Los encuentros, señales del Cordero

Para el día de hoy (04/01/10)
Evangelio según San Juan 1, 35-42

(El cordero sacrificial poseía un enorme valor simbólico para el pueblo de Israel.

Era el cordero puro y sin mancha que se sacrificaba a Dios para el perdón de los pecados del pueblo y de cada una de las personas.

Era la ofrenda de Abraham que se inmolaba en lugar de Isaac, su hijo.

Era la sangre del cordero con la que se marcaban las puertas de sus casas en Egipto, y saería el signo que salvaría del exterminio a los primogénitos de Israel.

El pueblo ofrecía a su Dios un cordero en sacrificio por el perdón de los pecados y por la vida de sus hijos.
El pueblo ofrecía a su Dios un cordero en sacrificio para no sufrir más el agravio de la muerte...

_________________________

Juan era hombre de Dios; el espíritu moraba en él.
Pasa el Maestro.
Y el Bautista, movido por ese Espíritu Santo, no duda en afirmar: -Este es el Cordero de Dios-.
Ya nada será igual.
Mientras que durante siglos el pueblo ofrecía a Dios un cordero en sacrificio por la vida y el perdón, ahora es Dios que se ofrece a sí mismo como sacrificio a su pueblo por el perdón y para la vida de sus hijos.

Juan no vacila: -Éste es el Cordero de Dios-, y dos de sus discípulos siguen a Jesús, y lo siguen a su casa: quieren ir y ver.

Y cuando pueden ver su morada, se quedan con el Maestro.

Ya con Él, se van encontrando con otros y cuentan lo sucedido: han encontrado al Salvador y Señor, y llevan a sus hermanos a su encuentro.

Y el encuentro con Jesús cambia y transforma la vida: el nuevo nombre -Cefas por Simón- es el signo de la nueva vida.

Signo, segno, señal...

El encuentro con Jesús y con los hermanos son las señales del tiempo de gracia y misericordia que ha dado comienzo con ese Dios que nos ha nacido, y que nos hace ir a la casa del Cordero, a la vida rescatada, al perdón de las miserias, a la salvación de los hijos)

Paz y Bien

Lectoescritura


Para el día de hoy (03/01/10)
Evangelio según San Juan 1, 1-18

(La Palabra de Dios es Palabra de Vida y Palabra Viva.
Por la Palabra, todo fue creado.
Todo lo que existe es expresión de la Palabra.

Sin embargo, hemos elegido las tinieblas y perdimos la capacidad de leer la escritura de Dios en lo creado, en la naturaleza.
En el Edén la lectura de la Palabra en la creación era natural; no obstante, nos hemos caído y hemos olvidado, quedando reducidos al silencio.

El silencio sólo es santo cuando se lo busca desde la oración para escuchar al otro, y en especial al totalmente Otro, al Creador.
En cualquier otro caso, el silencio es carga, es producto de ese mal que llamamos pecado.

La Palabra es la luz verdadera que ilumina a todo ser humano y a toda creatura.
Aún en la tiniebla más cerrada, prevalece su brillo. Aún cuando todo parezca noche cerrada, siempre hay una llama inextinguible en el corazón que nos hace buscar al Creador.

La Palabra se ha hecho carne y habitó entre nosotros.
La Palabra ha venido personalmente para que recuperemos el habla, y la capacidad de leer en la creación la mano bondadosa del que nos creó.
La Palabra acampa entre nosotros para que no haya más silencios, y para que la noche ya no sea amenaza.
Por eso revivimos su Presencia entre nosotros llamando a ese momento sagrado Nochebuena.

La Palabra acampa entre nosotros para que, leyendo de nuevo el amor de Dios por nosotros, nos hagamos Palabra para el hermano que vive en silencio.
Nada más ni nada menos es el dar testimonio de su Gloria)

Paz y Bien


Del que vive en medio de su pueblo


Para el día de hoy (02/01/10)
Evangelio según San Juan 1, 19-28

(Juan era exhaustivamente interrogado, mas las preguntas que le hacían no estaban impregnadas de un hambre de verdad, sino que buscaban el yerro, la blasfemia, el alejamiento de la ortodoxia: quizás Juan -como el Maestro- ya había sido juzgado en sus corazones y buscaban inventar un motivo punible, de castigo.

Pero Juan no entra en ese macarbo juego dialéctico: toda su vida, su maravillosa existencia, está orientada a dar testimonio, al anuncio del Salvador.

Él, grande entre los hombres -así lo llamaría tiempo después el Maestro- se sabe muy pequeño en comparación con el viene después de él, el Go'el, el Redentor...
Él vá preparando sus caminos, es la voz que grita en el desierto anunciando a la Palabra que ya vive en medio de su pueblo, aunque aún no lo hayan visto.

Juan vá abriendo la huella a la Gracia que se hace presente con Jesús.

La misión y la vocación de Juan son las nuestras, no es otro nuestro sello de bautismo.

Hay que levantar la voz: el Salvador vive en medio de su pueblo, aún cuando muchos todavía no lo hayan visto.

La voz que clama en estos desiertos inhumanos -tan del César y tan poco de Dios- ha de ser la nuestra.
En especial por los hermanos que no tienen voz)

Paz y Bien

Theotokos, los primeros invitados y la paz

Santa María, Madre de Dios

Para el día de hoy (01/01/10)

Evangelio según San Lucas 2, 16-21

(Sinceramente, no tenían mucho a favor los pastores.
Era usual que vivieran marginados: vivían al raso y entre animales, y eran despreciados pues se los sindicaba como amigos de lo ajeno.

