Para el día de hoy (10/08/10):
Evangelio según San Juan 12, 24-26
(Las raíces etimológicas de las palabras a menudo pueden resultar útiles; no son suficientes para definir ciertos términos en profundidad, pero pueden resultar una herramienta interesante a la hora de la reflexión y la escucha atenta.
Así podemos intentar abordar, en nuestra lengua castellana, la raíz de la palabra amor.
Se han escrito literalmente bibliotecas enteras no sólo acerca de su significado primordial sino también de su trascendencia, se la ha tomado -especialmente en los últimos tiempos- de un modo banal, relativo y, aún así, es raíz del Evangelio pues nos revela la misma esencia de Dios.
Un primer acercamiento nos remite a la contracción latina a-mort; las opiniones de los estudiosos son diversas, pero por el momento preferimos quedarnos con ésta: la partícula latina a que significa proximidad, próximo, punto de partida, desde, etc, mientras que mort es la contracción habitual en latín que se utiliza desde el vocablo primario mortem, es decir, muerte.
Entonces, siguiendo este básico y limitado razonamiento, podemos inferir que amor - a-mort - tiene por significado primero desde la muerte.
Es claro que llegamos a una instancia dura, durísima, controversial por lo menos.
Sin embargo, quizás sea preciso no detenernos tanto en los razonamientos precedentes sino intentar redescubrir un significado desde el Espíritu que nos anima, dado con ternura y gratuidad por Jesús, hermano y Señor nuestro.
-Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, dá mucho fruto- dice el Maestro.
Tal vez -sólo tal vez- y aunque se nos asemeje tragedia, el amor implique necesariamente ir más allá de un sentimiento pasajero: con temor y temblor, quizás haya que reconocer/nos que amar significa morir.
Si, señoras y señores. Morir.
Morir a todo egoísmo, fenecer a la soberbia, extenderle partida de defunción a la avaricia, y más aún, llegar al extremo de negar alegremente el propio y natural instinto de supervivencia... para que el otro viva.
El grano de trigo lleva en lo profundo de su ser una fuerza vital insospechada: cuando sale de sí mismo sólo cumple plenamente con su destino de pan, creciéndose en espigas abundantes.
¿Acaso, según esta lógica, para ganar es imprescindible perder?
Alabado sea Dios porque es así, porque el Maestro nos ha enseñado con su Palabra y con la entrega ilimitada de su vida que nadie que viva para sí mismo está realmente vivo.
En realidad, quien vive para sí agoniza aún destellando salud y buena fortuna.
Dios mismo es un continuo salir de sí mismo, donación permanente y perpetua.
Nuestros hermanos mayores judíos lo saben bien: quien salva una vida salva al mundo.
Será cuestión de asumirlo y decidirse.
El Maestro ha dado el primer paso de esta caravana de peregrinos que con mansedumbre quieren obstinadamente morir a todo lo que nos aleja y ahoga, y, por sobre todo, que el hermano que languidece a nuestro lado...viva.
La glorificación de Dios -lo sabemos en estas tierras con mucho dolor- está en que el hombre viva en plenitud y libertad)
Paz y Bien
No sin muerte
Tributos pagados
Para el día de hoy (09/08/10):
Evangelio según San Mateo 17, 22-27
(Estamos acostumbrados a que todo tenga su precio, a prestación y contraprestación, a lo rigurosamente calculado, a asignar valor a lo invaluable.
Estamos acostumbrados, y esa costumbre debería ser motivo -por lo menos- de una sincera súplica de perdón y penitencia.
Más allá de cualquier postura ideológica o teoría económica, es habitual encontrar la pirámide invertida en la que se exige con voracidad el pago de tributos al que menos tiene, o lo que es peor, establecer determinados condicionales previos para rescatar a quien está sumido en la indignidad de la miseria, del desempleo, del olvido. Como si para hacer el bien, lo justo, hubiera que exigir de antemano cosas o actitudes a cambio...
Nada más lejos del Dios de la Vida, donación perpetua, permanente. Todo se nos ha dado por generosidad, con afecto, según la necesidad de las hijas e hijos; no obstante, seguimos indiferentes a toda injusticia mientras nos encontremos con el estómago saciado y cómodamente al abrigo de nuestros hogares.
Así les sucedió al Maestro y a sus discípulos: los cobradores del impuesto del Templo no mezquinaron celeridad para exigir el pago del tributo debido.
Sin dudas, funcionarios eficientes; sin embargo, no hay demasiada preocupación en preguntarse acerca de la libertad del que paga el impuesto, en su relación con Dios, en su vida más o menos plena.
Es una actitud que conocemos, y que a pesar de haberse transformado su modalidad, persiste hasta nuestros días... y lo que es más triste, entre los que tenemos cerca, en esta comunidad que llamamos Iglesia.
Jesús nos recuerda la generosidad del Padre, y que ella es la fuente de la libertad y del derecho a una vida digna y plena para todas sus hijas e hijos.
Cualquier otra exigencia que no se funde en la contemplación de la bondad del Creador es motivo de dolor y opresión.
El Maestro ha pagado con creces y para siempre el tributo para nuestro rescate; no buscar sin descanso corazones libres es renegar de su Pasión y su Resurrección.
Aún así, es preciso evitar el escándalo.
Quizás nos hemos habituado en demasía a asumir como propio el concepto de lucha; es claro que no está mal, pero quizás así postergamos la verdadera y única batalla que merece darse, la que se plantea contra la propia soberbia y el propio egoísmo.
