Para el día de hoy (01/05/11):
Evangelio según San Juan 20, 19-31
(Los discípulos tenían atrancadas las puertas de donde se encontraban: primaba en ellos la incertidumbre por la muerte de su Maestro, campeaba el miedo a lo que les pudiera pasar. El afuera se les hacía amenaza, y esto no es un hecho histórico puntual sino una realidad dolorosamente actual y presente: sabemos sobradamente las consecuencias de las puertas que cerramos por temor, por ignorancia, por exclusividad y exclusión, por el miedo a dejar pasar a los crucificados y llagados que están, ahora mismo, en nuestras calles.
Jesús el Nazareno, el Crucificado y Resucitado, maravillosamente irrumpe precisamente allí en donde se han atrancado las puertas, en donde ya no hay más espacios, y esto debería conmovernos hasta los cimientos, hacernos converger nuevamente hacia la mejor de las noticias: Jesús se hace presente y visible, tangible y vivo en medio de una comunidad cristiana de puertas abiertas, de ventanas que dejan pasar la luz.
El Resucitado es pura paciencia y ternura: a pesar de las cerrazones y reniegos, a pesar de infidelidades e incredulidades, no recrimina, no castiga: sus palabras son siempre palabras de paz y perdón, y esas palabras han de ser las nuestras.
El perdón que cura las heridas y devuelve la alegría.
La paz que construye un mundo nuevo, que edifica la justicia.
Posiblemente, encontremos a muchos Tomases a los que reprender en su porfía y su terquedad...
Pero hoy, animémonos por un momento a reivindicar a ese Tomás desconfiado y tenaz.
Ese Tomás capaz de no dejarse llevar por lo que le quieren imponer -pues la fé no se impone-, ese Tomás capaz de hundir sus manos en las llagas, en las heridas, en los estigmas de ese Cristo que vive y está presente, y desde allí reconocerlo como su Dios y Señor.
Con Tomás, roguemos que el Espíritu sople en nosotros la fuerza y el coraje que nos hagan abrir las puertas. Y desde allí, volvernos capaces de hundir nuestras manos en los estigmas de nuestros hermanos sufrientes, para descubrir allí a Jesús doliente que desaloja los sepulcros en la realidad de la Resurrección, comunidades que resucitan en señales de auxilio y esperanza, desde la paz y el perdón)
Paz y Bien
Comunidades de paz y perdón, hogares de puertas abiertas
En diálogo de vida universal
Para el día de hoy (30/04/11):
Evangelio según San Marcos 16, 9-15
(Toda la validez para el reproche del Maestro a los Once: no creyeron en el testimonio de María de Magdala por ser mujer, no creyeron tampoco en el testimonio de los caminantes a Emaús.
Jesús Resucitado es la clave de toda la historia humana, Dios vivo presente incluso para aquellos que no lo reconocen. Por ello mismo su reproche debe hoy dolernos y conmovernos, despertarnos a la realidad de un Cristo que es presencia constante a través de toda la historia, aún cuando sus pasos no se descubran por las veredas que solemos creer exclusivas y que, a menudo, confundimos con la Iglesia.
Debemos cuestionarnos profundamente nuestra falta de fé personal y comunitaria, objetivarnos y revisar el arcón de nuestras mentes y sentimientos para sincerarnos, y desde allí volver a ver en nuestros hermanos llagados y caídos al Crucificado, llevando señales de auxilio y esperanza.
Más allá del dolor -aunque se haga horizonte- y de la muerte que suele campear en nuestras ciudades, la Resurrección ha de ser para nosotros una realidad que nos impulse y movilice, una cuestión de fé que se traduce y transluce en gestos de amor y compasión, signo cierto de que la vida tiene la palabra definitiva.
El mandato es diáfano: ir a anunciar a toda la creación la Mejor de las Noticias.
Allí en donde la vida se asome, allí en donde la mano bondadosa de Dios Padre y Madre dador de vida y Creador se manifieste, allí en donde mujeres y hombres se vuelvan antorchas de una Resurrección que es pura esperanza, allí iremos y más allá.
No hay fronteras, y la Buena Noticia transforma los corazones de la humanidad y la totalidad de las creaturas: esa vida sagrada late en el hermano, en un pequeño brote verde, en una flor sencilla, en una montaña majestuosa, en un cielo inconmensurable, en el amor que nos devuelven multiplicado al infinito los animales con los que convivimos...
Diálogo implica salir de sí mismos y abrirse a conversar con todo lo creado en clave mayor del Resucitado)
Paz y Bien
Es el Resucitado
Para el día de hoy (29/04/11):
Evangelio según San Juan 21, 1-14
(Solemos estar a la deriva, cansados de tanto trajinar sin destino y en donde todo esfuerzo se nos hace inútil.
Sin embargo, en nuestra noche y nuestro cansancio, hay algo que nos sacude, nos estremece. Intuimos una presencia más allá de nuestros ojos, y no es sólo una ilusión fantasmal.
Es el Resucitado en nuestras orillas.
Allí todo cambia, aún en las oscuridades del dolor. Es tan humano como el que más, el más humano de todos, humilde y servidor al punto de buscar nuestro reposo y esperarnos con la mesa tendida.
Allí sí nos damos cuenta en que hay que insistir, no hay que rendirse, no hay lugar para la resignación.
Si el trabajo ha sido largo tiempo estéril, es preciso buscar en otro lado, multiplicar con fé y esperanza el esfuerzo porque no estamos solos.
Con Él, todo fructifica y la vida se hace sabrosa, fértil, digna de ser vivida.
Hay muchos testigos del Resucitado que en silencio y desde su servicio cotidianamente nos lo señalan:¡es el Resucitado! para que no se nos caiga la esperanza, para seguir adelante, para que cada vez sea mayor el fruto de la pesca, y esto también -y especialmente- ha de ser ancla y timón para nuestras comunidades.
