La buena noticia de todo comienzo

Para el día de hoy (22/01/12):
Evangelio según San Marcos 1, 14-20

(Hay una secuencia inevitable: el arresto del Bautista y el comienzo del ministerio de Jesús de Nazareth. Una lectura lineal indicaría que la cárcel de Juan es el disparador de la actividad de Jesús, pero hay más, siempre hay más. No hay violencia que prevalezca, no hay cruz ni mazmorras que sean definitivas, la salvación no puede detenerse.
La prisión de Juan preanuncia la Pasión de Jesús, como consecuencia de su santa rebeldía y su desafío valiente a los poderes que se oponen a la vida plena, voluntad de Dios.

Hay un signo cabal de esperanza para toda desolación: allí en donde andan campeando el dolor, la oscuridad y la muerte, el no se puede, la prisión definitiva, allí mismo han de comenzar cosas nuevas y buenas.

El Maestro se encamina a Galilea apenas se entera del arresto del Bautista. No es sólo su querencia, su provincia, su patria chica: se trata de la Galilea sospechosa, la de los impuros, la de los despreciados por los rigores de Judea y Jerusalem, la Galilea de los campesinos que carecen de poder y tierras, la Galilea de los márgenes perpetuos, la misma Galilea que será punto de reencuentro luego de la Resurrección. Quizás porque de allí nada puede esperarse, tal vez porque allí sólo se sabe de malas noticias comienza el anuncio del Reino de Dios cerca, muy cerca, tan cerca que está en el corazón de los más pobres y olvidados creciéndose en silencio y humildad. Allí germinará mejor la semilla porque la tierra de las almas está libre de las cizañas de rigores religiosos y las piedras estrictas de las normas y preceptos de exclusión.

Él hace un llamado urgente a la conversión, porque las cosas nuevas sólo pueden surgir y saborearse en corazones renovados.
Conversión -cum vertere- que significa vertirse o volcarse por entero a esta nueva dimensión de la existencia; es mucho más que el mero nuevo adepto a una religión, o un convencimiento doctrinario puntilloso y eficiente. Es volcarse por entero a una persona antes que a una idea, se trata de algo concreto que late y vive entre nosotros, Jesús de Nazareth. Somos lo que declamamos ser -cristianos- no tanto por dogmas sino porque seguimos los pasos de Alguien.

Desde esa Galilea de los márgenes, y desde todas nuestras Galileas de toda periferia ha de comenzar todo. Al igual que en relato del Génesis, en que la Palabra crea el universo, la humanidad se re-crea a partir de una noticia que sera permanentemente nueva y será buena, la mejor de las noticias, hay un Dios que es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida, un sueño concreto de hermanos, un viento fresco de justicia, un sol de misericordia, un tiempo de socorro y compasión.
Quizás nuestra vida sólo encuentre sentido pleno a partir de ello, que sólo desde una noticia fantástica, maravillosa, magnífica la existencia decide un horizonte real.

No es tarea sencilla, ni mucho menos individual. Es personal pero comunitaria, no estamos solos. Por eso el Maestro convoca a gentes sencillas en donde lo decisivo será la fidelidad y esas ganas de navegar mar adentro de las oscuridades del mundo, al rescate de tantos pequeños peces perdidos en el nado del sinsentido.
Él busca mujeres y hombres de corazones dispuestos al servicio y a la alegría; mujeres y hombres que no renuncian a lo que son -seguirán siendo pescadores como Andrés y Simón, como Santiago y Juan- pero que ahora resignificarán todo lo que son para arribar al puerto nuevo de todo lo que pueden ser.

Así nosotros estamos en nuestros afanes diarios, encallecidos por la rutina y la vorágine diarias, acomodados en nuestras costumbres, y Dios se nos acerca desde nuestras orillas, pura sonrisa e invitación a seguir sus pasos, pasos de vida plena, un Dios que mira con ojos de hombre, con Palabras humanas y eternas en la invitación increíble a que todos seamos felices.)

Paz y Bien

Fuera de sí

Para el día de hoy (21/01/12):
Evangelio según San Marcos 3, 20-21

(Es claro: hubieran preferido lo que conocían desde siempre, una existencia apacible, en el devenir de los días sin sobresaltos, una Ley rígida que les marcara el compás, evitándoles cualquier inestabilidad proveniente de las honduras de la conciencia o del hambre de sus corazones. Lo hubieran preferido para siempre allí, artesano diario y varón judío de sinagoga sabatina.

Pero las cosas que hacía y decía los desubicaba, se sentían perdidos y avergonzados de aquel Jesús que habían visto crecer como uno más del clan, y que ahora hacía cosas más que extrañas.

Curaba a todo enfermo que le presentaran, y sin vacilar se impurificaba tocando a leprosos, a endemoniados, a mujeres. Se sentaba a comer con personajes por lo menos de dudosa moral, a menudo despreciados por toda la comunidad. No le importaba vulnerar la estricta rigidez del sábado si ello suponía hacer un bien o socorrer en una necesidad. Hablaba del Dios de Israel y del Universo llamándole Papá. Cuestionaba abiertamente a los escribas, doctores de la ley y severos fariseos.

Estaba enajenado, estaba loco, estaba fuera de sí, argumentaban con ánimos de llevárselo de regreso a Nazareth y ponerlo de nuevo en línea.
Era verdad, estaba fuera de sí pues no vivía para sí mismo sino que estaba volcado enteramente a los demás, a tal punto de no poder comer tranquilo.

Bendita locura de servicio y redención que nos invita a enajenarnos santamente en socorro de nuestros hermanos)

Paz y Bien

Para estar con Él, para la liberación

Para el día de hoy (20/01/12):
Evangelio según San Marcos 3, 13-19

(No fué una cuestión azarosa, ni una elección caprichosa o eventual.
Es una elección profunda, de amistad y compañía, a partir de la realidad personal y la identidad de cada elegido. Jesús toma la iniciativa, pues es Dios quien siempre se mueve primero, y elige a gente concreta, desde su cotidianeidad, con sus luces y sombras.
Hay pescadores galileos, unos quebradizos, otros de caracteres bravos, hay publicanos, estudiosos de la Torah, fanáticos zelotas, traidores en ciernes. habrá amas de casa, maestros, trabajadores, padres y madres de familia, abuelas y abuelos, niñas y niños, no habrá límite ni exclusión a la invitación y elección, todos somos llamados.

Es una invitación personal: significa ante todo estar con Él, vivir por Él y para Él incondicionalmente, muy distinto y por delante de adherirse a doctrina, dogma y, si se quiere, a un movimiento institucional religioso. La llamada es personal para un encuentro desde el tú en Pascua hacia el nosotros.

No hay quietismo, es movimiento pleno e identidad total. Somos invitados a anunciar con Él la mejor de las noticias, que Dios es Padre, Abbá!, y nos ama hasta extremos infinitos.
Y es misión de liberación, en desalojo manso de todo mal que agobie a los hermanos doblegados.

Es la mejor invitación, la más grata, la que nos reconstituye y reconstruye cuando a diario la redescubrimos)

Paz y Bien

Millones de peces a la deriva

Para el día de hoy (19/01/12):
Evangelio según San Marcos 3, 7-12

(El dolor y los padecimientos no conocen fronteras, como tampoco el destrato y la indiferencia.
Sabedores de que el Maestro a nadie rechazaba, que curaba a muchos sin pedir identificación, que aceptaba incondicionalmente a excluidos, venían a él de muchas partes.

