
Para el día de hoy:
Evangelio según San Juan, 2, 13-25
(Jesús no viene a restaurar el Templo de Jerusalem, a limpiarlo de comerciantes y traficantes de culto; viene a abolirlo.
Al echar a los cambistas y mercaderes, establece que el verdadero culto comienza en el corazón del hombre, y no solamente en los gestos exteriores: no es cuestión de compraventa, es cuestión de corazón.
La Nueva Alianza revelada: Dios es Padre que nos ha enviado a su Hijo para la Salvación de todos.
Y esa Alianza requiere un templo donde celebrar las promesas cumplidas, donde adorar a Dios: ese nuevo templo es el mismo Cristo, que resignificará todas las cosas y nos justificará a todos con su Resurrección de entre los muertos.
El, hermano y Señor nuestro, nos dice en esta Cuaresma que limpiemos los patios de nuestro templo - nuestro corazón - para que deje de ser una casa de comercio en donde cambiemos promesas por favores, para que se convierta en casa de adoración a un Padre que nos quiere y que nos pide sacrificios desinteresados.
-sacrificio: hacer sagrado lo que no lo es-
Porque este sacrificio no es lo gestual, sino que es enteramente conformado por la caridad atenta a la necesidad del hermano, que luego se expresará en la Liturgia de la comunidad.)
Paz y Bien
Nueva Alianza y Nuevo Templo
La dignificación del trabajo

1. La palabra "trabajo" debería sugerirnos a todos no sólo un medio para ganar la vida sino una colaboración social.
2. ... El trabajo podría ser definido "el esfuerzo que se pone al servicio de la humanidad: esfuerzo personal en su origen, fraterno en sus fines, santificador en sus efectos"
3. Por el trabajo el hombre da lo mejor que tiene: su actividad personal, algo suyo, lo más suyo: no su dinero, sus bienes, sino su esfuerzo, su vida misma.
4. Trabajar en condiciones humanas es bello y produce alegría.
5. ...La sociedad vive por el trabajo de sus ciudadanos, sin el trabajo no habría riqueza ni sociedad.
6. Así como hay condecoraciones para los que realizan hazañas bélicas o llevan adelante con éxito gestiones diplomáticas, debería haber condecoraciones para los "héroes del trabajo", héroes ocultos sin los cuales no progresa la humanidad.
7. La sociedad debería vivir en un acto continuo de acción de gracias a todos los que laboran su grandeza espiritual, intelectual, manual y consiguientemente de respeto a todo trabajador.
8. Siempre el que recibe el esfuerzo de un hombre, recibe más que lo que le da al entregarle en cambio billetes de banco o monedas, aunque fuesen de oro legítimo.
9. Es necesario que cada uno ocupe el sitio que le corresponde conforme a su naturaleza humana, que participe de los trabajos, pero también de las satisfacciones, como conviene a hermanos, hijo de un mismo Padre.
10. Es horrible el contraste entre quienes nadan en la abundancia y quienes se ahogan en la desesperación de la indigencia.
11. Es imposible predicar a estómagos vacíos.
12. Nada puede hacer tanto daño a nuestra religión como, ese horrendo contraste entre la predicación oral de una doctrina que pone como corona de virtudes y distintivo de su fe a la caridad y el egoísmo práctico, la vida encerrada en sí misma de quienes dicen profesar esa doctrina... Los hombres que son testigos de tal contraste no sólo condenan a los hombres, sino que desprecian su fe.
San Alberto Hurtado, S.J.
El regreso del hijo perdido, la fiesta del Padre
Para el día de hoy:
Evangelio según San Lucas, 15, 1-3 11-32
(No terminamos de aprender...
Por más lejos que nos hayamos ido, siempre se espera nuestro regreso con ansias.
Un Dios, que ante todo es un Padre que se preocupa por todos sus hijos, quiere que volvamos.
Y el irse no es cuestión de distancias, pero sí es cuestión de morir por dentro, de perecer por no beber de la fuente de la Vida, de desfallecer por faltarnos el Pan de Vida.
Siempre se espera nuestro regreso.
Siempre el perdón está disponible para un hijo que, arrepentido, implora ser recibido nuevamente aunque sea en los umbrales de la casa de su Padre.
Y señores, la vuelta sincera y veraz es motivo de fiesta en la Casa del Padre y fiesta en el alma del hijo perdido y encontrado.
Se nos ha obsequiado un tiempo extenso (cuarenta días) para el regreso.
Volvamos a casa
Amén)
Paz y Bien
Meditación para tiempos difíciles
Para afrontar los tiempos difíciles –para superarlos en la fecundidad yla fuerza transformadora de la esperanza- hace falta ser pobres.
Habíamos confiado excesivamente en la técnica, la ciencia y la fuerza de los hombres. Descubrimos al hombre y su historia, el tiempo y el mundo,
pero nos olvidamos de Dios y perdimos la perspectiva de lo eterno.
Nos hemos sentido demasiado seguros en nosotros mismos.
Por eso, la primera condición para esperar de veras es ser pobre.
Sólo los pobres –que se sienten inseguros en sí mismos,
sin derecho a nada, ni ambición de nada- saben esperar.
Porque ponen en sólo Dios toda su confianza.
Están contentos con lo que tienen.
Los verdaderos pobres no son nunca violentos,
pero son los únicos que poseen el secreto
de las transformaciones profundas.
Tal vez esto parezca una ilusión.
No lo es si nos ponemos en la perspectiva del plan del Padre,
incomprensible para nosotros, y de la acción del Espíritu.
No olvidemos que los frutos del Espíritu son amor, alegría, paz (Gál. 5,22).
Los tiempos difíciles se manifiestan cuando las cosas
o los hombres nos aprisionan, limitan nuestra libertad,
oscurecen el horizonte o nos impiden ser fieles
al designio del Padre y a la realización de nuestra vocación divina…
Una manifestación clara de la falta de pobreza
es la seguridad en sí mismo y el desprecio de los otros…
Es interesante comprobar que los tiempos
se vuelven particularmente difíciles
cuando uno cree tener la clave infalible
para la solución de todos los problemas.
Cuando, por ejemplo, en la Iglesia
algunos creen que son los únicos pobres
y que han entendido el Evangelio,
que han descubierto el secreto para hacer más transparente
y cercano a Jesucristo o que son los únicos verdaderamente
comprometidos con la liberación del hombre,
mientras otros sienten que son los únicos fieles
a la riqueza de la tradición
o se sienten maestros infalibles de sus hermanos.
O también en la sociedad civil,
cuando se piensa superficialmente que los otros no hicieron nada
y que la única fórmula para transformar el mundo la posee uno.
El fracaso sucesivo de los hombres
–con la consiguiente desilusión para con los jóvenes-
tendría que ser un llamado a la pobreza.
La pobreza no es sólo una virtud cristiana:
es actitud necesaria y primerísimo de los hombres grandes.
Las tensiones se originan con frecuencia
por el pretendido derecho a la exclusividad
de la verdad y de la santidad.
La paz sólo se da entre corazones disponibles,
y la disponibilidad supone la pobreza…
La fortaleza es necesaria para asumir la cruz con alegría,
como el gran don del Padre,
que prepara la fecundidad para los tiempos nuevos.
Hay un modo de vivir la cruz con amargura,
resentimiento o tristeza.
Pero la cruz es inevitable en nuestra vida,
y para los cristianos, es condición esencial del seguimiento de Jesús.
No fuimos hechos para la cruz,
pero es necesario pasarla para poder entrar en la gloria (Lc. 24,26).
Hay almas privilegiadas que sufren mucho;
más todavía, su gran privilegio es la cruz.
Los amigos, como en el caso de Job, quisieran evitársela.
También Pedro, cuando no entendió el anuncio de la pasión (MT. 16, 22).
O como la crucifixión del Señor, los judíos quisieron verlo
descender de la cruz para creer en El (Mt. 27,42).
Hoy más vale creemos a un hombre que nos habla desde la cruz
con un lenguaje de alegría y de esperanza.
Porque su testimonio nace de una profunda experiencia de Dios...
Los tiempos difíciles pueden perder el equilibrio.
Pero la falta de equilibrio agrava todavía más
la dificultad de los tiempos nuevos.
Porque se pierde la serenidad interior,
la capacidad contemplativa de ver lejos
y la audacia creadora de los hombres del Espíritu.
Cuando falta el equilibrio aumenta la pasividad del miedo
o la agresividad de la violencia.
Los tiempos difíciles exigen hombres fuertes;
es decir, que vivan en la firmeza y perseverancia de la esperanza.
Para ello hacen falta hombres pobres y contemplativos,
totalmente desposeídos de la seguridad personal
para confiar solamente en Dios,
con una gran capacidad para descubrir cotidianamente
el paso del Señor en la historia
y para entregarse con alegría al servicio de los hombres
en la constitución de un mundo más fraterno y cristiano.
Es decir, hacen falta hombres nuevos,
capaces de saborear la cruz
y contagiar el gozo de la resurrección,
capaces de amar a Dios sobre todas las cosas
y al prójimo como a sí mismos,
capaces de experimentar la cercanía de Jesús
y de contagiar al mundo la esperanza.
Capaces de experimentar que “el Señor está cerca” (Flp. 4,4)
y por eso son imperturbablemente alegres,
y de gritar a los hombres que “el Señor viene” (1 Cor. 16,22),
y por eso viven en la inquebrantable solidez de la esperanza.
Hombres que han experimentado a Dios en el desierto
y han aprendido a saborear la cruz.
Por eso ahora saben leer en la noche los signos de los tiempos,
están decididos a dar la vida por sus amigos
y, sobre todo, se sienten felices de sufrir
por el Nombre de Jesús
y de participar así hondamente en el misterio de su Pascua.
Porque, en la fidelidad a la Palabra,
han comprendido que los tiempos difíciles
son los más providenciales y evangélicos
y que es necesario vivirlos desde la profundidad de la contemplación
y la serenidad de la cruz.
De allí surge para el mundo la victoria de la fe (1 Jn. 5,4),
que se convierte para todos en fuente de paz, de alegría y de esperanza.
La viña que se nos ha dado

Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 21, 33-46
(A través de la parábola, Jesús enseña acerca de su autoridad y procedencia: es el Hijo, el Heredero.
Ante todo, describiendo la formación de la viña, anuncia la mano bondadosa del Padre en la constitución del Pueblo Elegido, de Israel.
Pero implica también una denuncia a los viñadores infieles, a los poderosos que se apropiaron de esa viña que se les había confiado para provecho propio, llegando a matar a los enviados del dueño y al propio Hijo, con la intención de quedársela para ellos solos.
Por eso esa viña les será quitada a ellos y entregada a otro pueblo, para que rinda los frutos esperados por el Dueño...Frutos que serán repartidos entre todos.
La Promesa se mantiene inalterable.
El Pueblo Elegido también: sólo que ahora, Jesús transforma de una vez para siempre el carácter étnico de esa elección y la convierte en una elección espiritual, en una elección amorosa.
La Iglesia -en tanto universal, en tanto sacramento de Salvación y encuentro de la humanidad con Dios- tiene por vocación el cuidado de esa viña.
Nos queda para esta Cuaresma el silencio imprescindible para que el Espíritu de Jesús nos pregunte si somos viñadores fieles, si cumplimos con el mandato de denunciar a todo el que haga daño a la viña, si aceptamos en el corazón al verdadero propietario de ella, el Altísimo, que nos invita a cuidarla y a que produzca frutos para todos.)
Paz y Bien
El Puente
EL PUENTEPara librarte de ti mismo,
lanza un puente
más allá del abismo de la soledad
que tu egoísmo ha creado.
Intenta ver mas allá de ti mismo.
Intenta escuchar a algún otro,
y sobre todo
prueba en esforzarte por amar
en vez de amarte a ti solo...
Si quieres ser,
perdona que te lo diga,
tienes que librarte ante todo
del exceso de poseer
que tanto te llena,
de pies a cabeza.
Sin nombre ni rostro