Es el resucitado presente aquí y ahora, esperándonos y acompañándonos en cada instante de nuestras existencias)
Paz y Bien
Carta de presentación
Para el día de hoy (28/04/11):
Evangelio según San Lucas 24, 35-48
(De un modo asombroso y paradójico, Jesús solía presentarse en los lugares más impensados: la Decápolis pagana, la sospechosa Galilea, la tierra vituperada de los samaritanos, alejándose de centros de poder político y religioso.
Se decide por los suburbios, por lo marginal, por la periferia.
Aquella vez, los discípulos se encontraban escondidos y asustados, a merced de sus miedos y de los peligros latentes. Estaban vacíos de fé, llenos de tristeza y desprovistos de espíritu, sólo les importaba su supervivencia.
Justamente allí, en medio de los que ya nada esperan, abatidos y paralizados, el Resucitado se hace presente.
Es claro: allí en donde campea el miedo, todo signo de liberación puede volverse fantasma, aparición ilusoria.
Y allí el Resucitado exhibe su carta de presentación: sus manos y sus pies taladrados, lastimados por los clavos romanos, testigos mudos de su crucifixión.
Como si no bastara, se sienta a la mesa con los suyos y es pan el pescado y la Palabra compartidas, y allí se les aclara la mirada.
A nosotros también Dios se nos suele volver fantasma escandaloso cuando lo vemos en ese Jesús inclinado hacia el caído, abiertamente del lado de los pobres y excluidos, con sus heridas de cruz, tan humano y tan poco glorioso según nuestros esquemas.
Pero la paz ausente se recobra en el reencuentro con el Resucitado que es el Crucificado: el Shalom de la humanidad quizás acontezca cuando nos volvamos capaces de descubrir en las llagas y heridas de nuestros hermanos a ese Cristo que ha vencido a la muerte.
Allí está Él, esperando que nos sentemos a la mesa con los olvidados y juntos compartamos el pan y la Palabra)
Paz y Bien
Escondido en lo humano
Para el día de hoy (27/04/11):
Evangelio según San Lucas 24, 13-35
(Cleofás y el otro discípulo andaban por la ruta a Emaús alejándose de todo, especialmente de la comunidad primera; están golpeados de tristeza y heridos de desconsuelo. Se alejan con el talante endurecido de quien sufre y que, por ello mismo, es incomprendido por nadie que no pase su mismo calvario.
En esa calzada oscurecida a plena luz del día, se les une el Resucitado como un viajero más. No pueden verlo, no lo reconocen porque tienen la mirada aún atada a viejos conceptos en donde el Salvador tiene mucho de inaccesible y celestial, y poco o nada de siervo pobre y sufriente. La cruz les sigue resultando carga intolerable.
Es precisamente allí en donde comienza a tejerse en sus corazones el gran descubrimiento que sus miradas nubladas aún no entienden: el Resucitado, Jesús de Nazareth, revela el rostro de un Dios compañero de caminos, que sale al encuentro, que comparte dolores y penas, y cuyas huellas se encuentran en la escucha en común de la Palabra.
Cuando cae la tarde, parece querer seguir de largo; sin embargo, no desdeñará cualquier pedido de compartir tu mesa, y resplandecerá cuando el pan se parte y comparte, Él mismo, Dios del pan de los hermanos.
Hemos de abandonar estas cegueras, estos corazones que se nos han vuelto tardíos y adormecidos: el Resucitado está escondido a las miradas convencionales de un Dios inaccesible, alejado, duramente celestial. Sin embargo está aquí entre nosotros, decididamente humano, totalmente humano, el más humano de todos.
La Resurrección es la declaración definitiva de que Dios ha asumido nuestra pequeña y frágil condición humana y la ha levantado en plenitud.
Jesús Resucitado es ese Dios compañero de caminos y pan compartido, Salvador que enciende las almas en los pequeños gestos, en el servicio y en la escucha atenta y comunitaria de la Palabra)
Paz y Bien
Una cuestión de mujeres
Para el día de hoy (26/04/11):
Evangelio según San Juan 20, 11-18
(El título de estas simples líneas puede desatar esa controversia habitual, aquella que ha de inquirir si nos hemos quedado en cuestiones de género.
Por supuesto que sí, pero más, siempre hay más.
El Dios de la Vida hecho hombre -uno más entre nosotros- eligió a una pequeña muchacha judía de una aldea ignota para asumir nuestra condición humana. En una contradicción total con la imagen de un Dios inaccesible y Todopoderoso, que desde un cielo recóndito impone órdenes ineludibles, este Dios -a esta mujer- le pide permiso.
Al Dios del Universo no le ha bastado hacerse hombre, y ha ido un paso más allá: se ha hecho un Niño frágil en brazos de María, su Madre.
La historia de la humanidad contiene el aliento cuando esa muchacha dice ¡Sí! desde las honduras de su corazón generoso, tierra perfecta para la semilla, inmaculada en toda su existencia.
Ese Niño Santo ha crecido, y ha salido a los caminos, en los márgenes del poder, desde la periferia de la vida; ha querido ser un hombre más, y para colmo de males un hombre pobre.
Se ha inclinado hacia el caído, auxiliado al enfermo, levantado al derrumbado, reintegrado al excluido, saciado el hambre de multitudes, declarado felices para siempre a los pobres y oprimidos.
Pasó haciendo el bien, y por eso mismo desató las furias de los que detentan el poder a partir del uso de la fuerza, y también de los opresores de almas, férreos defensores del status quo de los privilegios y las prebendas establecidas a partir del poder religioso.
Esas furias se convirtieron en violencia, en tortura, en humillación, en condena a muerte y muerte en cruz.
Ese Dios que es hombre, ese hombre que es Dios, Jesús de Nazareth, ha llevado en sus hombros al altar de las maderas cruzadas todo dolor y toda muerte para que nadie más tenga que morir.
Sufre para que nadie sufra, ama al extremo para desalojar todo odio.
En esos hombros doblegados y entre esas manos taladradas por clavos romanos está el dolor de sus hermanos dolientes, y el sufrimiento de los más pequeños. Pero también muere por los Anás y Caifás, por los Judas y los Pilatos, por los enemigos más encarnizados. Muere también por ellos y no tanto a causa de ellos.
