
Para el día de hoy (06/06/11):
Evangelio según San Juan 16, 29-33
(Se quedará solo. Enfrentará la tortura y la cruz abandonado por sus amigos, rápidos en la fuga por el miedo.
Y los suyos estarán expuestos a la dispersión, a las persecuciones y a los conflictos que implican contraponer la vida del Reino a un mundo que los embiste y ataca: no será tarea fácil mantenerse fieles.
Pero sus palabras de ánimo -con todo y a pesar de todo- insisten y persisten hasta nuestros días.
No hay que aflojar, no hay que rendirse, Él ha vencido al mundo.
Sin embargo, no es una victoria como podríamos pensar usualmente, que implique vencedores y derrotados.
Es una victoria extraña: por el sacrificio de un sólo hombre, el Hijo del Hombre, no tendrá que haber más derrotados.
La única sangre que será legítimamente derramada y aceptada será la suya.
Es una victoria mansa que habla de no resignarse, de rebeldía pacífica frente a la injusticia, de morir para que otros vivan, de la fidelidad del amor que supera infinitamente cualquier especulación.
En su victoria sobre la muerte -que es la victoria sobre el mundo- se cimenta nuestra esperanza)
Paz y Bien
La otra victoria
Ascensión: misterio, certeza y misión

La Ascensión del Señor
Para el día de hoy (05/06/11):
Evangelio según San Mateo 28, 16-20
(Todos nosotros, mujeres y hombres pequeños, frágiles y limitados -sin excepción- tenemos capacidades racionales acotadas a la biología de la actividad neuropsicológica, y a los condicionamientos espacio-temporales; por ello mismo, los intentos de comprensión de aquellas realidades que superan estas fronteras pueden resultarnos vanos y fútiles. Más aún, las tentativas de explicación de lo que trasciende nuestra humanidad tienen como consecuencia el minimizar realidades que enriquecen, reduciéndolas a moldes que a menudo refieren a un ignoto más allá inaccesible y desencarnado.
Pretender aprehender estos misterios es similar a empeñarse a condensar todos los mares en una pequeña copa.
La celebración de la fiesta de la Ascensión del Señor hoy vuelve a llamarnos y a despertarnos el hambre por lo que a veces suponemos inalcanzable, tan lejano que se nos hace ajeno.
Pues celebramos que uno de nosotros, Jesús de Nazareth el hijo de María, nuestro hermano, a superado la última frontera de la muerte, y vive para siempre en la realidad íntima de Dios Trinidad, Dios Amor que se comunica perpetuamente, Dios comunidad.
El significado de esa realidad puede tergiversarse cuando le adjudicamos una condición física a eso que llamamos cielo -altura o temporalidad-.
Por ello, celebramos que a través de Aquel que ha dado el primer paso/Pascua, todos podremos vivir para siempre en la plenitud de Dios, superando de manera definitiva la escasez de nuestra existencia y comenzando a degustar hoy, ahora mismo, esa vida que prevalece con todo, por sobre todo y a pesar de todo.
Nos sostiene una certeza: Jesús se ha ido para quedarse de manera definitiva, ha subido al Padre para quedarse corazón adentro, el carpintero galileo es el Cristo cósmico que quiere sumarnos para transformar a la creación, vá con nosotros, nuestros pasos son suyos, lo imposible se ha desterrado, el no se puede tiene fecha de vencimiento.
Sin embargo, no es un consuelo banal a nuestros ánimos lábiles: es una realidad que compromete, misterio que se hace tangible y moviliza, no podemos quedarnos quietos ni adormilados en la mera supervivencia o en las comodidades de torpes seguridades.
Habrá que volver a las Galileas de la sospecha permanente, ésas a las que le adjudicamos que de allí nada bueno ha de salir, Galileas de la periferia y los márgenes.
Allí nos reencontramos con Él, misterio y certeza de que eso que llamamos cielo se teje en este preciso instante en nuestras circunstancias terrenas, eternidad urdida entre nuestros días, Ascensión que no es partida y despedida sino más bien punto de partida y comienzo que no sabe de fronteras)
Paz y Bien
Reciprocidad

Para el día de hoy (04/06/11):
Evangelio según San Juan 16, 23b-28
(Con la valentía de Pedro ante el Sanedrín, nuestra Pascua también es mirar y ver el paso del Maestro: -Pasó haciendo el bien-; es atravesar el mar de nuestras mezquindades y limitaciones y descubrir lo que Él ha hecho en el peregrinar de eso que llamamos existencia.
Un Dios del Universo que se nos revela Padre y Madre, un Cristo que se hace hermano, amigo y servidor.
En tiempos de praxis pura y cualificación de todo a partir de la utilidad, la oración deviene en tiempo perdido, en rutina formulista, en repetición cadenciosa relegada a un mero ejercicio cerebral.
Sin embargo, en la oración y desde la oración todo se entiende, todo se comprende, todo se puede. La oración es poderosa, porque el verdadero poder -el único poder legítimo- es el que ejercen los que aman, los servidores, las almas generosas y solidarias que desde vidas orantes descubren que ese Dios al que suponían inaccesible y lejano está cerca, muy cerca, habitando cada corazón y se des-vive por todas sus hijas e hijos.