Gentes de las ortodoxas Judea y Jerusalem.
Gentes de la sospechosa Galilea, su patria chica.
Gentes paganas y extranjeras/extrañas de Tiro, Transjordania y Sidón.

Todos ellos estaban a la deriva, abandonados en su dolor y acudían en masa a Jesús.
Probablemente su fama de milagrero y sanador los atraía irresistiblemente; pero aún así, sabían bien que Él no iba a rechazarlos, que los espíritus que los doblegaban iban a irse en cuanto Él se hiciera presente.
Espíritus malos de indiferencia, espíritus crueles de exclusión, espíritus malignos de resignación y condena.

Sus amigos lo recordarían y entenderían tiempo después, cada uno tiene su tiempo de siembra y maduración.
Jesús de Nazareth les enseñaba y nos enseña desde la vera de esa barca que hay un mar muy grande con miles de pequeños peces a la deriva, encerrados en esas aguas oscuras sin orillas del desánimo, del todo es igual, de las malas noticias perpetuas...tarea primera y preferencial para pescadores de hombres, dedicados a la compasión, incansables en la misericordia que nos llueve gratuita y fértil del corazón sagrado de Aquel que nos amó primero)

Paz y Bien



Vidas en juego

Para el día de hoy (18/01/12):
Evangelio según San Marcos 3, 1-6

(Mano paralizada: mano incapacitada para el trabajo, para ganarse el sustento, reseca para el abrazo y el afecto, endurecida para el compromiso cabal al que le basta estrechar otra mano franca para nunca quebrantar la palabra dada, mano paralizada a la espera del fin, imposibilitada del movimiento, carente de vida, y el hombre que la porta sumido en la resignación del por algo será, preso perpetuo de un sistema que lo excluye de una vida plena, condenado permanente a quedar a un lado.

En la escena que nos relata el Evangelista Marcos, están el hombre de la mano paralizada, Jesús de Nazareth, los fariseos y, posteriormente, los herodianos.
Si miramos y vemos con detenimiento, vemos al hombre de la mano inutilizada, sumido en un sufrimiento sin retorno, vemos a esos profesionales religiosos -exactos en su puntillosidad- que anteponen su interpretación de las Escrituras y su pretendida defensa de la Ley y la tradición, y descubrimos a un Jesús enteramente preocupado por la salud y el bienestar del enfermo. Su centro siempre está en el otro, no en teorías ni dogmas.

En realidad, aquí hay varias vidas literalmente en juego.
Por un lado, ese hombre atrapado en su enfermedad sin esperanza.
Por otro lado, esos fariseos de almas resecas, ávidos buscadores de infractores a sus normas, rápidos para el castigo, desconocedores absolutos de toda compasión. Ellos rechazan todo bien para sí mismos y para los demás, su soberbia los enceguece y no pueden ver nada más allá de sí mismos.
Y está allí el Maestro.
Él sabe que esas aves rapaces de la ortodoxia falaz están expectantes, esperando que Él cometa una infracción a sus normas, para señalarlo sin vacilar, para la condena preescrita de antemano, una condena que supone subversión, blasfemia, condena a muerte.

Él lo sabe, y por eso la contundencia de su pregunta que parece exceder los límites de la situación planteada: ¿está bien hacer el bien en los días prohibidos, salvar una vida o arruinarla definitivamente?...
Jesús de Nazareth declara para los presentes en esa sinagoga y para sus amigos de todos los tiempos que no hay otra religión que buscar sin desmayo el bien del otro, que el culto comienza con la compasión y el socorro hacia el que sufre, y que para hacer el bien y aliviar el dolor no hay que pedir permiso

Fariseos y herodianos se reúnen conspirando para acabar con su vida, y no es un dato menor: unos, como representantes puros del poder religioso, otros como veedores exactos del poder político.
El amor y la misericordia siempre serán peligrosos y subversivos para los poderes instituidos, pero más allá de toda amenaza, siempre hay en el horizonte vidas que se recuperan, manos que se movilizan y plenitud en la increíble generosidad y maravilla de la Gracia que se prodiga a todos por igual)

Paz y Bien


Santamente secular

Para el día de hoy (17/01/12):
Evangelio según San Marcos 2, 23-28

(Durante siglos, la celebración del Shabbat distinguió a Israel de las otras naciones: día de reposo, institución sacralizada hasta límites insospechados, a tal punto que su observancia era escrupulosamente controlada aún por sobre el resto de los mandamientos.

Es claro que guardar este precepto significaba ser un cumplidor fiel de la ley, y, por el contrario, su transgresión conllevaba a ser encasillado como blasfemo, idólatra y renegado.
Entre las severas prohibiciones relativas al no quebrantamiento del sábado podríamos encontrar, por ejemplo, el cuidado del ganado: si un animal corría el riesgo de morir por algún accidente, nada debía hacerse en pleno sábado. Esta medida no era tomada al pié de la letra por los campesinos galileos, que si bien era respetuosos de la ley y observantes religiosos, también tenían una cuestión de fondo: sobrevivir y vivir.

Otra de las prohibiciones -símbolo de la inmovilidad absoluta permitida- era recoger espigas en el campo, quizás pensando en el tiempo de cosechas. Aquel día Jesús y sus amigos atravesaban un sembrado, y movidos por un deseo primordial -el hambre- toman algunas espigas frotándolas en las palmas de las manos para lograr quizás un bocado que les traiga algo de alivio.

Sin embargo, siempre están presentes las miradas mezquinas de los profesionales de la religión, los veloces críticos de los pecados ajenos, los defensores a ultranza de la ortodoxia que suele olvidar desde el vamos al hombre que cree e intenta creer aún cuando pueda equivocarse, señores del martillo y la sanción rápida pero nunca del perdón y el abrazo.

Así entonces la crítica no se hace esperar: no importan motivos ni gestos, cortar espigas está prohibido, vá en contra de lo sagrado y tus amigos, rabbí, están transgrediendo algo tan fundamental para Israel, para el pueblo Elegido.

La respuesta del Maestro no puede ser más asombrosa: no sólo defiende a los suyos, sino que avala y justifica su actitud, y más aún: algo tan profano y secular como el hambre, como una necesidad humana primordial es enaltecida como sagrada, y a la vez se desdibuja la pretendida sacralidad del Shabbat, subordinándolo al bien del hombre.

Es un nuevo paradigma santo que nos cuesta aceptar, y es aquel que descubre como santas esas cuestiones que laten en la existencia cotidiana de mujeres y hombres, cuestiones que podrían llegar a considerarse menores o circunstanciales. Normas, dogmas y religión deben estar al servicio de la vida y no a la inversa, ninguna creencia debe conducir a la esclavitud de las almas.

Quizás entonces en la realidad de las miserias y quebrantos diarios debamos reencontrarnos con el sentido más profundo de lo que nos revela y rebela Jesús de Nazareth, volvernos cada día más humanos, santificando la vida y honrando al Dios que la prodiga sin condiciones desde la proclamación de la solidaridad y la misericordia. No hay otra religión, el resto es accesorio)

Paz y Bien

Esas costumbres instituidas

Para el día de hoy (16/01/12):
Evangelio según San Marcos 2, 18-22

(El ayuno era una norma ascética y piadosa que se cumplían a rajatabla: suponía la actitud de aplacar las furias de un Dios enojado por las infidelidades y quebrantos, es decir, ofrenda que se realizaba con mecánica precisión para obtener el favor divino.

