Para el día de hoy (06/02/10)
Evangelio según San Marcos 6, 30-34
(Ayer, la Palabra nos adentraba en el misterio de dolor de una cena de corrupción y espanto en donde se decide la muerte de Juan el Bautista.
Pero hoy, la contraposición avasalla toda tiniebla con la sencillez de la luz.
Volvían los discípulos de la misión que les había sido encomendada por el Señor: tenían mucho por contarle acerca de lo que habían hecho y de lo que habían enseñado. Y aunque estaban ansiosos por relatarle todas estas cosas, Jesús no está sólo interesado en los resultados de la misión: le preocupa tanto como aquello el bien de sus misioneros.
Dado que adonde Él iba lo seguían multitudes, sube a una barca y se lleva a sus amigos a un lugar apartado para que descansen, coman y en la tranquilidad reflexionen.
Ni modo.
La multitud, al ver que Jesús se sube a una barca, lo van siguiendo a pié desde todos lados por la orilla del lago.
Y el Maestro se compadece, porque esas gentes estaban hambrientas y a la deriva, ovejas sin pastor. Por eso olvida descanso y hambre y se pone a enseñarles muchas cosas.
Jesús ansiaba estar junto a sus amigos, pero antepone la necesidad de la gente a la propia.
La Palabra nos lo dice claramente: se puso a enseñarles muchas cosas...
¿Pero cómo enseña Jesús?
No se comporta como escribas y fariseos, que transmiten doctrina invocando la autoridad de otros. Él no. Él tiene la autoridad del Espíritu y la autoridad profunda que nace de sus vivencias del Padre. Él enseña desde Su Corazón.
Por eso no transmite doctrinas, sino que comunica una Buena Noticia: Dios nos quiere y es Amor Eterno e Infinito. ¡Abbá! ¡Dios es Padre y Madre!
Y no se ciñe a la acción discursiva, a una pedagogía de tipo académica atada exclusivamente a las palabras.
Él es la Palabra.
Por eso su enseñanza tiene por raíz su corazón desbordante de bondad, que se traduce en palabras, en presencia, en gestos y en señales -signos-, y no se circunscribe a un lugar preestablecido.
Enseña sanando a los enfermos, restituyendo a los excluídos, hablando con las mujeres, poniendo su preferencia en los niños y en los pobres, sentándose a la mesa con los despreciados.
Puede ser en cualquier lugar: en la sinagoga, en una barca, a orillas del mar, en una barca, a la vera del camino, en un trigal, en los atrios del Templo, en un monte, en la mesa familiar, en un huerto, en su cruz...
Y sus Palabras traen luz: afiladas como la espada para algunos corazones mezquinos, invitan a separar lo que perece de lo eterno, a discriminar lo que vive de lo que lleva a la muerte, a descubrir el tesoro escondido del Reino, a conducir la mente y el alma a la verdad desde parábolas sencillas, que nacen de las vivencias mismas de sus discípulas y discípulos, actuando proféticamente cuando denuncia todo lo que oprime a las hijas e hijos de Dios y ofende al Padre de todos, sosteniendo a los desanimados, alejando todo temor que paraliza.
Quiera su Espíritu iluminarnos y volvernos sencillos para anunciar y contruir este Reino que se nos regala de puro amor, con total gratuidad, con las palabras, con los gestos y con los hechos como Jesús, hermano, Maestro y Señor nuestro.)
Paz y Bien
De cómo enseña Jesús
El desconcierto de la corrupción y el poder
Para el día de hoy (05/02/10)
Evangelio según San Marcos 6, 14-29
(Herodes no era un rey con todo lo que el título implica; era tetrarca de Galilea, a la que gobernaba a su antojo y capricho, pero estaba subordinado a las órdenes del Imperio Romano.
Su poder se sustentaba en los dictados de Roma.
Aún así, este reyezuelo tenía un apetito voraz por el poder, hacía y deshacía cuanto quería y no rendía cuentas a nadie, siempre y cuando diera el debido tributo a sus amos.
Nos dice la Palabra que Herodes a la vez lo aborrecía y le tenía temor; la voz de Juan era diáfana e incuestionable -pues es imposible escindir el mensaje del mensajero que lo porta-
Y el mensaje de Juan es ético, es ser-en-el-mundo de acuerdo a Dios, preparando el camino de Aquél que el pueblo esperaba, abriendo el sendero y los oídos para la Buena Noticia.
Herodes estaba también estupefacto, y no es para menos: es el desconcierto de quien, creyendo sólo en sí mismo y en su poder omnímodo y desmedido, no puede ni quiere aceptar ni entender la irrupción de Dios en la historia del hombre.
En una cena, en el cumpleaños del mismo tetrarca, estando reunidos magnates, tribunos romanos y notables de Galilea, se decide impunemente la muerte de Juan.
Pensar que se trata sólo de que Herodes no quería romper la palabra que había empeñado con la hija de Herodías es minimizar el hecho, es reducir el espanto a una anécdota menor.
Es cena de poderosos, es orgía de impunidad, es exhaltación del erotismo -representado en una danza- en desmedro del amor, es justificar por el "que dirán" la supresión de quien es molesto y peligroso, sin ningún derecho a proceso ni a defensa.
La espada que decapita a Juan es símbolo de quienes cortan toda posibilidad de conversión, y de vivir de acuerdo al Dios de la justicia y el derecho...
El Dios que es la justicia y el derecho porque es Amor.
Y el desconcierto herodiano -y de sus sucesores de aquél y de éste entonces- es mayor aún con el Maestro.
Sus súbditos esperaban un Mesías glorioso y guerrero que liberara al pueblo de Israel de la opresión de todos sus enemigos.
Y este galileo no encajaba en ninguno de sus moldes, y sin embargo... era igual o más peligroso que Juan.
De su Palabra surgía como un torrente la liberación y la vida.
Hay que examinarse corazón adentro; la entereza y la fidelidad de Juan no deben sernos ajenas, su voz clara y precisa llamando a la vida y a la conversión no debe silenciarse.
Hay que ir abriendo caminos para la vida de la Gracia, aún cuando implique nutridos peligros, injusticias y hasta la muerte misma.