Es una cuestión de reciprocidad: el amor de Dios es infinito, continuo e incondicional; pero a la vez, para ser pleno requiere la respuesta humana, personal y comunitaria.
Por ello mismo, más que vidas nutridas de oración, el ímpetu del Maestro está dirigido a todos y cada uno de nosotros para que nuestros días sean más bien vidas orantes, es decir, el diálogo permanente entre aquellos que se quieren y que no pueden dejar de estar en contacto con el ser amado, hijos que sin la mano bondadosa del Padre se extravían y pierden el horizonte.
Milagro inefable de misericordia y ternura, la oración es don y misterio ofrecido para el sustento cotidiano, para que acontezca el Reino, para no morir jamás)
Paz y Bien
Pascua nacimiento

Para el día de hoy (03/06/11):
Evangelio según San Juan 16, 20-23
(Puede parecer tarea inútil describir motivos para la tristeza: amores quebrados, amistades olvidadas, la partida de un ser querido, un empleo de explotación, el destrato, el menosprecio... la lista puede nutrirse de infinidad de motivos, quizás tantos como personas/universos que somos.
La contraposición lógica sería enumerar motivos para la alegría; aún así, presumimos que serían insuficientes o, al menos, pasajeros.
La enseñanza del Maestro a los Doce allí reunidos -entre ellos estamos vos y yo, tú y el atentamente escuchando- es impulso e invitación a dar un paso más, a re-significar todos los acontecimientos que pueblan nuestras existencias.
Mejor aún, a superar no tanto las consecuencias de toda tristeza sino más bien a ahondar y sumergirnos en sus motivos desde una perspectiva pascual y comunitaria.
Hay que animarse y dar el paso/Pascua de la Salvación que acontece en nuestro aquí y ahora: la Revelación de Jesús es el rostro de un Dios que es Padre y Madre empeñado en la plenitud de todas sus hijas e hijos sin excepción.
Es clara y salta a la vista la primera objeción: ¿porqué Dios permite tanto sufrimiento, tantas tristezas, tantas miserias y dolores?
El Dios de Jesús no es un ídolo sádico que se complace en observar a sus hijos demolidos. El Dios de Jesús edifica la historia en conjunto con el hombre, y si en verdad hay algo escrito como suele inferirse -algo inmutable, destino previamente decidido- es su voluntad de vida plena y abundante para todos, eso que llamamos felicidad y que a menudo se nos confunde con satisfacciones pasajeras.
La alegría a la que Jesús de Nazareth nos quiere involucrar es trinitaria, y a la vez tiene tres fundamentos: profundidad, perennidad y es personal.
Es profunda pues vá mucho más allá de sentimientos pasajeros, y transforma la totalidad de la existencia.
Es perenne pues es la superación de lo emocional, comienza en nuestro presente cotidiano y se encamina a pasos agigantados hacia la vida sin final.
Es personal: no hacemos pié en algo, no nos hacemos sólidos en doctrinas o creencias. Antes bien, es a causa de Alguien, el hijo de María y José, nuestro hermano y Señor que desde su Pascua nos ha nacido a la vida que no se termina, a la vida que prevalece, raíz de nuestra alegría y certeza de nuestra felicidad)
Paz y Bien
Desde la cruz

Para el día de hoy (02/06/11):
Evangelio según San Juan 16, 16-20
(En cierto modo, una lectura superficial nos diría que en el Evangelio para el día de hoy Jesús juega a las escondidas y manipula acertijos extraños con sus discípulos.
Pero es mucho más que ello, siempre hay más: la incomprensión, el estupor y la discusión entre los Doce sucede porque su fé es aún inmadura. O se quedan en la pura especulación abstracta, o se someten a las posibilidades sensoriales y emocionales
Porque la cruz y la muerte de Jesús es escándalo para muchos, locura para otros tantos y duramente incomprensible desde limitados ojos racionales.
Sin embargo, es precisamente en la cruz en donde se arraiga el amor mayor, y desde la cruz adquiere significado pleno la Resurrección: animándonos un poco más, el mismo amor entrañable de Dios expresado en Jesús nuestro hermano y Señor, podemos intuir y vivenciar que la Resurrección hunde sus raíces en la cruz.
En nuestros altibajos, nuestras dependencias emocionales, nuestros acatamientos a lo sensorial hemos de escuchar sus Palabras nuevamente, para no quedar a la deriva: no podemos negar las cruces que a menudo portamos, no podemos eludirlas.
El camino santo de nuestra Pascua personal y comunitaria es el paso desde las aguas de la muerte hacia la alegría de la vida que no perece, y hacia el reencuentro con el Maestro en nuestra cotidianeidad.
Él viene con nosotros)
Paz y Bien
Aprender a hablar y a caminar

Para el día de hoy (01/06/11):
Evangelio según San Juan 16, 12-15
(Como niños pequeños, lo que podemos decir acerca de Dios -aún cuando se colmen miles de bibliotecas- es tan poco, somos tan limitados y Él es inmenso, que toda especulación nuestra es apenas un balbuceo inentendible.
