Herencia extraña

Para el día de hoy (15/05/10)
Evangelio según San Juan 16, 23-28

(-Si no se hacen como niños...- nos dice Jesús. Hagamos el intento.

Veamos: estamos acostumbrados por filmes, series televisivas, libros y noticias a lo que sucede cuando está en juego los bienes legados por un familiar acaudalado a los herederos que él designe. No es infrecuente descubrir sórdidas maquinaciones para ver quién será el más favorecido, las consecuentes peleas -hasta homicidios-, las angustias, celos y envidias entre los herederos, documentos, letrados... Son historias harto conocidas.

Desde esta fé que se nos ha dado, y con esa mirada de niños que estamos intentando ahora, el párrafo anterior no se nos hace tan ajeno.

Más nuestra herencia es, cuanto menos, extraña.

El que nos lega la totalidad de sus bienes es nuestro Padre.

No ha tenido mayor o menor cuantificación en la porción que le toca a cada uno: a todos les toca todo y por igual, sin medida.

Ha habido homicidios por la apropiación de esa herencia, claro está: Jesús ha muerto en la cruz, y muchos de sus amigos han dado la vida sosteniendo la igualdad de todos los herederos.

Tenemos un Abogado insobornable y siempre dispuesto: el Espíritu Santo.

El instrumento por el cual somos notificados de la inmensa riqueza de ser hijas e hijos de ese Padre infinitamente rico es... Testamento, que aunque por diversas cuestiones lo dividamos en dos, siempre es Nuevo.

No hay dudas que la herencia es extraña: a diferencia de las cuestiones dinerarias humanas, nunca se acaba. Es más, son bienes que aumentan desmedidamente... cuando se regalan, se donan, se entregan gratuitamente y sin condiciones.

Y no se trata de los méritos y grandezas de los herederos; la clave está en la generosidad de quien tiene esa voluntad testamentaria, el Padre.

Esa herencia extraña y maravillosa la llamamos Buena Noticia, y nos ha sido comunicada por Jesús Maestro, hermano y Señor nuestro.

La Buena Noticia de que Dios es Padre y Madre, y que nos ama a todos por igual, sin límites e incodicionalmente, aún cuando nos consideremos muy pequeños o indignos de recibir ningún presente.

Nuestro presente es Presencia para siempre, vida en abundancia, alegría que no se termina.

Y no hay condiciones previas, ni personerías que acreditar; frente a la aceptación de esta herencia se abre el horizonte del darse, el cielo límpido y despejado de la solidaridad, la alborada de sabernos hijos y por lo tanto hermanos, y vivir fraternalmente en consecuencia.

Loado sea Dios por todo el bien que nos ha dado y nos dá)

Paz y Bien


2 comentarios:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Gracias Ricardo
Con ternura
Sor.Cecilia

rgr dijo...

Gracias a usted por su calidez y su presencia, sor Cecilia; que celebre en paz, esperanza y alegría la fiesta de la Ascensión del Señor junto a su comunidad orante.
Un afectuoso saludo en Cristo y María.
Paz y Bien
Ricardo

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