El que viene con Palabras de Vida Eterna, bien lo vale)
Paz y Bien
Fundamentos de la misión
Para el día de hoy (04/02/10)
Evangelio según San Marcos 6, 7-13
(El -Vayan- del Maestro debería ser motivo de reflexión constante.
Ese vayan significa -más allá de la obviedad- que es distinto al esperar que vengan los hermanos mientras nos instalamos cómodamente en nuestros lugares: Dios ha salido al encuentro del hombre en Jesús, hermano y Señor nuestro e invita a sus discípulos -a nosotros- a hacer lo mismo que Él, a ir al encuentro del otro, a no esperar, a salir de nosotros mismos.
Es lo que llamamos misión, y nos ha quedado marcada el alma con su mandato desde el mismo Bautismo.
Y la misión ha de tener como fundamentos esenciales el ir sin nada, confiando en la Providencia de Aquél que nos envía y en la solidaridad de quien nos recibe, formando comunidad; no hay que preocuparse por la comida, es más, hay que sentarse a la misma mesa de quien recibe al misionero, al igual que el Maestro gustaba celebrar la vida con quienes les anunciaba la Buena Noticia; aceptar la hospitalidad que se nos brinde, pues no se trata de ir boyando de un lado hacia otro, sino compartir los días, los trabajos, penas y alegrías de quienes somos enviados.
El Maestro asume para sí el anunciar la Buena Nueva a los pobres, la liberación de los oprimidos, la redención de los cautivos, la salud de los enfermos.
Es año de Gracia y Misericordia, es año de jubileo, es tiempo de júbilo para toda la humanidad, es tiempo de Dios con nosotros.
No es poca cosa... y no es tampoco cuestión de irnos lejos -que es una vocación muy especial-: nuestra misión comienza en el hogar y continúa con los que tenemos más cerca.
Habría que pensar como asumimos nosotros esa misión, tan claramente como la asumió Jesús, sin falacias torpes ni sofismas elaborados que la desdibujen, y con los cuales pretendemos cambiar el sentido real de nuestro mandato, para nuestra conveniencia
Llevamos en nuestras vasijas de barro este tesoro de Buenas Noticias, liberación y salud con el poder del Amor de Dios.
Nada más nos hace falta)
Paz Y Bien
Tekton

Para el día de hoy (03/02/10)
Evangelio según San Marcos 6, 1-6
(Son nocivos y peligrosos los preconceptos.
Cierran mentes y corazones a todo lo que no se adapte al molde que propugnan, y no sólo eso: suelen desembocar en rechazos terminantes, en injurias y hasta en violencia.
El Maestro había regresado a su patria nazarena y enseñaba en la sinagoga; y sus paisanos, si bien estaban admirados de sus palabras -pues no hablaba como los escribas y fariseos, tenía autoridad- eran incapaces de aceptar que en ese Jesús que tan bien conocían había algo más, algo misterioso, algo divino.
Esperaban un Mesías glorioso, vengador de Israel, un Rey guerrero que pleno de poder liberara al pueblo elegido de la bota romana.
Les resultaba intolerable que ése tekton -artesano hábil en la carpintería y la construcción- que se había criado entre ellos y que tan bien conocían a su familia, fuera el Salvador que esperaban.
Este tekton que traía un mensaje nuevo de Dios, y que se presentaba a sí mismo como su Hijo los escandalizaba.
Es una conducta que a través de los siglos se ha repetido, y continúa al día de hoy.
Es pretender adaptar a Dios a nuestros esquemas; es no reconocerlo pobre, humilde, trabajador, servidor de todos, un Dios de manos encallecidas del trabajo en Nazareth.
Y el Salvador que confesamos, el tekton de Nazareth, es ese mismo Cristo, nuestro hermano y nuestro Dios, que se pone a trabajar nuestra dura madera cordial....
Un Dios que pasa por en medio del fasto y los palacios.
Un rey del universo cuyo trono ha estado en los brazos de su Madre, cuyo poder infinito reside en su amor, cuya corte se compone de los despreciados e indeseables de aquél y éste mundo, cuyos nobles son los que más capaces han sido de dar/se gratuitamente por Él, y que llamamos usualmente santos.
Un Dios pobre y sencillo, un Redentor que se hace uno de nosotros, un Salvador que aprende el oficio del buen José y que tiene la misma mirada de su Madre.
Quiera el Espíritu que nos sigamos maravillando de nuestro Dios carpintero, y que Él vaya tallando laboriosamente la dura madera de nuestro corazón.
Que nos transformemos por Su Mano en mesa grande en donde los hermanos se reúnan y compartan la vida y el pan)
Paz y Bien
Presentación o representación
Presentación del Señor
Para el día de hoy (02/02/10)
Evangelio según San Lucas 2, 22-40
(Observemos y miremos en silencio la escena de la Palabra para el día de hoy: es un joven matrimonio de campesinos galileos que se dirigen al Templo de Jerusalem con su pequeño hijo para dar cumplimiento a lo prescripto por la Ley mosaica, es decir, Korban Iodelet -sacrificio ofrecido por la purificación de la parturienta, María- y Kidush Bejorot -consagración a Dios y rescate de los primogénitos de Israel, por Jesús-.
Son decididamente pobres: ofrecen un par de tórtolas o pichones -valían unas pocas monedas-, la ofrenda prevista para los que no eran pudientes.
Y a ellos tres -ignoto grupo de galileos, insignificante, que se desdibujaba en la multitud habitual del Templo- se le presenta un anciano, y toma al bebé en su brazos; acunándolo, lo bendice y comienza a decir cosas extrañas de ese niño.
Sus padres estaban admirados.
El anciano Simeón alaba a su Dios: en ese Niño ha encontrado la salvación que esperó confiado toda una vida. Y más aún: ese Niño será causa de elevación y caída para muchos en Israel, y a su madre una espada filosa le atravesará el corazón, dejando al descubierto que cosas crecen en las almas de muchos.
Con la bendición de Simeón flotando en el aire y sin poder salir de su asombro y admiración, surge ante su presencia una anciana llamada Ana, de ochenta y cuatro años de edad, profetisa y servidora de Dios con ayunos y oraciones; esta anawin del Yaveh pertenece a la tribu de Aser -una de las más pequeñas tribus, cuyo significado es "Felicidad"- y es hija de Fanuel -que significa "rostro de Dios"-. Esta abuela descubre al niño con sus padres y no puede callarse: alaba a Dios y cuenta acerca de la presencia de ese Niño a todo aquel que espera la Redención.
