasión que expulsan los demonios de la exclusión, la soledad, la resignación, el abandono, que sin necesidad de formaciones académicas nos haremos entender en el lenguaje unificador y universal del amor, que podremos sin riesgo tomar en nuestras manos las serpientes del egoísmo para que no hagan más daño, que los venenos del desaliento y la tristeza no nos doblegarán, y que nuestras manos tienen destino de sanar toda herida, manos para el abrazo, manos que se estrechan con veracidad y reniegan de empuñar armas y desatar violencias.

Todo está en nuestras manos por su confianza irrevocable y ese corazón sagrado, desbordante de misericordia que sostiene al universo)

Paz y Bien





Tu familia

Para el día de hoy (24/01/12):
Evangelio según San Marcos 3, 31-35

(Hace pocos días querían llevarlo por la fuerza, de regreso a Nazareth; decían que estaba fuera de sí, estaban avergonzados de esas actitudes poco convencionales, ese juntarse a comer con gente extraña y reprobable, esa manera increíble de hablar del Dios de Israel. No respondía a las expectativas que como parientes habían depositado en él, rompía con las tradiciones de sus mayores.

Hoy estaban allí, a la entrada de la casa de Cafarnaúm y lo mandan llamar, invocando su pertenencia familiar, hasta quizás cierta idea de propiedad. De algún modo,entendían que Él les pertenecía sólo a ellos, no a esa multitud de enfermos, excluidos y pobres que no lo dejaban ni comer.
Él entiende lo que sucede -no hay mejor lector de corazones-, y declara que su madre y sus hermanos son aquellos que hacen la voluntad de Dios.

Tu madre y tus hermanos hoy también están allí fuera, inmersos en el mundo, y te buscan sin descanso -algunos sin conocerte-.

Hemos visto a tu madre renegando de cualquier comodidad, sudando a mares al lado de una olla que a menudo consume su salud, ángeles de tu Padre que con muy pocas cosas y un corazón inmenso mantienen a raya la sombra negra del hambre. La vimos callada y con los ojos encendidos, viendo crecer a los hijos, acompañándolos en buenas y malas, protectoras tenaces de la vida que se gesta y de la vida que amanece, para que nadie quede librado a su suerte.

Hemos visto a tus hermanos, humildes trabajadores honrados que nunca se enlodarán con la corrupción; antes bien, muchos de ellos serán víctimas de la misma. Los vimos hambrientos de justicia, arduos de compasión, buscadores incansables de paz y liberación para los demás, hermanas y hermanos tuyos que no se resignan, obcecados en la esperanza, que rinden culto a tu Padre en el servicio a los demás, practicantes eficaces de la liturgia de la sonrisa y la cordialidad que saben compartir su mesa -tu mesa-, mesa grande en la que siempre habrá un lugar, hermanas tuyas que multiplican con vos el pan, hermanos tuyos que salen a diario a pescar la vida con la confianza de que el hoy puede cambiarse, y el mañana puede ser mejor aún.

Abriste tu familia, la hiciste increíblemente grande, árbol frondoso que cobijará a tantos)

Paz y Bien


De la difamación

Para el día de hoy (23/01/12):
Evangelio según San Marcos 3, 22-30

(La lógica clásica establece varios tipos de falacias, es decir, argumentos que bajo la apariencia de ser correctos inducen a error. Dentro de estas falacias, hay una llamada argumentum ad hominem, que en vez de debatir acerca de las razones y evidencias presentadas, se pone el acento en descalificar a la persona que sostiene y presenta dichas evidencias.

Nada de ello nos es desconocido, es una practica usual y ampliamente difundida en nuestras sociedades, en el ámbito de la política o el poder, el la esfera religiosa o en espacios algo menos trascendentes como son los medios masivos de comunicación, y en general es el primer paso de cualquier escalada de violencia.

Jesús de Nazareth no estuvo exento del ataque de estas prácticas duras e ignominiosas. El Evangelista se preocupa en dejarlo claro con varios signos: los escribas -representantes del poder religioso y autoridades doctrinales del mismo- bajan de Jerusalem, es decir, bajan de el sitio del Templo y la pureza ideológica hacia el abajo de la Galilea de la sospecha, la Galilea del desprecio.
Ese rabbí galileo cada día que pasaba se volvía más y más peligroso, y los doctores se encienden airados: el rebaño sometido y dócil del pueblo comienza a no responderles, a escaparse de su rígido e implacable dominio.

En esa ratio, deciden emprender un viaje sin retorno: comienzan una campaña de difamación de Jesús de Nazareth, queriendo desacreditarlo ante el pueblo, pretendiendo que al descalificarlo queden minimizadas o rechazadas las bondades de sus acciones. Sin embargo, el objetivo máximo es mucho peor: pretenden instalar la idea de que el Maestro obra a partir del poder del Maligno, de que es un blasfemo, hechos que de por sí conllevan a la pena de muerte.

No se dan cuenta; en la atmósfera de difamación y desprecio que han creado, ellos son los verdaderamente afectados. Están intoxicados en sus propia mezquindad y soberbia, de tal modo que se han vuelto incapaces de ver la acción de Dios en todos los hechos de bien y verdad que Jesús de Nazareth brindaba gratuitamente, salud y salvación para todos.

Niegan lo evidente, y ésa precisamente es su perdición: no volveremos a una imagen cruel de un dios punitivo, castigador, sino al Dios Abbá de Jesús, un Padre que perdona y jamás rechaza. Pero ellos niegan cualquier posibilidad de perdón, de liberación, de Pascua.
Ellos se encierran en las muertes que propugnan, y ese es su destino.

En tiempos del todo vale, de la descalificación rápida, quizás debamos volvernos más férreos en la compasión, rígidos en la misericordia, veloces en el socorro, descubriendo el bien que suele florecer en los lugares más insospechados y hasta ajenos, a riesgo de portar esos rótulos inmisericordes que el mundo adjudica sin rubor)

Paz y Bien



ir arriba