Quizás por esa pérdida en nuestra humanidad del Logos primordial, Dios se ha hecho Palabra para que recuperemos el habla.
Así también es nuestro andar si nos decidimos a seguir los pasos del Maestro, nuestros pasos vacilantes y temerosos porque, sinceramente, solos nada podemos.
En estas circunstancias, hemos de cambiar la polaridad de nuestras intenciones plagadas de rutinas poco meditadas.
Más que buscar a ese Dios del que queremos hablar, deberíamos volvernos capaces de sumergirnos en el insondable misterio de amor que es ese mismo Dios habitándonos en nuestros corazones.
El Maestro nos ha conseguido el Espíritu, viento que todo empuja, que moviliza, que vivifica y nos hace libres en la verdad.
Es Aquel que nos despierta el hambre de Dios que se nos ha adormilado, el que nos enseña a comunicarnos aún más allá de las palabras, el que nos hace andar erguidos y enteros, Espíritu de Jesús que es camino mismo.
Con la confianza de niños pequeños -más allá de cualquier edad cronológica- podemos comenzar, aunque sea a pasos vacilantes y balbuceando las primeras palabras en esta vida nueva de la Salvación, ofrecida sin condiciones a toda la humanidad)
Paz y Bien
Visitación, pedagogía del encuentro
Visitación de la Virgen María
Para el día de hoy (31/05/11):
Evangelio según San Lucas 1, 39-56
(María se pone en camino -comienza la Palabra en este día- y es toda una definición espiritual y una declaración de principios: la existencia de mujeres y hombres de fé siempre es camino, ponerse en marcha hacia el otro, con el impulso de Aquel a quien sabemos camino mismo.
Y en ese ir al encuentro del otro, sucede lo impensado, lo maravilloso, trascendencia y profecía porque Dios se revela en lo cotidiano y se hace presente cuando nosotros -a su vez- nos hacemos presencia.
María se pone en camino al encuentro de Isabel -o Elizabeth-, un encuentro entre dos mujeres desiguales, muy desparejas si se quiere.
María es una muchachita campesina de aldea ignota en provincia despreciada -Galilea de los gentiles-, comprometida con un carpintero pobre, con un embarazo sospechoso y peligroso en ciernes.
Isabel es una mujer mayor, casi abuela en su edad, de la Judea de la ortodoxia y el poder, casada con todas las de la ley con un miembro del clero, Zacarías el sacerdote.
Se nos sugiere el parentesco entre ambas: lo familiar entre ellas dos no pasa por lo sanguíneo, sino más bien por ser dos mujeres de fé, un lazo que supera largamente la biología y que salva las distancias y diferencias.
Nos sucede a diario, los encuentros acontecen entre diferentes que deciden acortar distancias.
Los pies descalzos de María se animan en el camino peligroso e incierto de las rutas para una mujer sola: la mueve la solidaridad y la empatía con esa abuela que será pronto madre, con las urgencias de un parto cercano. La solidaridad y el socorro no admiten demoras ni excusas. Pero también sale con prontitud en busca de refugio y protección: la ley mosaica no mira con buenos ojos ni hace gala de compasión y tolerancia para con las madres solteras y los embarazos sospechosos. Una joven madre y su hijo creciéndose en su interior encuentran aliento, alegría y bienvenida por creer, por la esperanza, por la solidaridad que transgrede cualquier mente precavida, parámetros predeterminados sociales y anquilosamientos etáreos.
Es el encuentro de lo antiguo y lo nuevo que no desprecia lo viejo, sino que más bien lo resignifica y lo toma de la mano, echando a andar juntos.
En ese encuentro hay un reconocimiento del otro como tal, y por ello mismo se abren las puertas al asombro, al apacible sobresalto, al júbilo.
Cuando nos decidimos a hacernos presencia, acontece el encuentro y acontece Dios mismo, pues todos somos portadores vivos de esa Palabra que se nos encarna.
La voz de María es fuerte y clara: allí donde dos almas se conjugan por la vida y para la vida, se revela y nos rebela ese Dios que es alegría, que defiende a los pobres, que derriba a ricos y poderosos, que es Misericordia y que se inclina con abierta parcialidad del lado de los más pequeños)
Paz y Bien
La vida en el Espíritu y las consecuencias de la fidelidad

Para el día de hoy (30/05/11):
Evangelio según San Juan 15, 26 - 16, 4a
(Hay ciertas lecturas que no sólo deben hacernos reflexionar y volvernos corazón adentro para la conversión, para navegar mar adentro con el Maestro; hay ciertas lecturas que es menester nos duelan, nos lastimen y, desde allí, persista nuestra esperanza.
