Theotokos, los primeros invitados y la paz

Santa María, Madre de Dios

Para el día de hoy (01/01/10)

Evangelio según San Lucas 2, 16-21

(Sinceramente, no tenían mucho a favor los pastores.
Era usual que vivieran marginados: vivían al raso y entre animales, y eran despreciados pues se los sindicaba como amigos de lo ajeno.

-cuantos hermanos míos son como los pastores hoy en día... en las villas, cantegriles, favelas, barrio marginales, aldeas de chabolas, siempre sospechosos porque sí-

Por si eso no bastara, por su contacto constante con animales, eran impuros a los ojos severos de los fariseos y los doctores de la Ley; razón por la cual jamás se les habría invitado a visitar a un recién nacido, a un vástago de Israel.

Insondables son los caminos de Dios.

El Salvador del mundo no quiere para sí palacios, pompa y fasto, cortes y poder.

Se hace un Niño, y un niño pobre, en brazos de su Madre y llega en una cueva refugio de animales, cuna de pasto.

Los primeros invitados a participar de la fiesta de Dios -invitación entregada en mano por su Mensajero- no se demoran un instante, y parten raudamente a la pequeña Belén para ver que ha pasado.

Allí estaba el Niño envuelto en los pañales que le prodigaba su Madre y acostado en un pesebre.

Los primeros invitados encuentran junto al Niño a María y a José, y le cuentan al joven matrimonio -que no sale de su asombro- todo lo que le habían contado acerca de ese Niño: que era el Salvador, el Mesías esperado, el Redentor y Señor.

María escuchaba y guardaba todas las cosas meditándolas en su corazón.

María... Desde los primeros tiempos llamada Theotokos, que en su raíz griega significa literalmente "la que ha dado a luz a Dios"...
Madre porque lo ha gestado nueve meses, Madre porque ha de criarlo amorosamente pero, por sobre todo, Madre porque ha guardado en su interior la Palabra y la ha hecho vida.
Su Hijo -que seguramente tendría sus ojos- enseñaría tiempo después quién era en verdad su madre, su padre, su hermano.
Ella -que seguramente tendría la mirada de su Hijo- de tan pequeña y por su vida hecha ofrenda perpetua a ese Dios en el que confiaba y en el que esperaba, permitió que la Palabra creciera en Ella haciéndose Hijo, hermano y Señor.

A ese Niño, a los ocho días de nacido -fieles cumplidores de la tradición de Israel- lo circuncidan y, al momento de ponerle el nombre, lo llaman Jesús -Jehoshua-: Yahveh Salva, Dios Salva.

Dios Salva, se hace uno de nosotros desde una pequeña Mujer y tiene abiertamente por preferidos a los que el mundo desprecia y desecha.

Quizás desde allí encontremos el camino que se nos ha perdido desde hace tiempo, ese sendero que conduce a la paz.
-no la paz utópica, sueño bello, ni tampoco la paz de los cementerios ni la pax romana que justifica la guerra y la violencia y que sostiene los imperios-
La paz que es fruto de la justicia, la libertad y la verdad, la paz que crece desde abajo con el silencio amoroso de María, la paz que reconoce en cada mujer y en cada hombre a una hermana y a un hermano en toda su dignidad.

Alabado sea Dios que ha escondido su gloria a los poderosos y a los soberbios y las ha revelado a los más pequeños, como María, como los pastores y a los hombres de buena voluntad como José.

Amén y Feliz Año Nuevo, en la paz de Dios)

Paz y Bien



2 comentarios:

Fray Marcos dijo...

Una entrada hermosa,todo está tan claro que nmo se puede acotar más nada.

Sin embargo, no quería dejar de pasar. Hace rato no lo hago, así que te pido perdón.

Un abrazo. Paz y bien.

rgr dijo...

Gracias Marcos, que este año que comienza te sea próspero en las cosas que sabemos que realmente tienen valor.
Un abrazo grande
Paz y Bien
Ricardo

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