Un amor provocativo y escandaloso

Para el día de hoy (10/03/12):
Evangelio según San Lucas 15, 1-3.11-32

(Parábola del hijo pródigo, del hermano mayor, del hijo perdido, del padre misericordioso: a esta perla magnífica de la Palabra se la ha llamado de varios modos, aunque quizás la manera última -el Padre misericordioso- se ajuste con mayor certeza a esta verdad que se nos revela y nos regala.

Un modo de abordar la barca de la existencia y navegar mar adentro de la Palabra -mar sin orillas- es situarse no sólo en el contexto en que Jesús enseñaba, sino plantearnos la escucha a partir del hoy; la Palabra es Palabra de Vida y Palabra Viva en presente perpetuo que nos hace tomar posición.
Y sinceramente, los hechos demuestran que estamos más cerca de aquellos que ferozmente criticaban al Maestro por comer con pecadores y recaudadores de impuestos, reunirse a gusto con réprobos, abrirle la puerta de su corazón a los que el resto desprecia bajo tutelas de impurezas legalistas. Estamos cerca también de ese otro hermano que se enfurece porque su dios no es como esperaba, no es un rápido dispensador de justos castigos ni proveedor exacto de premios por los méritos acumulados. Posiblemente, su enojo se corresponda con cierto temor a descubrir fehacientemente el rostro y el corazón de ese Padre; por ello mismo, enojo y temor se conjugan en el escándalo y la indignación que expresa, porque el amor de Dios es, sin lugar a dudas, provocador y escandaloso.

Es un Dios que ama de más, sin la medida austera de nuestra justicia, un Dios que no se esconde tras las nubes o habita el transespacio, sino que sale corriendo a los caminos en nuestra búsqueda, con ansias magníficas, con bondad desmedida.
No hay nada que hacerle, este Dios no se comporta como la gran mayoría quizás esperábamos, y desde ese amor desbordante e incondicional celebra una fiesta y abraza feliz cuando una vida se recupera. Y más aún, busca paciente también al hijo enojado. Todos son sus hijas e hijos.

Es toda una doctrina económica del corazón si se quiere: no nos pertenecen las cosas que suponemos como propiedad privada, herencia legítima respaldada en el derecho.
Lo que es del Padre es de todos los hijos, y de este Padre son los abrazos, la liberación, la alegría, la misericordia.

No hay mejor tiempo que este -ya mismo- para salir presurosos al encuentro del hermano perdido, para que nadie falte a la mesa, para que la fiesta crezca sin agotarse)

Paz y Bien

Usurpadores

Para el día de hoy (09/03/12):
Evangelio según San Mateo 21, 33-46

(No era nada fácil seguirle los pasos al Maestro, a Él no le preocupaba el qué dirán, ni las amenazas, ni los desprecios ni -mucho menos- embestir contra ciertas tradiciones y costumbres perversas que sólo oprimían. Así sería considerado un blasfemo, un revoltoso, un irreverente, un subversivo, un impuro, un maldito y, por ende, los que iban con Él también.
Además, andar por sus mismos caminos implicaba un despojo de un importante bagaje de preconceptos, prejuicios e ideas predeterminadas que resultaban muy difíciles de abandonar.

En esa ocasión, estaba en pleno recinto del Templo de Jerusalem cuestionando a sumos sacerdotes y a nobles de Israel, y la multitud lo escuchaba: ellos, fariseos y herodianos, habían usurpado en su exclusividad corazones y esperanzas del pueblo, la viña del Señor. En sus jerarquías espúreas de poder, habían rechazado con violencia a los enviados en la búsqueda de frutos buenos.
Ahora, iban a desechar a Aquel que es la vida y razón de todo destino, la piedra angular que sostiene al universo, y por ello mismo su mundo falaz se derrumbaría.
No es un castigo, claro está, esa sería la mentalidad de los usurpadores, un dios vengador y punitivo. Su derrumbe será consecuencia de sus acciones, de todo lo que han dejado de lado, de su consecuente y tenaz rechazo de la Salvación que les llegaba gratuita y generosa.

Hoy también nos asusta la postura profética de Jesús de Nazareth; no nos resulta fácil andar con Él.
Nos vuelve a decir que mucho de lo que creemos inconmovible, habitual y establecido poco tiene que ver con el Reino, y que por lo tanto puede y debe cambiar. Que sigue habiendo muchos usurpadores de la alegría, objetores de cualquier felicidad, especialistas en negar la felicidad de tantos, los mismos que hoy son capaces de vender como esclavo al hermano que es capaz de soñar, como José en estos desiertos.

Pero a pesar de todo, con temor y seguramente con algunos temblores, no nos derrumbaremos si nos aferramos a Aquel que siempre nos sostiene)

Paz y Bien

Entre desperdicios

Para el día de hoy (08/03/12):
Evangelio según San Lucas 16, 19-31

(Ese hombre vivía de banquete en banquete, lujosamente vestido y muy bien acompañado. Sin embargo, ese hombre carece de nombre en el relato, se ha disuelto su persona entre lujos, se ha disipado su identidad en el cerrado culto a su ego.

A su puerta, como un desecho que se evita y se ignora está Lázaro, pobre de toda pobreza, suplicante de migajas sobrantes que calmen su hambre, cubierto de llagas en su piel, revestido de marcas de esas llagas de miseria y exclusión, es ignorado con pavorosa constancia desde esas mesas de banquetes fútiles, del despilfarro, de la riqueza obscena; sólo tiene como compañeros unos perros solidarios que lamen sus llagas.
Llamativamente, no se dice si es un hombre religioso o nó lo es, si confía, si es santo o pecador. Para él no hay banquetes, ni compañía ni vestido. Lo que cuenta es su dignidad humana menoscabada, humillada, ignorada. Entre ambos, hay un terrible abismo de injusticia.
Aún así, para Jesús de Nazareth él sí tiene nombre propio.