Los discípulos y seguidores de Jesús de Nazareth tienen por misión el dar testimonio en su favor y en su memoria, haciendo que acontezca el Reino allí en donde la comunidad abra espacios de vida y libertad. Tienen al Defensor, el Espíritu que los enciende e impulsa, que les espanta los miedos y que no los deja huérfanos, el Espíritu de Verdad y Vida; es el Espíritu de Aquel que resucitó pero que aún conserva las huellas de la crucifixión, las llagas del sufrimiento.
Es el Espíritu de Sabiduría, que da sabor a vidas opacas, que transforma a mujeres y hombres en sal y levadura para que esta vida sea digna de ser vivida, mandato primordial de ese Dios Padre y Madre revelado en las palabras y las acciones de Jesús.
Así también ese Espíritu que nos vuelve sal y luz no admite un mensaje diluido, banal, vago y sin definiciones; el anuncio de la Buena Noticia divide las aguas entre vida y muerte, e impulsa a ponerse decididamente del lado de los pobres y los oprimidos, en favor primero de los caídos y los más pequeños.
En esa fidelidad, no serán ajenas las persecuciones y extraños los sufrimientos, dice el Señor.
Lo hemos padecido en las persecuciones de los primeros mártires -aquellas exhibiciones obscenas en circos de muerte y dolor- y en todos nuestros hermanos que asumieron en carne propia la contundencia de la violencia que no puede apagar la luz que perdura. Lo hemos conocido en aquellos que han sido humillados y vituperados como herejes y delincuentes: la fidelidad -aún cuando nuestras limitaciones supongan errores- molesta e interpela.
Desde estas latitudes, y sabiendo que es práctica común en todas partes, suplicamos el auxilio del Espíritu para permanecer en fidelidad... pero también para que la rígida y rápida vara de la ortodoxia sea antes abrazo y compasión antes que castigo, silenciamiento y sumisión.
Porque los golpes duelen más cuando provienen de aquellos que creemos propios o consideramos cercanos.
Aún así y con todo ello, no hay que desanimarse.
El Espíritu sopla en donde quiere, y sigue floreciendo la vida, más allá de los límites de instituciones, ideologías y poderes imperantes)
Paz y Bien
Lo que prevalece, lo que permanece
Para el día de hoy (29/05/11):
Evangelio según San Juan 14, 15-21
(Allí en donde parece reinar la rutina y la mera supervivencia, el devenir monótono o uniforme, el acostumbrarse a las sombras, allí mismo, en la vida diaria se define nuestra identidad y se decide la totalidad de la existencia.
Es difícil, claro está: la tentación de adaptarse al transcurrir y volvernos meros consumidores de doctrinas y liturgias está siempre latente, ya que el mundo agrede de continuo con miseria y opresiones, con relativismos y dictaduras, con imperialismos y violencias, con egoísmo concienzudo y militante.
Aún así, en estos campos yertos y en estas ciudades en donde campea la muerte en todas sus formas y aunque se nos velen los ojos, a la mirada de la fé se hace presente Aquel que está vivo y presente entre nosotros.
No estamos solo, no estamos huérfanos, no quedamos librados a veleidosas y azarosas venturas. En Dios está nuestra suerte y el destino es urdimbre común entre el hombre y el Creador Padre y Madre.
El Espíritu nos hace vivir entre tantas necrópolis, es Jesús mismo habitándonos, sostenidos en el amor, libres desde la verdad, fortalecidos para la justicia.
Desde el Espíritu que nos sostiene y defiende, habrá entonces que volverse señales de auxilio para nuestra gente, encendidos en ese fuego que no se apaga, que prevalece y permanece a partir de la gran verdad: Dios es amor sin límites ni medidas, amor que se desvive para que sus hijas e hijos -todos, sin excepción- vivan el día a día en plenitud.
A pesar de nuestras limitaciones, nuestros quebrantos, nuestras torpezas, el Espíritu sigue aquí, corazón adentro, y hemos de hacer espacios de la única manera posible: amando.
Sabedores de que no estamos solos, podemos edificar desde esa verdad perenne el ámbito en donde todos son valiosos, todos son reconocidos en sus diferencias y por su identidad: ese lugar de santidad y crecimiento que llamamos comunidad)
Paz y Bien
Seguridades mundanas
Para el día de hoy (28/05/11):
Evangelio según San Juan 15, 18-21
(Antes de partir, Jesús establece la comunidad en la que su Espíritu -Él mismo- ha de permanecer, y que ha de ser signo de salvación, señal del Reino.
Esta comunidad -ingenuidad para muchos, alabado sea Dios- se establece desde el amor, y aún más, desde el amor expresado en amistad. Es decir, entre los que pertenezcan a ella prevalecerá la igualdad a pesar de las diferencias, el bien común por sobre el individual libremente aceptado, la trascendencia encontrada y descubierta desde el gesto más sencillo, el cuidado y la protección de cada uno como único y sagrado.
Frente a esto, el Maestro advierte que el mundo ha de ofrecer ciertas seguridades.
La seguridad de que el egoísmo y la avaricia son rectores de almas a cualquier costo, aún cuando suponga devorarse la vida de millones.
La seguridad de que habrá paz imperial, la paz de la sumisión, la calma de los cementerios.
La seguridad de que la exclusión y la miseria son dables, deseables y justificables.