-cuantos hermanos míos son como los pastores hoy en día... en las villas, cantegriles, favelas, barrio marginales, aldeas de chabolas, siempre sospechosos porque sí-

Por si eso no bastara, por su contacto constante con animales, eran impuros a los ojos severos de los fariseos y los doctores de la Ley; razón por la cual jamás se les habría invitado a visitar a un recién nacido, a un vástago de Israel.

Insondables son los caminos de Dios.

El Salvador del mundo no quiere para sí palacios, pompa y fasto, cortes y poder.

Se hace un Niño, y un niño pobre, en brazos de su Madre y llega en una cueva refugio de animales, cuna de pasto.

Los primeros invitados a participar de la fiesta de Dios -invitación entregada en mano por su Mensajero- no se demoran un instante, y parten raudamente a la pequeña Belén para ver que ha pasado.

Allí estaba el Niño envuelto en los pañales que le prodigaba su Madre y acostado en un pesebre.

Los primeros invitados encuentran junto al Niño a María y a José, y le cuentan al joven matrimonio -que no sale de su asombro- todo lo que le habían contado acerca de ese Niño: que era el Salvador, el Mesías esperado, el Redentor y Señor.

María escuchaba y guardaba todas las cosas meditándolas en su corazón.

María... Desde los primeros tiempos llamada Theotokos, que en su raíz griega significa literalmente "la que ha dado a luz a Dios"...
Madre porque lo ha gestado nueve meses, Madre porque ha de criarlo amorosamente pero, por sobre todo, Madre porque ha guardado en su interior la Palabra y la ha hecho vida.
Su Hijo -que seguramente tendría sus ojos- enseñaría tiempo después quién era en verdad su madre, su padre, su hermano.
Ella -que seguramente tendría la mirada de su Hijo- de tan pequeña y por su vida hecha ofrenda perpetua a ese Dios en el que confiaba y en el que esperaba, permitió que la Palabra creciera en Ella haciéndose Hijo, hermano y Señor.

A ese Niño, a los ocho días de nacido -fieles cumplidores de la tradición de Israel- lo circuncidan y, al momento de ponerle el nombre, lo llaman Jesús -Jehoshua-: Yahveh Salva, Dios Salva.

Dios Salva, se hace uno de nosotros desde una pequeña Mujer y tiene abiertamente por preferidos a los que el mundo desprecia y desecha.

Quizás desde allí encontremos el camino que se nos ha perdido desde hace tiempo, ese sendero que conduce a la paz.
-no la paz utópica, sueño bello, ni tampoco la paz de los cementerios ni la pax romana que justifica la guerra y la violencia y que sostiene los imperios-
La paz que es fruto de la justicia, la libertad y la verdad, la paz que crece desde abajo con el silencio amoroso de María, la paz que reconoce en cada mujer y en cada hombre a una hermana y a un hermano en toda su dignidad.

Alabado sea Dios que ha escondido su gloria a los poderosos y a los soberbios y las ha revelado a los más pequeños, como María, como los pastores y a los hombres de buena voluntad como José.

Amén y Feliz Año Nuevo, en la paz de Dios)

Paz y Bien



Amor tenaz

Para el día de hoy (31/12/09)
Evangelio según San Juan 1, 1-18

(El Verbo preexistía a todo, el Verbo era Dios y existía en amor perpetuo hacia Dios.

Y todo llegó a la existencia por su intermedio, el hombre, la naturaleza, el cosmos.
Porque el amor implica donación, darse permanentemente, no guardarse nada para sí... Y la creación es su signo, porque Dios es Amor.

Sin embargo, su creatura preferida -el ser humano- se volvió incapaz de reconocer su Creador.

Pero Dios es Amor, y un amor tenaz que no se desanima a pesar de las mezquindades y miserias de los hombres, e inicia un largo y paciente camino de enseñanza para que sus hijos perdidos vuelvan a aprender a leer los trazos del Creador en la historia.
Inspira a mujeres y hombres santos como mensajeros suyos, y prepara un pueblo de entre todos los pueblos de la tierra para el regreso.
Ni modo.
La fidelidad de Dios encuenta por respuesta la infidelidad del pueblo, y la supresión de las voces de sus profetas amigos.

Amor tenaz que no se dá por vencido...

Como en el desierto, que se hacía presente en una carpa en medio de sus tribus, Dios decide hacerse presente haciéndose igual a sus hijos: el Verbo se hace carne y habita entre nosotros, acampa entre nosotros.

Lo divino se hace humano para que lo humano se divinice.

Pura misericordia que no se fija en méritos, sino que quiere reunir a los dispersos haciéndolos hermanos del Verbo, y así, hijas e hijos suyos.

Su luz prevalece por sobre toda tiniebla, y es un amor incondicional e infatigable...

El acampar de ese Dios entre esta tribu humana, haciéndose uno más, un Niño en brazos de su Madre, es el motor perpetuo de nuestra esperanza.

Y quizás sea signo para nosotros también: quizás debamos hacernos Palabra -mínimos seres de carne- para el hermano que sólo sabe de tinieblas y silencios de muerte)

Paz y Bien

Crecer en sabiduría y gracia

Para el día de hoy (30/12/09)
Evangelio según San Lucas 2, 36-40

(La profetisa Ana, al igual que en el Evangelio del día de ayer Simeón, encuentra a José y a María en el Templo, llevando a Jesús para el cumplimiento de los ritos que indicaba la Ley.

Ana, al igual que Simeón, era de avanzada edad -aún para su tiempo-, ochenta y cuatro años nos cuenta San Lucas. Y desde que había enviudado, no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.

Detengámonos un momento: la Palabra nos cuenta que era profetisa, es decir, que tiene cosas de Dios para transmitir y que a la vez, tiene una receptividad especial en su alma para lo divino, de modo que a su vez puede comunicarlo.