Ambos -el hombre rico y Lázaro- finalmente mueren.
Lázaro es llevado al señor de Abraham por los ángeles, pues a nadie tiene, no hay nadie que se ocupe de su sepelio; pero también, es símbolo de esa vida para siempre, de su permanencia y preferencia en las honduras del corazón de Dios.
En cambio, el rico es enterrado y no tiene otro destino que su mismo perecer definitivamente; por eso habitará la morada de los muertos sin esperanza.

Imaginar que la Palabra nos refiere solamente a circunstancias post mortem, especificadas de acuerdo a los méritos vividos, es un error grosero bastante cercano a la postura del rico de los banquetes. El Reino acontece aquí y ahora, y la Salvación tiene el perfume y el color del hoy, presente santo, tiempo de Dios y el hombre, y al igual que esos ángeles nos toca ser mensajeros de noticias buenas para quienes han quedado relegados al olvido y la miseria.

Hay un compromiso concreto y pendiente: que no haya más hermanos que apenas sobrevivan entre la basura, y que otros tantos no desperdicien sus existencias siendo causa de esos dolores, por acción o por omisión.

Es el compromiso de la Gracia, es la Buena Noticia de la plenitud)

Paz y Bien

Cuaresma es


Es atreverse al desierto, animarse a desinstalarse de las falsas seguridades a las que solemos aferrarnos, jugarse la vida en las manos bondadosas de Aquél que nunca nos abandona.

Es despojarse de esas esperanzas derrotadas y de los sueños resignados, en el ilógico coraje de la Gracia que nos impulsa más allá de nuestra mirada escasa porque hay más, siempre hay más.

Es rehacernos en los afanes de reconstruir nuestras iglesias olvidadas que son cada mujer y cada hombre, templos vivos del Dios de la Vida.

Es privarse de alimentos para que, al menos, un hermano no pase hambre, pero también abstenerse de tantas cosas que nos engordan el alma para volver a andar insoportablemente hambrientos de paz y justicia.

Es cargar al hombro el dolor que nos agobia, la tristeza por los que no están, la soledad y el abandono que nos golpea, las ofensas y los destratos, es no esconderse y poner el cuerpo porque no es todo, no es lo único, no es final, porque no hay cruces que nuestras espaldas no puedan soportar y porque inevitablemente nos saldrá al encuentro algún Cireneo solidario del auxilio y el milagro. No caminamos solos en nuestros pesares.

Es tomar la irrevocable decisión de morirse, morirse de una buena vez a tanto egoísmo, a tantas ansias de poderes mezquinos y figuraciones banales, morir al rictus acartonado y falsario, morir a la pura exterioridad, morir a ese dios que solemos dibujar para nuestras conveniencias banales, morirnos a todo lo superfluo, morir de una vez o gota a gota para que otro viva, vidas que se hagan ofrendas humildes y silenciosas, pasos descalzos de estos esclavos que somos y que confían -contra toda razón- en que la muerte no tiene la última palabra.

Es tiempo de regreso, de tantas ausencias, reencuentro con el hermano y con Dios.

Paz y Bien

Ricardo

Las trampas del poder, los riesgos del servicio

Para el día de hoy (07/03/12):
Evangelio según San Mateo 20, 17-28

(Jesús sube a Jerusalem, y no es sólo una cuestión física o geográfica, sube a la Ciudad Santa a asumir el horror, el espanto de la tortura y la cruz, el desprecio máximo, el ser considerado blasfemo, delincuente abyecto, subversivo consumado. Aún cuando parece que en estos menesteres brutales la humanidad se repliega a la oscuridad, Él sube porque es su alma la que asciende a la expresión máxima del amor.
Con el Maestro van los Doce, y no tanto algunos discípulos más cercanos, quizás señalándonos que el camino de sus amigos, su comunidad, la Iglesia sea camino de sacrificio y entrega desde la mansedumbre para la vida de los demás.

Y la Pasión será cuestión de la humanidad, no un hecho acotado a Israel: por ello mismo el Maestro señala que será condenado a muerte por escribas y fariseos y que sus ejecutores serán paganos -romanos-, víctima pacífica de la torpe violencia imperial.

Pero la Pasión no está completa si no se comprende el rechazo de los suyos, de los que pretendidamente lo conocen, de los que en apariencia están cercanos: los discípulos reniegan de ese Mesías derrotado que ha de morir, están imbuidos por una teología de la gloria y el éxito, del imponerse sobre todo enemigo, de un Salvador con un poder terrenal y celestial absolutos.
Este Cristo no se condice con lo que ellos esperan, y quedará plasmado en el reclamo de la madre de los hermanos Santiago y Juan.

Sin embargo, aún en el error, es una madre que busca lo mejor para sus hijos. Por ello su pedido de gloria y prebendas para los hermanos Zebedeo. Es la misma ideología de jerarquías y renombres, de poder y privilegios que, aún hoy, sigue fuertemente enquistada en nuestras realidades.
Pero Jesús conoce el corazón de esa madre y no la reprende; se limita a mencionar apesadumbrado que no sabe lo que pide, y que ellos -Juan y Santiago- no han entendido nada.

Lógicamente, se desatan las furias entre los otros discípulos, y la causa es evidente: la madre de los Zebedeo se les ha adelantado a sus propias ansias. No hay nada más molesto que descubrir en el otro las propias miserias.

Pero el Maestro es tenaz, no se resigna al modo en que solemos hacerlo con frecuencia: por ello la contraposición, por ello el llamado a estar atentos a la seducción del poder. Los poderosos dominan y oprimen a las naciones en provecho propio; las hijas e hijos de Dios crecen y sus almas se agigantan cuando se vuelven servidores del prójimo, en exclusivo beneficio de los otros.