La seguridad de vidas violentas, de ideologías impuestas a los golpes, de la disidencia mansa acallada con la prisión y la tortura.
La seguridad de que toda dignidad será atropellada, menoscabada y vulnerada en el culto al cruel dios Mercado.
Por eso mismo, seguir con fidelidad los pasos de ese Jesús que vá con nosotros por delante, nos trae certezas de persecuciones y de odio profuso.
A medida que nos crezca el corazón desde la oración y en la comunidad, el mundo se nos hará cada vez más ajeno,terriblemente contrario, dolorosamente adverso.
Sin embargo y a pesar de todo, ese odio también es tarea y mandato.
Con el auxilio del Espíritu es posible renovar la faz de la tierra, tarea santa de los seguidores del Resucitado que se sumergen voluntariamente y con alegría en esas aguas turbulentas y mundanas)
Paz y Bien
Como El

Para el día de hoy (27/05/11):
Evangelio según San Juan 15, 12-17
(Clave de Reino, llave de toda existencia es el amor.
Sin embargo, quizás sea menester buscar el real sentido de este mandato, que es envío e invitación antes que imposición. El término amor nos puede traer todo tipo de reminiscencias y significados múltiples, pues se lo interpreta de acuerdo a conveniencias particulares o a modalidades muy transitorias.
Clave del Reino, llave de toda existencia es amar como Él.
Como Él, compartiendo su vida con amigos, con parientes, con desconocidos.
Como Él, desviviéndose por el enfermo, por el excluido, por el pobre, por el olvidado.
Como Él, sin rechazar a nadie, sin hacer acepción de gentes, universal en su mano amiga y solidaria, tan universal que literalmente debería traducirse como católico.
Como Él, que es ante todo servidor -¡esclavo!- de todos, inclusive de sus enemigos y de los que lo odian.
Como Él, en quien prevalece la amistad y la fraternidad por sobre cualquier ambición de dominio y supremacía.
Como Él, dispuesto a morirse para que otro viva.
Como Él, sabedores del castigo de la soledad, floreciendo en comunidad.
Como Él, constructores de puentes solidarios y de senderos de amistad, en los que resalta la libertad y el desprendimiento, sin condiciones ni prebendas.
Como Él, descubriendo en todas las gentes el rostro de Dios Padre y Madre, y en todas las cosas -aún en las más ínfimas- su mano bondadosa.
Ésa es nuestra fé, compromiso y don, misterio y urdimbre a la que se nos invita para vivir y no sobrevivir, para permanecer y no andar a la deriva, para vivir y no morir jamás)
Paz y Bien
Alegría bandera
Para el día de hoy (26/05/11):
Evangelio según San Juan 15, 9-11
(Las comunidades cristianas deberían tener por identidad específica la alegría, abandonando acartonamientos y formalismos vacíos de corazón -al fin al cabo, tomarse las cosas en serio no implica tener necesariamente el ceño fruncido-.
Más aún, la alegría es la bandera que enarbolan los amigos y compañeros de Jesús, nuestro hermano y Señor, distintivo que prevalece más allá de cualquier sufrimiento, inconveniente o traspié. Y desde esa alegría los seguidores de Cristo recrean la vida en la solidaridad, en la generosidad, en la liberación.
No son necesarias demasiadas explicaciones, ni es menester ahondar en razonamientos: mejor es darse cuenta que somos queridos, conocidos y re-conocidos en nuestra identidad única, con todo y a pesar de todo, mas allá de cualquier quebranto, desde la fidelidad y la ternura de un Dios que se revela Padre y Madre desde Jesús de Nazareth.
Es alegría duradera que tiene destino de plenitud -eso que solemos llamar felicidad- pues hunde sus raíces en el amor y en la libertad: se ama sin condicionamientos, abandonando todo interés personal, en entera libertad y más todavía: el bien del prójimo se antepone a todo, y se hace horizonte.
Por esa misma libertad primordial, la alegría está íntimamente unida a la amistad: no existe la amistad por conveniencia -afirmación falaz-, antes bien, la amistad es el salir de uno mismo e ir al encuentro del otro decididamente, liberando espacios en nuestros corazones para que nos habite el Espíritu que da vida.
Nos queda entonces animarnos a enarbolar esa alegría bandera de nuestra identidad cristiana esencial, fundante, señal primera de pertenencia y permanencia)
Paz y Bien
Frutos de compasión y justicia
Para el día de hoy (25/05/11):
Evangelio según San Juan 15, 1-8
(En el lenguaje del Antiguo Testamento, Israel es descripto alegóricamente como la vid del Señor, vid cuidada por su Dios para que diera frutos buenos, vid que se podaba para quitar el ramaje estéril de los quebrantos e infidelidades.
A la vez, en los tiempos de Jesús y para culturas como la galilea -suelos duros, no demasiado pródigos en las cosechas- toda cuestión relativa a frutos era de vital importancia: en los frutos obtenidos se determinaban las bondades del árbol, ligados directamente al sustento y a la supervivencia.
