Para el día de hoy (22/05/10)
Evangelio según San Juan 21, 20-25
(Las comparaciones entre hermanos son nocivas, tóxicas, y estériles.
Por eso, en el Evangelio de hoy podemos percibir la dureza de las palabras del Maestro para con Pedro.
Cada llamado, cada vocación, cada camino al que nos invita es único, intransferible e irrepetible, cada historia personal que se teje con el Espíritu del Resucitado tiene el mismo valor en el Sagrado Corazón de Jesús.
Nosotros somos los que sumamos o restamos valor o importancia.
Del más grande al más pequeño, cada uno con mayor o menor responsabilidad, es igualmente amado por Jesús y es cada uno insustituíble ante sus ojos.
Pues ha venido para que ninguno se pierda.
Y ese discípulo amado -algo misterioso, y que la tradición identifica con el Evangelista San Juan- vive hoy, está presente en nuestros días, ha atravesado por la huella del Maestro toda la historia.
Ella y él, ellos que desde el silencio son enteramente libres de todo interés y preocupación por rótulos, prestigios y cargos, son felices y plenos anunciando la Buena Noticia desde el servicio.
Ellos, que están visibles y escondidos a la vez en nuestras comunidades, entre nuestros vecinos, en las calles, jamás morirán tal como nos sugiere la Palabra.
Pues quien ha hecho vida la Palabra por la fé y el amor no muere jamás.
Una última consideración: esa historia que cada uno posee, y que es fruto de lo que vá tejiendo en unión con el Espíritu está íntimamente asociada a lo que se nos dice hoy en la Palabra: no han sido relatados y consignados todos los hechos que Jesús ha hecho en los Evangelios, y ésto no refiere sólo a aquello que llamamos economía de la Salvación.
Quizás apunta a que es tan insondable el misterio de Jesús, que por lo mismo es inagotable, jamás se acaba.
Así sean nuestras vidas, plenas del misterio del Resucitado, desde la humildad y el silencio)
Paz y Bien
La propia historia
Las infinitas oportunidades del perdón, la fidelidad de Jesús
Para el día de hoy (21/05/10)
Evangelio según San Juan 21, 15-19
(Los discípulos habían salido solos de pesca y no habían obtenido resultado alguno: sólo cuando se hace presente el Señor las redes desbordan de peces, la pesca se hace milagrosa.
¡Es el Resucitado que está en la orilla! Y los espera con su Mesa preparada.
El reencuentro con el Maestro es siempre motivo de celebración, y su Mesa está siempre dispuesta.
Cuando finalizan la comida, Jesús convoca a Pedro, y le pregunta en tres oportunidades -¿Me amas?-...
Pedro lo había negado, lo había traicionado con la celeridad del canto del gallo al amanecer por tres veces, justo en los momentos críticos del arresto de su Maestro.
Aún así, no hay cuestionamientos ni recriminaciones.
Pedro había quebrado su promesa de serle fiel; sin embargo, Jesús permanece fiel por encima de toda traición, más allá de toda negación.
Allí está la raíz de la triple pregunta, la fidelidad y el amor de Dios.
Y esa triple pregunta parece ser siempre la misma repetida tres veces; no obstante, está formulada de distinto modo y a su vez las respuestas son afirmativas y distintas.
Será porque el Señor le abría a Pedro la puerta para enmendar las tres oportunidades de sus quebrantos.
Siempre, indefectiblemente Jesús nos dá una segunda oportunidad... Mejor aún, nos dá infinitas posibilidades de aceptar el perdón que nos regala, la increíble capacidad de perdonarnos setenta veces siete y más también.
La clave es el amor, y de allí las preguntas a Pedro; y éste responderá y confesará que lo quiere, que lo ama.
Pedro se entristece... no tanto por la insistencia de las preguntas en sí, sino porque aún no se había liberado de la pesada mochila de sus pecados.
Pero el Maestro ante todo ama y es fiel, y sabe cual es la urdimbre de cada corazón. No importa el gusto amargo del pecado pasado, sino el amor presente y la capacidad de permanecer fiel a esa querencia.
Pedro es un hombre nuevo, y por eso mismo tiene una misión: apacentar las ovejas, llevar la paz al rebaño.
Porque el amor compromete y moviliza, y será tal el compromiso de Pedro que llegará a reafirmarlo con su propia ofrenda en el martirio.
Ese amor confesado, esa amistad recuperada por la Misericordia encarnada en Jesús no sólo hace recuperar la confianza.
La amistad renovada con Jesús es la causa de la victoria en la principal batalla, la que damos contra nuestros egos. Por eso el Señor le enseña a Pedro que ya no obraría de acuerdo a un interés propio, sino que sería movido por las necesidades de los hermanos.
Las necesidades del otro serán su camino, porque el fruto primero y más precioso del amor es el servicio y la donación de la propia vida.
Tal vez haya que preguntarse si somos capaces de amar como Jesús amaba, si somos capaces de perdonar como Él lo hace, si somos capaces de aceptar Su Perdón y, desde allí, mujeres y hombres nuevos, permanecer fieles en el servicio al hermano)
Paz y Bien
El misterio del nosotros
Para el día de hoy (20/05/10)
Evangelio según San Juan 17, 20-26
(En ese preciso momento en que Jesús ora a su Padre, con su Pasión inminente, trasciende tiempo y espacio y alcanza a todos sus discípulos a través de la historia.
En esa oración a campo abierto, mirando al cielo en íntima comunión con su Padre, ora por nosotros.
Y ese nosotros tienes raíces en el misterio del Espíritu Santo.
Es el Espíritu del Maestro, Jesús mismo construyendo comunidad, haciendo brotar creyentes.
Porque la fé es ante todo don, Gracia y misterio.
Ese nosotros constituido no tanto por méritos nuestros sino por obra del Amor, esencia de Dios, tiene un carácter pleno de misterio pues es imagen de la identidad y el Amor del Padre y el Hijo.
