Mundos escasos



Para el día de hoy (04/11/13):  
Evangelio según San Lucas 14, 1. 12-14



(Por identidad, por afinidad o por simple pertenencia nos vamos fabricando pequeños mundos. Esos mundos son escasos, mundos para unos pocos, los mundos privados de cada una de las religiones, los mundos ideológicos, nacionalistas, de clases sociales, de intereses coincidentes. Mundos in-mundos, es decir, mundos pequeños que reciben a los pares y, aunque los consideren, exhalan impiadosamente a los que no pertenecen, a los impares.

Así el mundo que conocemos se compone, a su vez, de pequeños mundos, y muchísimos quedan fuera. Son tantos, que sólo puede inferirse un cruel mecanismo de selección y descarte, tanta gente abandonada, tantas personas que sobran, tantas almas desechadas, tanta humanidad disminuida.

El Reino que trae y ofrece con su misma vida Jesús de Nazareth, la Buena Noticia, empuja estas fronteras que hemos trazado a fuego en nuestros corazones. Y el modo es a través de la mesa, del pan compartido incondicionalmente.

No es cosa, solamente, de dar de comer. Eso está bien y es necesario, pero hay más. Siempre hay más.
Se trata de compartir el pan, de invitar a nuestra mesa a aquellos a que nadie invita y, más aún, de compartir el pan con aquellos que nadie, en su sano juicio, se sentaría de igual a igual. Y que en esa mesa grande no haya precondiciones, sino que comience a florecer la reciprocidad que sólo puede darse entre hermanos.
Porque crecemos en humanidad y nos enriquecemos cordialmente no tanto cuando nos emparejamos, sino más bien cuando festejamos los múltiples colores de nuestras diferencias.

Este Cristo no es neutral ni aséptico.
El Dios de Jesús de Nazareth abiertamente se pone del lado de los olvidados, de los abandonados, de los ninguneados y descartados.

Quizás entonces, cuando nos decidamos a agrandar el mundo desde la sencillez de la mesa y el pan compartidos, allí si podamos celebrar el misterio maravilloso de la existencia y por ello agradecer con sincera cordialidad, eso que conocemos como Eucaristía)

Paz y Bien





Zaqueo, el Cristo al fin en casa



Para el día de hoy (03/11/13):  
Evangelio según San Lucas 19, 1-10



(Jericó es un gran portal para los campesinos galileos que se encaminan hacia Jerusalem, a peregrinar hacia el Templo; es la entrada misma a Judea. Es también una encrucijada clave por las rutas que la atraviesan, por lo que el comercio ha crecido notoriamente, y con ello, en ciertos sectores abunda el dinero. Al ser fronteriza -por canalizar el acceso a Judea- también posee una aduana en donde destacan los cobradores de tasas, allí, en las arterias principales y en los mercados.

Estos recaudadores de impuestos, llamados publicanos, colectaban dineros para el Imperio, para la Roma que sojuzgaba la Tierra Santa. Por ello eran despreciados fervorosamente por sus paisanos, los que le adjudicaban la misma categoría moral de las prostitutas; a menudo, se abusaban de su posición para , mediante prácticas corruptas, cohecho y soborno, amasar grandes fortunas.
Por su abierto colaboracionismo con el extranjero opresor y por los abusos a sus compatriotas, vivían prácticamente aislados del resto de la comunidad, por exclusión social pero también por severos dictámenes religiosos, pues se los considerabam a su vez impuros incurables.
Y dentro de los publicanos, había determinadas categorías o jerarquías, siendo las más altas las de los jefes, que en consonancia con sus prácticas inmorales, eran los más ricos y poderosos.

Tal es el caso de Zaqueo.

Casi siempre solo, apenas con sus parientes y con otros publicanos, aunque no hemos de descartar a los imbéciles adulones de siempre, cultores del poder y del dinero. Nos dice la Palabra que Zaqueo era de baja estatura, y por ello, al paso del Maestro, debe subirse a un árbol, un sicómoro, para poder ver quién es ese rabbí galileo del que tanto hablan.

Sería sencillo imaginarnos a un hombre bajito, con las lógicas dificultades para mirar por encima de la multitud; pero con ello dejaríamos de lado signos y símbolos con que la Palabra nos provoca, nos revela y nos rebela. En cambio y sin temores, podemos afirmar que el problema es la estatura moral, la altura ética del publicano. El mal, el pecado que asumió en su cotidianeidad como normalidad lo ha ido rebajando, y le ha nublado la mirada.
El mal carcome y minimiza nuestros posibles crecimientos en humanidad.

Pero primero y ante todo, siempre está la iniciativa bondadosa de Dios que se revela en Jesús de Nazareth, un Dios que no se esconde, que sale al encuentro y busca a los extraviados. Porque ese Cristo tiene una mirada profunda y lejana que no se detiene en esas miserias, sino que es capaz de ver todo lo que podemos llegar a ser, y por esa esperanza que no puede apagarse, siempre habrá motivos de festejo.
Ese Cristo quiere llegarse a este corazón-hogar que somos, para celebrar la vida renovada y recobrada, vida nueva, resurrección que se asoma.

Porque sin esa iniciativa de Dios, lo de Zaqueo sería solamente una curiosidad banal.

Los que de algún modo intentamos seguir los pasos del Maestro, tenemos mucho por hacer. Hay mucha gente encaramada a miles de árboles, pues nada alcanzan a ver más allá de sí mismos, por el pecado practicado o por la miseria impuestas. Y hemos de llamarlos, y hemos de hacerlos bajar de allí, para que haya miradas a los ojos y palabras plenas de cordialidad y sinceras en el perdón que porten.