El Maestro asimila estas dos vertientes y las hace suyas: habla y enseña desde el lenguaje que la gente entiende y conoce, y asume en su propia existencia la historia de su pueblo para transformarla.
Probablemente hemos dejado de lado cosas tan raigales para este camino y este don que llamamos fé: es imperioso volver a asumir desde las honduras del corazón, desde las entrañas, a ese mundo que habitualmente nos es tan ajeno y adverso, asumirlo como propio desde el barrio, la ciudad, la Patria, el pueblo, para transformarlo, renovarlo y recrearlo, hablando con palabras habituales, con el mismo lenguaje de la gente más sencilla, abandonando por una vez ciertas tendencias a las abstracciones y a la difusión doctrinaria que, a menudo, están muy distantes de la realidad concreta y vital.
En ese talante, mandato e invitación del Maestro de permanecer frutales, de atarse a Él para liberarse, de unión esencial, de savia nutriente del Espíritu, la cosecha se nos vuelve frutos de compasión y de justicia: esa historia asumida en la propia existencia poco a poco vá abandonando el rictus formalista y cultual, y por la poda santa de la Palabra glorifica a Dios en la compasión hacia el hermano más pobre, en la búsqueda apasionada e incansable de la justicia.
Allí comienza el culto verdadero, allí se vé la frondosidad y la calidad de la vid, en el vino nuevo y abundante que somos capaces de compartir.
El agua de la purificación ha dejado paso al vino de fiesta, a las tinajas llenas de las bodas en Caná, al vino que es Él mismo, lo que corre por sus venas e impulsa su corazón)
Paz y Bien
Shalom total
Para el día de hoy (24/05/11):
Evangelio según San Juan 14, 27-31a
(Naturalmente humano es aquello de resguardar lo dado y retener lo dicho en los momentos previos a su partida de quien se nos ha ido.
Los últimos gestos y palabras de quien se vá muy difícilmente queden en el olvido, y esto lo intuye quien se vá y aquellos que, por ahora, nos quedamos.
Lo sabe el Maestro, lo presienten los discípulos. Jesús se vá para quedarse en forma definitiva -maravillosa ilógica del Reino- y en esa instancia clave y última les deja y desea para todos ellos su paz, Shalom santo.
Sin embargo, su paz no queda relegada a un margen escaso de buenas intenciones, ni tampoco a una paz del tipo mundana.
La paz de Jesús no es la paz del mundo, la paz que solemos conocer.
Esta paz mundana supone la ausencia de conflictos, el equilibrio del poder bélico, la pax romana impuesta por los diversos poderes imperiales desde los césares hasta nuestros días, paz que se impone por la fuerza, paz que a menudo encuentra su hogar primero y natural en los cementerios. Paz decidida por los poderosos desde el miedo y la supervivencia.
El Shalom de Jesús es total, abarca la totalidad de la existencia, el exilio del temor. la abdicación de la cobardía, el saberse valioso por un afecto mayor e infinito antes que por el reconocimiento de los propios méritos, paz que se edifica a diario desde corazones renovados, paz que se propone y no se impone, paz que se expresa desde la mansedumbre y el abandono de todo interés personal, paz que se siembra y crece imparable, contagiosa, hermana gemela de la justicia e hija dilecta de la verdad.
Shalom que es la constante del Maestro y revela la voluntad de Dios Padre y Madre, la plenitud deseada para todas sus hijas e hijos sin condicionamientos, pura ternura de quien es capaz de morirse para que otros vivan)
Paz y Bien
Clave de aprendizaje
Para el día de hoy (23/05/11):
Evangelio según San Juan 14, 1-12
(En contraposición a la manifestación diáfana del Reino, al mundo -a nosotros mismos- le cuesta cada vez más ir leyendo, entendiendo y comprendiendo el paso de Dios a través de la historia.
Un paso que no está definido ni acotado a la espectacularidad sino que se expresa en una presencia constante, en los gestos y hechos más sencillos.
Sin embargo, muchos tenazmente persisten en descubrir a cada instante la presencia paterna y materna de un Dios que en su misma esencia es amor. Son los que aman con todo y a pesar de todo, y ven más allá de las apariencias, y reniegan de toda ceguera impuesta, multiplicando la acción redentora y re-creadora del Altísimo en los demás, acercando al alejado, acercándose, haciéndose próximo/prójimo.
Para nosotros, para los que nos falta ver y mirar a ese Dios Padre y Madre bueno que nos sostiene y nos cuida, el Maestro nos regala una clave de aprendizaje: el amor ejercido en todo momento, practicado sin límites, pulsado en cada momento de nuestras pequeñas existencias.
No es sensiblería o romanticismo banal: se trata más bien de salir de nosotros mismos e ir al encuentro del otro, del mismo modo que Jesús, que no ha guardado nada para sí, Dios despojado que vá hombro con hombro en el andar humano.
No estamos solos: su Espíritu nos sostiene y nos alienta, nos dá vida, nos enseña y nos despierta la memoria para recordar en nuestro presente el paso salvador de la Misericordia.)