-Ana y Simeón, indefectiblemente, nos recuerdan por la perseverancia de su fé, por su esperanza y por su edad a Isabel y Zacarías-.

Ana es el pueblo que permanece fiel y aguarda esperanzado el cumplimiento de las promesas de Dios.
Ana, hija de Fanuel, ya anciana y quizás muy cerca de dejar este mundo, logra ver con sus propios ojos al Salvador esperado que llega a él.

Toda su vida piadosa de ayuno y oración, de súplica encendida se transforma en alabanza, alegría y gratitud por esa Redención viva en ese Niño que se ha hecho presente en su vida y en la de todo el pueblo, y es una alegría que no se guarda y comunica a todo el que encuentra.

Luego nos dice la Palabra que María y José junto con el Niño, una vez que cumplieron con lo prescripto por la Ley, regresaron a su Nazareth, en donde Jesús crecía, se fortalecía, se llenaba de sabiduría y la Gracia de Dios estaba con Él.

Ana también.
Ella, a pesar de su vejez, crecía: la sabiduría no es cuestión de edad sino de corazón abierto al conocimiento y a la Gracia.

Nos queda el interrogante si somos capaces, como Ana hija de Fanuel, de estar siempre en constante crecimiento en la sabiduría verdadera, al amparo de la Gracia, iluminados por la Luz que disipa toda tiniebla de lo fútil, de lo perecedero, de lo que no tiene destino.

Y como Ana, mirar y vernos alma adentro... Que ese Niño sea para nosotros causa de alegría y alabanza, de modo tal que nos veamos conmovidos e impulsados a avisar a todo el que espera que la Redención ya está entre nosotros)

Paz y Bien

La luz de las naciones, mala noticia para algunos

Para el día de hoy (29/12/09)
Evangelio según San Lucas 2, 22-35

(José y María llevan al Niño Jesús al Templo de Jerusalem.
Iban a cumplir con la Ley, que prescribía el Korban Ioledet -sacrificio de la parturienta, rito de purificación por María- y el Kidush Bejorot -consagración a Dios de todos los primogénitos de Israel, por Jesús-.
Y para ello, se debían realizar ofrenda sacrificiales: la Ley prescribía un cordero y una paloma... En el caso de ser pobres, se reemplazaban por dos tórtolas o dos pichones de paloma.

José y María, fieles a la fé de sus mayores, realizan la ofrenda de los pobres.
Cumplen con la Ley para que un día, ese Niño que presentaban, librara a los pobres de la Ley y a su vez los consagrara en la libertad, como hijos de Dios, porque la Buena Noticia se anuncia a los pobres.

Se encontraba en el Templo un anciano justo y piadoso llamado Simeón; sabía por revelación del Espíritu que no se terminarían sus días sin ver al Salvador, al Cristo de Dios.
Sin dudas, en su mente esperaba al Mesías real y glorioso que liberaría a Israel de todas sus cadenas... Sin embargo, por ese Espíritu que había hecho morada en él, fue capaz de reconocer en medio de la multitud a una pareja pobre de Nazareth que llevaba en brazos a su Niño, y en ese Niño al Salvador que esperaba.

Cuando mora el Espíritu, el alma se libera de las limitaciones de las ideas y los preconceptos, y Simeón vé cumplida la promesa, y realizada su esperanza... Por eso, surge su alabanza.

En ese Niño pobre estaba la gloria de Israel y la luz de todas las naciones.
La realización de la esperanza puede llevar tiempo, quizás toda una vida, pero la esperanza regada por la oración es una semilla que siempre crece y que invariablemente dará sus frutos.

Simeón supo esperar confiadamente, y en ese Niño que mecía entre sus viejos brazos, encontró la paz y la plenitud de toda su existencia.

Sin embargo, ese Niño que es la luz de todos los pueblos, para algunos es mala noticia.
Mala noticia para los que confían en el poder, en la violencia y en el dinero.
Mala noticia para los opresores de ese y de este mundo: el Dios de la Vida se ha hecho un Niño pobre que llora en brazos de su Madre, y ese Niño es el signo de que la vida prevalecerá abierta a todos y no como capricho de algunos.
Mala noticia, tal vez, para nuestras almas cuando se tornan adultas, demasiado adultas y ahogan la ternura... -Si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos- dirá con el tiempo ese Jesús.

Quiera Dios volvernos niños como ese Niño, para iluminar las miserias que nos enceguecen y para ser luz para nuestra gente)

Paz y Bien

Sueños urgentes

Santos Inocentes

Para el día de hoy (28/12/09)

Evangelio según San Mateo 2, 13-18

(Desde hace cierto tiempo, existen sesudos estudios y exhaustivas investigaciones acerca de la veracidad y el alcance de la masacre de niños en la pequeña Belén de los tiempos de Herodes, especialmente en cuanto a la cantidad de niños menores de dos años asesinados por el déspota.

Y si bien son informaciones valiosas, también producen cierto escozor en el alma.

En cierto modo, parecería que el conteo de víctimas le confiriera al hecho mayor o menor relevancia. Un espanto.

La vida sesgada de un sólo niño es una catástrofe para la humanidad, y peor aún cuando no hay ni un asomo de lágrimas... o cuando se vá haciendo costumbre.

__________________________

José, quizás con los cansancios de esos tiempos intensos, estaba durmiendo.
Y en sus sueños, se hace presente un Mensajero con la alarma de una urgencia: debía tomar a Jesús y a su Madre y partir sin demora hacia Egipto, pues Herodes buscaría al Niño para matarlo.

Lo sabemos: José es justo porque ajusta su voluntad a la voluntad de Dios, y esa voluntad se traduce en la vida.
En esa justicia, José no se detiene a pensar qué es lo que sucede, a lamentarse por la fractura que implica el exilio, a rabiar por la brutalidad del prepotente reyezuelo.
José sin demora toma, con Jesús y María, el camino del exilio: la vida del Dios a quien llamaba hijito se hallaba en peligro, y eso tenía primacía por sobre todo lo demás.

