Para que Cristo reine

Solemnidad de Cristo Rey


Para el día de hoy (20/11/11):
Evangelio según San Mateo 25, 31-46

(En nuestras existencias suelen ser factores determinantes esas necesidades psicológicas, religiosas y sociales; en parte por ello nos agrada sobremanera esa imagen tradicional de Christus Rex, Christus Imperator, coronado y cernido de infinita majestad visible que se impone.
También, porque una imagen así es mucho más manejable y tolerable, un dios a la medida de nuestras necesidades en el que proyectamos nuestras miserias y necesidades mezquinas.

Pero parece que Jesús de Nazareth, el Crucificado que ha Resucitado no cabe en ningún molde; nos asombra, nos despierta de cierto sopor religioso, nos despeina de acartonamientos, nos trae de regreso de muchas cegueras.

Es un rey que no ha tenido palacios, que se ha largado a los caminos rodeado de pescadores y pecadores convertidos, que no tuvo otro trono que los brazos de su Madre, que no le ha importado el prestigio, que desoye la fama, que reniega de pompas e imposiciones, que decididamente abraza la pobreza.
Lo imaginamos como un bravo guerrero que derrota a sus enemigos, pero se sacrifica en el cadalso de la cruz como el más marginal de los criminales.

Más aún: muchos lo creemos de nuestra exclusiva propiedad por pertenencia religiosa. Y hasta esa marquesina ha caído.
No quiere otro título que el de Hijo del Hombre: lo sabemos totalmente Dios y totalmente humano, y aún así se hace hijo y servidor de toda la humanidad, sin límites, condiciones ni fronteras.

La gran pregunta que prosigue es cómo hacer para que este Rey tan extraño tenga potestad en este mundo, tan del César y tan poco de Dios. Porque este Rey se identifica en plenitud con los olvidados, con los caídos a la vera de la vida, con los ninguneados de toda la historia.
Para colmo de males, no condensa sus tropas en un duro puño de hierro para abatir al enemigo: por el contrario, envía a los suyos armados de confianza y compasión, de fé y misericordia, con la coraza impenetrable del amor que se hace ofrenda para que los otros vivan.

Para que Cristo reine habrá que desvivirse para que haya pan en el plato del hambriento.
Para que Cristo reine habrá que colmar las copas vacías de los que mueren de sed de agua y de soledad.
Para que Cristo reine habrá que ir al encuentro el inmigrante despreciado y penalizado con los brazos y las puertas abiertas para que nadie se quede sin hogar.
Para que Cristo reine habrá que vestir al que está tiritando de desnudez y desprotección.
Para que Cristo reine habrá que ir allí, a los hospitales y hogares donde tantos abuelos agonizan en silencio y abandono, allí en donde los enfermos languidecen en sufrimiento y olvido.
Para que Cristo reine habrá que visitar al que no tiene libertad, por el motivo que fuere.

En todos y cada uno de ellos resplandece el rostro de Aquél que nos busca sin cesar, y que sólo quiere que vivamos en plenitud, que nos volvamos cada día más humanos.
El Reino no es una difusa promesa postrera, sino que es una realidad que se edifica en el aquí y el ahora, en corazones que se animan a que el Crucificado -que es el Resucitado- reine en sus vidas, que florezca la misericordia, que palpite la solidaridad, que la luz de la fraternidad de hijas e hijos disipe tantas tinieblas de egoísmo e injusticia)

Paz y Bien


4 comentarios:

Minimus minimorum dijo...

Lo tremendo del Evangelio es que en su día no tendremos excusa.

Claudio dijo...

«Para colmo de males, no condensa sus tropas en un duro puño de hierro para abatir al enemigo: por el contrario, envía a los suyos armados de confianza y compasión, de fé y misericordia, con la coraza impenetrable del amor que se hace ofrenda para que los otros vivan.»
Excelente reflexión.
¡Feliz fiesta de Cristo Rey!

Angelo dijo...

Feliz fiesta. Que todos reconozcan al Rey de todo lo creado. Un abrazo

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Amigos y hermanos, que el Niño que nos está llegando reine en nuestras vidas desde las honduras de su sencillez y su humildad
Paz y Bien
Ricardo

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