Incomprensiones y desconocimientos

Para el día de hoy (10/12/11):
Evangelio según San Mateo 17, 10-13


(Es duro y hasta se nos hace contradictorio que en este tiempo de espera y de Niños se nos hable del martirio, del rechazo expreso y violento. Sin embargo, es crudamente real y es consecuencia directa de portar la luz de Dios allí en donde campea la oscuridad.

Jesús y los discípulos bajaban del monte Tabor: sus amigos habían visto allí mismo a su Maestro transfigurarse y conversar con Elías y con Moisés.

Sin embargo, están inquietos, quieren saber más acerca del probable regreso del profeta Elías. Él era muy cercano al sentimiento del pueblo de Israel, y una tradición de siglos indicaba que Elías regresaría para preparar la inminente llegada del Reino, restaurando las familias, sanando toda herida de odio y rencor mediante la reconciliación.
En esos tiempos de sometimiento al imperio, su figura se agigantaba pues las familias corrían el riesgo de ruptura y disolución, algo que para nada nos es ajeno en tiempos de crisis.
El dominio es posible y se facilita cuando la familia está ausente.

Por ello los discípulos preguntan: la enseñanza puntillosa de los doctores de la ley los confundía, pues sabían que Jesús es el Mesías...y aparentemente de Elías, ni noticias.
El Maestro despeja toda duda: Elías ya ha regresado y no han querido reconocerlo, aceptarlo ni comprenderlo. Era el Bautista del Jordan y el desierto, a quienes los poderosos menospreciaron, vilipendiaron y llevaron a la muerte, y no conforme con ello, seguirían en la misma línea de conducta realizando lo mismo con Jesús.

La misión de Jesús tiene continuidad con la del hijo de Isabel y Zacarías: Él también viene para reconstruir los tejidos quebrantados, para curar toda herida, para sanarnos de discordias y desconocimiento del prójimo.

Quizás por eso irrumpe humilde y silenciosamente en la historia en el seno de una familia pobre, revelando desde esa ternura que Dios es familia, que todos somos hermanos y que todos los niños, por ese Niño, son santos)

Paz y Bien



Confluencia de soberbias y egoísmos

Para el día de hoy (09/12/11):
Evangelio según San Mateo 11, 16-19


(El cuestionamiento de Jesús para con su generación es durísima, y es también dolorosamente veraz.

Estaban los que criticaban a Juan, hombre de Dios y del desierto y rechazaban de plano sus llamados a la conversión. Su vida austera, ascética les molestaba y por ello lo catalogaban como loco y endemoniado.
Sin embargo, no ahorraban su juicio despiadado para con el Maestro.
Jesús amaba sentarse a compartir la mesa con los despreciados, con publicanos y prostitutas, con aquellos que nadie sentaría a su mesa. Por ello lo clasificarían como borracho y glotón, como un impuro e irrecuperable irreverente.

Jesús los cuestiona, más es un planteo algo mezquino imaginar que les está señalando una conducta histórico-religiosa particular. Vá mucho más allá, pues señala posturas éticas que aún persisten, que no se limitan -moralmente- a un determinado acontecer histórico.

Quizás lo más grave es que tanto Juan como Jesús los/nos pone en evidencia.

Cuando confluyen egoísmos, soberbias e intereses individuales, el tiempo se vuelve tiempo de rechazo. Necesariamente sucederá el descrédito, el menosprecio calculado, el rechazo intemperante, las agudas razones estructuradas de tal modo que no acontezca, por ningún motivo, la escucha.

Un Niño que viene nos deja en evidencia. Tal vez nos hemos vuelto demasiado grandes, muy maduros para específicas conveniencias y dejamos de lado la posibilidad de que acontezca la Buena Noticia, ésa que se sucede cuando nos descubrimos hijas en hijos en las manos de un Dios que es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida)

Paz y Bien

María del Adviento

Inmaculada Concepción de la Virgen María


Para el día de hoy (08/12/11):
Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(Muchacha campesina, judía mínima de ojos profundos -los ojos del Hijo serán iguales a los tuyos-

Jovencita de aldea polvorienta, de embarazo sospechoso, del Sí y la fidelidad a pesar de toda duda.

Seguramente nadie te tenía en cuenta ni te daba demasiada importancia; aún así, el universo y la humanidad detienen su devenir y contienen la respiración, pendientes de tus palabras.

-Es tiempo de cosas extrañas, María. Debe ser que tu Dios anda haciendo locuras porque está enamorado.-

Él viene, viene Él mismo al rescate de sus hijas e hijos. Él siempre cumple lo que promete, sin excusas ni dilaciones, y ha querido que todo se decida en términos de Madre.
La Salvación se resuelve con ternura de mujer.
-quizás sin quererlo, te hemos visto en los ojos grandes y asombrados de tantas muchachas muy jóvenes a las que la vida se les crece en su interior, en embarazos minimizados, escondidos y tantas veces repudiados-

Aquel Mensajero -viejo conocido de antiguos profetas de mirada lejana- te habla de parte de Dios, te saluda con un respeto inusitado. Él expresa el mismo cuidado y la delicadeza que tiene ese Dios para con todos, especialmente para con los más pequeños..

La primer palabra que expresa es la Palabra de la Creación y la Salvación -¡Alégrate!-.
Es la Palabra primera, es la Palabra que cuenta, la Palabra decisiva, el destino soñado desde siempre es alegría para todos, felicidad que se respire, vida que se extiende.

¡Salve, María!
Feliz por creer, feliz por vivir plena, feliz por ese Salvador que se crece al calor de tu interior, feliz por saberte tan pequeña y ser por ello mismo infinita, feliz por conocerte servidora, al igual que ese Hijo que está por llegar.

Es el tiempo increíble de la Gracia, de la bondad sin condiciones que se desborda generosa, de la alegría, del Dios que nos pide permiso para crecer en nuestro interior.