Cuando los discípulos -vos y yo, tú y ella- comienzan a hacer vida la increíble revelación de que Dios nos ama, se vuelven testigos y cumplen en plenitud la misión que ha encomendado el Maestro: -Sean uno para que el mundo crea-
Son importantísimos todos los esfuerzos y empeños puestos en edificar ese nosotros que llamamos Iglesia.
Sin embargo, siempre las primacías, los primeros pasos, la iniciativa proviene del Espíritu, y es una cuestión de Amor, tan increíble y tan capaz de trascender tiempo y espacio que Jesús en esa oración... oraba por nuestro presente, aquí y ahora, conociendo de antemano los problemas y rupturas que debíamos afrontar.
No se trata de predicciones, ni de pre-videncia, sino más bien de pro-videncia: el Amor se adelanta a todo, y rompe cualquier barrera, hasta la que parecía infranqueable, la de la misma muerte.
Es misión ineludible dejar que el Espíritu edifique ese nosotros, la unión en el amor, la comunidad.
Profesar la fé cristiana y no buscar sin descanso ese nosotros sagrado -el ecumenismo- es una contradicción que sólo expresa un antitestimonio.
Quizás debamos pensar ante todo que ese nosotros misterioso y santo, el ecumenismo, sea ante todo esperanza orante que quiere ser tal como su Maestro y su Padre.
Dios nos acompaña, nos asiste y nos alienta: hay que dejar a Jesús que vuelva a lavarnos los pies, que barra toda tierra infértil de los patios de nuestras almas)
Paz y Bien
La oración de Jesús
Para el día de hoy (19/05/10)
Evangelio según San Juan 17, 6. 11-19
(Ha terminado la última Cena con sus amigos, se acerca de modo casi inmediato el momento de su Pasión, momentos de angustia y soledad a los que no rehuirá.
Aún así, y a pesar de todo lo que se cierne en su horizonte, Jesús ora a su Padre.
Nada pide para sí mismo, suplica ser fiel a su misión por Amor a su Padre: allí radica su glorificación, ser fiel y obediente hasta el fin por Amor.
Ruega por sus amigos, pues sabe de sus miedos, de los temores que sobrevendrán, de las persecuciones que sufrirán; ora por los suyos para que sean santificados en la verdad... Quiere que sean enteramente libres en esa fuerza que libera, para anunciar -a un mundo que seguramente los perseguirá- la Buena Noticia.
Ruega por nosotros también: estar inmersos en un mundo a menudo hostil -tan del César y tan poco de Dios- para que el mundo se santifique en el Evangelio, para que suceda la liberación plena que procede de Dios, la libertad arraigada en la verdad.
Jesús ora con ternura y confianza; toda su vida es orante y siempre que se dirige a su Padre, tiene palabras para los suyos.
Y su Palabra es eficaz.
En esa oración de Jesús está nuestra confianza y nuestra esperanza.
No estamos ni estaremos jamás solos ni abandonados a nuestra suerte.
El Maestro se ha ido para quedarse más plenamente, con la fuerza del Espíritu que está por venir.
San Benito lo sabía bien: ora et labora propugnaba para sus monjes, y en esa definición la preeminencia la lleva el orar.
Seremos fieles cumplidores de la misión a la que se nos invita no tanto si oramos sin cesar, sino más bien si hacemos de nuestra vida una oración, plegaria que se exprese a cada paso dado)
Paz y Bien
Glorificación
Para el día de hoy (18/05/10)
Evangelio según San Juan 17, 1-11
(Todo este capítulo del Evangelio según San Juan es llamado Oración Sacerdotal.
Es Jesús hablando con su Padre, es Jesús hablando con sus amigos, es Jesús a un paso de afrontar con entera libertad su Pasión por puro amor a los suyos y a su Padre.
Todo el clima nos remite a el Maestro mostrándonos su corazón abierto... Y al ser una cuestión de corazón, tan profunda, precede a la razón y como tal, debe ser asumida, aceptada, comprendida y aprehendida desde cada corazón en silencio.
Sólo desde un silencio atento es posible la escucha plena de la Palabra.
Jesús no ha vivido para sí mismo; toda su vida ha sido ofrenda para los demás, donación enteramente libre que no ha podido cercenar ni la tortura, ni el desprecio, ni el rechazo, ni la muerte.
Por Él, toda la creación y muy especialmente cada mujer y cada hombre pueden descubrir el gran misterio de la existencia: que Dios es Padre -¡Abbá!- y que nos ama más allá de lo imaginable.
Esa ofrenda es la Glorificación de su Padre: porque Jesús glorifica y alaba a su Padre amando, respondiendo con cada fibra de su ser a la misma esencia de Dios, el Amor.
En esa donación de su vida por los suyos -y también por los que lo odian- nada se ha reservado para sí; en esos momentos críticos, al límite de toda angustia, se preocupa por los suyos con una ternura que no puede expresarse con palabras.
Y nosotros tenemos un sino de pertenencia: por Jesús, adquirimos una dignidad y una identidad únicas e intransferibles, la de ser hijos.
Unidos al Maestro, también lo glorificamos cuando guardamos su Palabra haciéndola vida cotidiana, entrega sin medida hacia los demás, libre donación de nuestra existencia para que el hermano caído se levante, para que el hermano cautivo se libere, para que el hermano hambriento se sacie.
La glorificación de Dios pasa por el Amor, porque la fé -como don, como Gracia, como regalo- es ante todo y por sobre todo, vida transformada en ofrenda antes que férreos cumplimientos doctrinales o rígidas costumbres cultuales.
La doctrina y el culto deberían ser expresión y consecuencia de esa vida hecha ofrenda, y esa misma vida implica riesgos grandes. Porque el amor, para este mundo, es cosa peligrosa.
Quiera el Altísimo entonces, que nos volvamos amorosamente peligrosos.
Para mayor gloria de Dios y servicio a los hermanos)
Paz y Bien
Pedagogía del regreso
Para el día de hoy (17/05/10)
Evangelio según San Juan 16, 29-33
(Parecería que fuese una despedida con las emociones flotando en el lugar. Y como toda despedida, supone un dolor y un desgarro, una tristeza anticipada por la ausencia.
