Un mandato impostergable


Para el día de hoy (02/08/10):
Evangelio según San Mateo 14, 13-21

(Jesús estaba entristecido, su alma golpeada y en duelo: se había enterado de la muerte de Juan el Bautista a manos de los secuaces de Herodes, cumpliendo órdenes de éste.
Hay momentos en los que la soledad se vuelve tan necesaria como el respirar, momentos de estar a solas para llorar, para orar, para sumergirse corazón adentro, para beber entera la copa del dolor. En ese talante, Jesús se sube a una barca y se aleja de las gentes, se aleja de sus discípulos, ansía estar solo.

Pero la multitud igualmente lo sigue a pié. Y Jesús mira y los .
Los abatidos y agobiados, los desfallecientes de hambre y abandono, los sufrir en silencio las agonías de muchas enfermedades. Allí descubre el mudo clamor de muchos, las urgencias de ese pueblo, y brota el manantial de la compasión, el rocío de la Misericordia en medio del desierto.
Se parte su corazón frente a los necesitados, y deja de lado su propia necesidad.

Es el tiempo de la Gracia, de los dones; el otro siempre ha de estar primero.

Y así quiere que se comprometan sus amigos, los que le siguen, sus discípulos, vos y yo, tú y ella, todos nosotros.
Porque la Buena Noticia supone un compromiso vital, concreto y tangible.

Es tiempo de Gracia, es tiempo de dejar la declamación y transponer los límites mezquinos del yo, máxime cuando no se vive en plenitud, decididamente cuando acosa el hambre.

La respuesta inicial de los discípulos posee una lógica impecable: manda se puede hacer con tanta necesidad, es mejor dejar a las gentes que sigan viaje, es razonable mandarlos a sus casas.

El otro está primero, su necesidad debe ser nuestra prioridad, nuestra urgencia que no admite prórrogas, que no debe postergarse.
El hambre está aquí y ahora, su sombra ominosa aqueja a muchos y no podemos dejar librados a su suerte a tantos...

Es el tiempo de la Gracia, de la increíble desproporción del amor: por eso, Jesús -corazón sagrado, entrañas de Misericordia- totalmente hombre y totalmente Dios, consagra -hace sagrado- el compartir y la solidaridad.
Desproporción santa, que a partir de cinco panes y dos peces se sacie el hambre miles, y sobreabunda alimento para los que aún no han llegado. Eucaristía de vidas transformadas al servicio del hermano.

Quizás debamos releer prioridades, y preguntarnos si el amor nos apremia, si la necesidad del hermano se nos vuelve urgente.

Es mandato sagrado que debemos hacer nuestro, y que Él multiplica para que nadie ande penando en su abandono, en su hambre, en su exclusión, en la fatalidad del acostumbrarse a lo que está mal y deshumaniza)

Paz y Bien


2 comentarios:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Jesús a lo largo de su predicación nos da su corazón vulnerable a las necesidades de los hombres, nunca deja escapar una ocsión de hacernos ver qué hay que hacer para ser un hombre de Dios.
Con ternura
Sor.cecilia

rgr dijo...

Muy cierto, querida sor Cecilia: esa debería ser la clave/llave de la misericordia hecha vida, conmoverse frente a la necesidad del prójimo cercano y lejano.
Un abrazo en Cristo y María para usted y su comunidad
Paz y Bien
Ricardo

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