María es el cristal perfecto, la creyente prisma desde donde la luz de la Salvación se expande y disipa toda tiniebla)

Paz y Bien






Yunta

Para el día de hoy (07/12/11):
Evangelio según San Mateo 11, 28-30


(Para Jesús y sus oyentes, decididamente ligados a la vida campesina, no les era desconocida la idea de un yugo; se lo utilizaba en las tareas en que eran necesarios bueyes, mulas u otros animales de carga y arado.
Su forma y peso doblegaban los cuellos de los animales, sólo les permitía mirar en una dirección y dirigirse sólo hacia el sitio que decidiera quien los condujera. No existía la mínima posibilidad de un desvío ni de desobediencia por la misma sujeción que imponía su estructura y peso, doblegando cualquier intento de levantar la cerviz. Y todo se disponía de manera tal que las bestias fueran -como mínimo- de a pares, pares llamados yuntas.

La analogía con el acontecer humano es obvia, y quien mejor que el Maestro para ello -el más humano de todos-.
Ayer y hoy se imponen diversos yugos que obligan a inclinar la frente sin atisbos de libertad, con la intención de conducir a las gentes a lugares y situaciones impuestas desde el agobio y la sumisión, imposibilitando de mirar y ver hacia los lados y hacia arriba, condicionando toda rebeldía e iniciativas personales -acertadas o erróneas-.

Jesús de Nazareth llama a los fatigados, a los cansados, a los que no pueden más, proponiendo se lleve su yugo como carga liviana y tolerable.
Es claro: su Palabra es Palabra de vida y liberación, es santa y mansa rebeldía, es la iniciativa pacífica que rechaza la injusticia y la opresión en cualquiera de sus formas, el dominio inmisericorde de algunos por sobre otros, el abrazo infinito de la compasión y la misericordia.

Quizás -sólo quizás- no se trate de una mecánica de reemplazos, es decir, de cambiar un yugo por otro.
Es que Dios asume la frágil y dolida condición humana desde ese Niño mínimo y pobre en brazos de Madre. Y por ello, la cruz como amor mayor y su presencia definitiva signifique que Él viene en yunta con cada uno de nosotros, poniéndose en sus hombros todo lo que nos agobia y doblega para poder andar ligeros, hijas e hijos revestidos de libertad y de alegría.)

Paz y Bien

Un Dios imprudente

Para el día de hoy (06/12/11):
Evangelio según San Mateo 18, 12-14


(-¿Qué les parece?- dice hoy el Maestro, y es una invitación a involucrarse, a no ser un mero espectador.

En ese talante, es preciso ubicarse: allí en los montes, la tarea no es sencilla. Sendas escarpadas, quebradas traicioneras y precipicios mortales pueden hacer retroceder a más de uno. A ello, hay que añadirle el peligro siempre presente de ladrones y salteadores.
Cuando una pequeña oveja se pierde, la lógica y la prudencia mandan que no hay que arriesgarse con las otras noventa y nueve del rebaño. ¿Quién en sus cabales actuaría así, poniendo por delante de la mayoría el rescate de una insignificante oveja descarriada?

Pero así como en la vida, en la parábola el gran paso a dar implica ponerse en el lugar del otro, tomar el lugar del otro.
Aquí la pequeña oveja perdida sos vos, soy yo, eres tú, es ella, somos nosotros y quizás y muy especialmente, aquellos a los que el mundo ya ha condenado como negras ovejas irrecuperables.

La Buena Noticia es que nuestro Dios es un Dios imprudente, un Dios que se desvive por los suyos, un Dios para el que todos cuentan, un Dios capaz de hacer lo increíble para el rescate de los perdidos.

Es claro: quizás hace tiempo que no abundan en nuestros ambientes pastores con persistente perfume a ovejas. Pero no estamos exentos de esta tarea, pues es ajena a esta Buena Noticia toda pasividad y resignación.

Dios se hace hombre, se hace Niño, se hace uno de nosotros para que jamás se nos apague la esperanza y para que cada reencuentro sea motivo de alegría y celebración)

Paz y Bien

El Dios que predicamos



Así, me imagino que pensó Jesús:

