La otra gloria, los otros privilegios


Para el día de hoy (26/05/10):
Evangelio según San Marcos 10, 32-45

(Jesús no esconde lo que le está por suceder, ni tampoco rehuye de ello.
La Pasión será consecuencia de la asunción libre y consciente de su compromiso, y sólo será comprendida desde la luz de la Resurrección.

La Pasión no es destino preescrito, ni determina un sino definitivo; es ante todo compromiso asumido total y enteramente por amor.

Y los discípulos, a pesar de esos años conviviendo a diario con el Maestro, miraban y entendían todo desde la óptica de sus intereses individuales y mezquinos.

Por ello el pedido de Santiago y Juan de que Jesús les obtenga para cada uno de ellos un puesto de privilegio sigue esta lógica, que aún hoy sigue tristemente arraigada entre nosotros: aquella que supone un trueque de actos piadosos a cambio de recompensas y premios divinos.

La gloria ya no será encaramarse en títulos y prebendas, sino estará signada por la medida del amor; y ese mismo amor será la mayor Gloria de Dios, el sacrificio supremo de su vida entregada en rescate de muchos.

Ya no se trata de pedir y pedir, sino de preguntar/se cuál es la voluntad de Dios para cada uno de nosotros.
Ya no se trata de preeminencias y ejercicio del poder de unos sobre otros.

La exigencia de los hijos de Zebedeo -Juan y Santiago- provoca ruptura, escándalo y enfrentamiento con los otros diez discípulos. Sin embargo, la ruptura quizás fuera también porque ellos a su vez requerían sus puestos de privilegio.

Y el Maestro no deja de ser tal, y enseña: es la increíble paradoja del Reino.
Cuanto más poder se requiera, mayor debe ser el servicio que se ofrende al prójimo.
Y no habrá mayor privilegio que el de dar la vida por los amigos.

Gloria y poder se entenderán a partir de entonces desde el servicio y la entrega por el bien el común.

Es la ratio del Amor)

Paz y Bien

6 comentarios:

Savia dijo...

Dar la vida por alguien suena a tragedia. Es desvestir a un santo para vestir a otro.

Teresa dijo...

Los discípulos encarnan las debilidades de todos los hombres... ¡ellos que tuvieron el privilegio de convivir con El Maestro a diario y recibir las enseñanzas de su boca y, sin embargo, caen en luchas de poder entre ellos, celos e incluso desconfianza!. Eso mismo pasa actualmente dentro de nuestra Iglesia. En lugar de caminar unidos de la mano, parece que estemos más empeñados en "destacar" unos sobre otros que en vivir y hacer partícipes del Reino de Dios a todos los hombres por igual. Me queda el consuelo de pensar que, igual que hizo con sus discípulos, el Espíritu de Jesús sigue enseñándonos con infinita paciencia y compasión, sabedor de nuestra humanidad débil.

rgr dijo...

Estimada Savia, ante todo gracias por tu presencia y tus palabras.
Dar la vida suena a tragedia? Seguramente suene así a oídos de este mundo; pero se trata de otra lógica, se trata de negarse a sí mismo por el bien del prójimo/próximo, y no es una cuestión mediática; conozco a muchas mujeres y hombres que dan su vida a diario, desde el silencio y el anonimato para arrinconar la miseria, el hambre y el dolor de muchos. Hacen de su vida una ofrenda. Otros han dado su vida muriendo por su fidelidad a ese Cristo que ven en el rostro de sus hermanos.
Es desvestir a un santo para vestir a otro? POr supuesto! Se trata de la ética del despojarse de todo para el necesitado, se trata desde nuestra pequeñez seguir los pasos del Maestro, se trata de hacer vida el Evangelio
Un saludo fraterno.
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Teresa, gracias por tus palabras y me atrevo a resaltar eso que mencionas hacia el final de tu reflexión: la paciencia que Jesús -con nuestras traiciones y nuestros quebrantos- tiene para con nosotros. Tiempo de gracia y Misericordia.
Desde allí se funda nuestra esperanza
Un saludo fraterno en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

Salvador Pérez Alayón dijo...

¡Si comprendieramos que el amor es la solución a todos nuestros problemas!
Porque cuando amamos nada nos es necesario sino el bien del amado.

La familia es el lugar donde podemos experimentar y constatar la vivencia del verdadero amor. No hay mayor felicidad de una madre o padre que darse totalmente por la felicidad de su hijo. Eso extrapolado a la vivencia de nuestra vida con el prójimo/próximo haría del mundo un eden.

Pero, hemos de saber que solos no podremos y habrá que gritar como Bertomeo para llamar la atención de JESÚS y, junto a ÉL y por ÉL, abrir nuestros ojos para ver y amar.

Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

rgr dijo...

Así es, mi querido hermano, la familia es la primera comunidad en donde, desde el amor, descubrimos y desplegamos nuestra identidad y nos sentimos amados, signo de que hay Alguien más que también nos ama.
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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