Viejo oficio, nueva misión

Viernes de la Octava de Pascua

Para el día de hoy (09/04/10)
Evangelio según San Juan 21, 1-14

(Pedro y los otros habían sido instituídos por el Maestro como pescadores de hombres.
El Señor había muerto y resucitado, y ellos regresaron a Galilea... Sin embargo, no regresan para anunciar la Buena Noticia desde donde todo comenzó.

Ellos regresan al pasado, más cómodo y tranquilo, vuelven a lo conocido, vuelven a lo viejo; por eso, vuelven a ser pescadores de peces.

Cuando la conversión no es total, siempre se vuelve a lo viejo, a lo que hemos dejado atrás.

En esa barca navegan como si nada hubiera sucedido, ni los tres años junto a Jesús ni su Pasión y Resurrección tampoco.
Por eso navegan infructuosamente, por eso navegan en la noche que eligieron.

Pero el Señor lo sabe, y está allí, en la orilla de nuestro andar errante y estéril, trayendo el amanecer a nuestra oscuridad, y elevando su voz los hace recordar en su corazón.

No han vivido tanto junto a Él por nada, Él ha pasado por sus vidas y ha dejado huella. Por eso son capaces de escucharlo, y de animarse a lo imposible, a lo inexplicable... a un acto de fé.

Ellos no sabían que era el Maestro quien estaba en la orilla; aún así, contra toda experiencia previa -tantos años de pescadores- echan las redes a un lado de la barca. Y sucede el milagro: la quilla de la barca se queja del sobrepeso, son muchísimos los peces en la red.

Entre el grupo de pescadores, estaba el discípulo amado por Jesús: y desde ese amor, se salta cualquier muro de imposibilidades, se abre toda oscuridad cerrada y se descubre la verdad: ¡El Resucitado está en la orilla!

Según nuestra lógica, cabría esperar por parte del Maestro alguna recriminación, algún tipo de reprimenda.
Pero son tiempos de Gracia plena: lo que importa es que los discípulos volvieran a navegar en el curso del Reino. Jesús, con infinita e increíble delicadeza está allí esperándolos y les ha preparado el almuerzo.

Es el amanecer, y todo está claro.
Es tiempo de dejar atrás el viejo oficio, y asumir la nueva misión: si Jesús guía la barca, la pesca no sólo será abundante en extremo, sino que la red que mantiene a los peces con vida no ha de romperse.

El Señor espera en nuestra orilla, y nos ha preparado su mesa para que nos alimentemos.
Basta animarnos a navegar con Él.)

Paz y Bien

Testigos de paz


Jueves de la Octava de Pascua

Para el día de hoy (08/04/10)
Evangelio según San Lucas 24, 35-48

(Estaba reunida la comunidad: comentaban los dos amigos del encuentro con Jesús camino a Emaús, describía Pedro su experiencia del Maestro Vivo.

Y el Señor se hace presente allí mismo, en medio de los reunidos en su Nombre, allí en donde se hablaba de Él.

-¡La paz esté con ustedes!- es el saludo primordial.

Todavía quedan resabios de miedos, de fantasmas de las mezquindades de las almas; por eso el sobresalto.
Por eso también el saludo, un saludo que es misión.

EL Maestro ha resucitado; es el mismo Jesús de Nazareth que ha caminado con ellos.
Les muestra sus pies, para que caminen con sus pasos.
Les muestra sus manos, para que con ellas generen signos de la Misericordia de ese Dios Padre y Madre que nunca nos abandona.
Come con ellos, para que a su vez ellos coman con otros, para que el pan sea abundante y nutritivo al ser compartido.

Inmersos en un mundo que sólo expresa violencia, que tolera con normalidad el egoísmo y el hambre, que sólo acepta la paz de los cementerios... Él nos muestra sus manos y sus pies.

Somos testigos de que Él está vivo, presente entre nosotros.

Quizás -aunque la ingenuidad levante sus rótulos- debamos ser testigos de esa paz que siempre precede su visita.

Ser testigos del Dios Viviente, llevando a todas partes el Shalom infinito de la vida plena y abundante)

Paz y Bien


Jesús en el camino, en la Palabra, en el pan compartido, en la comunidad reunida


Miércoles de la Octava de Pascua

Para el día de hoy (07/04/10)
Evangelio según San Lucas 24, 13-35

(Los dos discípulos iban camino a Emaús. Quizás sin un fin determinado, sino sólo con la intención de alejarse de Jerusalem, de alejarse de la tristeza, del espanto, del desengaño sufrido por la Pasión y Muerte de su Maestro.

Con ellos, también nosotros tendemos a tomar distancia de la cruz y de todo lo que nos agobia.

Aún en ese talante de desánimo, van conversando de Jesús, comentando y discutiendo lo sucedido.

Jesús es Dios y Dios es Jesús y es ese Dios quien siempre, invariablemente, toma la iniciativa en todos los órdenes de nuestras limitadas existencias.
El nos amó primero, y lo hizo y lo hace hasta el fin.

Y así, mientras los dos discípulos continuaban enfrascados en su diálogo, les sale al encuentro ese Jesús... al que ellos no buscaban, al que consideraban perdido pero que aún seguía presente en las profundidades de sus almas.

La Palabra nos dice que a pesar de que Él se hiciera presente junto a ellos, había algo que impedía que lo reconocieran.
Es claro: habían abdicado de toda esperanza, nos rendimos frente al embate de los estados de ánimo y se nos hace intolerable el peso de cualquier cruz.

Jesús sabe que cosas se tejen en cada corazón, y por eso los impulsa a desahogarse, a dejar fuera todo lo tóxico, todo lo que no crece, todo lo que nos ata.

Y paso a paso con ellos y con nosotros, nos hace recorrer la Palabra con paciencia y ternura, y ellos junto a cada uno de nosotros podemos descubrir que todo desemboca como un río de agua viva en Él.

Aún así, se nos acaba el día y se acerca la noche de nuestras limitaciones y nuestras mezquindades. Con ellos, le suplicamos que se quede.
Él se hace presente en ese Pan Sagrado, Él mismo alimento para todos, Él presente en el pan que se comparte... y sucede el milagro, triunfo increíble del Dios de la Vida y sus hijos, los discípulos, todos y cada uno de nosotros: ¡Él está vivo!

Ya no hay que escapar de la Jerusalem de la tristeza y el desengaño.
Es hora del regreso, y de contarle a los hermanos la increíble y maravillosa noticia del Resucitado.

Allí también lo sabían: el Señor se había aparecido a Simón Pedro.
Y los recién llegados cuentan lo que les ha sucedido, cuentan el ardor de sus corazones cuando el Maestro iba con ellos, cuentan de su presencia tangible al partir el Pan.