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el dios de los sacrificios, aquél que aman los sacerdotes del Templo, un dios siempre sediento de sangre. Un dios que si no ve sangre no está satisfecho. Un dios siempre ofendido al que hay que calmar a precio de vidas. Carneros, corderos y palomas tienen que ofrendar su vida para calmar las afrentas cotidianas. Rezos y ofrendas para aplacar su enojo. Pero mi Dios es el Dios creador de la vida, el que puso vida en toda sangre. El que se dolió cuando supo de la sangre de Abel clamando desde la tierra, pero no por eso pidió la sangre de Caín, sino que le dio señal de vida sobre su frente, para que no fuera muerto. No fue ese dios sanguinario el que habló por el profeta Isaías: yo no iré sus oraciones porque tienen las manos llenas de sangre. Ese dios de los altares solemnes no es el Dios de Amós, porque el Dios de justicia no habita en Betel ni Gilgal, dijo el profeta. No es el Dios de Oseas, porque el Dios de Oseas pide misericordia en lugar de sacrificio. Tampoco será el mío. No será mi Dios el dios sacrificial de los sacerdotes.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el dios de la pureza, aquél que aman los fariseos, un dios siempre atento y vigilante al detalle de la ley. Un dios del rigor insensible, de la exigencia permanente, de la discriminación artera. Con ese dios habría sido expulsada la mujer de Moisés por ser cusita, y no hebrea, como querían Aarón y Myriam. Pero Dios prefirió el amor de Moisés a la pureza de la raza de Leví. Ay de los que aman la pureza de la raza incontaminada y los platos y vasos limpios, de las manos lavadas, pero no ven que esos platos están vacíos porque no hay alimento, y las manos llagadas por el trabajo explotador. El Reino de mi Dios viene con justicia más que con pureza. No será mi Dios el dios riguroso de los legalistas.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el Dios de los violentos, aquél que aman los sectarios, un dios siempre pendiente de la guerra. Hijos de la Luz contra hijos de las tinieblas, batallas terrenales y batallas celestiales, espadas refulgentes y gritos de venganza, plazas sitiadas y campos de exterminio, los míos y los demás, Israel contra el mundo. Se equivocan ellos tanto como los del Imperio; aunque los romanos siempre están listos para la guerra, la paz no viene de la guerra. Lo dice el salmista, la paz se besa con la justicia, la paz es fruto de la justicia. Sin duda la guerra está, y seguirá levantándose nación contra nación, pero ese no es el fin que Dios anhela, no nos hizo para ello. No para el dolor y la lágrima, no para la herida y el despojo. Habrá disensos, los habrá; habrá conflictos, los habrá. Mas mi tarea es salvar, no condenar; curar, no herir; rescatar, no despojar. Mi Dios es el que recoge al caído, el que consuela al dolido, el que anuncia vida. No será mi Dios el belicoso dios de los sectarios.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el Dios de los resignados, aquél que ama el dolor y la tragedia, un dios que le pone mérito al sufrimiento. Ese dios inmutable, siempre pasivo, distante. El dios del ayuno y el cilicio, que solo se fija en la solemnidad de los solemnes, en la parquedad de los sentimientos, en la mesura de los ritos. Sin desbordes ni excesos, sin tiempos de pasión ni momentos de expansión. Un dios incapaz del gozo, incapaz de la fiesta. Pero mi Dios siente y ama, se alegra y se enoja, busca al pobre para darle esperanza de una buena noticia, al ciego para que vea, al oprimido para liberarlo. Un Dios que altera los tiempos, que desafía las rutinas, que nos sorprende con lo inesperado, que nos creó para la compañía, el placer y alegría. Será mi Dios el que sabe caminar con gozo en medio de su pueblo, para alentar la esperanza. No, no será mi dios el dios resignado de los que viven pendientes del ritual y la repetición.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el Dios de los acaparadores, aquél que aman los prósperos, un dios siempre ávido de riquezas, que bendice a los que acumulan, que hace que los ricos rían en su abundancia y los pobres lloren su miseria. El dios del negocio mezquino, que cambia ofrendas por dádivas materiales, sumisión por bienes, que regala antojadizamente herencias inmerecidas y escamotea los favores a los miserables. Pero mi dios es el que inundó el mundo de bienes para todos, que quiere repartir una y otra vez, porque suyas son la tierra y la vida, y a todos las da. La acumulación en los graneros no liberará del juicio; no es menos pecado el que roba en un préstamo que quien lo hace con un arma. Mi Dios reparte y da a quien le falta, y espera que todos hagan lo mismo. Será mi Dios aquél Dios que liberó al esclavo y se acuerda de la viuda y el huérfano, del pobre y el extranjero. No, no será mi dios el dios que confunde riqueza con bendición, el de los que acumulan para el día del juicio.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el dios de los soberbios, aquél que adoran los que viven del orgullo de la raza, el que justifica el prejuicio, el que se regodea en prosapias y diplomas, en escudos y prestigios, el de los abolengos largos, el que mira con desprecio al hombre común, a la mujer de pueblo, al pobre y al extranjero. Pero mi Dios se mezcla con su pueblo, sabe de los sinsabores del excluido, de la labor del labriego, del esfuerzo del humilde. Es el Dios, no de los sabihondos de la doctrina sino el de los sabios de la parábola cotidiana, de la oración escondida, del que no tiene otro blasón que su fe. Es el Dios que hace pueblo de los que no eran pueblo. No es el dios de los que creen que creer autoriza privilegios, que la religión merece prebendas, que nunca se pueden equivocar porque están sentados en sillas altas y los confundidos le rinden pleitesía. No es el dios de los dueños de la verdad, de los que no necesitan escuchar a los otros, los que emiten dogmas incambiables, como si dios mismo no se aviniera a escuchar y dialogar con los hombres, como lo hizo con Moisés, como negoció con Abrahán. Mi Dios está dispuesto a escuchar al sincero que duda, a cambiar castigo por bienaventuranza frente al arrepentido, el que mira con amor al humilde, más se aleja del altivo. No, no será mi dios el dios que da condecoraciones que dividen, el que regala oropeles a cambio de adulación.

¿Que Dios predicaré? Le ofrecen tantos dioses a este pueblo. Está el Dios de los miedosos, aquél que aman los asustados que dejan que el temor les organice la vida. O, por el contrario, el de los bravucones que se llevan todo por delante. Y el otro dios, el de los precavidos que miden todo para no perder. Mi dios es el dios que da y pide confianza: ni miedos que encierran, ni precauciones paralizantes, ni atropelladores que esconden su desmesura en la intemperancia, la otra cara del mismo desamor. Es mi Dios aquél que inspira la fe que sostiene en el tiempo la fuerza para vivir, la perseverancia para seguir, la paciencia que no renuncia frente al contratiempo, que sostiene la mirada en el horizonte, que camina sobre el agua aun en medio de la tormenta, que ama en medio del terror que crucifica. No será mi dios el dios de los cultores del temor, pero tampoco el de los temerarios enceguecidos, ni el de los precavidos que no se atreven, ni siquiera el del cálculo del justo medio de la valentía. Será mi Dios el Dios de la confianza, el que permite marchar hacia adelante hacia el Reino, aquél a quien puedo llamar “padre” porque me ama, “madre” porque me cuida, el que rescata, el que me alegra, el que da vida. Es el Dios de todo amor. Ese Dios anunciaré.

Pastor Néstor Míguez
Iglesia Evangélica Metodista Argentina

Alegres brechas

Para el día de hoy (05/12/11):
Evangelio según San Lucas 5, 17-26


(A pesar de todo esfuerzo en contrario, Jesús no dejaba de enseñar la Buena Noticia de que Dios es Padre y es Madre, que brinda su compasión y su perdón para todos, sin limitaciones ni exclusiones. Hagan lo que hagan mujeres y hombres, sea cual fuera su origen o condición, todas son hijas e hijos.

Parece que eso ofende y preocupa sobremanera: su Palabra viva y clara, su mensaje de liberación es menester que sea desvirtuado, que sea tergiversado ofensivamente y, finalmente, sea acallado. Ese galileo se vuelve cada vez más peligroso, y sin esfuerzo cada vez más gentes lo escuchaban con atención.
Fariseos y doctores de la ley acudían allí, en donde Él enseñaba, para impedir de una vez por todas que la Buena Noticia se propague...y porque su poder, sus prebendas y privilegios se ven amenazados. Están allí sentados a su alrededor, impidiendo que nadie más se acerque, rápidos en defenestrar y cercenar cualquier asomo de verdad.
Era necesario mantener esas puntillosas estructuras de exclusión, de espacios reducidos, de un dios y una vida para unos pocos.