Porque la mesa grande de Dios está abierta para que nadie falte)

Paz y Bien
 



Fieles difuntos: hacia el reencuentro



Conmemoración de todos los fieles difuntos

Para el día de hoy (02/11/13):  
Evangelio según San Lucas 24, 1-8





(No se puede permanecer neutral frente a la muerte, no. Tarde o temprano nos golpea con su dura realidad, con la pérdida de un ser querido, con la certeza de la propia finitud.
Aunque, es claro, mil y una cosas nos hemos inventado para su elusión, maquillajes vanos para prolongar lo improrrogable, cosas e ideas que adormecen la realidad. Sin embargo, también hay toda una estructura que tiende a resaltar y maximizar el dolor, la exacerbación de los signos mortuorios, del comercio funerario que desnaturaliza su final.

Muchos afirman -a menudo con cierto grado de certidumbre- que la humanidad se ha brindado a través de la historia construcciones religiosas para, precisamente, escapar de ese miedo primordial, e imaginar que hay una vida postrera.
Otros, que no hay más nada. En ambos casos, cada postura condiciona en cierto modo lo que hay en medio, nada más ni nada menos que la existencia. Porque ante todo, la propia muerte se re-significa de acuerdo a como se ha vivido.

Algunos intentarán la acumulación de méritos temporales, por suponer que luego del final nos presentamos ante un tribunal de balanzas exactas que sopesa bondades y maldades y que, de acuerdo a ese resultado, accederemos a una vida postrera. Otros, tratan de aferrarse a la instantaneidad, porque avizoran que la vida es corta y que no hay demasiado tiempo para los placeres y el disfrute. Otros sojuzgan, se aferran al poder, al dinero y a los bienes y optan por disfraces religiosos que justiprecian lo que se intenta esconder.

Pero las ausencias siguen alí, con mayor o menor fuerza, y también nosotros pasaremos por ese éxodo.

Por ese Cristo Crucificado que resucita y despoja a la muerte de su infalible contundencia, sabemos que hay más que sólo un fin dolorosamente cierto.. 
Y sabemos también que el vivió fiel a su destino y a su misión, aún cuando sabía con seguridad que le esperaba la muerte más horrorosa, en soledad y abandono.

Por eso, y sin un mínimo atisbo de minimizar las lágrimas -de amores y culpas añejas-, lo que cuenta es vivir como Él vivió. Porque la muerte no es propiedad exclusiva de las necrópolis, sino que campea a diario entre nosotros, en los sufrimientos, en el dolor, en la miseria, en la mentira, en la opresión, en la resignación, en el olvido de los demás, en el egoísmo.

Lo importante es que ese umbral no es final sino, apenas, un comienzo. Y no importa tanto lo que haya tras esas puertas sino más bien Quien nos espera.

La Resurrección de Cristo es la profecía final del reencuentro con Él y con todos, en la vida para siempre.

Que el Dios de la Vida y la Misericordia haga vivir a los nuestros para siempre, y que consuele toda lágrima con abrazos de esperanza)

Paz y Bien

Fiesta de Todos los Santos, de todos los locos



Solemnidad de Todos los Santos

Para el día de hoy (01/11/13):  
Evangelio según San Mateo 4, 25-5, 12


(La Fiesta de Todos los Santos es este día en que realizamos el memorial de todos aquellos que viven para siempre junto a Dios.
Y vivir junto a Dios no es, necesariamente, un recuerdo acotado a los cementerios, a aquellos conocidos y desconocidos que alcanzaron la plenitud post mortem, por haber vivido en total fidelidad -en grado heroico- la fé, la esperanza y, sobre todo, el amor.

La celebración solemne de Todos los Santos ha de ser para nosotros, los que aún andamos por estos arrabales, una fiesta de esperanza plena.

Una locura.

Esa esperanza que es el sueño de Dios resplandece y se crece en lo más pequeño, en lo que no cuenta, en lo que a los ojos del mundo carece de valor y ha de despreciarse por su pequeñez, tantos granos mínimos de mostaza, tantos pequeños puñados de levadura que fermentan la totalidad de la masa con tenacidad, sin estridencias.

Santidad es cosa de locos, de esos locos hambrientos permanentes de justicia, insomnes por el sufrimiento del hermano, incansables edificadores mansos de amplios recintos de justicia.
Son los mismos locos que en el día a día siembran la paz desde la desfachatez del perdón, desertores constantes de toda resignación, insanos en su esperanza que no desfallece a pesar de tantas lágrimas, renegados de las victorias que se imponen, de las figuraciones, de cualquier violencia, mansos caminantes tras de ese Cristo que pasa haciendo el bien. 
Locos de corazón puro y mirada transparente, que a menudo pasamos de largo sin ver, pero que sin ellos la vida sería un tormento intolerable.

En el día de Todos los Santos celebramos la esperanza cierta de tenemos un único destino, el de vivir para siempre, el de ser felices)

Paz y Bien

Corazón maternal




Para el día de hoy (31/10/13):  
Evangelio según San Lucas 13, 31-35



(Algunos fariseos se acercaron al Maestro con una inequívoca advertencia: Herodes lo estaba buscando, pues quería matarlo, y resultaba perentorio que Él escapara y se ocultara a la espera de mejores vientos. 
La postura de esos fariseos puede resultar extraña, dado que habitualmente eran sus enemigos, los que lo repudiaban y execraban, y ello puede deberse a diversas cuestiones, entre ellas que el tetrarca Herodes era -abiertamente- un vasallo del Imperio Romano, del cual dependía en gran parte para sostener su poder. Esa alianza política repugnaba a los puros fariseos, que seguramente preferían tener que vérselas con el rabbí galileo -al fin y al cabo, era tan judío como ellos- que hacerle el juego al tirano tetrarca, experto en represiones violentas.

