Edificando comunidad y libertad

Para el día de hoy (11/05/12):

Evangelio según San Juan 15, 12-17

(Él no nos quiso servidores, desconocidos de su corazón ni tampoco interesados solamente en lo propio, en aquellos egoísmos que cercenan toda posibilidad de ser y crecer.

Él nos reconoce como amigos, mucho más que simple conocidos, eternamente más que compañeros y hermanos. Es un corazón en una increíble cercanía cotidiana.

En esa reciprocidad prevalece el desinterés, se desoye cualquier llamado al egoísmo y florece la solidaridad y la generosidad.
Desde allí se edifica la comunidad, una comunidad que no es un grupo que se identifica por las jerarquías y por las relaciones de poder entre las personas que la componen, sino por el mayor grado de entrega y servicio entre los amigos y los hermanos.
Es raíz de iguales, de aquellos que siguen los pasos de Aquél que siendo el Totalmente Otro se ha hecho igual a nosotros, uno más entre nosotros, el más humano de todos nosotros.

Sólo así es posible la libertad plena.
En la ilógica maravillosa de la Gracia, la libertad fructifica en su plenitud en la medida de las vidas que se ofrendan para que no haya más esclavos, para que se destierre toda opresión, para que la fraternidad y la amistad sean mar y horizonte de aquellos que nos sabemos elegidos, no por nuestros escasos méritos, sino por la bondad infinita del que nunca nos abandonará)

Paz y Bien

Lo que permanece

Para el día de hoy (10/05/12):

Evangelio según San Juan 15, 9-11

(En las velocidades ciudadanas, en las imposturas de la rutina, en el devenir cotidiano, en todo ello solemos disiparnos pues nos descentramos y olvidamos lo que verdaderamente cuenta, lo definitorio, lo esencial.

Así sucede que nos identificamos por una pertenencia determinada, por el cumplimiento de preceptos, por la asistencia al culto; todo ello es importante, sin embargo lo que nos sustenta e identifica no es tanto aquello a lo que adherimos sino a quien estamos unidos.
Más aún, lo que nos constituye radica en reconocer y saber que estamos vitalmente ligados a Alguien concreto, presente y real, Jesús de Nazareth, el Crucificado que ha Resucitado.

Es cuestión cordial y personal antes que aseveración racional, es vida que se expande, es existencia que se define por la cercanía, la generosidad, la solidaridad y esa serena alegría que tenazmente persiste con todo y a pesar de todo.

La medida de nuestra fé se expresa en todo lo que hacemos y en cómo lo hacemos.
Lo que permanece para siempre es el amor que Dios nos tiene y que nosotros reproducimos y ampliamos en nuestros hermanos, creando familia)

Paz y Bien

Del hacerse vino

Para el día de hoy (09/05/12):

Evangelio según San Juan 15, 1-8

(Lo había enseñado desde el comienzo; en aquella boda en Caná de Galilea, cuando la fiesta se dormía y apagaba -como se nos apaga a menudo la vida-, ese agua oculta en tinajas se convirtió en el vino del brindis nuevo, de la alegría, signo de ese sueño infinito del Dios Abbá de Jesús de Nazareth que quiere una celebración perpetua en vida plena para todas sus hijas e hijos.

Y la Madre de Jesús no es ajena a ello, es la que avisa para que no nos detengamos, no nos resignemos, la que le cuenta al Hijo nuestras penas, la que nos dice a diario que es imprescindible y vital hacer lo que Él nos diga.

Pero la Buena Noticia tiene el color de lo que no tiene fin, del desalojo del no se puede, del ir a más porque siempre hay más.
Tenemos una invitación permanente a hacernos vino para los hermanos; a menudo suplicamos que Dios nos bendiga -y está muy bien-, pero el Maestro nos impulsa a hacernos nosotros mismos bendición para el otro.

Es un destino de vino bueno y santo.
Y ese vino procede de las uvas mejores, las mismas que en racimo se ofrendan desde los sarmientos podados con justicia, desde la inmensidad y el amor de la Palabra.
Entonces sí habrá tinajas enormes llenas de ese vino bueno que podemos llegar a ser, porque nos recorre la savia de la eternidad, porque estamos indisolublemente unidos a Aquél que es vid y que es verdad.

Nada hemos de temer, porque nos cuida el mejor de los Viñadores)

Paz y Bien

María de Luján, hacedora del pueblo

8 de Mayo - Nuestra Señora de Luján - Patrona de la Argentina


Para el día de hoy (08/05/12):

Evangelio según San Juan 19, 25-27

Éramos apenas una colonia virreinal en la periferia del Imperio lejano, sin sueños de Patria y de libertad, tierra inmensa habitada por los pueblos primordiales, pueblos antiguos que eran considerados un despreciable accidente del terreno -meros objetos de la codicia-, pueblos a los que se le impuso la cruz a fuerza de espada y explotación.

Aún así, corazones nobles y humildes anunciaban la Buena Noticia desde el servicio y el silencio. Y como suele suceder cuando Dios interviene en la historia, acontecen cosas inesperadas, sorprendentes y extrañas...

Un estanciero del norte -Antonio Farías de Sá- había encargado a un amigo portugués afincado en Brasil la confección y el envío de una imagen de la Inmaculada Concepción para su hacienda de Sumampa, Santiago del Estero.
Y como hasta los mejores cálculos pueden trastocarse, no le envían una imagen de la Virgen María sino dos: una, la Purísima Concepción y la otra, la Madre de Dios acunando al Niño en sus brazos.
El despacho se completa con un añadido horroroso: como parte de la carga remitida, llega a estas costas un hombre negro oriundo de Cabo Verde, África, cristianizado bajo el nombre de Manuel, un esclavo, una mercancía, una nada, destinado a tareas menores en casas de colonizadores poderosos.