Él lo sabía muy bien, y desde niño: su Madre con toda justicia se sabía esclava del Señor, y por ese corazón la historia ha cambiado el rumbo hacia tiempos luminosos)

Paz y Bien

La otra cátedra

Para el día de hoy (06/03/12):
Evangelio según San Mateo 23, 1-12

(Las palabras de Jesús contra la postura fundamentalista de escribas y fariseos son durísimas; aún así -extrañamente- no se dirige a sus habituales enemigos, sino que su contundencia se enfoca en la multitud y en sus discípulos, en tí, en mí, en vos, en ella.

El enfrentamiento es tan decisivo que los que ocupan la cátedra de Moisés son los que decidirán su Pasión y su muerte en la cruz. Y el Maestro rechaza sentarse en esa cátedra.

Es la cátedra de la vida cuidadosamente regulada en 631 normas casi deificadas, de cumplimiento estricto que brindan pertenencia única y un cielo eventual.
Es la cátedra que propugna esas jerarquías a las que todo se subordina, cátedra en donde algunos son importantes y valiosos y el resto no cuenta excepto a los ojos de Dios.
Es la cátedra del argumento exacto -silogismo a menudo irrebatible- que declama en público posturas severas y en privado tiene una laxitud demoledora.
Es la cátedra creadora perpetua del agobio de las conciencias plenas de culpa, que esgrime exactos detectores de pecados y que reniega de la increíble Misericordia de Dios que a todos alcanza.

Jesús se decide por la otra cátedra, la cátedra de la Gracia, la cátedra que no admite quedarse sentados, quietos, que impulsa a ir hacia el otro porque en el otro descubre a Dios, la cátedra de un Dios que brinda perdón y justicia en abundancia inconmensurable, un Dios que es Padre y Madre y que se desvive por la Salvación de todas sus hijas e hijos, un Dios que se pone abiertamente del lado de los pobres y los pequeños, un Dios infinito que es tan cercano que lo descubrimos amigo y compañero de toda huella.

En la cátedra de la Gracia no hay mayores ni menores, no son determinantes jerarquías, posiciones o títulos: su identidad se decide en cuanto nos sabemos y nos hacemos hermanos y servidores, tan nimios como un esclavo, tan insignificantes como el que sirve la mesa sin ninguna pretensión de superioridad, sin otro afán que el de la diaconía.

Quizás haya mucho que debamos desaprender desde esa Gracia increíble, asombrosa y magnífica, transformando estas pobres y opacas vidas que somos y elegimos)

Paz y Bien

Lo que nos llevaremos

Para el día de hoy (05/03/12):
Evangelio según San Lucas 6, 36-38

(Hay varias cosas de las cuales tenemos certeza, y otras tantas que damos por supuestas, creyéndolas saber o comprender.

Por un lado, la certeza de que esta vida es limitada, finita y muy escasa, es decir, que inevitablemente moriremos. Desde allí, la mente humana a lo largo de la historia ha tejido múltiples sucedáneos que le ayuden a sobrellevar lo inexorable de la existencia, especialmente en el plano religioso.
Sin embargo, hablamos aquí acerca de lo que solemos crear como sucedáneos o escapatorias y creencias convenientemente acomodadas a nuestras necesidades; así solemos dejar de lado el anuncio maravilloso de la Buena Noticia de Jesús, la sorprendente e increíble acción de la Gracia que llueve como agua buena sobre todos, sin excepción, la contundencia inesperada de una vida que no finalizará jamás.

A la vez, articulamos en nuestras conveniencias cierto comercio espiritual o bien una modalidad de un dios castigador que nos espera severo en nuestro final, dispuesto como juez y verdugo eficaz de acuerdo a los méritos o deméritos acumulados.

No es así el Dios de Jesús de Nazareth.
El Dios de Jesús es Padre y Madre que dispensa amor infinito a todas sus hijas e hijos, y su justicia se expresa en la misericordia, un corazón sagrado puesto para siempre en la raíz de nuestras miserias.

Reconocer a Dios como Abbá ha de ser entonces nuestro rumbo y nuestro distingo, la existencia toda puesta allí en donde florece el dolor, renegar de una vez y para siempre nuestra postura de espectadores que apenas se conmueven con el sufrimiento ajeno cuando pasa de largo. Es hacerse próximo/prójimo, asumir como propia la cruz del hermano, que el sufrimiento compartido -com pathos- se hace llevadero.

Cuando sea el tiempo de irnos, todo quedará, dinero, bienes, torpezas, afectos partidos, banalidades, todo lo que perece.
Sólo llevaremos con nosotros lo eterno, lo que permanece para siempre, la compasión que hayamos ejercido y la misericordia a la que nos atrevamos)

Paz y Bien

Un Cristo que se mira, un Hijo que se escucha

Para el día de hoy (04/03/12):
Evangelio según San Marcos 9, 2-10

(Jesús se lleva con Él al monte a Santiago, a Pedro y a Juan, sus amigos íntimos, y esto tiene una importancia eclesiológica fundamental como símbolo de la totalidad de la Iglesia naciente creciente. Pero también ha de tener otro significado profundo para nosotros: sólo en amistad y cercanía con el Maestro podemos atrevernos a ascender a esos planos en donde descubrimos asombrados la eternidad que en Él refulge y palpita.

En las cumbres de ese monte sucede lo impensado: ese rabbí galileo que tanta huella ha compartido con ellos, que ha comido, caminado y respirado el mismo aire se transfigura, se viste de un blanco que no es de este mundo, se lo descubre en la plenitud de su divinidad.
No es un simple cambio de vestido, ni una metamorfosis banal de sesgo carnavalesco, es la mirada de fé capaz de descubrir la dignidad y la gloria de Dios en el cuerpo de Jesús de Nazareth, un cuerpo que será entregado a la tortura, a la humillación y a la muerte, una humanidad que a pesar de todo dolor se nos muestra eterna, una eternidad tejida en lo humano, un Dios que se hace historia.