Paz y Bien
Multiofertas
Para el día de hoy (22/05/11):
Evangelio según San Juan 14, 1-12
(Los que creíamos cercanos, vinculados por algún tipo de parentesco, no lo están.
Nos ofrecen una amplia gama de dioses, reflejo fiel de sus esquemas y comodidades y de su ambiciosa necesidad de dominio sobre los otros, dioses armados a la medidas de los diversos caracteres y necesidades que somos y portamos.
El dios institucional, al que se accede siguiendo normas puntuales y específicas, dios apropiado y escamoteado por algunos a partir del estricto cumplimiento de normas.
El dios de la resignación y de la sumisión, del todo está escrito de modo predeterminante, el dios de la conversión inútil, el dios que se conforma y acepta toda opresión y sufrimiento.
El dios de los comedidos cultores de la precaución y la cautela, el dios del no arriesgarse, de no jugarse por los demás.
El dios del yeso y el cemento, dios cultivado y venerado en hermosas imágenes e imponentes templos, dios consecuentemente negado en los templos vivos que son sus hijas e hijos.
El dios de los violentos, de los que atropellan voluntades, el dios del que me importa tu tiempo, dios celebrado en la sangre ajena derramada.
El dios del dinero, productor consuetudinario de esclavos, cuyo culto se ofrece cotidianamente en los altares del mercado.
Dioses múltiples ofrecidos para adormecer las preguntas primeras y las necesidades primordiales de la humanidad, dioses sucedáneos, dioses alternativas, dioses impuestos.
Frente a estos dioses que a través de los siglos nos hemos convenientemente construido, está el Dios de Jesús de Nazareth, el totalmente Otro, el que es tan distinto de nuestros condicionales por hacerse uno más entre nosotros, escándalo y locura para tantos.
Dios que se hace camino y compañero de huella del hombre que deambula en el sinsentido, del que ha perdido el horizonte, del que sólo sabe de postraciones a la vera de todo.
Dios de toda certeza, verdad que es destino urdido en común con el hombre, luz en nuestras tinieblas.
Dios de la Vida, vida que prevalece, vida que no perece, coraje fuera de toda mesura, mansa rebelión frente a la injusticia y la miseria, Dios que es aliento para nuestros cansancios, Dios que sostiene el respirar, Dios del abrazo y la generosidad, de la compasión y el desinterés propio, Dios que es Vida desviviéndose por los demás.
¿Dónde estará?
Lo descubrimos en cada palabra y en cada gesto del Maestro, y tenemos posibilidad y deber de realizar milagros aún mucho mayores que los que Él hizo.
Por eso quizás tengamos la tarea urgente de un cierto hurto -sagrado robo de los templos de piedra- y volver a rendirle culto y sacrificio en los templos latientes que somos, y especialmente en esas catedrales que son los pobres, los caídos, los marginados, los destratados.
Un Dios que es ánimo y alegría, que nos ama y nos cuida, que tiene una casa grande con muchas habitaciones, tantas como tantos somos, pues nadie -ninguno- ha de perderse.
En ese Dios creemos, y con Jesús y desde Jesús lo seguimos y anunciamos)
Paz y Bien
Eternamente cercano
Para el día de hoy (21/05/11):
Evangelio según San Juan 14, 7-14
(El deseo eterno de Dios es estar junto a sus hijas e hijos, caminando con ellos, sentado a su mesa, hombro con hombro -mediador de los abrazos- en sus tristezas y alegrías.
Ese deseo se manifiesta y se hace concreto en Jesús de Nazareth.
En los gestos, en las palabras y en las acciones del Maestro se revela en plenitud el rostro y la voluntad del Altísimo, y están las respuestas a los anhelos más profundos de la humanidad.
Aún cuando sean importantes los estudios y los dogmas, filosofías y teologías, lo fundante está oculto a nuestros ojos, pero diáfano y evidente desde una mirada de fé: de una manera simple y sencilla, el Dios del Universo ha querido estar en medio de esa humanidad por la que se des-vive, cercano y tangible.
Sin embargo, a través de todas las épocas, almas poco generosas han hecho lo imposible para que las gentes sigan imaginándose una divinidad inaccesible, lejana, inidentificable, a la que no se puede acceder sino a través de complejos procedimientos de ortodoxias y cultos.
Pero ese Dios Padre y Madre, por Jesús se ha quedado entre nosotros en algo tan pequeño y sencillo como un trozo de pan blanco, pan santo, pan de vida.
Quizás -sólo quizás- podamos emprender el camino de regreso descubriendo a Dios por Jesús de Nazareth y en cada uno de sus hermanos.
La eternidad se revela en cada acto de compasión, de liberación y de misericordia)
Paz y Bien
El ánimo que persiste
Para el día de hoy (20/05/11):
Evangelio según San Juan 14, 1-6
(Una de las expresiones habituales del Maestro para con sus amigos es aquella que insisten en abandonar el temor, en no tener miedo.
Miedo que paraliza, que domina, que oscurece el horizonte y que a veces desemboca en violencia.
