Nunca se esconde la luz

 







Para el día de hoy (28/01/21):  

Evangelio según San Marcos 4, 21-25



Por modas, por costumbres y a menudo por cierta clase de superstición, entre nosotros sigue demasiado implantada la idea del destino, entendida ésta como lo que está escrito y prefijado, que será invariable a pesar de cualquier esfuerzo en contrario.

Y cuando estos preconceptos se tiñen de religiosidad, necesariamente conllevan a imaginar a un Dios lejano que decide las cosas a su antojo, para el que sus creaturas son solamente meras marionetas sin ningún tipo de injerencia, que deben resignarse a sus suertes respectivas.


Derribando esos muros que nos gusta levantar, surge clara la voz del Maestro. Es tiempo de la Gracia y la Misericordia, y el Reino tiene el perfume del aquí y el ahora, ya no se trata de difusas cuestiones post mortem sino que está latiendo entre nosotros y en nosotros.

La vida se nos ha confiado, la existencia está en nuestras manos para florecer en plenitud, el sueño de felicidad del Dios Abbá, y es una grave injuria cuando a tantos se les impide volverse artífices o constructores de sus destinos.


Esa vida que se nos ha cedido asombrosamente fructifica cuando no se reserva nada, cuando se vuelve ofrenda, donación, regalo. Es la ilógica del Reino que nada ha de mezquinar, que nada tiene que ocultar y que transparenta eternidad, la asombrosa bendición de la Encarnación.


A la luz de esa Palabra que jamás debe esconderse, vamos descubriendo esa vocación de volvernos cada vez más humanos junto a los demás.


Paz y Bien

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