Pedro debe ir al lago, y hacer lo que sabe: pescar.
Encontrará un pescado milagroso, con una moneda de plata, suficiente para el tributo del Maestro y de él mismo.
Todo un mensaje, toda una propuesta: habrá que buscar el valor del rescate desde lo que somos, desde lo que mejor sabemos, para nosotros y para, al menos, uno más.
Él ya ha pagado por todos y cada uno de nosotros, y nos queda decidir si somos capaces de gastar ese tesoro, el amor expresado en la solidaridad, para que el otro viva)
Paz y Bien
Felices los despiertos

Para el día de hoy (08/08/10):
Evangelio según San Lucas 12, 32-42
(Es increíble.
Todo se nos ha sido dado: el Reino, la vida plena y eterna, Dios mismo.
Total gratuidad, pura Gracia.
Quien verdaderamente lo posee en nada es menesteroso y desaloja todo temor.
Vale la pena dejar todo lo que tenemos por valioso y que es solamente lastre, ataduras innecesarias, seguridades falsas.
Porque lo que en verdad poseemos es lo que damos sin condiciones, con la misma generosidad de ese Dios que todo nos dá.
Por eso, con palabras plenas de ternura y consuelo el Maestro nos dice: -Felices aquellos a los que el Señor encuentra en vela-...
Felices los despiertos.
Felices los que no sucumben a la somnolencia de la comodidad y el confort.
Felices los que no se adormecen en el sopor del todo es lo mismo, del relativismo perpetuo, de la sumisión estéril, del conformismo.
Felices los que se atreven a cambiar su corazón.
Felices los despiertos, porque Jesús regresa.
Y no se trata sólo de una vista puesta en un horizonte desdibujado en un futuro: Él volverá a reunirnos a su alrededor, y allí se funda nuestra esperanza.
Pero Él regresa continuamente.
Felices los despiertos, los que son capaces de recibirlo cada día, a cada instante.
Felices por ser capaces de descubrirlo resplandeciente en el rostro del hermano, en los ojos del que sufre, en el clamor del excluído, en el llanto del humillado.
Felices los que no se duermen porque el Reino crece aquí y ahora, es don, es regalo y se nos ha invitado -así como somos, limitados y pequeños- a edificarlo desde nuestra nada.
Ése es el motivo de nuestra alegría, el sabernos elegidos, queridos, buscados y esperados.)
Paz y Bien
La Casa del Padre - una canción -
para redescubrir la alegría de lo dado sin medida,
para la búsqueda constante de eso que llamamos Iglesia:
un recinto en donde sólo se concibe la fraternidad y la amistad
como dones y lazos familiares,
en donde cada uno es único e irrepetible en su dignidad de hijas e hijos de Dios.
Desde Chile, nuestros hermanos del conjunto Los Perales
Un manso domingo para todos.
Paz y Bien
Ricardo
LA CASA DEL PADRE
Se abrió la Casa del Padre
vamos de fiesta
ancha es la puerta
el que está lejos no tarde.
Los que llegaron primero
igual que Cristo el Maestro
alegres quieren seguir
a los llegados postreros.
Se compartirá en la fiesta
gozo y verdad
con vino y pan
Cantemos, la fiesta es nuestra
En esta Fiesta del Padre
no hay gente más importante
-el que busca lucimiento
quizás se quede sin parte-
Aquí en la Fiesta del Padre
nadie tendrá
más dignidad
somos hermanos iguales.
Si estamos sucios de polvo
heridos de vicio y odio
en esta Fiesta de hermanos
el Amor lo sana todo
Se abrió la Casa del Padre...
padre Esteban Gumucio sscc
aquí puede escucharse:
Problemas de identidad
Para el día de hoy (07/08/10):
Evangelio según San Mateo 17, 14-20
(Hoy, un padre angustiado por la enfermedad de su hijo -probablemente aquejado de lo que hoy conocemos como epilepsia- y que en ese entonces se consideraba producto de espíritus malignos suplica al Maestro que lo sane: los discípulos no habían podido hacer nada.
Pero en realidad había allí más de un enfermo; allí estaba la gente y sus propios amigos enfermos de una fé vacilante.
Son tiempos de Dios y el hombre: sabemos que la fé es por un lado don, regalo, Gracia del Espíritu y, por otro lado, esa fé es la respuesta vital del creyente.
No basta con aseverar racionalmente determinados postulados dogmáticos, no basta con reconocer verbalmente a Jesús como nuestro hermano y Señor.
La fé está enferma cuando no hay una identificación plena con Él, con su Vida y con su camino.
Y ese camino -nada más y nada menos- es un camino de Cruz que lleva en germen la Resurrección.
De allí las palabras del Maestro: una fé capaz de mover montañas nos remite a una vida que no se fundamenta en las limitadas capacidades humanas... ese camino es camino falso, de desánimo, de derrota cierta. Una fé movilizadora es aquella que hace de la totalidad de la existencia el transparentar en cada respirar a Jesús, camino, verdad y vida, y desde allí, saber las prioridades:
Traer salud y liberación a un mundo enfermo)
Paz y Bien
Un nuevo éxodo: transformados en la esperanza

Para el día de hoy (06/08/10):
Evangelio según San Lucas 9, 28b-36
(Hay que decidirse a partir.
Como los que nos han precedido en este peregrinar terreno, tenemos la invitación a salir de la esclavitud y llegar a la tierra de promesas.
