Para el día de hoy (17/05/11):
Evangelio según San Juan 10, 22-30
(Escribas y fariseos, levitas y muchos de todos los tiempos creen en un Dios inaccesible, lejano, invisible, y en un Salvador revestido de gloria y poder celestiales. Tras ese preconcepto abstracto se amurallan evitando toda novedad.
Es claro que ese nazareno rompía el molde, y trastocaba todos sus esquemas. Sin embargo, a la vez hacía cosas que no se condecían con un hombre común, y eso mismo los inquietaba y se les despertaba la curiosidad -¿quién es este hombre?-.
Aún así, toda discusión deviene inútil, pues en sus honduras lo habían rechazado de antemano.
Este galileo no reivindica títulos ni prebendas reales, cargos o jerarquías. Habla de su Padre y de su amor, y lo refrenda con hechos concretos: los enfermos sanados, la mano extendida que levanta al caído, la mesa compartida con los despreciados, el pan multiplicado para los hambrientos, su preferencia por los pobres y los niños...
¿Y nosotros?
A nosotros nos encantan y marean los títulos y los prestigios; nos aferramos con denuedo a instituciones y a rótulos.
Pero hemos de preguntarnos nuevamente -¿quién es ése hombre?- y desde allí, reemprender la marcha cierta del Maestro.
Tantas palabras vanas, repetidas hasta el hartazgo; un Jesús paciente nos vuelve a insistir con el regreso a esos decires del Reino que no se aferran más que a los gestos primeros y a los hechos concretos que transparenten lo que somos, cómo lo somos y porqué lo somos.
Jesús estaba totalmente identificado con su Padre, de tal modo que translucía en cada hecho, en cada palabra, en toda su vida la voluntad y los deseos de ese Dios que se des-vive por sus hijas e hijos, y allí, precisamente allí está nuestra vocación primordial)
Paz y Bien
Decires
Con la cruz por cayado

Para el día de hoy (16/05/11):
Evangelio según San Juan 10, 11-18
(Para nosotros, mujeres y hombres del siglo XXI, la imagen del pastor y su rebaño puede sernos comprensible desde lo racional; sin embargo, se vuelve dificultosa y hasta extraña si ahondamos desde un plano vivencial, existencial.
Por ello mismo quizás sea mejor sumergirnos en estas verdades desde lo evidente y desde el sentido común -aunque este sea, como dicen, el menos común de los sentidos-.
¿Porqué la imagen de rebaño y pastor? Es porque el Maestro se valía de lo que la gente vivía a diario y conocía para enseñar las cosas de su Padre y revelar las verdades del Reino, y es una consigna que solemos dejar de lado. Nos aferramos a demasiadas abstracciones, y hemos de recuperar un mensaje que es Buena Noticia y profecía a partir de lo que el hombre común vive en su cotidianeidad.
La Palabra hoy está signada y definida no tanto desde el rebaño, sino más bien desde las actitudes y virtudes del Pastor, y procede una rumia silenciosa y atenta para no equivocarse: la idea del acento en un rebaño pasivamente dócil, sin iniciativa ni libertad se nos hace ajena a la Buena Noticia.
Pero este rebaño tiene un carácter muy especial, conferido desde las extrañas actitudes del pastor.
Este pastor no tiene pretensiones de ser dueño de las ovejas, no se erige por sobre ellas en vanas jerarquías y no busca salario alguno: su único interés es el bien del rebaño entero y de cada oveja en particular.
Es un pastor que conoce a todas y cada una de sus ovejas en profundidad, desde su singularidad y su identidad -aunque todas, entre la multitud, parezcan todas iguales-.
Vá por delante de ellas asumiendo de antemano cualquier riesgo que presente el camino.
Así como Él las conoce, las ovejas lo conocen a Él y reconocen su voz: las ovejas se descubren reconocidas desde el amor y no desde una posición de poder y posesión.