Pero suceden varios milagros que superan por lejos el hecho de que el paralizado regrese caminando a su casa.

Acontece la increíble acción de los compañeros del hombre paralizado: ellos no se amilanan por las puertas cerradas, por ese Cristo rodeado y de acceso vedado. Su fé en Jesús de Nazareth los impulsa a lo increíble: trabajosamente, se ponen al hombro la camilla de su amigo, abren una boquete en el tejado y desde allí descargan cuidadosamente al enfermo a los pies del Maestro.
Es la fé de ellos la que rompa las ataduras que paralizan, es la fé atrevida y la confianza en Jesús de Nazareth las que levantan a los postrados de todo tiempo.

Acontece la maravilla del perdón: al ver la fé de esos compañeros, el Maestro se conmueve y en pleno rostro severo de los apropiadores de almas, expresa la ternura infinita de un Dios perdonando los pecados de ese hombre enfermo. No es un dato menor: para la mentalidad opresiva de quienes lo rodeaban con su desprecio, las enfermedades eran causa de pretéritas faltas, y castigos por desviaciones de esa ley pretendidamente divina. Por ello mismo todo enfermo había de ser considerado impuro y excluido de la vida social, religiosa y comunitaria.
Era una de las crueldades mayores: estaba plenamente justificado el sufrimiento, era justo y necesario remitir a los enfermos a la soledad y al abandono. Así entonces, las palabras de Jesús habían de ser consideradas una blasfemia, pues con ese gesto de bondad se derribaba todo un sistema de agobio y elitismo.
Los apropiadores de almas, los saqueadores de esperanzas se quedaban sin negocio.

Esa Palabra de perdón no es cuantitativa, es decir, no remite a un estado de inocencia a la mayor o menor cuantía de los pecados del enfermo: esa Palabra expresa la Misericordia y la compasión de un Dios que quiere a todas sus hijas e hijos de pié.

A riesgo de ingenuidad, la Iglesia debería ser similar a estos espacios que se abren: algunos acceden por la puerta grande, algunos por las ventanas, otros por los tejados, pues nadie debe quedarse fuera.

Tarea y misión santa es abrir alegres brechas para que todos puedan ocupar su lugar especial al que hemos sido invitados, destino de celebración y fiesta, ágape de liberación con ese Niño que nos viene naciendo en nuestro horizonte)

Paz y Bien

Las otras sandalias

Para el día de hoy (04/12/11):
Evangelio según San Marcos 1, 1-8


(Como todos los profetas, Juan sorprende y asombra.
Es un hombre pleno, es un hombre de Dios, es un hombre inesperado.

Inesperado por sus ancianos padres, casi resignados a no tener descendencia y a los que les nace un hijo bendito en su vejez.
Inesperado por los poderosos, porque no hay manera de derribar ni acallar a un hombre íntegro, incansable buscador de esa justicia que la conoce anidada en el corazón de su Dios.
Inesperado por el pueblo en su agobio, sus palabras son lluvia santa que renueva corazones y esperanzas, que sana corazones malheridos, que reorienta la mirada hacia el horizonte infinito.

Desoye la tentación del templo y el palacio: le basta el río y el desierto, porque antes que en los sitios intuye que lo sagrado anida en cada persona.
En sus palabras y su actitud florece la vida y es imposible esa corrupción que tanto nos insulta y que sólo tiene por fruto la muerte. Se viste con pieles de animales y se alimenta con miel silvestre, porque sabe que sobreabunda la providencia bondadosa de un Dios que nunca abandona a los suyos, y que se expresa en los frutos de la tierra, más no en el sometimiento falaz al dinero.

Sin lugar a dudas, es un hombre molesto. Molesta a los que detentan el poder en provecho propio, pues no se calla jamás a la hora de la verdad: es el profeta que anuncia al Dios-con-nosotros pero que a la vez denuncia a todo lo que se opone a la vida. Molesta también a las cargas que impiadosamente nos adosamos: a nadie le simpatiza que le señalen con toda justicia aquello que lo hunde.
Benditos sean estos molestos.

Las gentes desvestían sus corazones de capas de miserias y quebrantos; luego erán bautizados en las aguas del Jordán. Este bautismo es un símbolo que preanuncia la Pasión del que ha de venir, y al que Juan prepara el camino: el bautismo implica sumergirse en el agua purificadora, muriendo a una vida escasa para renacer a una vida en plenitud.
El Maestro asumirá la cruz y los horrores de la muerte para resucitar y quedarse para siempre.

Y en un gesto en total armonía con su talla de hombre humilde y veraz, se declara indigno de desatar las sandalias de Aquel que está por venir.
A primera vista, es un signo de humildad suprema: en aquellos tiempos, era tarea de esclavos quitar el calzado de sus amos cuando regresaban al hogar al final de cada jornada. Sin embargo, es menester ahondar en este gesto porque se revela algo mucho más profundo en su significado.

Existía en Israel una antigua tradición e institución denominada goelato. El Go'el era el pariente fuerte elegido que asumía la tarea de rescatar a aquellos familiares que por diversas circunstancias habían caído en la miseria, en el abandono, en la esclavitud. A ello se dedicaba, en ello ponía todo su empeño, su poder, sus recursos. El Go'el era el redentor de sus hermanos.
Y la renuncia o transferencia jurídica de este mandato de redención se efectivizaba simbólicamente quitándose el Go'el titular las sandalias y entregándolas al que habría de sucederlo.

Este signo del Bautista es de una trascendencia enorme.
El que está por llegar es el Redentor, el Go'el, un Dios pariente y cercano que pondrá todo de sí para liberar a sus hermanas y sus hermanos.

Un Dios que se hace cercano, hermano, padre, hijo, un Niño Santo para la liberación)

Paz y Bien

La obstinación y tenacidad de la vida

Para el día de hoy (03/12/11):
Evangelio según San Mateo 9,35 - 10, 1.6-8


(Hay una cuestión asombrosa: Jesús de Nazareth recorría todas las aldeas y ciudades enseñando en las sinagogas, en donde se sostenía religiosamente las intolerables normas de pureza, en donde se excluía de toda participación a la mujer y a los niños pequeños, en donde el anuncio del Dios de Jesús y de su Reino iba a ser considerado una afrenta y una blasfemia, y ese rechazo desatará violencias que desembocarán en el cadalso de la cruz, el amor mayor.