Pero nada de ello coaccionará ni amilanará a Jesús de Nazareth. Él pasa haciendo el bien, anunciando buenas noticias y no construye poder propio. Es servidor de todos, y por esa tarea amorosa, por cualquier tarea de bondad jamás hay que pedir autorización a nadie.
Tampoco es un ingenuo: sabe que Herodes es peligroso, que está al acecho, que entre tantas vidas se ha llevado la del Bautista y que no le enfrentará abiertamente, lo que lo hace aún más peligroso. Por ello, en franco desafío, lo llama zorro en medio de la descripción de su misión: lo verdaderamente importante es esa misión a la que será fiel hasta la muerte, no Herodes, no el poder, no el sigilo pernicioso de tanto carroñero que anda dando vueltas.

Nada ni nadie lo harán retroceder ni vulnerar su fidelidad, que es producto del amor a su Padre. Y es tan grande ese amor, y tan brutal su rechazo, que el Dios de Israel y de la historia ya no habitará el majestuoso recinto edificado en piedra y revestido de oro del Templo.
A Dios se lo encuentra en el Resucitado que es el Crucificado, y en todos y en cada uno de sus hermanas y hermanos, templos vivos y latientes del Dios de la Vida.

Es ese mismo Dios el que se revela por ese Cristo fiel como Padre y como Madre también, un corazón maternalmente eterno que a todos quiere cobijar y proteger, a pura bondad y sin condiciones, por el maravilloso misterio de ser hijas, por la magnífica condición de ser hijos, Dios que es Papá y Dios que es Mamá, el Dios de Israel, el Dios de nuestros mayores, Dios de nuestros amigos y nuestros enemigos, Dios de la Vida y el universo)

Paz y Bien

La puerta estrecha, las preguntas erróneas


Para el día de hoy (30/10/13):  
Evangelio según San Lucas 13, 22-30



(La reivindicación de los derechos de pertenencia han sido determinantes a través de los siglos, sean ellos los derechos de raza -de sangre-, los derechos nacionales, los derechos religiosos. Así se suponían y establecían, por eso mismo, supremacías y exclusividades de unos por sobre otros.
Hoy quizás, en algunos aspectos, ha variado su nomenclatura pero la idea de fondo es la misma, y transladada a los escatológico -al plano de la salvación, la cuestión se acentúa a límites insoportables.

En la mentalidad imperante en tiempos del ministerio de Jesús de Nazareth, la pertenencia pura a Israel garantizaba esa condición única y especial por la cual unos pocos accederían, en el futuro, a la salvación de su Dios. Por fuera de ese grupo reducido, sólo aquellos que se circuncidaran y que se sometieran a la Torah accederían -sólo en parte- a esas bondades. Por ello es razonable la pregunta que le realizan al Maestro: en su esquivo horizonte, quieren saber cuantos serán los beneficiarios futuros de esas bondades divinas, pues advierten que son tantas las imposiciones y tan difíciles de cumplir, que los salvos serán un grupo muy reducido.

La pregunta es errónea, y nos debemos un profundo sinceramiento también.
Es errónea pues en la ilógica del Reino lo postrero se edifica en el hoy, en cada presente, y supone un banquete, un ágape inmenso de mesa amplísima, en donde las ansias del Maestro están dirigidas a que nadie falte a esa mesa de amigos y hermanos. 
Quizás la cuestión primordial se comience a dirimir entre la importancia cuantitativa frente a las virtudes cualitativas, es decir, las éticas trascendentes, cómo somos lo que somos con Dios y por ello mismo, con el prójimo.

No estamos demasiado lejos de ello. ¿Acaso la Salvación es distingo de aquellos que cumplen con puntillosa exactitud los preceptos de la Iglesia, los que pertenecen a alguno de sus movimientos en carácter cuasi militante. los que infieren de continuo que defienden lo derechos de Dios y de la Iglesia, los que viven con el Dios mío en los labios, o los que en verdad profunda respiran a cada instante la Buena Noticia, el amor, la compasión, la misericordia, la gratitud?

Hay puertas estrechas que deberían distinguirnos, y entre ellas, el grato asombro de que esa Salvación es don y es misterio de la Gracia, y que no dormimos tranquilos mientras haya muchos hermanos nuestros que se queden fuera y se pierdan el convite increíble de ser invitados a vivir juntos y para siempre)

Paz y Bien

Escondido en la historia




Para el día de hoy (29/10/13):  
Evangelio según San Lucas 13, 18-21




(Jesús de Nazareth se valía de cosas que Él y sus oyentes conocían bien, extraídas de lo cotidiano, para hablar y enseñar las cosas de Dios, la Buena Noticia. Es algo que hemos olvidado y dejado de lado, pues gustamos de enredarnos en arcanos, en abstractos lenguajes académicos que, a menudo, están muy lejos de las cosas que le suceden a la mujer y al hombre de hoy. Porque la Salvación sucede en tiempo presente, y se extiende hacia la eternidad.

Así entonces el Maestro se refiere al grano de mostaza; esta planta era muy común en la Palestina del siglo I, especialmente en la región galilea, y cuya característica principal es poseer un grano muy pequeño, insignificante. Pero a pesar de esa casi invisibilidad, pujante y oculto en los pliegues de la tierra, germina y crece y se vuelve un árbol frondoso que cobija a todos los pájaros.

También habla de la levadura; para la estricta Ley mosaica, era un factor de corrupción, de tal modo que se trataba de evitarla, en especial durante la celebración de Seder Pesaj -la Pascua- para mantener la pureza del hogar, y por eso preponderaba el pan ázimo. Sin embargo, las amas de casa comprendían bien a qué se refería el Maestro: una pequeña proción de levadura fermenta tres grandes medidas de harina, de tal modo que escondida en el corazón de la harina se fermente la totalidad de la masa.

El Reino de Dios es la semilla de mostaza, y es la levadura. Está escondido humilde y silenciosamente en la historia de la humanidad.
A pesar de todos los desprecios y las ansias de glorias e imposiciones, crece en silencio pero con fuerza imparable, transformándolo todo, haciendo que este mundo tan estrecho pueda dar cobijo a todos, sin distinción.