Podemos imaginarnos con bastante certeza lo que les tocó vivir -y que nos resulta tristemente familiar en estos tiempos-: emigrante siempre bajo sospecha por su origen, extranjero ilegal, despreciado por rasgos y religión, logrando el sustento mínimo para María y Jesús trabajando de cualquier cosa...

Pero para José, primaba la vida de ese Hijo en peligro y la de la mujer que amaba.

Herodes hace degollar a los menores de dos años de la ciudad de David pues sentía que podía socavarse su poder. Este reyezuelo títere del imperio romano, tirano y homicida, se convierte en arquetipo de todos los poderosos de la historia para los que las vidas de los otros carecen de importancia... Mucho menos, si son niños.

Hay muchos herederos herodianos: los herederos del aborto, los herederos del fin que justifica los medios, los herederos que aplastan la infancia, los herederos de una niñez sin escuela ni doctor, los herederos del narcotráfico... y los herederos que a menudo -y con las mejores intenciones- luchan contra el homicidio que significa acabar con la vida de un niño antes de nacer, pero echan al olvido y a su desidia a ese niño una vez que nace.

José tuvo sueños urgentes, y no dudó ni se demoró un instante: el Niño estaba en peligro.

El Dios de la Vida se hace uno de nosotros haciéndose Niño, y por Él, todos los niños son sagrados.
Más aún, cada niño es nuestro hijo.

Quizás sea necesario hacer silencio y vernos en la medida de la justicia de José; ver si somos capaces de no demorarnos ni un segundo cuando recibimos el aviso urgente de que hay un niño en peligro)

Paz y Bien




Por las calles ruidosas


POR LAS CALLES RUIDOSAS

Por las calles ruidosas busca María
al niñito perdido, hace tres días.
Ese niño pequeño tiene en sus labios
un saber misterioso para los sabios.

MARÍA CONSERVABA TODAS LAS COSAS,
MEDITÁNDOLAS EN SU CORAZÓN.

"Madre mía no tienes por qué buscarme;
en las cosas del Padre debo ocuparme.
Por las calles un día has de buscarme
y al tercer día, vivo, has de abrazarme."

MARÍA CONSERVABA TODAS LAS COSAS,
MEDITÁNDOLAS EN SU CORAZÓN.

Por las calles los hombres andan buscando
a ese Dios que perdieron no saben cuándo.
Y si tú los ayudas, Santa María,
lo hallarán en un niño por fin un día.

MARÍA CONSERVABA TODAS LAS COSAS,
MEDITÁNDOLAS EN SU CORAZÓN.

Padre Néstor Gallego

aquí puede escucharse:

La comunidad primera y un Dios que es familia


Para el día de hoy (27/12/09)
Evangelio según San Lucas 2, 41-52

(La Palabra de Dios es Palabra de Vida y Palabra Viva.

Y en todo texto sagrado, especialmente en los Evangelios, nada está escrito por casualidad: todo tiene un significado trascendente, y hay una importante mensaje en los símbolos que nos permiten entrever el misterio.

Así en el Evangelio del día de hoy: celebramos a la Sagrada Familia no sólo por Jesús, María y José sino porque ellos son signo de ese Dios Trinitario en el que creemos, esas tres personas divinas que son Amor perpetuo, donación de sí mismos constante, amor permanente y total en el que el anhelo propio más profundo es el bien del otro.

La familia es la primera comunidad, la Iglesia basal en donde deberíamos criarnos y crecer, y en donde se vá formando la mujer o el hombre que seremos y en donde será el factor determinante el amor -o, dolorosamente, su carencia-.

Y nuestro Dios, desde ese fundamento, es familia: por el hecho de haber sido creados a su imagen y semejanza, la institución familiar -con los diversos matices históricos y culturales- ha de ser también expresión en la historia del Creador que se nos revela en Jesús como Padre y Madre.

En estos versículos del Evangelio resuena un hoy que no podemos desoír: la angustia de José y María ante el Jesús que no encuentran durante tres días -¡Tu padre y yo te hemos estado buscando, llenos de angustia!- es la expresión del Amor y la misericordia de un Dios que no cesa en su afán por encontrar a sus hijas e hijos extraviados.

Hay una Madre que quizás no entienda del todo las cosas, pero que cultiva el misterio y el amor en su corazón para cuando la semilla crezca y la fruta madure.

Ella nos vá guardando en su corazón y allí nos vá dejando crecer, así como creció nueve meses Aquél que ha nacido para nuestra Salvación)

Paz y Bien

Esteban y la estrella de Belén

Esteban, protomártir

Para el día de hoy (26/12/09)

Evangelio según San Mateo 10, 17-22

(Puede llegar a resultarnos muy difícil el contraste entre la Palabra de los dos días anteriores -el Niño de Belén, el Verbo encarnado- y el recuerdo de San Esteban, protomártir -primer testigo-; de un Niño nacido en una gruta belenita a un cruel asesinato a las puertas de la ciudad -Hch 6,8-10.7,54-60-.

Sin embargo, se trata de la misma ternura.

-Inmersos en culturas que alaban el éxito y desprecian el fracaso, que exhalta a ganadores y desprecia a perdedores, el Niño de Belén nos puede emocionar pero sólo eso, pues en el fondo seguimos pensando en un Salvador poderosamente manifestado y pomposamente batallador... En esa misma sintonía, el martirio de Esteban también puede provocarnos alguna lágrima, pero lo seguiremos viendo como un derrotado-

Es el tiempo de la Gracia.
La Estrella de Belén atraviesa los siglos, y en la noche más cerrada continuará brillando la Misericordia.