Y los discípulos creen ya saberlo todo, creen poseer exclusivamente el secreto sobre Jesús y encontrarse aptos y capaces de cumplir su misión.
Pero el Maestro sabe qué cosas se tejen en cada corazón, y sabe lo que les está creciendo por dentro, y sabe lo que nos crece a nosotros también.
Sabe que serán ganados por el miedo, que su fé es incipiente, que se dispersarán temerosos y lo dejarán solo enfrentando los horrores de su Pasión.
Porque la misión comienza y tiene sentido con la Resurrección, el Mesías crucificado y muerto que ha vencido a la muerte, que les envía el Espíritu Santo, Espíritu Maestro que los hará madurar en su fé, que hablará por ellos, que los sostendrá.
Sabe también que luego de esos momentos de abandono los agobiará la culpa, y la soledad de ellos será mayor aún que la que Él sufrirá.
Porque Él jamás está solo, Él y el Padre son uno, y esa verdad y esa certeza serán también fuerza y ánimo para los discípulos, coraje y sustento para todos los doblegados en la tristeza de sus pecados.
El Maestro se vá para quedarse más plenamente; el Maestro se vá para abrir la puerta a la Casa Grande, el destino de todos nosotros y vá llevándonos de la mano.
Él ha vencido al mundo, más no hay millares de cuerpos esparcidos en el campo de batalla.
Sus huestes son campesinos, pescadores, recaudadores de impuestos y prostitutas conversos, enfermos sanados, niños abrazados con ternura, mujeres rebajadas a la condición de esclavas u objetos, que sólo empuñan la mano abierta del abrazo y la solidaridad, manos que trabajan, manos que curan.
Es la increíble victoria del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte, de la Gracia, la entrega generosa y la eternidad por sobre las ataduras de lo efímero.
Jesús siempre está de regreso animándonos a cada uno de nosotros, y diciéndonos que no estamos solos, que la vida y la comunión prevalecen.
Clave de misión: hay que dar aviso con hechos concretos -abandonando de una buena vez una malsana costumbre de quedarnos en la pura declamación- y anunciar con el silencio del compromiso que Dios está presente y no abandona a la gente.
Hay muchas hermanas y hermanos sumergidos que aún no han visto una mínima luz de esperanza. Allí hay que ir, nos anima el espíritu de Aquél que siempre está de regreso para que nosotros mismos volvamos a los brazos del Padre, de ese Dios del que solemos alejarnos con presteza)
Paz y Bien
Ascensión del Señor: en el principio, estaba la bendición y el encuentro

Ascensión del Señor
Para el día de hoy (16/05/10)
Evangelio según San Lucas 24, 46-53
(Todo aferrarse a la literalidad de la Palabra es peligrosa, y tiende a cerrar los ojos del corazón a la luz de la Vida. Ni hablar de sus consecuencias: generalmente la literalidad se traduce en fundamentalismos e idolatrías...
Nada más lejano a la Buena Noticia de Jesús.
Quizás, más que el esfuerzo de desentrañar metamensajes bíblicos -no está mal, es claro- deba ser posterior a la escucha dispuesta, al silencio confiado que sabe que, aún sin comprender, la Palabra transformará la vida.
María nos conduce en esa senda de transformación vital.
Ese cielo al que asciende nuestro Maestro y Señor trasciende cualquier límite cósmico, está infinitamente más allá de los bordes espacio-temporales.
Ese cielo que nos señala el Evangelista Lucas es la identificación plena y total de Jesús con Dios.
Él ha cumplido con su misión de Salvación y retorna a su origen, vuelve al seno de la divinidad: Jesús es Dios y Dios es Jesús.
Este día en que celebramos la Ascensión del Señor es símbolo de la liberación plena y total de la humanidad, Jesús "subiendo" a la vida plena en Dios.
Por eso mismo, como los discípulos, hay que dejar de mirar al cielo... y volver, con la alegría de ese destino ofrecido gratuitamente a sembrar la esperanza, a transformar a un mundo que rinde culto -cada vez más- a una multiplicidad de ídolos de muerte como el dinero, el poder y las armas y le dá la espalda al Dios de la Vida.
Hay que dejar de mirar la bóveda celeste, y comenzar a mirar el aquí abajo, al hermano esclavizado, preso de la desesperanza, atado en la miseria, encadenado en el destrato y mortificado por el olvido.
Allí comienzan los senderos de misión que hemos de recorrer si queremos corresponder al llamado de Amor del Maestro, anunciar el perdón y la reconciliación, la Buena Noticia de que la vida plena y perdurable es posible a todas las naciones.
Como el Espíritu en el principio de la creación, así caminamos, nunca solos, jamás librados a nuestra propia suerte y a nuestras capacidades limitadas.
Bendiciendo y con las mismas manos con las que curaba enfermos, con las que acariciaba a los niños, con las que multiplicaba los panes, el Maestro nos bendice.
Es un saludo que no es despedida, sino la maravillosa y aparente paradoja de irse para quedarse con mayor fuerza, llevándonos de la mano hacia nuestro encuentro pleno con Dios.
Con los discípulos, volvemos a la ciudad, al todos los días de otro modo; ya no estamos atribulados, ya no podrá con nosotros las angustias, la tristeza o el miedo.
La alegría y la esperanza se hacen presente porque el Señor yéndose, se queda para siempre)
Paz y Bien
Herencia extraña
Para el día de hoy (15/05/10)
Evangelio según San Juan 16, 23-28
(-Si no se hacen como niños...- nos dice Jesús. Hagamos el intento.
Veamos: estamos acostumbrados por filmes, series televisivas, libros y noticias a lo que sucede cuando está en juego los bienes legados por un familiar acaudalado a los herederos que él designe. No es infrecuente descubrir sórdidas maquinaciones para ver quién será el más favorecido, las consecuentes peleas -hasta homicidios-, las angustias, celos y envidias entre los herederos, documentos, letrados... Son historias harto conocidas.
Desde esta fé que se nos ha dado, y con esa mirada de niños que estamos intentando ahora, el párrafo anterior no se nos hace tan ajeno.
Más nuestra herencia es, cuanto menos, extraña.