Hasta aquí, los hechos.
Ante todo, lo obvio que podemos pasar de largo: es Jesús -en brazos de su Madre- quien se presenta, quien vá al encuentro de quienes lo esperan, y no tanto un Jesús que es posible encontrar por los méritos de quienes lo busquen.
Es año de Gracia y Misericordia.
Es Jesús quien se hace presencia, y los ojos capaces de verlo y descubrirlo son los de aquellos que esperan siempre, confiados en el Dios que siempre cumple sus promesas; y lo pueden ver también los que hacen de su vida ofrenda y oración.
Y cuando se lo descubre en ese Niño pobre y frágil con su Madre, surge la alabanza y el renacer.
Porque siempre hay tiempo de convertirse, aún cuando parezca que la vida llega a su fin.
Queda el preguntarnos si en verdad en nuestras palabras y con nuestra vida presentamos a ese Dios que se hace Niño para la salvación... o bien sólo efectuamos una representación de un dios que solemos inventarnos para nuestra conveniencia, cómodo, sin filo, a la medida, poderoso y encerrado en el fasto de algunos altares.
Dios se hace presente en nuestras vidas... cantemos la alegría de la liberación con Ana y Simeón)
Paz y Bien
El hombre de Gerasa
(Un pequeño añadido: este grupo, Ain Karem, está formado por siete Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna y una joven seglar. Nacen en el 2000 con la misión de anunciar la Buena Noticia a través de la música y el arte. Por experiencia personal, recomiendo que traten conocer su obra, es magnífica tanto para disfrutar su escucha como para lograr momentos profundos de oración y reflexión. Sé que es difícil, pero en la medida de las posibilidades de cada uno, encarezco adquieran sus discos, pues es una obra que merece ser difundida y apoyada. Paz y Bien. Ricardo)EL HOMBRE DE GERASA
Fuera de la ciudad
excluído por la idea de una culpa
quiero morir.
No puedo con el juicio y el rechazo de mi pueblo
me siento lejos...
Pero entonces tu mirada
tu presencia
tu Palabra
acercan a mí tu Gracia.
No te asusta mi apariencia
no te aleja mi locura
desdeñas mi violencia
y me hablas con ternura
¿Quien te habita?
-Legión-
¿Que deseas?
-¡Vivir!
¡¡¡Queda libre!!!
El corazón me lo ha dicho: ¡Es el Señor!
Quien me ha devuelto a la vida
Quien me ha hecho humanidad
me ha librado del temor
y me asocia a su misión.
-Vuelve a tu casa, mi amigo, ya estás sano
Dí a los tuyos en mi Nombre
Que mi amor restaura, levanta
Que sólo mi Amor alumbra la Vida Nueva
Que mi Reino está muy cerca
¿Quien te habita?
-Legión-
¿Que deseas?
-¡Vivir!
¡¡¡Queda libre!!!
Ain Karem
aquí se lo puede escuchar:
Liberación que es humanización
Para el día de hoy (01/02/10)
Evangelio según San Marcos 5, 1-20
(La opresión y la esclavitud nacen, ante todo, del corazón humano.
No se trata, es claro, de convalidar o desechar herramientas de análisis, ni de abandonar reflexiones sociales e histórico-políticas.
Pero la raíz está allí mismo, en el egoísmo y la soberbia que anidan en las almas.
Y el Maestro conoce ante todo qué cosas se nos entrelazan en nuestro interior.
Volviendo de Cafarnaúm, desembarca en Gerasa, una de las diez ciudades de la Decápolis que los judíos que regresaban del exilio en Babilonia habían erigido en tierra de gentiles.
Y al momento de poner su pié en tierra, este hombre endemoniado le sale al encuentro.
Estaba excluído de toda vida social y religiosa: la estricta observancia de la Ley mosaica lo consideraba impuro, indigno de pertenecer al pueblo Elegido, y también que su alma alienada era la consecuencia de sus pecados.
- y qué dureza hay en esas gentes, rigurosas en atenerse a la letra de la Ley pero incapaces de ninguna compasión-
Sin familia, agobiado por la culpa que le endilgaban, condenado a la soledad perpetua, sin poder dormir, sin hogar y con la posibilidad única de vivir...en un cementerio.
Sólo quería morir; vivía contínuamente lastimándose y no lo lograba. Su agonía crecía y parecía no terminarse nunca.
El mal que lo poseía lo alienaba, le impedía ser dueño de sí mismo, lo oprimía y lo maltrataba.
En la palabra de Dios nada es casual, más bien es causal: por eso el Evangelista asocia el sufrimiento de este gerasino a palabras tales como cementerio, cerdos, legión, es decir, a la muerte, a la impureza que impider ver a Dios y al poder que corrompe y pisotea a los más débiles e indefensos.
El hombre no tenía nada que perder; y, asombrosamente, lo reclama a los gritos, pero se postra a sus pies.
De quien menos se piensa, es de donde surge la verdadera adoración, la verdadera alabanza.
Y el poder del mal ante la sola presencia del Maestro, se desmorona con mayor rapidez que un castillo de naipes. Nada se le resiste a la Palabra cuando actúa.
El Señor ordena a esos demonios liberar a su hermano, y les permite refugiarse en una piara de 2000 animales. Cuando sucede, los cerdos se precipitan en masa al mar.
Se corre la voz, y comienza a afluir la gente al enterarse de lo sucedido: encuentran a Jesús con el hombre ya sentado, vestido y en su sano juicio, dueño de sí mismo.
Entonces, los dueños de los cerdos desbarrancados le ruegan que se vaya de la región; sin dudas, perder tal cantidad de animales ha sido un golpe económico muy duro... Es la misma dureza que excluye al enfermo o al distinto: no hay bienes suficientes en este mundo que valgan más que una sola vida, y ni ellos ni nosotros lo hemos aprendido.
El gerasino vuelto a la vida, regresado a la salud por Jesús, quiere irse con Él. Pero el Maestro lo envía de regreso a su hogar, para que cuente a los suyos todo lo que Dios ha hecho por él.
El endemoniado gerasino ha sido liberado; a vuelto a ser humano en plenitud, y tiene una misión -que es la nuestra-: contar a los demás que Dios es compasivo y misericordioso.
