De júbilo y gratitud




Para el día de hoy (05/10/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 17-24



(Los setenta y dos enviados a anunciar la Buena Noticia a los cuatro rumbos, regresaban donde el Maestro encendidos de asombro, y no exentos de cierta euforia. Todo lo que habían realizado en su Nombre y no hubo traba, obstáculo ni impedimento -por más fuerte o fiero que se apareciera- que pudiera detenerlos o impedir el cumplimiento de su misión.

Y Jesús de alegra con ellos también. La alegría se agiganta cuando se comparte.

Sin embargo, debe enderezarles un poco las ramas nuevas de esto que les está creciendo. Porque el éxito puede entrañar ciertos peligros, la minimización del mensaje, cierto pragmatismo estéril, la vindicación de una victoria que supone muchos derrotados. Esa mística de gloria mundana nada tiene que ver con los sueños de Jesús de Nazareth, con una realidad que late a cada instante.
Porque el motivo de júbilo no es el mal que retrocede, las cadenas que se rompen, esos milagros tan patentes; todo ello es valioso, pero es signo de otra realidad aún mayor, más trascendente y decisiva. 
Así el motivo veraz de todo júbilo, la causa primera de toda alegría en ellos/nosotros, es compartir en plenitud la vida misma de Dios.

En cada palabra dicha, en cada gesto de bondad, en cada acción de liberación y santidad se intuye que ese Dios Creador no está tan lejano como se lo suponía. Dios se ha encarnado en ese Cristo, hijo de María de Nazareth, Dios se ha hecho historia, humanidad, tiempo, uno de nosotros entre nosotros.
La eternidad se conjuga en el aquí y el ahora, a pesar de cualquier nubarrón que amenace, a fantástica contramano de cualquier dolor, derribando los muros de rutina y resignación.

Cuando eso ocurre, la existencia cobra otro significado decisivo, el sabernos queridos por Dios con afecto de Padre y de Madre también, aún cuando el espejo nos devuelva una tosca imagen de miserias y mezquindades. 
Todos -sin excepción- estamos cobijados y guardados en las honduras mismas del corazón de Dios.

Ese Cristo jubiloso se estremece porque, como nadie, descubre la mano bondadosa de Abba Dios en todas partes. 
Y más aún: contrasigno de un mundo torpe, la gloria de Dios se manifiesta en los pequeños, en los excluidos, en los pobres, en los que nadie tiene en cuenta, nó en los satisfechos de sí mismos, no en los acomodados, nó en los que se encierran en pétreas estructuras religiosas que a tantos rechazan.

Ese júbilo, esa alegría tan abundante como el pan que se comparte y no se acaba, es motivo de agradecimiento, de gratitud que se renueva frutal.

Entre tanta lectura nimia de ideologías y electoralismos, quizás nos falte reconocernos deudores perpetuos de esa bondad que nos llueve. Esa deuda ya está definitivamente saldada a precio de vida por el sacrificio inmenso del Maestro en la cruz.
Y así, volvernos militantes mansos de la gratitud que se expresa con generosidad y desinterés, sin ganas de figurar, sólo movidos por el bien del prójimo, devotos perpetuos de la compasión y la solidaridad que se expresa siempre en los demás, tan hijas e hijos de Dios como cada uno de nosotros)

Paz y Bien


Hombres y mujeres de Paz y Bien




San Francisco de Asís

Para el día de hoy (04/10/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 13-16


(Cuentan que teniéndolo todo, se decidió a abrazar a la pobreza como a su amada. Cuentan que, inmerso en lides guerreras, se volvió extrañamente manso mensajero de paz. Cuentan que, a pesar de que sabía llamar la atención, despertando tanto fervores de aceptación como repulsas furiosas y rechazos encendidos, eligió ser uno más, un pequeño laico, un hermano menor, que de tan pequeño -en la maravillosa ilógica del Reino- se volvió hermanito de todos, de buenos y malos, de creyentes y no creyentes, de la humanidad y de la creación, hermano universal.

Se hacía uno con los dolientes, se volvió bálsamo para los leprosos, y allí encontraba resplandenciente el rostro de ese Cristo que en él se manifestaba.
La desnudez de sus ropas respondía por entero a la de su corazón enorme. Un hombre tan pequeño es apenas un hombre, pero ese hombre es señal de esperanza y auxilio porque ha desalojado de su interior todo lo que perece. Ese hombre, ese hermano es Buena Noticia que late y respira. 
Es fé que se vive a cada instante, es retribuir desde su pequeñez y su pobreza toda la confianza que ese Dios bondadoso ha puesto en todos y cada uno de nosotros.

Ese hombre paupérrimo es revolucionario, es reformador, es profecía pura, pues interpela con su santa coherencia a los poderes establecidos que tanto daño hacen y que a tantos oprimen.
Ese hombre reconstruye una Iglesia ruinosa en acontecer pues edifica del único modo posible: desde la fé que se fundamenta en el amor, que sólo espera en Dios, que nada quiere saber de pompas, fastos, rótulos y que su camino es el servicio, autoexiliado perpetuo de todas las ganas de figurar, porque lo que importa es el mensaje y nó el mensajero, y el mensaje es Cristo, Dios con nosotros, Dios que nos ama con locura, la mejor de las noticias.

Hombres así como Francisco y mujeres así como Clara, ambos de Asís, son imprescindibles. Y con ellos y con todos los Franciscos y las Claras de la historia, nos descubrimos un poco menos solos, y mucho más esperanzados, aún en estas crueles ciudades que habitamos, tan voraces en tragarse lo humano.

Hombres y mujeres así nos renuevan la sonrisa, la paz y el bien)

Paz y Bien

Mensajeros de la verdad, trabajadores urgentes



Para el día de hoy (03/10/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 1-12


(El Maestro hace un envío de setenta y dos mensajeros, que tiene características específicas, peculiares y asombrosas.
Ante todo, el número mismo. Con esa necesidad de ir más allá de la pura literalidad -germen malsano de todos los fundamentalismos- hemos de encontrarnos con lo simbólico que se nos ofrece. Mientras que los Doce apóstoles remite, necesariamente, a la memoria colectiva de las doce tribus y, por ello, a Israel mismo, la cifra de setenta y dos así remite a todas las naciones, a la universalidad de la misión, un eco lejano de la tierra que se re-puebla por los descendientes de Noé post diluvio. La misión del Reino no reconoce fronteras físicas, raciales, sociales, políticas, religiosas, nacionales...