La fecha de llegada a estas costas se sitúa hacia fines de marzo de 1630. No hay una recepción oficial, no hay pompa ni homenaje sino que es casi una llegada contrabandeada; el buque mercante se vacía y se carga una carreta que no elige la ruta usual -el camino Real- para llegar a destino, viaje oculto y clandestino atravesando estancias conocidas.

Desde el vamos hay una urdimbre ilógica que se revelará maravillosa.

La carreta sumampeña hace un alto a una legua de la Villa de Luján, en la estancia de un tal Diego Rosendo; esas carretas de carga habitualmente eran tiradas por la fuerza de bueyes, animales poderosos como pocos para estos menesteres. Y a la hora de reemprender el viaje, las ruedas se clavan en la pampa, como si esa tierra agreste la reclamara para sí.
No hay modo, no hay manera de mover esa carreta que parece empecinada en no moverse a pesar del esfuerzo de los troperos y de esos bueyes poderosos.

Pero son los pequeños y los que no cuentan los que mejor entienden los signos eternos, las señales constantes de un Dios que no nos abandona.
Y es así que ese esclavo africano -humanidad hecha mercancía- intuye lo que en verdad sucede: hay que descargar a la imagen que representa a la Madre de Jesús, Pura y Limpia, y se podrá seguir el viaje.
Es un peso menor, una carga mínima de tan liviana -algo de terracota nomás- pero Manuel sabe que allí hay una decisión que es producto de la tenacidad que sólo puede surgir del amor.
Él dejará de ser mercancía, y se quedará allí haciendo honor al nombre que, sin pensarlo, le han impuesto: Manuel, Emanuel, Dios con nosotros.
Todos sus días serán servicio y solicitud para los peregrinos y los enfermos a partir de ese afecto que lo ata inseparable a la Madre de Jesús.

Desde aquel 1630 que se nos hace tan lejano, Ella ha estado siempre con nosotros, Madre tenaz de amor que se obstina en quedarse aquí para que no nos gane la soledad.
Ella es una mujer sin casa, y su hogar está en donde están sus hijos.

Contra toda razón, se trata de una cuestión de co-razón.
Porque donde está la Madre se encuentra al Hijo.

Quizás no es aventurado imaginar que, en parte, somos pueblo por su amor incondicional. Ha querido quedarse aquí, congregando a mujeres y hombres haciéndolos hermanos, edificando presente, soñando futuro.

Nuestra gente, especialmente los más pequeños como Manuel, te reconocen y te saben presente, madre, hermana y compañera de nuestros días, protectora en nuestras noches, consuelo en nuestros dolores bravos, soñadora esperanzada de tiempos felices.

¡Salud, María de Luján!
¡Salve, Madre de Dios!

Paz y Bien













Relicarios

Para el día de hoy (07/05/12):

Evangelio según San Juan 14, 21-26

(Una gran tentación se esconde en la pregunta que le hace Judas -no el Iscariote- al Maestro, aquella que refiere a la exclusividad, al elitismo, a un Dios accesible sólo para aquellos que exhiban credenciales de pertenencia religiosa. Desde allí, es dable suponer y concluir parámetros de salvación para los adherentes a una confesión específica: sin embargo, esta postura implica demostraciones pietistas y fenomenologías que se quedan en la exterioridad, y que traen como consecuencia un mezquino horizonte de unos pocos salvos y una miríada de condenados.

Jesús de Nazareth no se deja atrapar por las redes de esa lógica espuria; por ello su respuesta se dirige al centro mismo del anuncio de la Buena Noticia y a la identidad primordial de sus amigos y hermanos.
Será entonces de una cuestión raigal de pertenencia el amor -esencia misma de Dios-, y más aún, amar como ama Jesús. Nada más ni nada menos, ni quitas ni agregados.
Previo a toda doctrina, adhesión a dogmas, culto o participación, está la única medida con la cual se evalúa quién pertenece a su familia inmensa, y es la intensidad de como se ama expresada en el servicio y en la solidaridad.

Ello es tan decisivo, que el Dios del Universo, Abbá Padre de Jesús y Padre nuestro no es un Dios alejado y ajeno a nuestra frágil humanidad, sino un Dios que mora en cada corazón, que habita en cada alma que se mantiene firme y fiel a ese principio fundante de la caridad.

Por ello mismo, toda especulación válida acerca de derechos humanos -reflexión siempre imprescindible- queda soslayada cuando comprendemos y aceptamos que cada hombre y cada mujer, más que un templo, mucho más que una catedral- se vuelve relicario del Dios de la Vida, templo vivo y latiente de ese Dios que se ha hecho niño, que se ha hecho hombre, que se ha hecho uno de nosotros entre nosotros)

Paz y Bien

Cepa y savia

Para el día de hoy (06/05/12):

Evangelio según San Juan 15, 1-8

(Para los que somos de orígenes citadinos y vivimos en sitios en donde no hayan parras, la enseñanza del Maestro que hoy nos hace presente el Evangelio de Juan puede quedársenos en lo meramente anecdótico, o en una lectura abstracta despojada de sus signos más profundos.

Los sarmientos de la vid están tan intrínsecamente unidos a la cepa, que esa simbiosis es imprescindible para que crezcan, y para que tenga sentido su existencia misma; los sarmientos son los mismos brazos de la cepa, brazos que crecen año a año y que suelen dar algunas yemas. De esas yemas brotarán luego los racimos que tienen destino de vino bueno.