El Maestro se hace presente también allí cuando dos o más, reunidos en su Nombre, comparten la experiencia de Aquel que vive presente en sus vidas.

Es tiempo de fiesta, alegría y esperanza, tiempo de recordar que el Resucitado vá paso a paso caminando con nosotros aún cuando no podamos verlo, tiempo de escrutar desee un silencio orante sus huellas en la Palabra, tiempo de redescubrirlo al compartir el pan, tiempo de reencontrarlo vivo y presente junto a los hermanos reunidos en su Nombre.)

Paz y Bien


Cuando se escucha su voz

Martes de la Octava de Pascua

Para el día de hoy (06/04/10)
Evangelio según San Juan 20, 11-18

(María, la de Magdala, estaba anegada en un mar de lágrimas a las puertas del sepulcro.
Había bebido, fiel en su amor, el mismo cáliz de Jesús al pié de la cruz.
Había visto su cuerpo destrozado, desfigurado, frío por la muerte, lo había visto depositado casi a escondidas en ese sepulcro ajeno.

Aún en su tristeza, teje en el alba su esperanza y vá al sepulcro en donde -cree- reposa su Señor. Pero esa tumba está inhabitada.

Los Mensajeros adelantan misteriosamente el regreso de la alegría: le preguntan el porqué de su llanto, pero es una pregunta que a la vez lleva una afirmación. Hay algo más fuerte, más importante y más poderoso que esa gran tristeza.

Ella no encuentra al cuerpo del Señor; le han escondido a su Jesús amado, no lo puede encontrar.

En la noche de María, surge potente el alba de la Resurrección.

Ahí estaba el Señor Resucitado; y siempre su llamado es personal. Por eso exclama -¡María!-

Y al reconocer su voz, todo se transforma. Ella escucha su voz y lo reconoce, las ovejas reconocen la voz del Buen Pastor -¡Rabboní!- -¡Maestro!-

La tristeza desaparece instantáneamente, nada detiene el impulso de la vida de Jesús.

María de Magdala tiene ahora una misión: ir a decirle a los hermanos del Maestro que subirá al Padre de Todos, que está vivo, que nada ha sido en vano.

Ella escucha su voz, redescubre al Resucitado en su vida y de manera incontenible, lo transmite a los otros.
Ella es modelo para todos nosotros, signo por excelencia de nuestra misión y nuestra esperanza.

Nada ni nadie puede escondernos a Jesús Resucitado, Dios de la Vida.

Y la evangelización es precisamente eso, contar que uno ha descubierto y ha podido escuchar su voz viva, fuerte y permanente en su vida.

Quiera el Espíritu del Resucitado volverns a esa sencillez de redescubrir todas las veces que Él nos ha hablado, que su Palabra ha obrado maravillas de vida en nosotros. Y desde allí, compartir con los hermanos esa increíble, feliz e imperecedera noticia)

Paz y Bien



Esa mañana, esas mujeres

Lunes de la Octava de Pascua

Para el día de hoy (05/04/10)
Evangelio según San Mateo 28, 8-15

(No es del todo impensable imaginarnos los titulares de los medios:
-Robaron uno de los cuerpos de los crucificados el viernes pasado-.

A los guardias que custodiaban la tumba en donde dejaron los restos de Jesús, le dan una suma importante de dinero para que digan que los discípulos se habían robado su cuerpo. Es claro -voluntades compradas- nada dirían de sus desmayos, nada dirían de que nadie se apareció por allí hasta la madrugada del domingo.

Más allá de de las maquinaciones del Sanedrín, de ciertas trampas políticas y propagandísticas de los romanos -complots de aquel entonces y de nuestro presente también- creer en la Resurrección de Jesús luego de su muerte en la cruz es un acto de fé. Y como tal, es un don, un regalo, una cuestión de Gracia.

Era de mañana, nos cuenta el Evangelista; signo y símbolo del fin de la noche extensa de la humanidad.
Jesús ha resucitado, y elige aparecerse primero que todos...a mujeres.
Esas mujeres que temprano habían descubierto la tumba vacía.
Esas mujeres que iban corriendo a avisar a los discípulos, encendidas de temor y de alegría.
-temor y alegría, vivencias profundas del misterio-
Jesús elige como testigos privilegiadas de que está vivo a quienes nadie cree, pero que sin embargo se mantuvieron firmes al pié de la cruz, y bebieron su cáliz de dolor.

La Resurrección de Jesús puede expresarse en las primeras palabras pronunciadas por el Maestro:
-¡Alégrense!-
-¡No teman!-

Es su mano que nos rescata del miedo y la desesperanza.

Esas mujeres, que portan la maravillosa noticia que Jesús está vivo, deben ir adonde están sus hermanos.
Sus hermanos: Él lo había enseñado, sus hermanos, su madre, su padre, son todos aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la viven...

Portan el mensaje de que sus hermanos deben ir a Galilea, y allí lo verán.
Donde todo comenzó, todo renacerá, porque lo que ha comenzado no tiene fin.

Ellas vienen corriendo a nuestro encuentro ahora mismo.
Hay que volver al comienzo, y recorrer el maravilloso camino de la vida vestidos de esperanza porque la vida prevalece sobre la muerte.

Jesús está vivo, y nosotros vivimos con Él, por Él y en Él)

Paz y Bien





Una tumba vacía, la mejor de las noticias

Pascua de la Resurrección del Señor

Para el día de hoy (04/04/10)
Evangelio según San Juan 20, 1-9

(Odiaban a Jesús, de eso no cabe duda; pero también le temían.
Consumada su Pasión, es un muerto inquieto que parece no dejarlos en paz.

Por una parte, era costumbre romana dejar el cuerpo del ajusticiado en el cadalso como método ejemplificador y coercitivo; el mensaje para el pueblo era "esto es lo que les pasa a los que se oponen al Imperio".

Por otra parte, la Ley mosaica dictaminaba que cuando un hombre era ejecutado en la cruz -o también colgado- debía ser considerado maldito; por eso mismo, luego de morir no había de dejarse su cuerpo pudrirse en la cruz. Si eso sucedía, se contaminaba por ello la tierra santa de Israel.

Con todo esto, Jesús era para romanos y fariseos y para sus propios amigos un Mesías muy extraño y controversial. Es un rey que al morir no tiene funeral masivo y con gran pompa, es un profeta que no tiene tumba propia que se convierta en centro de peregrinación para sus seguidores.

Su cuerpo es depositado en una tumba ajena -parece que el propietario era José de Arimatea- y su funeral es prácticamente clandestino, sólo unos pocos se enteran del dónde, el cómo y el cuando.