Más jamás se debe renegar de los orígenes, de aquello que nos constituye. Entonces Jesús de Nazareth los envía de dos en dos, porque los enviados saben por lo que aprendieron desde niños -la tradición legal judía- que la veracidad de un testimonio ha de estar refrendada por dos testigos. Por eso y ante todo, esos mensajeros son mensajeros de la verdad, y mensajeros enteramente veraces, fedatarios de algo que los excede por completo, pero que a su vez deviene incuestionable en su certeza. 
Además, tiene una característica delicadamente humana y trascendente: cuando vamos solos, estamos librados a nuestra suerte. Cuando vamos acompañados, vamos andando porque nos cuidamos, y si bien estarán acechando mil peligros, el temor que se haga presente tendrá las cosas complicadas.
La misión no es tarea que tienda al individualismo, es tarea de la comunidad, una comunidad que se asoma de dos en dos.

Los mensajeros portan una magnífica noticia, la mejor de las noticias, que el Reino está aquí y ahora entre nosotros, de la mano de Dios-con-nosotros, Reino de justicia, de paz, de libertad, de alegría, de plenitud. Ellos lo saben bien, esa Buena Noticia ha calado hasta sus huesos mismos, esa novedad maravillosa ha transformado sus vidas, y por ello sus prisas. La tarea, por tanto, es urgente, esas ganas de comunicar y sembrar vida nueva sin guardarse nada. El tesoro que llevan en sus mínimas vasijas de barro es un tesoro que se agiganta y multiplica cuando se comparte.

Los mensajeros tampoco son ingenuos. Saben que van revestidos de paz y mansedumbre, pero allí afuera hay voraces manadas de lobos. Pero aún así no se resignarán ni bajarán los brazos, ni se detendrán en banalidades, ni se aferrarán a las cosas que perecen, ni sacralizarán medios e instrumentos. Lo sagrado es el Cristo al que preceden y que, sin dudas, vá con ellos.

Sin embargo, no son suficientes. Hay mucha tierra por cubrir, muchos surcos que abrir, muchos campos yertos a los que volver fecundos.
Será cosa de animarse, de atreverse a este convite inmerecido pero real, y a rogar para que haya cada día más compañeras y compañeros de camino, pues aún hay muchísimo por hacer. 

Eso que llamamos cielo comienza y se edifica desde ahora mismo)

Paz y Bien


Del realismo mágico a la realidad plena de misterio y eternidad



Santos Ángeles Custodios

Para el día de hoy (02/10/13):  
Evangelio según San Mateo 18, 1-5.10




(En estos tiempos que nos ha tocado vivir, impera la cultura de la instantaneidad, de la inmediatez, universos prefabricados a los que se accede mediante simples manipulaciones, en desmedro de la paciencia que exige todo crecimiento, de los tiempos propios de cada persona. Ello también trae aparejado en ciertos sitios -y en esta América Latina que amamos con notable asiduidad- cierta tendencia a aferrarse a lo mágico, a las supersticiones.
A menudo, todo ello es consecuencia de la necesidad de escapar de algún modo de una realidad tan agobiante. De una fé que se ha estancado y en la que no se ha profundizado. De que la Iglesia no se ha vuelto mensajera y signo de esperanza. 
De que es más fácil buscar soluciones llovidas de diversos cielos a cargar la cruz en busca de la Resurrección. Y sinceramente, el realismo mágico nos gusta en demasía -es muy dulce- y lo preferimos inefablemente a la hiel amarga de ir contra corriente.

Sin embargo, Jesús de Nazareth nos ha revelado que en la realidad del más acá bulle y florece por todas partes la eternidad, un más allá germinal que se asoma a cada instante.
Nuestra realidad -esta misma, el aquí y el ahora- está fecunda de infinitud. El Dios del Universo lo ha decidido y resuelto en el milagro insondable y amoroso de la Encarnación, uno de nosotros, un Dios absolutamente pobre que se despoja de todo -hasta de su mismo Hijo- para que todos vivamos, y vivamos plenamente.

Lo que sucede es que hemos escogido la ceguera.
Y para volver a abrir los ojos es menester hacerse niños. Esto no es un condicionante que nos conduce a páramos de ingenuidad, a neutros e inocuos paisajes naif.
Hacerse niños es volver a descubrirnos frágiles y dependientes -hasta el más bravo, hasta la más entera-, y que a pesar de ello todo lo podemos desde ese Dios que es un Padre y es una Madre también.

La realidad se transformará para nosotros cuando, como niños, recuperemos una jubilosa capacidad de asombrarnos por la vida que se nos ha regalado, por todos los dones que de continuo se nos ofrecen, por los mensajeros de eternidad que están entre nosotros, porque con todo y a pesar de todo las fuerzas del bien -los ángeles- no podrán retroceder.
No estamos solos, jamás lo estaremos, la mano bondadosa del Dios de la Vida estará siempre aquí, por delante abriendo caminos, a nuestro costado para ir acompañados, detrás nuestro cuidándonos las espaldas en cada uno de los instantes de nuestras existencias)

Paz y Bien

Mensajeros erróneos



Para el día de hoy (01/10/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 51-56



(El Evangelio para el día de hoy es claro y taxativo: Jesús de Nazareth se encamina hacia Jerusalem de manera decidida. Es una decisión incoercible a pesar de saber que en su horizonte inmediato sólo hay sombras de violencia, de desprecio, de sufrimientos espantosos, la voracidad de la cruz y el rechazo explícito de los suyos. 
Se trata de un viaje sin retorno signado por su entera fidelidad al Reino y el amor a su Padre que se expresa en sus hermanos, un amor tan grande que ha de transformar las tinieblas del Calvario en fuente inagotable de luz resucitada.

El Maestro envía mensajeros por delante de Él: se trata de preparar alojamiento, y es mucho más que un sitio para descansar y recobrarse de las inclemencias del camino. Se trata de abrir recintos en donde ese Cristo sea recibido, encuentre sitio en los hogares y en los corazones bien dispuestos.
Los mensajeros no deberían tener demasiados problemas, pues lo que cuenta es quien los envía y el mensaje que portan.

Sin embargo, el destino de esa pequeña misión es un pueblo samaritano, y los problemas comienzan.
Samaritanos y judíos se odiaban fervorosamente, en tren de muto y militante desprecio. Y a pesar de que el rabbí ha dado abundantes muestras de que a nadie rechaza a la hora de sanar, de hacer el bien, en la aldea de Samaría Jesús es rechazado. No lo reciben con el argumento aparente de que se encamina a Jerusalem.