El que nos lega la totalidad de sus bienes es nuestro Padre.
No ha tenido mayor o menor cuantificación en la porción que le toca a cada uno: a todos les toca todo y por igual, sin medida.
Ha habido homicidios por la apropiación de esa herencia, claro está: Jesús ha muerto en la cruz, y muchos de sus amigos han dado la vida sosteniendo la igualdad de todos los herederos.
Tenemos un Abogado insobornable y siempre dispuesto: el Espíritu Santo.
El instrumento por el cual somos notificados de la inmensa riqueza de ser hijas e hijos de ese Padre infinitamente rico es... Testamento, que aunque por diversas cuestiones lo dividamos en dos, siempre es Nuevo.
No hay dudas que la herencia es extraña: a diferencia de las cuestiones dinerarias humanas, nunca se acaba. Es más, son bienes que aumentan desmedidamente... cuando se regalan, se donan, se entregan gratuitamente y sin condiciones.
Y no se trata de los méritos y grandezas de los herederos; la clave está en la generosidad de quien tiene esa voluntad testamentaria, el Padre.
Esa herencia extraña y maravillosa la llamamos Buena Noticia, y nos ha sido comunicada por Jesús Maestro, hermano y Señor nuestro.
La Buena Noticia de que Dios es Padre y Madre, y que nos ama a todos por igual, sin límites e incodicionalmente, aún cuando nos consideremos muy pequeños o indignos de recibir ningún presente.
Nuestro presente es Presencia para siempre, vida en abundancia, alegría que no se termina.
Y no hay condiciones previas, ni personerías que acreditar; frente a la aceptación de esta herencia se abre el horizonte del darse, el cielo límpido y despejado de la solidaridad, la alborada de sabernos hijos y por lo tanto hermanos, y vivir fraternalmente en consecuencia.
Loado sea Dios por todo el bien que nos ha dado y nos dá)
Paz y Bien
Amigos por elección, envío por misión, respaldo de corazón
Para el día de hoy (14/05/10)
Evangelio según San Juan 15, 9-17
(De un modo cósmico, nuestras almas deberían ser planetas que orbiten constantemente alrededor de su sol, el amor de Jesús.
Como los planetas, sin esa luz no hay vida.
El amor de Jesús, que es el Amor de Dios, debería ser el centro de nuestra existencia y el punto de partida -y de destino- desde el cual todo se entiende, todo se explica y todo cobra sentido.
Porque por amor nos a elegido personalmente, a cada uno, con su rostro, su nombre, sus peculiaridades, sus luces y sus sombras. De tan pequeños que somos seríamos ampliamente felices siendo siervos.
Sin embargo, Él nos quiere sus amigos.
Y desde allí construye y edifica, claro que sí.
No hay que equivocarse: nosotros nos sumamos a la obra del Reino, pero es el Espíritu del Resucitado el que construye comunidad, el que nos hace descubrir hermanos.
En ese descubrirnos queridos, revelarnos amados, se despierta la otra faz de la existencia. Es la faz por la que nos hacemos plenos, es decir, dándonos sin medida y sin condiciones.
Demasiado tiempo nos han intoxicado presuponiendo al amor como una cosa meramente sensiblera, banalmente televisiva. Pero es mucho más, y en su expresión más cabal implica renunciar a la propia existencia por el otro, dar la vida por amor al prójimo/próximo.
Esa misión no excluye lo sensitivo, más esto último es sólo un aspecto, no lo determinante. La misión que se despliega a sabernos amigos es hacer presente ese amor, esa amistad de Dios en medio de un mundo que cada día más se hace del César.
Ésa, y no otra, es la llamada Evangelización.
Y somos pequeños, frágiles, mortales; todos -sin excepción- somos pequeños seres quebradizos, hasta el que parece más fuerte, todos.
Pero aún así, no estamos inermes ni a la deriva en las aguas bravas y turbias de la vida mundana.
El Maestro está allí justo donde estamos nosotros, su corazón nos respalda en todos nuestros pasos...
¡Cuánto más hará cuando ese amor se concrete entre sus hermanos más pequeños y olvidados!
Es tiempo de Gracia y Misericordia: es tiempo de confiar en que la multiplicación de los panes y los peces, la era de los milagros tiene un aquí y un ahora que dependen de nuestra confianza.)
Paz y Bien
Pascua interior
Para el día de hoy (13/05/10)
Evangelio según San Juan 16, 16-20
(Hay un hecho fundante que nos cuesta asumir, no como secuencia sino más bien como consecuencia: porque Jesús ha sufrido y muerto en la Cruz, ha Resucitado.
Asumió por amor el espanto del calvario, y desde allí franqueó la frontera de la muerte.
La clave es el amor.
En esta pequeña parcela de tierra fértil que somos, suele suceder que nos invade la cizaña de la tristeza, el azote estéril de la autoconmiseración.
Porque asumir nuestras cruces no es fácil ni nos agrada.
Pero Jesús siempre anda por allí, y su Espíritu nos hace cruzar esas aguas turbias del dolor.
Quizás nosotros también debamos realizar nuestra propia Pascua interior, morir a tantas cosas que nos atan y nos impiden ser re-creados por ese Dios Viviente, Jesús, hermano y Señor nuestro.
El mismo que ha llevado a cuestas en sus hombros todas nuestras miserias, el mismo que es capaz de transformar nuestra tristeza en la alegría que no perece.
Y cuando somos capaces de asumir nuestras cruces, y mejor aún, las cruces que agobian a los hermanos, sucede la Pascua.
Resucitamos a la Vida nueva y abundante del Reino, alegría y paz, justicia y liberación.
Será entonces estar dispuestos alegremente a morir a todo lo que nos sigue dejando en la esclavitud, para cruzar el mar que separa las cadenas de la soledad a la gloriosa libertad de las hijas e hijos de Dios)
Paz y Bien
Espíritu Maestro
Para el día de hoy (12/05/10)
Evangelio según San Juan 16, 12-15
(La creación ha sido re-creada con la Resurrección de Jesús.
Nada será igual pues se ha derrotado al último imposible, el de la muerte.