Era la madrugada del primer día de la semana; María de Magdala, antes que todos, con las urgencias que hace brotar el amor profundo, se encuentra la piedra quitada y la tumba vacía. Encendida por un fuego impredecible corre hacia donde se encontraban Pedro y Juan a contarles lo sucedido, razonando que se han robado el cuerpo de su Maestro, pero intuyendo que quizás sea otra cosa lo que haya pasado.

Juan y Pedro, Pedro y Juan no se quedan quietos y, a su vez, salen corriendo -alas en sus pies y en sus almas- hacia el sepulcro.
Juan, el discípulo amado, llega primero... debe ser porque el amor se adelanta a todo. El amor siempre llega por delante.

La pesadísima piedra que obturaba la entrada está quitada de su sitio.
Las vendas que amortajaban el cuerpo estan caídas en el suelo.
El sudario que cubría su cabeza, cuidadosamente plegado en un rincón.

Ven y creen: los objetos funerarios, los signos que remiten a la muerte devienen inútiles.
Esa tumba está vacía porque ya no hay cuerpo que la habite, esas vendas están en el suelo porque no hay carne que ceñir, ese sudario está enrollado porque quien lo usaba...ya no lo necesitará más.

¡La tumba está vacía porque quien la habitaba está vivo!
El Maestro anunció la Buena Noticia, y esa tumba vacía, que su cuerpo ocupó poco tiempo, es la mejor de las noticias.
Jesús ha borrado la línea infranqueable de la última frontera, la de la muerte.

Es triunfo de Dios y del hombre: el Señor ha abierto una puerta definitiva para que pueda pasar toda la humanidad.
Es la victoria de la vida sobre la muerte; sin embargo no es una victoria como solemos conocer, una victoria edificada sobre la sangre y la muerte de los derrotados.

Es una victoria edificada a partir de la sangre y la muerte de quien más amó, y es una victoria para que ya no haya más derrotados por la muerte.

La vida eterna, la vida de Dios, imparable y que no puede encerrarse, se ha abierto paso por entre la noche.
Es un nuevo día: Jesús ha muerto en la cruz y ha resucitado, llevando de la mano a todos los crucificados de la historia.
La vida prevalece por la fuerza imparable del amor, Dios mismo.

Hay que salir corriendo a dar aviso de esta increíble noticia a todos nuestros hermanos muertos en vida: la muerte no tendrá jamás la última palabra.

La Palabra vive.

Feliz Pascua de Resurrección)

Paz y Bien




Malvinas, desde el silencio y la memoria


Hoy, 2 de abril, es una fecha muy cara a nuestros corazones argentinos.
Pero este año es especial: coincide con el recuerdo de la Pasión de Jesús.
Es un día de silencio, meditación y oración.

No se trata de reivindicar la guerra: se trata de honrar a los que murieron para que otros vivan, de recordar siempre a los que casi niños fueron a proteger esta casa común.

Se trata de reafirmar contra toda lógica y contra todo discurso que no hay nada más valioso que una vida.

Se trata de ejercer la memoria, y desde allí construir justicia, hermana de la verdad y la paz.

Allí donde debería haber escuelas y plazas, y banderas color cielo, hoy hay hombres armados.
Allí donde debería haber reconciliación y respeto, sólo se escuchan bravatas propias del imperialismo, insultos plenos de prepotencia.

Sin embargo, y a pesar de todo y de todos, no diremos el conocido Volveremos.
Nosotros estamos volviendo siempre, de manera inevitable... nuestros hijos, hermanos, padres están allí.

En este día de silencio, oramos por los nuestros.
Por los que dejaron su vida, por los que volvieron quebrados en sus almas y mutilados en su cuerpos, por todos los que se quiso esconder y relegar con gran malicia y sin vergüenza al olvido.
Y oramos también por el enemigo.
Jesús no espera menos de nosotros.

Con el corazón en llanto silencioso, nosotros nunca olvidaremos.

Paz y Bien

Ricardo

La cruz de mi hermano


Viernes Santo de la Pasión del Señor

Para el día de hoy (02/04/10)
Evangelio según San Juan 18, 1-19, 42

(Estaba allí. Vino el que creíamos amigo, y vino con soldados romanos en perfecta formación, y vino con policías del Templo, todos armados hasta los dientes, para llevarse a mi hermano.
Justo a Él, que sólo hablaba palabras de amor y de paz, lo vienen a prender como si fuera un sujeto muy peligroso y violento.
Yo miraba.
Pedro vé rojo, y la emprende contra los captores, espada en mano, ira desenvaindada. Yo hubiera levantado un arma también ¡se trataba de mi hermano!.
Pero ni Pedro ni yo entendíamos, y Él manda a guardar las armas.
Con una calma que nos asusta, nos dice que es la copa que Él debe beber, vaso que le ha dado nuestro Papá.
Yo miraba.
Miraba cuando maniatado se lo llevan a la casa de Anás, Miraba cuando Pedro lo negaba con la rapidez del canto del gallo al amanecer. Ese mismo Pedro que estaba hace muy poco presto a tomar las armas por Él. Yo lo miraba y creí por un momento que esa arma empuñada y esas negaciones eran la misma cosa.
Ví cuando a mi hermano lo interrogaban, ahí de pié, incólume en su soledad.
Ese Anás quería regodearse con el preso, pero la verdad que emanaba de mi hermano se lo impedía.
Atado como un fardo, se lo pasa a Caifás y éste lo envía a su vez al pretorio romano, sucursal del Imperio y la prepotencia.
Yo miraba.
Lo seguía mirando, entero en su abandono, roble en su entrega. Miraba al pretor romano, seguro por el poder de las legiones, vacilar frente a mi hermano. Tiene miedo de que la sencillez de mi hermano desate una vorágine que quiebre su status y lo haga quedar mal con el emperador. Sabe que lo hecho por mi hermano no clasifica como delito en sus códigos, pero al desalmado esto no le preocupa demasiado como tampoco le importa saber qué es la verdad. Sólo prevalece el poder.
Prefiere jugar a una baraja mortal dejando libre a un violento homicida y condenando a mi hermano.
Yo miraba.
Miraba las voces rabiosas de quien pedían su muerte... Me pareció encontrar en algunos rostros a varios de los que hace unos días aplaudían y vivaban que Él llegara a la Ciudad Santa. No, está mal: ni tan ciudad ni tan santa. Jerusalem se había convertido en nido de serpientes y en teatro de maldiciones.
Y el venal pretor cede una vez más al clamor del poder. Pero toma sus resguardos: sabe que algo está mal, y trata de sacarse de encima cualquier problema lavándose las manos enfrente de todos.
Pero serían manos difíciles de lavar, eran manos que estarían manchadas con la sangre de mi hermano.
Yo miraba a mi hermano estremecerse de dolor debajo del suplicio del látigo concienzudo y eficaz que lo iba desgarrando con desgarradora pericia. Miraba esas espinas clavarse en sus sienes, morder su cabeza. Miraba las burlas de los disciplinados legionarios. Miraba el suplicio del desprecio y la exclusión, la tortura del desempleo y la violencia, el calculado látigo de las drogas y la esclavitud, y las heridas de mi hermano se ensanchaban aún más.
Miraba cuando le pusieron a los hombros esa cruz tan pesada... Él ya estaba muy mal, la tortura regulada había cobrado tributo en su cuerpo.
La cruz lo hace vacilar y caer. Sin embargo, con su cuerpo casi fragmentado lo ví ponerse en pié y seguir inexorable hacia ese monte.
Miraba al Cireneo que lo ayuda, pero pareciera que mi hermano lleva en sus hombros desgarrados muchas más cosas que el grave peso de esa cruz enorme.
Miraba cuando los expertos atravesaron con gruesos clavos sus manos y sus pies. Esas manos que curaron, que bendijeron, que acariciaron. Esos pies que tanto caminaron junto a nosotros. Le dan duro a la maza. Como si mi hermano se fuera a escapar, justo Él.
Yo miraba desde lejos.
Miraba las burlas y los insultos, la hiel y el vinagre, la lanza que taladra su costado.
Immá, nuestra Madre, tenía el alma atravesada por una espada de doble filo. ¿Quién cómo una Madre para saber el dolor de un Hijo, quién como una Madre para sufrir tanto como mi hermano?
Y llegó su momento, todo estaba cumplido. Mi hermano inclina la cabeza, mi hermano entrega el espíritu, mi hermano ha muerto.
Mamá, transida de dolor como está, tiene una certeza escondida que no cuenta pero yo la conozco. Ella sabe que esto no termina allí.
Me cuesta creerlo. La cruz es fiera y es voraz, y a mi hermano lo pusieron allí como a un maldito, como a un miserable, como a un criminal muy peligroso.
Su cuerpo mutilado poco a poco se enfría con la irrupción de la muerte.
Yo miraba cuando vino el de Arimatea para bajarlo del cadalso y llevarlo a un sepulcro nuevo.
Y cuando corrieron esa piedra tan pesada, dejé de mirar y por fin pude ver.