El problema implícito en el rechazo radica en los mensajeros, y las razones son obvias: si los samaritanos, con su enfrentamiento encendido con el mundo judío, hubieran sabido que Jesús de Nazareth iba a Jerusalem a enfrentarse abiertamente y sin dudarlo al Sanedrín y a los poderes religiosos y políticos de Israel, no sólo lo hubieran alojado, sino que muy probablemente hubieran celebrado una fiesta en su honor. 
Aún así, no lo aceptan y lo rechazan.
Sin lugar a dudas, esos mensajeros han creado una caricatura del Maestro que nada tiene que ver con su misión, con esa misión por la que ofrecerá su vida. Son mensajeros erróneos no tanto por equivocarse doctrinalmente, sino por no aceptar en las honduras de sus corazones que este Mesías no se adapta para anda a lo que de Él esperan. No es un Mesías glorioso, en tren de victoria, caudillo y rey de un Israel que se impondrá por la fuerza a sus enemigos.
Este Mesías es príncipe de paz y rey de reyes desde la mansedumbre y el servicio, y a nadie excluye. Como su Padre -que sólo mira y vé hijas e hijos- Él sólo quiere encontrar hermanas y hermanos.

Esos mensajeros han portado un mensaje equivocado, pues antepusieron sus intereses personales a la importancia de lo que anunciaban.
No estamos demasiado lejos, y ante resultados infructuosos, también se suele reaccionar del mismo modo que los hijos de Zebedeo, con violencia instantánea que suprima y haga desaparecer a los réprobos, a los infieles, a los distintos, todo ello muy lejos de ese Dios que se desvive por todas sus hijas e hijos, un Dios capaz de soportar todos los escarnios, las humillaciones y de morirse en una cruz para que nadie más muera, para que no haya más víctimas ni crucificados)

Paz y Bien

Niños sagrados



Para el día de hoy (30/09/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 46-50


(En las culturas semíticas del siglo I, los niños eran considerados los más bajos en la escala social, en el mismo plano que los esclavos: carecían de derecho alguno, y estaban clasificados como hombres incompletos, apenas humanos, carentes de importncia y significado.

Es por ello que Jesús de Nazareth realiza una declaración plena de simbolismo y significación: al poner a un niño a su lado y sus palabras declaran que Dios se identifica plenamente con lo humano, y en lo humano especialmente con lo más pequeño. 
Es una inversión de todos los parámetros religiosos: al Creador del Universo ya no se le imagina en una trascendencia inmarcesible, de imposible acceso en su lejanía, y cuya voluntad se maneja mediante específicos actos cultuales de piedad. Al Dios de Jesús de Nazareth se lo encuentra, reconoce y recibe en lo humano mínimo y sin ornas, lo humano despojado de cualquier rótulo y ambición, esa humanidad que, aunque nos cueste reconocerlo, nos es común a todos. Ésa, precisamente, es la religión primera, la religión del amor y del cuidado, la que protege a los débiles, a los que no pueden defenderse y en todo dependen de los demás.
Más allá de cualquier mayéutica romántica, es clave de lectura de la Buena Noticia y es ética de trascendencia. Dios es Jesús y Jesús es Dios y Jesús resplandece allí en donde presuponemos, en nuestros mezquinos parámetros, que nada sucede ni acontece.

El Dios del Universo, por su misma esencia amorosa, quiso quedarse para siempre entre nosotros, hijas e hijos. Y para ello busco el camino del silencio y la pequeñez, un niño pequeño y santo en brazos de su Madre por e que todos los niños se vuelven sagrados, sagrados por el Dios que se ha hecho uno de ellos, sagrados por su Rostro que resplandece en cada uno de ellos.

Entre nosotros y con toda razón, florecen las acciones y los movimientos pro-vida. Está más que bien y es imprescindible promover y proteger la vida desde el mismo comienzo y durante toda la existencia. Lo triste y lamentable es que con nutrida frecuencia, esas posturas se autolimitan a la queja justa acerca del aborto, pero ignoran y olvidan al niño que viene después, al niño que debemos criar, educar, alimentar y proteger de tantos peligros.
Todos los niños son sagrados, y los poderes humanos quizás se legitimen en la importancia, en los cuidados y el servicio que brinden a la infancia)

Paz y Bien


El nombre ausente




Para el día de hoy (29/09/13):  
Evangelio según San Lucas 16, 19-31



(Jesús de Nazareth había declarado y revelado que no podía ser esclavo de dos señores, es decir, que no se podía servir a Dios y al dinero, y era mucho más que una simple postura declamativa: era y es uno de las facetas primordiales de su Dios, ese Dios Abba tan asombroso y distinto al que pregonaba la religión oficial.
Ello le hubo de valer por un lado el repudio teológico de la ortodoxia más severa, pero a la vez la burla despreciativa de la secta farisea.
Estos hombres -todos ellos, sin lugar a dudas, muy devotos y piadosos- consideraban al bienestar, la prosperidad y la riqueza como consecuencia directa de la bendición divina, del favor de Dios. Esta postura implica, de suyo, una cosmovisión y una ética complicadas, pues entonces puede deducirse que para ese Dios de los fariseos, algunos han de ser benditos con la riqueza y el dinero y otros, castigados con la pobreza y la miseria, o sea, un Dios proveedor habitual de lujos y de necesidades a menudo extremas, un Dios causante primordial de todas las injusticias, los desequilibrios y las desigualdades. De allí que el Evangelista afirme que los fariseos eran amigos del dinero, pues veían en él la bendición de ese Dios al que se aferraban.

Sin embargo, Jesús de Nazareth revela el rostro de un Dios que es amor, que es Padre, que es causa y fundamento de la fraternidad, y que hace florecer misericordia y justicia, y por ello la contundencia de esta parábola.
El rico que el Maestro describe no es un malvado convencional, ni aparenta se el causante directo de opresión y de dolor. Este hombre sobreabunda en fastos, tanto en su apariencia exterior -una carísima túnica púrpura- y en su interior -un lino tan fino como oneroso-. Y su mesa no es sitio para encuentro, para alimentarse, para compartir. Su mesa es restricto espacio del banquete continuo, del despilfarro torpe y suntuoso.

Aún así, a las puertas de su residencia apenas sobrevive un hombre pobre, sumido en la miseria. Parece estar desnudo excepto por las llagas que recubren su cuerpo. No tiene otras ansias que las de poder mitigar algo del hambre que lo atenaza con las sobras que eventualmente puedan caer de la mesa del rico, parece no tener siquiera una tapera escasa -ha hecho de ese portal un refugio- y hasta se le hace esquiva la compañía de otras gentes. Por ello es que sólo los perros, símbolo semítico de la impureza, lamen sus llagas.
Ese hombre es invisible para la indiferencia del rico. Podrá sufrir y morirse a su puerta que seguirá siendo anónimo, un nadie, alguien que no cuenta.
Pero ese hombre tiene un nombre para Jesús de Nazareth, ese hombre se llama Lázaro -Dios ayuda-. Ese hombre -cada hombre, cada mujer- cuentan para Dios, todos tenemos un nombre que nos vuelve únicos y valiosos.