Sin dudas el Maestro lo sabía, pero aún así se obstinaba en que la sinagoga -que en su raíz primera significa reunir o congregar- fueran recintos amplios de inclusión, de encuentro, alternativas a una vida estrecha puntillosamente seleccionada y organizada para unos pocos.
Maravillosa y santa irreverencia la de Jesús, que hoy nos reviste de la rebeldía del Espíritu de Vida.

-¿Qué podríamos decir hoy de nuestras comunidades, templos y parroquias? -

El anuncio del Reino no es declamación pura ni transmisión académica de doctrina: es realidad concreta que se transforma, haciendo que la vida sea más plena, es decir, más humana. El Reino acontece cuando se desalojan las dolencias y enfermedades que doblegan y que a menudo son -aún hoy- consideradas cruelmente consecuencia necesaria de vidas pecaminosas y castigos por morales heterodoxas.

El Reino sucede cuando florece la compasión y la solidaridad; es menester mirar al mundo con la mirada de Jesús, son tantos los librados a la resignación, al abandono, existencias fatigadas que sólo conocen malas noticias.

Y nos puede sorprender que el Maestro convoque a doce hombres en apariencia poco confiables, frágiles y que suelen confundir en su soberbia a ese Dios que anuncia Jesús, y que son rápidos a la hora de la traición y el miedo.
Pero es otro maravilloso signo que haya sido así, y que siga sucediendo en nuestros tiempos del mismo modo. Nosotros también no somos los mejores para esto, solemos trastocar las cosas, nos quebramos rápidamente de miedo, nos escapamos veloces en la infidelidad del egoísmo.
Pero la vida es tenaz, y el Reino se edifica desde lo que para el mundo no cuenta, con humildad, pequeñez y una increíble gratuidad, esa Gracia que se derrama como manantial en toda la humanidad sin condiciones ni exigencias.

Un Niño está llegando, un Niño crece en el silencio y la humildad del seno de una muchacha de sol y miel para que todos vivan, para que nadie más esté librado a su suerte, para que todos sepan que Dios se ha puesto de parte del hombre, para que la esperanza en rescoldo se vuelva fogata de luz y calor que desaloje los fríos de la indiferencia y la resignación)

Paz y Bien

Oscuridades

Para el día de hoy (02/12/11):
Evangelio según San Mateo 9, 27-31


(No era fácil la vida en aquellos tiempos; el sol fuerte, la salinidad y el reflejo en la arena solían producir habitualmente daños importantes en córneas y retinas. La incidencia de cegueras era demasiado alta.
Para peor, toda enfermedad era religiosa y socialmente repudiada como consecuencia de un castigo por pretéritos pecados propios o de los padres; de allí que cualquier enfermo debía excluirse de la vida comunitaria y religiosa por las crueles e inhumanas normas de pureza.

Aún así, aún cuando hubiera una nutrida población privada de la vista, muchos más eran los sumidos en oscuridades aunque sus ojos no tuvieran inconveniente alguno.
Abundaba la oscuridad de la exclusión y el desprecio, de la insolidaridad y la no compasión militantes, las negruras del creerse más y mejores que otros, las tinieblas de abandonar a un lado del camino al que sufre, pasando de largo y aceptando el dolor ajeno como una parte más de la rutina cotidiana.

Pero el Maestro no es así.
Le importa la gente. Él, mejor que nadie, sabe leer lo profundo que hay en cada corazón, lo que se teje en cada alma. Tiene una especial deferencia hacia los agobiados por el dolor, por los demolidos en soledad, por los sometidos a toda exclusión, signo cierto de un Dios inclinado decidida y abiertamente hacia ellos.

Aquellos dos hombres comparten algo más que su ceguera, pues cuando la cruz se comparte su carga es más liviana y llevadera. Ellos no tienen temor en acercarse a los gritos al Maestro: Jesús de Nazareth no se preocupa demasiado en purezas, en ortodoxias doctrinarias -lo llamaron incorrectamente Hijo de David- ni en status social. Lo que verdaderamente cuenta, lo que cambia toda historia es lo que anida en las profundidades de cada templo andante que es cada persona.

Aquellos dos hombres tenían fé y además confiaban. Por ese tesoro recuperan la visión.
Porque el verdadero milagro es animarse a escuchar al olvidado, a aceptar como igual al excluido, y atreverse a la estupenda irreverencia de tocar y abrazar a aquellos a los que es mejor dejar a un lado del camino y seguir de largo.

Sólo podremos salir de estas oscuridades cotidianas desde la fé y la confianza y ahí sí, transformar nuestras historias y cambiar el rostro cruel del mundo)

Paz y Bien

Temas de constructores


Para el día de hoy (01/12/11):
Evangelio según San Mateo 7, 21.24-27

(Es tan obvio y evidente que suele pasarse por alto: toda casa debe construirse concienzudamente desde los cimientos. Porque cuando se antepone la buena vista, el confort, las comodidades y ciertos lujos a los fundamentos, las eventualidades de derrumbes se vuelven más que posibles.
Y cuando suceden los derrumbes, invariablemente son vidas las que se pierden.

Esto es válido para una nación, para la Iglesia pero, muy especialmente, en cada existencia.
Se construyen universos frágiles con miríadas de palabras vacuas, y la consecuencia serán vidas perdidas; las verdaderas catástrofes no suceden solamente en ocasiones de terremotos o en el espanto de las guerras, sino cuando los corazones quedan sepultados y librados a su suerte.

En estas épocas tan complicadas, de falta o ausencia de trabajo es natural buscar más de un empleo, para cubrir las necesidades básicas de los hijos.
Quizás estemos pasando por una situación similar: tal vez a nuestro oficio de pescadores hemos de añadirle la tarea imprescindible de constructores, obreros humildes que posiblemente no levanten palacios majestuosos ni monumentos imponentes, pero que desde la sencillez y la confianza del Carpintero vamos edificando este pequeño hogar que llamamos existencia.