Que el Espíritu del Resucitado nos enderece y nos libere de todos los demonios que nos encierran en el egoísmo y en nuestras ideas.
Dios es Amor, y ello significa que busca nuestra humanización, nuestro bien por su Gracia, por la gratuidad de su misericordia, y no por nuestros méritos.
Y que sepamos reconocer cuando Él se hace presente en las crisis que nos agobian y encadenan. Ese mismo sentimiento es el que deberíamos llevar a todas partes, eso que llamamos Evangelización)
Paz y Bien
El hijo de José
Para el día de hoy (31/01/10)
Evangelio según San Lucas 4, 21-30
(Los ojos de sus paisanos, que hasta hace pocos instantes estaban fijos en Él, fijos de asombro y admiración, se tornan rápidamente en ojos rojos de ira.
Por una parte, deliberadamente había omitido y cortado en seco el texto del profeta Isaías que leía desde los rollos que le entregaron, y que asumía como profecía acerca de Él mismo: Jesús termina la cita con "proclamar un año de Gracia del Señor" y no menciona el versículo que sigue, "...y un día de venganza de nuestro Dios...".
Al hacer esto, se volvía a la mirada de los nazarenos un blasfemo en el sentido primordial del término, es decir, que injuria o habla mal de Dios.
Es claro: Él habla del Dios al que conoce personalmente, su propio Padre; no relata ni narra acerca de ideas de un Dios, ideas de otros.
Lo suyo es enteramente personal, y vá prefigurando la violencia que luego se intentará contra su persona: ¿acaso no es violencia considerar blasfemo -es decir, que habla mal de Dios- a este galileo que habla tan bien de Él, de un modo tan distinto y especial?
No era lo único: este hombre que conocían bien de cerca, que se había criado entre ellos, se ponía de pié y levantaba su voz como un profeta: habla en nombre de Dios, lleva el mensaje de salvación y esperanza, despierta a las almas dormidas.
-¿Quién se cree que es éste, si todos sabemos que es el hijo de José?-
Y para colmo de males, se arroga la potestad de que las profecías que lo precedieron... apuntaban a su propia persona.
Sus paisanos se aferraban indisimuladamente a la idea que ellos se habían hecho de Dios; por eso los signos -flechas o señales que orientan los pasos a buen destino- se les hacían fines en sí mismos.
Como la fama de sanador precedía a Jesús, exigían que en sus pagos realizara lo mismo que había hecho en Cafarnaúm -expulsar demonios, curar enfermos, una niña rediviva-.
No estaban interesados en descubrir el rostro del Dios vivo; sólo rendían culto a esa idea que tenían de Dios. Ideo-latría, idolatría, adoraban esa idea divina que se habían fabricado, sin dejar espacio para nada más.
Y el Maestro, que sabe bien que cosas se tejen en los corazones, reniega abiertamente de esas posturas -la imagen habla por sí sola: el Maestro en soledad enfrentado a un grupo de hombres incapaces de ver más alla de sí mismos, una situación que sería aún más grave en los hechos de su Pasión-. Y vá más allá todavía.
Sigue en la huella de los profetas que lo precedieron, anunciando la compasión de Dios, anunciando la vida plena y denunciando todo lo que se opone a ello.
Por eso en su patria no realizará ningún milagro, quedan vedados los signos a los nazarenos, por eso les recuerda dos hechos referidos a dos profetas claves para el pueblo de Israel, Elías y Eliseo.
Elías, que revela la compasión de Dios en la persona de la viuda de Sarepta, la sidonita -todo en contra: mujer, viuda y extranjera-
Eliseo, a través de quien Dios mostrará su rostro bondadoso sanando a Naamán -otro caso similar: Naamán, comandante en jefe del ejército sirio, enemigo enconado de Israel y también, extranjero e impuro por su lepra-.
Y entonces se desata la furia de sus paisanos: a los empujones, lo llevan a las afueras del poblado para ejecutarlo.
Pero el Señor, "pasando en medio de ellos", sigue su camino...
Quizás los muros más difíciles de derribar sean los de los calabozos que se enconan alma adentro: sucede entonces la violencia, y puede sobrevenir la muerte.
Porque el amor vivido como lo vive Jesús es una amenaza.
Es imperativo desde esta Palabra de Vida y Palabra Viva pensar-nos en lo personal, en lo comunitario, y desde esta familia grande que llamamos Iglesia.
Hay que rogar incansablemente para que la voz fuerte del Maestro nos desinstale, nos conmueva -¡nos derribe!- aún cuando ello implique que se caigan las sólidas paredes de ideas de Dios que no nos permiten -y no dejamos- vivir la plenitud del Dios de la Vida.
El Maestro ha mostrado el rostro de un Dios Misericordioso que se pone abiertamente del lado de los desvalidos, de los más pequeños, de los más pobres, de los despreciados.
Es una noticia nueva.
Quiera el Dios de la Vida curarnos la ceguera de creernos propietarios de la voluntad divina, receptores exclusivos de sus favores.
Es Él quien siempre se mueve primero, el Él quien dá el primer paso; no se detiene en los méritos, todo es gratuito, todo es Gracia.
Año de Gracia y Misericordia que no tiene fin, tiempo del Espíritu en el que esta Noticia Nueva de Dios se torna en Buena.
No vaya a ser que por abroquelarnos en las ideas que nos dan comodidad y seguridad, suceda que Jesús pase en medio nuestro y siga su camino)
Paz y Bien
De tempestades, riesgos y miedos

Para el día de hoy (30/01/10)
Evangelio según San Marcos 4, 35-41
(La Palabra para el día de hoy nos narra un camino de revelación para los discípulos, esto es, no sólo para los Doce sino para nosotros mismos.
Había sido un día duro, de grandes afanes: Jesús se había pasado todo el día enseñando mediante parábolas a la multitud parado en la barca.
Al atardecer, le pide a sus discípulos -Crucemos a la otra orilla-. Ellos obedecen, y lo llevan así como está.
-Quizás a veces también, cuando se nos vá cerrando la claridad del día, es necesario detenerse y con el Maestro, pasar a la otra orilla del descanso, el reposo, el silencio, el reencuentro-
Navegando en la barca, producto de la intensa actividad, Jesús se queda dormido.