La muerte pasa por ambos, y Lázaro vive la plenitud eterna de Dios -el seno de Abraham- mientras que el rico innominado ha caído en un abismo de sufrimiento. En ese pozo, el rico pide a Abraham que Lázaro le acerque algo de alivio y, a la vez, sirva de advertencia para sus parientes aún vivos, pero ello no ha de ser posible, pues entre ambos se ha trazado un abismo infranqueable.

Ese rico en toda la parábola carece de identificación. Su nombre brilla por su ausencia. Ese hombre se reconoce y se resuelve su identidad en los vanos lujos a los que se aferra, y en su rostro que se desdibuja a cada instante que ignora al que sufre a su puerta. 
Ese hombre sólo reconoce cuestiones de dinero, pero desconoce a su prójimo. Ese hombre ha trazado puntillosamente un abismo de inhumanidad que es infranqueable.

Porque el más allá se decide y edifica en el más acá. Desgraciadamente, seguimos siendo cultores tenaces de los sacrificios humanos, a pesar de la repulsión aparente que esto nos cause.
Porque en el ara del egoísmo sacrificamos al prójimo como si fuera una cosa, algo descartable, algo que no cuenta, no alguien con nombre tan amado por Dios como el que más.

Más allá de cualquier razón ideológica o profundo análisis exegético o religioso, quizás la justicia comience cuando nuestros corazones se vuelvan vulnerables al dolor de aquellos que agonizan a nuestras puertas, tantas y tantos Lázaros de la negación y los olvidos, Lázaros amadísimos por ese Dios que en ellos se identifica y resplandece. Sólo desde allí podremos recuperar nuestros nombres ausentes)

Paz y Bien




Vía Dolorosa



Para el día de hoy (28/09/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 43b-45


(La Vía Dolorosa es el recorrido que se atribuye, históricamente, a las estrechas calles de Jerusalem en la Ciudad Vieja por donde la tradición narra que Cristo cargó la cruz hacia el Calvario, sitio final de la Pasión y su Crucifixión. En base a ello, la Iglesia ha establecido desde hace muchos años el Vía Crucis -camino de la cruz- como momento de reflexión y oración, en quince estaciones, de los sufrimientos y el sacrificio del Maestro.

Pero más que un puntual recorrido físico o geográfico, la Vía Dolorosa es un itinerario espiritual de Jesús de Nazareth. 
En el culmen de su fama, con todos los favores del pueblo tras Él, con las esperanzas de las gentes depositadas en su persona, a los suyos -a los verdaderamente cercanos, es decir, a los que comparten su existencia y enseñanza- les revela con crudeza que no es el Mesías que todos esperan. Es bien distinto, opuesto, un espanto y un escándalo que, por cierto, no pueden llegar a abarcar ni a comprender. 

La Vía Dolorosa de Jesús no se realiza solamente por callejuelas de Jerusalem, sino que comienza mucho antes, en la soledad de la incomprensión y el rechazo, en esa violencia que deviene inevitable. Inevitable no por circunstancias imposibles de torcer, sino por la fidelidad total al proyecto y al amor de su Dios Abba, su Padre.

En sus hombros cargará los estigmas de los excluidos, los impuros, los pecadores y los enfermos a los que se acerca, toca, abraza, levanta. En sus hombros porta los odios enconados de los poderosos. Sus espaldas se arquean por el reniego de los discípulos, que no admitirían hasta la Resurrección a un Mesías pobre y ajeno a las glorias mundanas, un epítome del fracaso, un ejemplo exacto de todas las derrotas.

Y esa Vía Dolorosa, quizás, se prolongue mientras nosotros, como hermanos suyos en esta familia-Iglesia, no reneguemos alegre y abiertamente de cualquier idolatría falaz de éxitos y victorias, mientras sigamos siendo sustento -involuntario y a veces no tanto- de pompas y poderes que se imponen, mientras no abracemos la misericordia, mientras consideremos la existencia como propiedad absolutamente privada y nó como ofrenda en nuestras manos para la vida y la libertad de los que amamos)

Paz y Bien

Hasta la cruz



Para el día de hoy (27/09/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 18-22



(Jesús de Nazareth no pasaba inadvertido: su personalidad, sus acciones hacia los dolientes, los excluidos y los pobres, su modo nuevo y único de enseñar, su capacidad de leer lo que se inscribe en las honduras de los corazones.

Así entonces Herodes se preocupaba por ese rabbí de fama creciente, celoso y con temor de una pérdida de poder. 
Así también las gentes depositaban en el Maestro sus ansias primordiales y sus necesidades más profundas, que era Elías resucitado, que era un antiguo profeta que regresaba, que era un taumaturgo, que era un nuevo caudillo para Israel pensaban los zelotas.

Por entre los discípulos, Pedro toma la palabra y hace una afirmación contundente: ese Jesús es el Mesías de Dios.
Pedro está iluminado por el Espíritu, pero a su vez expresa la fé de la comunidad. Porque la fé es don y misterio, es personal, pero a su vez florece siempre con la fuerza de la verdad dentro de una comunidad.

Sin embargo, no basta. Pedro aún vé todo a través de su propio prisma acotado, es decir, él ansía y espera un Mesías victorioso que restaure la antigua gloria de Israel, que derrote a sus enemigos, que reine con igual o más poder que David y Salomón.

Por ello mismo Jesús de Nazareth, de manera terminante, hace que se calle.
Porque este Mesías no se adapta a los esquemas convencionales, y la Salvación será explicitada y ratificada a través de la Pasión y la Resurrección.

La Salvación pasa por la aceptación de la cruz, del amor mayor, de la vida ofrecida, de la derrota aparente que es victoria mansa sobre la muerte, que es atreverse a morir para que no haya más crucificados ni para que campee la violencia.

Los discípulos hemos de hacer propio el himno eterno del Crucificado)

Paz y Bien

 

Mucho más que cualquier retrato



Para el día de hoy (26/09/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 7-9



(Las discusiones persistían.Que el rabbí galileo era Elías, augurando las ansias del fin mesiánico de los tiempos. Que era un antiguo profeta redivivo, pura fuerza liberadora para el Israel sometido. Que era el Bautista ajusticiado recientemente, que hacía resonar su voz fuerte nuevamente.

Las gentes depositaban en ese nazareno sus esperanzas y frustraciones.