Para el día de hoy:
Evangelio según San Lucas, 16, 19-31
(Los pobres, los excluidos, los marginados no tuvieron ni tienen nombre. Tampoco rostro.
Así es más fácil ignorarlos.
Así es más sencillo acrecentar la muerte, así no molesta.
Pero el clamor de los pobres sube al Cielo, llena de lágrimas los ojos de María y hace intervenir al Padre de todos.
-Sepan disculpar mi tosquedad: pero siempre me he imaginado en el corazón al Padre Dios con voz fuerte diciendo: -¡Mucho cuidado con mis hijos!-
Jesús, hermano y Señor nuestro viene a invertir esa polaridad de indiferencia, dolor y muerte: el pobre tiene un nombre, tiene un rostro bien conocido y personal, aguarda a nuestra puerta y clama al cielo.
El Padre viene al rescate de sus hijos oprimidos.
Ruego fervientemente al Espíritu que en esta Cuaresma las posesiones materiales y las interiores no nos impidan abrir a la puerta al hermano y a la Palabra de Vida.
Amén)
Paz y Bien
Oración a Cristo Redentor
Señor Jesucristo, Tú eres el redentor del hombre,
Tú eres el redentor del mundo.
Tú has penetrado,
de modo único e irrepetible,
en el misterio del ser humano.
Hiciste tuyo todo lo nuestro
para redimirnos,
para que podamos
hacer nuestro tu ser.
Mira, Señor, nuestras inquietudes,
incertidumbres y debilidades;
mira nuestro mundo
que pone sobre los hombros
de muchos hombres
pesadas cadenas de opresión,
que nos hace descubrir la dimensión
de esa otra opresión profunda
que vive debajo de ellas: el Pecado.
Concédenos entrar en Tu persona
y presentir el amor
que te llevó a redimirnos,
recibir tu libertad
y ofrecerla a los hermanos;
entregarte nuestra vida
y unirnos a todo hombre,
especialmente al cautivo,
oprimido o perseguido
y junto a Ti,
Señor, ser redentores.
AMÉN
(Orden de la Merced en Argentina)
Jerarquías

Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 20, 17-28
(Jesús iba camino a Jerusalem, anticipándole a los apóstoles su próxima Pasión y Resurrección...
Ellos estaban confundidos, aún no podían conciliar la idea de un Mesías que se entregara a la humillación de la Cruz y de la muerte y a la promesa de su Resurrección.
Nos cuenta la Palabra que irrumpe en la escena la madre de los hermanos Zebedeos -Juan y Santiago- y le pide que ordene que siente en su Reino, a su derecha y a su izquierda a sus dos hijos.
Lógicamente, esperaríamos aquí una fuerte y justificada reprimenda por parte del Señor. Pero no sucede.
Jesús, con una increíble delicadeza, hace una observación severa sin herirla, sin lastimarla delante de sus hijos: -Ustedes no saben lo que piden-
Porque Jesús entiende que es una madre que, aunque equivocada, intercede por amor a sus hijos.
Luego, inquiere a los hermanos Zebedeos si van a ser capaces de beber su cáliz que Él mismo va a beber: la respuesta es automática, -Sí, lo beberemos- (Juan beberá el Cáliz de la Revelación en la Contemplación del Verbo y Santiago, como el Señor, beberá el cáliz del martirio), sin saber cuál sería ese cáliz y cuál sería el significado de beberlo.
Y Jesús eleva el tono de la enseñanza: van a beber su cáliz, pero Él no concederá los lugares a su derecha e izquierda, sólo el Padre lo hará. Jesús, Cristo y Señor de la Historia se muestra a sí mismo como ejemplo de que su mismo lugar no tiene importancia en sí mismo, sino que es importante de acuerdo a la voluntad del Padre.
Al enterarse de los intereses de Juan y Santiago -con el añadido de la intervención de la madre- los otros apóstoles se indignan contra ellos; hay un conato de escándalo mayor.
Y el Señor, Pastor de sus ovejas descarriadas, les deja y nos deja -especialmente hoy!- la gran enseñanza para la Iglesia, es decir, para todos los bautizados, yendo más allá de la función de cada uno de nosotros (vida consagrada, jerarquía eclesiástica, laicado... todos somos discípulos aquí...):
- De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos-
En cierto modo, solemos asemejarnos a Santiago y Juan, en la preocupación por saber nuestro lugar, por obtener lo que nos haga distinguidos.
Y es todo al revés.
El distingo principal de toda vida es lo que el Padre Bueno hace en y por nosotros, y en la capacidad de amor que tengamos expresada en el servicio a los hermanos y en el darnos.
Que nuestra Dulce Madre interceda por nosotros para saber ubicarnos en el servicio y descubrir las maravillas que el Señor hace a diario en nosotros, como Ella supo cantarlo, plena de alegría.
Amén)
Paz y Bien
Predicar la cruz
El mayor es el servidor

Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 23, 1-12
(¿Cuántas veces nos hemos quedado en la pura exterioridad, que Jesús tan duramente criticaba de los fariseos?
-Este tiempo de Cuaresma es el momento ideal para comenzar con el obrar que nace de una vida interior humilde y frondosa, con gestos que nacen de un corazón que se agranda por el obrar del Espíritu de Jesús en nosotros-
El Señor les revela a los discípulos -a todos nosotros- otro de los infinitos misterios del Reino de los Cielos: -Todos ustedes son hermanos-
Compartimos con Él -¡con Cristo, nada menos!- el ser hijos de un Padre que siempre anda preocupado por nosotros, que sale siempre a nuestro encuentro, y que nos rescata en los apuros...
Y no se queda allí. Nos dá la clave del poder.
Quien quiera ser poderoso, jefe, ejercer mayorazgo o señorío sobre los demás debe, ante todo y primeramente, ser servidor de los hermanos, humilde por ellos y por Dios.
Jesús gira los polos del poder humano, que fuera de su Palabra conducen a la opresión del hombre por el hombre.
El poder es legítimo cuando parte del servicio.
-Y allí comienza en Reino de los Cielos en estas vicisitudes humanas-
María lo entendió en su corazón inmenso al cantar el Magnificat!
-...Derribó a los poderosos de sus tronos
y exaltó a los humildes...-)
Paz y Bien
La oración, alegría del corazón

La oración es alegría del corazón,
y aprender a orar
significa saborear,
gustar a Dios.
Al principio
aprendemos que la oración
es un deber, pero a medida que oramos,
nos damos cuenta que la oración es una alegría,
algo que nos alegra el corazón
y nos hace vivir de una manera más tranquila,
serena, de una manera más plena,
al estilo de Jesucristo,
en una constante comunicación
con Dios Padre.
La oración es una alegría,
sobre todo al orar con los salmos
porque en ellos recordamos
la alegría con que David oraba a Dios,
la alegría con que Jesucristo alababa a Dios
a través de los Salmos.
Este descubrimiento
de que la oración es alegría,
se nos dá con el tiempo,
y no significa orar con
facilidad y sin esfuerzo.
Alegría quiere decir
profundidad,
hondura del espíritu;
significa saborear a Dios,
penetrar en el corazón de Cristo.
La devoción es la experiencia de esta alegría
de estar en comunicación con Dios,
una pequeña chispa de esta alegría
vale más que todos los tesoros del mundo
y cuando se ha gustado una
sola vez, ya no se borra más en la vida.
R.P. Carlo María Cardenal Martini S.J.
Mudanza

