Don y misión: de los ayes a los aleluyas

Para el día de hoy (23/08/10):
Evangelio según San Mateo 23, 13-22

(La advertencia del Maestro es dura, y está cargada de tristeza: los destinatarios de esos ayes -escribas, fariseos, tal vez nosotros mismos- oprimen a sus hermanos pero también se producen heridas irreparables a sí mismos. Esos ayes son gritos que expresan el dolor causado.

Sin embargo, los tiempos de la Gracia son los tiempos del más allá aquí y ahora, entre nosotros, quebrando las cadenas que atan, superando todo límite impuesto deliberadamente pues la última frontera ha sido disipada: Jesús ha vencido a la muerte, el Señor ha resucitado.

Tiempo recreado de Dios y el hombre, tiempo de transformar mensajes de muerte en Palabras de Vida, anuncios ominosos en Buenas Noticias.

Frente al dolor de los que cierran la puerta del Reino, y presentan desde la altura falsa de una cátedra perversa a un dios severo y juez castigador, que someten a sus hermanos mediante normas y dictámenes opuestos a la plenitud del decálogo, es misión de los discípulos anunciar la Buena Noticia de un Dios que es Padre y Madre, Dios Todopoderoso porque su esencia es Amor, Dios defensor de los pobres y providente con todas sus hijas e hijos, que se desvive por su bien.

Frente a la prisión encubierta de proselitismo, es decir, de los que se esfuerzan en atraer a las gentes a un grupo, tendencia o confesión determinada, es misión de los discípulos llevar la Palabra de Vida que es Palabra Viva: al igual que el Maestro, llevar la vida donde vayan, para que los pueblos la tengan en abundancia, expresión primordial del amor paternal de Abbá, Padre de Jesús y Padre Nuestro.

Frente a la idolatría de los que veneran cosas y personas como sacras por sí mismas, es misión de los discípulos llevar la maravillosa novedad de que la vida es sagrada por quien la otorga con generosidad, y que todo puede volverse santo por el Espíritu que da vida.

Esa misión es don, porque es impulsada por el Espíritu de Aquel que ama eternamente.
Esa misión que renueva la faz de la tierra, y puede hacer de este mundo un recinto amplio agradable al Dios de la Vida, es mandato maravilloso que puede transformar tanto dolor, esa multitud de ayes en aleluyas...

Es la misión sagrada de llevar a todas partes, comenzando en la cotidianeidad, ese ¡Alégrense! expresado en la propia existencia)

Paz y Bien

2 comentarios:

Salvador Pérez Alayón dijo...

Podríamos concluir que toda vivencia y mensaje está contenido en amar: dame, SEÑOR, más amor, si mucho más amor, aún más amor, SEÑOR, más, más, más amor en mi, en mi familia y en todos aquellos que me rodean, sin miramientos ni confesiones ni partidismos, sólo amar y amara como TÚ, SEÑOR, nos amaste, nos ama y nos amarás.

Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

rgr dijo...

Nada más deberíamos pedir, querido Salvador; sucede que quizás nos hemos vuelto demasiado complejos, cuando el mensaje del Evangelio es bien sencillo y claro.
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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