La multiplicidad de pequeños hogares firmes y cálidos hacen posible que nadie quede sin abrigo y sin techo.
Porque la solidaridad comienza en la solidez)

Paz y Bien



En tus orillas

San Andrés, Apóstol


Para el día de hoy (30/11/11):
Evangelio según San Mateo 4, 18-22

(Galilea era sinónimo de humillación y sospecha para Israel; su estratégica ubicación geográfica la ubicaba en la línea de fuego de todas las guerras que debía enfrentar en pueblo elegido. Más de siete siglos antes fué conquistada por tropas asirias, y colonizada: de allí que los judíos de Jerusalem y zonas aledañas con mucha frecuencia despreciaran a los galileos por sospechosos de falta de ortodoxia religiosa -la contaminación de la impureza extranjera-, y quizás también por un motivo más simple. Ser galileo era sinónimo de campesino, de clase social baja, de periferia y arrabal.

Precisamente allí en donde abunda el desprecio comienza el Maestro la predicación del Reino.

Este nazareno -el acento y las ropas lo venden- anuncia la liberación y habla de un Dios extraño. Los bravos zelotas estaban enfurecidos, pues hablaba de liberación desde la mansedumbre y la paz, sin entrar en combate franco con el opresor invasor. Ese Dios del que Él hablaba no podía ser de ningún modo el Dios de Moisés, de Abraham, de Jacob, un Dios que ama a los pecadores, a las prostitutas, a los enfermos, a los marginados, a los impuros...

Un Dios extraño que no grita ni impone. Un Dios que hasta le pide permiso a una mínima muchacha judía para que reciba en su seno al Salvador del mundo.
Ese Dios se expresa en Jesús de Nazareth llamando a Andrés y a Pedro, a los hijos de Zebedeo, a vos y yo, a tí y a ella, a todos y a cada uno de nosotros.

Su llamada es una llamada de hermanos; invita sin violencia y sin imposición. Desde tus orillas propone ponerse en marcha y seguirlo; Él vá por delante, abriendo huella y asumiendo todos los riesgos.
No anda buscando especialistas ni religiosos profesionales: llama a mujeres y hombres en su cotidianeidad, en la circunstancias de la pesca o en los sucesos que nos son más habituales. Por ello mismo todo cobra nuevo sentido y significado, los pescadores galileos se volverán pescadores de hombres, nosotros transformaremos en infinitud y eternidad hasta lo que no se tiene en cuenta en nuestra rutina de cada día.

Desde nuestras orillas Dios viene pidiendo permiso para ingresar en nuestras existencias, haciéndose servidor de todos, haciéndose un Niño que será hijo de todos)

Paz y Bien



Pequeñas alegrías infinitas

Para el día de hoy (29/11/11):
Evangelio según San Lucas 10, 21-24


(Es una imagen muy difícil de reproducir en palabras, en un texto fiel a su profundidad: al Maestro la alegría lo desborda y se estremece al ver la ternura de su Padre.
Sólo puede comprenderse si se abren las puertas al obrar en cada corazón del Espíritu de Vida, la fuerza que renueva y recrea y colma la existencia. Es el Espíritu de Salvación haciéndose presente en la vida cotidiana.

Jesús lo sabe y no se calla: no es cuestión de sabios, doctrinas y bibliotecas absorbidas, no es ámbito de poderosos ni de soberbios. El Reino es de los pequeños, de los pobres, de los humildes, de los que no cuentan para nada ni para nadie. Hacia ellos se inclina con fervor el Altísimo, en ellos se expresa y en ellos resplandece.

Y a su vez ellos serán señal y medida de que el Reino está entre nosotros; más aún, cuando los pequeños y excluidos encuentran sitios preferenciales en la mesa grande de la vida, es precisamente allí cuando nos descubrimos fieles a la Buena Noticia.
Esta alegría no tendrá límite ni fin pues Dios mismo ha querido hacerse pequeño, un Niño pobre en brazos de Madre sencilla y padre humilde y trabajador.

Adviento es tiempo de buenas noticias -las mejores- y tiempo de esperanza que renueva la existencia y el mundo reivindicando la sacralidad de la vida, y que todos cuentan en la mirada amorosa de un Dios que es un Padre que nos ama y una Madre que nos cuida)

Paz y Bien



Ese extraño tiempo de milagros

Para el día de hoy (28/11/11):
Evangelio según San Mateo 8, 5-11


(Jesús está de regreso a Cafarnaúm, lugar en donde durante cierto tiempo encontraba hogar y refugio.
Esa Cafarnaúm galilea se encontraba en los confines, frontera de los dominios de Herodes Antipas y, a la vez, provincia romana. Por ello mismo y por su ubicación estratégica, tenía una aduana importante y una guarnición militar permanente.

Uno de los oficiales de la guarnición -un centurión que mandaba, como su nombre lo indica, una unidad de cien hombres-, se encontraba en apuros: uno de sus criados se encontraba en su hogar postrado por la parálisis y sumido en terribles dolores. Y si bien el Evangelista Lucas nos acerca más datos acerca de la conducta de este oficial -respetaba la fé judía, había construido una sinagoga, trataba a todos con cordialidad- seguía teniendo varias cuestiones en contra suya.

Primero, ser oficial del ejército imperial: era fervorosamente despreciado por representar a aquella Roma que por la potencia de sus armas sometía a la Tierra Santa de Israel, a tal modo de que los zelotas más enconados escupían a su paso.
Segundo, el hecho de que muy probablemente, por su origen, este centurión profesara culto a varios dioses extraños, el altar romano en donde se confundían los dioses propios y los dioses de los pueblos conjugados. Impuro total por extranjero y por rendir culto a dioses ajenos al único Dios de Abraham , de Moisés, de Jacob.

De acuerdo a estas premisas, el Maestro no debería dirigirle la palabra y sería lógico que siguiera de largo rumbo a su casa.
Pero es un tiempo extraño con una ilógica sorprendente el que inaugura Jesús de Nazareth.