Dejar atrás opresiones y mezquindades para llegar a la tierra fértil de la vida plena y abundante, que ahora tiene por destinataria a toda la humanidad, y no a un pueblo específico -quizás debamos decubrirnos pueblo nuevo-.
El rostro del Maestro resplandece en el alto, la gloria del Amor de Dios disipa cualquier noche cerrada.
Hay que salir de las prisiones del egoísmo y pasar con Él a la tierra prometida a las hijas e hijos de Dios.
El nuevo éxodo es liberación, es el paso de la servidumbre al servicio.
Es claro: con Pedro quisiéramos construir cómodas tiendas y quedarnos tranquilamente allí, deslumbrados por su Rostro. Con Pedro, a menudo el silencio se nos hace gravoso y decimos cualquier cosa.
Pero nos espera una tienda mejor, en este tiempo y después también, eternamente, sin fin.
Con Pedro, debemos partir de nuestras comodidades y asumir el escándalo de la tortura y de la cruz, los que a partir de Jesús ya no serán sinónimos de tragedia sino que se han convertido para todo aquel capaz de mirar, símbolos y signos del amor más grande.
Hay que decidirse a partir, bajar al llano.
La Transfiguración del Señor debería ser para nosotros fiesta de la esperanza: a pesar de toda cruz y todo dolor que se cierne ominoso en nuestros horizontes diarios, hay una tenaz semilla de Resurrección escondida en cada corazón.
La Vida prevalece.)
Paz y Bien
Fundamento en piedra, misión en nudos

Para el día de hoy (05/08/10):
Evangelio según San Mateo 16, 13-23
(Shimon bar Jonah ama a su Maestro; y con el impulso del Espíritu lo reconoce:-¡Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo!-.
Y Jesús lo llama bienaventurado, feliz: él ha podido confesarlo con esa contundencia porque así se lo ha revelado el Padre... La fé es, ante todo, un don, una gracia, un regalo que precede al mérito del creyente.
Por esa confesión Shimon cambiará de nombre, pues es una nueva creación, un nuevo ser con una nueva misión: en adelante será conocido como Pedro -Petrus, piedra- pues sobre esa fé que profesa Jesús edificará la comunidad, la asamblea de los fieles, ekklesia, Iglesia.
Su fundamento es pétreo, inconmovible, y la muerte no puede prevalecer; la sostiene el Señor entre sus manos.
Ese fundamento, a su vez, funda una misión eterna: la de atar y desatar.
Será misión de Pedro y de esa asamblea, de esa comunidad, desatar los nudos que atan al mal, llevando adonde vaya perdón y reconciliación.
Y asimismo habrá que constituir nuevos nudos, ligazones buenas y nuevas que aten con vínculos de caridad y libertad a las gentes. Esa misión encomendada es sagrada, en esa misión están las llaves de la vida nueva.
Sin embargo, con todo el fervor con que lo ha confesado, así también Pedro reniega abiertamente de esa cruz que se cierne con certeza en el horizonte del Maestro. Aún debe crecer. Su pensar es acomodadamente humano, adaptado a sus esquemas, no piensa como Dios, y por ello la reprimenda.
En el mandato de Pedro -a sus sucesores los llamamos históricamente pontífices, literalmente, hacedores de puentes- está definida nuestra vocación de discípulos... Constructores y obreros empeñados en tender puentes que unan a los que están separados, abrir senderos de perdón y reconciliación.
Hay que volver a preguntarse cuando nos sumergimos en las aguas oscuras de ciertas discusiones y en los tembladerales de nuestros fracasos, que la comunidad es construida ante todo por Jesús... si Él no construye, todo se derrumba.
Y que la misión, la evangelización, el anuncio de la Buena Nueva comienza y se define por acciones de misericordia que acerquen a los que están alejados, excluidos, olvidados.
Es tarea santa, ineludible e impostergable)
Paz y Bien
Padre Obispo Enrique Angelelli - a 34 años de su siembra
Debería ser un día de duelo y tristeza, con algo de rencor por la impunidad vigente hasta el día de hoy.
Pero no es así.
Un 4 de agosto de 1976, las aves negras del odio tomaron por asalto la vida de un hombre santo, el padre Obispo Enrique Angelelli.
Como su Maestro, él también era un buen pastor, siempre dispuesto a dar la vida por sus ovejas.
Hoy lo recordamos con la serena alegría de saber que uno de los nuestros está vivo para siempre en los brazos del Dios de la Vida, y continúa protegiendo a su pueblo, especialmente a los necesitados, los pobres, los niños, los trabajadores, los excluidos, un oído escuchando la voz de Dios que clama en su pueblo y el otro puesto en la Palabra de Vida y Palabra Viva.
Es día de siembra y oración; no podemos dejar paso a lo lúgubre y a lo luctuoso cuando todo está teñido con el mismo amor de Jesús.
Lo recordamos, y recordamos también a Fr.Carlos de Dios Murias ofm, al padre Gabriel Longueville y a nuestro hermano Wenceslao Pedernera.
Con ellos, hermano obispo, querido Pelado, se mantiene viva tu luz que es la luz del Evangelio en medio de tantas sombras, y sin pensarlo demasiado, tenemos la certeza de que no hay mayor amor que dar la vida para que otros vivan.
Ruega con nosotros, ruega por nosotros.
Paz y Bien
Ricardo
Migajas de piedad, corazón de madre, pan de Misericordia

Para el día de hoy (04/08/10):
Evangelio según San Mateo 15, 21-28
(Ella tenía la pesada carga de ser mujer, de ser extranjera, de ser idólatra y, por ser cananea, de ser impura. Parecía que no era bastante que su pequeña hija sufriera.