La sencilla humildad del Reino sustenta nuestra esperanza)

Paz y Bien

Congregados



Para el día de hoy (28/10/13):  
Evangelio según San Lucas 6, 12-19



(La oración era para Jesús de Nazareth tan importante y natural como el respirar. Toda su vida es una vida de oración, una vida orante, un diálogo imprescindible entre Él y su Padre, una escucha fértil y afectuosa.
Así lo encontraremos en plena oración en los momentos cruciales de su ministerio: la oración implica permanecer siempre en el horizonte y dentro del proyecto de Dios, su Reino.

Para el Maestro no cuentan las abstracciones, ni se detendrá en declamaciones banales. 
Las cosas de Cristo siempre son personales, totalmente personales, siempre reconoce rostros, identidades, nombres y apellidos. Por ello, poco cristiana y lejana a la luz del Evangelio es cualquier despersonalización, la pérdida de identidad, la masificación, la aniquilación de las singularidades.

Los Evangelios han conservado así los nombres de aquellos a los que Jesús ha congregado junto a sí, signo cierto de nuestro llamado.
Todos y cada uno de nosotros hemos sido también congregados desde siempre para estar a su lado, para caminar junto a Él con la misma misión, misión de paz, de justicia, de liberación, de salud, de alegría.

Hay diferencias, claro está, y a pesar de ciertas fricciones es algo que nos enriquece. Pedro no es igual que Santiago, Felipe no es similar al Iscariote, Andrés no es furibundo zelote como el otro Judas. Pero todos tienen la misma distinción, el ser reconocidos como amigos y hermanos de navegación, parte de esa familia siempre creciente que anida en el corazón de Dios, que llamamos Iglesia y que no se limita a ciertos parámetros religiosos.

Hemos sido concienzudamente congregados por lo que somos, por quienes somos y por todo lo que podemos llegar a ser)

Paz y Bien

Humildad y salvación




Para el día de hoy (27/10/13):  
Evangelio según San Lucas 18, 9-14




(No es fácil ni sencilla la Buena Noticia de Jesús de Nazareth, esa asombrosa novedad sobre un Dios al que llama Abba.
Y no es fácil pues se derriban preconceptos, se rompen moldes, y se navega por las indescriptibles aguas del amor. Porque podemos describir algunos de sus trazos, pero el amor es mucho más que eso, y ciertamente, está muy lejos de cualquier banalización romántica.

Los dos hombres de la parábola son judíos por pertenencia. Uno, es un hombre piadoso -religioso practicante diríamos hoy-, estricto y puntilloso en el cumplimiento de las normas y preceptos. El otro, recauda impuestos para el invasor imperial romano, a menudo procurando el beneficio propio mediante prácticas corruptas y extorsivas.
Uno de ellos posee la imagen de un hijo fiel de Israel y de la Ley de Moisés, un puro entre puros. El otro está manchado definitivamente por lo que hace, por el contacto con el dinero, por servir a los opresores.

Ambos son judíos, y por ello ambos van al Templo a rezar a Dios.
Pero con todo y a pesar de todo, ambos creen en un Dios muy distinto.

El fariseo cree en un Dios que premia con bendición en forma de salud y bienestar a los cumplidores, a los que, como él, se aferran con exactitud a lo prescrito, un Dios que a su vez castiga sin demoras a los renegados, a los pecadores, a los impuros. Es el Dios del que todo se obtiene si uno se porta bien, a mayor piedad mayor bonanza.

El publicano se sabe pecador, limitado, pequeño, muy incompleto. Sabe que entre su Dios y él hay un abismo, y ni siquiera se atreve a levantar la mirada. Toda su existencia depende del perdón de ese Dios, y su sincero clamor de perdón condensa la verdad de su propia vida. Se descubre miserable, sabe que aunque acumule lo que acumule es infinitamente pobre si su Dios no lo habita y lo transforma.

Uno está satisfecho y lleno, completo en su justicia prefabricada. En realidad, ese fariseo nada necesita de su Dios, y su oración es un canto a sí mismo.
El otro sabe que no es nada ni nadie sin la bondad de ese Dios. Por ello sólo el publicano saldrá justificado.

El Dios de Jesús de Nazareth es Dios de publicanos, el Dios de los pecadores, el Dios de los hijos extraviados.
Santa Teresa decía con sabia precisión que la humildad es la verdad, y ese publicano es veraz en su arrepentimiento.

Se trata de la verdad que crece en los corazones que le abren la puerta, se trata de la vida que florece renovada en esa existencias que saben vaciarse de lo que perece, de lo superfluo.

La Salvación no se obtiene por trueque piadoso o mediante comercio espiritual, la Salvación es don y misterio.
Se trata de saber descubrir y aceptar desde estas nadas que somos todo lo que Dios quiere hacer por nosotros, todo lo que podemos llegar a ser de la mano de Dios, antes de engañarnos en realizar una miríada de cosas y acciones por Dios.

Dios es perdón, Dios es misericordia, Dios es amor que transforma la misma raíz de todo destino)

Paz y Bien

La ciencia de la paz



Para el día de hoy (26/10/13):  
Evangelio según San Lucas 13, 1-9




(A Jesús le mencionan un hecho horrible, y es el homicidio de unos galileos por parte de Pilato y sus tropas, con toda probabilidad en el mismo Templo, pues se indica que su sangre se mezcló con aquella reservada al culto y los sacrificios. Al día de hoy, no hay registros históricos que lo refrenden, pero no es improbable: el pretor romano, además de garantizar mediante la fuerza el dominio imperial de Roma, era un conocido antisemita, que no dejaba pasar la oportunidad de humillar a los judíos, a menudo de manera violenta. 
Ahora bien, lo implícito que quizás debemos considerar es el porqué le recuerdan al Maestro este hecho espantoso, y ello puede deberse a varias cuestiones.
La primordial, es que Jesús de Nazareth es alguien que en verdad sabe escuchar, y de ello pueden dar fé sus discípulos y sus mismos enemigos. Es un hecho que angustia y es un hecho afrentoso, y cuando no se habla el dolor vá carcomiendo por dentro.

