Paráclito del testimonio

Para el día de hoy (10/05/10)
Evangelio según San Juan 15, 26-16, 4

(Viene el Espíritu Santo.
Y es enviado por Jesús, hermano y Señor nuestro, muerto en la Cruz y Resucitado, para dar testimonio.

Pero primero y ante todo, viene a dar testimonio entre nosotros -sus discípulos- de que Jesús está vivo, de que está presente en nuestro aquí y ahora.

Sólo se puede dar real testimonio de lo que se ha vivido; quizás por eso mismo el testimonio primero que damos es aquel que nace de descubrir a Jesús actuando a diario en nuestras vidas, ese Cristo que rompe las cadenas que nos esclavizan, ese Maestro que nos saluda en nuestros amaneceres y en nuestras noches nos dice: ¡Ánimo, no tengan miedo!, el Señor que nos ha revelado el Amor y la Misericordia infinitas de Dios.

Ese mismo Jesús que nos vino a contar que Dios es Abbá! y que nos ama sin medida.

Allí, en la cotidianeidad, en la rutina de cada día, es donde comienza nuestro testimonio; y allí es donde se dirime nuestra verdad personal y comunitaria: decirle al mundo si somos de Dios o nó, y desde esa raíz, transformarlo.

-El Espíritu del Señor me ha ungido para anuncia la Buena Nueva a los pobres- había avisado el Maestro en la sinagoga de Nazareth.

Y como le ha sucedido a Él, sabemos que por pertenecerle despertaremos los mismos odios.

-muchos conocemos con certera tristeza ese odio, el mismo que mata y destruye en nombre de Dios, el que cree que rinde culto a Dios dando muerte a sus mensajeros...-

Paráclito, en su raíz griega, significa "aquél que es invocado"; Paráclito es también llamado abogado nuestro, es decir, aquél que habla por nosotros.

Nada podemos sólo con nuestras propias fuerzas, pero no hay que desfallecer.

Alguien hablará por nosotros, Alguien dará testimonio ante nosotros y en nosotros para la Gloria de Dios.

Y la Gloria de Dios es el Amor, se glorifica al Altísimo cuando se propaga la Vida.

Alguien hablará en nosotros y por nosotros: es hora de hacer lugar y escuchar)

Paz y Bien

4 comentarios:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

¡Hola Ricardo!Muchas veces me pregunto ¿cuantos invocamos al Espiritu Santo a parte de los religiosos?
Es una santa constumbre que está poco extendida entre el pueblo, y es que El Espíritu Santo es ese gran desconocido que nos enseña como somos y como es Dios.
Con ternura
Sor.Cecilia

TERE dijo...

Hola Ricardo. Estoy que me muero de la vergüenza, apenas hoy descubro tu blog siguiendo tu perfil en el mío. Te agradezco mucho por tu visita y me alegra haberlo descubierto hoy con esta entrada.
Estoy de acuerdo con Sor Ceci, desgraciadamente para muchos, el Espíritu Santo es un gran desconocido. Yo participé durante muchos años en un grupo de oración llamado "Espíritu Santo" y te aseguro que nos regaló muchas sesiones realmente maravillosas.
Saludos desde México.

rgr dijo...

Yo mismo me hago la misma pregunta, querida sor Cecilia; quizás sea -en parte- porque la catequesis ha sido insuficiente o defectuosa en ese aspecto, desde la catequesis inicial hasta la catequesis que sucede también en cada Eucaristía y la que nos corresponde a cada fiel del Pueblo De Dios.
Y aunque parezca paradojal, tendremos que pedirle a ese Espíritu que nos anima que a su vez nos impulse a transmitir a otros a que le hablen, le recen, le pidan que sople su viento de Vida en cada uno.
Le envío un saludo afectuoso en ese Espíritu que nos une a usted y a toda su comunidad.
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Hola Tere, bienvenida y gracias por tus palabras!
No hay que pedir disculpas; nos hemos encontrado -ese mismo Espíritu del que hablamos teje y teje- y entre todos vamos abriendo espacios que, quizás, hace unos años atrás eran insospechados.
Te envío desde el sur, desde Argentina, un saludo fraterno en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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