Pero ella confía en ese Rabbí galileo; confía con todo su corazón y más allá de todo sentido común. Es una mujer que tiene fé y que además, es madre.
Al amar como madre, hace suyo el sufrimiento de su hija: por ello, suplicará a Jesús que se apiade de ella, y no tanto de su hija.
Su súplica nace de sus entrañas y se expresa a los gritos.
Suplica unas migajas de compasión... con eso le basta. Su fé supera todo preconcepto, toda barrera, toda exclusión, todo oído cerrado, todo corazón ciego.
Su fé conmueve al Maestro.
Esa súplica de madre que implora humildemente unas pocas migas de piedad, tendrán por respuesta de Jesús el pan abundante e inagotable de la Misericordia.
Y sucede el milagro.
La paz y el bien no quedan acotados al origen, los milagros suceden cuando hay corazones capaces de amar y tener fé.
Así nos sucede a nosotros, habituales forasteros en su huella a causa de esos demonios que llamamos pecado; suplicamos un poco de piedad... Y Él vuelca sobre nosotros canastas y canastas de Misericordia.
Frente a la súplica humilde y confiada de piedad, la respuesta es Pan Vivo e inagotable.
Seguramente Jesús se conmovió con esa mujer cananea: lo conmovió su fé y en ella vió a la tenacidad del amor de María y al modo como ama su Padre: con entrañas de Madre.)
Paz y Bien
La turbulencia del temor y la mano salvadora

Para el día de hoy (03/08/10):
Evangelio según San Mateo 14, 22-36
(Estas pequeñas barcas que somos a menudo están sometidas a los temporales más bravos, y parece que nos hundimos.
El viento en contra del desprecio, la oscuridad del sinsentido, la brújula rota del egoísmo nos hacen entrar en las aguas turbulentas del temor.
Ese hundirse es producto del temor, y no tanto de la turbulencia.
Ese temor se hace presente cuando sobrevienen pruebas y dificultades, y sólo se puede navegar con rumbo cierto mediante la fé.
Hay que tener esa certeza: aún cuando las tormentas nos amenacen con su rostro fiero, está allí la mano salvadora del Maestro que nos saca a flote, invariablemente.
Y eso que llamamos fé es nuestra respuesta, es decir, decidirnos a tomarnos confiados de esa mano fuerte.
Si Él viene al timón, el rumbo no se pierde.
Más aún, habrá que preguntarse si en esta pequeña barca que somos, y en esta barca algo mayor que es la Iglesia, nos hemos olvidado que la mejor madera para navegar... es la madera inundible de la cruz.
Quizás, con Pedro, debamos gritar en nuestro desconsuelo y en nuestra angustia -¡Señor, salvanos!-, que Él no nos soltará las manos, nos mantendrá a flote, nos hará navegar a puerto seguro)
Paz y Bien
Un mandato impostergable

Para el día de hoy (02/08/10):
Evangelio según San Mateo 14, 13-21
(Jesús estaba entristecido, su alma golpeada y en duelo: se había enterado de la muerte de Juan el Bautista a manos de los secuaces de Herodes, cumpliendo órdenes de éste.
Hay momentos en los que la soledad se vuelve tan necesaria como el respirar, momentos de estar a solas para llorar, para orar, para sumergirse corazón adentro, para beber entera la copa del dolor. En ese talante, Jesús se sube a una barca y se aleja de las gentes, se aleja de sus discípulos, ansía estar solo.
Pero la multitud igualmente lo sigue a pié. Y Jesús mira y los vé.
Los vé abatidos y agobiados, los vé desfallecientes de hambre y abandono, los vé sufrir en silencio las agonías de muchas enfermedades. Allí descubre el mudo clamor de muchos, las urgencias de ese pueblo, y brota el manantial de la compasión, el rocío de la Misericordia en medio del desierto.
Se parte su corazón frente a los necesitados, y deja de lado su propia necesidad.
Es el tiempo de la Gracia, de los dones; el otro siempre ha de estar primero.
Y así quiere que se comprometan sus amigos, los que le siguen, sus discípulos, vos y yo, tú y ella, todos nosotros.
Porque la Buena Noticia supone un compromiso vital, concreto y tangible.
Es tiempo de Gracia, es tiempo de dejar la declamación y transponer los límites mezquinos del yo, máxime cuando no se vive en plenitud, decididamente cuando acosa el hambre.
La respuesta inicial de los discípulos posee una lógica impecable: manda se puede hacer con tanta necesidad, es mejor dejar a las gentes que sigan viaje, es razonable mandarlos a sus casas.
El otro está primero, su necesidad debe ser nuestra prioridad, nuestra urgencia que no admite prórrogas, que no debe postergarse.
El hambre está aquí y ahora, su sombra ominosa aqueja a muchos y no podemos dejar librados a su suerte a tantos...
Es el tiempo de la Gracia, de la increíble desproporción del amor: por eso, Jesús -corazón sagrado, entrañas de Misericordia- totalmente hombre y totalmente Dios, consagra -hace sagrado- el compartir y la solidaridad.
Desproporción santa, que a partir de cinco panes y dos peces se sacie el hambre miles, y sobreabunda alimento para los que aún no han llegado. Eucaristía de vidas transformadas al servicio del hermano.