Ese amor mayor del Crucificado no quedó en un hecho luctuoso; el amor jamás es estéril.
Se expresa el Dios de la Vida en el acontecimiento mayor de todo el universo, la Resurrección.
El Resucitado define de una vez y para siempre que la muerte no tendrá la última palabra, que todos vamos a resucitar, que nuestro destino no es de lágrimas y dolor sino, antes bien, de alegría y plenitud que solemos llamar liberación.
Así como una mujer ha abierto las puertas a ese Dios con nosotros desde su ¡Sí! infinito, otra mujer -compañera de María desde su corazón- será la que dará el primer paso para que todos se enteren que el Resucitado está vivo, que las tumbas ya son inútiles sitios vacíos, que la vida prevalece más allá de todo cálculo.
María de Magdala -en su tristeza y en sus miedos- sigue aferrada a ese amor por el Maestro que supone muerto; ese amor es fuerza y coraje, un valor extraño que la hace permanecer al pié de la cruz para que Jesús no muera en soledad, que la encamina al sepulcro prohibido cuando todos -en sus miedos y temores- se esconden.
Por ese amor entrañable -signo cierto del mismo amor de Dios para con todas sus hijas e hijos- superará la neblina del dolor y el llanto, y la tristeza se convertirá en alegría recobrada.
El Resucitado le dice y nos dice que hay mucho más que las lágrimas en las que nos anegamos, que hay que saber buscarlo, que no hay que aferrarse a viejas imágenes de nuestras limitaciones y conveniencias.
Él está vivo.
Esa mujer tendrá por misión ir allí, en donde se encuentran los hermanos de Jesús a dar la mejor de las noticias, y en ese andar y en ese testimonio de su alegría aún no comprendida, irá descubriendo y aprehendiendo el significado más profundo de que el Crucificado no está muerto, resucitó y vive entre nosotros)
Paz y Bien
La urgencia de la alegría, el fin del miedo
Para el día de hoy (25/04/11):
Evangelio según San Mateo 28, 8-15
(Encerrados en las tumbas de nuestras comodidades y nuestra rutina, en la angostura de los nichos del miedo, nos hace falta de nuevo su voz, voz fuerte que nos despierte y nos haga salir de las oquedades de esas muertes cotidianas, y nos encienda nuestras existencias apagadas.
Porque cuando los sepulcros dejan de ser hogar, la alegría se hace presente. Y es una alegría urgente, que nos ponen prisas, que nos moviliza, que necesariamente se comparte y comunica.
Señales de auxilio para los hermanos sumidos en la tristeza y el desconsuelo, como hermanos del Resucitado anunciamos el nuevo día en medio de tanta noche desde la compasión, la solidaridad y con los pequeños gestos de cortesía y preocupación por el otro.
Quizás se trate de volverse más humanos...tal vez la Resurrección de Jesús -como hecho fundamental de la historia- sea precisamente que el Maestro se ha hecho radicalmente humano, y en su humanidad a revelado y asumido una existencia plena y que no tiene fin para todos.
El Resucitado, vivo y presente aquí y ahora entre nosotros, nos anima y alienta la alegría, nos espanta los miedos y nos dice que no hay más imposibles, que es el fin del no se puede)
Paz y Bien
Un gallo diferente, señales de auxilio
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Para el día de hoy (24/04/11):
Evangelio según San Juan 20, 1-9
(María de Magdala descubre la tumba vacía, y corre, corre sin detenerse, vuelan sus pies. Aún en su tristeza y su desconcierto -creen que se han llevado el cuerpo del Maestro- lleva las prisas de los que aman; el amor moviliza, despierta, el otro se nos vuelve urgente, y es contagioso.
En ese talante, Pedro y el Discípulo Amado corren también, se han encendido sus almas desde el frío del miedo que los escondía.
Tres almas bien distintas: una mujer fiel en sus amores, la de Magdala, la que permaneció allí junto a la cruz cuando todos huían, la que se anima a visitar una tumba prohibida, casi clandestina.
Pedro, el pescador galileo, hombre de emociones fuertes, arrebatado en sus afectos, a menudo errado por sus esquemas viejos y presto tanto a la fidelidad como al quebranto de sus negaciones, bravo y lábil Pedro.
El Discípulo amado, profundo en el misterio compartido del Maestro, llega primero pues ha comprendido en su hondura que algo más que un cuerpo ausente ha sucedido.
En sus diferencias y sus aparentes antinomias, en su vacilaciones -aún no llegan a entender que Él ha resucitado- corren a la par, se apuran juntos movidos por un mismo afecto definitivo.
Ha cantado otro gallo, pues es un amanecer distinto: este canto es diferente, ya no se señala la soledad, el abandono y la negación, la noche de la violencia y la injusticia.
Este gallo canta al alba definitivo, es el amanecer del tiempo de las promesas cumplidas, de la vida que prevalece.
Un sepulcro inhabitado, un sudario inútil y unos ritos mortuorios que vienen sobrando se transforman en noticia, en Buena Noticia, en la mejor de las noticias.
Y no es un hecho muy especial...Más bien, antes de un hecho -la Resurrección- se trata de Alguien, el Resucitado, el Crucificado que ha vencido a la muerte.
Es la victoria del Dios del Universo urdida en la historia junto al hombre y acontece en Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor.
Quiera Dios que nos sobrevengan esas prisas, que se nos despierte esa urgencia de dar aviso de que la muerte no es la que decide, que no tiene la última palabra, que Dios se ha inclinado abiertamente a favor de la vida, del lado de los sometidos por tantas tumbas y tantas cruces impuestas a destajo.
Volvernos -a pesar de nuestras diferencias y más aún, con ellas- señales de auxilio para nuestra gente, testigos del Resucitado, portadores incansables de esa esperanza que se adelanta a toda presunción y contra toda razón, en camino hacia las Galileas de la periferia, hermanos de los márgenes sospechosos y del afuera de siempre, en donde de seguro nos hemos de reencontrar con Aquel que está vivo y hoy, ahora mismo, vive entre nosotros.