Para el día de hoy:
Evangelio según San Lucas, 6, 36-38
(La Cuaresma es tiempo fuerte para la conversión.
¿Y qué es la conversión?
Juguemos un poco con las palabras... Si tomamos "convertir" separándole una parte nos queda vertir. Podría ser, por ejemplo, vertir de un envase a otro.
Jesús nos enseña en el milagro de Caná que no se vierte vino nuevo en odres viejos. Y así sucede con nosotros también.
Convertirse significa volcar el vino del alma en un envase nuevo, que no corrompa ni avinagre nuestro vino.
La conversión es la mudanza de la casa vieja -que puede ser o nó un palacio- en donde estamos cómodamente instalados... e irse a vivir al pesebre de Belén.
La pregunta obligada: ¿es muy cara la mudanza?
¡Por supuesto!
Nos cuesta la vida...y lo vale
-Probablemente nos lleve todo nuestro tiempo, pero debe comenzarse hoy mismo.-
En estos tiempos amargos en que en apariencia señorea el dinero y todo se mide en función de pagos y costos, mundanamente nos preguntaríamos cómo vamos a hacer para pagarlo.
Tenemos al mejor de los fiadores...
¡Sean misericordiosos como el Padre!
¡No juzguen!
¡No condenen!
¡Perdonen!
¡Den, den sin medida, dense ustedes mismos!
Jesús nos dice el cómo y el para qué y que el Padre está con nosotros.
Y un detalle: mudarse de la casa vieja y, por fin, tener una nueva que verdaderamente sea hogar y no sólo techo, es para siempre. Viene con garantía exclusiva de vida para siempre.
Que María de Guadalupe ruegue con nosotros y por nosotros para que el Padre Bueno vuelque en nuestro regazo infinidad de Gracias en la medida de nuestra caridad, del mismo modo que se volcaron para siempre la flores de la Vida en el ayate de San Juan Diego.
Amén.)
Paz y Bien
Mujer de cada día