Quizás debamos releer prioridades, y preguntarnos si el amor nos apremia, si la necesidad del hermano se nos vuelve urgente.
Es mandato sagrado que debemos hacer nuestro, y que Él multiplica para que nadie ande penando en su abandono, en su hambre, en su exclusión, en la fatalidad del acostumbrarse a lo que está mal y deshumaniza)
Paz y Bien
La crueldad de la avaricia, la insensatez del egoísmo
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Para el día de hoy (01/08/10):
Evangelio según San Lucas 12, 13-21
(En una primera lectura rápida, saltan a la vista dos cuestiones evidentes: una, que la disputa por el dinero -aquí la herencia- quiebra la fraternidad. Los hermanos ya no son tales, son dos adversarios litigando por un conflicto económico. La otra, el protagonista de la parábola parece creerse el ombligo del universo: no hay posibilidad del otro en su mirada, sólo le constan y le importan su riqueza, sus bienes, acumular sin medida, su ego es su sol: mis graneros, mi trigo, mis bienes.
Pero no basta con una lectura apresurada. Es preciso que la Palabra nos interpele, nos cale hondo, nos lea la existencia y, a su luz, nos reinterpretemos...
El Maestro se niega a zanjar en la disputa, a erigirse en árbitro de una pelea económica. Sabe que el problema no está allí, que la raíz es mucho más profunda, que la cizaña de la avaricia es cruel y separa a los hermanos.
-ya desde el seno de su Madre lo sabía; Ella, la que le cantaba al Dios que colma de bienes a los hambrientos y deja al rico sin nada. Él, que enseñaba con claridad que no se puede servir a Dios y al dinero-
El avaro y codicioso, es llamado necio, insensato, es decir, un sin/razón.
El avaro y codicioso se encamina a la noche de la muerte, pues sólo vive para sí mismo: la vida del Evangelio está signada por la entrega desinteresada y generosa de la propia vida al otro. Todo lo que esté fuera de este sendero, es vereda mortal.
Allí está el nudo, ése es el problema. Jesús se niega a zanjar en cuestiones de suyo inhumanas, no hace un análisis económico, político o ideológico.
El origen de los males está en el corazón de los hombres.
Lo sabemos: los graneros, ayer y hoy en día, son cada vez más grandes.
Son los graneros del egoísmo y la avaricia, de la concentración de bienes sin medida, graneros en donde se acumula la mayoría de la harina para unos pocos y se le niega el pan a tantos, graneros que niegan abiertamente la fraternidad y desprecian la solidaridad.
Nos dice el Maestro que el sentido pleno de la existencia se encuentra en enriquecerse en orden a Dios. Y aquí hemos de hacer un alto: estas riquezas de la Gracia son una maravillosa paradoja que implican no acumular méritos virtuosos, sino más bien que uno se vuelve más y más rico cuanto más se desprende de lo propio -¡de sí mismo!- en favor del hermano, en especial, del que está sumergido en la más abyecta miseria.
Habrá que definirse; decidirse a servir al dios dinero o al Dios de la Vida.
Todos, sin excepción, tenemos la certeza de que un día la muerte llamará a nuestra puerta -ricos y pobres, avaros y solidarios-. Pero se puede vivir plenos y hacer de este mundo un lugar agradable a la mirada del Maestro, un mundo en donde florezca la solidaridad con el empuje del Reino, y se anticipe en la justicia y la fraternidad la vida que no tiene fin y a la que todos estamos invitados, sin los muros crueles de la avaricia que separan a los hermanos y el alambrado del egoísmo que cercena y acota la existencia)
Paz y Bien
Orgía de corrupción
Para el día de hoy (31/07/10):
Evangelio según San Mateo 14, 1-12
(Es una constante falaz: se considera a la corrupción solamente en su aspecto político, acentuando las variables parciales de sobornos, cooptación, nepotismo, prebendas... Es claro que se trata a menudo de ello, pero sus raíces son mucho más profundas y sus frutos mucho más nocivos, tóxicos y de consecuencias no medidas.
Porque principal y especialmente, la corrupción está íntimamente relacionada a la degradación y a la muerte. Allí está la enfermedad, las otras graves cuestiones -dineros saqueados, tráfico de influencias, etc.- son sólo dolorosos síntomas.
Así como basta que la luz se haga presente para que se disipen las tinieblas, así sucede con las mujeres y los hombres en los que resplandece la verdad, en los que palpita en todo su ser el Reino.
Ellos dejan en evidencia flagrante a la muerte y a la degradación.
El profeta, con su vida, deja bien a la vista al corrupto. Y al hacerlo, se juega la vida, porque a la fidelidad y al amor el poderoso y el corrupto las consideran grave amenaza; en línea con su núcleo primordial, los hijos y hermanos de la corrupción reaccionan con violencia mortal.
Es el durísimo ejemplo de la Palabra para el día de hoy: la suerte de Juan, del magnífico Juan, del fiel Juan el Bautista, que anunciaba una vida nueva y denunciaba todo lo que se oponía a ella, iba a decidirse en el banquete de cumpleaños de un reyezuelo subordinado al Imperio, prepotente, supersticioso e impávido ejecutor del poder absoluto, rodeado de los poderosos de Galilea.
Es dable imaginarse que, detrás de cumplir con la palabra empeñada con la danzarina hija de Herodías y el temor a la burla de los comensales, Herodes encontró la excusa perfecta para deshacerse de un peligroso hombre al que temía, y al que el pueblo tenía en gran estima.