Es claro que a menudo cambiar ciertas costumbres arraigadas no es tarea fácil, ni en aquellos tiempos ni en estos: por ello mismo, a la par de fariseos, los discípulos del bautista eran pertinaces ayunadores a pesar del bautismo de perdón y conversión de Juan, a pesar de reconocer a Jesús como Maestro.
Tristemente, no estamos demasiado lejanos a esa postura: aún hoy la maravillosa e inexplicable acción de la Gracia en nuestras existencias no ha atravesado la caparazón de las costumbres que instituimos sin dudar.
Es mucho más cómodo un dios manejable por actos nomenclados, nos gusta más que nos impongan códigos rituales predeterminados y crueles, que el aceptar en toda su inmensidad la magnífica libertad de las hijas e hijos de Dios, hijas e hijos que respiran compasión y misericordia.

Está Jesús con nosotros, y es el signo inefable de que son tiempos de alegría con todo y a pesar de todo, de ese destino de fiesta y alegría para toda la humanidad, sueño bondadoso e infinito de Abbá Padre de Jesús y Padre nuestro.

Ello implica un cambio raigal: el vino de la vida, el vino nuevo de comunión, de brindis compartido requiere barriles nuevos, no maderas enmohecidas de lo antiguo y perecedero, sino las maderas nuevas de la Salvación, maderas que a veces son también los brazos de una cruz de horrores, el amor mayor)

Paz y Bien

El Cordero, identidad y misión

Para el día de hoy (15/01/12):
Evangelio según San Juan 1, 35-42

(Juan ha crecido con el corazón dispuesto, la esperanza encendida y la mirada atenta. Es el mayor entre los nacidos de mujer -así lo llamaría Jesús- porque no ha vivido para sí, toda su existencia gravita alrededor de su Dios y de la confianza en que jamás Él rompería su alianza definitiva con su pueblo.
Por su esperanza inquebrantable, puede descubrir entre la multitud a Aquél que sabría que vendría pero que aún no conoce, y no vacila en señalarlo, seguro en su afirmación: ese galileo es el Cordero de Dios.

No es un título menor o un rótulo romántico: para el pueblo de Israel significaba el memorial de la liberación de la muerte, y la celebración y fiesta perpetua de la liberación ese cordero puro y sin mancha. La idea del cordero estaba íntimamente unida a vida y libertad.

Los dos discípulos de Juan no dudan un instante, y luego de la afirmación certera del Bautista siguen a Jesús.
Es que Juan ha allanado la huella, pero Jesús de Nazareth mismo es camino, y en estos senderos de Dios no hay estancamientos. Vamos viviendo si andamos, un movimiento que vá mucho más allá de lo físico.

Esos dos discípulos no tienen un nombre específico, al contrario de las vocaciones de Andrés y Simón, de Juan y Santiago; esos dos discípulos que se ponen en marcha tampoco son anónimos, somos todos y cada uno de nosotros, hay un espacio claro para ubicar nuestros nombres.

Ellos no dudan, ellos lo siguen, y Jesús les inquiere -¿qué quieren?-. Ellos no tienen demasiadas pretensiones, ya han encontrado lo que buscaban, o mejor aún, a quien buscaban. Por ello responden con una pregunta, queriendo saber el domicilio de Jesús.
Es que lo han reconocido como Maestro -rabbí-, y quieren saber acerca de su lugar, el sitio en donde recibirán su instrucción y enseñanzas.
Pero este rabbí es algo extraño e inesperado: no tiene una cátedra establecida, ni transfiere magistralmente doctrina y dogma. Lo que hay que aprender se aprehende viviendo con Él, caminando con Él, con ojos vivos capaces de asombro.

En ese Cordero de Dios señalado con mano segura por Juan están nuestra misión y nuestra identidad primeras, junto al Cordero de la mansedumbre y la bondad, de lo que no se impone, el Cordero que rechaza cualquier violencia, el Cordero de la humildad, la pequeñez y la paciencia santas.

Estos colores son tan definitivos que nada será igual. Por ello Simón será conocido en adelante como Cefas o Pedro, pues el nombre refleja esencia y existencia, y él será ancla para sus hermanos navegantes de estos mares mundanos, pescadores que mantienen con vida a tantos pequeños peces, amigos inseparables de ese Cordero que no transigen con cualquier brutalidad, que se vuelven caminantes mansos y mensajeros perpetuos de liberación y paz)

Paz y Bien




El galileo de los escándalos, amigo de indeseables

Para el día de hoy (14/01/12):
Evangelio según San Marcos 2, 13-17

(Los publicanos no eran tenidos en gran estima por sus paisanos: formaban parte de la estructura de recaudación de impuestos y tributos para el invasor imperial romano. Algunos autores sostienen que recaudaban gravámenes para el vasallo Herodes, aunque esto nos parece algo improbable: publicanum / publicani era una institución impositiva romana muy anterior a la dinastía herodiana.

En el caso que nos ocupa, el desprecio dedicado y efusivo de Israel para con sus publicanos era aún mayor: por un lado, el contacto permanente con extranjeros y paganos -tribunos y oficiales romanos- los volvía decididamente impuros. Por otro lado, aseguraban su subsistencia -y en algunos casos una inmensa fortuna- adicionando su comisión por sobre los espantosos tributos que exigían y que, como siempre, coaccionaban especialmente a los más pobres.
Por ello estaban excluidos de toda vida comunitaria, social y religiosa y encasillados como pecadores, es decir, en la misma estatura moral de las prostitutas. En esas cuestiones, nadie lo invitaría a cenar, nadie le dirigiría una palabra amistosa, mucho menos los reconvendría a cambiar de oficio.
Nosotros tampoco: nos resulta más fácil la crítica demoledora que la compañía que reconstruye.

Pero pasa el Maestro, y su mirada vé más allá de cualquier circunstancia por espantosa que fuera; son esos ojos compasivos que nos descubren por entre la multitud informe, y que desde nuestro presente oscuro comienza a construir un futuro luminoso y eterno en el aquí y ahora.
La figura no puede ser más sugestiva: Leví, el hijo de Alfeo, alguien concreto y real -nó una abstracción amena- estando sentado a la mesa tributaria de tantos dolores e injusticias, se pone de pié y lo sigue. Es existencia sumida en lo que perece y daña que, al paso de Jesús de Nazareth, se yergue nueva y renovada. Es éxodo del pecado y el dolor, es la Pascua del perdón y la vida reconstruida, es Resurrección, es mesa compartida para todos, es preferencia de rescate y liberación por sobre toda condena.

Es claro que esto no soltará rocíos de empatías y simpatías: antes bien, desata tormentas de escándalo, espanto y críticas despiadadas.
Ese galileo habla mucho de Dios, pero se vuelve tan deplorable como esos indeseables a los que se acerca sin vacilar.

Detrás los horrores mezquinos de ayer y hoy también, está escondida y vital la mejor de las noticias. Dios es Padre y Madre que considera a todos hijas e hijos, y busca con denuedo y sin descanso a los que se han extraviado. Nadie debe perderse.

Quiera el Espíritu que nos volvamos así de escandalosos, santamente inclusivos, devotos miserables que se saben queridos y perdonados y no se callan y buscan a otros para compartir esa alegría mayor)

Paz y Bien



La identidad irrevocable

Para el día de hoy (13/01/12):
Evangelio según San Marcos 2, 1-12

(La multitud se agolpa frente a la casa de Cafarnaúm; entre ellos, férreamente sentados en la butacas de su doctrina, varios escribas observan todo con severa atención.
Por entre el gentío, traen en una camilla con un hombre aquejado de parálisis. No sabemos su nombre, quizás porque ha sido tantos los estragos que el mal han hecho en él, que sólo es un paralítico, un enfermo, un impuro.