Por eso mismo a los tres discípulos se les aparecen Elías y Moisés en diálogo con Jesús; la imagen no es sólo de subordinación, es señal de que la ley y los profetas anticipaban sus pasos, es signo de que la historia de los pueblos cobra verdadero significado cuando se entrelaza en diálogo franco con la infinitud expresada en Jesús, Cristo de Dios.

Aquí podemos correr el riesgo de quedarnos en el hecho espléndido e increíble de la Transfiguración; sin embargo, como orbitando alrededor de ese sol sin final, el núcleo del relato está en la voz que nos despierta de todo sopor, y que nos recuerda que Jesús es el Hijo Amado de Dios al que hay que escuchar.
Nuestro Tabor acontece en la meditación y la encarnación personal y comunitaria de la Palabra de ese Hijo por el que todos nos hacemos también hijas e hijos amadísimos del Dios de la Vida.

Entonces, nos volvemos cada vez más cercanos a ellos tres.
Como Pedro, solemos ansiar quedarnos en la quietud de una conciencia a veces adormecida luego de la plegaria y el retiro, cabañas de comodidad y conformismo. Pero la Buena Noticia exige despertares, no acomodarse, bajar al llano en donde sólo hay malas noticias y nada resplandece, enormes campamentos de oscuridad, de soledad y de dolor.

Como ellos, a menudo Jesús se nos hace un Mesías intolerable, un Cristo inaceptable, no tiene lugar en nuestras acotadas razones la derrota aparente a mano de sus enemigos, el escándalo de la Pasión, la locura de la cruz.
Nos atrae más un Salvador glorioso que se impone victorioso a cualquier afrenta, que elimina eficaz cualquier amenaza. Pero el amor transita por otras sendas, y el Maestro ofrendará su vida para que nadie más muera, para que todos vivan -incluidos aquellos que lo odian-: Jesús de Nazareth se sacrificará en la cruz para que nadie más sea crucificado en todo cadalso político, religioso y social.

Quizás entonces la Transfiguración sea don y misterio más también un llamado desde su corazón sagrado a subir con Él a la plenitud humana, para emprender el regreso allí en donde la vida no impera, tiempo santo de Dios y el hombre)

Paz y Bien

De cómo nos vamos haciendo

Para el día de hoy (03/03/12):
Evangelio según San Mateo 5, 43-48

(Jesús de Nazareth habla como habla y dice lo que dice desde el marco y la perspectiva de su pueblo. Así entonces, a partir de la Ley es dable y deseable amar al prójimo, al cercano, al de fronteras adentro, inclusive al extranjero que vive por nuestros lugares -hoy propuesta demasiado lejana- pero es razonable y hasta necesario enfocar nuestras furias y nuestros odios sobre el extraño, el ajeno, el alejado, el de fronteras afuera.
Quizás por ello en aquel entonces y hoy también las guerras brutales e inhumanas que se libran en tierras lejanas no son gravosas a las conciencias de los pueblos, excepto cuando se pierden o mueren los propios; el resto son sólo casualties, bajas cuantificables y circunstanciales de los otros que no cuentan.

El Maestro no acepta estos postulados de odio y muerte.
Sus hermanas y sus hermanos están llamados a construir una vida nueva, a renovar la faz de la tierra: su propuesta puede asomarse increíble, pero también es magnífica e inconmensurable la maravillosa Gracia que llueve la bondad de Dios sobre buenos y malos, sobre cercanos y lejanos sin condicionamientos.

Tal vez estemos llamados en este tiempo a reconstruirnos, y la clave esta en como nos vamos haciendo: si exactos practicantes religiosos, o antes que ello volvernos enteramente humanos, esos que a riesgo de sus vidas acercan al lejano, reconocen como igual al forastero, aceptan la diversidad sin violencias y, mansamente, proclaman y ejercen su hambre intolerable de paz y justicia)

Paz y Bien

Más allá de la justicia


Para el día de hoy (02/03/12):
Evangelio según San Mateo 5, 20-26

(Existen cuestiones que solemos dar por hechas, reflexionando poco o nada sobre ellas; así suele suceder con aquello que entendemos por justicia, o bien los procedimientos judiciales.
Habitualmente damos por supuesto que a igual delito igual pena, y también profundizando un poco, inferimos que justicia tiene mucho que ver con dar a cada uno lo suyo, todo ello originado en una ley del Talión morigerada y en el concepto clásico de justicia y polis heredado de la cultura griega clásica.

Obviamente, es necesario que todo esto conste en normas, códigos y leyes, pues de lo contrario quedaría en pura abstracción, con el riesgo de comportamientos anárquicos y la imposibilidad de la convivencia social y las relaciones entre pueblos y naciones.

Es claro que no está mal, y que es necesario. Pero vivir la Buena Noticia de Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor nos hace ir más allá de todo supuesto, porque es una cuestión ante todo cordial, que se enraiza en el corazón.

Por ello mismo el Maestro embate contra cierta mentalidad de escribas y fariseos: ellos se aferraban -deificándolas- a la letra de la ley por la letra misma, y no al espíritu que la impulsa.

Nuestro gran desafío y nuestra magnífica invitación es superar esta justicia tan acotada, y tomar coraje para vivir la justicia y la liberación del Reino de Dios.

Porque la justicia que Jesús de Nazareth nos propone es la Misericordia)

Paz y Bien


Atreverse a ser hijos

Para el día de hoy (01/03/12):
Evangelio según San Mateo 7, 7-12

(Frente a esta lectura, lo usual es que hablemos de la eficacia de la oración. No está mal, claro está, pero hay más, siempre hay más, y es menester para todos y cada uno de nosotros navegar mar adentro, ir más allá de la orilla de la evidencia.

Pedir, buscar y llamar es un universo que tiene por sol a Alguien.
Se pide siempre algo a Alguien, es una cuestión decididamente personal cuya intensidad varía de acuerdo a la insistencia de quien solicita y a la atención de quien escucha.
Jesús dá un paso más, y nos revela el rostro bondadoso de un Dios Padre y Madre que jamás deja de escuchar enteramente lo que le pedimos, un Dios que inevitablemente se deja encontrar en los andares cotidianos, un Dios sin horarios ni lugares que siempre atiende a nuestro llamado y nuestros ruegos, en cada lugar, a toda hora, en cualquier momento.