Por otra parte, están muy vigentes los criterios religiosos imperantes: las desgracias ocurren a causa de pecados propios o de los padres, y en una casuística cuantitativa, a mayor desgracia mayor pecado. Es una teología retributiva y terrenal, conceptos de justicia divina articulados con mensuras mundanas. Es la dialéctica del por algo será, del algo habrán hecho para que les suceda lo que les sucedió, transformando impiadosamente a las víctimas en victimarios.
Además, claro está, flota en el ambiente la cuestión nacionalista: algunos pretenden que Jesús tome partida frente a los atropellos del tirano opresor, que injuria la Tierra Santa.

Pero el Maestro les responde con otro suceso: el derrumbe de una torre que se cobra la vida de varios vecinos de Jerusalem. Allí también hay muertes tempranas, vidas sesgadas inútilmente.

¿Cuál será la respuesta que esperan? ¿Acaso esos jerosolimitanos también cargaban con culpas pecaminosas que les habían acarreado esa desgracia? ¿Es su Dios el propalador de esos castigos, o es el brutal Pilato y la desidia de algunos gobernantes los victimarios directos?
Quizás nosotros también agregaríamos nuestra porción supersticiosa de destinos inscritos vaya a saberse en donde, de azares adversos.

En la santa ilógica del Reino, en Dios está nuestra suerte y somos un destino a edificar.

Pues aunque es importante el modo en que se muere, más decisivo es porqué se muere, para qué y para quien. Y más aún, lo que cuenta es cómo se ha vivido.

A través de toda nuestra existencia -limitada, corta, escasa- se nos invita de continuo a la conversión, es decir, a la metanoia, a ser cada día un poco más humanos, compasivos, solidarios, trascendentes, desertores del egoísmo, con la mansa ferocidad que implica -en estos tiempos- reivindicar un destino universal de felicidad, de plenitud. Esa universalidad es la que busca y encuentra hermanas y hermanos antes que propios y ajenos, esa universalidad es el color primero de esa catolicidad que declamamos y poco practicamos.

La invitación a la conversión es don y es misterio antes que imposición y obligación. Es la paciencia inquebrantable de un Dios siempre fiel, que se desvive por todas sus hijas e hijos. 
Siempre hay tiempo para el regreso, siempre.
Siempre se puede crecer en humanidad, corazón adentro, por más ímprobo que aparezca el desafío, el propio y el de los demás. Siempre se puede, no hay que resignarse jamás.

Se nos ha ganado un tiempo precioso para ello -pagado definitivamente a precio de sangre inocente-. Porque la paciencia es, precisamente, la ciencia cordial de la paz.
Ese tiempo ganado es esta vida que somos, y que nos amanece, con todo y a pesar de todo, como bendición y posibilidad)

Paz y Bien


Intérpretes del tiempo y los corazones



Para el día de hoy (25/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 54-59



(En cada época histórica es una necesidad impostergable la lectura de signos y hechos que son propios de cada una, para poder dar una respuesta concreta a los interrogantes que el tiempo vá planteando. La superficialidad siempre conspira e impide la veracidad.

Pero todo ello cobra un mayor impulso y un significado mucho más profundo para la vida cristiana.

Creemos en un Dios que es y está, un Dios que por un amor insondable se ha encarnado, se ha hecho hombre -uno entre nosotros-, se ha hecho tiempo, se ha hecho historia y salvación en Jesús de Nazareth, Cristo de Dios.
Desde allí, entonces, nos vamos volviendo intérpretes de los tiempos, fidedignos lectores de los signos que encontramos a nuestro paso. Es eso que llamamos escatología: con la vista puesta en ese final que en realidad es el comienzo definitivo, podemos descubrir las huellas de ese Dios que nos conducen a puerto seguro.

Este Dios no es un Dios lejano e inaccesible en su eternidad. Su rostro lo encontramos en cada esquina, en el rostro de los pobres, en la mirada de los pequeños, su mano bondadosa en los pequeños gestos de bondad y también en los acontecimientos que redundan en ascenso de humanidad. En todo podemos encontralo, pues este Dios no se esconde, este Dios sale al encuentro.

Así también nos volvemos, por ello mismo, intérpretes de los corazones. Todo lo que sucede, lo bueno y lo malo, lo que se omite y silencia, anida en las honduras de las almas.
Allí es donde se decide salvación como don y misterio de siembra, o condenación por decisión propia y nó como castigo. Hay pocas cosas tan malas como no querer mirar y ver lo evidente.

Y entonces, sólo entonces se pueden torcer los rumbos de muerte e inhumanidad, tan ajenos a Dios.
Con ese Dios tejido en la historia, recobramos la posibilidad asombrosa e indeclinable de ser felices)

Paz y Bien

Corazón en llamas



Para el día de hoy (24/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 49-53




(No es fácil seguir los pasos de Jesús de Nazareth. Este es el mismo rabbí que nos daba y dejaba su paz, y que ahora afirma con férrea determinación que ha venido a traer división, espada que cercene, fuego que incendie las vidas apagadas.

Es que el Evangelio no es cuestión de tibios, ni admite medias tintas. Y el Maestro lo sabe bien, lo vive en carne propia. Lo respira. Transpira sangre y siendo príncipe de todas las paciencias, no aguanta más las demoras.
Es amor entrañable y fidelidad al sueño de su Padre, el Reino.

Es un hombre peligroso, un hombre con una misión que no vacilará ni un instante, ni un milímetro hasta su cabal cumplimiento. Inclusive, dando la vida por ello.

Su corazón sagrado está en llamas, y quiere que ese fuego santo se propague. Ese fuego no hace daño, pero derriba egoismos, muros de vanidades, opacidades venales. Ese fuego transparenta las existencias, y por eso es bautismo.
Porque un bautismo simboliza el morir para renacer de las profundidades de las aguas nuevo, re-creado.