Sin embargo, tiene compañeros solidarios que saben que en Jesús pueden encontrar alivio a esa dolencia; ellos tampoco están identificados con nombres y apellidos, tal vez instándonos a que allí coloquemos los nuestros. A pesar de todo ese bloqueo que les impide la llegada, a pesar de todos los obstáculos, su confianza puede más, porque no hay imposibles para las mujeres y hombres de fé.
Con alegre coraje, abren un boquete en el techo de la casa, y desde allí descuelgan frente al Maestro la camilla con el enfermo.

Es la fé de ellos la que desata los nudos del dolor, es la compasión que los moviliza la que hace florecer el milagro.
El Maestro se conmueve, y le habla al paralizado con la mejor de las palabras: hijo.
Esa palabra eterna restaura, reconstruye, levanta al caído. A pesar del mal causado y del dolor soportado, es el mensaje primero de Abbá!, todos somos sus hijas e hijos, todos tenemos un lugar en su casa a pesar de nuestras miserias y dolencias.
Esa es la ternura que restablece y sana, que devuelve la dignidad extraviada, que lo pone de pié. La presencia misericordiosa del Maestro disipa cualquier oscuridad de exclusión y de pecado.

Es todo un desafío y una misión decisiva. Es menester comenzar a abrir brechas para que tantos vuelvan a encontrar su lugar en esa casa grande que llamamos Iglesia, en donde todos resplandecen en su identidad única de hijas e hijos de Dios, en donde nadie es rechazado ni juzgado por su pasado, sino que se lo abraza y se lo endereza desde el perdón y la compasión.)

Paz y Bien


En el lugar del otro



Para el día de hoy (12/01/12):

Evangelio según San Marcos 1, 40-45

(Es un leproso: su enfermedad -que en nuestros días la conocemos como transmitida por el bacilo de Hansen- en su tiempo para el enfermo, era una carga insoportable.

Es claro que en nuestro presente hay un gran avance en la terapéutica médica; en aquellos tiempos, la lepra avanzaba sin control, provocando terribles mutilaciones en el enfermo, así como una consecuencia social, comunitaria y religiosa que lo condenaba al ostracismo. Se trataba de la posibilidad del contagio y también de considerar a los estigmas de la lepra como situaciones de impureza religiosa. El leproso estaba penalizado a vivir en soledad, a mendigar, a no acercarse a nadie, a declarar a los gritos su condición de impuro y a estar excluido de toda relación con su Dios por vedársele el ingreso al templo y a la sinagoga.

Por ello la escena no puede menos que estremecernos: la fé y el coraje de este hombre, que transgrede toda norma instaurada y se acerca humilde al Maestro, suplicando su compasión. Y como respuesta, la misma transgresión de Jesús, que se conmueve de todo lo que le pasa a ese hombre doliente, que no le importa el qué dirán, que menos aún le importa el quedar etiquetado como impuro: es la maravilla increíble y rebelde de la Gracia, y ese inclinarse del Maestro para tocar la mano del intocable es el signo definitivo del amor de Dios, que quiere tocarnos y sanarnos a todos por igual.

Es fundamento también para esta comunidad que llamamos Iglesia, y que tan a menudo decide caratular a nuevos leprosos por diversos motivos: que nadie quede fuera, a nadie debe soslayarse, todos deben ponerse en pié a partir de esa compasión que es liberación, para toda la humanidad hay tendida una mesa grande a la que nadie debe faltar.

Quizás nos hemos olvidado, pero todo comienza poniéndonos en el lugar del otro: allí sucede la compasión, acontece la misericordia y surgen milagros de liberación y ternura.
Quizás también debamos regresar a ese Dios que nos ama entrañablemente a suplicar que nos cure y nos purifique de tantas llagas que portamos y de otras tantas que hemos impuesto.
Esa es la gran noticia, la Buena Noticia, la mejor de las noticias)

Paz y Bien

Recintos santos

Para el día de hoy (11/01/12):
Evangelio según San Marcos 1, 29-39

(La liturgia de estos días, a través del Evangelista Marcos nos viene presentando una secuencia que no debe ser pasada por alto; en este primer capítulo podemos contemplar al cabal e íntegro Juan el Bautista allanando y preparando el camino de Aquél que había de venir, el bautismo de Jesús, la prisión de Juan y el comienzo del ministerio del Maestro. Lo vemos enseñando en la sinagoga, en medio de un ambiente hostil y peligroso, liberando a un alienado, desafiando mansamente a los predicadores de la exclusión y la impureza inmisericorde.

En esa progresión contemplamos a continuación el paso inmediato de Jesús y sus primeros compañeros desde la sinagoga a la casa de Simón y Andrés, casa familiar de pescadores en donde no habían de faltar esposas y el bullicio de niños, casa de familia numerosa.
Esta pascua escondida no es sólo un hecho de color, o una anécdota más: es una declaración fundante por la cual el Maestro constituye la sacralidad de los espacios a partir de el corazón de las gentes, y no tanto de la construcción consagrada.

No son más santos como recintos santos la sinagoga y el templo que la comunidad familiar en donde se crece a partir del afecto y el cuidado mutuo. Allí también habita el Espíritu de Aquél que todo lo anima, allí también se crece lo sagrado en las honduras de los corazones, de tal modo que la separación taxativa entre lo sagrado y lo profano se desdibuja dejando paso a la vida nueva de la Buena Noticia.

Estaba allí la suegra de Pedro, y se encontraba postrada por la enfermedad: no es un dato menor, pues obviamente al hablar de suegra hablamos de esposa, hablamos de niños, hablamos de una familia de Simón, un pescador galileo que será Roca a partir de la cual se edificará la Iglesia y pescador de hombres.
Es claro: la señora se encontraba postrada por la fiebre, pero también por todo un sistema que la condena por mujer, por anciana y por el cruel concepto de impureza que deviene de su enfermedad. Esta derrumbada como una nadie pues no debe tocársele bajo el riesgo de impurificarse, está sumida en la resignación quizás esperando la muerte pues ese desorden instaurado y arraigado tiende a ignorarla, a ningunearla, a desviar la mirada hacia otro lado.

Sin embargo, es un tiempo nuevo, el Año de la Gracia y la Misericordia. En esa comunidad en donde se crece al cuidado del otro, hay preocupación sincera por su enfermedad, y sus amigos le transmiten sus angustias a Jesús. Él no se queda quieto, no lo detiene ningún tipo de costumbre o imposición que oprima o excluya por justificada que fuera, por ortodoxa y normal que se aparezca.

Él se acerca, se inclina, la toma de la mano y las fiebres al instante desaparecen, y es una mezquindad torpe acotarnos al mero hecho milagrero. El milagro primordial que renueva y reconstituye es la infinita ternura del Maestro que no vacila frente a nuestras miserias, que reconoce sin ambages el rostro de los dolientes, que se inclina decidido hacia el que sufre aún a riesgo de ser considerado un impuro recalcitrante y pertinaz.
Es un milagro de liberación que deviene en sanación porque el Dios de Jesús de Nazareth es Amor y Presencia.