Feliz Pascua en el Resucitado)
Paz y Bien
El alba
Sábado Santo - Vigilia Pascual
Para el día de hoy (23/04/11):
Evangelio según San Mateo 28, 1-10
(Pedro y los otros habían sucumbido a la niebla del desconcierto y a los espasmos del miedo. Estaban escondidos y su tristeza y desazón parecían definitivas.
Mientras tanto, las Marías se encaminan a la tumba del Maestro; quien haya visitado la tumba de un ser querido saben bien porqué van.
Además, es dable y admirable el coraje de estas mujeres: mientras los Discípulos se esconden, ellas van abiertamente a venerar la tumba del Crucificado que amaban, sepultado casi clandestinamente; está muerto, y sin embargo es un muerto peligroso cuyo nombre no ha de ser pronunciado y cuya memoria debe borrarse.
Aún así, desafían todo peligro y se acercan decididas a visitar el sepulcro prohibido. Portan una fuerza en ellas que hace retroceder cualquier resignación.
La Palabra nos señala que se dirigen el primer día de la semana, al amanecer.
Signo y símbolo, es el alba de la humanidad nueva y recreada.
Van a encontrarse con la muerte concreta, pero un Dios increíble les gana andar y se les adelanta con la mejor de las noticias: hay una tumba inhabitada, vacía e inútil.
¡El que creían muerto está vivo!
Las Marías se convierten -como nosotros- en testigos del Resucitado más que de la Resurrección... tal vez porque se dá testimonio de Alguien que está vivo antes que de algo.
Esos guardias pagos derribados son testigos también de la fuerza incontenible de la vida que prevalece más allá del dinero, de la imposición y de toda violencia.
La Buena Noticia del Resucitado no puede ni podrá acallarse por más intentos que se hagan en contrario.
El alba del Resucitado es el nuevo día definitivo que nos dice -persistente y presente- que Dios tiene una Palabra definitiva por la vida plena, que la muerte es derrotada, que no tendrá -en ninguna de sus expresiones- la última palabra.
El Resucitado es fuerza y esperanza para los oprimidos y para los que aún hoy viven en sombras de muerte, agobiados en la tristeza, en duelo diario.
Señor, con las Marías hemos de salir corriendo porque esta alegría es incontenible y ya no hay espacio para el temor.
Tu triunfo Jesús sobre la muerte es victoria de Dios y el hombre, humanidad que se hace eterna, un Dios que ha bajado a nuestra fragilidad.
Señor, hemos de ir a avisarle a tus hermanos de todas las Galileas con las que convivimos, hermanas y hermanos de la periferia, existencias en los márgenes que no cuentan.
Allí te encontraremos para el abrazo y la fiesta.
Feliz Pascua en el Resucitado)
Paz y Bien
Lógica de cruz

Viernes Santo
Para el día de hoy (22/04/11):
Evangelio según San Juan 18, 1-19,42
(La Roma imperial se valía de la crucifixión como método de ejecución por dos motivos principales: como pena de muerte eficaz para los crímenes más abyectos y, a la vez, como símbolo de degradación y advertencia para desalentar conductas similares a la del condenado. En términos más sencillos, el mensaje es: no hagas lo mismo que el reo ajusticiado porque vas a terminar de igual modo.
La cruz, desde esa mínima perspectiva, se asocia directamente con lo criminal, con lo condenable, con el sufrimiento y la tortura, con dolor atroz y terrible cadalso, símbolo decisivo de muerte.
Pero la realidad es que el preso condenado es Jesús de Nazareth, y desde Él se derriba toda especulación y deviene estéril toda abstracción.
La lógica de cruz es otra lógica, más bien una ilógica que sólo puede comprenderse y aprehenderse desde los hechos concretos de ese hombre que asume voluntariamente la muerte, y la peor de las muertes dando un paso increíble, Pascua que dice que esa muerte -el fin decisivo- no tiene la última palabra.
La lógica de cruz que tratamos de sostener desde la propia existencia encuentra su sentido en ese hombre concreto, artesano pobre de aldea periférica y sospechosa, hijo de muchacha desconocida y de carpintero judío, ese hombre que se inclinaba hacia los enfermos, que convivía con los despreciados, que levantaba a los caídos, que desoía los llamados a la violencia, que hablaba de amor y felicidad, un hombre radicalmente humano, el más humano de todos en donde se nos revela al Dios del Universo, Jesús de Nazareth.
La lógica de cruz expresa a un Dios que nos gustaría se nos presentara revestido de gloria y poder según nuestros conceptos y atado a nuestra conveniente imaginación, pero que se revela frágil y débil, atreviéndose a asumir nuestra endeble condición humana desde su mismo nacimiento de mujer en una cueva de animales, Niño Santo sólo protegido por manos de Madre, judío marginal sin títulos ni prebendas, hombre sin otro poder que el que brota de sus manos de trabajador, manos que curan y bendicen, que abrazan y reparten el pan, Jesús Nazareno, Cristo Salvador, Dios Todopoderoso precisamente por esa vida que sólo sabe de amor.
La lógica de cruz nos habla de que nadie debe morir, pues un hombre asumió sobre sus hombros toda la muerte, que nadie más debe sufrir pues un hombre asumió el sufrimiento de todos, que ninguna cruz debe ser impuesta sino asumida en entera libertad para que no haya más crucificados.
En esta ilógica de cruz, nosotros hemos de confesar al Resucitado que es el Crucificado mediante vidas capaces de morir por los demás, vidas que se hacen ofrenda y profecía para que otros vivan y la vida prevalezca, más allá de toda especulación y caminando hacia una vida que se hace plena para siempre)
Paz y Bien
Ustedes son mis amigos - una canción -
Una canción para cantar y orar.Una santa Semana Santa para todos.
Paz y Bien
Ricardo
USTEDES SON MIS AMIGOS
Hijos míos, voy a estar
poco tiempo entre ustedes.
Me buscarán, mas donde voy
no podrán venir.
Les doy un mandamiento nuevo
"Amense unos a otros
así como los amé".