Allí adentro está el cuerpo de mi hermano.

Sin embargo, los verdaderos muertos son los que quedamos afuera.)

Paz y Bien

No hay mayor amor


(imagen de Cerezo Barredo - fuente: Koinonía)


NO HAY MAYOR AMOR

No hay mayor amor que dar la vida.
No hay mayor amor
No hay mayor amor

Este es mi cuerpo y mi sangre
todo esto es lo que soy;
quedo por siempre entre ustedes
aunque parta no me voy.

No teman, amigos míos,
si algún tiempo no me ven,
si entre ustedes se quieren
me verán a mí también.

El miedo no es sentimiento
que abriga el que cree en mí,
recuerden estas palabras:
“al mundo yo lo vencí”.

Les enviaré mi Espíritu
que consuela en el dolor;
alentará la esperanza,
traerá fuego al corazón.

Alejandro Mayol - La Fuente

aquí puede escucharse:

Panes ázimos para hombres de pan


Jueves Santo - La Cena del Señor

Para el día de hoy (01/04/10)
Evangelio según San Juan 13, 1-15

(Se encontraban reunidos para celebrar la fiesta de la Pascua, y todo estaba dispuesto. La sala, las copas, el vino, los panes ázimos -Matzá-, las hierbas amargas, la carne de cordero... Se reunían para festejar al Dios que había liberado a su pueblo de la esclavitud de Faraón, y el éxodo o paso a través del Mar Rojo.

Jesús era plenamente consciente de lo que estaba por suceder en breve; tanta era la certidumbre de su misión y de las consecuencias espantosas que acarrearían, que de ninguna manera lo que le sucedería sería consecuencia directa de los acontecimientos planeados por los socios de la oscuridad, sus enemigos.

Él asume libre, plena y totalmente lo que ha de venir; lo suyo será una entrega generosa de su vida antes que el producto de las decisiones de los poderosos.

Esa entrega se lee en clave amorosa: la donación de su vida es gratuidad pura, es entrega de su vida amando a los suyos hasta el fin.

Durante la Cena Pascual, sucede lo impensado: se levanta, se ata a la cintura una toalla a la cintura y con un recipiente con agua comienza a lavar los pies de los discípulos y a secárselos.

No es un rito, pues para ser tal debería haberse producido al comienzo de la Cena en un ambiente mucho más formal. Tampoco es un gesto simbólico de humildad... Jesús ha hecho de todo, pero nunca sus acciones pueden ser amoldadas a formas predeterminadas.

El Maestro proclama una nueva realidad definitiva, la de su Reino, la de la familia de hijas e hijos de Dios.

-el lavado de pies era tarea reservada normalmente en esos tiempos a los esclavos; nos dice la Palabra que antes de ceñirse la toalla a la cintura, Jesús se quitó el manto. Y esa toalla no se la quitará una vez finalizado el lavado de los pies de sus amigos-

Es música del despojo: Jesús es Dios y Dios es Jesús, y ese Dios con nosotros se hace esclavo de todos para siempre... con esa toalla que no se quita.
Los acordes serán graves durante su crucifixión, y sonarán notas jubilosas en la mañana del regreso a la vida, su Resurrección, la vida recuperada para todos y cada uno de nosotros.

En esa misma Cena quiso quedarse de modo perenne en cuerpo y sangre desde el pan y el vino de la Pascua. No es casual que lo llamemos Eucaristía -acción de gracias- milagro diario que sucede por la Gracia infinita del Dios del Universo que se hace nada por nuestra salvación.

El vino -su sangre- es la savia nueva que animará la vida que quiere para toda la humanidad. Es abundante. Ya lo venía demostrando desde su primer signo en aquella boda en Caná de Galilea; es vino que no se acaba, vino de vida nueva y alegría para quien quiera beberlo.

El pan -su cuerpo- es el alimento perpetuo para sus amigos, para su familia, y para que nadie pase hambre de ninguna clase. También parece a nuestros ojos mezquinos una enormidad, y Él también ha sido providente como su Padre: aquellas tardes de fraternidad y enseñanza, convertía esos panes en alimento que satisfacía el hambre de miles...y aún quedaban muchos canastos llenos para los que todavía no habían llegado. Nosotros y muchos más.

El matzá, el pan ázimo del pueblo de Israel será para el nuevo pueblo de Dios el cuerpo de Jesús. Pan ázimo, pan sin levadura...pues la levadura serán sus mismos discípulos, fermento en la masa, sal de la tierra, luz del mundo.