La suegra de Pedro al momento se pone de pié y comienza a servirles; no es un hecho acotado a la presupuesta actividad femenina de ollas y cocinas, sino más bien es el servicio liberado y liberador de la diaconía, ese servicio que acontece en recintos santos, en espacios comunitarios.

Los actos de bondad, aunque sucedan en silencio y humildad, no pasan desapercibidos. Nunca son fútiles, siempre son frutales. Por ello mismo al caer la tarde -luego de las imposiciones de las leyes del Shabbat que paralizaba-, las gentes del pueblo se agolpaban frente a la puerta de la casa de los pescadores, portando a sus enfermos, sabedores de que ese rabbí galileo tenía algo más que los fabuladores ambulantes de siempre, que los traficantes de vanas esperanzas, que los mercaderes de soluciones instantáneas. Donde crece la comunidad está Jesús, y donde está Jesús hay salud y liberación.

Nosotros también descubrimos aquí mandato y misión de comunidad y servicio, y de puertas que no han de cerrarse nunca. La Buena Noticia no se encierra en favor de unos pocos, sino que debe llegar a todas partes, especialmente allí en donde sólo se sabe de malas novedades, inclinándonos con coraje y decisión hacia el que sufre exiliando sin vacilar las condenas previas del qué dirán, abriendo espacios de bondad y recintos santos de liberación y salud)

Paz y Bien

De la salud como desafío

Para el día de hoy (10/01/12):
Evangelio según San Marcos 1, 21-28

(En los tiempos de la predicación del Maestro, ciertos fanatismos y lecturas literales de la Palabra -la literalidad es raíz de todo fundamentalismo- desembocaban necesariamente en dos consideraciones: por un lado, la enfermedad en general como consecuencia del pecado propio o familiar, es decir, la enfermedad como castigo preciso, un Dios vengativo y cobrador puntual de tributos. Por otro lado, ciertas enfermedades puntuales -especialmente las mentales- como consecuencia puntual de la posesión por parte de espíritus malignos. En el caso de hoy, podemos suponer por los detalles que nos brinda el Evangelista un caso de epilepsia por los síntomas descritos, y es menester saber ponerse en el lugar del otro en la nueva perspectiva de la Gracia.

Jesús de Nazareth comienza su ministerio en un ambiente hostil y decididamente adverso; la sinagoga -que en su etimología significa congregar, congregación- se ha vuelto un sitio en donde con severa puntillosidad se dividen las aguas entre puros e impuros, entre aptos para permanecer dentro del pueblo del Dios de Abraham y los impuros de toda laya, los excluidos de antemano de toda bendición.
En esas turbulencias estrictas, el pequeño grupo de compañeros del Maestro que lo había seguido con un destino de pescadores de hombres por horizonte, deben navegar desde el vamos por aguas peligrosas.
El Dios de Jesús de Nazareth es, ante todo, Abbá!, un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida, y en la fantástica libertad de su Reino no se lo somete a nuestras leyes mezquinas o a doctrinas escasas de compasión que apisonen la dignidad fundamental de sus hijas e hijos.

Una cosa es clara: lo sucedido en esa sinagoga, en pleno Shabbat, puede quedar circunscrito a un mero exorcismo cinematográfico, a una cura milagrera o a una azarosa casualidad.

Pero es Año de gracia y Misericordia, y prevalecen las causalidades arraigadas en la esencia amorosa de Dios.

Los gritos destemplados y quejumbrosos de ese hombre doliente en su alma expresan su dolor, pero también son la queja rabiosa de un sistema instituido para el dominio y la alienación de las gentes. En ese espacio estrecho, la restitución de la salud a ese hijo de Dios que sufre por parte de Jesús de Nazareth es un desafío abierto e increíble: no hay institución ni doctrina que esté por encima de la sacralidad de la vida humana.

La gente intuye que en ese rabbí galileo -judío marginal, irreverente y heterodoxo- hay algo distinto. Tiene una autoridad que no se funda en el conocimiento profuso de dogmas ni en el seguimiento exacto de reglamentos religiosos: su autoridad nace de su experiencia profunda, personal y única del Espíritu, en su identidad total con su Padre. Es autoridad que se arraiga en su raíz augere, es decir, en la capacidad frutal de hacer nacer cosas. No hay mal que se le resista cuando Él se hace presente en el templo, en la comunidad, en la Iglesia, en nuestras vidas.

Quiera el Espíritu hacernos nacer cosas nuevas, florecer en compasión, liberarnos de toda enajenación, viviendo en salud plena que es la libertad irrevocable de las hijas e hijos de Dios.)

Paz y Bien



Tiempo de pescadores

Para el día de hoy (09/01/12):
Evangelio según San Marcos 1, 14-20

(En la Palabra, los Evangelistas suelen utilizar dos términos de raíz griega para definir al tiempo: chronos y kairos.

Chronos implica el tiempo mensurable, definido por pautas consensuadas como, por ejemplo, un día, un año, una hora; es decir, es el tiempo mensurable que deviene en bloques iguales, uno detrás de otro.

Kairos, por el contrario, no se mide por pautas preestablecidas, sino que refiere a sucesos que lo determinan y definen; así entonces, kairos será el tiempo santo, el tiempo de Dios que se descubre viendo su paso a través de la historia. Contra toda suposición, es un tiempo exacto mucho más allá de parámetros de razón o científicos. Es tiempo exacto pues es tiempo maduro y pleno, que se verifica leyendo el cúmulo de señales que poseen y que apuntan a un sólo sitio, un sitio que no es lugar sino persona: Jesús de Nazareth.

Este tiempo es tan determinante y decisivo que implica una transformación de raíz. No hay regreso al pasado, a lo viejo, es un presente transformado en donde palpita humilde el futuro.
Es el Reino de Dios cerca, cerca por pura gratuidad y bondad y no tanto por acumulación de méritos, tan cerca que late en cada corazón capaz de descubrir que no estamos solos, que nos habita el Espíritu de Aquel que todo lo puede.

EL Reino cerca implica que el individualismo no tiene destino; se crece en comunidad o se languidece en soledad, desde la realidad habitual.
Los primeros llamados -Andrés y Simón Pedro, Santiago y Juan- tienen el oficio de pescadores en el mar de Galilea. Pasa el Maestro por la orilla, pasa el Maestro por los bordes de nuestra cotidianeidad invitándonos a seguirle -pues no debemos olvidar que Él vá primero-.

La respuesta no tarda en llegar, es muy difícil negarse a estar vivos de veras, a ser plenos en serio. Por eso hay para todos una vocación escondida de pescadores, es decir, de mujeres y hombres con el coraje de la fé y el valor de navegar mar adentro del mundo, rescatando con vida en redes amplias de compasión a tantos pequeños peces a la deriva, sin rumbo ni destino.
Quizás no haya tarea mayor)

Paz y Bien


Cielos abiertos

El Bautismo del Señor

Para el día de hoy (08/01/12):
Evangelio según San Mateo 1, 7-11

(Él viene de Nazareth. Su patria chica es casi nada, no se la menciona jamás en todo el Antiguo Testamento, tiene escasa importancia para los poderosos -excepto, claro está, por la recaudación puntual de los pocos tributos- y es mirada con dedicado desprecio por los religiosos profesionales de siempre. Es una aldea galilea, de esa Galilea de la periferia, de los gentiles, de la sospecha permanente de impureza y heterodoxia.
Está bien lejos de la Jerusalem de Judea, y no precisamente por una distancia en kilómetros.