Hay tres tipos de yemas: la principal -que trae consigo la producción añorada por la vendimia-, la anticipada -que a menudo trae frutos pero inservibles para el vino, de muy baja calidad- y la latente, yema que es pura vegetación y no suele traer ningún racimo.
Las tres clases de yemas tienen una constante: cuanto más cerca estén del tronco, es decir, de la cepa/vid, mejores uvas brindan.

Aún así, es menester ir podando los sarmientos para que antes de cada vendimia haya buenas yemas; si no hay poda, difícilmente pueda haber ni yemas ni racimos, y la vid se pierde en puras ramas inútiles y secas de deshecho.
Sin embargo, la nobleza del vino en promesa no surge de modo independiente de esos sarmientos que se renuevan en cada poda, sino más bien de la savia que recorre nutricia la cepa y sus brazos.

La alegoría tiene un significado definitivo: el Dios de Jesús de Nazareth, nuestro Dios, no es un Dios alejado que cada tanto empuña el hacha para cortar aquello que en nosotros no sirve, desde fuera, ajeno y distinto.
El Dios de Jesús de Nazareth nos recorre vital y fructífero por todo nuestro ser, venas y alma, para que esta mínimas ramas que somos florezcan en vino santo.

Por ello vivir la Buena Noticia del Reino no implica adherir a doctrinas, o pertenecer a un grupo religioso; es, decididamente, permanecer unidos indisolublemente a Alguien, Jesús nuestro hermano y Señor, vid verdadera, cepa infinita por la que nos llega la cepa eterna de la plenitud.

Somos sus brazos, su presencia y su permanencia: el sueño y la gloria de Dios es que nos florezcan racimos de justicia, de verdad, de liberación para que brinden los hermanos en la mesa inmensa del Reino)

Paz y Bien

El altísimo comercio de Pedro Nolasco


6 de Mayo - San Pedro Nolasco

No hay fechas exactas, pero se conoce con cierta certeza que Pedro nació hacia 1183 en el Languedoc del sur de Francia, en Mas-Saintes-Puelles. De su padre aprende y hereda el oficio de mercader, que desarrollará años después cuando su familia se establezca en Barcelona.

Por aquellos tiempos -tiempos del esplendor del califato de Córdoba y del auge de la civilización mora por la península ibérica y todo el Mediterráneo- era habitual encontrarse con la situación de cautividad en la que vivían cientos de cristianos en manos sarracenas, cautividad que sólo podía revocarse mediante el pago de importantes sumas de dinero.

Eran hombres que languidecían en mazmorras oscuras, velados en su identidad, con su dignidad apisonada hacia la nada, con su esperanza en derrota, con su fé en disolución.
La libertad que le habían arrebatado tenía su contraparte en aquellos coetáneos que -a pesar de lamentos- se habían acostumbrado a esas cadenas que aplastaban a sus hermanos. Luego del opresor, la resignación es causal fuerte de toda cautividad.

Al joven seglar Pedro esto se le hacía intolerable, y sólo puede entenderse desde la compasión: mientras mis hermanos estén cautivos, yo soy cada vez menos libre.
A pesar de su oficio de comerciante, no se ha apropiado de su alma la avaricia por los bienes. Por el contrario, serán una mansa arma eficaz para liberar prisioneros. Y cuando se agotan sus cuentas, saldrá a mendigar monedas y a colectar fondos desde corazones solidarios para que no quede trunca su tarea.

Pedro desoye cualquier tentación a personalismos e individualidades; él advierte que esta tarea que descubre primordial y santa debe ser compartida, comunitaria, iniciativa fraternal. Por ello mismo convocará a otros con su mismo sentir, amigos suyos que se hermanarán en esta empresa propia de la Gracia, impulsados por el Espíritu de Aquél que anunció la Buena Noticia a los pobres, la luz a los ciegos y la liberación a los oprimidos.

Es menester ubicarse en las circunstancias históricas: por aquellos tiempos era natural, lógico y razonable embarcarse en aventuras militares para liberar de manos extrañas lugares santos y, a veces, ciudades cautivas, aventuras violentas que conocemos por el nombre de cruzadas.

Pedro y sus hermanos reniegan de toda violencia al igual que ese Jesús que reconocen en los rostros hundidos de los cautivos que ansían liberar.
Ellos levantan desde su humildad y mansedumbre banderas de libertad, de igualdad y fraternidad ocho siglos antes que la bandera brava de la Revolución Francesa, y el estridente silencio de sus vidas ofrendadas llegan hasta nuestros días.

Hoy la cautividad es otra, pero el dolor es el mismo, y es la misma humanidad ultrajada y sometida la que agoniza en tenebrosos lugares.
Hoy, en un mundo en que prevalecen el egoísmo y la avaricia expresados en la ignota crueldad de mercados financieros, de la subordinación absoluta al imperio del dinero, Pedro Nolasco vuelve a reivindicar y a decir que hay otro comercio, un altísimo comercio, un comercio santo que es el de empeñar todo lo que se posee para rescatar a un hermano en tinieblas, que nadie debería dormir tranquilo si otro sufre cadenas, que es intolerable toda opresión.
Y que cuando se acaba el dinero, se pone el cuero, los huesos, la propia vida como pago y rescate del prisionero, al igual que el Cristo de la cruz, del amor mayor por los demás.

Lo que cuenta y lo que importa es el otro, libre y pleno.