En esto todos verán
que ustedes son mis amigos
que ustedes son mis amigos.
Si alguien me ama,
guardará con amor mis palabras
mi Padre y yo
habitaremos su corazón.
Les dejo la paz, les doy mi paz
no como la da el mundo.
No teman ni se acobarden;
oyeron lo que les dije:
me voy pero volveré,
me voy pero volveré.
Ya no son como el siervo
que ignora a su dueño.
Conocen bien que mi padre
me ha dicho a mí.
Ustedes son mis amigos
si hacen lo que les mando.
Recuerden que los amé.
No me eligieron a mi.
Soy yo quien los ha elegido
soy yo quien los ha elegido.
Padre Néstor Gallego
aquí puede escucharse:
Sagrado desvivir
Jueves Santo
Para el día de hoy (21/04/11):
Evangelio según San Juan 13, 1-15
(Una mirada objetiva nos dice que es un momento terrible: es un hombre que sabe la hora precisa de su muerte, que sabe que será torturado, maldecido, injuriado, renegado por los suyos, como un abyecto criminal, en abandono y soledad: es un hombre que sabe que será asesinado.
Podría pasar a la clandestinidad en los refugios montañosos, y prefiere quedarse. Podría pedir ayuda a los combatientes zelotas, pero reniega de toda violencia. Podría exiliarse en Egipto -lo hizo de niño- pero ésta es su hora, su lugar, sus amigos.
Podría enfrentar a sus asesinos encabezando una nutrida tropa de seguidores que seguramente combatirían por Él, pero esta batalla es suya y no esconderá el cuerpo. Cumplirá su deber.
Se alista con precisión; uno puede pensar en imágenes de soldados y guerreros ajustándose el cinto que porta la espada, ciñéndose anchos rastras en donde se lleva la munición.
Este hombre es extraño: no huye, no evade su hora primordial, y se dispone a un combate manso. La única sangre que tolera derramar es la propia.
Se alista con precisión: es tiempo de otro tipo de lucha, y este hombre se ciñe una toalla a la cintura.
Ceñido y preparado, dispuesto a lo que suceda, se dedica -para el horror de muchos- a una tarea de esclavos: con entera dedicación se inclina y lava los pies polvorientos y callosos de sus amigos.
Los que lo ven no pueden salir de su estupor, y algunos lo consideran desubicado e inaceptable -Pedro el primero-: pretende hacerse esclavo, siervo, y además lo hace mal. Los pies se lavan antes de comenzar la cena, y Él ha decidido hacerlo hacia el final.
Sin embargo, la pura objetividad citada al comienzo no basta, no es suficiente porque hay más, siempre hay más que lo que nos esconde el acotado horizonte de la razón.
Las manos que lavan esos pies son las mismas manos que han levantado al caído, que se extendieron en bendición hacia al enfermo como mensaje de sanación, que abrazaron a niños, que partieron el pan y repartieron el vino, y que han rescatado de la muerte a un amigo: manos de ternura y salvación.
Es imperioso que Él nos mire fijamente y vuelva a preguntarnos si hemos comprendido lo que ha hecho y si asumimos como propio ese mandato que nos ha dejado.
El Dios del Universo que se revela plenamente en Jesús no es un Señor Todopoderoso y lejano; es un Dios que se inclina al hombre, que baja a sus honduras, que se descubre como amor expresado en el servicio llevado hasta las últimas consecuencias.
Es paradoja y misterio -inconcebibles para cualquier época- el hecho raigal de que la vida se gana muriendo, y muriendo para que el otro viva.
El servicio y el socorro desinteresado y generoso al prójimo -especialmente el caído, el excluido, el abandonado- significa desvivirse por los demás, negando cualquier interés personal: ése es el mandato primero de Jesús a los que quieran seguirlo, ésa es la clave de la existencia, ése es el proyecto de Dios para un mundo nuevo y una vida plena.
Ese desvivirse es sagrado, tan sagrado como el pan y el vino que son Cuerpo y Sangre de Jesús, donación mayor de su vida, dos expresiones cabales de un mismo amor)
Paz y Bien
A precio de esclavo y en un hogar prestado

Para el día de hoy (20/04/11):
Evangelio según San Mateo 26, 14-25
(Adentrarse en el misterio de la iniquidad y la traición es tarea complicada y a menudo riesgosa: uno puede identificarse allí mismo, y duele y molesta.
Como en todo misterio, la clave es cordial antes que racional; lo oculto puede entreverse desde las honduras del alma.
Así sucede con la traición de Judas; lo que ha hecho será motivo de desprecio y condena perpetua por la gente a través de los tiempos, y ha sido objeto de profundos análisis por exégetas y teólogos que entienden de estas cosas -mucho mejor que quien esto escribe-.
Sólo un alto en el camino para observar fijamente a ese Judas amigo de Jesús, en el que Jesús confiaba, con el que Jesús comparte tres años de sus vidas y bebe del agua de vida eterna. Es uno de los privilegiados a quien se le revela el misterio del Reino. Judas además es el ecónomo de esta comunidad incipiente: custodia los dineros que simpatizantes les donan, se preocupa de dar limosna a los pobres y de adquirir los alimentos para sus vidas de peregrinos.
Esa fé y esa confianza depositadas en él las troca por treinta piezas de plata, y se pueden inferir y meditar los motivos; sólo aquí nos detendremos para señalar que esas 30 monedas era el precio establecido para valuar a un esclavo -Ex 21,32-, y en esa venta infame también hay misterio de Salvación.
Los traidores y los poderosos negocian a Jesús a precio de esclavo -quizás con desprecio, quizás por su rigor normativo- sin darse cuenta que con ello mismo enaltecen el rostro compasivo de su misión. Es Dios mismo que se anonada y se hace servidor de todos, esclavo de la humanidad para que no haya más opresión y para que nazca una nueva generación de servidores de sus hermanos.