Tenemos una gran deuda de fidelidad, y nos abundan las liviandades tibias.
Hace falta volver a enamorarse cada día, con pasión abrasadora, de esta bendición y este regalo que es la existencia, don incondicionalmente generoso del Dios de la Vida)

Paz y Bien

Tiempo de espera, tiempo de servicio




Para el día de hoy (23/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 39-48




(Ninguna linealidad es buena y toda literalidad es funesta en la lectura de la Palabra de Dios. De allí surgen todos los fundamentalismos, se cultivan los miedos y se articulan razones que pretenden esconder la verdad. Es menester buscar en las profundidades del texto la teología, es decir, la enseñanza espiritual para la comunidad y para cada uno de nosotros.

Así entonces las parábolas hablan, de atención, de esperanza, de servicio, de alegría, y no de un amo severo dispensador de latigazos o castigos y punitorios graduales para los que han quebrantado las normas, premiador de los que se han comportado de acuerdo a sus expectativas. 
Porque el Dios de Jesús de Nazareth nada tiene que ver con esos criterios que solemos adjudicarle, criterios de trueque y comercio, de premios y castigos, de juez y verdugo. Es un Padre que nos cuida, una Madre que nos ama. Y por ese amor se establece su justicia, y germina el derecho, nó por nuestros méritos acumulados.

Con una habitualidad pasmosa, nos hemos dejado embaucar por el confort y el hedonismo. Pensamos que goces y alegrías son individuales. Pero por allí se perece, pues son fines en sí mismos sin trascendencia, sin otro horizonte más que el egoísmo.
La felicidad, esa auténtica alegría perenne, siempre es compartida. Y se magnifica y acrecienta en tanto que más participen de su sol.

En esos andares, no se puede perder de vista el hacia donde vamos. El regreso definitivo del Señor -presente en los pobres y en los pequeños, vivo en la Eucaristía- se lo dibuja como cuestión de final, de demolición con fuegos artificiales, shows fílmicos.
Pero el regreso del Señor es la certeza plena que no estamos solos, que está volviendo para re-unirnos, para que se sienten a su mesa infinita sus hermanas y hermanos de toda la historia, momento eterno de reencuentro definitivo.

Hay un mientras tanto que es tiempo de espera. Más con un horizonte tan pleno, esa esperanza se activa y alerta en inminencia y en esa atención que se amplía cuando salimos de nosotros mismos.
Porque la esperanza es tal cuando la mirada está puesta en el otro, especialmente en el que sufre, y cuando los esfuerzos se dedican al cuidado, a la protección de los débiles, a sostener sonrisas y cortesías, a hacer de estos páramos ambientes más humanos, genuinamente humanos, donde el sobrevivir pase al olvido y nos quede el vivir en plenitud con los demás)

Paz y Bien

Ceñidos de fidelidad

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Para el día de hoy (22/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 35-38




(Ceñirse las vestiduras implicaba, en la Palestina del siglo I, amarrarse un cinto o un trozo de tela alrededor de la cintura y sujetando las ropas para que éstas no estorbaran los movimientos, en total disponibilidad de acción. 
Ello no es un llamado a la pura praxis por parte del Maestro; significa, ante todo, estar con el corazón siempre dispuesto y atento a lo que pueda suceder, inclusive en los momentos menos esperados y sorpresivos. Por ello también la exigencia de la lámpara encendida.
Esas lámparas de aceite, en aquel tiempo, no se encendían porque sí, dado el oneroso valor del combustible. Sólo se utilizaban un rato por la noche y en el centro de la vivienda familiar para prolongar el día y para iluminar a toda la familia.
Pero esta luz ha de estar encendida de manera permanente, para mirar y ver bien y para que todos los demás puedan también utilizar sus ojos plenos.

Se trata de la espera atenta que dá sentido. Este Cristo de Dios es nuestro hermano que ya está regresando, y que ha de volver en cualquier momento de manera definitiva. No somos navegantes erráticos, sino pescadores confiados con un horizonte diáfano de certezas.

Se trata de ceñirse de fidelidad, es decir, de preparar el corazón a fuerza de fé, en la misma sintonía amorosa de Dios, música de esperanza activa que no se adormece en comodidades mundanas ni se pierde en esas oscuridades en las que solemos caernos, de tan insignificantes que somos.

Porque, con todo y a pesar de todo, su regreso es la alegría definitiva, eso que llamamos felicidad. El amo que regresa y brinda a sus servidores fieles su afecto con mesa servida, es signo cierto de que no los considera siervos ni esclavos, sino miembros de su familia.

Así el Señor. Somos sus hermanas y hermanos, hijas e hijos, padres y madres, todos parte de su familia creciente que lo aguarda con mansa confianza, con servicial expectación, esta familia Iglesia)

Paz y Bien

Codicia y fraternidad




Para el día de hoy (21/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 13-21




(De un modo pleno de significado y simbolismo, la lectura de hoy coloca en un mismo plano literario a la disputa hereditaria entre dos hermanos y a la parábola del hombre codicioso, y ello también tiene su correlato y su intencionalidad primera, que es la espiritual.

Le piden que actúe como juez o árbitro en medio del conflicto por dinero entre dos hermanos; el pedido no es extraño, toda vez que los maestros de la Ley podían, a su vez, ejercer tales funciones en cuestiones que estaban más allá de lo cultual, en todos los órdenes de la vida.
Sin embargo Él se niega a intervenir tal como se le requiere: aún cuando se cuidara estrictamente la razonabilidad y la legalidad al dictaminar en la disputa, en el fondo no hay solución posible. Porque esos dos hermanos han renegado uno del otro en aras del egoísmo, en beneficio del enriquecerse, todo a costa del otro.

Es por ello también que a continuación Jesús les refiera la parábola del hombre codicioso.
Nada material nos hemos de llevar cuando sea el momento de partir. Por el contrario, lo único que merece acumularse es, en la ilógica del Reino, todo aquello que damos sin condiciones, a pura generosidad.