Este Pastor Bueno no tiene por cayado una vara que golpea a las ovejas para que enderecen su rumbo, arrastrándolas a la fuerza desde el cuello.
Su cayado es una cruz, y esa misma cruz es la que define el carácter primordial del rebaño, un rebaño que se constituye desde el amor, el sacrificio por los demás, el desinterés y el conocimiento y re-conocimiento del otro.
Sólo desde el amor mayor definido en esa cruz podemos descubrirnos rebaño manso que camina tras los pasos de Aquel que vá por delante de todos, abriendo caminos de liberación y vida en abundancia)
Paz y Bien
Pastor del buen rebaño - una canción -
PASTOR DEL BUEN REBAÑO¿Cómo cantarte, Maestro,
cómo decir cuanto te amo?
¿Cómo gritar a este mundo
que viene girando en vano.
Que pronto vendrás trayendo
la vida misma en tus manos,
y amor para los que han sido
fieles y, ante todo, hermanos.
Santo eres, Señor nuestro,
Rey de reyes, fiel Maestro,
Luz y Vida tu mirada,
has dejado a mi guitarra enamorada.
Santo eres, eres Santo.
Canto y grito, grito y canto.
Rey de reyes, fiel Maestro.
Santo eres, Señor nuestro.
A Ti, Jesús, canto amigo,
oh Pastor del buen rebaño,
y entrego mi vida entera,
lo que resta de mis años.
A proclamar tu Palabra
y en ella me haré más fuerte;
no temeré al enemigo,
Tú me salvarás de la muerte.
Letra y música: Martín Duarte
Intérpretes: Metanoia
aquí puede escucharse:
Del buen rebaño
Para el día de hoy (15/05/11):
Evangelio según San Juan 10, 1-10
(Jesús antepuso el bien de los demás a todo, inclusive a sí mismo.
Por ello, estas simples líneas son una invitación a mirar y ver al buen rebaño, ése que siempre es cuidado por el Buen Pastor eterno.
El rebaño se congrega en un redil que no es corral ni prisión, que antes que cercas está delimitado y definido como recinto amplio en donde las ovejas, ante todo y obviamente, se encuentran vivas, y con vida abundante.
En ese recinto dejan de ser masa anónima, variable que se cuantifica o ganado en pié que vale por su cantidad y por su relevancia en el mercado.
En ese recinto y por virtud del pastor, no es posible el anonimato impuesto, pues todas y cada una de ellas son reconocidas en su singularidad, son pensadas y queridas, protegidas y reconocidas desde sus mismos nombres.
A ese recinto no se ingresa por puerta con cerrojo o tranquera fuerte: el Buen Pastor es la puerta protectora del rebaño, y sólo puede accederse a través de Él.
No obstante, sabemos bien que a menudo irrumpen salteadores y ladrones -muchas veces, dolorosamente bienintencionados- por cualquier otro lugar que no es la puerta santa, y allí se vulnera lo sagrado del buen rebaño.
Entonces, las ovejas ya no son importantes en su identidad, y si alguna falta o es robada o rueda precipicio abajo carece de importancia. Una oveja perdida es sólo una más entre tantas.
Entonces también las ovejas dejan de ser únicas y valiosas en sí mismas, para trocarse en el cruel más o menos del juego mortal del mercado.
Y una evidencia primordial: para acceder a ese recinto, para ingresar allí en donde el rebaño se descubre verdaderamente valioso, la puerta es el mismo Buen Pastor; un ingreso violento, falaz y no deseado supone destruir la puerta, derribar al Buen Pastor, y esto lo sabemos y conocemos.
EL Buen Pastor es aquel siempre dispuesto a dar la vida protegiendo a sus ovejas.
La enseñanza de Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor, el Buen Pastor eterno es hoy una invitación que no se acota a géneros ni a estados de vida religiosa.