En la Eucaristía confesamos la presencia real y efectiva del Señor; y el Señor también se encuentra de igual manera, real y efectivamente, cuando sucede el servicio al hermano, entrega desinteresada movida por el amor de Aquel que nos ha querido hasta el fin.

Panes ázimos que por el servicio recíproco y generoso, hace que los hombres también se hagan pan para el hermano hambriento.

Un Dios que se hace pan para que haya hombres de pan.

Un Maestro que lava los pies de sus amigos, un Dios de la Vida que se hace esclavo y servidor de la humanidad para la Salvación)

Paz y Bien





El precio de un amigo y una cena definitiva

Miércoles Santo

Para el día de hoy (31/03/10)
Evangelio según San Mateo 26, 14-25

(Jesús, además de su Maestro, era su amigo. Compartió con él y los otros Once tres años de su vida diariamente.

Pero Judas, cercano físicamente, estaba lejos de su corazón. Había elegido la noche de la muerte, la reverencia a sí mismo, el culto de su ideología.
No es que fuera tentado a la traición: él mismo es quien toma la determinación de entregarlo; Judas mismo se erige juez y verdugo de su amigo, y por ello se presenta al Sanedrín para negociar su oferta con los aviesos sumos sacerdotes.

Era un verdadero discapacitado: su discapacidad, enraizada en su corazón, radicaba en no poder entender ni aceptar que su Amigo había inaugurado un nuevo tiempo, el Año de Gracia y Misericordia que no tiene final. No acepta la economía de gratuidad y entrega del Reino, y por eso se vuelve violento, vil y cínico.
Violento como cuando con rabia expresa criticó sin piedad el gesto de amor de la hermana de Lázaro, su unción de los pies del Maestro.
Vil, porque cambiará la vida del mejor amigo por dinero.
Cínico, porque a sabiendas de que de un modo u otro iba a entregarlo, no se sonroja al decirle a Jesús -¿Acaso seré yo el que te entregue, Rabbí?-

Los sumos sacerdotes redoblan la densidad de la noche que eligieron, pues en un gesto de desprecio manifiesto, le ofrecen a Judas treinta shekels de plata -siclos, monedas- a cambio de la entrega de Jesús: esa suma era (Ex. 21,32) la multa que debía pagarse cuando un animal inutilizaba a un esclavo.

Así era considerado Jesús: un esclavo, un rebelde, un blasfemo, una amenaza pública, un enviado demoníaco, un enemigo de la fé del pueblo elegido.
Y Judas consiente todo eso.
Porque el traidor no era un ingenuo en cuestiones de dinero: es más, era el encargado de manejar el dinero que podían juntar los discípulos para su sustento y para la ayuda a los menesterosos. Sabía bien el valor de cada moneda.
Para él, el precio de su Amigo no será mayor que el de un esclavo.

Y contra toda racionalidad humana, se vá tejiendo la lógica de la Salvación, el misterio de la Misericordia.
Jesús sabe que se aproxima su Pasión, su Paso, su Pascua y quiere celebrarla con los suyos como lo ha hecho siempre: en una cena, compartiendo el pan.
En esa misma raíz, están invitados y comen de su mismo plato fraternalmente, con una ternura que sólo el Maestro puede expresar, quien lo traicionaría por unas pocas monedas y quien lo negaría con la rapidez del canto matinal del gallo.

Aún en medio de la noche más cerrada, la bondad del Altísimo entre nosotros enciende su luz.

Jesús sabe que será la última oportunidad de reunirse todos juntos, por eso tiene una especial dedicación a la preparación de la cena pascual, Seder Pesaj.
Las instrucciones son precisas: deben presentarse en Jerusalem en la casa de tal persona, y avisarle que el Maestro dice: - Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos-.

Nada, absolutamente nada en la Palabra de Dios sucede por casualidad, nada es fortuito.
A través de los siglos, exégetas y eruditos han sugerido diversas posibilidades del lugar en donde Jesús decidió celebrar la Pascua; hasta se aventuran -con importantes estudios y, a veces con, mucha imaginación- los nombres de quien prestaría su sala para el banquete.

Es mejor leerlo desde el corazón.
Vendido como esclavo, despreciado en grado sumo, buscado por los guardias del Templo para su arresto, el Maestro manda a preparar la Pascua en la casa de tal persona... sin dar el nombre.
No hace falta.
Quizás el nombre no se menciona o bien queda una línea de puntos a completar porque allí vá inscrito el nombre tuyo, el mío, el de cada uno de nosotros.

La Pascua se celebra primero y ante todo en el Templo vivo, cada hija e hijo de Dios.

Si la noche se cierra cada vez más, si somos presa del miedo, si nos captura el materialismo, si nos creemos capaces de entrar en supuestas transacciones con Dios -dame esto y te prometo que haré tal cosa-, aún en esas negruras el Señor sigue preparando la fiesta.
Se asoma una orgía espantosa de sangre y muerte, pero habrá una tumba vacía y una vida que no terminará, por la misericordia de ese Dios Padre y Madre expresada en su Hijo.

Ese mismo Hijo que quiere celebrar la Pascua en nuestra casa, la cena definitiva que alimente a todos)

Paz y Bien


Salir a la oscuridad


Martes Santo

Para el día de hoy (30/03/10)
Evangelio según San Juan 13, 21-33.36-38

(Es una cena de amigos; hay un ambiente pleno de emoción y de afectos florecientes.
Hay un ambiente de fraternidad profunda -difícil de describir-; no obstante, hay algo extraño que flota en el ambiente. Los discípulos de Jesús intuyen que no es nada bueno, pero no alcanzan a darse cuenta.

El Señor es presa de una gran tristeza; inmensamente conmovido, les dice claramente a los suyos que uno de ellos lo traicionaría.

Han convivido día y noche durante tres años con el Maestro, y a pesar de ello no todos están cerca de su corazón ni tienen la confianza suficiente para preguntarle.
Hay una asimetría en sus corazones, entre el Maestro que, sabedor de sus debilidades, los ama y confía en ellos y ellos con sus miedos y requiebros.
Por eso Pedro le pide a Juan que averigüe quién sería el traidor.

El Señor sabe mejor que nadie qué se teje en los corazones de cada uno; conoce bien lo que está a punto de cometer Judas.
Aún así, en un gesto de infinita ternura lo convida con un pan untado, signo de cortesía y deferencia reservado para unos pocos.

Pero Judas ya estaba lejos del corazón del Señor; sólo era capaz de mirar desdichas en la Buena Noticia. El rechazo a la vida ya había echado raíces en él.
Por eso Jesús lo conmina a realizar lo que tenía planeado: vender al Dios de la Vida por unas pocas monedas.

En medio de la incomprensión de los discípulos, Judas sale a la noche con la traición y la muerte como su bandera.