Aún así, todo comienza allí, de un modo marginal, desde estrechos espacios en donde no encontraremos ni poder ni ortodoxia, como tampoco líderes históricos o caudillos destellantes.

Él mismo se encamina humilde y silencioso, junto a un nutrido grupo de pescadores y campesinos galileos a la orilla del Jordán para recibir el bautismo de parte de Juan, un bautismo que los haga renacer de sus pecados y sus miserias.
No tiene ningún prurito en mezclarse con esa multitud de pecadores que no esconden sus ansias de reconciliación; contra toda previsión, el Mesías se entremezcla e identifica con los considerados impuros y condenados, los permanentes portadores de estigmas y justificados castigos.

Son todos ellos signos que es preciso saber mirar y ver, y que desembocan como ríos caudalosos en el mar infinito de la Salvación.

Es un bautismo -literalmente en su raíz griega, significa sumergirse. Es sumergirse a un pasado de agobio y emerger a una vida nueva y definitiva, vestidos de esperanza y encendidos de alegría.

El Espíritu descendiendo sobre el Maestro y la voz del Padre reconociéndolo como Hijo amado es el mensaje definitivo.
Toda mujer y todo hombre son hijas e hijos amados, predilectos, humanidad destinataria preferencial de los dones increíbles del Espíritu. Es la pura y asombrosa maravilla de la Gracia, que se derrama generosa sobre todos sin importar méritos ni condición.

El que viene a bautizarnos definitivamente a todos hace la fila humilde, anónimo, silencioso.
Él trae un bautismo de fuego que encenderá esa vida que a menudo se apaga, desde la periferia, con los marginados y despreciados, para que nadie falte a su mesa.

Nosotros también tenemos por misión el abrir los cielos de tanto nubarrón de ideas vanas, prácticas estériles y exclusiones puntillosas, para que brille el sol de su justicia, para que nadie más habite en las sombras)

Paz y Bien

La geografía de la Salvación

Para el día de hoy (07/01/12):
Evangelio según San Mateo 4, 12-17.23-25

(El Evangelista se explaya en detalles específicos de pueblos y ciudades desde donde el Maestro comienza su enseñanza y su increíble revelación de ese Dios que nos ama.
Esto no es pura crónica histórica ni, mucho menos, un añadido casual: son deliberadas señales espirituales.

Jesús se ha enterado del arresto del Bautista, y se retira de Nazareth a Cafarnaúm, quizás por la tristeza que se le desata, quizás porque intuye que tiempos duros se asoman en su horizonte. Pero a pesar de ello, no se quedará ni se recluirá.
Ese momento de soledad es para tomar impulso, y para continuar la misión del maravilloso Juan: en Jesús destellan todas las promesas, pero aún así Él también bautizará al modo de Juan, y anunciará la necesidad de la conversión.

No hay contraposición ni competencia en los caminos del Espíritu, antes bien todos tenemos nuestro lugar único e importante...y es algo que quizás no hemos sabido valorar en su trascendencia.

Mateo detalla: Zabulón, Neftalí, Cafarnaúm, Transjordania, la Galilea toda.
Galilea de la periferia, de los márgenes, de la sospecha perpetua de heterodoxia e impureza.
Jesús de Nazareth, el Cristo, es un rey muy extraño y lejano a esas imágenes que gustamos pintar o portar, las de Imperator Rex, las de un Cristo victorioso que derrota a sus enemigos de manera rotunda.

Es tan extraño que no traba combate para capturar la capital enemiga, signo seguro de la derrota de sus oponentes. Él prefiere ir por la periferia, por zonas marginales, por esos bordes sin valor aparente. Allí comienza todo, su ejército se compone de cohortes de pescadores, publicanos y prostitutas convertidas, leprosos y enfermos recuperados.

Sus victorias se celebran en esos sitios impensados, allí donde mora la eternidad, eso que llamamos cielo.

El mal que oprime es derrotado: no hay caídos, hay levantados de sus postraciones. Rara victoria en un hombre que es Dios y rechaza cualquier violencia, imposición o derramamiento de sangre franco. Se reserva para Él el sacrificio mayor de la cruz, pues nadie -absolutamente nadie, ni el criminal más abyecto- debe ser pasto del fuego de la violencia.

¿Qué haremos¿ ¿Qué diremos?
Quizás debamos volver a esos márgenes sospechosos, a la periferia de la que todos reniegan para que haya un nuevo comienzo, esos lugares en donde toda noticia carece de novedad y toda noche es mala, para reconstruirnos en fidelidad, para anunciar la mejor de las noticias, la liberación y la salvación que ya está entre nosotros)

Paz y Bien

Una estrella inquieta, tiempo de regalos

Epifanía del Señor

Para el día de hoy (06/01/12):
Evangelio según San Mateo 2, 1-12

(Epifanía es un término de origen griego que significa manifestación; el mismo se aplicaba tanto a lo profano o secular como a lo sagrado.
Así entonces, epifanía se utilizaba históricamente para señalar la llegada del rey a la ciudad, o también la comunicación de la divinidad inaccesible en favor de los hombres.

A causa de cierta religiosidad estratificada y acartonada -esa misma que impide la manifestación de toda novedad buena- y de la multipresencia demoledora del dinero y la comercialización de las almas, se nos ha ido desdibujando el significado profundo de esta celebración, y ha quedado relegada a la compra compulsiva de juguetes o a representaciones míticas, decididamente ajenas al Espíritu de Aquél que se revela a toda la humanidad.

Sin dudas, la estrella de belén y los magos llegados de Oriente han sido objeto de profusas investigaciones y exégesis, y es innegable que nos llaman poderosamente la atención: una estrella inquieta, movediza en su misión de señal y unos sabios lectores del firmamento -quizás astrónomos y astrólogos a la vez-, que no dudan en recorrer largas distancias desérticas al encuentro de su búsqueda más decisiva.

Extraño Dios éste que se vale del cosmos y que se revela a aquellos que lo buscan con sinceridad y sin desmayos a su manera, desde su leal saber y su culturas propias.
Más extraño todavía, un Dios que se deja encontrar por gentes insospechadas, por extranjeros/extraños, por los que habitualmente se considerarían ajenos a cualquier mensaje especial, destinatarios impensados de una noticia increíble.
Horror de nuestras mentes demasiado adultas -locura y escándalo para tantos-, Dios se manifiesta como un rey que tiene por trono los brazos de su Madre, y que no exhibe más poder que el de su pequeñez, un Dios que llora su hambre y su frío en la noche de un caserío polvoriento.

La reacción herodiana es pavorosamente previsible: es la brutalidad del poderoso que infiere amenazas en todas partes, que complota hasta la muerte para quitar de en medio a potenciales competidores, que trata de trampear lo que fuere con tal de afirmarse en sus dominios.

Pero el Espíritu sopla e ilumina con absoluta libertad, no se somete a manipulaciones pseudopiadosas, y desata una magnífica rebeldía en esos sabios venidos de lejos y sin embargo, tan cercanos a ese Dios que los busca y los orienta sin descanso.
La desobediencia de los magos al mandato de Herodes es consecuencia y fruto de ese Dios todopoderoso que se encarna, la salvación presente entre nosotros, el Dios del Universo que se hace niño, que desmerece poderes vanos, irrupciones celestialmente lejanas y manifestaciones imperiales.

Es sólo un Niño que llora en la noche, un Dios que busca ser acunado.