De tan humilde el laico Nolasco, que no quiso asumir ningún protagonismo personal. Su tarea y la de sus hermanos es primordial como primordial es la Misericordia.
Por eso las hijas e hijos que lo sucederán a través de los siglos no serán petrinos o nolasquinos, sino que se identificarán con la otra denominación de esa Misericordia que sostiene al universo: Merced.
Es la comunidad que se organiza y ordena en busca del bien mayor de la liberación, es la fraternidad de la Merced, de la Misericordia que se encarna, tus hermanas y hermanos Mercedarios.

Por eso hoy, memorial de tu vida santa, es dable y necesario repetir Pedro con tus hijas e hijos de este confín del sur que es imprescindible -más que nunca- en un mundo de opresiones, ser redentores con Jesús.

Paz y Bien


Familiarmente

Para el día de hoy (05/05/12):

Evangelio según San Juan 14, 7-14

(Como un éxodo desde nuestros esquemas fallidos, el Maestro nos dirige los pasos hacia el sendero pleno de la Gracia, una Gracia que es asombrosa, increíble, sorprendente.

En ese exilio propuesto a nuestras mezquindades, son cuatros los hitos que evitan que nos extraviemos: conocer, ver, creer y hacer, y todo ello desde una única perspectiva, la familiar, la de las raíces, la de la identidad más profunda. Así entonces, desaprenderemos de tantas inutilidades abstractas, desandaremos rastros desencarnados y egoístamente solitarios, regresando a ese Dios que ha salido a los caminos en nuestra búsqueda, un Dios que interviene en la historia haciéndose niño, creciéndose hombre, resplandeciendo hermano nuestro en Jesús de Nazareth.

En cada gesto, en cada palabra y en cada silencio de Jesús palpita el Dios del universo, Aquél que es el Creador y la Vida.
Y en ese Cristo rotundamente humano se revela como Padre, y más aún, como Abbá!, cercanísimo a nuestro corazón.

Quiera el Espíritu que nuestros gestos, nuestras palabras y todo lo que hagamos y respiremos también se vuelvan signos ciertos de pertenencia, rasgos familiares que revelen sin ambages a ese Dios que nos acuna y que mora en nosotros)

Paz y Bien

Entrañablemente cercano

Para el día de hoy (04/05/12):

Evangelio según San Juan 14, 1-6

(A partir de la Palabra para el día de hoy, se podrían realizar profusas reflexiones teológicas y enriquecedoras exégesis, lo cual -es claro- no está mal.

Pero por un momento, detengámonos en la escena que nos plantea el Evangelista Juan: es un hombre joven que sabe que vá a morir muy pronto, que conoce el daño espantoso que producirá el miedo, que luego de su partida a sus amigos los perseguirán, los acosarán con represión, con descalificaciones, con exclusiones y excomuniones. Y sabe bien que aún después de tanto enseñarles y de tantos senderos compartidos, aún no terminan de comprenderlo.

Lo que está por suceder es inmensamente doloroso y golpea con su tristeza en ciernes, y eso es lo que angustia al rabbí nazareno, que no quiere que se pierda ni se extravíe ninguno de los suyos.

La respuesta a esa inquietud profunda que brinda Jesús de Nazareth transluce la infinita compasión de su Padre, un Dios increíblemente resplandeciente en lo humano, un Dios entrañablemente cercano a nuestra finitud y a nuestras miserias.

Nadie debe perderse, nadie.
Esas habitaciones de su casa son reflejo de su corazón infinito y signo de aquello que llamamos Iglesia: un recinto amplísimo con lugar para todos, en donde se respire fraternidad, misericordia, mansedumbre y paz, todas semillas certeras y eficaces de la alegría que no perece)

Paz y Bien

Destino, existencia y liberación

Santos Felipe y Santiago, Apóstoles


Para el día de hoy (03/05/12):

Evangelio según San Juan 14, 6-14

(No podemos negar una constante, y es que oscilamos entre una espiritualidad desencarnada de la realidad a una religiosidad que se remite específicamente a las necesidades comunes, a lo coyuntural, a lo que suele perecer.

Quizás, en parte, esto suceda porque el acostumbrarse y transcurrir sin crecer ni expandir el corazón demuele cualquier esperanza.
Por ello mismo es necesario y hasta imprescindible volver a hacer preguntas como la de Felipe, que aunque errónea ante toda la evidencia de la Gracia, es signo de un alma que no se queda quieta y no se conforma.

Porque sin camino no hay andar, y si no hay andar mucho menos hay un destino cierto.

Porque sin verdad, estamos a la ventura de vientos difíciles y tormentas malignas que nos llevan a ninguna parte.

Porque sin una vida definitiva, hay una muerte rotunda.

Tal vez, nos hemos vuelto puntillosos adeptos a un sistema de creencias y férreos defensores de profundas doctrinas, pero olvidamos la clave/llave de toda vida: la Salvación -don y misterio- no está definida por las cosas y dogmas en los que creemos, sino más bien por Quien creemos. Porque no creemos en algo, creemos en Alguien, Jesús de Nazareth, nuestro camino, verdad y vida, nuestro destino, nuestra existencia y nuestra liberación, hermano y Señor nuestro, puerta siempre abierta a la vida plena que no tiene fin)

Paz y Bien


Señales luminosas

Para el día de hoy (02/05/12):

Evangelio según San Juan 12, 44-50

(Él caminaba por toda aquella Galilea de los márgenes, subía a Jerusalem, pasaba sus días en Jericó, en Cafarnaúm, en Betania, en la Decápolis, bordeaba los poblados del mar, cruzaba las fronteras de la pureza y la ortodoxia impuestas.