Es propuesta y vocación a pastoras y pastores en ciernes, humildes y servidores, capaces de reconocer el valor único y trascendente del rebaño y de cada una de las ovejas, ovejas que deben ser cuidadas y protegidas, respetadas y amadas en su identidad única y personal, defendidas de tanto salteador y ladrón, y que jamás -por ningún motivo- deben ser vendidas y ofrecidas para su explotación.
La invitación está hecha, y quizás -sin saberlo aún- muchas pastoras y pastores desde el silencio, hoy mismo están cuidando con sus vidas del buen rebaño que nos ha confiado Aquel que vive y permanece entre nosotros a pesar de la muerte)
Paz y Bien
Transparencia - una canción -
TRANSPARENCIADame tu transparencia,
oh fuente del ser, fuente de la vida
Dame tu transparencia,
el deseo claro, tu estable armonía,
no dejes que preocupen mi alma en exceso
las nubes que tienen que cruzar mi cielo,
dame ojos limpios,
corazón más creyente y más bueno.
Dame tu transparencia,
oh fuente de todo, fuente de hermosura
dame tu transparencia,
creativas mis manos, mansas y seguras,
lava mi corazón del mal que lo enturbia,
mi amor sea un arroyo de aguas profundas,
dame alma de niño,
transparente a la mirada tuya.
Dame tu transparencia,
oh fuente de amor, fuente de la gracia,
dame tu transparencia,
recta la intención y fiel la palabra,
devuelve la inocencia que robó el pecado,
la estable certeza de saberme amado,
dame tu presencia,
agua viva que limpia mi barro.
Letra y música: Padre Eduardo Meana, SBD
Intérpretes: Juntos podemos remontar una esperanza
aquí puede escucharse:
El privilegio de la amistad
Para el día de hoy (14/05/11):
Evangelio según San Juan 15, 9-17
(El Maestro prepara su partida, extraña elección de irse muriendo para permanecer definitivamente.
Se atreve al espanto de la cruz.
Revela y rebela: nos muestra en todo su esplendor el rostro inaccesible de ese Dios que es Padre y Madre, y se rebela mansamente contra todo aquello que es ajeno a la vida, contra todo lo que corrompe, que oprime, santa rebelión de amor y servicio.
A las puertas de su sacrificio, con esa muerte inminente, hace el regalo mayor.
Bien podría haberle impuesto a los suyos órdenes perentorias de ortodoxia, de jerarquías, de cultos específicos, de identidades y pertenencias a un grupo claramente definido, de rigurosas normas que se deben cumplir a destajo.
Nada de eso.
Ha concedido un privilegio increíble, un privilegio que a la vez es mandato e impulso.
Es el privilegio de la amistad, el regalo infinito de quien se considera tu igual, tu hermano por elección más que por biología, el signo mayor de Aquél que antepone tu bienestar y tu plenitud a cualquier interés personal, la fidelidad inquebrantable de quien -aún cuando uno a menudo se aleja- permanece, lo sabemos allí, incólume, presente, siempre disponible.
Esa amistad tiene su raigambre en el amor, y hemos de plantearnos que ese amor no pasa por cuestiones sentimentaloides, banalidades televisivas o actitudes pasajeras.
Es la ratio y la elección definitiva de quien está dispuesto a morirse para que el otro viva.
En el privilegio de esa amistad conferida se encuentra nuestra identidad.
Dice el saber popular que los amigos son la familia que uno elige, y hemos sido elegidos cuidadosamente, todos y uno por uno como parte de su familia, y allí está la raíz de nuestra vocación primera: volvernos capaces de tender una mano amiga e incondicional a un mundo que sólo sabe de intereses mezquinos, de corrupción, de negocios, de muerte.
Quizás entonces sean la amistad y el servicio las señales más claras de los amigos del Resucitado, que vive y permanece entre nosotros)
Paz y Bien
Desde la fragilidad

Para el día de hoy (13/05/11):
Evangelio según San Juan 6, 52-59
(La humanidad -todos nosotros- se volvió incapaz de captar, aprehender y escuchar la Palabra eterna.