Todo materialismo -de cualquier color ideológico- esconde codicia, y la codicia es la condición primordial de los sacrificios humanos, pues en el altar del dinero se sacrifica al prójimo, se razonan guerras, se articulan injusticias, se dispensa dolor y miseria.

En el mismo plano se encuentran las dos cuestiones, pues la codicia impide que germine y crezca la fraternidad)

Paz y Bien


 


Oración y justicia



Para el día de hoy (20/10/13):  
Evangelio según San Lucas 18, 1-8



(Para estos ojos modernos que de manera tan mundana portamos, los jueces deben ser -en absoluto- asépticos y quirúrgicos a la hora de hacer cumplir la ley. No está mal, claro está, pero la mirada de Jesús de Nazareth vá más allá y se sumerge en las honduras de lo humano: el juez de la parábola es injusto porque nada le importa salvo sí mismo -poder, prestigio-, y así no tiene en cuenta a Dios ni a los hombres, ni tampoco protege a los débiles, no es alguien a quien acudir en búsqueda de equidad ni protección.

La viuda, en cambio, es epítome de la debilidad. Porta el duro gravamen social y religioso de ser mujer, o sea, es considerada un ser inferior, apenas por sobre los esclavos, sin ningún derecho. Ello se agrava en lo jurídico, pues al ser viuda, no tiene un varón de su familia que hable y reclame por ella, que la proteja frente a cualquier atropello.
Y su clamor frente a este juez indiferente es muy significativo: no pide castigos para con su adversario, sino que reclama la justicia que se le niega, pura justicia, obstinado hambre y sed de justicia que no sabe de resignaciones.

Y lo logra. Es su rebelde tenacidad, es su esperanza que no abdica la que logra torcer la voluntad pétrea de ese juez omisivamente cruel. Porque es el juez el que se cansa y satura, ella jamás baja los brazos.

No se trata de procesos azarosos: el Maestro deliberadamente conjuga esta parábola con esta necesidad profunda de orar sin cesar, sin desfallecer, sin desertar de la confianza. Orar es navegar hacia el horizonte de Dios, orar es ponerse en su misma sintonía, y esa sintonía es el Reino, un Reino que es aquí y ahora.
Por ello oración y justicia son inseparables.

Quiera el Espíritu que nos vayamos volviendo así de molestos, así de fastidiosos, así de tenaces, así de rebeldes, así de fieles, que nunca nos resignemos, para que imperen la paz y la alegría, hermanas amadísimas de la justicia)

Paz y Bien

Reconocidos



Para el día de hoy (19/10/13):  
Evangelio según San Lucas 12, 8-12



(Con el correr de los siglos se nos ha establecido y hemos aceptado una brecha infranqueable entre cielo y tierra, lo divino y lo humano, y a partir de ello será el modo de nuestro obrar, muy preocupados por el más allá pero consuetudinariamente olvidadizos del más acá.

Pero creemos en este Dios, el Dios de Jesús de Nazareth.
Este Dios es, sin dudas, el totalmente Otro. Hay una inmensidad indescriptible entre su eternidad y nuestro minúsculo lapso de vivir, que llamamos existencia. Pero este Dios es Amor, es un Dios que nada se reserva para sí, que no se aisla en cielos infinitos e inaccesibles. Es un Dios que se hace instante, se hace historia, se hace hombre, se hace uno de nosotros, en santa urdimbre de tiempo y eternidad, y por el que la tierra puede a su vez ser santa también.
Ha quedado tendido un puente para que nadie más quede aislado, y es un puente que late, Jesucristo, Dios que revela su rostro y se dá a conocer, Dios que sale al encuentro de la humanidad, Dios de la búsqueda tenaz y el reencuentro siempre feliz.

Frente a esto, es imperioso preguntarnos -corazón adentro, allí mismo en donde germina la verdad- a que Dios confesamos. Y más aún, si por esa confesión somos reconocidos como suyos, su gente, sus padres, madres, hermanos, en esta familia creciente que llamamos Iglesia.

Quizás nos aferramos a ciertas seguridades del culto y las normas religiosas. Es claro que esto es muy importante.
Pero seremos juzgados en el amor.
Por ello confesamos a este Cristo en el servicio abnegado, en la compasión para con el doliente, el caído, el que agoniza, la fraternidad con los pequeños y los que no cuentan, la protección denodada de todo aquel que no puede defenderse. Y todo por Él, y todo en su Nombre.

De seguro que nos descubriremos cada vez más mínimos, irrelevantes, carentes de palabras. Más no debemos preocuparnos, pues lo que diremos, porque Él habla por nosotros, en nosotros y se expresa en verbos y en gestos concretos.

El Espíritu del Resucitado fecunda todo el universo para que no haya más silencios, para que la humanidad recupere la Palabra de Salvación)

Paz y Bien


Cuando la Iglesia florece




Para el día de hoy (18/10/13):  
Evangelio según San Lucas 10, 1-9


(El Evangelio para el día de hoy nos trae una enseñanza muy profunda, que es a la vez provocativa e inquietante.
Se trata de esos setenta y dos enviados por Jesús de Nazareth como mensajeros tenaces de buenas noticias, con su misma fuerza y poder, en su misma sintonía: es misión de paz, de salud, de liberación.

Y ha de llamarnos necesariamente la atención que esos hombres que esos hombres son enviados a correr terribles riesgos, sin ningún recurso material que los respalde, sólo revestidos sus corazones de confianza en ese Cristo que jamás los abandonará.
Son pequeños. Son frágiles. Van, en apariencia, inermes y mansos a sumergirse en mares de lobos bravos. Pero van. No se arredran ni permiten que ni el temor ni profusos razonamientos logísticos los amilanen. Con todo y a pesar de todo, van.