Aún cuando nos conmueva y promueva esta noticia increíble, quizás sea necesario replantearnos algunas cuestiones, derribar ciertos paradigmas enfermos. Porque el deslumbre inicial se refiere a un dios aspirina que calma los dolores de nuestras ansiedades variables, o bien de un dios proveedor de bienes y servicios a la medida de nuestras banales mezquindades, un dios que poco o nada tiene que ver con el Dios de Jesús de Nazareth.

Se trata de atreverse a ser hijas e hijos.
El primer paso, tal vez, sea el reconocimiento de nuestras limitaciones y debilidades, de que somos -sin excepción- vulnerables y quebradizos. Allí sí podremos descubrirnos pequeños, muy pequeños, pero a la vez cuidados y protegidos: en la ilógica magnífica del Reino, la grandeza discurre por descubrirnos mínimos, sólo crecientes y existentes en los brazos de un Padre que a nadie abandona.
Y desde allí, hijas e hijos atrevidos en la confianza y el milagro, actuar con los demás del mismo modo. La regla de oro será algo familiar, una cuestión y distingo de astillas del mismo palo, ramas del mismo árbol de la vida, hijas e hijos de un mismo Padre)

Paz y Bien

Signo y presencia

Para el día de hoy (29/02/12):
Evangelio según San Lucas 11, 29-32

(Las palabras del Maestro son duras, muy duras: le exigen una señal ratificatoria de la voluntad divina, un artificio deslumbrante y mágico, que esté revestida de espectacularidad. Esa señal sería fedataria de que Jesús era el Mesías que venían anunciando de antaño la Ley y los profetas.

En sí, la exigencia es denunciada por Jesús como propia de una generación per-versa, y debemos entender el término en contraposición a generación con-versa.

Hasta la inauguración del tiempo de la Gracia y la Misericordia, las señales conocidas eran señales de llamada a la conversión bajo amenaza de divinos castigos y amenazas establecidas.
Pero Jesús de Nazareth ha revelado el rostro bondadoso de Dios Abbá , y sus signos definitivos serán vida, esperanza, liberación expresados en la señal mayor, la resurrección, el amor que derrota toda muerte.

Tal vez por ello no hay que buscar signos torvos hechos a medida de nuestras mentalidades escasas, signos de resignación o de una religiosidad que se acota al cumplimiento de preceptos, de culto sin corazón, de templo de piedra sin alma.

Están allí: los que no saben más que, humildemente, ofrendarse por el bien de los otros. Los hambrientos de justicia. Los sedientos de liberación. Esas almas nobles con las que siempre contamos -a veces si darnos cuenta- porque están silenciosamente presentes, disponibles a la mano compañera, al auxilio generoso, a la solidaridad incondicional.

Aquí hay uno más que Jonás, y uno más que Salomón dicta la justicia que se expresa en la Misericordia de Dios, en Jesús de Nazareth. Y sus hermanas y hermanos, hijas e hijos dilectos de su Padre, continúan sin estridencias siendo signo y presencia en todas nuestras noches para que lleguemos a buen puerto)

Paz y Bien


La causa de Dios, la causa de los hermanos


Para el día de hoy (28/02/12):
Evangelio según San Mateo 6, 7-15

(Nombre, Reino y Voluntad por la causa de Dios. Pan, perdón, victoria y liberación por la causa de los hermanos.

No son dos planos divergentes, ni posturas escindidas. Todo brota de la misma raíz increíble y maravillosa de la Gracia.

Esoterismos, intermediaciones legalistas y arcanos secretos se desvanecen.
Con el impulso de quien descubre la vida, con la mirada de niños abriendo los ojos a la existencia, llamamos a Dios con la primera de las palabras, Abbá!, Papá!, y esa revelación que nos regala Jesús de Nazareth abre todas las puertas y derriba todos los muros.
Por ello mismo decimos Padre Nuestro, porque no es de unos pocos selectos, sino Abbá de todos, corazón infinito poblado de hijas e hijos, Padre que es el Totalmente Otro y que, sin embargo, lo sabemos cercano, tan cercano como están los afectos en las honduras de nuestras almas.

Y pedimos que sea santificado el Nombre de Aquél que es y está, no como magia ni como auxilio en nuestros mezquinos caprichos, sino reivindicando la eternidad que surge en cada existencia.
Y pedimos que sea el Reino, que venga a nosotros, que acontezca en nuestro aquí y ahora, que todo el mundo se realice en plenitud según el sueño eterno del Creador, porque su voluntad es que el hombre crezca en total humanidad, y su Gloria es que el pobre viva.

Eso que llamamos pecado fractura todo lazo de fraternidad y separa a las gentes en islotes de injusticia y soledad.
Pero nuestro Dios es ante todo Abbá que nos ama, y por eso la causa de los hermanos es su causa, y por eso pedimos por el hermano y junto al hermano que no falte el sustento, que reconstruyamos la vida desde el perdón y la dignidad y que salgamos victoriosos en la lucha diaria contra el egoísmo.

No debe haber demasiadas palabras, sólo la confianza que levanta al sol a las hijas y los hijos, hermanos de Jesús de Nazareth)

Paz y Bien




En camino hacia el hermano


Para el día de hoy (27/02/12):
Evangelio según San Mateo 25, 31-46

(Hemos sido en muchos aspectos mal educados, y con fruición también hemos aprendido mal, por lo general de acuerdo a nuestras conveniencias.
No es entonces ajena esa postura que define la salvación o la perdición en tiempos postreros, de manos de un dios decididamente celestial y alejado que pesará en su balanza méritos y deméritos como métrica de las almas que accederán a la luz eterna o a los fuegos permanentes.