Apareciendo como una paradoja para nuestras mentes, pero con la plenitud del misterio divino, Jesús retorna al Padre para quedarse entre nosotros con mayor plenitud.
Viene su Espíritu, el Espíritu de Dios, el Espíritu de la Verdad, soplo de Dios Viviente que hace nuevas todas las cosas.
El Espíritu será nuestro abogado y defensor... pero también nuestro Maestro.
La identidad entre Jesús, el Padre y el Espíritu es el misterio profundo de ese Dios trinitario que profesamos, y que sólo desde una fé que se sustenta en el amor puede aceptarse.
Esa fé que a la vez es don y misterio, y que rompe los límites de nuestra dualidad espacio temporal, cuerpo-mente.
El Espíritu viene para enseñarnos, es el Espíritu del conocimiento desde los afectos, desde la razón, desde la intuición... es el conocimiento pleno.
Y es también la comprensión desde las raíces mismas de la Palabra, esa Palabra de Dios que ahora, en este preciso instante intentamos escuchar y queremos que nos transforme, Palabra de Vida y Palabra Viva.
Habrá entonces que suplicar sin desmayo que el Espíritu Santo, dador de Vida, abogado, defensor, maestro, soplo de Dios Viviente que aleteó sobre las aguas primeras de la creación, sople también a cada instante de nuestras vidas, pequeñas barcas en el inmenso mar sin orillas de la vida de Dios.
Podrán venir las tormentas que amenacen nuestras comodidades y nuestras pretensiones de orgullo y egoísmo... pero no pereceremos.
El Espíritu Maestro nos conduce a las aguas calmas de la Verdad plena, el amor ilimitado que Dios tiene para con cada uno de nosotros, sin excepción)
Paz y Bien
Pecado, justicia y juicio

Para el día de hoy (11/05/10)
Evangelio según San Juan 16, 5-11
(Jesús retorna al Padre. Pero los discípulos, inmersos en sus incertidumbres y tristezas no le preguntan hacia dónde vá ni porqué.
Nos suele pasar lo mismo cuando ganan espacio en nosotros la tristeza y las dudas... dejamos de preguntarnos por lo importante y nos cerramos en nosotros mismos.
Pero no vá a dejarlos así el Maestro: Él vuelve al Padre a consumar su misión -obediencia suprema por puro amor- pero sus discípulos y seguidores no han de quedar solos.
Él se vá al Padre pero les envía su Espíritu, el Paráclito, el Abogado, el que hablará por ellos, el que edificará comunidad.
Porque nos equivocamos al pensar que la construcción de espacios comunitarios es cosa de nuestras iniciativas: la comunidad -la Iglesia- se construye a partir del aliento y del soplo del Espíritu Santo.
Los discípulos y seguidores -los Once y nosotros- nada han de temer: el Paráclito es su Abogado, es decir, ad-vocatto, hablará por ellos. Nuestro testimonio, si es veraz y si es para que brille la luz de Cristo, estará magnificado y deslumbrará por el Espíritu del Resucitado.
Y a partir de ese testimonio, el mundo aprenderá.
Aprenderá que el pecado fundamental es el rechazo del proyecto de Dios para toda la humanidad.
Aprenderá que el sentido primordial de justicia es ajustar la voluntad a la voluntad de Dios, o sea, a la Vida plena de todos, mujeres y hombres, la creación entera.
Aprenderá que el juicio es hoy, y no hay un juez que sentencia ni jurado que dirima culpas: el juicio sucede ahora mismo, cuando se rechaza la Salvación de Jesús, cuando a pesar de declamar pertenecer a una fé religiosa se vive sumido en la tristeza y la desesperanza, cuando lo religioso no implica una transformación raigal de la vida sino nada más que el cumplimiento de determinados cánones y preceptos.
Las consecuencias no pueden ser peores: la muerte perpetua que es no vivir en Dios, con Dios y para Dios.
Quizás en esa transformación profunda que llamamos conversión debamos revisar si permitimos con profunda e indestructible alegría que el Espíritu nos derribe y reconstruya, nos recree y nos haga reencontrar con los hermanos en la comunidad que Él va gestando para todos.
Esa comunidad que llamamos Iglesia)
Paz y Bien
Paráclito del testimonio
Para el día de hoy (10/05/10)
Evangelio según San Juan 15, 26-16, 4
(Viene el Espíritu Santo.
Y es enviado por Jesús, hermano y Señor nuestro, muerto en la Cruz y Resucitado, para dar testimonio.
Pero primero y ante todo, viene a dar testimonio entre nosotros -sus discípulos- de que Jesús está vivo, de que está presente en nuestro aquí y ahora.
Sólo se puede dar real testimonio de lo que se ha vivido; quizás por eso mismo el testimonio primero que damos es aquel que nace de descubrir a Jesús actuando a diario en nuestras vidas, ese Cristo que rompe las cadenas que nos esclavizan, ese Maestro que nos saluda en nuestros amaneceres y en nuestras noches nos dice: ¡Ánimo, no tengan miedo!, el Señor que nos ha revelado el Amor y la Misericordia infinitas de Dios.
Ese mismo Jesús que nos vino a contar que Dios es Abbá! y que nos ama sin medida.
Allí, en la cotidianeidad, en la rutina de cada día, es donde comienza nuestro testimonio; y allí es donde se dirime nuestra verdad personal y comunitaria: decirle al mundo si somos de Dios o nó, y desde esa raíz, transformarlo.
-El Espíritu del Señor me ha ungido para anuncia la Buena Nueva a los pobres- había avisado el Maestro en la sinagoga de Nazareth.
Y como le ha sucedido a Él, sabemos que por pertenecerle despertaremos los mismos odios.
-muchos conocemos con certera tristeza ese odio, el mismo que mata y destruye en nombre de Dios, el que cree que rinde culto a Dios dando muerte a sus mensajeros...-
Paráclito, en su raíz griega, significa "aquél que es invocado"; Paráclito es también llamado abogado nuestro, es decir, aquél que habla por nosotros.
Nada podemos sólo con nuestras propias fuerzas, pero no hay que desfallecer.