Este Jesús que ingresa a Jerusalem a poner pecho a su Pasión no tiene hogar -dormía a cielo abierto con sus amigos en el huerto de los Olivos-. Sin embargo, ha de celebrar la Pascua con los suyos, la fiesta de ese Dios que libera de toda esclavitud, y envía a amigos suyos a un lugar determinado, a un hogar en donde Él sabe que será recibido.
En esta casa se celebrará la Última Cena que será en realidad la primera de muchas, anticipo del Ágape definitivo al cual todos estamos invitados, y el Evangelista deliberadamente omite el nombre del dueño de casa.
Es claro: el nombre de quien tiene el lugar para que el Maestro celebre la Pascua no se menciona, pues allí vá tu nombre y el mío, todos y cada uno de nuestros nombres.
La Pascua se celebra en el templo vivo de nuestro corazón)
Paz y Bien
En la noche de la traición, la luz de la amistad
Para el día de hoy (19/04/11):
Evangelio según San Juan 13, 21-33.36-38
(Si se pudiera establecer una escala de las causas de quebrantos del corazón, la traición y el abandono sin duda ocuparían los primeros puestos.
Es noche oscura, y no tanto por la hora del día ni por la caída natural del sol; se trata más bien del ocaso de las almas.
Jesús, rodeado de sus amigos en una cena en donde se comparte mucho más que los alimentos servidos, está dolidamente solo, agobiado de pesar en su soledad.
Varios han compartido físicamente tres años de su vida junto a Él, pero no han estado demasiado cerca de su corazón.
Uno de ellos, al menos, ha comprendido sus enseñanzas cabalmente; sin embargo, las rechaza de plano en los fondos de su alma.
Porque, hermanas y hermanos míos, sólo puede traicionarse lo que alguna vez se ha amado, y ese Judas que ha decidido venderlo, también ha amado a su Maestro.
Aún así, tienen primacía sus intereses personales, su deseperación zelota, sus celos y sus envidias. Su amor se ha corrompido y valuado en miserables denarios.
Pedro también monta a lomos de oscuridades: aún no ha comprendido que el Dios de Jesús es pura donación, gratuidad y bondad, no un Juez severo que, balanza en mano, exige la acumulación de méritos a cambio de favores divinos.
Por ello mismo Pedro se arrebata -hombre de efervescencias veloces- y se declara a estar dispuesto a morir por Él...Invierte la Buena Noticia, creyendo en lo que él mismo puede hacer por el Maestro, y allí -junto al veneno de su miedo- está el germen de sus negaciones veloces.
Jesús conoce bien a los suyos: sabe que entre ellos hay varios de violencias rápidas -los hijos de Zebedeo, el mismo Pedro-. Sabe que si delata al traidor, puede suceder lo peor; pero Jesús vá más allá, siempre hay más, y aún con la triste certeza de la infidelidad, ofrece a su amigo Judas la posibilidad de seguir junto a Él en ese pan mojado que le ofrece.
A pesar de la magnitud de cualquier quebranto, a pesar de la desmesura de nuestras traiciones, el Maestro siempre nos está ofreciendo una mano amiga de rescate y socorro.
En esa noche escabrosa y solitaria, Jesús afirma de una vez y para siempre que su comunidad prevalecerá más allá del espanto de cualquier traición.
En esa noche de traiciones, comienza a despuntar el alba de la Salvación: nada serán las monedas que cambian de mano, poco valdrán las negaciones de Pedro, todo eso quedará atrás.
Lo que prevalecerá es su Pasión que tiene puerto cierto de Resurrección, sello definitivo de amistad, señal infinita de amor que todo lo puede.
En nuestras sombras, cuando parece que no hay posibilidad de regreso por el mal que hemos hecho, surge la mano del Maestro, mano lastimada por un cruel clavo romano, mano crucificada y vuelta a la vida que nos insta a ponernos de pié y al regreso a casa)
Paz y Bien
Fragancia anticipada
Para el día de hoy (18/04/11):
Evangelio según San Juan 12, 1-11
(Es una cena fraternal, una reunión de amigos muy cercanos.
Los Doce, Lázaro vuelto a la vida, Marta en los afanes de servir bien a todos, María con sus sentidos y su atención puestos en ese amigo y Maestro que amaba.
Sin embargo, es una cena clandestina: Jesús y su amigo Lázaro eran intensamente buscados por los esbirros del Sanedrín, y no podían caminar con tranquilidad por ninguna parte. En medio de ese clima hostil y peligroso, esa cena de amigos es un remanso de paz.
En ese clima, María -en silencio- unge los pies del Maestro con un perfume muy costoso, de un valor cercano al salario de un año de un jornalero., y los seca con sus cabellos.
Es un gesto único y símbolo de lo que vendrá.
Es de suponer que eso que llamamos intuición femenina -concepto tan menoscabado y vituperado- está presente en María, hermana de Lázaro, que profetiza desde ese amor que siente por Jesús; anticipa ese mismo gesto eterno del Maestro lavando los pies de sus amigos en la última cena.
Anuncia también su Pasión: el cuerpo exánime de Jesús no podrá ser debidamente preparado para el sepulcro por los apuros del Shabbat y por ser considerado maldito e impuro al morir crucificado.
María anticipa en silencio la Pasión e intuye la fragancia anticipada de la Resurrección.
Es el tiempo nuevo del servicio y la generosidad, y esa fragancia anticipada inunda la habitación, y hemos de suplicar que inunde nuestras existencias y el mundo entero también.
Sin embargo, se hace presente la envidia y los celos militantes. Es la misma circunspección de quienes se preocupan de que se dé limosna y se haga caridad a partir de los bienes ajenos... nunca desde lo propio. Crítica siempre dispuesta, juicio despiadado siempre a la mano, aunque una palabra cálida o una compañía comprensiva estén ausentes.
En esa misma preocupación de Judas acerca de amores y valores se encierra también la entrega del Maestro por unas pocas monedas, negocio de espanto.