Quizás por ello se nos haga necesario recuperar esa estrella que hemos perdido, estrella compañera que nos señala el sitio preciso en donde está Aquél que es nuestra liberación y nuestra alegría, nuestra vida y nuestra ternura, un Dios que se deja encontrar por aquellos que lo buscan con corazones veraces y sencillos -a menudo de modos poco ortodoxos- pero que no se esconde porque es luz para todos, y para Él no cuentan propios y extraños. Todos son hijas e hijos.

Con ojos de niños asombrados por lo dado, por las bondades de lo que se regala, tal vez nosotros debamos ponernos en camino junto a todos los extraños, los extranjeros de toda exclusión, los que nadie contaría como predilectos, para llegarnos a la periferia de este mundo, allí mismo en donde la luz resplandece en ese Bebé Santo por el que todos los niños se vuelven sagrados, y poner a sus pies nuestros regalos más preciados, el oro de la compasión, el incienso de la misericordia y la mirra de la justicia)

Paz y Bien



Encuentros sorprendentes

Para el día de hoy (05/01/12):
Evangelio según San Juan 1, 43-51

(Estamos bajo el impulso de la afirmación de Juan, aquella en la que afirmaba que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, es decir, tenemos la cercana certeza de saber que Jesús de Nazareth es presencia y memoria de liberación, de Dios que interviene en la historia para liberar a su pueblo.

De las orillas del Jordán -el sencillo templo del Bautista, corazón y agua del río-, Jesús se encamina hacia Galilea, la sospechosa y despreciada Galilea de los gentiles, la antítesis de la Judea de la ortodoxia, del Templo, del poder, de los ricos y poderosos.
En su decisión hay definición y es más que sorprendente: parece que Dios amanece la Salvación allí mismo, en la periferia de todo, en donde se presupone que nada sucede, que ya está todo finalizado.

El -Sígueme- que le dirige a Felipe no es orden tajante a obedecer sin hesitar, ni un profuso debate teológico para la comprensión de una doctrina. Es una invitación sencilla y libre, signo cierto de que Dios siempre toma la iniciativa en salir a buscar a los dispersos, y que nuestra misión nace de esa acción primera de Salvación, iniciativa de liberación del Dios de la Vida que continúan sus hijas e hijos.

Felipe se enciende de asombro y sorpresa, y sin lugar a dudas su corazón arde del mismo modo que el corazón de los discípulos en la calzada de Emaús: el encuentro con Jesús desata las ansias de compartir el hallazgo con los demás, por eso Felipe no se queda, y comparte sus sentires con su amigo Natanael.

Es claro que cada persona es un universo de complejidad y profundidades. Cada uno tiene sus tiempos y sus modos de vivenciar los hitos de su existencia de un modo enteramente personal, y es por ello que Natanael al comienzo se muestra escéptico. Razona con la mentalidad imperante que nada bueno puede venir de Nazareth, como solemos razonar acerca de villas y favelas, nada bueno puede venir de migrantes sin papeles, menos de pobres, jamás de homosexuales, divorciados o portadores de mil estigmas diferentes.

-Ven y verás- invita Felipe, convidando a la sorpresa y al asombro, pues hay más, siempre hay más. Hay otra realidad al alcance del corazón para mujeres y hombres sin dobleces, capaces de descubrir a ese Alguien concreto que ha salido a nuestro encuentro, que nos mira y vé siempre primero bajo las higueras de nuestras comodidades y a la sombra de nuestras rutinas.

El encuentro es una invitación a salir al sol, a encontrarse con Jesús de Nazareth, a jugarse entero porque los cielos están abiertos, porque la trascendencia y la infinitud se han conjugado en una persona que no se reserva nada para sí y lo comparte con todo aquel que se anime a vivir una nueva vida en el Espíritu, un Dios compañero que camina con nosotros)

Paz y Bien

El mejor de los contagios

Para el día de hoy (04/01/12):
Evangelio según San Juan 1, 35-42

(En Juan, en Jesús y en los discípulos, en la Palabra para el día de hoy, predominan las miradas, miradas profundas que van más allá de las apariencias vanas y que llegan a la esencia, a lo verdaderamente importante y definitorio.

Juan ha visto que en ese galileo humilde y anónimo que se arrima a su altar de corazón y río está el Espíritu de Dios: quizás él no sabe su nombre aún, pero reconoce que ese hombre es el Esperado, en el que se cumplen todas las promesas, Aquél que es el Cordero de Dios, memoria y presencia de comunión y liberación.

Juan tiene una integridad insuperable, ni la violencia de Herodes conseguirá doblegarlo. Pero además tiene ese actitud maravillosa -que es menester reconocer en tantos- de quien ha cumplido su misión, de quien encontró su plenitud sirviendo y no ansía nada más. Por ello señala a Jesús a los suyos para que lo sigan con la mirada encendida de fé y esperanza. Juan disminuirá pero su luz no se apagará jamás, sigue resplandeciendo hasta nuestros días.

Juan señala a Jesús a dos de sus compañeros: uno es Andrés -pescador el hombre, hermano de Simón Pedro- y el otro, deliberadamente, permanece anónimo para que todos y cada uno de nosotros nos descubramos allí y pongamos nuestros nombres.
Ante la señal del Bautista, ellos se ponen en marcha y lo siguen: ese galileo ha despertado en ellos esperanzas adormecidas, ese rabbí sacia su sed y colma su hambre. Por ello mismo, la vocación cristiana sea ante todo movimiento, despertarse, descubrir a una persona anda por nuestras orillas y es nuestra Salvación antes que la adopción de una idea o la adhesión a una doctrina.

Andrés y nosotros le preguntamos -Maestro, ¿donde vives?-, y no es una mera inquietud domiciliaria: son las ganas de saber en donde lo podemos encontrar a diario si perdemos el rumbo, en donde está Él habitualmente, cómo hacer para que ese andar primero se multiplique en toda la existencia.

La respuesta de Jesús no puede ser más contundente en la verdad ni más esperanzadora en el impulso: Él inquiere con ese -¿qué buscan?- la busqueda más profunda, la superación de toda fotografía mezquina, el éxodo de cualquier construcción que nos hagamos de un Cristo a medida de nuestros deseos.
Aún así hay más, siempre hay más.
Vengan y vean es un magnífico desafío, una estupenda invitación a ir mar adentro de la rutina, a navegar en nuestras frágiles barcas con rumbo a un horizonte cierto e infinito pues no naufragaremos, la noche ha finalizado.

Con los ojos encendidos de esperanza y los pies ligeros de alegría, Andrés se apura a comunicarle a su hermano Simón Pedro lo que ha descubierto y especialmente, a Quien ha descubierto. Y esto tiene un efecto increíblemente multiplicador: Simón Pedro también se moviliza, hasta el punto de tener un nuevo nombre -Cefas- quizás significando que el encuentro transforma desde la raíces al punto de ser nuevas vidas que se despliegan, nombres nuevos para hombres nuevos.

Desde allí, podremos comenzar a hilar que la evangelización sea ante todo una alegría que se comparte y no se oculta, una experiencia comunitaria que nace desde un encuentro muy personal, tan personal que se vuelve contagioso, el mejor de los contagios, ese que no puede detenerse y que sigue hoy siendo clave y llave de todo despertar: vengan y vean que no estamos solos, que el tiempo es fruta madura, que no hay que resignarse, que Él al fin está allí invitándonos a diario a cambiar la vida y con ello, toda la historia)

Paz y Bien


El Cordero de la liberación


El Santísimo Nombre de Jesús

Para el día de hoy (03/01/12):
Evangelio según San Juan 1, 29-34

(La escena estremece: la voz clara del Bautista convocaba cada vez a más corazones, y las gentes se agolpaban a la orilla del río para bautizarse. Allí, entre la multitud, anónimo y como uno más, esperaba pacientemente su turno Jesús de Nazareth.