Y sobreviene un vendaval de grandes proporciones; sin embargo, el Señor sigue durmiendo tranquilamente a popa de la embarcación.
No nos confundamos: sin dudas debe haber sido una tempestad violenta, de consecuencias imprevisibles; varios de los discípulos eran pescadores avezados que no iban a ser presa fácil del pánico.
Sin embargo, cuando arrecian las olas y el agua empieza a ganar terreno dentro de la barca, hasta estos pescadores curtidos sucumben aterrados por el miedo, y despiertan a Jesús.
Y en su desesperación, suplican con angustia por sus vidas en riesgo que hasta lo reprenden a puro grito: -¿No te importa que nos ahoguemos?-
Sería razonable esperar que el Señor se despertara y pusiera en orden al caos en el que se hallaban sumidos sus amigos. Sin embargo, para Él lo que importa es la vida de sus discípulos, por eso despertándose increpa al mar, y las aguas lo obedecen.
Nada ni nadie se resiste a su Palabra.
Sobreviene una gran bonanza; ha obrado la Palabra.
Entonces el Maestro se dirige a los temblorosos discípulos: -¿Porqué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fé?-
Y ellos, asombrados en su temor, a pesar de convivir todo el día con Él, se preguntaban quien sería Ése, que hasta el mar y el viento lo obedecen...
Nosotros nos subimos a menudo en esa barca.
El mar de Galilea puede parecernos infinito o bien un pequeño lago; no obstante, siempre está la posibilidad de que sobrevenga una tempestad que nos amenace y nos peine de miedo.
Subirse a la barca del Evangelio y pasar a la orilla de la vida plena con el Señor a bordo supone sus riesgos, riesgos que pueden ser gravísimos.
Nadie está exento de ellos, ni sería humano si no sintiera miedo.
Más aún: subirse a la barca del Evangelio supone que necesariamente haya tormentas que nos desinstalen, temporales que nos quiten de las aguas tramposamente tranquilas de la comodidad y el conformismo.
Pero con nuestras limitaciones, con nuestros vasos de agua que se nos hacen mares, está siempre con nosotros Aquél a quien nadie se le resiste.
El más fuerte -¡Go'El!- el que Todo lo Puede.
Su Palabra calma toda tempestad, su Palabra es Palabra de Vida y Palabra Viva que vence al miedo y trae la gran bonanza de la Gracia.
Quiera Dios que nunca se nos seque la capacidad de asombrarnos -¡Quien es este hombre!- y de querer conocerlo más, por más avezados navegantes que nos creamos.
Y alabado sea Dios por las tormentas que nos desestabilizan y amenazan nuestras falsas calmas.)
Paz y Bien
Signos de la vida
...Sepan que no se construye una nueva sociedad, con la molicie,
la superficialidad,
el aburguesamiento de la vida,
la desorientación como sistema de vida.
Ustedes son el signo de la vida,
del camino,
del futuro,
de las cosas permanentes que hay que llevar
y de las cosas caducas que hay que dejar.
No vendan nunca el grito de rebeldía
por un plato de lentejas, ni por complicaciones anónimas...
R.P. Enrique Angelelli
Obispo y Mártir
Vá creciendo
Para el día de hoy (29/01/10)
Evangelio según San Marcos 4, 26-34
(Pujante y constante, sin detenerse jamás, el Reino vá creciendo en silencio.
Estando en vigilia o en reposo, con nuestros ojos bien abiertos o nuestra mirada cegada, vá creciendo.
En la tierra fértil de los corazones la semilla germina y vá creciendo.
Será primero un tallo incipiente.
Será luego una espiga.
Será después grano abundante, que se hará la harina del Pan Santo, abundante para todos.
Lo veamos o nó, vá creciendo.
Sin embargo, lejos de nuestras almas debe estar el ser espectadores o sujetos pasivos de este crecimiento.
Un Padre Misericordioso y Bondadoso, con una inefable gentileza, nos invita a sembrar con Él.
-¿Será parte de nuestra vocación el ser campesinos de Dios?-
El Reino, que ya está aquí y ahora entre nosotros, vá creciendo y es ante todo una cuestión de fé y una prioridad de amor.
Decidirse a ser campesinos del Padre puede que haga aún más frondoso este gran Árbol que llamamos Iglesia.
Para que tantos pájaros a la deriva encuentren cobijo en sus ramas que no se secan.
Por la Misericordia infinita de Dios)
Paz y Bien
Una lámpara que no debe ocultarse
Para el día de hoy (28/01/10)
Evangelio según San Marcos 4, 21-25
(En los lugares en que no hay energía eléctrica, a nadie se le ocurriría -en plena noche- encender una lámpara y esconderla en una caja o encendida, ponerla bajo la cama.
Lo obvio: esa lámpara encendida ha de colocarse sobre la mesa para que ilumine a la familia, al hogar.
Así es la Palabra.
El Maestro nos enseña: -Yo soy la luz del mundo-.
Su lámpara -Él mismo, Palabra encarnada- no debe estar oculta, sino que debe estar bien a la vista para que la luz beneficie a todos.
Porque cuando resplandece la luz, se disipa toda tiniebla.
Por supuesto, hay apropiadores de lámparas, a los que les conviene mantenerla oculta, escondida, encubierta, accesible para unos pocos, en la soberbia de la manipulación de la Palabra de Dios convertida en algo de carácter esotérico...
Pero la luz ha de iluminar a toda la humanidad.
Y es luz -y somos luz- cuando nos abstenemos de la mera declamación y con el Maestro, proclamamos la alegría del Reino con palabras y acciones que revelan la vida nueva y plena, la luz de Su Palabra.
Cuando con fé y amor, y con la mirada de Jesús, hacemos vida la Palabra, ahí sí: la lámpara dejará de estar escondida y por fin estará sobre la mesa, iluminando a todos.)
Paz y Bien
Del Reino escondido en las cosas de la vida diaria
Para el día de hoy (27/01/10)
Evangelio según San Marcos 4, 1-20
(Jesús no dictaba clases magistrales ni impartía lineamientos doctrinales al pueblo, a las multitudes hambrientas de vida, sedientas de liberación.
Desde sus propias vivencias de campesino y artesano galileo, iba utilizando las cosas y situaciones habituales y diarias de las personas en las parábolas para revelarles ese Reino que Él traía.