Hay una fragancia que prevalecerá a pesar del horror, de la tortura, de la soledad y de la traición, y es la fragancia nueva de la Gracia que todo lo inunda y todo puede reconstruir y redimir)
Paz y Bien
Con los mantos tendidos

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
Procesión de los Ramos
Para el día de hoy (17/04/11):
Evangelio según San Mateo 21, 1-11
(El tiempo se ha cumplido, y la fruta madura ya puede saborearse: si el Rey Mesías llega a Jerusalem, no hay otra conclusión de que el Reino de Dios se ha instaurado definitivamente entre nosotros.
Hay clima de fiesta entre la multitud, aroma de promesa de Dios cumplida. Lo que los profetas venían anunciando -sosteniendo la esperanza del pueblo- finalmente se concreta, y es motivo de celebración.
Tan fuerte es el impulso alegre, que si las gentes se callaran, las mismas piedras hablarían con voz fuerte; la alegría no debe acallarse ni moderarse.
Sin embargo, es dable que en medio de este clima festivo nos preguntemos también ¿quién es éste que nos está llegando?.
Es el Rey Mesías que viene a tomar posesión de su reino, y sin embargo es un rey extraño, controvertido, no termina de encajar en nuestros mínimos esquemas racionales.
Desdeña cualquier carro de guerra o caballo de combate: viene montado en un burrito -un asno, un borriquillo- que ni siquiera le pertenece, es un asno prestado por un rato.
Es un Rey Todopoderoso que requiere la ayuda de los demás para cumplir su misión.
Un Rey de corte y cohorte raras: un ejército de enfermos sanados, leprosos limpios, lisiados que corren, despreciados de pié, recaudadores de impuestos y pescadores, de mujeres en pié de igualdad, de niños privilegiados y abrazados.
Un Rey nacido en la periferia, en el borde, en una aldea mínima propia de una zona siempre bajo sospecha y desprecio. Llega desde los márgenes de la vida aparentemente santa y oficial de la Jerusalem del poder político y el Templo.
Un Rey sin otras joyas que el afecto de los suyos y el desprecio de muchos.
Un Rey que no recauda impuestos, un Rey que ha decidido ser un hombre más, y además un hombre pobre, un hombre de manos ásperas y callosas, artesano y carpintero galileo, hijo de una muchacha ignota y de otro carpintero desconocido.
Aún así, las gentes celebran con júbilo su llegada, y es preciso sumarse a la procesión.
Palmas de olivo que hablan de gloria y nos recordarán pertenencia durante un año más.
Las gentes se quitaban los mantos y los tendían a sus pies, alfombrando su caminar. Ese quitarse el manto es un símbolo muy fuerte: significa despojarse de todo lo que uno es y sostiene, de todo lo que nos identifica desde nosotros mismos, quedarse a la intemperie de la incertidumbre que es producto del abandono de toda certeza de la razón.
Quizás en este Domingo de Ramos también nos toque quitarnos nuestros mantos y tenderlos a sus pies...
Tal vez no haya otra manera de volvernos capaces de descubrir al Salvador en ese hombre pobre, manso y humilde que llega en un burrito prestado al Templo sagrado de nuestros corazones.
Así sea.)
Paz y Bien
Cueca de los Ramos - una canción -
Una canción conocida en muchas denuestras comunidades; suele cantarse en la procesión del Domingo de Ramos.
Que sea signo e impulso para el canto, que es oración y reflexión.
Paz y Bien
Ricardo
Cueca de los Ramos
Corten ramas, tiendan mantas
batan palmas de alegría
viene llegando el Señor
a cumplir las profecías.
¡Hosanna!
Hombres de Jerusalén,
que nadie se quede en casa
en homenaje al Señor
orgullo de nuestra raza.
Volvió Lázaro a la vida,
hoy lo grito y no lo niego;
los panes multiplicó,
volvió la luz a los ciegos.
Corten ramas, tiendan mantas
batan palmas de alegría
viene llegando el Señor
a cumplir las profecías.
¡Hosanna!
Chicos de Jerusalén,
entonen vivas y hosannas;
las voces de los changuitos
resuenan como campanas.
Por qué será que el Señor
se ha detenido en el muro,
está llorando en silencio,
tal vez piensa en tu futuro.
Corten ramas, tiendan mantas
batan palmas de alegría
viene llegando el Señor
a cumplir las profecías.
¡Hosanna!
Qué se callen insensatos!
claman rostros bien huraños
doctores que ven airados
escaparse sus rebaños.
No se preocupen muchachos
es día de fiesta y canto,
si ustedes cierran la boca
las piedras gritarán alto.
Corten ramas, tiendan mantas
batan palmas de alegría
viene llegando el Señor
a cumplir las profecías.
¡Hosanna!
Alejandro Mayol - La Fuente
aquí puede escucharse:
Del amor como amenaza
Para el día de hoy (16/04/11):
Evangelio según San Juan 11, 45-57
(Día tenebroso, día de sentencia: los dirigentes han decidido ejecutar a Jesús.
El Maestro se les ha vuelto decididamente peligroso, y es mejor borrarlo del mapa de una buena vez.
Había sanado enfermos, había multiplicado el pan para la multitud, las tinajas de agua tenían ahora vino nuevo de fiesta, los marginados y excluidos son recibidos como iguales, había anunciado la mejor de las noticias a los pobres.
Aún así no les bastaba, y Lázaro de Bethania vuelto a la vida es el signo contundente: Jesús debe morir.
Es que para los que detentan el poder el amor es una amenaza tan real y peligrosa, más grave que el más fuerte de los ejércitos enemigos: supone el fin de todo privilegio, de toda opresión, de todo aquello que es contrario a la vida -a Dios mismo- gratuita y generosamente.
Aquí es preciso hacer un alto, y lo deberían hacer muchos hermanos nuestros que sostienen impiadosamente las ideas de deicidio, de la culpa y del desprecio de nuestros hermanos mayores, los judíos.
Los que condenan a Jesús son un grupo de dirigentes que pretenden salvaguardar el status quo y la integridad social y religiosa de su pueblo...sin el pueblo. Esta es una constante que se repite a través de la historia con triste frecuencia, y es menester insistir en aquello del amor como amenaza, y que sólo pretende ser acallado mediante la violencia.