Es el tiempo de la Gracia, mala noticia para los violentos, mala noticia para los poderosos, mala noticia para los perseguidores.

Aún en medio de persecuciones e infamias, ha de brillar la estrella de ese Niño que nos ha nacido, como resplandeció en Esteban.

El Espíritu de Dios sopla, sostiene y habla en los que perseveran, en los que dan testimonio de justicia y liberación que trae ese Dios que se ha hecho uno de nosotros)

Paz y Bien


Logos: Dios entre nosotros

Para el día de hoy (25/12/09)
Evangelio según San Juan 1, 1-18

(Logos
La Palabra era Dios.
Todo se hizo por ella.

El universo, sumido en tinieblas, desconocía algún horizonte.
Y la creatura preferida del Altísimo, ese hombre que a menudo le dá la espalda, se encontraba irremisiblemente perdido, ciego de toda luz, exhausto de vida, incapaz del decir y del pronunciar.

Por ese Amor entrañable, la Palabra se ha encarnado, y acampa entre nosotros, haciéndose uno más, asumiendo nuestra debilidad y finitud.

El Dios que se manifestó el la zarza ardiente a Moisés, que habitaba el Tabernáculo del Templo hoy se manifiesta en el cuerpo de Jesús, de una vez y para siempre.
Un Niño Santo y frágil en brazos de su Madre... es un Niño de pan que se hará Pan para toda la humanidad.
La luz, con sólo presentarse, disipa toda tiniebla.
La Palabra, al pronunciarse, se hace canción a la vida.

Dios es Palabra, y ya no debe haber más silencios impuestos, sino que se debe hacer oír la Misericordia y la Gracia.

Es el fin del silencio vacío, carente de luz y esperanza.

La Palabra se hace llanto de Niño para la Salvación.

Quiera Dios que también nos hagamos Palabra de Misericordia para los hermanos que agonizan en sombras y silencios de muerte y desolación)

Feliz Navidad
Paz y Bien

Mi Niñito Dios


MI NIÑITO DIOS

Duérmase mi Niño, duérmase mi Dios,

duérmase pedazo de mi corazón.

La noche está fría, mi Niñito Dios,

venga entre mis brazos, le daré calor.


Si mi Niño llora

llora Dios también,

si mi Niño ríe

se alegra Belén.


Niño de Jazmines, mi Niñito Dios,

lo asusta la noche, prenderé un farol,

Puesto en el pesebre, los brazos en cruz,

ya quedó dormido ni Niño Jesús.


Vengan los pastores,

con gran precaución,

que no se despierte

mi Niñito Dios


L. Reigada – Padre Néstor Gallego

aquí la escuchamos:

Navidad: Dios mi hijo, mi hermano, mi amigo


Para el día de hoy (24/12/09) -a la medianoche-:
Evangelio según San Lucas 2, 1-14

(A los poderosos de la tierra siempre les ha resultado imprescindible alimentar su ego haciendo recuentos habituales de sus posesiones.
Por eso, a menudo realizan censos para saber qué cantidad de súbditos han acumulado, y desde allí cuantos tributos podrán recaudarse... El detalle es la preocupación por el número, y no por las gentes.

El Evangelista se detiene en el detalle de que en determinado momento de la historia era emperador el romano Augusto, que gobernaba Siria un tal Quirino, que era la obligación de los paisanos de cada lugar ir a su lugar de origen con el fin de inscribirse en este censo obligatorio.

El significado más profundo quizás sea el punto de cruce, la encrucijada de la historia en donde se entrecruzan y se unifican los tiempos humanos y el tiempo de Dios...

El bueno de José, su esposa María con el vientre inmenso de ese Hijo que venía, van a Belén, por imposición del imperio pero más, van -quizás sin saberlo- a dar cumplimiento a las profecías dichas por antiguos hombres de ojos lejanos.

Belén, Beth Lehem: Casa del Pan.

María en trabajo de parto.
Ella y José son demasiado insignificantes, por eso y más allá de toda justificación, la respuesta es demoledora: no hay lugar.

José, en su solicitud, en su angustia y en su urgencia, sólo puede hallar una cueva, un mínimo refugio de animales para esa fría noche.

Los exégetas podrán aportarnos interesantísimas especulaciones, los sabios y santos nos regalan magníficas y profundas reflexiones espirituales.

Pero una sola palabra refleja el sentido de toda esta noche: ternura.

La solicitud de José, el cuidado de una Madre que acuesta al niño y lo envuelve en pañales, el previsible llanto de ese Niño hambriento del pecho materno y tiritando de frío, ignotos y pobres.

Ese Niño...

A contrario de toda lógica, a contramano de toda disquisición mundana, ese Rey que nos nace tiene por palacio una cueva, por trono los brazos de sus padres y por banquete el pecho de su Madre.

EL Dios del Universo se hace un Niño frágil en brazos de su Madre.

Nada será igual.

Los pastores que dormían al abrigo del aire helado no dudan un instante: salen corriendo a adorarlo.

Dios se hace Niño, un Niño Santo para que vos y yo, tú y ella, todos sin excepción ingresemos desde nuestra limitación y humanidad mínima a la infinitud de Dios.

Por su inexpresable ternura, en ese niño Dios se hace mi hijo, mi hermano, mi pan.

Y Dios está de fiesta, y te invita, me invita, nos invita a la alegría que no se agota.

¡Gloria a Dios en la tierra y en la tierra paz a las mujeres y hombres amados por Él!

Paz en la tierra para todos mis hermanas y hermanos olvidados, desechados, descartables, Paz en la tierra para todos los que lo esperan con un corazón abierto, Paz en la tierra a todos los hambrientos de ternura.