Pero la Salvación acontece hoy, en nuestro presente y devenir diarios.
Es el tiempo santo, kairos, tiempo de Dios y el hombre, y Dios ya no se revela en un pueblo, en una religión, en una ideología.
Al Dios de Jesús de Nazareth se lo encuentra en el hambriento, en el sediento, en el que no tiene con qué vestirse, en el cautivo, en el enfermo, en el migrante que está de paso y no tiene hogar. Por ello mismo Jesús, el Cristo de Dios se llamará a sí mismo Hijo del Hombre, atado por siempre en bondad a esa humanidad por la que será capaz de vivir y por la que morirá sin vacilar para que todos vivan.

Por eso mismo el culto verdadero se expresa en el cuidado del otro, en el socorro eficaz -más no declamado-, en el milagro de la solidaridad y la generosidad.

Estos días son días de conversión, de converger hacia Dios. Es tiempo de peregrinación y desierto, aunque andaríamos errados y a los tumbos al suponer que todo se acota al cumplimiento puntual de piedad puntualizada en cánones impuestos.
Cuaresma debería ser sinónimo de ponernos en camino hacia el hermano, al prójimo/próximo que está a nuestro lado y que miramos sin ver, y en búsqueda de aquel que no está en nuestro derredor, pero que está en las cercanías del corazón sagrado de Dios.

Es tiempo de regreso)

Paz y Bien

Cuaresma vida

Para el día de hoy (26/02/12):
Evangelio según San Marcos 1, 12-15

(Jesús ha sido bautizado por Juan a la vera y en las aguas del Jordán, un río con una historia cara la memoria de Israel, el río que se atraviesa para llegar a la tierra prometida de la liberación, tierra santa de Dios en donde nadie será más un esclavo.
Allí, la lógica indicaría que asumiría el liderazgo de su pueblo para que se instaure sin demoras el Reino de Dios tal como suponían Pedro y los otros, un Dios que derrota a todos sus enemigos y hace gala de un poder avasallador, el Dios de Israel pero de ningún otro pueblo.
Pero sus caminos transitan otros senderos insospechados; Jesús es empujado, llevado de la mano al desierto.

El desierto no es grato ni amistoso. No se sobrevive cargado de equipaje inútil, sólo es posible salir andando ligero y confiando en alguien que brinde auxilio seguro y agua fresca.
Son cuarenta días, y no es un dato menor: en la memoria colectiva, es la referencia directa a los cuarenta años de peregrinación y crisol de pueblo, de liberación de la esclavitud egipcia, de barro moldeado en las manos bondadosas de Dios para hacerse mujeres y hombres libres en tierras renovadas.

Son cuarenta días de sostén absoluto en el Espíritu de Vida.
En pocas palabras, el Evangelista nos regala a un Salvador tan nuestro, un Cristo tan cercano que es golpeado una y otra vez por las tentaciones y flaquezas, humano hasta los huesos como cada uno de nosotros.

En ese desierto, Satanás -cuya etimología refiere a adversario- está allí molestándolo, pero es sólo una presencia simbólica: en realidad, a través de toda su vida Jesús será tentado por las mieles engañosas del poder, del éxito, de la violencia. Serán Satanás aquellos fariseos que lo excluyen y lo tratan de blasfemo, será Satanás el mismo Pedro que lo reprende pues no tolera un Mesías sacrificado y en apariencia derrotado, serán sus parientes diciendo que no estaba en sus cabales, serán aquellos que prefieren una piara de cerdos a un enfermo sanado, serán también los que suponen la primacía de Israel en la salvación y el dejar fuera a todos los otros pueblos, réprobos y condenados por extranjeros.

El mensaje es claro: no se trata de un dios opuesto, o de una fuerza paranormal que anda confundiendo a las gentes y que es menester alejar por intermedio de ciertos expertos por la vía del exorcismo. Se trata de esas falencias, mezquindades, limitaciones enraizadas en el egoísmo y el temor que impiden la realización plena, que reniegan la instauración de la vida plena del Reino del Dios de Jesús de Nazareth.
Lo diabólico es todo lo que se opone a la vida, y contra ello pondrá el pecho el Maestro sin vacilar, y su victoria es la nuestra.

A pesar de todos los embates, de todas esas tentaciones que golpean con fiera determinación y suponen una amenaza insalvable, prevalece la mano de Aquél que nos cuida, significado aquí en aquellos ángeles que sirven a Jesús en medio del asedio de las fieras.
No estamos ni estaremos solos nunca, y a pesar de esas fieras que suelen mordernos los tobillos diarios, ese Dios que es Padre y es Madre no quiere que nos perdamos ni que caigamos en las arenas de la soledad.

El Maestro atravesará esos que moldearán su corazón. Y ese Espíritu que lo lleva al desierto lo impulsará a la Galilea de su querencia, esa Galilea de la periferia constante y la sospecha permanente, Galilea de los pobres y marginales que sólo saben de resignación, dolor y tristezas.
Allí, en donde nadie espera nada, allí anunciará la Buena Noticia del Reino de Dios, la mejor de las novedades.

Estamos en un tiempo litúrgico en donde durante cuarenta días nos vamos adentrando en las honduras de nuestros corazones, para redescubrir al amor mayor expresado en la Pasión de Jesús.
Pero no es sólo una etapa importante del año en la que volcamos nuestro fervor religioso, es mucho más que eso. La cuaresma, esos cuarenta días de golpes y esperanza, del enemigo que quiere socavarnos pero de ese Dios que nunca nos deja caer, es la metáfora de la vida misma.