Suponen una pérdida de sus privilegios, el fin de su dominio sobre las gentes, el fin de su pequeño universo de poder y prebendas.
Suponen que muerto el perro se acaba la rabia, pero la nuestra es una rabia mansa que no hace daño y que perdura a pesar de la voluntad cruel de cualquier opresor.
Caifás -sin saberlo- lo expresa con palabras certeras: conviene que muera uno sólo por el pueblo.
Sólo uno morirá para que nadie más -entonces y hoy- deba morir, sólo uno morirá y será entonces el cadalso señal mayor del amor, despojado de horror y rictus funerario.
En el peregrinar de nuestras pequeñas existencias deberíamos preguntar si no pretendemos silenciar violentamente tantos signos de vida que el Padre de todos continuamente vá dejando a nuestro paso para que no nos perdamos.
Y desde allí sí, volvernos con decisión y sin miedo, mansamente peligrosos)
Paz y Bien
Los defensores de Dios
Para el día de hoy (15/04/11):
Evangelio según San Juan 10, 31-42
(No había posibilidad de diálogo ni de comprensión; iba cayendo el anochecer del odio y la violencia. En sus fieros postulados, ese Dios al que pretendían defender jamás había de corresponderse con el Dios de Jesús.
No era una cuestión de conocimientos: sin dudas, tenían una gran formación y profusos conocimientos -profesionales de la religión- y eso mismo los volvía incapaces de reconocer cualquier signo santo.
Quizás la mayor densidad radicaba precisamente en ello: defensores de Dios, defensores de sus normas, defensores de su religión, todo aquel que escapa de sus moldes se convierte en blanco de las piedras encastradas en sus almas. Esa incapacidad de ver la mano del Altísimo en las señales de Jesús también expresaba su negativa perpetua a aceptar a un Dios que ante todo es Padre -¡Abbá!- Papá que cuida y protege a todas sus hijas e hijos, no un Todopoderoso relativo que requiere ser defendido, no normas deificadas reivincadas a ultranza por sobre la vida misma.
Es claro que aceptar las enseñanzas del Maestro les hubiera significado un golpe durísimo a sus sólidos egos y a unas vidas llenas de privilegios: significaba descubrir que en cada mujer y en cada hombre hay un templo santo y latiente del Dios de la Vida, más importante que el mismo Templo al que veneraban.
Significaba reconocer en cada persona -aún un gentil, cualquier extranjero- a un hermano.
Significaba acercarse al otro, aprojimarse, y no esperar que los demás vinieran a dejar ofrendas a sus pies.
Significaba comenzar a descreer en un Dios manipulable, pródigo en castigos y recompensas por el ejercicio mecánico de la piedad religiosa.
Significaba rechazar de plano toda posibilidad de exclusión y pobreza, negar desde el vamos cualquier intolerancia, declarar desde el mínimo gesto que cualquier opresión es ajena al Dios que libera.
Significaba volverse compasivos y tolerantes, felices del hijo que regresa y no envidiosos del pecador perdonado.
La suerte del Maestro ya estaba decidida: en ese momento no sería apedreado -no era la hora precisa- pero ya imaginaban con fruición el calvario que le impondrían a ese galileo insolente...
Todo esto sigue sucediendo, y Jesús vuelve a ser crucificado a diario.
Sin tratarse de dos bandos enfrentados -postura inaceptable para ese Padre que ofrece salvación universal-, hoy mismo tenemos esa vocación, esa invitación, ese llamado a tomar partido.
Desde el lado de Jesús -aún con el riesgo patente de tantas cruces- comenzar a descubrir a la eternidad que se vá tejiendo en nuestra historia desde cada brisa fresca de compasión, cada acto solidario, cada mano misericordiosa, cada hecho de justicia y liberación sin importar su origen aparente.
En cada gesto de bondad verdaderamente se defiende -paradójicamente-al Dios de la Vida, pues se le rinde culto verdadero en sus hijos, en sus hijos más pequeños, en sus hijos olvidados, en sus hijos a la espera de rescate, en sus hijos caídos que imploran socorro)
Paz y Bien
Saberse hijos
Para el día de hoy (14/04/11):
Evangelio según San Juan 8, 51-59
(No iban a tolerarlo, claro que no.
En su horizonte escaso creían en un dios de poder, juez severo, controlador de toda pertenencia; en esa afirmación contundente se aferraban a esa racionalidad que no acepta aquello que se escapa de su esquema mezquino.
Frente a este panorama de sombras, acontece el amanecer de Jesús: es la Palabra aguarda y late un destino de vida para siempre.
Es claro que para almas poco generosas, las enseñanzas del Maestro no sólo caen en saco roto sino que también resultan torpes y hasta blasfemas: quien cree en ese dios punitivo, sostiene a la vez la creencia de que la eternidad se corresponde a una acumulación mensurable de méritos y sus recompensas acumuladas. Más aún, lo que no se adapta al molde racional es palabra bonita e inútil a una misma vez.
Sin embargo, Jesús habla palabras nuevas, palabras de eternidad entretejidas en nuestro presente, palabras que hablan de plenitud expresada en salud, en alegría, en amor dado y recibido, en justicia y liberación, en una vida que merece ser vivida, en una vida que comienza con pasos vacilantes y -contrariamente a toda biología- no tiene límites ni fin.
En la magnífica ilógica del Reino, el infinito comienza naciendo a esta vida filial, en el saberse hijos.
Desde el hecho mismo del bautismo, pero también desde cimientos cordiales, nacemos a una vida nueva y plena y nos nace un Dios que es ante todo ¡Abbá! de todos.
Y hay una condición no exigida pero fundante: esa vida plena, en nuestro aquí y ahora, es también destino soñado para toda la humanidad.
Desde nuestra condición de hijos, y sólo desde allí -desde las palabras de Jesús- la vida se nos hace sagrada y santa, mas allá aún de toda religión, creencia y pertenencia.
El Dios de la Vida se nos revela como Padre y Madre de toda la humanidad que se des-vive por todos y cada uno de sus hijas e hijos)
Paz y Bien