Y ese Reino no era cuestión únicamente del "más allá", sino que estaba allí, entre ellos, misteriosamente creciendo con una pujanza silenciosa.
El Reino crecía en sus días de siembra, en la espera de las lluvias, bajo el sol árido, en las preocupaciones del pan que le pondrían a sus hijos en la cena, en el rinde de las cosechas, en la fertilidad de la tierra.
Las parábolas revelaban y también rebelaban: revelaban al Reino escondido entre ellos y los rebelaba contra las nociones de Dios que se les imponían y que no vivían... Antes bien, eran nociones que oprimían y sojuzgaban sus almas, que atenazaban sus vidas.
Por ello también el Maestro les insistía con la parábola del sembrador: para que la semilla de la Palabra fructificara y se hiciera vida, ellos mismos debían descubrirse tierra fértil, generosa y confiada.
¿Y nosotros?
Cada uno en diverso grado, tiene en el corazón sus pedregales, sus arenales, sus espinas. Pero hay que confiar en la pericia del sembrador, que sabe cuál es el destino de su trabajo, y confía como los campesinos en la certidumbre de la semilla y de la tierra que ha de abrigarla.
Y eso no es todo, siempre hay más, mucho más.
Por el Maestro, tenemos a construirnos un destino de tierra fértil, pero también un camino de sembrador.
Habrá que reflexionar cuáles son las palabras que se comprenden, cuales sucesos de la vida diaria y actual utilizaremos en nuestra vocación de campesinos del Reino de los Cielos, revelando -aún cuando la realidad agobie- la presencia misteriosa y plena de Gracia y Esperanza de ese Reino que vá germinando, aquí y ahora, en medio de la humanidad)
Paz y Bien
El parentesco con Jesús

Para el día de hoy (26/01/10)
Evangelio según San Marcos 3, 31-35
(Quizás los imperativos de tribu y clan lo requerían sólo para ellos. Quizás -recordemos que decían que "estaba fuera de sí"- pensaban que debía estar circunscripto a la vida familiar nazarena.
Él estaba en Cafarnaúm, a unos 40 kilómetros de Nazareth.
Como le sucedía habitualmente, se encontraba rodeado por una multitud; y hasta la casa en donde se encontraba se apersonan sus parientes. Pero era tanta la gente que no podían pasar, así entonces que le envían un recado, y alguien le informa: -Tu madre y tus hermanos -parientes- están afuera y te buscan-.
Pero quienes lo requerían lo hacían en nombre del vínculo de sangre que los unía a Jesús.
Y el Maestro trae el Reino de Dios que es abundancia, que es siempre un más allá, que es siempre transformar lo pequeño y temporal en grande y eterno.
Por eso ensancha hasta límites insospechados eso que entendemos por familia...
No minusvalora las cuestiones de ancestros biológicos, antes bien los hace verdaderamente valiosos transformándolos en espirituales.
La familia ya no queda circunscripta a los parientes.
Ahora, los que escuchen y practiquen la Palabra son parientes suyos.
Más aún, y para que no haya dudas: quien cumpla la voluntad de Dios es su padre, su madre, su hermano, su hermana.
Nosotros, sus discípulos, tenemos esa oportunidad maravillosa.
Jesús es nuestro hermano y Señor, nuestro hijo y Señor.
Y María, que guardaba todas las cosas meditándolas en lo profundo de su alma, es Madre por partida múltiple.
Madre, por gestarlo, cuidarlo y criarlo.
Madre, por escuchar la Palabra de Dios y hacerla vida.
Madre, porque se hace Madre de todos los hermanos de Jesús, todos y cada uno de nosotros.
Quiera el Espíritu del Resucitado que esta familia crezca y crezca cada día más.
Hay una Mesa siempre dispuesta, en donde jamás faltará el Pan de Vida y el Vino de la Esperanza)
Paz y Bien
Con palabras y hechos
Para el día de hoy (25/01/10)
Evangelio según San Marcos 16, 15-18
(No hay límite físico,geográfico, temporal o cósmico.
El Señor envía a sus discípulos -a nosotros- a anunciar la Buena Noticia a toda la creación.
Nada ni nadie ha de quedar sin saberlo.
Desde una obviedad necesaria, debemos acentuar algo que es perentorio: si la noticia de Jesús no es buena para cada uno de nosotros, no hay anuncio válido.
Se transforma en transmisión de doctrina que no cambia la vida.
Por eso también, quien crea se salvará, y el que no crea se condenará.
Es decisión y consecuencia humanas, no acto punitivo de un juez severo.
Abbá Padre de Jesús y Padre Nuestro es Amor y Misericordia.
Y el anuncio de la Buena Noticia es manifestación de la Palabra que se encarna y hace vida.
Es Buena Noticia a toda la creación cuando hay coherencia entre lo que se declama y lo que se vive a diario.
Y hay promesas ciertas del Maestro de que habrá señales maravillosas, signos que a veces dirán mucho más que las propias palabras.
Se arrojarán en nombre de Jesús los demonios que atenazan las vidas y las transforman en muerte cotidiana
Se hablarán nuevas lenguas, desde la capacidad propia y en el lenguaje universal del amor, aunque el mundo exprese como lengua habitual y común la verba del dinero y la violencia.
Los venenos de la insidia, la envidia y la difamación no harán daño; nadie ni nada puede con el Espíritu de Aquél que mora en nosotros.
Se podrá desde el amor de Jesús desterrar toda enfermedad, y especialmente las dolencias producto de la exclusión y la marginación, imponiendo las manos de la fraternidad y la comunión.
Con Palabras y hechos que hablan el Maestro envía a sus discípulos.
Con Palabras y hechos concretos nos envía hoy, ahora mismo el Maestro a anunciar la Buena Noticia de la Vida plena a un mundo que sólo sabe repetir las malas noticias de lo que perecer, las malas noticias de lo efímero, las malas noticias de la muerte.)
Paz y Bien
En tiempo presente
Para el día de hoy (24/01/10)
Evangelio según San Lucas 1, 1-4; 4, 14-21
(Jesús estaba en su Nazareth; siguiendo la costumbre, el sábado se dirigió a la sinagoga del pueblo y estando allí, se puso de pié para hacer la lectura.