Eran todos sitios concretos, en un momento determinado de la historia; y en todos aquellos lugares este judío humilde Jesús de Nazareth, desbordaba compasión, se acercaba a los dolientes, comía con los réprobos, brindaba sanación, levantaba a los caídos, hablaba de su Padre y de un Reino que las almas más estrechas y severas se negaban a aceptar, acusándolo de blasfemo, de impuro, de loco.

Todas y cada una de las cosas que Él dijo e hizo han sido señales luminosas para aquellos que agonizaban en oscuridad y silencio, para los que no podían ver más allá de algunos conceptos mezquinos, para los que toda noticia habitualmente era mala.

Todas esas señales fueron posibles porque Él mismo es la luz, luz que ilumina y no encandila, luz que desaloja toda tiniebla, luz que es pura transparencia.
Estamos demasiado empeñados en adjudicarle al Maestro títulos, categorías y atributos divinos, y así solemos olvidar la clave mayor de la revelación, la identidad plena entre Jesús y el Padre, de tal modo que sabemos con certeza que Dios es Jesús y Jesús es Dios.

Ello excede cualquier cálculo y supera por lejos todas aquellas especulaciones que podamos realizar: en la humanidad plena de Jesús de Nazareth se expresa la eternidad y el infinito del Creador del universo, una expresión que siempre es salvación y liberación, alegría y misericordia.

Solemos suplicar la bendición de Dios en todo lo que emprendemos, en nuestra cotidianeidad y está muy bien; sin embargo, desde estas señales de luz quizás nosotros mismos -hermanos y discípulos del Maestro- tengamos pendiente hacernos bendición para los demás, señales de auxilio para nuestra gente)

Paz y Bien

Los hemos visto


1º de Mayo - San José Obrero

Evangelio según San Mateo 13, 54-58

(Hemos visto sus manos callosas de fábrica, sus pies unidos al barro de la misma tierra que cultivan, sus ojos gastados en ubicuas oficinas, su entrega absoluta cuidando a la familia -obreras increíbles de horario completo-, sus espaldas doblegadas pero sus almas erguidas.

Los hemos visto en sus otoños cansados recordando orgullosos esfuerzos enormes por el bien de la familia, a menudo por las cosas más sencillas.

Los hemos visto humildes y tenaces, a menudo ofendidos por salarios de miseria y por el insulto cruel del desempleo, alegres desertores de toda corrupción, árboles fragantes de dignidad y justicia, en la tarea incomparable de proteger a los suyos, de acrecentar la vida ganando mucho más que el sustento, muchas veces en tierras extrañas, en querencias ajenas.

José de Nazareth es su protector y en ellos se espeja.
Aquél trabajador de la madera -inmenso en su corazón- que se mantuvo firme en su justicia, en su honestidad y en su amor a toda prueba, cálido protector de la vida en ciernes, silencioso y tenaz cuidando a los que ama más que a sí mismo, sin buscar reconocimientos ni recompensas, creciéndose en cada gesto bondadoso de servicio.

De seguro, ese Niño Santo fue descubriendo en su abbá nazareno -judío campesino de aldea perdida- los signos maravillosos del otro Abbá de todos, ese Dios del que tiempo después enseñaría su rostro, un Padre trabajador incansable por sus hijas e hijos, una Madre que a todos protege y que no cesa en procura de la felicidad de los que son su vida.
La mejor de las noticias)

Paz y Bien




La puerta siempre abierta

Para el día de hoy (30/04/12):

Evangelio según San Juan 10, 1-10

(Tristemente, nos hemos acostumbrado a la constancia de ladrones y salteadores en nuestras vidas, pequeñas y frágiles existencias. Son los mismos que a diario nos hieren con la corrupción y nos agravian con la mentira.

Son los eficientes constructores de altos muros que separan, los sembradores de odios, los dispensadores de exclusión y miseria.

Son aquellos que con religiosa puntillosidad proscriben a tantos, los mismos que ponen barreras y pretenden cobrar peaje para acceder a un Cristo que han dibujado lejanamente celestial y accesible para unos pocos, nunca para los pequeños.

Pero hemos de desertar con alegría y confianza de todo ello.

El Maestro es la puerta a la vida plena, a la vida generosa y abundante.
Es puerta que refiere a hogar, a casa grande con mesa para todos, a refugio, a descanso del camino, a hospitalidad y compasión, al acceso gratuito y bondadoso a salvación y liberación.

Jesús de Nazareth es la puerta de una casa luminosa en donde vive nuestra esperanza)

Paz y Bien

Oficio santo, tarea sagrada

Para el día de hoy (29/04/12):

Evangelio según San Juan 10, 11-18

(Para la gran mayoría de las mujeres y los hombres del siglo XXI, los temas referidos a pastores y rebaños no nos resultan incomprensibles pero sí decididamente ajenos a nuestras vidas modernas, especialmente porque la gran mayoría portamos una cultura mediatizada y citadina de la que es muy difícil escapar.

Jesús de Nazareth enseñaba la Buena Noticia a partir de las cosas cotidianas que sus oyentes y amigos -y Él mismo- conocían; les encendía luces de eternidad desde esas cosas sencillas que eran parte de sus días, y es algo que nosotros hemos olvidado y perdido, y es el anuncio del Reino comenzando por lo que sabemos y conocemos, por las cosas conocidas y asumidas en la rutina y la repetición. Es todo un desafío y una tarea pendiente.

