Visitación: La urgencia de la Palabra, canción del servicio, himno de liberación


Visitación de la Virgen María

Para el día de hoy (31/05/10)
Evangelio según San Lucas 1, 39-56

(María sale con prontitud en busca de Isabel.
Ella ya tenía al Salvador creciéndose en su seno, y aún así, emprende la marcha hacia Ain Karem.

Ain Karem: sitio donde residían Zacarías e Isabel, paraje montañoso en donde nacerá el Bautista, aldea de milagros y celebración.
No era fácil ni cómodo el viaje para una mujer sola: se encontraba a más de 100 km de Nazareth. Pensar en ese recorrido sin los medios de locomoción que hoy conocemos, sin rutas estables, caminos peligrosos para una mujer andando en soledad, nos estremece y hos puede conmover el miedo.

Pero son tiempos nuevos, en los que no hay imposibles. Y cuando la Palabra se hace Vida, crece la urgencia incontenible de transmitirla y antepone el servicio al necesitado por sobre todo lo demás.
El servicio al prójimo se hace celebración y culto.

Y María tenía las prisas de la Palabra que se había hecho carne en Ella, y sabía del estado de necesidad de Isabel, encinta y entrada en años.

Ain Karem: la Buena Noticia se abre camino de la mano de mujeres.
Hogar, embarazos, niños, auxilio, visita, alegría, encuentros se hacen sinónimos perfectos de la Novedad Buena.

Apenas llega María, Isabel exclama con palabras imborrables la alegría que le nace de las profundidades de su ser, y será repetido con el mismo gozo y devoción de generación en generación hasta nuestro presente, ese Ave María que pronunciamos a veces sin pensarlo demasiado.

En el saludo de Isabel se resume toda la Antigua Alianza que se ha mantenido fiel en la esperanza, y que recibe con alma en fiesta a quien traerá la Nueva Alianza definitiva entre Dios y la humanidad. Y saluda a la que supo creer en lo que le han dicho de parte de Dios.

La Palabra de Dios es eficaz: es la fuerza creadora y recreadora que realiza lo que dice.

Entre esas dos mujeres comienzan las maravillas del tiempo de la Gracia, la era de lo increíble y lo inesperado, el Dios del Universo entre nosotros.

María entona un Himno de liberación con el que nos enseña -como luego lo haría su Hijo y Maestro- a rezar.

Canta porque ha descubierto y reconoce las cosas magníficas que Dios ha hecho en su vida.

Canta porque se sabe pequeña, muy pequeña, y aún así Dios la habita en su infinito Amor.

Canta porque sabe que por eso mismo cantaremos con Ella de heneración en generación.

Canta porque se ha revelado en lo profundo de su vida la Santidad de ese Dios que es Misericordia para con toda la creación.

Canta a ese Dios que se pone decidida y abiertamente del lado de los pobres, los humildes, los hambrientos y los oprimidos, y que no vacila ni vacilará en derribar a los poderosos de sus tronos, en dispersar a los que se creen más que los otros, en dejar a los que se han conformado con acumular bienes terrenos con las manos vacías...

A esa Mujer que es Madre, Hermana y Discípula a la vez la hemos sobrecargado de joyas, vestidos y coronas por un afán de afecto... y así -quizás sin darnos cuenta- minimizamos su estatura de Mujer Fiel que no es imagen pasiva de la Redención, sino que activamente se ha comprometido con el Dios de la Vida que sale al rescate de sus hijas e hijos.

María canta con fé y esperanza, abiertamente y sin floreos literarios, al Dios que libera a su pueblo haciéndose Ella misma instrumento de redención desde la fidelidad y el servicio.

Quiera el Espíritu habitarnos e iluminarnos para volvernos a su claridad y su fidelidad, urgidos implacablemente en el servicio al necesitado, haciendo presente esa Palabra que es Vida y Liberación.

¡Salve, Madre de Dios!)

Paz y Bien

2 comentarios:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Gracias Ricardo por sea preciosa entrada.
Es la urgencia de la caridad, sin importarnos el Yo, salir en busca del que te necesita es una finura de la caridad más que esperar que te la pidan para hacerla.
Bonito canto
Con ternura.
Sor.Cecilia

rgr dijo...

Quizás, querida sor Cecilia, muchos hayamos olvidado que la verdadera batalla es aquella que damos contra el yo que se cierra en sí mismo.
Particularmente tengo presente a un héroe de la caridad, Don Orione -San Luis Orione- que enseñó y hoy sus Cottolengos lo tienen como meta y como entrada el lema "La caridad nos urge".
Un saludo fraterno para usted y su comunidad en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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