Tal vez, por ello mismo, nunca sea suficiente la aceptación puramente racional de conceptos e ideas, hay más, siempre hay más.
Dios, con ternura y denuedo de Padre y Madre, no quiere que ni uno de sus hijas e hijos se pierda.
Por eso la Palabra se ha hecho carne, ha asumido nuestra débil condición humana: desde esa aparente humanidad frágil y quebradiza, ha de brotar un manantial de Salvación, nuestro y hermano y Señor Jesús, Palabra hecha humanidad, el más humano de todos.
La Salvación comienza y sucede allí mismo, desde la aparente fragilidad de la sangre y del cuerpo; la eternidad se manifiesta en ese Jesús de Nazareth crucificado.
Y aunque la razón nos ponga objeciones, lo ratificamos en la Eucaristía: creemos que la Salvación acontece y se manifiesta encontrando al Redentor en su humanidad plena hecha ofrenda, donación de la totalidad de su ser para que nadie languidezca en su perecer diario.)
Paz y Bien
Para no morir
Para el día de hoy (12/05/11):
Evangelio según San Juan 6, 44-51
(A una mirada escasa, es sólo un poco de harina y agua. Sin embargo, sabemos que allí está Él mismo, en ese pequeño círculo de pan ázimo, que es tal pues la levadura hemos de ser todos y cada uno de nosotros.
Es el carpintero, un campesino galileo, el hijo de José y de María; se le nota en el acento, lo sabemos humilde, lo conocemos quebradizo como todos bajo la crueldad del látigo y la voracidad de la cruz, lo hemos visto acercarse a los despreciados, compartir el pan, abrazar a los niños, levantar a los enfermos, morir como un criminal.
Pero en esa humanidad resplandece la eternidad y es tal su identificación con su Padre que por ello mismo lo sabemos y reconocemos como Dios.
En su humanidad plena está nuestro camino, nuestra salvación y la clave para no morir.
Asumiendo en nuestras mínimas existencias la humanidad de Jesús, esa humanidad que es tan plena que es Dios mismo presente, ingresamos a la vida eterna, la que prevalece, la que no tiene fin.
La Eucaristía nos recuerda nuestro destino de compartir y de humanizarnos en el servicio y en la humildad.
La Resurrección se decide desde la eternidad y acontece en este preciso momento)
Paz y Bien
Padre Carlos Mugica, nuestra gran interpelación

Han pasado exactamente 37 años de su martirio, un 11 de mayo de 1974.
Es necesario ejercer el derecho a la memoria; sin embargo, tal vez debamos -aunque sea por un momento- despojarnos de cualquier rictus doloroso, de la violencia mórbida y de la sensiblería banal.
Hay hombres que yéndose, se quedan de un modo permanente.
Hay quien muere para vivir para siempre en plenitud.
Despojados de toda tentación ideológica, quizás debamos dejar que el Maestro nos vuelva a interpelar a través de sus amigos, de sus testigos.
Y que pregunte con firmeza de qué lado estamos, qué hacemos, cómo somos, qué dejamos de hacer.
Estas preguntas las responde con firmeza santa nuestro hermano sacerdote el padre Carlos Mugica.
Del lado del pueblo, del lado de los pobres, ofreciéndose entero y sin vacilar para que otro viva, celebrando el culto verdadero que es socorrer al desvalido, auxiliar al caído, estar allí, precisamente, con quien está librado a la suerte de su miseria.
Lo sé bien: no creo que a Carlos le hubiera simpatizado mucho la idea del honor de los altares.
Pero hay otros altares que no son de piedra, y que están en los templos vivos que somos.
En el altar de nuestro corazón, en alegre y mansa comunión, agradecemos la entrega, el testimonio y el sacrificio de un hermano nuestro que vive para siempre.
Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe, el padre Carlos, sacerdote de la Arquidiócesis de Buenos Aires y mártir.
Paz y Bien
Ricardo
En la búsqueda del hambre y la sed
Para el día de hoy (11/05/11):
Evangelio según San Juan 6, 35-40
(Hablar en estos términos puede resultar chocante y molesto, máxime cuando a tantos de nuestros hermanos el pan de cada día se les niega, y el agua potable les parece una ilusión.
Sin embargo, es preciso volverse corazón adentro, allí en donde nacen las plegarias más auténticas, y volver a suplicar que el hambre y la sed más profundas se nos hagan imperiosas, dolorosas, intolerables.
El auge del consumo y nuestra tendencia a la comodidad nos postran en un sopor en el que el Maestro no ha de encontrarse a gusto, seguramente.
Aún así, Él no quiere que ninguno se le pierda ni se le desvanezca en los barros mundanos, en el destrato del no me importa, en la esclavitud de las cosas, en la opresión de vidas satisfechas.
Él colma y sobreabunda las necesidades humanas más raigales, aquellas que no pueden silenciarse, esas que no pueden esconderse así se utilice el sucedáneo más perfeccionado.
Por eso es válido suplicar por un nuevo hambre y una nueva sed, por decidirnos a vidas realmente inquietas, rebeldes de toda resignación, insumisos a toda injusticia, para vivir en este presente, ahora mismo, la vida del Resucitado, nuestro propio renacer actual a la eternidad)
Paz y Bien
Pan consumido, Pan asumido

Para el día de hoy (10/05/11):
Evangelio según San Juan 6, 30-35
(Pedían -y pedimos- actos portentosos, espectaculares que nos garanticen la credibilidad impuesta por nuestros esquemas.
En este grado de exigencia, el maná del desierto debía ser superado por el Maestro: no había milagro mayor que el de Moisés.
Pero se olvidaban -y olvidamos- que ese pan que llovía era alimento y señal de un Dios que siempre sostiene la vida. Y la vida ha de ser perpetua desde el Resucitado.
La clave es la misma, en aquel entonces y en este presente tan conflictivo: si el pan es un objeto más de consumo, o es don que se asume y transforma.
Y esto es válido para el alimento diario así como también para el Pan Santo compartido, repartido y abundante, Él mismo donándose para sostener la existencia, para que nadie pase hambre.
Los que intentamos profesar a diario esta fé que se nos ha dado, hemos de preguntarnos y cuestionarnos hasta que nos duela eso mismo: si el pan de la Mesa común lo consumimos, o bien si lo asumimos para cambiar, el pan de la Palabra, el Pan del Resucitado que nos transforma y que nos convierte en acción de gracias que se expresa en los hermanos, Eucaristía permanente y humilde que renueva a toda la humanidad)
Paz y Bien
Lujanera

Nuestra Señora de Luján - Patrona de la Argentina
Para el día de hoy (09/05/11):
Evangelio según San Juan 19, 25-27
(Con tenacidad de madre, con la obstinación de los que creen, con la sagrada terquedad de los que aman, Ella quiso quedarse aquí, entre nosotros -hasta bandera se ha hecho, aunque muchos no quieran reconocerlo-.
Más que un acontecimiento milagrero, desde 1630 se nos ha regalado un signo maravilloso de compañía y permanencia, de promesa y esperanza.
Ella sigue aquí y vá con nosotros, prohijándonos desde cuando éramos apenas una colonia periférica hasta nuestro presente de nación que quiere edificar futuro.
Entre sus pequeñas manos orantes y su corazón inmenso están nuestras penas y alegrías, nuestras desdichas y nuestras fiestas, nuestros quebrantos y nuestras fidelidades.
Virgen gaucha, Madre lujanera, María de Nazareth es madre de todos los que habitamos esta casa común que se nos ha regalado y que llamamos Patria.