Sólo desde existencias cuaresmales podemos anunciar Buenas Noticias, descubriendo que a pesar de los embates de las fieras del egoísmo, el individualismo y el poder no estamos solos, nos impulsa y sostiene el Espíritu de Aquél que nunca nos abandonará y que nos espera desde siempre en la plenitud que es nuestro horizonte)

Paz y Bien


Estas mesas nuestras

Para el día de hoy (25/02/12):
Evangelio según San Lucas 5, 27-32

(En aquellos tiempos, los publicanos era recaudadores eficientes de impuestos y tributos y acopiadores constantes del odio de sus paisanos, encarnado principalmente en escribas y fariseos.
Es que los publicanos eran funcionarios dedicados a cobrar tributos para el ocupante imperial de Tierra Santa: las furias desatadas se debían a que eran hijos de Israel que servían a paganos y extranjeros que sojuzgaban por la fuerza de sus armas al pueblo elegido, que estaban en contacto diario con dinero pagano y que, además, solían exprimir a los pobres y campesinos para quedarse con una parte de esos tributos. Muchos de ellos amasaban importantes fortunas.

En ese talante, nadie se acercaría a ellos en tren de amistad, ni mucho menos invitarlos a compartir una cena. Pero este rabbí galileo es un provocador impenitente que, evidentemente, no está en sus cabales: ¿cómo conciliar a los feroces zelotas como ambos Judas con un traidor publicano?. Sólo a un loco se le ocurriría intentar una mixtura imposible.

Nosotros estamos sentados también a nuestras mesas tributarias. Por lo general, en nuestras rutinas, en nuestras omisiones y a causa de nuestros temores también somos cómplices de la opresión de muchos; quizás, tan malo como el opresor imperial es el observador imparcial que se cruza de brazos.
Y en nuestras mezquindades y miserias, solemos ser objeto del desprecio constante de los puros de siempre, de los profesionales de la religión que suelen mirarnos desde elevadas cátedras. Aún así, pasa Jesús de Nazareth y sucede el increíble y asombroso milagro de la Gracia: sin contar méritos o máculas, nos vuelve a invitar generosamente a ir con Él.

Es esa magnífica sorpresa que transforma toda vida: vino a buscarnos con total dedicación, sin preclasificaciones, revelando el rostro de ese Dios que jamás descansa en el abrazo paterno y materno de todas sus hijas e hijos sin excepción.
Entonces, en ese amanecer de todo asombro, recuperamos el sentido profundo de aquello que llamamos penitencia y conversión: no hay otro destino escrito que el de la mansa alegría que permanece y prevalece.

Por ello, las almas renovadas, las vidas recuperadas festejan la liberación y el reencuentro en esa mesa común de los excluidos de todo tiempo, mesa grande con lugar para todos en donde nadie, por la voluntad infinita de Aquel que nos busca, ha de faltar)

Paz y Bien

El ayuno interior

Para el día de hoy (24/02/12):
Evangelio según San Mateo 9, 14-15

(La práctica del ayuno era, desde antiguo, de capital importancia para el pueblo de Israel, de tal modo que su práctica estaba rigurosamente estipulada y normatizada en cuanto a la modalidad y a los días en que debía realizarse durante el año, además de las múltiples ocasiones para las cuales estaba prescripto.

En realidad, se había absolutizado una práctica piadosa poniendo el énfasis en el rictus serio, en la apariencia dolorosa y penitencial que supone que se logran los favores divinos previo cumplimiento exacto de las reglas y tradiciones normadas.
Pero es el tiempo de la Gracia y la Misericordia, el tiempo nuevo de la generosidad y la gratuidad, el tiempo de Abbá Padre de Jesús y Padre nuestro, y su corazón no se gana con acciones puntillosas que sólo importan en la pura exterioridad.

Desde toda la eternidad el corazón sagrado de Dios está enamorado de la creación, se vuelca con pasión a todas sus hijas e hijos y tiene especial predilección y favor por los pobres y los pequeños.

Por ello mismo, los fariseos y los discípulos del Bautista se sorprenden frente a la aparente laxitud del Maestro frente a esta tradición tan cara a la historia de su pueblo. Ellos están presos de una mentalidad que no son capaces de quebrar, y que a menudo no quieren hacerlo tampoco, son tradiciones que son traiciones.

A pesar del horizonte espantoso de la cruz que se asoma cierta, la alegría no ha de ser desalojada y el espíritu luctuoso no ha de imperar entre nosotros.
La práctica piadosa por la práctica misma es estéril y suele ser hipócrita por carecer de corazón.
Quizás importe ese otro ayuno, el ayuno interior, el privarse de tanta cizaña que a menudo dejamos que nos crezca, la gravosidad del destrato y de la indiferencia frente al dolor del otro.
Tal vez por ello sea necesario ayunar por dentro, para ordenarnos este templo latiente que somos, para volvernos magro el corazón para que Él lo desborde de mansa felicidad y de plena liberación)

Paz y Bien




La vida al hombro


Para el día de hoy (23/02/12):
Evangelio según San Lucas 9, 22-25

(A menudo solemos utilizar aquello de "cargar la cruz de cada día" con la sola intención de destacar los pequeños defectos y los dolores que nos sobrevienen a diario y con los cuales debemos convivir, es decir, se resalta la índole individual con cierto fatalismo que no está exento de la militancia en la lástima.

Pero seguir los pasos de Jesús de Nazareth es más, mucho más, siempre hay más que nuestros mezquinos y limitados cálculos.

Es claro que aún nos tienta y persiste en nuestros esquemas la teología de la gloria y el éxito en donde tiene poco o ningún espacio el Servidor Sufriente, el Hijo de Dios derrotado y humillado, sojuzgado hasta morir por los poderes religiosos y políticos, despreciado como lo más abyecto. La cruz era el cadalso para el peor de los criminales, y precisamente el Maestro está hoy, ahora mismo, reivindicando ese camino manso de sacrificio.

Es atreverse a ser considerado un marginal por un sistema en donde la justicia no tiene lugar, es aceptar perder la vida para que otro viva, es renegar mansamente de toda violencia, rebelarse contra toda imposición, desterrar todo ánimo sangriento.

