Santísima Trinidad: Dios con nosotros, Dios por nosotros, Dios en nosotros

Solemnidad de la Santísima Trinidad

Para el día de hoy (30/05/10)
Evangelio según San Juan 16, 12-15

(Hemos de hacer silencio, un silencio profundo y orante, un silencio que implique
despojarnos de todo condicionamiento previo, de nuestras limitaciones duales de tiempo y espacio, de nuestras ataduras racionales, y disponernos a la escucha y al descubrimiento.

El Espíritu hace nuevas todas las cosas; desde un corazón dispuesto y abierto a dejarse re-crear y renovar por el Espíritu de Dios se puede volver -en nuestra pequeñez- a degustar y a vivir el misterio insondable del Dios de la Vida, mar sin orillas para navegar por siempre.

Es mejor ahondar por esa huella, antes que pensar en errores -muy posibles, es claro- como un triteísmo, o de caer en la tentación de querer explicar lo inexplicable.

Dios de la Vida que se nos ha revelado en Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor.

Sabemos algo con certeza: Dios no se ha quedado encerrado en su misterio, sino que es un perpetuo y eterno salir de sí mismo y darse, que se puede descubrir desde el momento mismo de la Creación.

Hemos recorrido un largo camino, plagado de rupturas que llamamos pecados. Pero a cada uno de esos quebrantos ha sucedido por respuesta la inefable e increíble misericordia de Dios que ha salido en nuestro rescate en nuestra búsqueda.

No ha sido sencillo: la ruptura primera -el pecado original- ha sido tan grande y sus consecuencias tan terribles, que si no hubiera sido por su Amor infinito, no estaríamos aquí, en este preciso instante, escribiendo o leyendo.

Porque con el pecado original el hombre -varón y mujer- creado a imagen y semejanza de Dios, es decir, creado y criado para salir de sí mismo y definirse dándose en la reciprocidad con el otro, sobrevino la necesidad, la vergüenza, el dolor y el mutismo. Es decir, la muerte.

El hombre se había quedado sin palabras; ese regalo infinito de ser creador junto con su Creador, dando nombre a todas las cosas, relacionarse con el otro y con el Totalmente Otro se nos había perdido en nuestros vinos avinagrados de la soberbia.

Pero jamás hemos quedado solos.
Para que el hombre pudiera recuperar la posibilidad del habla con el prójimo, con la creación y con el Creador, Dios se hace uno más entre los hombres
El Verbo se hace carne y acampa entre nosotros.

El hombre abrió las puertas a la muerte.
Y ese Dios que no se olvida, asume en sí la muerte y la vence, traspasando su aparente infranqueable frontera. La Resurrección es la obra revolucionaria de la Creación.
Dios por nosotros ha derrotado de una vez y para siempre a la muerte.

Es el tiempo de la abundancia, el fin de la mezquindad y de justezas calculadas al dedillo -como solemos hacer-.
Son cientos de litros de vino bueno cuando parece que la boda termina, para los invitados, para los que aún no han llegado.
Son canastas y canastas repletas de panes para que queden tan satisfechos como esa multitud, aquel día, todos los que se acerquen a su Mesa a través de la historia.
Son peces y peces que parecen hacer reventar las redes cuando los pescadores en su noche, no han podido sacar nada.
Es un Templo que no descollará por sus columnas y dimensiones, centro de la nación y la vida: ese hombre quebrado ha sido rescatado, restaurado y recreado y ahora es Templo vivo de Dios, y por eso mismo es sagrado. Su Dios lo habita.
Dios en nosotros por siempre.

Podríamos escribir bibliotecas enteras, pero mejor es el silencio.
Sólo nos queda preguntarnos si cada día -y no sólo en esta fiesta- nos redescubrimos creados a imagen y semejanza de ese Dios que es Amor, donación perpetua, eterno salir de sí mismo para darse e identificarse con y por el otro.
Y desde allí, con nuestras rupturas y quebrantos, con todo y a pesar de todo, volver a vernos todos y cada uno de nosotros como sagrados, develando nuevamente y a cada instante la fiesta y la necesidad de la comunión y la fraternidad, del darse y del amor que no busca otra cosa que al otro.

Allí y sólo desde allí podremos transformar la tierra y anticipar el sueño de Dios que llamamos su Reino, en el nombre del Dios de la Vida que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Amén)

Paz y Bien

4 comentarios:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

¡Hola Ricardo! Hoy la Iglesia nos dedica el día de la Trinidad para la Vida contemplativa claustral. Os pido oraciones para las monjas y monjes que escondidos en Dios hablamos a Dios de los hombres y a los hombres de Dios. Recen para que tengamos vocaciones.
Un abrazo
Sor.Cecilia

Salvador Pérez Alayón dijo...

Es, tras pecar, la donación aún mayor, porque de ser creados para permanecer junto a ÉL, ahora somos, por su Amor inefable, perdonados y elevados a la categoria de hijos adoptivos, y si hijos, coherederos con JESÚS, para compartir su Gloria con ÉL, si compartimos y padecemos con CRISTO nuestra muerte.

Un abrazo en XTO.JESÚS.

rgr dijo...

¡Sor Cecilia! Sin dudas estarán nuestras oraciones, para que el Espíritu invite nuevas vocaciones contemplativas, oración y servicio desde los claustros. Y también oramos para que respondan con fidelidad las invitadas e invitados a esa vida que tanta falta nos hace como familia que somos.
Un afectuoso saludo en Cristo y María para usted y para su comunidad.
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Salvador, vivimos por El y a pesar de nuestra pequeñez y nuestras miserias, estamos increíblemente invitados a vivir para El y con El
Alabado sea Dios por su Infinita Misericordia
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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