Es el mismo camino que luego conocerán los pies del Maestro. Y es la posibilidad cierta que pueden esperar los discípulos de Jesús cuando, con su vida, dan testimonio anunciando el tiempo de la Gracia y la Misericordia, y denunciando toda opresión y toda violencia, ajenas al Corazón Sagrado del Dios de la Vida.
No es sencillo; quizás nos hemos acostumbrado en demasía a buscar la calma individual, y dejamos de lado ese compromiso que nace en el propio Bautismo.
Pero no hay que desesperar: la Vida prevalece, y Dios se pone abiertamente del lado de los pequeños y los humildes.
Como lo cantó María, como lo vivió y siente su Hijo, que prefiere eternamente el banquete de la Vida a la orgía tenebrosa de la corrupción)
Paz y Bien
El escándalo del Hijo del carpintero
Para el día de hoy (30/07/10):
Evangelio según San Mateo 13, 54-58
(La rutina que se entrelaza en lo cotidiano no implica necesariamente conocimiento profundo del otro. Y suele suceder, en lo interpersonal, el aferrarse a una superficialidad que no se atreve a mirar más allá de lo evidente.
Así le sucedió al Maestro con sus paisanos, gentes que creían conocerlo bien; se había criado allí, lo vieron crecer, conocieron a sus padres y a sus parientes... ¿qué cosas nuevas podrían ver en ese hombre, si ya lo sabían todo?
Llama poderosamente la atención lo que sucede: por un lado, se admiraban de los milagros que realizaba y de la forma en que hablaba... más, sin embargo, pasaban rápidamente a escandalizarse de Él.
En realidad, esa admiración que nos cuenta la Palabra es relativa; desde el vamos, ya tenían a Jesús medido y clasificado; posiblemente era uno más, un hombre común y corriente, el hijo del carpintero José y de María. Un farsante al que unos cuantos locos le atribuían poderes y facultades que no era capaz de realizar.
No fueron más allá de lo que querían ver, no quisieron ir a lo profundo de su persona, allí mismo en donde están las respuestas, en donde resplandece la verdad.
Es un tiempo nuevo, el tiempo signado por la Gracia que es tiempo de Dios y el hombre.
Jesús está allí, para ellos, y ellos lo rechazan de plano por sus prejuicios y preconceptos inconmovibles: por eso el Maestro no hará allí casi ningún milagro.
Tiempo de Dios y el hombre: Dios obra milagros cuando hay mujeres y hombres que se abren a la fé.
No está demás preguntarnos si a menudo no obramos del mismo modo: por rutina religiosa creemos saber quien es Él... y sin embargo, no lo conocemos.
Cerramos los ojos al milagro de la vida que se renueva día a día, impedimos que suceda la maravilla infinita de la conversión.
Y nos pasa con los cercanos: podemos convivir años con otras personas por vecindad, por trabajo, por lazos familiares y nunca llegar a conocerlos verdaderamente.
Habrá, quizás, que volver a descubrir al Hijo del carpintero y de María, y asombrarse. Y permitir la bondad del Altísimo, que en océanos de ternura nos pide permiso para hacer milagros, que damos desde una vida de fé.
Nuestro hermano y Señor, Jesús el carpintero)
Paz y Bien
Nuestras Martas

Santa Marta
Para el día de hoy (29/07/10):
Evangelio según San Juan 11, 19-27
(Entre nosotros, en cada barrio, en cada pueblo, en cada metrópoli, en cada nación podemos encontrar a esas Martas, maravillosas Martas del servicio y del testimonio aún inmersas en las aguas gélidas del dolor y la tristeza.
Martas amigas de Jesús, Martas amadas por el Maestro, Martas que saben que el Señor anda por nuestras calles y salen a su encuentro a abrazarlo.
Martas que pueden equivocarse en sus razonamientos, pero que por sobre todo confían en su Amigo. Martas que -aunque todo señale lo contrario- confían en su Amigo, saben que no quedarán defraudadas en su esperanza.
Martas que saben que en Jesús y por Jesús prevalece la Vida, saben que si Él se hace presente la muerte no tiene la última palabra.
Martas que, desde esa confianza, no vacilan en suplicar a Jesús por la vida del hermano sumido en las tinieblas y en la muerte diaria.
Martas que desde un corazón enorme, confiesan en cada respirar, en cada gesto, en cada latido de su pecho, en cada palabra y en cada silencio a ese Jesús, Hijo de Dios y Salvador.
Martas que nos animan desde su vida a seguir confiando, a seguir encontrándolo pues Él viene, a reconocerlo pues la Vida no tiene fecha de vencimiento.
Esas Martas son hijas dilectas de la Gracia, amadas por Dios y son una luz que brilla en las oscuridades en las que solemos sumergirnos)
Paz y Bien
El tesoro encontrado, la perla más buscada
Para el día de hoy (28/07/10):
Evangelio según San Mateo 13, 44-46
(Dos senderos, un mismo camino, un mismo destino.
Ese hombre encuentra un tesoro escondido en el campo. Lo esconde, no hace alarde del mismo. Ese encuentro desata su alegría de tal modo que vende todo lo que tiene para adquirir el campo en el que está el tesoro.
Es tan obvio que se nos escurre ante una mirada rutinaria: el tesoro no era buscado, se lo encuentra "por casualidad", de improviso, subrepticiamente.
No obstante, a pesar de su infinito valor y de no ser buscado, ese tesoro estaba allí en el campo.