Hay una señal: un Salvador que es un Niño recién nacido envuelto en pañales.

Hay que dar y darnos aviso.

¡Feliz Navidad!
Dios con nosotros, Dios es ternura y a pesar de dolores y tristezas, en la noche del mundo, en el frío de la soledad, nos ha nacido -no sólo hace dos mil años, ahora, precisamente en estos momentos- la Salvación.
¡Feliz Navidad!)

Paz y Bien

Benedictus


Para el día de hoy (24/12/09) -por la mañana-:
Evangelio según San Lucas 1, 67-79

(Bendito sea el Señor, Dios de Israel
Dios de nuestros padres, Dios de nuestros hijos, Dios de todos los que lo buscan con un corazón sincero

Porque ha venido Él ha liberar a su pueblo
Él mismo ha intervenido en la historia de la humanidad para rescatar a sus hijas e hijos, Él ha escuchado su clamor, Él viene!

Suscitándonos una Fuerza Salvadora en la casa de David, su siervo
La Fuerza que nos salvará será un Niño frágil en brazos de su madre, cumpliendo con las antiguas profecías de sus mensajeros

Él lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas
Es un Dios fiel a través de los tiempos, que no quiebra jamás la Palabra empeñada, y sus fieles mensajeros nos han alentado a través del velo de los tiempos

Que nos salvaría de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos odian
Él es nuestra liberación, nuestra esperanza de una vida plena libres de toda opresión, Él nos arrancará de las garras del mal y de la muerte, Él sólo quiere nuestro bien

Manteniéndose leal a nuestros padres
Su misericordia no tiene fin, su amor atraviesa la historia y nos mueve y conmueve hoy a pesar de nuestras miserias

Y teniendo presente su snta alianza
Él ha hecho una alianza tal con la humanidad, que se extiende hasta el día de hoy a cada uno de nosotros, haciéndonos partícipes de la edificación de su Reino junto a Él

La promesa que hizo a nuestro padre Abraham
La promesa al viejo pastor de Ur se mantiene a través de todos sus descendientes, mujeres y hombres creyentes de toda la historia humana

De concedernos que libres de temor, arrancados de las manos de los enemigos
Bendito sea el Dios de la Vida que nos libera del miedo que paraliza y derriba los muros que a veces nosotros mismos nos construímos

Le sirvamos con santidad y rectitud en su presencia todos nuestros días
Es la cima de tu montaña, Dios libertador, vivir en tu justicia para con vos y para con los hermanos en toda nuestra existencia

Y a tí niño, te llamarán profeta del Altísimo
Querido Juan, maravilloso Juan, fiel Juan hasta el fin, un niño que alegraste la vida de tus ancianos padres y que preparas la venida de otro Niño que cambiará la historia

Porque irás delante del Señor a preparar sus caminos
Juan, vas a ir abriendo la huella que los pies del Maestro caminarían, una huella en las almas de los que se mantienen firmes en la esperanza

Anunciando a su pueblo la Salvación, el perdón de los pecados
La Salvación que nos libera del pecado, nos hace plenos y anuncia que la muerte no tiene la última palabra

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios
Dios es misericordia que no busca méritos, ni es recompensa, es pura cuestión de amor de un Dios que es Padre y Madre

Nos visitará el sol que nace de lo alto
El Niño que está al llegar es la luz, y terminará con la larga noche de la humanidad

Para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte
Tants hermanos sumergidos, tantas almas encerradas sin salida, tantos corazones sin poder ver el horizonte...Para ellos y nosotros, la luz de ese Niño que ya está llegando

Para guiar nuestros pasos por el camino de la Paz
Él nos guiará por la paz que es hermana de la verdad y la justicia. Él Viene!

Amén)

Paz y Bien



Un niño que nace, un nuevo nombre, un nuevo tiempo


Para el día de hoy (23/12/09):
Evangelio según San Lucas 1, 46-56

(Se acerca el fin de la larga noche en la historia de la humanidad.

Es tiempo de silencio y espera... han hablado las madres -María e Isabel- y ahora sus hijos torcerán el rumbo hacia una ruta de luz.

Dios cumple sus promesas, es fiel a su pueblo y a la palabra empeñada.

Isabel, anciana y estéril, se recluye en su hogar
durante cinco meses al saber que ella y Zacarías tendrían un hijo por la bondad de ese Dios fiel.

Se cumple el tiempo de la gestación de Juan -santificado desde el vientre materno por la visita de María, portadora en sí de Aquel que traía la Salvación- y nace el que sería llamado el Bautista.

La llegada de un niño, el nacimiento de un hijo cambia la vida.
Por eso Isabel sale de su encierro estricto, y sus paisanos y parientes se dan cuenta del gran regalo que Dios le ha dado, de las maravillas de su misericordia, y la alegría de esos dos padres ancianos es de ellos también.

Y se cumplen los días de circuncidar al niño, y se presenta el dilema de cual nombre que debía llevar ese hijo de los hijos fieles de Israel.

El nombre define el caracter y la misión de las personas -es algo que hemos olvidado- y lógica y tradición indicaban que llevara un nombre arraigado en su familia: por ello los parientes insisten con escoger el nombre del padre, Zacarías -cuyo significado desde su raíz hebrea es Dios se ha acordado-.

Nuevamente se alza una voz de mujer: Isabel decididamente insiste en que el niño se ha de llamar Juan -que, a su vez, significa en su raíz Yahveh es misericordioso-.

Ese niño prepararía la huella de otro Niño, un Niño Santo que sería la Salvación del pueblo de Israel y de todos, mujeres y hombres de toda época.

Es un nuevo tiempo, por eso el nombre también ha de ser nuevo y expresará la vocación del Bautista: preparemos el alma, Dios es misericordia, cumple sus promesas y viene Él mismo a salvarnos.