En aquellos tiempos, los oyentes del Maestro eran en su gran mayoría campesinos galileos a los que -para nada- les era desconocida la tarea pastoril, como tampoco les resultaban extrañas estas cuestiones a pescadores, a peregrinos de la Diáspora, a extranjeros de Samaría y la Decápolis, a fariseos y saduceos.

El oficio pastoril tenía una decidida influencia socioeconómica, pues el ganado ovino proveía, en la palestina del siglo I las necesidades de carne, de leche y hasta indirectamente de vestido por las pieles de los animales, cuando nó también fuente de materia prima de usos múltiples hasta médicas también: la grasa de oveja solía utilizarse para curar diversas heridas y lesiones en la dermis, tan comunes en la región por las inclemencias del clima -un uso que llega hasta nuestros días, y que nosotros conocemos como lanolina-.
Sin embargo y a pesar de esta relevancia, el pastor era mirado habitualmente de manera desconfiada y sospechosa; eran habitualmente considerados amigos de lo ajeno, tenaces quebrantadores de los preceptos sabatinos, de dudosa ortodoxia y, en la crueldad de la interpretación literal de la Ley, hombres inmersos en la pobreza y la miseria justificadas por pretéritos pecados.

-Quizás por ello mismo el Dios del Universo los invita con preferencia y primacía a saludar antes que nadie a su Hijo recién nacido y a su Madre...-

A la vez, para Israel el pastor era un símbolo cargado de significado en su historia y en su fé, caudillos y reyes que cuidaban de su pueblo, signo cierto de su Dios que no los abandonaba.

Desde estas ventanas tan contrapuestas, Jesús de Nazareth invita a dar un paso más allá de lo establecido por que hay más, siempre hay más, hay una eternidad escondida más allá de lo evidente y de lo duramente establecido.

El Buen Pastor no es una reivindicación de la autoridad entendida como el extremo superior de una específica pirámide de poder; Jesús de Nazareth sólo comprende y enseña a la autoridad como servicio y más aún, no como poder detentado sino como un esclavo a favor de sus hermanos en asunción libre y consciente. Es el que reniega de cualquier interés previo y egoísta -no lo hace por un salario-, sino que considera a sus ovejas como familia propia, y a su vez es reconocido como parte fundamental del rebaño por ellas mismas.
Él vuelve a decirnos que todas las ovejas son importantes, todas y cada una de ellas, y que es deber sagrado salir en busca de la que se ha extraviado, aún cuando se ponga en riesgo a las otras noventa y nueve.

Más aún: hay otras ovejas que nos son desconocidas, posiblemente de carácter inaceptable y decididamente ajenas a las que hay que ir a buscar con el mismo cuidado con que se protege a los considerados propios.
En la asombrosa Gracia del Reino, hay ovejas aún insospechadas para la gran mayoría pero nunca para el Buen Pastor, recordando que Él no nos pertenece a unos pocos sino que más bien es de toda la humanidad.

En el esplendor único y humilde de la Resurrección, tal vez sea menester detenernos por un momento; por rutina y costumbre hemos relegado el significado de pastor a determinadas funciones eclesiales específicas, cuando en realidad es oficio santo de todos los bautizados el cuidado del otro, el rescate del extraviado, la vida que se ofrece alegremente como rescate del que peligra, y ese mandato que no se negocia y es irreductible, y es que todos -sin excepción- estamos llamados a pastos de calma, de paz, de plenitud y de fraternidad)

Paz y Bien




Señor, ¿a quién iremos?

Para el día de hoy (28/04/12):

Evangelio según San Juan 6, 60-69

(Muchas de esas personas expresaban en voz alta nuestras propias quejas: el modo de hablar del Maestro es intolerable, no hay modo de hacerle caso. Él quiere nuestro atrevimiento en el éxodo consciente de atravesar las fronteras de lo razonable, de lo previsible, de las llamadas buenas costumbres. Hacer todo lo que Él dice -como decía su madre- implica desalojar el egoísmo de nuestros destinos.
Y para colmo de males, anda diciendo que a Dios se le rinde culto no tanto en los templos, sino en el hermano, y que la gloria de Dios es que el pobre viva!
Es todo un descalabro insoportable para nuestras cómodas vidas religiosamente organizadas, para nuestras piedades estáticas, para nuestra fé desencarnada.

Quizás debamos regresar de tanto camino erróneo, de senderos equivocados, y la Resurrección -para que sea nuestro hecho fundante- implique desaprender tantos conceptos e ideas que nos dirigen hacia la nada y a certezas de muerte.
Sólo regresando desde ese Espíritu que todo lo anima y sostiene la materia adquiere su significado verdadero, sólo es posible la Encarnación -nada más ni nada menos que Dios con nosotros- a partir de la tierra fértil de esa muchacha judía que dice Sí! y con el amor insondable del Espíritu que siempre genera vida en donde sopla y se hace presente.

Tal vez, en cierto modo, nuestras existencias sean el relato de constantes fugas y negaciones. Por ello mismo nos refugiamos en doctrinas, en dogmas sólidos, en cultos vacíos de corazón, en ideologías plagadas de intereses mezquinos porque negamos a ese Espíritu que es nuestra luz y nuestra alegría.

