El salario imprecedible de la Gracia


Para el día de hoy (18/08/10):
Evangelio según San Mateo 19, 30-20, 16

(El entorno, algo tan tristemente conocido como el desempleo.
El centro, el Dueño de la Viña que sale varias veces durante el día a buscar obreros que trabajen en sus viñedos.

Es extraño: no envía a su administrador, no envía al capataz, sale el mismo Dueño. Parece que este Dueño tiene cierta urgencia en traer cada vez más trabajadores a su viña, y busca especialmente a los que nadie ha querido para su campo, a los que nadie contrató.
Está más preocupado por vaciar las plazas de desempleados que por tener un viñedo organizado y productivo, y ése es el mensaje que le envía a su administrador.

Y continúa la ilógica conducta de este Dueño: el jornal de un denario -que sólo había sido pactado con los primeros convocados- es el mismo para todos los que ha traído a sus campos. Y no conforme con eso, los primeros en percibirlo son los últimos en ser llamados. Este Dueño no calcula lo que le correspondería a cada uno según las horas trabajadas. A todos por igual de sus bienes...

Así el Reino.
Nadie ha de quedar despreciado y abandonado en sus capacidades en la plaza del mundo. Más aún, los que nunca son llamados y continuamente son dejados de lado, eso tienen la preferencia.
Y el pago... Somos nosotros los que solemos pensar y calcular en términos de prestación y contraprestación, puntillosos en las recompensas merecidas en acuerdo a los esfuerzos realizados, en las virtudes practicadas.

Ese extraño Dueño no calcula. Todo en Él es desproporcionado.
Es tiempo de la Gracia, y por ello, la justicia divina se expresa de otra manera.
Porque no hay que esquivarlo, y es perentorio reconocerlo: nuestros pensamientos no son los de Dios.

Es usual pensar en todo lo que podemos hacer por Él (defender la verdad, proteger la Iglesia, ganarnos el Cielo)... Lo inusual es reconocer todo lo que Él puede hacer por nosotros.

Es el tiempo nuevo de la Gracia, en que no cuentan tanto los esfuerzos y los méritos de los convocados -si bien importantes-; lo verdaderamente importante, lo que verdaderamente sentido y color a la opacidad de la existencia es la generosidad sin medida del Dueño del campo, que sin medir, sin calcular.

Es cuestión de amores, y mientras sigamos calculando que parte nos corresponde, más nos volvemos incapaces de la justicia del Reino y cada vez más nos hundimos en nuestra justicia del cálculo y la recompensa.

La Gracia es impensada, ilógica y desbordante, y es ante todo don, regalo, bondad... y no derecho o premio.

Es tiempo de comenzar a mirar las cosas y la vida como Él, desde Él y por Él)

Paz y Bien






2 comentarios:

su chico dijo...

La gracia tambien el justo acuerdo a un "día" de trabajo
Y me me atrevería a decir que los primeros jornaleros se pondrían a trabajar muy contentos y satisfechos por la paga (más que buena, justa; y si para el Justo lo era, así pues de buena)
El problema, no solo de aquellos jornaleros, es cuando al ver que otros no "tan trabajadores" (digo, cristianos de pro como yo) reciben prevendas que en este mundo yo envidio, también reclamo "mis derechos": que me toque la lotería (o un trabajo de funcionario bien pagado; que en estos tiempos tampoco hay que pedir el cielo)
Bueno, no me extiendo
(Más que nada porque no encuentro la calculadora)
En en Amigo
Al + Mc

rgr dijo...

¡Magnífico, mi amigo! Este criollo se suele trabar en similares andurriales y reclamos gremiales celestiales.
Quizás por no asumir que sólo soy un siervo inútil y torpe que apenas -y a penas- cumple con lo que debe, sin esperar salario. Debería estar más que conforme. Debe ser que ando con el apetito equivocado.
Algún problema de metabolismo del alma, sin dudas.
Un abrazo grande
Paz y Bien
Ricardo

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