Temor a no pertenecer a una elite pretendida de los pocos que se salvan, de los escasos que han de salvarse...
La respuesta florece en compasión: en la casa del Padre hay muchas moradas, quizás tantas como personas que somos, como seres con identidades propias y únicas.
Con su ánimo que persiste, Jesús cambia la polaridad de nuestras preocupaciones y ansiedades, llevándonos al remanso de su Padre: lo importante no es tanto lo que se piensa y las diversas pertenencias que mezquinamente definimos. Lo que decide y sustente a la humanidad y al universo entero es la Misericordia que expresa la vida de Jesús.
Jesús Maestro, camino, verdad y vida.
Sin camino, no hay andar.
Sin verdad, los movimientos son erráticos y sin destino.
Sin vida sobreviene la muerte a cada instante.
¿Hay acaso un sólo modo de recrear este impulso santo, este ánimo perenne en la fragilidad de nuestras vidas?
Quizás se trate de no caminar sólos, sino de andar con el otro, especialmente con el que se ha caído al borde del camino.
Quizás se trate también de navegar mar adentro en la Buena Noticia de que la muerte no tiene la última palabra.
Quizás también implique decir a cada instante -desde cada gesto- que nos sostiene la verdad que palpita en ese hombre Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor)
Paz y Bien
Comunidad, servicio y reconocimiento
Para el día de hoy (19/05/11):
Evangelio según San Juan 13, 16-20
(El Maestro y los Doce están sentados a la mesa, y sucede lo impensado e inimaginable: Él se ciñe la cintura con una toalla, y se pone a lavar los pies de sus discípulos.
No es un simple gesto de humildad: es más bien toda una declaración de principios, el fundamento de la existencia comunitaria.
Lavar los pies de invitados y viajeros era tarea propia de las mujeres y de los esclavos, de aquellos que carecían de derecho alguno: al realizarlo en medio de la cena -no antes como sería lógico-, Jesús revela el rostro y la voluntad del Dios del universo que se ha hecho nada en su Hijo, que se iguala a un esclavo para que no haya más esclavos, para la liberación plena de sus hijas e hijos, para la Salvación.
Así también han de ser los suyos, los que sigan sus pasos.
No es fácil, claro está: supone ante todo un golpe demoledor al orgullo y a toda soberbia. Aún así, es el camino de identificación plena con Jesús y, por lo tanto, asumiendo en la propia vida el proyecto de Dios.
Las palabras que el Maestro dirige a los suyos luego de lavarles los pies -a los Doce, a todos nosotros- no puede ser más diáfanas y taxativas: el sueño infinito de Dios, la vida en abundancia para la humanidad, se edifica en comunidad desde el servicio y a partir del conocimiento del otro.
Más aún, esa alteridad es radical: en el otro está Dios mismo, y todo lo que se haga o deje de hacer significa la aceptación o el rechazo de Jesús como hermano y Salvador. Contra toda lógica, ese reconocimiento se hace extensivo al enemigo, al traidor, al que procura nuestro mal.
En la Pascua de nuestra libertad, debemos embarcarnos en un profundo viaje interior: sólo es posible crecer en comunidad, y en la comunidad cristiana son inadmisibles relaciones de poder, de prebendas, de dominios.
La comunidad es edificada por el Espíritu con la participación plena de mujeres y hombres a partir de la caridad y el servicio)
Paz y Bien
Mar abierto
Para el día de hoy (18/05/11):
Evangelio según San Juan 12, 44-50
(Jesús está plenamente identificado con el Padre, de tal modo que quien vé a Jesús, vé a Dios.
Jesús es Dios y Dios es Jesús, y es la luz perpetua de las naciones.
Así como las aguas del mar Rojo se abrieron dejando un camino seguro hacia la tierra prometida, camino de vida y liberación -Pascua de Israel-, así también la luz del Maestro escinde las aguas de la existencia humana.
Algo es evidente: cuando la luz sucede, su sola presencia hace que se disipen las tinieblas más cerradas, y todo -absolutamente todo- se muestra tal cual es.
Desde la luz quedan al descubierto nuestros quebrantos y fidelidades, nuestras miserias y nuestro poco o mucho coraje, nuestra pequeñez y esa eternidad que resplandece en nuestro interior -la imagen viva de Dios- y que nos hace sagrados, más allá de cualquier mérito.
Desde esas evidencias este rebaño que somos puede torcer el rumbo hacia mejores pastos, hacia los campos en donde nada perece, en donde late lo que vive para siempre
También esa luz abre otras aguas, el mar calmo del proyecto de Dios y el pantano de todo lo que se le opone.
Así entonces podemos hacer pié en las certezas santas, allí mismo en donde florezcan la solidaridad y la compasión, la justicia y la liberación, la alegría y la plenitud.
Basta abrir estos ojos ciegos que portamos, pues las evidencias están allí a la vista, tan contundentes e inconmovibles como la verdad misma.
El Maestro es la luz del mundo, una luz que no se apaga ni con la muerte misma, una luz que ha de pasar de mano en mano para que nadie habite en tinieblas y sombras)
Paz y Bien