No hay modo, no hay sitio ni hay nadie que pueda sustituirte, Señor.
Sólo vos tenés Palabras de eternidad, sólo con Vos es posible que el pan compartido se haga infinito y santo, sólo en Vos se nos abren las puertas a esa vida que nos amanece y no tiene ocaso)

Paz y Bien

El pan del escándalo

Para el día de hoy (27/04/12):

Evangelio según San Juan 6, 52-59

(El pan adquiere verdadero valor y significado a partir de lo que se ha puesto para hacerlo y procurarlo, es decir, supera el mero hecho biológico del sustento cuando se considera el esfuerzo primordial que existe antes de llegar a la mesa.
Así entonces, el pan que arriba a la mesa familiar está revestido del amor y la dignidad del que se ha sacrificado con su trabajo para que los suyos no pasen hambre. No es difícil entonces inferir, más allá de toda lectura abstracta o de cualquier interpretación ideológica, que en ese pan está también la vida del trabajador que duramente se lo ha ganado para los suyos.

Quizás por ello el trabajo es tan vilipendiado y menoscabado en los hechos actuales, considerado solamente como una variable económica más, como un abstracto concepto de análisis desencarnado de aquellos que a diario se queman en silencio y humildad por la vida y la dignidad primordiales.

Algo similar les sucedía a aquellos duros observantes de la Ley en tiempos de Jesús; tan esclavos de la literalidad, se encontraban ciegos y sordos para encontrar el sentido de la bondad y el amor de Dios que expresa Jesús de Nazareth, y esa vida entregada voluntariamente se ofendían y escandalizaban. Sólo aceptan al Cordero Pascual de sus ritos, sólo toleran la neutralidad de su liturgia, y esta situación no no es ajena ni desconocida.

La Eucaristía, cuando se nos vuelve abstracta y desencarnada de Aquél que renueva a diario su sacrificio por todos y cada uno de nosotros, es sólo un acto relativo más de un culto cualquiera; así entonces, es un pan al que consideramos llovido de pura casualidad, no un pan regalado, no un pan adquirido con el esfuerzo mayor de la existencia entregada para la vida de los demás.

Por ello mismo, Eucaristía es acción de gracias que se expresa no tanto con palabras sino con sorprendentes actos de misericordia y compasión, el pan escandaloso y asombroso de la Gracia y la mesa compartidas)

Paz y Bien



Desde lo cotidiano


Para el día de hoy (26/04/12):

Evangelio según San Juan 6, 44-51

(Siempre ha sido fuente de estudios, análisis y controversias la búsqueda de Dios. Muchos han realizado ingentes esfuerzos a partir de la razón -en diversas épocas de la historia- para justificar o negar su existencia, y es un tema que no se agotará con facilidad, pues está indisolublemente unido a las preguntas y necesidades primordiales y más raigales de la humanidad.

Sin embargo, Jesús de Nazareth nos enseña y revela una perspectiva asombrosa: no es tanto el empeño puesto en esa búsqueda como infinito es el esfuerzo de un Dios que es Padre saliendo en nuestra búsqueda, de modo incansable, tenazmente amoroso, sagradamente revestido de bondad y ternura.

Ese Dios que nos busca no se oculta en nubes pretéritas, en cielos inaccesibles, en su abismal alteridad. Es un Dios que se deja encontrar, es un Padre que nos está constantemente llamando, es una Madre que nos lleva de la mano por los senderos más oscuros.
Y es en medio de nuestra cotidianeidad en donde se hace presente con su increíble y maravillosa Gracia, regalo infinito de liberación y salvación para toda la humanidad sin excepción.

A ese Dios lo encontraremos en el pan compartido, en cada gesto de compasión, en cada acto de bondad, en el perdón que nos sana, en la misericordia que nos levanta.

En la comunidad que se reúne en torno a ese Jesús que es hermano y Señor, allí precisamente acontece el Reino y florece la fé como don y misterio, creciéndose impetuosa y humilde la vida eterna.)

Paz y Bien


Misión, privilegio y mandato

Para el día de hoy (25/04/12):

Evangelio según San Marcos 16, 15-20



(Es el mismo Jesús de Nazareth, el que caminó con ellos, el que les enseñó las cosas del Reino, el que murió en la cruz, el que ha resucitado, el que se les hace presente y les dice que la muerte no tiene la última palabra, que el amor de Dios es extremo y supera cualquier presunción, que no hay imposibles, que es el fin del no se puede, que esta fiesta de liberación tiene una invitación para todos sin excepción.



En la intensidad del momento quizás no se dan cuenta, y es una cuestión que habitualmente nos sucede; por eso es tan necesario detenerse, por eso es imprescindible la reflexión y el encuentro en la oración, que es diálogo corazón adentro con el Espíriti que nos anima.


En ese mirar atento los Once y nosotros mismos tenemos el inmenso e increíble privilegio de ser enviados a todo lugar, sin límites de cultura, de nación, sin fronteras de ningún tipo, anunciando la mejor de las novedades, la Buena Noticia.



Clave y raíz de esa misión será el asombro de saber que no estamos solos: a todas partes vamos con el Resucitado.



Anunciaremos un Bautismo nuevo de Salvación que derroca toda soledad, que desaloja cualquier angustia, que hace vidas nuevas y renovadas más allá de los límites de la edad.



Hablaremos un idioma que puede ser entendido por todos los pueblos, el lenguaje universal del amor.



Diremos a los cuatro vientos -a menudo sin palabras pero con hechos santos- que otra vida es posible, que otra vida es añorada y soñada para todas sus hijas e hijos por el Dios de la Vida, y que no prevalecerá la ponzoña del egoísmo, ni las amenazas de la violencia, ni las mordeduras del dolor.