El mismo Pedro, con afán amoroso pero equivocado en los medios, pretende... salvar a su Maestro. Le insiste en que morirá por Él, quiere luchar para que se salve su Salvador.

-así nosotros también caemos en esa trampa de nuestra soberbia... proteger y cuidar a quien nos dá la Vida. Sólo Él salva-

Con la misma presteza conque parece estar dispuesto a pelear por Él, Pedro ingresa también en la noche de sus miedos.
Esos miedos lo aterrorizarán al punto de negar sin vacilaciones a su Maestro.

Y los otros discípulos, frente a la acción del Sanedrín, al obrar cruel de los romanos, al espanto de la cruz, se esconderán despavoridos.

Parece que la oscuridad ha ganado demasiado terreno; los hombres le hemos abierto las puertas.

Pero en medio de esos sentimientos esquivos, desde el mismo centro de la miseria y la crueldad humanas, desde las traiciones y los miedos, la oscuridad no prevalecerá.

En esa noche, en esa cerrazón de ojos y almas, el Dios de la Vida viene tejiendo la Salvación que sus hijas e hijos no merecen... De allí su amor y su Gracia.

Por eso la noche, a pesar de lo terrible y espantoso de la cruz, ya no será noche sino madrugada de la Salvación.

Contra la lógica de fines que justifican medios, se vá entramando un sendero de Misericordia que preanuncia el día del final de la última frontera: la de la muerte)

Paz y Bien

Un perfume distinto

Lunes Santo

Para el día de hoy (29/03/10)
Evangelio según San Juan 12, 1-11

(Jesús está entre amigos.
Faltaban seis días para la Pascua; el discurrir de la Palabra vá en cuenta regresiva.

Saben que lo que está por venir es terrible; pero está ese Jesús amigo entre ellos, y nada mejor que tender la mesa y celebrar su presencia.
Está un amigo a quien amaba, Lázaro, y a quien había arrancado de las garras de la muerte.
Está Marta, sirviendo la mesa con solicitud.
Está María, que siente devoción por este Maestro y amigo que le ha devuelto a su hermano.

No era un momento fácil pues Jesús era intensamente buscado por los guardias del Templo. Y dar cobijo a un fugitivo conllevaba riesgos muy graves.
Aún así, es momento de celebrar: el amor vence al miedo más fiero.

María toma un frasco de perfume de nardo, un perfume muy costoso... Tanto que su valor representaba el salario de un año de un jornalero.
María unge con el perfume los pies del Maestro, y los seca con sus cabellos.
Allí, a sus pies, María no dice una sola palabra, sólo obra con infinita devoción: se convierte en servidora por amor, y anticipa al Maestro, quien hará lo mismo con los pies de los discípulos.

Y no sólo anticipa a Jesús en el gesto de servicio de la Última Cena; desde una fé profunda -a pesar de que sólo se había encontrado con Él algunas veces- preanuncia con su unción la Pasión y la Resurrección de Jesús.

-la Ley mosaica dictaminaba (Dt.15, 22-23) que si un hombre era encontrado culpable de un crimen pasible de pena de muerte y ejecutado colgado de un árbol, y su árbol sería la cruz romana, debía considerarse como una maldición divina, y todo el que lo tocara también sería maldito de Dios...El cuerpo Santo de Jesús sería tenido por maldito, y por ser ejecutado en vísperas del Sábado, tampoco podía ser ungido como estaba prescripto para los muertos de Israel-

Unas mujeres irían el domingo siguiente a su muerte, por la mañana, para ungir el cuerpo del Señor amado. No podrían hacerlo.
Encontrarían una tumba vacía.

María desde la fé, con la unción de los pies anticipa con su gesto amoroso las primicias de la Pasión y la Resurrección.

Y Judas, que había compartido diariamente su vida con el Maestro durante tres años, suelta una crítica despiadada: con acento de desprecio, dictamina que la unción es un desperdicio. Bien podría haberse vendido el perfume y dar el dinero de la venta a los pobres.

Judas también anticipa su traición: estuvo a diario tres años con Jesús pero su corazón ni por asomo se le acercaba.
Tenía la ceguera que le provocaba la devoción a sus propias ideas, esclavo de su ideología; era incapaz de ver ni aceptar el amor.
Seguramente no tenía demasiado interés en los pobres tanto como en erigirse juez y controlador de acciones ajenas.

Nos cuenta Evangelista que al momento de la unción "la casa se impregnó con la fragancia del perfume"...
Es un perfume nuevo, el perfume del amor, el aroma de la Gracia.

Es el perfume que invade todo lugar en donde coinciden la devoción a Dios y el amor a los pobres. Es el mismo amor, es la gratuidad de la donación que se expresa desde la unción de los pies como servicio hasta la entrega generosa de la propia vida.

Quiera Dios afinarnos el olfato y el corazón.)

Paz y Bien



La voz de las piedras


Domingo de Ramos

Para el día de hoy (28/03/10)
Evangelio según San Lucas 19, 28-40

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 22, 14-26,56

(Los poderosos celebran victorias militares -celebraciones de guerras ganadas- con desfiles imponentes.
Batallón tras batallón desfilan marcialmente, aclamados por la multitud.
Seguramente, el rey y sus generales van montados en imponentes corceles lujosamente enjaezados: es el poder que se exhibe y se impone.

Jesús ingresa a la Jerusalem sagrada sin ejércitos que lo custodien, acompañado por un puñado de amigos que al menor atisbo de peligro correrán a esconderse, y no lo hace con una monta lujosa.
Ingresa como rey montado en un burrito, en un pequeño asno que no le pertenece, que le ha sido prestado.

El pueblo lo presiente, y le rinde honores reales alabando a Dios por el Mesías que llega.
Varias de esas voces que lo aclaman jubilosas, en muy poco tiempo se desgañitarán pidiendo su muerte.

-a veces nos pasa: aclamamos cuando nos vá bien, pero elegimos el castigo al otro en quien Jesús vive cuando las cosas nos salen mal-

Es un rey, pero evidentemente no es de este mundo.
Pobre de toda pobreza, no tiene montura, no tiene capa, espada ni corona, sus ejércitos están compuestos por pobres y despreciados, su corte real la forman pescadores y recaudadores de impuestos conversos.

Sabe bien lo que le espera, conoce el odio de sus enemigos y la voracidad de la cruz.
Aún así no combate, más la victoria definitiva será suya y de su Padre.
Le dicen blasfemo, subversivo, idólatra, endemoniado, lo tildan de peligroso para el pueblo y para la nación... y Él contesta con palabras de amor.

Es en sí mismo un mensaje de Vida y Salvación, y hay que proclamarlo con gritos de misericordia hechos manos para los hermanos dispersos.