(Vaya este bello poema a Nuestra Madre como un humilde homenaje a todas las mujeres en su Día, madres, esposas, abuelas,novias, hermanas, hijas...Todas ellas, que deberían ser honradas todos los días -y no sólo los 8 de marzo!- por Aquella Mujer que con un Sí! cambió la historia. Que la bondad del Padre Bueno las cuide siempre. Amén. Un cálido abrazo en Cristo y María. Paz y Bien. Ricardo)
MUJER DE CADA DÍA
Mientras crece la noche, cada día
prende el Amor su llama
en tu candil de aceite desvelado,
siempre igual y creciente.
El pan de tus moliendas se cuece, cada día,
bajo el fuego tranquilo de tus ojos,
mientras crece también la madrugada.
La fuente de la plaza te entrega, cada día, su limosna
mientras le crece el corazón al mundo.
Como el ave del Tiempo vas y vienes,
de la casa a la calle, del Misterio al misterio,
muchas veces al día,
y llevas con tus pasos el compás de las horas...
Tú sabes qué es vivir a pulso lento,
sin novedad para la prensa humana.
Apenas sin distancia: la de un grito.
En esta pobre aldea que vigilan
las higueras comadres
y el centinela de un ciprés oscuro.
-¿De Nazaret va a salir algo bueno?
José viene cansado, cada noche.
Y el Niño trae el hambre entre los dedos
por undécima vez.
-¿Qué quieres, hijo?
(Las almendras se miran, asustadas de gozo,
y el plato ríe miel por todas partes).
Tú ya has dejado el huso sobre el banco dormido
y la lana suspira blancamente.
Esta mañana has ido por retama,
y te sangran las manos, en silencio,
y te huelen las manos a lejía de yerbas.
Has ordeñado luego las dos cabras sumisas,
y sabes toda a leche.
Ayer vino el siroco, y te abrasó las flores.
Hoy irrumpe el simún
como una tropa de soldados romanos,
y hay que cerrarlo todo y, con la prisa, a oscuras,
se te pierde una dracma, rescatada
del tributo de Herodes.
Si las vecinas rompen tu retiro, como gallinas locas,
tú sonríes.
Un día nace un niño, y tú lo acunas.
Y un día muere un hombre, y tú lo velas.
En la olla inservible crece un lirio morado,
y tú riegas su lenta profecía.
Nazaret se despuebla, cuando llega la Pascua,
y tú marchas con todos,
peregrina del Templo,
con Yahvé de la mano,
con un salmo en la boca.
La ruta de Israel converge en tus sandalias.
Y los caminos múltiples del mundo
arrancan de tus pies caravaneros.
Tu corazón no para, día y noche.
Día y noche recogen sus limpios cangilones
el agua de la Vida.
Y el Verbo se hace Hombre, día y noche,
delante de tus ojos,
al filo de tus manos,
detrás de tu silencio...
Dom Pedro Casaldáliga, cmf
Obispo Emérito de Sao Félix de Araguaia, Brasil
¿Nos quedamos aquí?
Evangelio según San Marcos, 9, 2-10
(Jesús nos llevó -porque en Pedro, Santiago y Juan estamos representados nosotros- a lo alto del monte santo.
Sólo Él puede llevarnos a las alturas.
Y se transfigura. Y la Palabra no puede ser más clara: "con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra..."
En Cristo se justifican y encuentran significado la Ley -Moisés- y los Profetas -Elías-.
Hacia Él, Jesús el Cristo, el Mesías, vá el Universo y vá la historia y todo hallará su consumación en Él.
Pero es bueno pensar/nos en esta Cuaresma, hacer silencio por dentro y ponernos en el lugar de Pedro.
Señor, estamos cómodos aquí.
Nadie nos molesta, hacemos unas carpas y nos quedamos contigo y con Elías y Moisés.
Pero no entendían nada, y estaban asustados.
Señor Jesús, ayudanos a no quedarnos aquí.
A no quedarnos en la falta ilusión del confort cuando se nos muere de miseria un hermano a nuestro lado. A no quedarnos aquí donde no hay ningún riesgo de cruz, de peligros, de dudas, del salto al vacío y humilde de la fé, que implica creer en vos y seguirte. A no quedarnos aquí, cómodamente instalados en la falsa ilusión de que nos salvamos unos pocos, porque viniste por todos. A no quedarnos aquí, tan a gusto, cuando debemos ir en Tu busca en el hermano. A no quedarnos aquí, tranquilamente acomodados en una idea falaz de una Iglesia fija e inmutable en su imagen exterior, cuando Tu Iglesia es peregrina y siempre es nueva...
Porque Tu Espíritu siempre hace nuevas todas las cosas.
Que Tu Espíritu, Señor, nos transforme y transfigure en sencillos y humildes servidores, dignos hijos de Tu Padre y hermanos y servidores tuyos y de los hermanos, especialmente de los más olvidados.
Y que nunca dejemos de escucharte...
Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio.
Amén. Así sea.)
Paz y Bien
Ayunar es amar
Hay algunos paisajes a los que nos terminamos acostumbrando de tanto verlos.
El gran riesgo del acostumbramiento es la indiferencia: ya nada nos causa asombro, nos estremece, nos alegra, nos golpea, nos cuestiona. Algo así puede pasarnos con el triste paisaje que asoma cada vez con más fuerza en nuestras calles. Nos acostumbramos a ver hombre y mujeres de toda edad pidiendo o revolviendo la basura, a muchos ancianos durmiendo en las esquinas o en los umbrales de los negocios, a muchos chicos durante el invierno acostados sobre las rejillas de los tragaluces de los subtes para que les suba algo de calor.
Con el acostumbramiento viene la indiferencia: no nos interesan sus vidas, sus historias, sus necesidades ni su futuro. Cuántas veces sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras para poder seguir de largo.
Sin embargo es el paisaje que nos rodea y nosotros, queramos verlo o no, formamos parte de él.
A este corazón acostumbrado viene a despertarlo y rescatarlo del mal de la indiferencia “la trompeta que invita a hacer sonar el profeta” con la que se inicia este tiempo de cuaresma. Y a palabra del Dios que ama con desmesura a todos sus hijos nos dice con ternura “Vuelve a mí de todo tu corazón”. Ese es el deseo de Dios: que nosotros, que a veces nos encontramos y vivimos lejos de él, volvamos no por obligación, no de mala gana, no por miedo…sino de “todo corazón”.
Es lo esencial de este tiempo que iniciamos: aceptar la invitación a entrar más y más en la intimidad del Señor. Es una palabra de amor a nosotros, hombres que tenemos la tendencia de poner siempre el acento en los “cumplimientos”. Por eso Dios continúa diciéndonos: “Desgarren sus corazones, y no sus vestidos”. Nuestros gestos, nuestras mortificaciones, nuestros sacrificios, sólo tienen valor si proceden del corazón, si expresan un amor.
Uno de los pilares de nuestro camino de preparación cuaresmal es el ayuno; pero éste debe partir del amor y llevarnos a un amor más grande. El ayuno que Dios quiere sigue siendo “partir nuestro pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no dar la espalda al hermano”.
Ayunar desde la solidaridad. Hoy sólo se puede ayunar trabajando para que otros no ayunen. Hoy sólo se puede celebrar el ayuno asumiendo el dolor y la impotencia de millones de hambrientos.
Quien no ayuna por el pobre engaña a Dios. Ayunar es amar. Nuestro ayuno voluntario debe ayudar a impedir los ayunos obligados de los pobres. Ayunemos para que nadie tenga que ayunar.
Este miércoles de Ceniza iniciamos, como Iglesia en Buenos Aires, una vez más “El Gesto solidario de cuaresma”. Y deseamos que sea la respuesta de una comunidad de discípulos que se preparan a seguir un camino de conversión para “hacer ayuno” de verdad. Un ayuno que sea signo de solidaridad con los que ayunan involuntariamente, un signo de justicia en un mundo cruel donde a unos se le hincha el estómago de comer y a otros el vientre de no comer; un ayuno que es no una imposición, sino la necesidad de manifestar la gratitud por el amor entregado de Jesús que nos dio la Vida, y continúa dándola.
R.P. Jorge Mario Cardenal Bergoglio S.J.
Arzobispo de Buenos Aires
Canción del para qué de las máquinas
(una bella manera de hablar del Reino de Dios sin nombrarlo...Creo que vale la pena compartirlo. Paz y Bien. Ricardo)
para que el pan,
el vino,
y el pez
se multipliquen.
Para que Tú me escuches,
y yo te mire,
detrás de las fronteras
sobre el último límite.
Y la música sea
la que ordene países.
Y la mano del hombre
con pulgar oponible,
dibuje en la materia
el rostro de los sueños
y ensueños increíbles.
Y el Cielo con la Tierra
de nuevo se mariden.
Y los salvajes vientos,
con sus pájaros libres,
recorran nuevamente
los páramos de pronto
vestidos de jardines.
Las máquinas existen
para que el mundo sea
las estrellas de hermosura
que los antiguos dicen.
Y la unidad se cumpla
y la paz se realice.
Las máquinas existen
para que un día Lázaro
otra vez resucite ...
Antonio Esteban Agüero
-poeta argentino-

La perfección en el Amor

Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 5, 43-48
(El perdón a quienes tenemos cerca, a quienes queremos, queda empequeñecido, relativo y minimizado frente a la novedad revolucionaria que nos plantea Jesús: perdonar a los enemigos, amar a quienes nos persiguen e incluso a quienes nos hacen daño.
No es nada fácil, es claro.
Pero allí da comienzo la auténtica reconciliación y la justicia.
Y el Señor no se queda en ello:
Nos dice que ese es el camino de la perfección.
Nos dice que el Padre quiere a todos sin excluir a nadie, a buenos y a malos.
El Padre Dios seguramente descarta toda élite, seleccionar a unos pocos y deshechar a muchos... Busca a todos por igual como hijas e hijos.
-Y pensar que continuamente nos preguntamos qué hacer para transformar este mundo tan ajeno a Dios...-)
Paz y Bien
Anotación
para encontrarle el alma al palo...
y así dibujar mi rostro
en el interior de este palo.
Por eso huyo de la ciudad
donde es difícil encontrarle
el alma a este palo.
Aquí en la quebrada
y en el silencio de los cerros,
cuidado por los cardones,
los pájaros y el diálogo del arroyo
descubro que es fácil
tallar mi rostro
en el alma de este algarrobo
y escuchar en él
la voz del silencio de los cerros.
Para cantarle a mis hermanos,
negros o blancos,
pobre, rico, marginado,
que cada palo de algarrobo
se aprende a amar
cantando, llorando,
tallando, silbando,
sirviendo
sin mirar qué leña tiene el palo.
R.P. Enrique Angelelli
Obispo y Mártir
La Justicia de Dios comienza en la Reconciliación

Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 5, 20-26
(Jesús nos enseña que la verdadera Justicia -a despecho de lo enseñado por los fariseos- surge no de lo que nosotros pretendemos hacer por Dios atándonos a un legalismo sino más bien de lo que el Padre hace por nosotros hace por nosotros como hijas e hijos suyos.
Y la clave mayor: el perdón de Dios, el culto, la liturgia se subordinan ante todo al mandamiento universal, a la Ley de la Nueva Alianza establecida por Jesús, la ley del Amor.
Sin perdón y sin reconciliación no hay perdón y se pervierte el culto y la liturgia.
Y más aún.
El Señor nos enseña que la Salvación no se trata de una situación exclusivamente individual, sino que está intrínsicamente ligada a nuestra relación con el prójimo.
La humanidad es buscada por un Padre que ha entregado a su Hijo para la Salvación de todos, nunca de unos pocos.
No nos salvamos solos...
Que el Espíritu del Señor nos auxilie para que en esta Cuaresma no nos queden heridas abiertas que sanar con los hermanos.
Amén)
Paz y Bien
María, Madre de Dios

María, Madre de Dios
Te pedimos,
Madre de Dios y Madre nuestra,
que sintamos siempre la paz del Señor,
que nuestra mirada
sea siempre limpia y clara.
Que nuestros labios
pronuncien solamente palabras
de optimismo y de esperanza.
Que nuestro paso sea firme
y nuestra actitud valiente.
Que nuestras manos sean generosas para dar
y prudentes para recibir.
Que nuestro corazón esté
siempre abierto para amar a todos.
Que nuestros pasos se dirijan
hacia el lugar donde puedan ser útiles.
Que nuestra vida sea luminosa y generosa,
como la vuestra,
Santa Madre de Dios.
Siervo de Dios R.P. Eduardo F. Cardenal Pironio
Un Dios que no es indiferente al clamor de sus hijos

Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 7, 7-12
(Pedir...
Buscar...
Llamar...
Jesús nos enseña y transmite la Infinita Bondad de un Padre Dios que nos busca y nos quiere sin límites y que no permanece indiferente al clamor que expresa las necesidades de sus hijos.
Todo el que pide a Dios, Él mismo atiende su petición.
Todo el que lo busca, lo encuentra: Dios se deja encontrar al corazón sincero que lo busca.
Todo el que llama a su puerta, es recibido por Dios mismo en su Casa.
Así como actuamos con los hijos, aún con nuestras limitaciones y miserias, así y más obra y obrará el Padre con todos nosotros, hijos suyos.
Pero el Señor no se limita sólo a esta relación vertical de la creatura con el Padre...
Expresando en sí la Ley de siglos, nos enseña el cómo debe ser el obrar con el próximo/prójimo.
El plan de vida que nos propone -más no impone- lo consumará en su entrega fiel en la cruz por nosotros.)
Paz y Bien
Oración del hombre libre
Señor, quiero vivir desde ahora en adelante
como un hombre libre.
Quiero recordar,
de una vez y para siempre,
que mi futuro está en tus manos
y que tú eres mi Padre.
Y cuando me asalte el temor,
el desaliento y la desconfianza,
recuérdame Dios mío
que estás junto a mí,
y que los hilos de mi vida están en tus manos,
manos de Padre,
manos de amigo,
que nunca me dejarán en la estacada.
Amén
Signos