La Resurrección nos impulsa, nos pone en marcha, no hay escusa ni excepción para quedarnos quietos ni dormidos, somos pequeños obreros en la construcción de un Reino maravilloso de justicia y eternidad que comienza aquí y ahora)



Paz y Bien

Del dios panadero al Dios que se hace pan

Para el día de hoy (24/04/12):

Evangelio según San Juan 6, 30-35

(Esas gentes que le reclamaban al Maestro un signo espectacular, un hecho milagrero para seguirlo. Se habían quedado asombrados por ese pan múltiple e increíble y quisieran seguirlo como profeta sólo por eso, y no por su Palabra Viva que exige un compromiso, un enfrentamiento con la injusticia, una cruz asumida por amor a los demás, el coraje por un mundo nuevo.

Es la redundante y habitual contraposición entre ley y Evangelio, entre costumbres religiosas anquilosadas y Buena Noticia. Por ello su referente ha de ser el maná de Moisés en el desierto, dejando de lado a Aquél que por bondad les proveía el sustento en esos tiempos aciagos.
Es la pasividad del alma que exige un dios panadero, proveedor de necesidades mínimas en el que se creerá en tanto y en cuanto -comercio piadoso mediante- cumpla en tiempo y en forma con aquello que le exigimos.
Ese no es el Dios de Jesús de Nazareth.

El pan de vida, ese Cristo que se nos hermana, no llueve desde un cielo inaccesible con ribetes mágicos. El pan de vida es el pan de la comunión y la vida compartida que tiene una marca de cruz, es pan que promete y compromete, es pan que nos vuelve santos porque santificamos el nombre de Dios buscando con ahínco y sin desmayos el sustento de tantos hermanos abandonados, es pan de fraternidad sin concesiones, es pan de justicia, es pan de eternidad floreciéndonos en el aquí y ahora de la mesa compartida sin ninguna exclusión, la mesa de todos -buenos y malos-, la mesa de las hijas e hijos de Dios en donde nadie debe faltar, es Cristo mismo descubierto en el rostro del hermano y más aún, pan para el que aún no ha llegado, pan para el extraviado, pan para el que se ha ido, pan de Vida y pan Vivo para que nadie más pase hambre ni sufra sed)

Paz y Bien

El hambre que no se apaga

Para el día de hoy (23/04/12):

Evangelio según San Juan 6, 22-29

(La bondad de Dios que trasluce Jesús de Nazareth se expresó en ese pan abundante, que desborda cualquier presunción, pan para saciar la necesidad de la multitud sin pedir nada a cambio, pan de la compasión y el compartir.

Pero las multitudes y los Doce se quedaron en el mero episodio -magnífico y asombroso, claro está- pero no se atrevieron a ir más allá, no siguieron la dirección que el signo de Jesús les brindaba. Se quedaron estancados en lo episódico, en una superficie de gestos puros y desviaban su mirada de la caridad que los impulsaba. Es la actitud de quienes se aferran a los ritos y a dogmas, dejando de lado al Espíritu que todo lo anima, nuestra mediocridad de quedarnos en las orillas y no navegar mar adentro.

Desde allí, es comprensible que al Maestro le pregunten -¿Cuando llegaste?-, porque su horizonte no es el mismo, porque nuestros senderos no suelen ser los suyos.

Porque es tarea santa desalojar el hambre que agobia a miles, eso es indudable.
Pero en el mismo ámbito de Salvación, nos falta animarnos a suplicar que se nos despierte, tenaz e incansable, ese hambre de justicia, de fraternidad, de solidaridad, del compartir, de que nadie quede excluido de la mesa grande de la vida)

Paz y Bien

Resucitados

Para el día de hoy (22/04/12):

Evangelio según San Lucas 24, 35-48

(Estaban allí, prisioneros de sus miedos, vestidos de fracaso e incomprensión, con las esperanzas derrotadas y una sensación de que todo había sido en vano. Aún cuando los caminantes a Emaús les relataran la maravilla sucedida, no podían dar ningún paso, algo más que una puerta estaba trabado en ellos.

Esos muros de desaliento que han levantado en torno a ellos no son obstáculo para la el Verbo que crea y recrea, y por ello Jesús de Nazareth irrumpe mansamente en esa estancia apretada con un saludo de paz. La paz es signo certero de la presencia de Dios y de los suyos en aquellos sitios en donde la vida viene en retroceso, en donde nada bueno ni nuevo puede acontecer.

Aún así, ellos se asustan y suponen ver a un fantasma. A nosotros también nos asusta la presencia real de Jesús Resucitado, tan cómodos estamos con postales y estampas a medida del Cristo celestial, tan ajeno a nosotros, tan conveniente a nuestra razón. Hacer vida que, precisamente, el Resucitado es el Crucificado supone un éxodo interior.

Allí están visibles las marcas de los clavos, allí están la violencia y la crueldad dejando huella en sus pies. Manos a las que se trata de volver inútiles al trabajo, al afecto, al abrazo. Pies a los que se les quiere impedir el andar. Esas heridas son la identidad definitiva y definitoria del Resucitado, las marcas de la cruz, la presencia del amor mayor.

Por eso, quizás hemos de suplicar ese derribo necesario, esa irrupción santa puerta adentro de nuestros miedos, en el encierro de nuestra falta de fé y de nuestro no querer mirar y ver.
En la comunidad que comparte el pan se hace presente el Resucitado, abriéndonos en entendimiento para comprender la paradoja y el escándalo de la cruz, la eternidad que empuja y florece con todo y a pesar de todo.
En nuestros hermanos heridos, en todos los que han sido lastimados hemos de descubrir a Aquél que está vivo y es la vida.

Y desde allí, resucitar. Volver de tantas muertes con el alma recreada.
Quizás por ello la Iglesia sea comunidad de Resucitados que dan testimonio de que la vida prevalece)

Paz y Bien

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