Esa misión suya -pura confianza de Dios depositada en ellos- es fermento en la masa innominada, levadura para transformar campos yertos en pan que no se agote. Paz, salud y liberación en sintonía de amor son su culto y su liturgia.

Ellos plantarán su rostro y no rehuirán a la fiera batalla que se avecina. Pero no son esclavos de éxitos ni de derrotas, y saben que su victoria será, a los ojos del mundo, una victoria extraña. Porque es una victoria en donde se eliminan los males y dolores que agobian, pero se cuida a los enfermos, a los que sufren, a los dolientes, aún cuando muchos de ellos se volverán crueles perseguidores de los misioneros.
La victoria del Reino es una silenciosa victoria de justicia y de compasión en donde se acreciente lo humano, se santifique la tierra, se ilumine el mundo.

Por eso cuando la Iglesia se asume misionera, sin otro ánimo que el de servir, de ser grano de trigo escondido para bien de muchos, la Iglesia florece pues se vuelve fiel, cada vez más fiel a Aquél que la hizo hogar, que la hizo comunidad, recinto amplio de libertad y justicia, y por sobre todo, familia creciente)

Paz y Bien

Cargas insoportables y puertas cerradas




Para el día de hoy (17/10/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 47-54




(Jesús continúa su abierta denuncia contra los doctores de la Ley. Nunca hay que callarse frente a los atropellos y ante lo que es ajeno a la vida, a Dios mismo.

Y es que no se calla porque esos hombres se encaramaron en las cumbres del poder religioso por pura ambición, por ansias de dominio y figuración, por el poder mismo.
Son los mismos que hablan a la gente más sencilla en un lenguaje en apariencia erudito -poblado de un léxico complejo y arcano- para confundir y apabullar, palabrerío enrevesado que jamás llega a los corazones.
Antes bien, es el medio por el cual se confunde a los pequeños, se les impide el acceso a la Palabra, al crecimiento personal, a la vida comunitaria.

Porque ese cúmulo de imposiciones y normas que estos hombres han creado es un gravamen insoportable para el pueblo, y su objetivo es doblegar almas y sujeccionar voluntades bajo una apariencia piadosa.
Se trata de los religiosos profesionales de siempre, los primeros en exigir a los demás pureza y rigurosidad preceptual y litúrgica, veloces a la hora de detectar herejía, eficaces condenadores, expertos señaladores de cualquier heterodoxia.

Lo más grave de todo es que en palabras y acciones ratifican esa intención aviesa que solo conduce a la muerte, a puertas cerradas, a buscar y nunca encontrar, a clamar a los gritos y que nadie los escuche.

Todo lo contrario es el Reino del Dios de Jesús de Nazareth, rico en misericordia, desbordante de perdón, un Dios que es familia y que se hace tiempo, historia, humanidad, y que sueña sin vacilaciones la plena felicidad para todas sus hijas e hijos)

Paz y Bien

El Derecho de Dios




Para el día de hoy (16/10/13):  
Evangelio según San Lucas 11, 42-46


(A través de los siglos, el concepto o idea de derecho o justicia de Dios ha sido una continua fuente principal de motivaciones para acciones que poco o nada tienen que ver con el Reino proclamado por Jesús de Nazareth. Así se justificaron acciones en nombre de esa justicia, a menudo acciones de violenta brutalidad, de imposición imperial, del doblegar voluntades mediante el llamado a una obediencia inhumana, pues la obediencia comienza por escuchar con atención -ob audire- y desde el corazón antes que la escucha forzada, la opción poco bondadosa de elegir el mazo rápido y eficaz de la ortodoxia a contrario del abrazo fraterno y misericordioso.

Las palabras del Maestro son durísimas, especialmente para con fariseos, escribas y dirigentes religiosos del siglo I de Palestina; pero la realidad de este Cristo es el hoy perpetuo, y hemos de prestar especial atención a su clamor, y permitir que nos interpele, nos conmueva y nos desestabilice de falsas seguridades.

Así, bien podríamos identificar sin dificultad, con sinceridad, esas ansias de cumplimiento preceptual puntilloso que, simultáneamente, olvida e ignora al caído, al doliente, al que no cuenta. Es el clamor rabioso que grita y exige se respeten los derechos de la Iglesia...pero pocas o nulas veces los derechos de las hijas e hijos de Dios. 
En esos afanes descolla el estricto y exacto cumplimiento de las normas y preceptos, y aunque no hemos de renegar nunca de la disciplina, la carencia de corazón nos lleva irremisiblemente al abismo.

Porque el Dios de Jesús de Nazareth es un Dios asombrosamente parcial. Ama a todas sus hijas e hijos -buenos y malos, justos y pecadores- de manera incondicional e ilimitada, pero se ha puesto abiertamente del lado de los pobres, de los pequeños, de los excluidos, de los que no cuentan.

Una imagen como la que encabeza estas pobres líneas suele tentarnos: un Cristo con una balanza equilibrada en la mano, con sus ojos vendados, empuñando una espada justiciera.
Sin embargo, Jesús de Nazareth siempre ha tenido y tendrá los ojos bien abiertos, nada impone y desoye todo llamado a la violencia. Por eso ofrece su vida en los horrores de la Pasión, para que no haya más crucificados. No hay victoria perdurable que se edifique mediante la muerte de los otros, y el amor a los enemigos es un principio evangélico que aún no campea entre nosotros.

Porque el derecho de Dios se expresa en la compasión y el socorro a los desprotegidos, a los abandonados, a los desechados y ninguneados por el mundo, descartados por todos pero amados entrañablemente por ese Dios que quiere misericordia antes que sacrificios.

El derecho de Dios no requiere códices profusamente elaborados, pues se condensa en el único mandamiento importante, que no es otro que el amor.
El derecho de Dios, aún con nuestras miserias y quebrantos, es magníficamente desproporcionado y santamente irrazonable.
El derecho de Dios es la misericordia que sustenta al universo)

Paz y Bien

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