A San José Obrero

José
padre y hermano
amigo y compañero
te veo a diario en mis hermanos
silenciosos luchadores en la batalla por el sustento de los hijos,
bravos leones mansos que protegen la vida
inclaudicables buscadores de la dignidad y la justicia
-manos callosas, rostros curtidos, almas fértiles-
que aceptan con alegría militante los segundos planos,
porque primero están los que amamos.

Te veo inmigrante y despreciado,
peón en lo que se pueda por dos monedas
con tal de que nada le faltara a esa Mujer que amabas,
-y que amabas tanto como al Dios al que llamabas Hijo-
porque en tu querencia la muerte campeaba,
montada a lomos del tirano,
el mismo que era capaz de una brutalidad descarnada
embanderada de poder y de odio prepotente.

¿Cómo no hablar de vos en este día,
si el Dios del Universo te llamaba papá?
Ese mismo Niño Santo que te fué confiado
y que era desde la raíz misma de tu corazón enorme
tu Hijo, verdaderamente tu Hijo.
Ese Niño Santo que por tu ejemplo,
algún día nos enseñaría a todos
que el Dios de la Vida es ante todo papá -¡Abbá!-

Esa muchachita pequeña y a la vez inmensa,
la flor primera y más bella de la Gracia,
a la que amabas sin condiciones,
le cantaba con alegría a ese Dios Magnífico
que levanta a los humildes,
que defiende a los pobres,
que colma de dones a los hambrientos,
que derriba a los poderosos
y dispersa a los soberbios.
Vos también hacías tuyo ese canto
desde la justicia de tu alma
edificada en tu silencio.

Misterio de ternura y confianza
-no hay suficientes palabras-
el Dios al que llamabas Hijito
aprendió con fervor tu oficio,
a tal punto que almas mezquinas
quisieron menoscabarlo llamándolo carpintero
-no se daban cuenta en su torpeza
que así lo honraban-

José
padre y hermano
amigo y compañero
te veo a diario en mis hermanos
rezá con ellos
rezá con nosotros
rezá por todos nosotros.
Como vos, muchos consumen sus manos
en cualquier changa
con tal de que a los suyos nada les falte,
y muchos otros también
desde el silencio hacen, como vos,
que la vida prevalezca
protegiéndola desde la integridad de su corazón,
acariciándola con el fuego de la justicia.
Vení con María
Vení con el Dios que llamabas Hijo
a trabajar con nosotros
a tallar la vida nueva
a construir una casa más grande
esa Casa que cobije bajo sus techos a todos,
en donde no falte la dignidad
en donde no escasee el trabajo
en donde no haya olvidados ni sobrantes.


San José Obrero
ruega por nosotros.


a todas las hermanas y hermanos: desde estas líneas mínimas y con San José Obrero, Feliz Día del Trabajador.
Paz y Bien
Ricardo

2 comentarios:

♥Alicia dijo...

San José Obrero
ruega por nosotros.

Ricardo gracias por tu saludo.
¡Feliz Día del Trabajador!!
Paz y Bien
♥Alicia

rgr dijo...

Muchas felicidades para vos también Alicia
Paz y Bien
Ricardo

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