Nadie está excluido, nadie tiene un sayo de excedencia ni rótulos de no pertenencia que impidan el acceso a la Salvación y a la plenitud, don y misterio inexpresables, expresión de la bondad y la ternura de un Dios para con toda la humanidad.
Y los milagros existen y suceden, pero con un giro sorprendente: en el caso del centurión el centro de la sanación pasa por la compasión ejercida en común por el oficial y por ese Cristo caminante.
Es un hecho de fé tan fundante que las palabras de aquel centurión las hemos hecho nuestras y las repetimos habitualmente cuando compartimos el pan de fiesta: -Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya bastará para sanarme-.

Y el milagro mayor no es tanto la curación del servidor sino la aceptación como un igual del centurión por parte de Jesús.
Por ello mismo, podemos vislumbrar desde aquí que la auténtica fé no es tanto la adhesión y puesta en práctica de normas religiosas y doctrina específica, sino más bien poner confianza y corazón en una persona, Jesús de Nazareth nuestro hermano y Señor.

Quizás el Adviento tenga mucho de ello, esa extraña actitud de creer que en la fragilidad de ese Niño que viene en la noche, en la pobreza y en la humildad está la vida nueva, la Salvación, la plenitud)

Paz y Bien



Tiempo niño

Domingo Primero de Adviento


Para el día de hoy (27/11/11):
Evangelio según San Marcos 13, 33-37

(Según las diversas circunstancias por las que atraviesa la humanidad, en cada etapa social, cultural y política, la historia puede percibirse con diversos matices, y tristemente resultan a menudo tonos oscuros, sombríos, en donde abunda la noche cerrada.

Y esas noches se suelen extender a las honduras de cada corazón, y así pareciera que reina la tristeza y la soledad, ese dolor permanente que no puede desalojarse, esa desolación que persiste, esa melancolía que es rutina y costumbre.

Sin embargo, hay señales disponibles en la cerrazón para recuperar el rumbo. Y esas señales están disponibles para todos, superando los límites que solemos imponer de la religión misma.
Claro está en que no vamos a ingresar en la vereda rota del análisis psicológico torpe y superficial; no obstante, es dable suponer que en nuestra limitada humanidad nos aferremos al primer desecho que en apariencia no se sumerja, con tal de mantenernos a flote.
Aún así hay más, siempre hay más.

La eternidad se entreteje en la historia, y lo que se presentaba como final absoluto es en realidad comienzo expectante. Pero para ello, se nos vuelve ajeno el sentarnos a los umbrales para ver que sucede, espectadores cómodos sometidos al devenir pasivo de todo, perpetuos quejumbrosos de brazos cruzados adormecidos en la resignación.

Pero Dios no baja los brazos; a pesar de nuestros empeños en extraviarnos, siempre será ese Padre que no se conforma con esperar que regresemos, sino que sale en nuestra búsqueda, dispuesto a perecer para rescatar a cada hijo perdido.
Y es un desafío mayor pues no es imposición y es incondicional en su ternura.
Es la vida que está creciéndose en los más pequeños, en los pobres, en los que esperan contra toda esperanza en humildad y silencio, en las urgencias de un parto escondido al que no se le suele permitir espacio.

Es tiempo niño que transforma la noche en alba. Es tiempo de niños por un Niño que será todo en todos, y es menester despertarse de tanto lastre, relegar al olvido a tanto posadero egoísta y descuidado, a tanto Herodes envidioso y violento, y permitirnos la alegría de la vida que nos viene naciendo)

Paz y Bien

Tiempo de sueños, hora de no dormirse

Para el día de hoy (26/11/11):
Evangelio según San Lucas 21, 34-36


(Quizás debido a una visión a menudo errónea -un dios juez, fiscal y verdugo- la idea del juicio por parte de ese Cristo a su regreso nos puede preocupar, espantar y teñirnos de un rictus demasiado serio y adusto.
Sin embargo, lo fundamental es que Dios se hace historia: no participa como un severo espectador desde un cielo inaccesible, observándonos como quien mira una colonia de hormigas.
Dios se hace historia, se hace hombre, se hace tiempo, se hace uno de nosotros en un Niño que llora su hambre en brazos de su Madre. Es el sueño mayor, tal vez el sueño escondido, ése que nos dá la certeza que transpondremos las puertas de la muerte, y que la eternidad comienza aquí mismo.

Aún así, es un sueño extraño, como extrañas son las cosas del Reino: es un sueño que para disfrutarlo en plenitud y vivirlo en su totalidad, implica el no quedarse dormidos. En la cotidianeidad, demasiadas preocupaciones inútiles, el acoso cruel del dinero y la absolutización de lo que no tiene sentido ni importancia nos colman de modorra, nos duermen la esperanza, nos sobrecargan el alma en vano.

Pero es tiempo de andar ligeros, con la mirada clara, ser capaces de encontrar en plena noche a ese Niño que ha buscado abrigo con sus padres en un refugio de animales, pues lo han rechazado en todas las posadas. Y festejar, y alegrarse porque es la vida que persiste tenaz.

Para andar ligeros, es menester la oración y el servicio: la oración no como repetición a ultranza de fórmulas, sino más bien vidas orantes, y el servicio como distingo del salir de nuestras caparazones de egoísmo al encuentro del otro.
Oración y diaconía nos aligeran los pies y el corazón)

Paz y Bien

Fruto y Palabra

Para el día de hoy (25/11/11):
Evangelio según San Lucas 21, 29-33


(Todos estos días hemos venido rumiando el Evangelio según San Lucas, en ese gran bloque que es el discurso apocalíptico de Jesús. Lamentablemente y, por lo general, el término Apocalipsis tiene connotaciones negativas en nuestro mundo y en nuestra cultura.
Ella refiere pura y exclusivamente a lo postrero y a lo escatológico, es decir, a cuestiones que implican el paso previo por la muerte y la segunda venida de Jesús, previa aniquilación de la humanidad.

Sin embargo, Apocalipsis en su significado primero significa revelación, y desde una fé que nos transforma primero la mirada, todo se nos revela distinto y la esperanza en su humildad se nos descubre con raíces fuertes.