Juan tiene una mirada profunda, la mirada de los profetas, la mirada de los hombres del Espíritu, esa mirada que atraviesa todo velo de apariencia. Por eso descubre entre el gentío a Aquél que es su Salvación, y esto es clave para nuestras existencias: no creemos en una idea, no nos afirmamos en conceptos abstractos, creemos en una persona, en Alguien.

-Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo-, proclama el Bautista.

No es una expresión más. Tenía un hondo significado para el pueblo de Israel: por un lado, significaba pertenencia al pueblo de Dios que celebraba en la mesa familiar la Pascua de Yahveh -Seder Pesaj-, y por otro lado, era el memorial perpetuo de esa sangre del cordero con la cual se marcaron las puertas de las casas protegiendo a los niños de la muerte. La sangre del cordero era sinónimo de liberación y vida.

Sin embargo, en esos tiempos -y también tristemente en los nuestros- prevalecía cierta idea acerca del valor expiatorio y sacrificial del Cordero, es decir, la necesidad de aplacar con el derramamiento de sangre las iras de un Dios violento y vengativo, un Dios cobrador de multas y castigador meticuloso, un Dios sediento de tributos dolorosos que eviten la imposición de castigos.
Ese Dios no es el Dios de Jesús de Nazareth.

Probablemente Juan, por historia y formación, hubiera de sostener esa idea; sin embargo es un hombre de más allá, del coraje que implica la fé, del valor que impulsa el Espíritu y por eso intuye que ese Cordero ha de quitar el pecado del mundo.
Habla del pecado del mundo en singular, más no de pecados en plural: se trata de todo aquello que se opone a la vida, ese pecado que significa la opresión que se nos impone y el dolor que causamos, esas barricadas que solemos edificar para que la vida no se expanda, no sea plena.

Jesús es el Cordero de Dios que viene a restablecer la vida, que viene a decirnos no más violencia, no más chivos expiatorios, su Dios es un Dios de amor que es Padre y Madre, que ansía la plenitud de sus hijas e hijos, y que quiere una Pascua perpetua para todos, un paso de liberación que se celebra en mesa de familia numerosa y amplia, esa comida que llamamos Eucaristía)

Paz y Bien

Juanes de la periferia

Para el día de hoy (02/01/12):
Evangelio según San Juan 1, 19-28

(Las tenía todas a favor: hijo de sacerdote del Templo -Zacarías-, descendiente directo de Aarón por parte de su madre, situación social holgada aún cuando la casa paterna se situara en las montañas de Judá, en Ain Karem.

Sus padres y los vecinos lo sabían ya desde el seno materno: ese Juan que vendría sería importante, un hombre de Dios, un profeta para su pueblo.
En esos menesteres y con todas sus credenciales, no es aventurado pensar que su sitio se encontrara en plena Jerusalem, centrado en ese Templo inmenso alrededor del cual gravitaba toda la vida de Israel.

Sin embargo, este Juan es un hombre extraño. Reniega de toda apariencia, vistiéndose con pieles que le provee la naturaleza -mano bondadosa de la providencia-. No quiere banquetes, le basta con langostas y miel del campo.
Su voz clara se escucha al borde de un río, al costado de cualquier previsión, al margen de toda expectativa, en la otra orilla de precisas especulaciones. Por allí no hay veredas ni carreteras, quizás porque el mismo Bautista ha de preparar los caminos a Aquél que todos esperamos.

Llama a la conversión, clama por justicia y verdad, grita contra toda corrupción.
¿Cómo no escucharlo, cómo hacemos para no creerle?
Desoye cualquier reconocimiento por los otros, descree fervientemente de cualquier título, prebenda, categoría o status. Es sólo una voz, se identifica sólo desde el mensaje que transmite, pero sabemos que no es una voz más.
Es la voz que vuelve a decirnos que el Esperado, ése que nuestros corazones ansían ya está entre nosotros aunque no lo conozcamos, y que su rostro resplandece en los pequeños, en los pobres, en los samaritanos del socorro y la compasión, en la mano cordial y la escucha atenta...

En los bordes de nuestras existencias, en la orilla de la caudalosa cotidianeidad, seguimos siendo bendecidos por la presencia cabal e irrevocable de muchas mujeres y hombres que vuelven a encendernos la mirada para que nos hagamos nuevamente camino, para que no nos quedemos estancados en esas costumbres estériles que solemos torpemente santificar, Juanes luminosos en su integridad que se reconocen sólo voces, ecos magníficos de Aquél que es Palabra para nuestra Salvación)

Paz y Bien



Madre y encuentro

Santa María, Madre de Dios

Para el día de hoy (01/01/12):
Evangelio según San Lucas 2, 16-21

(Así estamos, en la pobreza de nuestras existencias, en la noche de nuestras incertidumbres, guardando nuestros rebaños de sueños y proyectos. Y nos llama, claro que sí.
Jamás quedamos librados a nuestra suerte.

Es cosa de ponerse en movimiento -como la vida misma-, con algo de coraje y mucho de esperanza. Hay que animarse y confiar, hay mucho más de lo que mandan las apariencias, y el asombro quizás nos abra de nuevo las puertas.

No es poca cosa: se trata de un bebé en brazos de su madre, bajo la mirada atenta y protectora del carpintero nazareno.
¿Quién lo diría? La clave de la historia entera y de todo el cosmos se asoma tímida en pañales, con llanto de hambre y frío, Niño frágil de pan , ternura y pobreza.

Es difícil callarse, es ímprobo contenerse. Los signos están allí, tal como nos habían dicho, y todo lo señala. Es una noticia magnífica, por fin encontramos a Alguien que honra la Palabra empeñada, y por ello mismo es la mejor de las noticias.

Lo hemos visto y lo contamos. En nuestra alegría desbordada quizás no la hemos visto, de tan calladita y pequeña. Su ojos enormes -tan grandes como su corazón- beben todo lo que sucede, y esas maravillas que descubre e intuye que vienen de su Dios, las deja madurar en las honduras cálidas de su alma.
Ella descubre lo que le ha sido dado por la inexplicable y asombrosa Gracia, y hace suyos esos regalos para que se multipliquen, la vida se le ha crecido en su seno y seguirá frutal prodigando más vida aún.

Madre, Mater, materia, madera.
Ella es encuentro pleno de humanidad y eternidad, y donde se encuentra la Madre tenemos la certeza de encontrar al Hijo.
Totalmente mujer, totalmente madre, plena de vida siempre creciente, tan de Dios y tan nuestra, corazón de alianza con ese Dios que renueva toda esperanza en cada vida que nos amanece, en todo niño que por aquél Niño deviene sagrado, signo cierto de Dios con nosotros

Es Madre por cuerpo, es Madre por ese Espíritu que la ha recreado, la más feliz, la que reconoce a Dios en su vida y en la historia, el Dios de los humildes y los más pequeños, ese Dios que nos revela un rostro de un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida, mujer del sí infinito.

María, Madre de Dios y Madre de todos los encuentros: cuando nos reencontramos, su Hijo vuelve a nacer entre nosotros)

Paz y Bien

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