No era ajeno a ello el mismo Herodes, tetrarca de Galilea, aunque su inquietud pasaba por otro lado. Es que el brutal reyezuelo era muy supersticioso, y esa tendencia combinada con su voracidad por el poder es una mixtura malsana.
Así como las gentes querían adaptar a Jesús de Nazareth a sus propios esquemas y retratos, Herodes -e cierto modo- también, y su interés en conocerlo y verle no es inocente ni responde a un genuino ansia de conocimiento. Cuando los poderosos tienen esos intereses, no está de más preocuparse, porque todo ello responde a celos por el poder, y por ese poder serán capaces de cualquier cosa, por inhumana que fuera.
En el horizonte de Cristo comienzan a juntarse nubes oscuras.

Siempre se trata de lo mismo. Ese Cristo jamás terminará de adaptarse o encuadrar en nuestros retratos personales o comunitarios. Él está mucho más allá de cualquier molde o preconcepto, y maravillosamente rompe esas fotografías pálidas, y no dejará de sorprendernos. También se escapa a cualquier manipulación miserable o mezquina que se intente.

Porque la Buena Noticia no puede ser acotada, alambrada, maquillada con intereses escasos. La Buena Noticia son esos vinos abundantes de las bodas en Caná, el pan que no se agota, los peces que sobreabundan, el tesoro desbordante de la Gracia.

Siempre estamos a tiempo de recuperarnos en sanos asombros. Y nos debemos el permitirnos ver en plenitud el rostro de Aquél que jamás nos abandona)

Paz y Bien

Todos los rumbos



Para el día de hoy (25/09/13):  
Evangelio según San Lucas 9, 1-6


(El envío que el Maestro hace de los suyos es universal. A todas las naciones y más aún, a toda la humanidad.
La misión no tiene un mapa excluyente. Sin embargo, tiene sí una geografía preferencial.
Esa geografía es la geografía de los corazones.

Porque es en las honduras cordiales en donde se afincan los demonios del egoísmo y la soberbia, el yo primero, del olvido del hermano, del reniego del nosotros, de la obstinación en no querer ver ni escuchar, y esa resignación tan terrible.

A partir de esos reductos oscuros se constituyen los exilios, las periferias, los lugares intransitables y prohibitivos, sitios sombríos en donde a duras penas se sobrevive y en donde la humanidad desciende varios escalones.

Con todo el poder del amor, con la fuerza de la Gracia, todo es posible. No hay lugar para el no se puede.
Y hay que confiar en Aquél que siempre vá con nosotros, por delante abriendo caminos, a nuestro lado compañero fiel, detrás nuestro para no quedarnos y para cuidarnos las espaldas.

Por eso no son importantes las cosas, los equipamientos, las previsiones extremas.

Lo que cuenta y decide es la confianza, la esperanza, la perseverancia, y se expresa en fraternidad, en solidaridad, en salud recobrada que se comparte, en libertad que se celebra y vida nueva que se festeja.

A todos los rumbos, hacia allí vamos)

Paz y Bien

María de la Merced, María de la Libertad



Nuestra Señora de la Merced

Para el día de hoy (24/09/13):  
Evangelio según San Juan 19, 25-27




(¿Quien lo hubiera pensado? Sólo en los amorosos sueños insondables de Dios podría suceder.
Ella es apenas una muchachita campesina -una niña- de aldea ignota, una desconocida, una nadie, casi invisible para todos menos para Aquél que la amaba desde toda la eternidad.

Era tal la desmesura de ese Dios enamorado que la trata con una delicadeza inaudita y le pide permiso.
De su Sí dependerá la suerte misma del universo, de su Sí y su confianza se iniciará el camino del regreso a la vida plena, a la vida que no se termina. En las honduras de su ser se crece el Salvador de toda la humanidad, el que recreará a puro amor a toda la creación.
La Salvación tiene un rostro bien definido de mujer.

Ella es la que corre presurosa, madre en ciernes de pies descalzos, allí en donde hay una necesidad, en donde se requiere una mano amiga, un abrazo solidario, un auxilio incondicional.
Ella es la que no se contiene, y canta con voz firme al Dios de Gracia y la bondad que se ofrece a los que no cuentan, a los más pequeños, a los que son como Ella misma, invisibles pero de corazón grande, Dios que es roca firme en sus promesas invariablemente cumplidas, Dios siempre fiel, el Dios que se desvive por los humildes y levanta a los caídos, el que no vacila en derribar a los poderosos de sus tronos, el Dios de la mesa grande siempre dispuesta para los hambrientos.

En la mirada de María de Nazareth adivinamos la mirada de Jesús. En donde está la Madre, encontramos al Hijo, y con Ella, a pesar de todas las cruces más dolorosas, cobijamos pecho adentro lo que aún no comprendemos para que nos germine, para que la verdad se expanda, para que haya fiesta grande allá y aquí por cada cadena que se rompe, fiesta de liberación, esperanza que se reza para que no persista ninguna cautividad.

María al pié de la cruz, María del vino bueno y nuevo que nos anda faltando, María Madre, hermana, amiga, compañera de todos nuestros caminos, María de la Libertad que es menester procurar a cada instante y conquistar a fuerza de servicio y de vidas ofrecidas.

Para ser redentores con el Hijo en un mundo plagado de opresiones.
Para todas mis hermanas y hermanos mercedarios, Feliz día de la Madre)

Paz y Bien






Una lámpara que no se esconde




Para el día de hoy (23/09/13):  
Evangelio según San Lucas 8, 16-18


(En los tiempos del ministerio de Jesús de Nazareth, la vida nocturna de las familias, especialmente las más pobres, estaba irremediablemente acotada. Al caer el sol y llegar la oscuridad, sólo quedaba el recurso de velas -prácticamente inaccesibles- o de lámparas de aceite, las que eran en su gran medida prohibitivas por el elevado valor del aceite. Por ello, si en una vivienda familiar se prolongaba el día encendiendo una lámpara, había de colocarse en un sitio alto del monoambiente familiar para que todos fueran alcanzados por el resplandor y se beneficien con la luz de esa pequeña lámpara.

No ha de ser muy distinta la Evangelización.

Somos pequeñas lámparas de barro, casi insignificantes, pero portamos un tesoro invaluable que tiene destino de bien común, de luz para toda la familia humana. No se esconde esta luz, no se tapa, no se minimiza, especialmente porque no nos pertenece y porque muchos dependen de ella. 
La luz no es para unos pocos, ni tampoco ha de ocultarse escapando de todos los miedos.
Ha de ser bien visible para todos, y quizás el mejor modo de expresarla sea con gestos y acciones, a menudo de compasión silenciosa, un silencio que es más fuerte que cualquier estruendo.