Le entregan el libro de Isaías, lo desenrolla, encuentra el pasaje, lo lee, lo enrolla, lo entrega y toma asiento.
Los ojos de todos los presentes estaban clavados en Él.
En ese Hombre había algo que a esos hombre piadosos atraía tanto como la Palabra que escuchaban los sábados.
Parecía que en esa mañana el reloj se hubiera detenido: esos hombres bebían por sus ojos y por sus oídos la Palabra que ese Hombre pronunciaba: algo muy adentro -quizás no lo comprendían, pero estaba allí- les decía que ese Hombre estaba íntimamente ligado a esa Palabra.
Ese Hombre era la Palabra.
Asume para sí mismo la profecía esperanzadora de Isaías, y en esa profecía está su misión, que es la nuestra.
No subvierte o reforma la Ley, no dá parámetros de doctrina, lineamientos catequéticos, normas de culto o preceptos religiosos.
El Espíritu Santo que mora en Él lo envía a llevar la Buena Noticia a los pobres, a aquellos para los que a diario toda noticia es mala, toda noticia es muerte y dolor; no porque sean mejores ni peores, ni más santos, ni más agradables... La Buena Noticia de Dios se lleva a los pobres pues son sus preferidos, sus hijas e hijos más queridos, sus hijas e hijos que sufren la injusticia.
Lo envía a proclamar la libertad a los cautivos, para regresen a casa.
Lo envía a dar la vista a los ciegos, a los que no toleran más nada en sus miradas, a los que no son capaces de ver más allá del dolor.
Lo envía a liberar a los oprimidos, a los humillados por los poderosos, a los que no aguantan más.
Lo envía un año de jubileo, año de júbilo para el pueblo: es el año de Gracia y Misericordia del Señor, un año divino que es extenso, infinito, interminable.
Como el sol con los planetas orbitando a su alrededor, nutriéndose de su luz, seguían los presentes increíblemente atentos; sin duda sabían que había algo más.
Siempre hay algo más.
Jesús toma asiento, y con la atención de todos centrada en Él, anuncia: -Esta Escritura que acaban de oír se ha cumplido hoy-
El tiempo de la espera ha terminado: todo -el pueblo fiel de Israel, la humanidad, la creación entera- se concentra en el Ungido por el Espíritu que inaugura un nuevo tiempo que no termina, un tiempo presente, el hoy de la Gracia y la Misericordia.
Es Kairós: el tiempo de Dios, tiempo distinto del tiempo de los hombres que oprimen, esclavizan, empobrecen a sus hermanos, el tiempo que es efímero y acotado al reloj y al discurrir de los días.
Ese tiempo es hoy, ahora mismo, el tiempo en que estoy escribiendo y el tiempo en el que alguien lee estas líneas.
Tiempo de Gracia y Misericordia, tiempo de Dios y tiempo nuestro.
Tiempo de Jesús que junto a Él, hacemos presente ahora en hechos concretos y eficaces que deben ser nuestro compromiso diario, y nó abstracciones, doctrinas o apologéticas bizantinas.
Tiempo de Buena Noticia para nuestros hermanas y hermanos más pobres, tiempo de liberación para los oprimidos, tiempo de redención para los que sufren, tiempo de ver para los cegados, tiempo de Gracia que es gozo y alegría, tiempo de justicia que comienza aquí y ahora en camino a la Casa grande que nos espera.)
Paz y Bien
La alegría de Jesús
como en otras ocasiones,
en la soledad de la noche junto al Padre.
Ni era el punto final de largas reflexiones
meditando a los profetas
con los gritos del pueblo preguntándole en el alma.
La alegría le llegaba hoy desde la calle,
desde sus discípulos que narraban la misión,
de la fuerza del Reino
a través de su anuncio de incipientes oradores
de pobre gramática y toscos ademanes.
El Reino atravesaba a los ignorantes
y encendía sus vidas de pequeño candil
con las mechas apagadas.
Pero el Padre escondía el misterio a los entendidos,
tan seguros de sí mismos y con sus caminos roturados
para la llegada del Mesías.
El Reino no cabía en los atrios del templo,
ni podía sujetarse a las leyes minuciosas
de mosquitos colados
ni a las fuerzas entrenadas en la clandestinidad de los celotes.
No había espacio para el Reino donde el saber sobre Dios
se creía tan dueño del misterio
que ya lo tenía reducido a rito, piedra, humo,
denario, ley y espada.
Y brotó el Reino, bajo la sombra del Espíritu,
en el no saber virginal de los sencillos de la tierra.
Al contemplarlo Jesús,
se estremeció de alegría,
y en su risa se encuentran
los excluidos de este mundo.
Benjamín González Buelta, S.J.
Estaba fuera de sí, estaba loco por el Reino de Dios
Para el día de hoy (23/01/10)
Evangelio según San Marcos 3, 20-21
(Las multitudes lo buscaban adonde quiera que fuera; se corría la voz que se encontraba en algún sitio, y allí miles iban desesperados en su búsqueda.
Es dable decir que su fama lo precedía: curaba a los enfermos, hablaba como nadie les hablaba, desafiaba a los orquestadores del opresivo desorden establecido, les hacía crecer en su corazón cosas nuevas, no rechazaba a nadie...
Era tal la afluencia de gente que Él y sus amigos no tenían ni tiempo de comer.
Pero no todos tenían iguales ansias; sus parientes -seguramente miembros de su tribu, de su clan nazareno- estaban algo más que incómodos; al enterarse ellos también de las cosas que hacía, del ardor de su celo, fueron rápidamente en su búsqueda para llevárselo.
Alegaban que era un exaltado, que estaba fuera de sí, que estaba loco.
¡Por supuesto, loado sea Dios!
El fuego del Espíritu encendía su vida de tal modo que hasta el alimento y el descanso necesarios pasaban a últimos planos; no se callaba y se negaba cualquier descanso.
Estaba fuera de sí: y ese estar enajenado no es cuestión peyorativa, es más bien una cuestión de amor, porque el amor es ante todo salir y negarse a sí mismo e ir en la búsqueda y socorro del otro.
Sin dudas, fué motivo de tristeza y dolor para el Maestro, y más aún para su Madre.
Pero la fidelidad y la confianza en Abbá todo lo pueden.