Las señales están allí, presentes y vivas, latiendo ante nuestros ojos y en nuestros corazones aún cuando nos agobie el dolor o nos acose la rutina y la vorágine diaria.
La Palabra es Palabra de Vida y Palabra Viva, Palabra que permanece a pesar de que el mundo se nos haga una centrífuga que arrastra todo a su paso y nada deja en pié.

El Reino está cerca, crece sin prisas ni pausas ni imposiciones en los corazones de cada mujer y cada hombre con ganas de estar vivos junto a los demás.

El Reino acontece frutal y se revela en la sencillez del abrazo, en la fecundidad de la compasión, en la contundencia de la misericordia, en la solidaridad que se hace revolucionaria, en la verdad que se vive y es liberación, en la bendición de la escucha y el buen humor, en los gestos mínimos de cortesía, en el hambre brutal que se mantiene a raya, en los pueblos que se yerguen firmes en la búsqueda de su dignidad innegociable, en los niños que crecen en paz y familia, en el pan que se comparte sin condiciones.

La eternidad se entreteje en nuestro presente porque Dios ha querido hacerse hombre en Jesús de Nazareth, y allí se arraiga nuestra esperanza)

Paz y Bien

Señales de esperanza, tiempo de liberación

Para el día de hoy (24/11/11):
Evangelio según San Lucas 21, 20-28


(No hay que cansarse de insistir en lo mismo: la literalidad es causa de todo fundamentalismo, y nada tiene que ver con la Buena Noticia.

Por eso mismo, aferrarse a ella implica sucumbir al espanto, resignarse a la muerte e inventarse un falso dios de las venganzas justicieras y de las batallas victoriosas que suponen la aniquilación de todos y cada uno de sus enemigos, un dios lejano y revestido de gloria omnipotente al que sólo se accede -y se manipula- mediante la ejecución precisa de una piedad puntillosamente codificada.

La información diaria nos abruma: la crueldad expresada en todas sus formas, la violencia que no cesa y que trata de justificarse de mil maneras -especialmente desde el lado de los poderosos-, la afrenta del hambre y la falta de trabajo, la corrupción que nos ofende, el poder cuasi omnímodo de los imperios opresores.

Pero con ese horror instalado, con el espanto cotidiano, con todo y a pesar de todo la esperanza no se nos apagará jamás, siempre palpitará en nuestras honduras un pequeño rescoldo.
Es claro que no es nada fácil erguirse en la confianza en plena tormenta de sufrimiento; sin embargo, es la historia en trabajo de parto. Los dolores son muy intensos, pero preanuncian la vida nueva que llega.

Creemos en un Dios que se ha hecho hombre, que se ha querido tejer en la historia por una cuestión de amor irrevocable hacia la humanidad. Desde allí, hasta la noticia más terrible se transforma en buena y se convierte en señal de esperanza, porque la liberación crece humilde y en silencio entre nosotros, y se propaga fértil a través de mujeres y hombres que siguen confiados los pasos del Maestro.

Dios ha querido hacerse uno más entre nosotros -Niño frágil en brazos de Madre- y toda la tierra se hace santa porque cada día la vida amanece entre pañales y promesa de crecer)

Paz y Bien

Lo que prevalece

Para el día de hoy (23/11/11):
Evangelio según San Lucas 21, 10-19


(No es una lectura demasiado amigable; más aún, puede demoler de manera contundente ciertas conductas piadosas y determinados acomodamientos religiosos.
Pensamos en pequeños y exclusivos reductos confortables, y Él nos habla de persecuciones, de violencias, de desprecios y traiciones.
Ansiamos aguas de tranquilidad, pero sólo se nos ofrecen las aguas turbias de las amenazas y el dolor.

No es dable ni sano tener estas vicisitudes como aspiraciones primeras, pero hay algo fundamental: vivir fielmente la Buena Noticia es estar dispuestos a nada contra corriente, a no resignarse ante la injusticia y la opresión, a no dormirse frente al dolor del prójimo, a atreverse a la sagrada rebelión de la solidaridad y la compasión incondicionales.

El camino de Jesús pasa, indefectiblemente, por la cruz, y mientras no estemos dispuestos a ponernos ese cadalso al hombro -el amor mayor- nos estaremos quedando en la higuera estéril de la tibieza y el compromiso declamado pero nunca vivido y proclamado.

Pero no hay que aflojar, no hay que resignarse, no hay que bajar los brazos pues solos no vamos.
Nos acompaña y sostiene Aquel atrevido que horrorizaba a tantos diciendo que no hay nada mejor que perderse para ganar la vida de otro.

No nos merecemos desesperar.
Lo que prevalece es la fidelidad y la confianza)

Paz y Bien

Derrumbes

Para el día de hoy (22/11/11):
Evangelio según San Lucas 21, 5-9


(El Templo de Jerusalem era mucho más que el punto neurálgico de la fé de Israel: era más bien el centro religioso, político y nacional. Más aún, no es aventurado afirmar que, para muchos, significaba el centro del universo, fueran fieles de Judea o de la Diáspora.

Desde los tiempos del rey Salomón, su magnificencia asombraba a todos los que podían verlo y transitar entre sus muros: enorme, resplandeciente de pompa y boato, con hermosas piedras y ofrendas votivas, desbordante de fulgor y riquezas concitaba todas las miradas y las almas.

A pesar de todo ello, Jesús anuncia que de todo ello no quedará piedra sobre piedra; en parte, profetiza la destrucción del Templo a manos de las legiones romanas de Vespasiano y Tito alrededor del año 70.
Pero sólo en parte.

Es también anuncio y profecía de otros derrumbes, tan decisivos como el del Templo. Son las catástrofes que se advierten cuando se caen las estructuras de todo aquello que consideramos indestructible, cuando se trastoca esa arquitectura del alma que nos hace considerar sagrado aquello que no lo es, cuando se prestan oídos y atención a poderosos anunciadores de premios y castigos divinos.

Somos pequeños y frágiles, fácilmente abatibles -aún los más bravos-, y estamos a la deriva de vientos borrascosos, los vientos mundanos y las tormentas de los estados de ánimo.
Sólo permanece lo que encuentra fundamento en lo que no perece, en lo que permanece con todo y a pesar de todo.

En ese Cristo Resucitado que se levanta está nuestra esperanza)

Paz y Bien

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