Porque en la ilógica del Reino, este tesoro se multiplica cuando se lo comparte, y se pierde si no se dá.

Habrá que andar pues, hambrientos de luz)

Paz y Bien

Administradores infieles de la Gracia de Dios



Para el día de hoy (22/09/13):  
Evangelio según San Lucas 16, 1-13



(El Evangelio para el día de hoy es un texto para leer y reflexionar con especial detenimiento y cuidado. Es un texto escandaloso para propios y ajenos.

Ese administrador infiel al que se le exige rendición de cuentas, sinceramente, es un limitado ingenuo en comparación con los obscenos casos de corrupción que conocemos a diario y que nos lastiman y nos ofenden, y probablemente el Maestro se ha valido de un caso similar conocido en aquel entonces para dejar su enseñanza. Porque siempre, hasta de los hechos más tenebrosos, se pueden aprender algo, y se pueden encender luces, y podemos encontrar puertas abiertas hacia el reino de Dios.

El gran tema planteado es el dinero, y quizás una lectura demasiado rápida y superficial nos haga aferrar a una limitada definición acerca del dinero injusto: de suyo, ello implicaría -así, de un modo superficial- que también hay un dinero justo.
Nada de eso.
El dinero hace rato que ha dejado de tener un carácter meramente instrumental, y es un brutal paridor de esclavos, dispensador de miserias, núcleo de un pseudocielo -el mercado- que sólo realiza una torpe imitación de los verdaderos bienes, los que no perecen y que sólo se adquieren desde un corazón humilde y pobre. Por eso se ha deificado al dinero, por eso o nos decidimos servir al Dios de la libertad y la vida, Dios Abba de nuestro Señor Jesucristo o nos volvemos dóciles siervos del ídolo falaz de las monedas y los billetes, de los números electrónicos que reniegan abiertamente del trabajo, de la salud, de la educación. Y si no hay ruptura, hay derrumbe de almas.

Y es menester rescatar en las profundidades de la enseñanza del Maestro la desmesura de la Gracia.
Frente al criterio de absolutismo pragmático y de mercantilismo militante, hemos de administrar la Gracia, la bondad y la solidaridad con esa impracticidad y esa maravillosa ilógica del amor y la compasión que hace amigos, redescubre hermanos, se acerca al prójimo y, por sobre todo, crea familia grande, administradores infieles a cualquier inhumanidad, fieles perpetuos en los pequeños gestos que nos humanizan)

Paz y Bien

Mateo, o el elogio a todas las críticas




Para el día de hoy (21/09/13):  
Evangelio según San Mateo 9, 9-13


(No era gentes muy apreciadas los llamados publicanos. Más bien, todo lo contrario: eran subcontratados entre los paisanos de los países vasallos de Roma por los recaudadores oficiales de impuestos, los gravosos tributos que debían pagarse a la potencia ocupante, por lo general a costa de la miseria de los más pobres. Estos publicanos, a menudo, aprovechaban su posición para prácticas extorsivas y corruptas, de modo tal que en sus funciones solían amasar pingües fortunas personales. Por ello, por su sumisión a los opresores de Israel, por su contacto con los paganos y por su inclemencia para con los suyos eran profusamente odiados, a tal punto de ser considerados impuros de toda impureza, en la misma categoría moral pecadora de las prostitutas. Nadie quería juntarse con ellos.

Sin embargo, este Cristo que pasa junto a este publicano Mateo, inesperada y asombrosamente lo invita a seguirlo. Tal es lo que el encuentro suscita, que Mateo deja atrás su mesa recaudatoria, sus prácticas corruptas y opresivas, el que dirán, y su pasado. Ese rabbí galileo le ha abierto la puerta a una vida nueva, re-creada. Y como si eso no bastara, el Maestro comparte la mesa con varios otros publicanos más.

A diferencia de los otros Evangelios sinópticos, en donde se lo menta como Leví, en la Palabra para el día de hoy al publicano se lo reconoce por su nombre Mateo, y no es una expresión casual ni coyuntural: literalmente, Mateo significa don o regalo de Dios, y el nombre es signo y símbolo.
El publicano, el perdido, el extraviado, es el don de Dios para que la comunidad -cuerpo vivo de Cristo- se transforme en señal de auxilio y salvación para toda la humanidad, comenzando con los perdidos, los desechados, los que nadie quiere, con luz de compasión y misericordia.

Es claro que de un modo casi automático, los fariseos expresan su repudio y desconcierto, aún cuando lo hagan con buenos modos. Para estas almas severas y puntillosas, que se erigen en jueces exactos de sus hermanos, no hay un Cristo posible que se encuadre en sus parámetros.

Por eso, cada vez que la Iglesia florezca en compasión y se crezca en misericordia y servicio, es dable y razonable que arrecien tormentas de críticas en variadas formas.
Benditos sean esos momentos, signos ciertos de la fidelidad a la Buena Noticia, moleste a quien le moleste)

Paz y Bien

Jesús de Nazareth y las mujeres




Para el día de hoy (20/09/13):  
Evangelio según San Lucas 8, 1-3



(Las pocas líneas del Evangelio para el día de hoy pueden parecernos meramente anecdóticas o escasas en una coyuntura puntual. Y sin embargo, propician y significan un ambiente de profunda ruptura.

En el siglo I, y más específicamente en las culturas semíticas del Mediterráneo, las mujeres tenían un status religioso, legal, social y cultural muy inferior respecto del varón: lo poco que pudiera estar a su favor provendría de aquello que el varón le concediera, su padre, su esposo o su hijo mayor en el caso de viudez. Hasta las mismas normas de la Ley así lo establecían.
En cierto modo, ello implicaba cierta misoginia y una consideración degradante de la mujer, especialmente en el ámbito religioso, un sesgo que dolorosamente perdura hasta nuestros días.

Así entonces, por ese preconcepto menoscabante a María de Magdala se la consideró tradicionalmente como una prostituta conversa, cuando no hay ningún indicador exegético que nos lleve a inferir ello, y esa conclusión tiene la oculta intencionalidad de hacerla extensiva, esa cualificación, hacia todo lo femenino.
Lamentablemente, en nuestros días -y a causa de ese sojuzgamiento- nos hemos ido hacia el otro extremo, en la profusa militancia del género como ideología.