Para el día de hoy:
Evangelio según San Lucas, 11, 29-32
(Le piden a Jesús un signo -segno, señal-
En apariencia, una señal divina para poder creer.
En realidad, se busca un signo porque no se cree en Él.
Se busca una señal que satisfaga las ambiciones individuales, el éxito, pero no una señal que indique -¡Dios!-. El signo deja de ser un simple medio y se lo toma por valor en sí mismo.
La respuesta del Señor a los que le reclamaban un signo es fuerte, contundente :-¡Generación malvada!-
Porque al igual que la señal de Jonás para los ninivitas es la señal del Reino de los Cielos para esta época: es elegido no ya aquel que recibe por herencia una raza, una condición social, una religión...
El pueblo elegido -Mi familia, ha dicho Jesús- es aquel que humildemente escucha la Palabra y la pone en práctica, con los riesgos del salto sin red que implica el creer.
La virulencia de Sus palabras debería llevarnos en esta Cuaresma al desierto de la reflexión...
¿Si tenemos los sacramentos -signos sensibles y eficaces de la Gracia de Dios-, tenemos la oración y la vida de la Iglesia, necesitamos algún signo más?
Porque hay una cierta idolatría en nuestros corazones que a veces buscan signos para obtener lo que queremos.
Y hay que tener mucho cuidado porque esa idolatría hasta puede ser eclesiástica también.
Porque la fé y la conversión a la que Jesús, nuestro hermano y Señor nos invita, tiene por signos los frutos del Reino de Dios: la humildad, la pobreza y la sencillez.)
Paz y Bien
La Iglesia que yo amo
La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días.
La encontré peregrina del tiempo, caminando a mi lado.
La tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días.
La saludé primero en los ojos de mi padre, penetrados de verdad.
En las manos de mi madre, hacedoras de la ternura universal.
No hacía ruido, no gritaba, era la Biblia de velador,
Y el rosario y el tibio cabeceo del Ave María.
La iglesia que yo amo, la Santa Iglesia de todos los días.
Antes de estudiarla en el catecismo,
me bañó en la pila del bautismo, en la vieja parroquia Santa Ana.
Antes de conocerla ya era mía, la Santa Iglesia de todos los días.
Era la iglesia de mis padres y la iglesia de la cocinera.
La Rosenda lloraba las cebollas, rezando el Padre Nuestro iba a misa la María,
Me llevaba de su mano a la Iglesia Santa de todos los días.
En la aventura del mundo que crecía, con Pablo y con Pedro y Teresita,
La Iglesia Santa de todos los días.
Jesucristo, el Evangelio, el pan, la eucaristía, el Cuerpo de Cristo humilde cada día.
Con rostros de pobres y rostros de hombres y mujeres,
que cantaban, que luchaban, que sufrían.
La Santa Iglesia de todos los días.
A los 10 años se dice, a los 12 misioneros, a los 13 y los 14,
vitrales increíbles de mil rostros y voces llamadas.
Vino el obispo y el sacerdote, la palabra que oraba y penetra las raíces de la vida.
Juntaba pueblos, despertaba a los dormidos,
Llamaba a la oración añorados perdones de constricción,
Remecida de testigos, la iglesia comunión argüía, incomodaba,
Convidaba a la basta corriente de la paz,
A los riesgos misioneros,
A las selvas del Congo,
Al seguimiento del amigo.
La iglesia del corazón limpio,
La iglesia del camino estrecho,
La bella iglesia de la vida,
La Santa Iglesia de todos los días.
Y el Papa de nuestra fe, en mi corazón joven,
Apretando a la justicia, traduciendo las bienaventuranzas,
abriendo bastos horizontes, prolongando nuevas andanzas
y rostros ignorados y pueblos heridos, de quemantes abandonos,
el Papa de todas las lenguas, de urgentes problemas,
de infinitas confianzas, el Papa de la Iglesia de todos los días
y los mandamientos de su sabiduría.
Y lo que no estaba, ni está , ni estará oficialmente inscrito y reservado,
El pueblo de la iglesia sin fuerza, la iglesia ancha de las 100 mil ventanas
Y el aire del espíritu católico circulando en libres espirales
Y los pobres construyendo catedrales de paja, desperdicio y leño,
Con ojivas de pizarreño y lo mejor de su pobreza.
Escuchen que vienen por las calles la iglesia de las grandes y pequeñas procesiones,
La iglesia heroica de amor, la vieja heroica de amor entre rezos y devociones,
Desde sus andas multicolores, los santos le preguntan sus perdones,
Porque crió los hijos que no eran suyos y rezó por muertos que la humillaron
Y vivió tan pobre sin voto de pobreza y dio la mitad de lo que no tenía.
Va en procesión feliz detrás del anda,
los santos la miran desde su baranda distinta en su tecnología,
Esta humilde iglesia de todos los días.
Amo a la iglesia de la diversidad, la difícil iglesia de la unidad.
Amo a la iglesia del laico y del cura, de San Francisco y de Santo Tomás,
La iglesia de la noche oscura y la asamblea de la larga paciencia.
Amo a la iglesia abierta a la ciencia, y esta iglesia modesta con olor a tierra,
Construyendo la ciudad justa, con sudores humanos,
Con el credo corto de los apóstoles.
Amo a la iglesia de los padre y los doctores,
De algunos sabio de hoy en día que escriben libros para los hombres y
no se quedan en librerías.
Amo a la iglesia de aquí y ahora,
La iglesia pobre de nuestro continente,
Teñida de sangre, repleta de gente
De pueblos antiguos sin voz y derrotados
Amo a la iglesia de la solidaridad
Que se da la mano en santa igualdad.
Amo a esta iglesia que se acerca a la herida de su Cristo.
La iglesia de Puebla y Medellín, de Dom Elder, de Romero y Luther King, que vienen de la mano de Moisés, David, Isaías y Exequiel.
Amo a la iglesia que va con su pueblo sin transigir la verdad,
Defiende a los perseguidos y anhela la libertad.
Amo a la iglesia esperanza y memoria,
A la iglesia que camina y a la iglesia de la santa nostalgia,
Sin la cual no tendrían futuro.
Amo a la iglesia del verbo duro y del corazón blando.
Amo a la iglesia del derecho y del perdón.
La iglesia del precepto y de la compasión,
Jurídica y carismática, corporal y espiritual,
Maestra y discípula,
Jerárquica y popular.
Amo a la iglesia de la inferioridad, la pudorosa iglesia de la indecibilidad.
Amo a la iglesia sincera y tartamuda,
A la iglesia enseñante y escuchante,
La iglesia audaz, creadora y valiente,
Y a la santa iglesia convaleciente.
Amo a la iglesia perseguida y clandestina,
Que no vende su alma al dinero omnipotente.
Amo a la iglesia tumultuosa ya la iglesia de surcos milenarios,
Amo a la iglesia testimonial y a la iglesia herida de sus luchas interiores y exteriores.
Amo a la iglesia por conciliar que va de la mano respetablemente de la Santa iglesia tradicional.
Amo a la iglesia de la serena ira,
A la iglesia de Irlanda y Polonia, de Guatemala y de El Salvador,
A la iglesia de los postergados y a la iglesia de la multitud de marginalizados.
No quiero una iglesia de aburrimiento, quiero una iglesia de ciudadanía,
De pobres en su casa, de pueblos en fiesta, de espacios y libertades, quiero ver a mis hermanos aprendiendo y enseñando al mismo tiempo, iglesia de un solo Señor y Maestro
Iglesia de la palabra y de los sacramentos.
Amo a la Iglesia de los Santos y de los pecadores
amo a esta Iglesia ancha y materna
no implantada por decreto,
la Iglesia de los borrachos sin remedio,
de las prostitutas que cierran su negocio el Triduo Santo.
Amo a la Iglesia de lo imposible
la Iglesia de la esperanza a los pies de la mujer,
la Santa Madre María.
Amo a esta Iglesia de la amnistía,
la Santa Iglesia de todos los días.
Amo a la Iglesia de Jesucristo,
construida en firme fundamento,
en ella quiero vivir
hasta el último momento.
Amén.
R.P. Raúl Cardenal Silva Henríquez, S.D.B.
Padre Nuestro que estás siempre

Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 6, 7-15
(Se cae tan bajo que Jesús debe enseñarnos a orar, nos enseña a hablar como a niños pequeños.
Porque es frecuente creer que la oración es sólo palabras mágicas o fórmulas únicamente destinadas a la pretensión de obligar a Dios a atender caprichosas necesidades...
Padre Nuestro: ¡Abbá! nos devela Jesús el misterio de un Padre que nos quiere...No dice "Padre mío", sino que con ese "nuestro" abre las puertas de la fraternidad a toda la humanidad. Somos todos hermanos con Cristo en ese Padre que nos ama tanto que ha mandado a su Hijo a hacerse uno más entre nosotros.
Pero no se queda allí, no señores.
Nos enseña a pedir por la causa de Dios y por la causa de nuestros hermanos, sin las cuales decir ¡Padre Nuestro! carecería de sentido...
Que estás en los cielos: el Padre está siempre con nosotros, pero es el totalmente Otro, el Dios escondido que sólo se revela en Cristo, el Dios Infinito que se contrapone con nuestra pequeñez.
Santificado sea Tu Nombre: santificamos el Nombre de Dios con fe y no con superstición, santificamos el Nombre de Dios cuando lo honramos en el hermano -viva imagen suya- y somos partícipes en la construcción del Reino que comienza por aquí, por este mundo.
Venga a nosotros tu Reino: venga tu Reino de Amor, de Paz, de Justicia, de Salvación.
Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo: Padre, que se cumpla en la tierra como en Tu Cielo, Tu Ley, que nos ha enseñado Tu Hijo, que no es otra que la Ley del Amor.
Danos hoy nuestro pan de cada día: ayudanos Señor a hacer un mundo más justo y más tuyo, donde a nadie le falte el sustento y que todos puedan acceder al Pan de Vida, que todos vivamos con igual dignidad de hijos de Dios...
-Así como Jesús, compadeciéndose de la multitud multiplicó los panes y los peces, en la causa de los hermanos antepone el sustento diario a todo lo demás...-
Y perdónanos nuestra ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden: el Padre es todo misericordia...Pero su perdón está garantizado y será concedido sólo en la medida de nuestra capacidad de perdonar. Somos la medida del perdón que somos capaces de ofrecer.
Y no nos dejes caer en la tentación: de mirar sin ver, de olvidar al hermano y olvidarte, de oír y no escuchar, de ceder al egoísmo, de creer que todo lo podemos por nosotros mismos...
Mas líbranos del mal: libranos Señor de las trampas del Maligno, del mal que nos embiste desde el mundo, del mal que a veces dejamos germinar en el corazón.
Porque Vos, Padre Nuestro, estuviste, estás y estarás siempre con nosotros.
Amén)
Paz y Bien
El Amor de Dios

Nuestro gran problema, pues,
no consiste en buscar a Dios,
sino en saber que hemos sido
buscados y hallados por Dios...
Él se ha venido a instalar en nuestra casa
y no quisiera salir nunca:
vivir oculto en nosotros hasta nuestra muerte
y después manifestarse espléndido en nosotros mismos.
Esto ¡cómo ensancha!!!
San Alberto Hurtado, S.J.
¿Cuando te vimos, Señor?
Para el día de hoy:
Evangelio según San Mateo, 25, 31-46
(Jesús es el nuevo Moisés.
Pero Él ha promulgado la Nueva Ley, que posee sólo un artículo: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo/próximo como a uno mismo.
En Él se hace concreta la promesa hecha a Abraham y a sus descendientes: tomen posesión del Reino prometido.
-¡Vengan, benditos de mi Padre!- nos adelanta el día final, el día de su regreso.
Porque, es claro, Él separará a un lado y al otro a los benditos y a los condenados. Pero el sendero de la bendición, el camino de la Salvación no pasa tanto por impedir la entrada a su Casa, sino más bien por la consecuencia de nuestras acciones.
Seremos juzgados por todo lo que no hicimos.
Nuestra única medida es el amor que prodigamos, el cuánto nos hemos dado gratuitamente (¡Gracia!), sin pedir nada a cambio...
Tenemos un Dios que se identifica totalmente con los hambrientos.
Con los sedientos.
Con los desnudos.
Con los enfermos.
Con los presos.
Ahí está Jesús, y no hace distingo de condición social, económica, ideológica, religiosa: Él está en cada uno de ellos, sea cual fuere, viva donde viva, hable como hable, piense como piense.
Señor Jesús, que podamos verte y mirarte en los más pequeños, en los excluídos, en los olvidados.
No permitas que tengamos la conciencia tranquila, nunca.
No permitas que nunca estemos conformes cuando un hermano -¡Vos mismo!- sufre...
Que el Espíritu del Señor nos conceda en esta Cuaresma ayunos y desiertos que nos sean propicios para identificarnos con nuestros hermanos que sufren, para convertirnos por fin a Él, Camino, Verdad y Vida.
Amén.)
Paz y Bien
Gente

(Este poema ha sido muchas veces publicado en la red. Pero su riqueza no se agota en la repetición, no.
Vaya ahora en un pequeño homenaje a esa gente y al Espíritu de Jesús que sigue suscitando entre nosotros - cada día- el milagro de gente que nos hace más ligera la vida, que son el signo constante del dónde debemos ir, que son presencia real y grito silencioso del Dios que nos ama y que no quiere que ninguno se pierda. Porque no hay otra limosna que la de la propia vida...Paz y Bien. Ricardo.)
GENTE
Hay gente que con solo decir una palabra
Enciende la ilusión y los rosales;
Que con solo sonreír entre los ojos
Nos invita a viajar por otras zonas,
Nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente que con solo dar la mano
Rompe la soledad, pone la mesa,
Sirve el puchero, coloca las guirnaldas,
Que con solo empuñar una guitarra
Hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con solo abrir la boca
Llega a todos los límites del alma,
Alimenta una flor, inventa sueños,
Hace cantar el vino en las tinajas
Y se queda después, como si nada.
Y uno se va de novio con la vida
Desterrando una muerte solitaria
Pues sabe que a la vuelta de la esquina
Hay gente que es así, tan necesaria.
Hamlet Lima Quintana
-poeta argentino-
Oír y escuchar

Para el día de hoy:
Evangelio según San Marcos, 1, 12-15
(Cuarenta años peregrinó el pueblo de Israel para alcanzar la Tierra Prometida: cuarenta años de tentaciones, fragilidades y desencuentros.
Jesús es llevado al desierto por el Espíritu durante cuarenta días.
Es más, hasta se nos dice que fue tentado por el Adversario.
Y que vivía en armonía con las alimañas del lugar. Y que los ángeles le servían.
Y la Palabra de Dios nos dice inmediatamente que luego del desierto, luego del arresto del Bautista precursor, se marchó a Galilea a predicar la Buena Noticia.
¡El Reino de Dios está cerca!
¡Crean en la Buena Noticia!
¡Conviértanse!...
No hay amenazas de castigos terribles.
Hay promesa de cercanía del Padre.
Hay oferta gratuita - ¡Gracia!- de ser partícipes de su Reino.
Es el mejor de los momentos la Cuaresma para adentrarnos en el desierto (ese solar interior que podemos hallar aún rodeados de multitudes).
Implica un silencio orante.
Es estar totalmente atentos a la escucha antes que a pronunciar palabras vanas o a producir ruidos estériles.
Es habitual oír, pero tristemente infrecuente escuchar a los demás...
Quiera el Padre Bueno permitirnos en estos cuarenta días adentrarnos en ese misterio de escucha de Dios y del hermano.
Como María, que escuchándolo todo, lo guardaba meditándolo en su corazón.
Amén.)
Paz y Bien