Hasta Zacarías, enmudecido por el desgaste de los años y los surcos de la espera, apoya firmemente a su esposa: ese niño se llamará Juan, ese niño recordará a todos que el Señor es misericordioso.

Es el fin de la noche, el fin del largo silencio de las vidas estériles y consumidas, por eso Zacarías súbitamente y con la alegría del pueblo recobra la voz y alaba al Altísimo.

Quiera el Dios que viene ayudarnos a recuperar la alegría y que recuperen la voz todos nuestros hermanos acallados y enmudecidos: Dios es misericordia, se ha acordado de nosotros y hará todo nuevo.)

Paz y Bien

La misteriosa tarjeta de Navidad


La Navidad es la fiesta de los niños y del divino Niño que se esconde dentro de cada adulto. Es enormemente inspiradora la creencia de que Dios se acercó a los seres humanos en forma de niño. Así nadie puede alegar que es sólo un misterio insondable, fascinante por un lado y aterrador por el otro. No. Se aproximó a nosotros en la fragilidad de un recién nacido que lloriquea de frío y busca hambriento el pecho materno.

Tenemos que respetar y amar esta forma con la que Dios quiso entrar en nuestro mundo, por la parte de atrás, en una gruta de animales, en una noche oscura y llena de nieve, «porque no había lugar para él en las posadas de Belén».

Todavía más consoladora es la idea de que seremos juzgados por un niño, y no por un juez severo y escrutador. Lo que un niño quiere es jugar. Forma inmediatamente grupo con los demás niños, pobres, ricos, asiáticos, negros, rubios… Es la inocencia original que todavía no conoce las malicias de la vida adulta.

El divino Niño nos introducirá en la danza celeste y en el banquete que la familia divina del Padre, Hijo y Espíritu Santo prepara para todos sus hijos e hijas, sin excluir a aquellos que un día fueron desgarrados por el sufrimiento.

Estaba reflexionando sobre esta realidad bienaventurada cuando un ángel de aquellos que cantaron a los pastores en los campos de Belén se me aproximó espiritualmente y me entregó una tarjeta de Navidad. ¿De quien sería? Empecé a leer. Decía:

«Queridos hermanitos y hermanitas:

Si al mirar el nacimiento y ver allí al Niño Jesús en medio de José y María, junto al buey y la mula, se llenan de fe en que Dios se hizo niño como cualquiera de ustedes;

si consiguen ver en los otros niños y niñas la presencia inefable del niño Jesús, que una vez que nació en Belén nunca ya nos ha dejado solos en el mundo;

si son capaces de hacer renacer el niño escondido en sus padres, en sus tíos y tías y en las otras personas que ustedes conocen para que surja en ellas el amor, la ternura, el cuidado para con todo el mundo, y también para con la naturaleza;

si al mirar el pesebre descubren a Jesús, vestido pobremente, casi desnudo, y se acuerdan de tantos niños igualmente mal vestidos, y les duele en el fondo del corazón esta situación, y pueden compartir lo que ustedes tienen de sobra, y desean cambiar ahora mismo este estado de cosas;

si al ver la vaca, el burrito, las ovejas, las cabras, los perros, los camellos y el elefante, en el nacimiento, piensan que todo el universo está también iluminado por el divino Niño y que todos formamos parte de la Gran Casa de Dios;

si miran hacia el cielo y ven la estrella con su cola luminosa y hacen memoria de que siempre hay una estrella como la de Belén sobre ustedes, que los acompaña, los ilumina, y les muestra los mejores caminos;

si recuerdan que los reyes magos, venidos de lejanas tierras, eran en realidad sabios y que todavía hoy representan a los científicos y maestros que consiguen ver en este Niño el sentido secreto de la vida y del universo;

si piensan que este Niño es simultáneamente hombre y Dios, que por ser hombre es vuestro hermano, y por ser Dios existe una porción de Dios en ustedes, y por esta razón se llenan de alegría y de legítimo orgullo;

si piensan en todo esto, sepan que yo estoy naciendo de nuevo y renovando la Navidad entre ustedes. Estaré siempre cerca, caminando con ustedes, llorando con ustedes y jugando con ustedes, hasta el día en que todos, humanidad y universo, lleguemos a la Casa de Dios, que es Padre y Madre de infinita bondad, para vivir siempre juntos y ser eternamente felices».

Belén, 25 de diciembre del año 1.

Firmado: Niño Jesús.

Leonardo Boff

fuente: Servicios Koinonia

Canción de la alegría por el Dios de la justicia y el derecho


Para el día de hoy (22/12/09):
Evangelio según San Lucas 1, 46-56

(María desborda de alegría y le canta al Dios de la Vida.

Dios se ha hecho presencia en su vida y se hará presencia en la vida de toda la humanidad, a través de toda la historia, en ese Niño que viene creciendo en su seno.

La semilla de la Salvación fue creciendo silenciosamente tenaz a través de toda la Antigua Alianza, y así lo atestigua María.
Pero ya es hora de los frutos, ya nada será igual, es tiempo de lo permanentemente nuevo... Ella entreabre las puertas del tiempo de la Gracia.

En el sentido opuesto a la racionalidad del mundo -de su mundo y del nuestro- María canta la grandeza de este Dios que es fiel a sus promesas, que ha dado su Palabra y no la quiebra.

Dios es misericordia que se extenderá de generación en generación, sin límites y por pura bondad, no por recompensas -cuando grande, su Hijo lo dirá claramente: Dios es Amor-.

La Salvación no le es negada a nadie, pues toda la humanidad es ahora el pueblo elegido: pero Dios se pone abierta y decididamente del lado de los pobres y los humildes, y no sólo eso...los exhalta.