Sucede que el Reino esta allí, escondido y latiente en la vida; solemos pasarlo de largo, hasta que un día lo descubrimos y todo cobra un nuevo sentido, todo adquiere un valor insospechado. Mejor aún, nada hay más valioso que ese tesoro encontrado.
Por el contrario, el mercader de perlas finas es un buscador consecuente y tenaz: es su oficio, es su tarea diaria, lo que mejor sabe hacer es buscar las mejores perlas.
Esa búsqueda sin desmayos dá sus frutos: por fin se encuentra la perla mejor, la más valiosa, la más hermosa. Y es dable vender todo para adquirirla, es decir, no hay nada más valioso.
El Reino está oculto y palpitante en la vida; aún sin buscarlo, está allí. El Reino sucede en la existencia diaria, en el aquí y el ahora con una fuerza insospechada, con un valor inigualable.
Quizás haya que reflexionar que si está allí, escondido y latiendo en la existencia, vibrante y silencioso, ese descubrirlo nos haga mirar a toda la creación de otro modo, valiosísima y sagrada, impregnada de la bondad del Creador que se nos regala -sin mensurar méritos, sin cuantificar premios o castigos- Él mismo.
Y otro color no menor: el Reino acontece, sucede, está escondido pero también se deja maravillosamente encontrar para el buscador tenaz y honesto.
No hay nada más valioso: quizás por ello el Maestro llame felices, bienaventurados a quienes lo busquen y lo encuentren.
El tesoro del Reino es la alegría perpetua, la felicidad que se brinda para toda la humanidad sumida en la tristeza y la oscuridad.
Está allí, está aquí, sólo hay que encontrarlo)
Paz y Bien
Desde la paciencia
Para el día de hoy (27/07/10):
Evangelio según San Mateo 13, 36-43
(Jesús se alejaba de la multitud y regresaba a la casa en donde residía en ese momento. Allí se le acercan los discípulos y le piden que les explique la parábola de la cizaña en el campo.
El Maestro ha sido claro en su enseñanza, las gentes lo han comprendido; pero en sus amigos quieren aprender en profundidad, dejar que les enseñe, comprender desde un ambiente de intimidad y amistad.
Allí está la clave de nuestra espiritualidad; mejor aún, de nuestra existencia. Sólo desde una escucha atenta, en una íntima amistad con Él podemos aprender y comprender lo que nos enseña.
Cualquier otro intento es incompleto, hasta estéril, pues queda en el plano de la razón pura. Su Palabra ha de transformarnos.
Aunque portemos la buena semilla, la cizaña aflora en nuestro sembradío y a nuestro alrededor. Pero errado es pretender arrancarla: el trigo mismo se pone en peligro.
Hay que confiar: el trigo -que tiene destino de pan- finalmente resplandecerá al sol, más allá de toda cizaña que amenace su crecimiento.
No somos dueños del terreno; sin embargo hemos de estar atentos a como actúa el Dueño del campo.
Él tiene paciencia, una paciencia infinita que expresa ternura y misericordia.
Siempre hay tiempo para crecer y florecer al sol. Hasta la cizaña más fiera puede transformarse en trigo fuerte y noble.
Como pequeños sembradores, o mejor aún, como hijos, hemos de seguir los pasos del Dueño.
Paciencia, paciencia y más paciencia que erradique toda violencia. La cizaña puede ser molesta y peligrosa pero no tiene otro destino que el de perecer.
Tal es la paciencia del Dueño que hasta los Caifás, los fariseos y los Pilatos de todos los tiempos tienen posibilidad de dar frutos buenos y santos.
No hay mucho más que pensar: Él cree y confía en nosotros, infinitamente más de lo que nosotros creemos y confiamos en Él)
Paz y Bien
Gastar la vida
Jesucristo ha dicho: “Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mi, la recobrará en el vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta,
sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente,
como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu Gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos,
porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos llenos de lágrimas.
Luis Espinal SJ
sacerdote y mártir
Desde los insignificantes y los derrotados

Para el día de hoy (26/07/10):
Evangelio según San Mateo 13, 31-35
(La desproporción es contundente: Dios ha elegido -a través de la historia- lo que es insignificante, lo que es minusvalorado, lo que no es tenido en cuenta, lo aparentemente derrotado para que surga su Reino aquí y ahora entre nosotros.
Sin embargo desde allí se construye la Vida plena. Es una maravillosa contradicción que a menudo dejamos de lado.
Serios y racionales ojos mundanos no pueden darse cuenta: pues esa mínima semilla -es tan grande la obviedad- lleva una extraña y potente fuerza vital dentro de sí. Esa semilla debe caer en tierra y romperse, morir a sí misma para que germine el pequeño brote se convierta en el mayor de los arbustos.
Tan grande que pueda dar cobijo a muchos pájaros.
Esa semilla -en apariencia - elige la derrota de la tierra. No busca crecer, importa el árbol que viene después.
Así también la levadura: el fermento implica degradación, cierto símbolo de morirse y disolverse en la harina. Sin embargo, la harina se transforma de simple polvillo blanco en pan para toda la familia.
No tiene otro fin en sí misma excepto que el de hacer levar la masa, toda la masa.
El mundo no es enemigo; -mi Reino no es de este mundo- dice el Maestro, pero no reniega de él.
Otro mundo y otra vida son posibles, si nos reconocemos pequeños, si renegamos de una buena vez de esa espúrea cultura del éxito y la eficiencia.
Descubrirnos insignificantes y aparentemente derrotados será el primer paso.