Ni una ni la otra tienen que ver con la Buena Noticia, y es el mismo Jesús a través de todo su ministerio el que transmite una verdad que, de tan sencilla y fundante, la solemos pasar por alto: su Dios Abba ama sin medida y por igual a todas sus hijas e hijos, y no hace diferencia de géneros.
Por ello lo que declara el Evangelista es revolucionario: junto a los discípulos, iban con el Maestro varias mujeres en la plenitud de su decisión de seguir los pasos de Jesús.
Una María de Magdala liberada su alma de siete demonios, es decir, una vida humana plena y libre.
Una Juana, esposa de Cusa -procurador de Herodes- que no se amilana por la barrera ideológica y de manifiesta enemistad, y se abre caminos tras Él.
Una Susana, que ha descubierto el tesoro escondido del Reino y, al igual que sus hermanos discípulos, ha dejado todo y lo ha puesto al servicio de esa Buena Noticia que se viene creciendo.

Por ello llamarán mujeriego a este Cristo de la bondad y la fraternidad: porque son sus hermanas y hermanos, porque nadie es más ni menos que nadie...y muy probablemente, porque su Madre ha tenido muchísimo que ver en el plan de Salvación de ese Dios que se ha hecho historia entre nosotros)

Paz y Bien


Mesa de Cristo, mesa de agradecidos




Para el día de hoy (19/09/13):  
Evangelio según San Lucas 7, 36-50


(Las mesas de Jesús de Nazareth, vistas de una manera simple y superficial, pueden resultarnos harto confusas. Pues se sentaba con gusto a comer con publicanos -denostados por la gran mayoría del pueblo-, con sus amigos, en una gran mesa en donde el pan y los peces se multiplican a favor de esa multitud hambrienta, y también gustaba de compartir la mesa con aquellos que habitualmente lo censuraban y lo despreciaban, los mismos que se convertirían en sus enemigos mortales.

Así sucede en la mesa que nos plantea el Evangelio para el día de hoy. El Maestro es invitado a cenar a a casa de un fariseo importante, un tal Simeón, el cual lo convida en parte por esa tenacidad censora, en parte por darse renombre al invitar a ese afamado taumaturgo y también quizás, por una curiosidad natural para saber de primera mano qué dice y que enseña el rabbí galileo.

Sin embargo, y a pesar de que Jesús es tratado con cortesía y cierto respeto aparente, es una mesa muy angosta y bastante ajena a las cosas del Reino de su Padre.
En plena cena, una mujer de la ciudad famosa por sus pecados públicos, conociendo la presencia del Señor en esa cena, irrumpe en el recinto, se arroja a sus pies cansados y plena de llanto, los lava, los seca con sus cabellos y los unge con perfume.
Es mucho más que un gesto de ternura y delicadeza.

En la Palestina del siglo I, el lavado de pies y su unción con perfume era una tarea exclusiva de los esclavos, además de ser un gesto constante e impostergable de hospitalidad. Por otra parte, aquellos a los que se conocían sus pecados -especialmente los de índole moral y pública- eran considerados impuros y, por lo tanto, indignos de participar en la vida comunitaria; más aún, quien estuviera en contacto con un impuro, a su vez, adquiriría ese estado de impureza y, por ello, de ostracismo.

Así entonces esa mujer tenía todo en su contra. Ser mujer, es decir, un ser inferior sujeto a los caprichos del varón; ser pecadora y para colmo, pecadora pública: ostracismo social y religioso y la censura moral, el ser señalada por las calles. Alguien quizás pueda inferir aquí que, de algún modo, ella debía afrontar esas consecuencias porque se lo había buscado. Pero eso poco tiene de compasión, y nada de las cosas del Reino. 
Por ello mismo el Maestro no se niega a lo hace esa mujer, porque nadie como Él para leer lo que se inscribe y florece en las honduras de los corazones, y por ello mismo surgirá la sorda crítica de Simeón, que repudia no sólo a la mujer, sino a la mansa aceptación de Jesús.

En realidad, no hay una seria discusión de ortodoxia o heterodoxia. Lo que está en el centro es el perdón y la gratitud.

Porque para Simeón, el perdón se obtiene mediante actos piadosos prefijados, en una espiritualidad de trueque, corazones comercialistas que pretenden, a través del cumplimiento de los preceptos, la obtención del favor divino.
Pero es el tiempo de la Gracia, el año interminable de la Misericordia.
El Dios de Jesús de Nazareth es un Padre que brinda su amor sin límites ni condiciones porque ama sin medidas a todas sus hijas e hijos, un Padre que nos quiere, una Madre que nos cuida.
Perdón y liberación son flores perpetuas y maravillosamente desproporcionadas con nuestras mezquindades. Porque el amor que Dios nos tiene es incondicional, y esa mujer, sepultada por sus miserias propias y por la condena social y religiosa, ha descubierto esa bondad infinita, y desde esa confianza, desde esa vida renovada -resucitada- agradece en lágrimas de alegría en la persona del Maestro.

Tal vez la mesa de Cristo -mesa grande, inmensa, con sitio para todos- que solemos llamar Iglesia, sea una reunión de mujeres y hombres agradecidos, cuya gratitud es producto y fruto de saberse y reconocerse amados y perdonados)

Paz y Bien



 

Parecidos y falacias




Para el día de hoy (18/09/13):  
Evangelio según San Lucas 7, 31-35




(Jesús de Nazareth es un observador estupendo, capaz de entrever siempre lo que hay de profundo más allá de las apariencias, y lo que puede servirle de aprendizaje y al mismo tiempo de enseñanza a partir de la cotidianeidad. Así entonces, posando su mirada sobre los juegos de unos niños, dirige su explícito reproche contra los dirigentes religiosos de Israel, y sus palabras son pura profecía que atraviesan los tiempos.

Porque esos hombres, ocultos tras máscaras de piedad y heterodoxia, sólo son parecidos a hombres religiosos, pero su actitud es desoladoramente falaz, que induce y produce confusión y error. Se creen infinitamente mejores que el resto del pueblo y por ende por sobre ellos, y simultáneamente cualquier testimonio viviente que provenga de Dios y se exprese en hombres santos es despreciado, repudiado y hacen lo que sea para acallarlo.
Así entonces, al Bautista, en su ascética integridad de profeta, lo tildaban de loco, antisocial y peligroso. Y luego de haberlo suprimido con corrupta violencia, surge el Maestro con su voz nueva, plena de Gracia y de Reino.
Para Él tienen otro rótulo: como Jesús gustaba de compartir la mesa, el pan y el vino con muchos, especialmente con los extraviados, con los excluidos, con los que nadie invita, lo tildan de borracho y de glotón, amigo de publicano y de pecadores.Hoy sería acusado de amigo de divorciados, de marxistas, de homosexuales, de adictos, de ateos, de cualquier persona calificada como impresentable, aquellos que son desechos sociales, que estas crueles ciudades en las que vivimos escupen y desprecian como residuo menos que humano.