Quiera el Espíritu encendernos a cada uno de nosotros en esta locura del Reino de Dios, Gracia y Misericordia que nada pide a cambio, pura gratuidad en un mundo espantosamente racional y terriblemente lógico que a todo le pone un precio)
Paz y Bien
Llamado, comunidad y misión
Para el día de hoy (22/01/10)
Evangelio según San Marcos 3, 13-19
(Jesús subió a la montaña, y nos cuenta el Evangelista San Marcos -sin dejar lugar a dudas- que "...llamó a los que Él quiso...".
En ese subir está el símbolo del encuentro del hombre con Dios, el símbolo de la trascendencia, el símbolo inequívoco del paso de una vida acotada y estéril a la plenitud, a la subida o elevación del alma.
Más no es una cuestión genérica o abstracta: el Maestro llama a los que Él quiere, indicativo veraz de una elección personal, definida, concreta, con nombre y apellido.
Llama a su lado a Simón Pedro, a Juan y Santiago -hijos de Zebedeo-, a Andrés y Felipe, a Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago -hijo de Alfeo-, Tadeo, Simón el de Canaán y hasta el mismo que lo traicionaría, Judas Iscariote.
Pescadores, campesinos, recaudadores de impuestos, estudiosos de la Torah...
Son personas específicas, rostros y corazones únicos e irrepetibles insertos en una realidad concreta, con sus luces y sombras, con sus potencialidades y sus limitaciones, con sus fidelidades y sus traiciones.
Gentes de carne y hueso, no entelequias o sujetos idealizados.
Ese llamado es el tuyo y el mío, y nuestros nombres bien pueden reemplazar los nombres que relata el Evangelista, mujeres y hombres que responden y no hacen oídos sordos a la llamada del Maestro.
Hay un primer paso siempre dado por Dios, que sale constantemente en nuestra búsqueda: su llamado que espera pacientemente nuestra respuesta.
Luego, ese llamado sólo madura en comunidad... La vocación cristiana está íntima y definitivamente unida a la común unión.
Sin renunciar a la personalidad y a la individualidad que nos define, no se crece fuera de la unión con los hermanos.
Y más aún.
Jesús llama a los discípulos que Él quiere para que estén con Él: por ello, no hay comunidad que crezca y esté viva sino madura alrededor de Jesús...
Desde esa comunidad que tiene al Señor por centro y por destino, se nos invita a una misión tal como se les invitó y envió a los Doce: el mandato de nuestro Bautismo, de nuestra nueva vida es el anuncio de la Buena Noticia y el poder de expulsar demonios.
No es poca cosa.
Con nuestras luces y nuestras sombras, desde nuestra pequeñez y finitud, tenemos el increíble y maravilloso mandato de dar la Buena Noticia de que Dios nos quiere a un mundo para el que -habitualmente- las noticias son más que malas, horrorosas, plenas de espanto y dolor.
Y el poder que llevamos en estas vasijas de barro que somos, el de expulsar los demonios del egoísmo, de la desesperanza, del desamor, de la opresión, de la tristeza, de la miseria, del hambre, de todo dolor.
No hay lugar para el no se puede: el Maestro vá por delante.)
Paz y Bien
Devoción de multitudes
Para el día de hoy (21/01/10)
Evangelio según San Marcos 3, 7-12
(Jesús se retiraba a orillas del mar junto a los discípulos; quizás buscando un momento de tranquilidad, reposo, fraternidad y oración.
Sin embargo, le seguían los pasos un nutrido grupo de gentes de Galilea, a los que se sumaban otros tantos de diversas latitudes, Judea, Jerusalem, Idumea, Transjordania, Tiro, Sidón.
Es una multitud enterada de las cosas que hacía, y que se abigarraba junto a Él; es más, los que sufrían algún padecimiento se abalanzaban sobre Él para tocarlo, pues sanaba a muchos.
No es un dato menor el origen de estas personas: vienen de diversos pueblos, signo cierto de que las puertas del Reino se han abierto de par en par a todos los pueblos de la tierra.
Posiblemente, muchos de ellos -acaso la gran mayoría- no eran capaces de reconocerlo como Mesías, como Salvador, no tenían idea de las Escrituras, ni de la idea de conversión y sus conceptos y formación religiosas daban mucho que desear.
Posiblemente también los movía la fama de este galileo que sanaba enfermos y expulsaba demonios, y que no rechazaba a nadie.
Allí quizás está uno de los pilares de nuestra reflexión...
El Maestro seguramente conocía las falencias de la multitud; podría haberlos mandado a su casa, haberlos rechazado, podría haber iniciado un lento proceso de enseñanza personalizada para que se desprendieran de todo eso.
Pero el Señor inaugura la edad de la Misericordia y la Gracia, y nada será igual, todo es tan abundante que no es mensurable por la pura y acotada razón humana.
Por eso, le pide a sus discípulos que le preparen una barca, y desde allí se dirije a la multitud: corre el riesgo de ser atropellado, apretujado, pero también de que esa fuerza misteriosa que de Él emana y que atrae a la multitud llegue a unos pocos... y el Maestro quiere llegar a todos, buenos y malos, simples y complejos, nadie debe quedarse lejos.
Hoy también hay multitudes que se acercan de modo similar; por lo general, la gente más sencilla urgida en su corazón por "tocar" a Jesús en una imagen, rogarle por salud y trabajo en una peregrinación o romería, ciertas devociones populares a santos afines, estampas, medallitas, escapularios...
Y nosotros, a veces discípulos y a veces fariseos, le preparamos una barca, ¡cómo no!... Pero no para que llegue a todos, sino más bien para alejarlo, en la absurda soberbia de que podemos apropiarnos de su voluntad.
Peor aún: a veces nos volvemos bravos jueces de la fé ajena, devotos buscadores de la paja en ojos ajenos -ignorantes de vigas en los propios- porque afirmamos contundentemente acerca de la ignorancia, la simpleza, la pretensa superstición de muchos.
Y hay que detenerse.
Desde afuera todo es fácil, pero tenemos un mandato de sal y levadura.
Sería mejor construir una barca de buen navegar para que todos los hermanos puedan acceder al Maestro, a su modo, con su fé, su corazón y su devoción.
Y nosotros allí, en medio de ellos, uno más entre las ovejas del Buen Pastor)
Paz y Bien