Alguien hablará por nosotros, Alguien dará testimonio ante nosotros y en nosotros para la Gloria de Dios.
Y la Gloria de Dios es el Amor, se glorifica al Altísimo cuando se propaga la Vida.
Alguien hablará en nosotros y por nosotros: es hora de hacer lugar y escuchar)
Paz y Bien
Cuestiones hogareñas

Para el día de hoy (09/05/10)
Evangelio según San Juan 14, 23-29
(Los misterios no pueden ni deben explicarse; deben beberse con las profundidades del alma, están mucho más allá del alcance de la razón, y nuestras palabras siempre resultarán decididamente escasas y pobres en cualquier intento explicativo.
El Maestro nos revela: Él y su Padre vendrán y harán morada en nosotros. Morada, lar, casa, hogar.
A simple vista, y desde la pequeñez que somos con nuestro lastre de miserias, parece como si se quisieran colocar las aguas de todos los mares en un vaso.
Y volvemos a la primer premisa: misterio, y misterio de ternura y comunión.
Dios viene a nosotros, a habitarnos... la tensión -además de inmerecida- parece insostenible.
Misterio y Gracia.
Jesús revela, quita los velos poco a poco que ocultan a este misterio insondable: la clave es el amor.
Y debemos aquí hacer un alto y una reflexión exhaustiva: no se trata de una condición sine qua non, no se trata de hacer algo sin lo cual no sucedería lo milagroso.
La clave es el amor.
En primer lugar, descubrirnos amados, queridos...y desde allí, amar, querer al hermano hasta el extremo de dar la vida, derrotar todo egoísmo, renunciar con imperecedera alegría a nosotros mismos.
El Dios de la Vida vendrá y hará morada.
Su casa será nuestro corazón, y es el hecho increíble de transformarse en templos vivos.
Mas nada podemos hacer solos, y es soberbia suponer que se trata de la acumulación meritoria.
Se trata de amor, y sólo se transitan sus veredas con el auxilio del Espíritu Santo, el Espíritu que sopla e impulsa, Espíritu de Vida y Paz.
El Maestro nos regala su paz, y hemos de volvernos niños con la suficiente capacidad de asombro frente a los regalos.
No dá la paz como la dá el mundo: no lo hace por otro interés que el bien de todos.
La clave / llave es el amor, es la renuncia, el despojo del ego, la entrega incondicional al otro.
Desde allí se construye la paz.
Desde este hogar en ciernes que somos, quizás haya que pedirle al Espíritu que sople, que nos barra estas habitaciones, que la vida que es Dios mismo se haga presente en nosotros... tal vez ya está pero se nos ha enfermado la mirada.
Y hay que suplicar -a contramano del mundo- ser un foco infeccioso, por fiero que parezca.
Si señoras y señores: una casa que contagie la Paz que se nos ha regalado.
El símbolo y signo de esa casa es María de Nazareth, Madre, hermana y discípula del Señor: supo decir ¡Sí! de tal modo y fué habitada en su plenitud, que el Dios de la Vida se ha hecho uno de nosotros a través de Ella, templo perfecto del Espíritu.
Por todo ello, viene el Espíritu -Pentecostés a las puertas-: cada uno de nosotros somos pequeños hogares en donde habita el Altísimo... desde estos altares del alma, roguemos por ese soplo que una nuestras casas y construya comunidad, esta aldea grande y fraterna que llamamos Iglesia)
Paz y Bien
Nuestra Señora de Luján: tenacidad de madre, amor obstinado


Nuestra Señora de Luján - Patrona de la Argentina
Para el día de hoy (08/05/10)
Evangelio según San Juan 19, 25-27
(María madre.
María hermana.
María discípula.
María, mujer sin casa.
Fiel hasta el fin, permanece de pié viendo morir a su Hijo en el suplicio de la cruz.
No tiene casa propia: desde ese momento, ella vivirá en la casa del discípulo amado.
María tiene su hogar donde está el hogar de los hijos, y permanecerá firme en ese mandato de amor de quien es su Hijo y su Señor.
Corría 1630, y estas pampas no eran todavía un sueño de patria... Sólo era colonia virreinal de un imperio y extensos territorios poblados por pueblos originarios.
Pueblos considerados menos que un accidente de terreno, pueblos definidos como apenas algo más que animales, pueblos a los que se lleva la Cruz con el impulso de la espada, pueblos a las que algunas almas nobles llevan la Buena Noticia de Jesús.
Por aquel entonces la esclavitud estaba "bien vista" y tenía una importante influencia económica.
Pero también había silenciosos hombres que sabían de trabajo y de piedad.
Uno de ellos, Antonio Faría de Sá -hacendado de Sumampa, en la actual provincia de Santiago del Estero, al norte de nuestro país- encargó a un amigo brasileño el envío de una imagen de la Inmaculada Concepción para la capilla de su estancia.
Su amigo cumple presto con el pedido, y le trae por barco no una sino dos imágenes: una de ellas, la Purísima Concepción y la otra, la Madre de Dios con el Niño durmiendo en sus brazos.
El barco atraca en el puerto de Buenos Aires, y se despachan las imágenes en dos pequeños cajones en el transporte usual de aquel entonces, una carreta tirada por poderosos bueyes.
La caravana llega a las inmediaciones del río Luján, y en esos primeros días de mayo quieren reemprender la marcha hacia el norte, a la Sumampa en donde los esperan.
No hay caso, la carreta parece clavada al suelo.
Sólo la intuición de un mínimo esclavo negro llamado Manuel comienza a comprender lo que sucede... Sugiere descargar uno a uno los pequeños cajones con las imágenes y ver que pasa.
Cuando descargan el que contenía la imagen de la Pura y Limpia Concepción, recién allí la carreta puede ponerse en marcha.
Se trata de signos... no importa tanto lo espectacular, lo milagroso sino hacia dónde se quiere orientar nuestra mirada, tal como nos enseña el Maestro.
Y en este signo, la Madre ha renovado mandato y promesa con su Hijo, nuestro Hermano y Señor al pié de la cruz.