Madre incansable, Mamá de los más pequeños, de los olvidados, de los ninguneados, de los que no cuentan, de los que son menos que una estadística, de los que nada esperan, de los que sólo saben de malas noticias.
Madre de los que, a pesar de todo, construyen desde su hambre justicia y liberación.
Madre de mis hermanos primeros, los pueblos originarios.
Madre de los trabajadores, de los jubilados, de los cartoneros, de las maestras y los doctores, de las amas de casa, de los niños y los jóvenes, Madre de los que cuidan a los dolientes, Mamá de los más vulnerables, de los campesinos y de los soldados que se quedaron en unas islas al sur, Madre de todas las madres, las de panzas grandes, de las abuelas, las de los pañuelos blancos, las que la comprenden más allá de toda razón viviendo a diario en los hijos y para los hijos.
Madre también de los que triunfan a costa del sufrimiento de los otros, de los apóstoles del dinero, de los traficantes de la muerte, de los defensores del egoísmo, de los cultores del mercado, de los despreciadores profesionales, de los opresores cotidianos, de los soberbios en su impunidad.
Madre paciente para que estos hijos renazcan a un nuevo día.
Madre de todos nosotros, con todo y a pesar de todo.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, Madre gaucha, Mamá compañera, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de ese Hijo tuyo, que es nuestro Dios y nuestro hermano, y que desde su sacrificio infinito y su Resurrección nos sigue alentando y diciendo que nadie más debe morir, que otra vida es posible, que todo puede mejorar, que hay que seguir andando nomás, sin desfallecer, sabiendo que no vamos solos.
Al pié de esa cruz de luz y dolores, Jesús te confió a cada uno de nosotros.
No tenés casa propia, porque tu hogar está allí, precisamente, en donde viven tus hijos.
Tu casa es nuestra casa, y con tu compañía, algún día no muy lejano, la vamos a transformar en hogar)
Paz y Bien
Hacerse camino y pan compartido
Para el día de hoy (08/05/11):
Evangelio según San Lucas 24, 13-35
(Una gran multitud de falsas imágenes e ídolos banales y crueles suelen agolparse en nuestros idearios, y oprimen nuestras almas y mentes, especialmente esas fotografías retocadas sin cesar de una divinidad convenientemente lejana y distante, que suele irrumpir de modo espectacular en la historia humana en contadas ocasiones.
Precisamente es conveniente pues a un Dios así se le rinde culto los domingos -o en algunas fechas puntuales- en liturgias vacías de compromiso y comunión, para luego continuar como si nada. Una fé que no transforma la vida es, tristemente, el modelo religioso al que nos hemos acostumbrado, un simple hecho social más.
Sin embargo, el Dios de Jesús, sin imposición ni irrupciones violentas, sale al encuentro de la humanidad en su cotidianeidad, en su caminar diario como un andante más, interesándose y conversando acerca de las decepciones y tristezas, partícipe humilde de nuestros quebrantos y animándonos a releer nuestra historia personal desde una esperanza que nunca caduca.
Más aún: lo sagrado se revela en ese Jesús de Nazareth que, siendo invitado a la mesa, se pone a partir y repartir el pan como un servidor más, Él mismo haciéndose pan y vino.
En el hecho elemental del alimento que sostiene la vida, ese alimento que abunda cuando se comparte, precisamente allí se revela lo que trasciende y nunca perece.
Como a los peregrinos de Emaús, quizás al Resucitado no se lo vé pero se lo intuye en el caminar diario, en corazones encendidos; sin embargo resplandece y se lo reconoce cuando al anochecer de nuestras mínimas existencias, hay un pan que se comparte, vidas que se descubren eternas cuando prevalece una vida que se comparte por amor, puro desinterés y generosidad.
El pan compartido es el signo del Resucitado, signo que de nunca vamos a morir...