Es ponerse la vida al hombro, a diario, a cada momento, con nuestras miserias y mezquindades y levantar la existencia que se ha caído del hermano que ya no puede levantarse.
De a dos se puede, entre todos el milagro acontece.)

Paz y Bien



Al inicio de este viaje

Miércoles de Ceniza

Para el día de hoy (22/02/12):
Evangelio según San Mateo 6, 1-6.16-18

(Hoy comienza el tiempo litúrgico de Cuaresma; muchos tendrán hacia la tarde la cruz marcada en sus frentes, y otros tantos en sus corazones.

Esa marca de ceniza nos iguala en nuestra finitud, en nuestras limitaciones, nos descubrimos frágiles, una nada perdida en la inmensidad del universo descubriendo que la existencia no depende de nosotros mismos, sino de Alguien que está más allá de nuestros cálculos y razonamientos.

Este tiempo que comienza hoy suele referir a un rictus de tristeza y amargura, en estricta portación de colores de duelo y resignación.
Pero esa modalidad se nos hace ajena a las hijas e hijos del Dios de Jesús de Nazareth; a pesar del espanto de la Pasión, se trata del amor mayor en el horizonte, y por ello mismo habrá un mañana de Resurrección.

Es tiempo penitencial, tiempo de sanar heridas en nuestras almas maltrechas y, especialmente, tiempo de curar el daño que hemos provocado en el hermano, por nuestras acciones y por nuestras omisiones, por nuestros maltratos y nuestros destratos.

Es tiempo de conversión -metanoia-, tiempo de volver a los brazos de Dios convergiendo en el hermano, volviendo hacia el que está a nuestro lado y nos esforzamos por no ver ni mirar, pero especialmente, tiempo de salir en la búsqueda incansable de aquellos que no están, que han sido ocultados como sobrantes, como anatemas, como nadies.

La limosna que no es brindar un sobrante de efectivo, sino la disposición cordial de compartir lo poco y lo mucho para que nadie pase necesidad.

La oración que es escucha y es diálogo confiado con Aquel que siempre nos está hablando y siempre nos oye, para volver a comunicarnos entre nosotros, para reaprender el escucharnos.

El ayuno que agrada a Dios, privándonos de alimentos para que otro no pase hambre, pero fundamentalmente privándonos del egoísmo que nos impide ver al oprimido, al abandonado, al caído, al que no cuenta, ese egoísmo y ese temor que nos hace quedar de brazos cruzados.

Al inicio de este viaje intentamos convertirnos en ofrenda, signos latientes de Aquel que nada ha guardado para sí, para que todos vivamos en plenitud, desde la mansedumbre y la alegría que no se apaga)

Paz y Bien




Sacrificio, misión y servicio

Para el día de hoy (21/02/12):
Evangelio según San Marcos 9, 30-37

(Ellos iban caminando con el Maestro por veredas galileas, senderos de la periferia en donde no era de esperarse nada en especial, nada bueno, nada nuevo; Él les iba contando lo que tenía la certeza de que iba a sucederle, su entrega, los horrores de su Pasión, su derrota, su Resurrección.
Pero poco importaba: a pesar de hablarles con el corazón entre sus manos, ellos no lo entendían y temían hacerle preguntas.

Nosotros también tememos hacerle preguntas a Dios, porque solemos tener miedo de las respuestas con que hemos de encontrarnos.

El temor y el silencio de los discípulos radica también en que están prisioneros de una mentalidad y espiritualidad / teología de la gloria y el éxito. Seguramente para ellos y para muchos de nosotros resulta más fácil y atractivo encontrar a un dios revestido de poder que se impone, un dios glorioso que se regodea en los espacios en donde se ejerce la pompa y el poder.
Pero ése no es el rostro del Dios de Jesús de Nazareth.

Se trata de sacrificio, y en algún momento de la historia se ha oscurecido la plenitud de su significado, y se lo ha acomodado a a los criterios dominantes de cada época.
La etimología puede sernos una herramienta útil: sacro facere, hacer sagrado lo que no lo es en su sentido primero, hacer sagradas las cosas, hacer sagrada la vida desde la entrega y a partir del hecho fundante del amor.
Toda el universo se santificará a partir del sacrificio de Cristo, y la eternidad se hace presente cuando la vida se hace ofrenda en la cotidianeidad.

Los discípulos, frente a su incomprensión y desde su sordera, dejan de escuchar y de hablar con el Maestro y se embarcan en una agria discusión. No entra en un magro universo esa ilógica de derrota y mansedumbre de Jesús, por ello seguirán empecinados en sus ambiciones de primacías y prebendas, en las razones del ejercicio del poder que clasifica a las gentes en más o menos importantes, en estratificaciones jerárquicas, en convenientes inteligencias de dominio y sumisión.
El abismo es tan evidente entre Jesús de Nazareth y su postura, que sólo queda lugar para la vergüenza.

El modo de comprender lo que sus y nuestras mentes cerradas tan a menudo rechazan es aceptar en todas sus dimensiones a un niño. Es el símbolo de aquellos que están desprovistos de todo derecho, de cualquier poder, vulnerable por donde se lo busque.
Jesús lo abraza y lo pone en el centro de todas las miradas porque en cada niño resplandece el rostro del Dios del universo, porque -a pesar de todo lo que se hace y dice- los niños no cuentan, son variables económicas y estadísticas y y son pocos los que aceptan hacerse pequeños, insignificantes, pequeños de ojos plenos de asombro capaces de reconocer a su Padre con alegría incontenible.

De allí surge nuestra misión entendida como servicio. Es la misión de la diakonia, de servir la mesa grande de Aquel que a nadie excluye, servidores que quieren santificar al mundo desde la entrega de su propia existencia para que los demás vivan, servidores con espíritu de niños que no se creen nada ni nadie, pero saben que todo lo pueden a partir del escándalo mayor, increíble y maravilloso de la cruz y del amor)

Paz y Bien


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