Con la tenacidad de una Madre, con la obstinación del amor que no puede derribarse, no hubiera podido encontrarse fuerza alguna en el universo que moviera esa carreta.
Ella quiso quedarse con sus hijos, hizo su hogar aquí.
Desde entonces, creciéndonos desde semilla de pueblo a la Patria que somos, nos sabemos acompañados, nuestra esperanza se sostiene pues sabemos que no estamos solos.
Ella, la que dijo ¡Sí! al Dios de la Vida, al mismo que lo aclamaba como Dios magnífico que exalta a los humildes y derriba a los poderosos de sus tronos, Ella siempre fiel a su Hijo se ha quedado para siempre entre nosotros y camina con la misma presteza con que fué a ver a Isabel junto a este pueblo que somos, en nuestro días de fiesta y en nuestras noches de miserias.
Ella nos recuerda el rostro materno de ese Dios Padre y Madre que nos ama sin límites.
¡Salve, Madre de Dios! Llena de Gracia y Consuelo, seguí caminando con tus hijos de estas tierras, especialmente con los más pequeños, olvidados y despreciados... Como tu servidor más fiel, el santo negro Manuel
¡Salve, Madre de Dios!)
Paz y Bien
Elegidos para ser amigos y transparentes
Para el día de hoy (07/05/10)
Evangelio según San Juan 15, 12-17
(Jesús nos ha elegido; esa elección es enteramente personal, a través de la historia, a cada mujer y a cada hombre, como vos y yo, como tú y él en nuestro presente.
Una elección tan personal debería -y subrayemos el condicional- debería conmovernos, ¡conmocionarnos!, hasta tal punto que ese descubrirnos elegidos por el Maestro imponga un hito que marque un antes y un después: nada será igual.
El elegirnos es una cuestión de amor, de don, de regalo, de Gracia. Porque nos elige para ser sus amigos.
La elección es la liberación plena: ya nadie será un siervo, un esclavo autómata que no conoce las cosas de su Dueño, de su amo.
Entre amigos nada se esconde, la transparencia es total, no se guardan nada para sí mismos.
El Señor -como bien lo saben los niños- es nuestro mejor amigo, pues nada se ha guardado para sí, nos ha revelado, mostrado todo lo que conoce de Abbá y nos hace partícipes de esa Vida infinita a nosotros, pequeñísimos seres.
A tal punto nada se ha reservado, que hasta la propia Vida ha dado por sus amigos, ratificando con su sangre la enseñanza primera y fundante: no hay mayor amor que dar la vida por los amigos.
En la misma emoción de sabernos elegidos y queridos, hemos de practicar la amistad y la transparencia de la donación de esta mínima porción de tierra fértil que somos, y que tiene un destino innato de fructuosidad abundante.
El Amor del Dios, que se expresa en Jesús nos impulsa a querernos, a amarnos entre nosotros, a la transparencia, a la gratuidad, a la derrota de todo egoísmo.
Para mayor Gloria de Dios y alegría de los hermanos)
Paz y Bien
Espacios para la alegría

Para el día de hoy (06/05/10)
Evangelio según San Juan 15, 9-11
(Como sarmientos unidos a la vid verdadera, se nos comunica la savia de la Vida plena.
Esa savia nos hace dar los mejores frutos, y su cosecha será motivo de alegría infinita. Por ello, quizás todo deba reflexionarse desde lo dado, desde lo que se regala, desde la entrega de la vida misma... desde el amor mismo.
Nos hemos acostumbrado -quizás en demasía- a lo institucional, a lo canónico, al cumplimiento de preceptos. No está mal, es claro, pero el mandamiento del amor vá mucho más allá de la observancia de normas, rompe cualquier molde humano que se quiera imponer y se escapa a la mezquindad del trueque, de la búsqueda de recompensas por actos virtuosos.
El Maestro mismo nos ha hecho sus amigos, sus hermanos; nada se ha reservado para sí, ha revelado íntimamente su relación con el Padre, ha dado su vida sin reparos por todos y cada uno de nosotros... Si hasta en el momento final de su Pasión, en medio de sufrimientos atroces, se ha desprendido de su Madre y la ha entregado como tal a sus hijas e hijos, tú y yo.
Por eso mismo, el mandamiento de amor que nos ha dejado y que nos expresa como camino a la alegría plena van por el mismo sendero del darse, del entregar la vida por el otro. Ese entregarse, ese desprenderse de sí mismo para que el hermano viva significa permanecer en el amor de Jesús que es el amor de Dios, y no hay mayor alegría posible.
Frente a un mundo que ofrece frutos macerados del culto al yo, de la exacerbación del placer, de la avaricia y del egoísmo como felicidad, hay que definirse...
Sólo desde el desprendimiento y la donación, desde el amor que pasa por la gratuidad -y no la sensiblería- será posible la alegría, será posible ser habitados por el Espíritu, será posible hacernos morada viva de Dios.
Quizás sea tiempo de suplicar que el viñador nos pode lo que viene sobrando.
La alegría es posible por lo dado, por los dones de la Gracia y por lo que nos damos a los demás, cuando nos vamos vaciando de todo interés personal para que el hermano viva.
Supliquemos la poda, supliquemos abrir espacios)
Paz y Bien
Savia nueva, madera verde, vino eterno
Para el día de hoy (05/05/10)
Evangelio según San Juan 15, 1-8
(Cada miembro del pueblo de Israel era una vid que pertenecía a la viña del Señor; debía por sí mismo dar los frutos exigidos por la Ley.
Pero son los tiempos de la Gracia, tiempos de vida plena, y esas vides solitarias, perdidas en la diáspora del pecado y la infertilidad se renuevan uniéndose en una sola vid, la verdadera, Jesús el Señor.
Porque la Gracia que se nos regala es la savia nueva que nutre y dá vida a la única vid; ya no habrá yuyos resecos, sin frutos, inútiles en su individualidad.
Los dispersos han sido dispersos en un pueblo nuevo al que se le regala la Vida.
Como ramas o sarmientos de esa vid, así estamos unidos a Cristo; somos parte de la Vida Eterna comunicada entre su Padre y Él.