El Señor derriba a los poderosos de sus tronos, la fuerza de su amor hace caer a los arrogantes que confían en el poder y en la violencia, dispersa a los soberbios que oprimen a sus hermanos.

Este Dios se hará pan para el hambriento, y colmará de bienes a los necesitados, desbordando generosidad.
Su Hijo dará testimonio fiel alimentando a la multitud con unos pocos panes y peces, y aún sobrando varias canastas llenas.
Este Dios no se limita a lo estrictamente necesario: su misericordia cae en torrentes, no en migajas de auxilio.

Un Dios que invita a sus hijas e hijos a construir su Reino... como si tuviera que pedir permiso.
Un reino sustentado en el amor, en el darse, en la solidaridad, en la generosidad.

María es la primera en saberlo: Ella tiene la primacía como Madre del Señor y como pequeñísima muchacha que ha hecho vida la Palabra.

Nuestra esperanza encuentra amparo en ese Niño que nacerá y que revela que Dios nos ama, que se hace uno de nosotros, y que quiere el canto alegre y desbordante de María sea la canción de todos, especialmente de nuestras hermanas y hermanos que sólo saben de miserias y dolores masticados en silencio.

María es la primera en saberlo, y será llamada feliz por generaciones, porque Ella es el signo primero de ese Dios que se identifica plenamente con los pequeños.

Habrá que preguntarse alma adentro y frente a ese Niño que nos salva, de qué lado nos hemos puesto nosotros...)

Paz y Bien

Del ir y del darse

Para el día de hoy (21/12/09):
Evangelio según San Lucas 1, 39-45

(La llegada del Niño Santo, del Dios con nosotros es inminente.

Pero tan misteriosos son los caminos de Dios y tan maravillosos que no llegará de golpe, espectacularmente, por sí mismo. Se vale de sus hijas e hijos, y como si esto no fuera poco, les pide permiso!.

Viene el Esperado, llega el que es nuestro hermano y nuestro Señor, está muy cerca nuestra liberación.

Uno de los bellos colores de este prisma que es la Visitación de María: este mundo nos planta su bandera de batalla de la esterilidad, de lo fatuo, de lo que perece.
Y hay muchas vidas que aún confían y esperan sumergidas en el oprobio de la inhumanidad impuesta.

Pero la oración siempre es escuchada.
Al igual que Isabel, que en su vejez y en su esterilidad sería madre por la bondad de un Dios que nunca abandona a sus hijos, así también con los antiguos profetas pordemos gritar fuerte: -¡La tristeza se convertirá en gozo!-

El Salvador esperado ayer y hoy viene, está a sólo unos pasos. Y no viene solo.

Viene porque una mínima muchachita judía de corazón infinito ha dicho Sí! y ha transformado la historia.

Esa Mujer trae en sí la Salvación, y con el Niño que Salva en su interior, se dispone sin ninguna demora ni excusa al encuentro de quien la necesita.
Se llamaba Isabel.
Hoy podemos poner muchos nombres -al menos, los que conozcamos, pero son muchas gentes encerradas por largo tiempo como Isabel- pero el darse de María es el mismo:

El Salvador viene de la mano de una Mujer, es llevado de una persona a los otros.

La alegría infinita de María, cuando ingresa a la casa de Zacarías e Isabel, será la alegría de su prima.

La alegría no es tal cuando no se comparte y no se dá.

Allá vamos debería llamarse el Adviento también: llevamos en vasijas de barro al Salvador que está por llegar en cualquier momento, para mayor gloria de Dios, para alegría del pueblo, para liberación de nuestros hermanos encerrados en la esterilidad de su tristeza y sus miserias, propias e impuestas.

Hay que ponerse en marcha sin demoras)

Paz y Bien

A la Virgen de la Noche Buena y la Paz


A la Virgen de la Noche Buena y la Paz

Señora de la Nochebuena,
Señora del Silencio y de la Espera;
esta noche nos darás otra vez al Niño.

Velaremos contigo hasta que nazca
en la pobreza plena,
en la oración profunda,
en el deseo ardiente.

Cuando los ángeles canten
"Gloria a Dios en lo más alto de los cielos
y paz sobre la tierra
a los hombres amados por él",
se habrá prendido
una luz nueva en nuestras almas,
habrá prendido una paz inmutable
en nuestros corazones,
y se habrá pintado
una alegría contagiosa en nuestros rostros.

Y nos volveremos a casa en silencio:
iluminando las tinieblas de la noche,
pacificando la nerviosidad de los hombres
y alegrando las tristezas de las cosas.

Después en casa,
celebraremos la Fiesta de la Familia.
Alrededor de la mesa, sencilla y cordial,
nos sentaremos los chicos y los grandes:
rezaremos para agradecer,
conversaremos para recordar,
cantaremos para comunicar,
comeremos el pan y las almendras que nos unen.

Afuera, el mundo seguirá tal como lo mismo.
Tinieblas que apenas quiebran
la palidez de las estrellas.
Angustias que apenas cubren
el silencio vacío de la noche.
Tristezas que apenas disimulan
la lejana melodía de las serenatas.
En algún pueblo no habrá Nochebuena
porque están en guerra.
En algún hogar no habrá Nochebuena
porque están divididos.
En algún corazón no habrá Nochebuena
porque está en pecado.

Señora de la Nochebuena,
Madre de la Luz, Reina de la Paz,
Causa de nuestra alegría,
que en mi corazón nazca
esta noche otra vez Jesús.
Pero para todos:
para mi casa,
para mi pueblo,
para mi patria,
para el mundo entero.
Y sobre todo,
fundamentalmente,
que nazca otra vez Jesús
para gloria del Padre.

Amén.

Siervo de Dios Eduardo F. Cardenal Pironio

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