Es tan fuerte su amor, que la creación misma canta su gloria.
Si nosotros hacemos silencio y nos callamos, las piedras elevarán su voz a los cuatro puntos cardinales.

La Buena Noticia de que Dios nos ama para siempre no puede ni debe callarse)

Paz y Bien

Conviene que muera uno solo por el pueblo

Para el día de hoy (27/03/10)
Evangelio según San Juan 11, 45-56

(El hecho de que Jesús había regresado a la vida a su amigo Lázaro fué determinante en dos sentidos.
A causa de ello, muchos creyeron en Él.
A causa de ello, el Sanedrín desata su odio, que no estaba exento de temor... Temor a la pérdida de prestigio, temor a la pérdida de poder económico, social y religioso, temor a las posibles represalias del Imperio.

Como siempre en estos casos, se esgrime un argumento falaz: hay que detener a Jesús porque si nó cada vez más gente creería en Él y se desataría la furia de los romanos. La conducta del Maestro, según estos nefastos sofismas, pondría en gravísimo riesgo al Templo y a la nación judía.

La mansedumbre y las enseñanzas de Jesús cuestionaban directamente la opresión del Imperio Romano y la opresión que el Sanedrín ejercía sobre el pueblo.
Porque el amor, para los poderosos, es una amenaza.

El Sumo Sacerdote en ejercicio en esos momentos, Caifás, declara en la misma sintonía que sus pares: -Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?-

Así se sella la decisión de matar a Jesús, bajo el pretexto de preservar la Ley, el Templo, el pueblo y la nación...
Y de ese mismo modo, queda absolutamente descalificados la ley, el Templo y el pueblo ya no será el mismo que ellos sojuzgaban.

Maravillas de un Dios Misericordioso que hace brotar lo bueno hasta de los momentos de espanto: por eso el mismo Caifás -sin quererlo, pero desde su estatus sacerdotal- profetizará que Jesús no sólo moriría por el pueblo y la nación, sino que lo haría para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Es el tiempo de la Gracia: el Maestro ha venido a reunir en un sólo pueblo nuevo a las hijas e hijos de Dios dispersos por el mundo y por el pecado.
El nuevo templo será su cuerpo, derribado por la muerte y reconstruído en su Resurrección.

Desde ese momento, Jesús debe pasar a la clandestinidad en una ciudad cercana al desierto, Efraín. Pero no se esconde forzado por el acoso de escribas y fariseos.

El mal jamás puede forzar ni modificar los tiempos de la Gracia.

Se queda con sus amigos en esa ciudad fronteriza porque su tiempo aún no se había cumplido: el Maestro, siervo y obediente hasta el fin, se entregará en manos de sus enemigos cuando las horas estén maduras.

Un sólo hombre morirá por el pueblo.
Si el grano de trigo nno cae, no florece el trigal y no habrá pan para el pueblo naciente)

Paz y Bien




Al otro lado del río

Para el día de hoy (26/03/10)
Evangelio según San Juan 10, 31-42

(La brecha se vá ahondando cada vez más, y la cuerda se tensa hasta el límite de ruptura.

Hasta poco tiempo atrás buscaban arrestar a Jesús por las obras que hacía -curar enfermos, liberar demonios en sábado-... Ahora aumenta la amenaza: es acusado de blasfemo por hacerse Él -para ellos, un hombre y para colmo, un mísero galileo- igual a Dios.
La pena por blasfemia era la lapidación, es decir, le arrojarían piedras hasta que muriera.

La misma acusación sería la que estos guardianes de la religión llevarían con su odio reconcentrado y su concienzuda soberbia ante el procurador romano, Poncio Pilatos.

Aún cuando las piedras ya queman las manos de sus acusadores, Jesús baja a su mismo plano: desde las Escrituras trata de hacerlos entrar en razones, en un ámbito de fé. Les suplica que aunque no crean en Él, crean en la bondad de Dios expresada en las obras que ha hecho.

No les importa.
Están decididos a matar al Maestro en nombre de Dios.

Nada de esto nos es ajeno; muchas atrocidades se comenten por dedicados defensores de moral y religión. Es dable pensar que lo hacen en nombre de un dios que han fraguado a imagen y semejanza de su soberbia.

Ellos han cerrado todas las puertas, no hay posibilidad de diálogo a pesar de las súplicas de Jesús.
Por eso, aunque las piedras estén a punto de lanzarse, Él pasa en medio de ellos, se les escapa de las manos.
No hay que engañarse: no se escapa porque sea ágil ni diestro en fugas, sino porque su hora aún no había llegado.
Nadie hubiera podido tocar uno solo de sus cabellos si Él no lo hubiera permitido.

Él escapa de sus manos cargadas de odio, y deja esa ciudad que pretende ser santa...
Cruza el río, anticipando el cruce de la muerte a la vida.
Cruza el Jordán y se instala en el mismo lugar en donde bautizaba y enseñaba Juan el Bautista.

Es el mensaje silencioso del Maestro: todo conduce a Él, la Ley y los profetas -y muy especialmente Juan- son afluentes del río de vida que brota de su persona.

Hay que animarse a cruzar con Él esos ríos de desprecio, de fanatismo, de muerte... Y pasar a la otra orilla de la Vida y la Resurrección)

Paz y Bien

Día de bodas, anuncio del fin de los imposibles

Solemnidad de la Anunciación del Señor

Para el día de hoy (25/03/10)

Evangelio según San Lucas 1, 26-38

(Era una muchacha desconocida de ascendencia real que vivía semioculta en la ignota Nazareth.

De tan pequeña, era preciso que el Evangelista rescatara para la historia su nombre, conocido quizás sólo por Dios.

María.

El Dios del Universo, el Todopoderoso se inclina ante la pequeñez y fragilidad de esa muchacha.
Y como si fuera poco, le pide permiso...

María no teme: ante el saludo del Mensajero se siente confundida porque quizás no entiende, pero aún así confía.

El Mensajero no atropella: trae el mensaje del Altísimo -¡Alégrate, llena de Gracia!
Es el comienzo de un tiempo nuevo, es el retorno definitivo de la alegría plena, es la llegada de la Gracia, de lo dado gratuitamente por pura bondad.

En mensaje supera lo increíble: Ella será madre de un Niño Santo, de un Niño que será la Salvación esperada por siglos, de un Niño que será rey, de un Niño cuyo Reino no tendrá fin.

María abre su corazón, revela sus deseos, muestra sus limitaciones...
Pero no hay nada en ella que obste a esa ternura indecible del Dios en el que cree, ni su alma, ni sus miedos, ni su mente.

Todo en ella está disponible para ese Dios... que se pone a su disposición.