La clave es permanecer para dar frutos.
Porque no se trata tanto de observar la calidad de los sarmientos, sino qué tipo de savia es la que corre por su interior, descubrir las posibilidades de buenas cepas.
Esas ramas cada tanto deben ser podadas; hay que quitarle lo que no sirve, para un crecimiento más frondoso.
Maravillosamente, cuando se cosechan los frutos se abre el tiempo de nueva cosecha, y mayor rinde frutal.
Con la paciencia de un viñador, con la delicadeza de un jardinero, con la tenacidad del labrador, nuestro Dios se ocupa de la poda.
Esa poda duele, claro está: no tanto por la sierra que corta lo inútil, sino porque nos molesta que se nos arranque la miseria enquistada, el egoísmo encapsulado, la cizaña de la conformidad.
Hay que ser madera verde por la que corra rauda la savia nueva, y esto sucede cuando el sarmiento está firmemente unido a la vid... Cuando nuestra existencia permanece unida a Jesús.
Y cuando no sucede, madera seca, leña inútil con destino de humo.
Han de ser muy buenos los frutos, y se perciben en los racimos de oración y glorificación al Padre.
Oración que es eficaz porque Jesús mismo realizará lo que se pida en su Nombre de acuerdo al plan de Dios.
Glorificación al Dueño de la Vid, porque estos sarmientos que somos dan testimonio silencioso y cierto de la Gloria de Dios cuando a cada instante reafirman la vida.
No se trata sólo de una hermosa parábola; al fin y al cabo el Maestro, eligió quedarse como Pan de Vida y Bebida de Salvación...
Quizás quede en nosotros, con esa savia del Reino, convertirnos en uvas sencillas y magníficas que se convertirán por la Gracia del Altísimo en el Vino Eterno de la fiesta perenne, Vida plena e interminable para toda la humanidad)
Paz y Bien
Shalom: de la paz como don
Para el día de hoy (04/05/10)
Evangelio según San Juan 14, 27-31a
(Para el pueblo de Israel Shalom -la paz verdadera- es la orientación de la totalidad de la existencia alrededor de valores de justicia, equidad, fraternidad y libertad.
Y Jesús es en sí mismo ¡Shalom!, mas no como brinda su paz el mundo.
Mejor dicho, el mundo no brinda paz, impone ciertas condiciones por lo menos peculiares.
Ayer y hoy prevalece la idea de paz como ausencia de conflictos, especialmente conflictos en la superficie, en la exterioridad. Y a menudo esa paz se impone como la pax romana, mediante el uso de la fuerza y el abuso del poder.
Hasta se justifica la violencia, la inhumanidad de los hechos de armas para alcanzar la paz.
Pero la lógica humana camina por senderos demasiado distintos a los del Reino.
-Mi paz les dejo, mi paz les doy...no como la dá el mundo...No teman ni se acobarden- dice el Maestro.
La paz es ante todo don de Dios, regalo y Gracia por su Hijo nuestro hermano; abriga los corazones ateridos por el frío del temor, libera las almas atenazadas de angustia e impulsa a tener confianza y coraje. Él vá con nosotros.
Quizás hemos de volver a pensar como el Pueblo Elegido, esa paz que es la vida organizada desde la libertad, la fraternidad, la libertad... Y que para ello -y ante todo- nace de almas que han sabido aceptar el regalo que Jesús nos entrega.
Porque la paz es don, es regalo y como tal, nace de la entrega.
La entrega suprema de Jesús en la cruz para la Salvación de la humanidad.
Siempre el primer paso lo dá el Altísimo para que nosotros caminemos; hay que abrir las puertas interiores para que ingrese triunfal la paz a nuestra vida como Jesús entró a Jerusalem, más allá de toda cruz y de todo sufrir, dejando atrás las trampas del poder y las falacias que sólo pretenden la paz como calma de las necrópolis.
Shalom)
Paz y Bien
Felipes
Para el día de hoy (03/05/10)
Evangelio según San Juan 14, 6-14
(Todos somos de algún modo como Felipe, el apóstol.
Probablemente hemos presentado a Jesús a algún hermano, tal como Felipe con Natanael y con ese fervor hemos insistido -¡Ven y verás!-.
Quizás hemos sido testigos de la mano bondadosa de Jesús y hemos entrevisto signos de su Misericordia; también como Felipe, hemos sido parte del milagro del compartir.
O puede que hayamos conversado muchas veces con Él, tal como el apóstol en la última Cena.
Como Felipe, desde hace bastante tiempo andamos tras los pasos del Maestro.
Sin embargo, como Felipe pedimos más y lo que pedimos está allí, al alcance del corazón, evidente desde el creer, patente desde la fé.
Pedimos más y lo que pedimos se encuentra en abundancia dispuesto como una nutrida mesa a nuestra vera, y aún así insistimos...
A pesar de ello, estos Felipes que somos no son recriminados por Jesús.
Él nos habla mirándonos a los ojos, llamándonos por nuestros nombres, reconociéndonos tal cual somos con nuestras luces y nuestras sombras.
El Maestro siempre, indefectiblemente, se dirige a todos y cada uno de nosotros de manera personal, redescubriendo y enalteciendo nuestra identidad.
Porque se ama lo que se conoce, y Él -mejor que nadie- nos conoce.
Y nos conoce de tal modo, Felipas y Felipes hermanas y hermanos, que con una confianza y una fé en nosotros -que no solemos corresponder, es claro- ha dejado todo en nuestras manos.
Pero nunca solos; Él se ha ido para quedarse con mayor plenitud, hecho Pan de Vida e impulsándonos desde su corazón inmenso con la fuerza de su Espíritu.
Felipas y Felipes, es tiempo de milagros, año interminable de Gracia y Misericordia: basta creer y amar.
Lo imposible ya no tiene cabida: todo lo que se pida en su Nombre será hecho por Él mismo con nosotros, en nosotros y por nosotros.
La Vida y la liberación que se propaga desde sus amigos comienza en este amor entrañable que nos tiene, con una fuerza imparable)
Paz y Bien