Con la certeza del campesino, con la confianza de la madre en la cocina, hay una fuerza escondida que se nos ha puesto en nuestras manos y que todo lo transforma.
Jesús, nuestro hermano y Señor, ha sido el ejemplo para todos y cada uno de nosotros.
Un carpintero pobre de un ignoto poblado galileo, que hablaba con la misma sencillez del pueblo, que aparentemente fué vencido por las tramas herodianas, fariseas y romanas.
Aún así, Él esta vivo, ha resucitado. La vida prevalece desde los pequeños.
Habrá que volver a descubrir nuestra justa medida, nuestra estatura exacta y abandonar esas ganas de éxito, esas ansias de poder, esas seguridades de triunfo.
Es una extraña victoria la de Jesús, en la que no hay vencidos, no hay caídos en combate.
Es el regalo de la donación de la Vida, por tragedia que se nos aparezca.
Todo comienza en los pequeños granos de mostaza que, a veces, se asoman en una sonrisa, en una simple cortesía, en una escucha atenta al dolor del otro, en compartir el pan)
Paz y Bien
La oración de los hermanos: pedir como niños, buscar el Reino, llamar al alejado
Para el día de hoy (25/07/10):
Evangelio según San Lucas 11, 1-13
(En algún punto del camino hemos perdido el rumbo; nos pasa que preferimos quedar librados al arbitrio de los estados de ánimo y renegamos de la brújula que nos lleva a puerto seguro, inclusive atravesando aguas turbulentas.
Esa brújula es la oración.
Tenemos todos y cada uno de nosotros vocación de pescadores, y sin embargo hemos preferido echar la pesada ancla de la petición y de la re-petición.
No sabemos pedir, no sabemos lo que pedimos, olvidamos a Quien le pedimos: y así, a menudo, pedimos -quizás sin darnos cuenta de tan acostumbrados- muchas culebras y otros tantos escorpiones.
Y la repetición: tal vez nos hemos aferrado a la falacia del mucho bláblá, de esa matemática estéril de que a mayor cantidad de oraciones replicadas maquinalmente lograrán obtener los favores divinos...
A Jesús le pedían los discípulos que les enseñara a orar: sin dudas, querían tener la misma relación de intimidad y conocimiento que Él tenía con Dios, y que ellos descubrían cuando Él oraba.
Y el Maestro enseña.
No hay una fórmula secreta, ni magia ni conjuro esotérico: revela -quita los velos que ocultan- el gran misterio, que Dios es Abbá ¡Papá!, y que ama con la solicitud y las entrañas de una Madre.
Esa es su esencia y nuestra raíz.
Por ese Ser Infinito que se nos descubre como Padre, maravillosamente somos hermanos pues somos hijas e hijos.
-La filiación es cuestión de amor que se nos ha regalado por Jesús, nuestro hermano y Señor-
No debemos engañarnos: el primer paso, las primacías le pertenecen por entero.
El Verbo -Logos, la Palabra- se ha hecho uno de nosotros para quebrar nuestro mutismo.
Y es Espíritu que nos hace reconocer al Creador como Abbá; ese Padre Misericordioso se dirige con ternura, paciencia y solicitud constantemente a cada uno de sus hijas e hijos, y quiere hablar con ellos. Así entonces, la oración -más que iniciativa nuestra- es más bien respuesta a ese Viento que nos hace latir y respirar.
Quizás haya que redescubrir la oración como una necesidad espiritual sí, pero totalmente afectiva: uno no le dá la espalda ni tapona sus oídos a quien ama, antes bien, son imperiosas y apremiantes esas ganas de hablar con el Amado.
La oración es misterio que nos sumerge y renueva en el misterio de Dios, Vida que se dona.
Por eso, a través de la oración de Jesús hacemos propias las cosas de Dios y del hermano, justicia y eternidad, pan y perdón, santidad y liberación.
Los hermanos de Jesús saben que tienen que pedir, y más todavía, pedir como niños. Un niño tiene necesidades concretas, se sabe carente de muchas cosas, y confía plenamente en su Padre. Sabe que ese Padre no lo defrauda ni lo abandona.
Y tiene cada vez una mayor ansia de pedir, porque se vá descubriendo pequeño y necesitado, y porque por sobre todo, como todo niño, se le colman los ojos de alegría cuando recibe regalos.
Quizás el fruto del pedir y descubrirnos limitados y menesterosos sea el sendero de la justicia de nuestra existencia, eso que llamamos humildad.
Los hermanos de Jesús piden como niños. Y no se quedan allí.
Ese Dios que les habla constantemente y les sale al encuentro no los deja librados a sus miserias, por eso esa fraternidad identificada desde el corazón con el Maestro busca el Reino y su justicia, vida plena y abundante para todos aquí y ahora con destino eterno, pues saben que la muerte no tiene la última palabra.
Los hermanos de Jesús llaman a la puerta del hermano perdido, del hermano que se ha alejado; llevan el pan caliente del perdón y la reconciliación, aceite y vino que cure las heridas que separan y dividen.
El Dios de Jesús, tu Dios, mi Dios es un manantial inagotable de agua fresca que alivia nuestros desiertos.
El Maestro nos convida en su copa a refrescar y volver fértiles tantos baldíos resecos, no tanto desde la oración, sino desde vidas orantes.
Los hermanos de Jesús, antes que repetir su plegaria a ese Padre tuyo, mío y nuestro... hacen que su vida cotidiana sea una plegaria.
Y se les nota en la mirada)
Paz y Bien