El universo entero, la creación toda, la humanidad en toda su historia contuvo el aliento.
La Vida había sido puesta en manos de esa mujer pequeñísima.

Pero Ella nunca defrauda, ni a su Dios ni a nosotros sus hijos. Sabe que nada es imposible para Dios:

-Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según has dicho-

Con ese Sí!, María inaugura las bodas de Dios con la humanidad.
Ella será la Madre de ese Hijo que es Dios, y que rescatará a sus hermanas y hermanos de la esclavitud del pecado, enseñando, muriendo y resucitando.

El Anuncio del Mensajero y la respuesta confiada de María inauguran los tiempos de Dios y el hombre, una alianza nueva que no podrá quebrarse.

Dios se ha inclinado y le pide permiso a sus criaturas, a nosotros.
Y de nuestra respuesta -eso que llamamos fé- depende que sucedan los milagros.

El "no se puede" vá camino del olvido, es el tiempo nuevo de Buenas Noticias: ya no habrá más imposibles.

Dios con nosotros, Dios entre nosotros por el Sí fértil de esa Mujer)

Paz y Bien

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, a 30 años de su martirio


Sucedió en la capilla de Hospitalito, en la celebración de la Eucaristía.

No podía ser de otro modo: al igual que su Maestro, Oscar Arnulfo Romero y Galdamez - arzobispo de San Salvador- en el Ofertorio ofrendaba su vida por sus amigos, por su amado pueblo salvadoreño.

Era un 24 de marzo de 1980 -para nosotros los argentinos, los días 24 de marzo tienen también un significado muy especial-.

Es preciso resistir la inveterada tentación de quedarse en lo luctuoso, en la acentuación del crimen.
Aún con la tristeza y el espanto que puedan asaltarnos, debemos recuperarnos en la esperanza que germina desde un amor tan grande.
Con nuestros hermanos salvadoreños, con los hermanos de esta Patria Grande latinoamericana y con toda la Iglesia, agradecemos a Dios la gracia de su voz de profeta que nos anima a no cejar jamás en la mansa búsqueda de la justicia, en la edificación de la paz y en descubrir el rostro de Cristo que resplandece en los más pobres.

El padre obispo Romero ha sido, es y será una Gracia de Dios para todos nosotros.

En este día de recuerdo y gratitud, mucho mejor que esta torpes palabras es una poesía de Dom Pedro Casaldáliga

Paz y Bien

Ricardo


San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro

El ángel del Señor anunció en la víspera...

El corazón de El Salvador marcaba
24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!

El ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.

¡Y se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!

Estamos otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

Como Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa...!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).

Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.

Como un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!

Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares...
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!

Dom Pedro Casaldáliga, cmf
Obispo Emérito de Sao Félix de Araguaia, Brasil


fuente: Koinonía

1976 - 24 de marzo - 2010: perdón y reconciliación desde la verdad y la memoria

No son válidas las apologías y mucho menos, los panfletos condenatorios.

Hacia fines de 1975 y comienzos de 1976, en esta Casa Común que se nos ha regalado y que llamamos Patria, se había instalado la violencia como expresión política corriente.

Para sectores de diversos signos ideológicos, las vidas humanas eran sólo fichas con las cuales jugar a una ruleta demencial de poder, y parecía que la brutalidad de las armas se había instalado en la cotidianeidad.

Pero además del obrar nefasto de todos estos predicadores de la muerte, el 24 de marzo de 1976 sucedió lo peor.

El terror se volvió cuestión de Estado.

Secuestros y torturas en la orden del día.
Encarcelamiento por tiempo indeterminado sin el debido proceso y sin derecho a la defensa en juicio.
Campos clandestinos de detenidos que harían morir de envidia a más de un devoto hitleriano.
Ejecuciones sumarias que incluían arrojar a detenidos con vida al mar desde aviones en vuelo por el Atlántico.
Exacción de los bienes de los detenidos; dentro de las cosas que se apropiaban, estaban los niños de los detenidos-desaparecidos, considerados como trofeos de guerra.
Genocidio, es decir, matanza cuidadosamente planificada.

Todo bajo el eje moral del fin que justifica los medios, y desde el sofisma de salvaguardar en la Patria los valores occidentales y cristianos.

¿Cómo se expresa con las limitaciones propias y en escasas líneas tanto dolor, tanto espanto?
Es una herida de tristeza que se magnifica por la aquiescencia tácita o, peor aún, expresa de muchos hermanos nuestros.

Así como el fin justifica los medios está bien lejos de las enseñanzas del Maestro, también es mandato de Jesús el perdón y la reconciliación.

El perdón y la reconciliación van de la mano con la memoria y la verdad.

Quiera el Espíritu auxiliarnos en esta tarea de construir un frondoso árbol de paz y justicia, en donde puedan cobijarse todos, hijas e hijos de estas tierras, sin distinción ni condiciones.

Así lo creemos quienes sostenemos como principio y como destino el Reino de Dios.

Es un día de silencio y reflexión.

Que Dios en su infinita misericordia nos perdone y nos haga reencontrar

Paz y Bien

Ricardo

Una Palabra que libera

Para el día de hoy (24/03/10)
Evangelio según San Juan 8, 31-42

(Suele suceder que la pregunta planteada es errónea y falaz: no se trata tanto de ser libres de qué sino más bien de inquirir/se el libres para qué...

La auténtica liberación es el paso de la servidumbre al servicio.

Se podrán esgrimir muchas excusas, declamar justificaciones -praxis de izquierdas, pertenezco a la Iglesia, soy hijo de Abrahám, no soy esclavo de nada ni nadie-.

Pero la libertad comienza por la disipación de toda tiniebla que tiende su cerco al corazón e impide que vaya creciéndose como árbol frutal la Palabra de Dios.

Las tinieblas de muerte -que son producto de eso que llamamos pecado- ceden su cerco de modo inmediato cuando surge con toda su fuerza la luz de la Verdad.

Y la Verdad es que no somos Mesías ni Maestros, ni amos ni esclavos: somo hijas e hijos de un Dios que nos ama hasta las últimas consecuencias, y que de un modo maravilloso -con nuestras miserias y ruindades- cree en nosotros. Por ese mismo amor somos llamados a ser discípulos de Jesús, hermano y Señor nuestro.

No se trata de la acumulación de méritos ni de esa soberbia disfrazada que impetra lo que uno puede hacer por Dios -o por Cristo, o por la verdad, o por la Iglesia-... Se trata ante todo de redescubrir cuales son las maravillas que Dios hace por nosotros cada día de nuestras vidas.

Y cantarlo sin miedo, como lo canto María.

Esa es la libertad de los hijos: la libertad regalada -¡Gracia!- por Dios, Padre y Madre, a través de su Hijo que nunca dejará de llevarnos de la mano)

Paz y Bien



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