Nada les/nos conformaba, porque ese Mesías no encaja en sus esquemas predeterminados, porque ese Cristo siempre es más y dá más, muchísimo más de nuestras tristes y limitadas expectativas.

Por esos las voces de las profetisas y los profetas que el Espíritu suscita entre nosotros han de ser escuchadas. Abuelas santas, profetas de barrio, obreros solidarios, niños de mirada transparente, amas de casa florecientes de la justicia que tan a menudo olvidamos, apóstoles de la sonrisa, mensajeros de la cortesía, discípulos tenaces de todo servicio que hacen de esta vida un vino bueno y santo para brindar entre todos)

Paz y Bien

De la vida como triste cortejo de resignación



Para el día de hoy (17/09/13):  
Evangelio según San Lucas 7, 11-17


(En los hechos que nos manifiesta el Evangelio para el día de hoy, el Maestro se encuentra con un cortejo que se encamina al cementerio a depositar en la tierra su triste ofrenda mortuoria.
Sin embargo, en realidad son dos los muertos y varios más los moribundos.

Esa mujer, viuda ella, ha perdido a su hijo único. La luz de sus ojos ha muerto, y ya no tiene demasiado sentido seguir viviendo. Además, por el simple hecho de ser mujer carece de derechos legales y religiosos: la poca justicia a la que pueda acceder, así como el sustento y la protección provienen de los varones, primero de su esposo y luego de su hijo. Así, con un implacable tristeza a cuestas, esa mujer está tan muerta como ese hijo que el grupo lleva en el ataúd, y al que la muerte ha arrancado de una vida plena, de amores y familia, árbol joven talado sin hesitar.

Ellos son los dos muertos, y a uno lo llevan al depósito de cuerpos en desecho, el cementerio, con mucho cuidado de lo que tocan, toda vez que la muerte es causa absoluta de impurificación y, por tanto, de segregación comunitaria.. La otra, la viuda, ya han asumido que se irá apagando pues la muerte ya se le ha afincado en su minúscula existencia de mujer excluida.

A la vez, los integrantes del cortejo son, en cierto modo, una multitud de moribundos que le hacen coro al dolor. Ellos no alivian las penas ni brindan su consuelo, ellos se han resignado ante lo que parece inevitable, ellos se rinden a lo impuesto porque les han enseñado que las cosas son así y nó de otra forma. Para ellos una lápida es la puntada final de esta mortaja que llamamos existencia.

Así solemos pasar por la vida, como un triste cortejo resignado, doblegados por todos los imposibles que nos hemos enclavado a lo largo de los días.

Sin embargo, como aquella vez nos vuelve a salir al paso Jesús de Nazareth con su santa irreverencia, con su asombrosa esperanza, con su inmensa y entrañable ternura que ante todo, aplaca esas lágrimas que ahogan, y sana esos ojos que sólo saben de llantos y no de amaneceres nuevos.

Y a todo se atreve.

Aunque esté establecido que está mal, que no se debe, que debes aguantarte las consecuencias, el se acerca allí en donde la muerte campea para que se despierte lo muerto, para que nos resucite la esperanza, para rehacernos en la mirada amplia con el corazón grande porque con la Gracia todo se puede.
La voz fuerte de Cristo nos sacude las fieras modorras para que volvamos, día a día, instante a instante, a despertarnos erguidos, íntegros y dignos a una vida plena)

Paz y Bien


Cristianos desconocidos, creyentes innominados



Para el día de hoy (16/09/13):  
Evangelio según San Lucas 7, 1-10


(A lo largo de los Evangelios, podemos rastrear toda una geografía -perfectamente trazable- que se corresponde con el ministerio y predicación misioneras de Jesús de Nazareth, y es menester prestar especial atención a su contenido simbólico, por todo lo que nos revela, por las ventanas que se nos abren. 
Así entonces, en esa geografía podemos intuir senderos de Salvación que el Dios de la Vida nos regala, una geografía de la Salvación.

En el Evangelio para el día de hoy nos situamos en Cafarnaúm, plena Galilea. Esa Galilea, si bien parte de la tierra santa, era mirada con desconfianza religiosa por los sectores más ortodoxos de la fé de Israel, pues Galilea era zona de intercambio y comercio con extranjeros, y por lo mismo, muy pasible de contaminación con lo ajeno y distinto, considerando al extranjero como el epítome de la impureza. Socialmente, no era mejor su consideración: desde las colinas jerosolimitanas, los galileos eran observados con condescendiente desprecio, varios escalones por debajo de la escala social -nada bueno puede salir de Nazareth-, algo así como kelpers judíos a los que todo se le exige pero pocos derechos se les concede.

La gran señal es que Dios se ha despojado de todo para hacerse uno de nosotros, uno entre tantos, el insondable y asombroso misterio de la Encarnación de un Dios que elige hacerse compañero y hermano de los que no cuentan, de los marginales, de los que son despreciados y no son muy tenidos en cuenta, en la Nazareth de esa Galilea de la periferia.

Por otra parte, la escena acentúa más esa situación: el centurión era un oficial de la fuerza militar del imperio ocupante y opresor de la Tierra Santa. Es un extranjero, un pagano, un proscrito que puede despertar alguna que otra simpatía menor pero que lleva en sí el estigma de su condición y su obrar. 
No obstante ello, suplica por un servidor suyo -casi seguro un esclavo-, que por la postración provocada por su dolencia, también es un proscrito y un impuro a causa de su enfermedad. Es un proscrito que ruega por otro proscrito a ese rabbí galileo que a nadie rechaza y que tanto bien pasa haciendo.
Pero también sabe que entre ese hombre de Dios y él, un soldado romano, hay un abismo insalvable. Por ello le hace llegar a Jesús su súplica a través de terceros, por ello abiertamente confiesa que no es digno de recibir bajo su techo a ese Cristo, y allí mismo germina el milagro. 
Ese hombre confía, tiene su mente y su corazón encendidos de fé en el Maestro y en el poder de su Palabra, aún cuando él no sea parte de ese pueblo elegido.

Ese centurión es imagen de tantos cristianos desconocidos, de tantos creyentes innominados. Son los que rompen toda barrera impuesta y se juegan por los demás, que anteponen el dolor del otro a cualquier interés propio. Son los que saben que la bondad tiende puentes que hacen superar cualquier abismo. Son los que esperan contra toda esperanza, son los que aún sin ser parte, confían aunque no vean.
Son los que sin demasiados aspavientos hacen el bien a todos sin buscar el aplauso o la conveniencia, y a nosotros también muchos nos levantan a diario tantas sinagogas para reunirnos.)

Paz y Bien



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