Las exégesis y las reflexiones teológicas son importantísimas así como los escritos pastorales, litúrgicos e institucionales
Sin embargo, todo viene en segundo lugar: el hecho fundante, el mandato primordial del Resucitado es hacernos camino junto a tanto hermano que anda deambulando en el sinsentido y en la perplejidad y más aún, volverse pan para el hambriento, señal sagrada y revolucionaria del servicio y la misericordia, signo de esperanza y Resurrección)
Paz y Bien
Sobre las aguas de la existencia
Para el día de hoy (07/05/11):
Evangelio según San Juan 6, 16-21
(Varios de los discípulos era pescadores de oficio; como tales, eran conocedores habituales del mar en el que estaban y, además, avezados navegantes.
Sin dudas, la tormenta que los sacude y asusta es temporal bravo: no se condice el tremendo esfuerzo de remar y remar para sólo llegar al centro del mar, a pesar de su vasta experiencia.
Peor aún: el temor es mayor cuando ven al Maestro caminando sobre las aguas hacia ellos.
Quizás se han dado cuenta que iban navegando solos, sin Jesús a bordo.
Tal vez se asustan de ese Nazareno que es capaz de caminar sobre las aguas encrespadas, pero que pese a todo se preocupa por ellos y amaina sus miedos.
Así también nos sucede frente a las aguas de la existencia, en esta barcas muy pequeñas y frágiles que son nuestras vidas.
Si Él no viene a bordo, todo esfuerzo y toda experiencia se torna inútil y arrecia el miedo y el desaliento.
Sobre las aguas estancadas de la rutina, sobre el mar del desconsuelo, atravesando nuestros temporales más recios, Él camina hacia nosotros siempre, para que lleguemos a buen puerto.
Sólo nos basta abrir los ojos)
Paz y Bien
El poder de la compasión y el compartir
Para el día de hoy (06/05/11):
Evangelio según San Juan 6, 1-15
(Vivimos en un mundo que rinde culto al poder.
El poder de las armas, el poder financiero, el poder físico, la devoción al más fuerte y el desprecio por el débil e indefenso. Un poder que supone la imposición de escalas en lo humano, de tal modo que a mayor poder más arriba en la pirámide de lo importante se ubica quien lo detenta.
Pero es claro que el Reino de Jesús no es de este mundo, nada de eso.
En esa montaña, aquel día, el Maestro repartiendo panes y peces para la multitud hambrienta muestra la verdadera faz del poder, un poder que se nos ha conferido por pura confianza y amor a todos y cada uno de nosotros.
El milagro de la multiplicación de los panes y peces no es tanto una cuestión espectacular y cinematográfica, sino más bien una profunda enseñanza, mandato e invitación.
El poder verdadero radica en el ejercicio de la compasión, es decir, hacer propio el sufrimiento del otro, y en el compartir desinteresado y generoso.
Desde allí se puede transformar el mundo de raíz, sin demasiados estudios ni cálculos financieros, y aún así habrá canastas preparadas para los que aún no han llegado.
Nos falta humanizarnos como Él)
Paz y Bien
Testimonios de lo alto
Para el día de hoy (05/05/11):
Evangelio según San Juan 3, 31-36
(Jesús, nuestro hermano y Señor, es el que viene de lo alto, el que está por encima de todos.
Dios se manifiesta en Él, y la identidad entre ambos es total e inconmensurable, de tal modo que Dios es Jesús y Jesús es Dios.
Sin embargo, su testimonio es maravillosamente ilógico: contrariamente a nuestra tendencia a separar eso que llamamos cielo de estos arrabales mundanos, Jesús dá testimonio de la divinidad reanimando con vino de fiesta una boda que se apaga, saciando el hambre de la multitud, sanando a los enfermos, levantando a los caídos al borde del camino, compartiendo la mesa con los despreciados, volviendo a Lázaro a la vida, amando hasta el extremo a la humanidad muriendo como un criminal, Él, el manso de las naciones.
Por ello mismo el testimonio de la divinidad radica en una humanidad total y plena expresada en la vida de Jesús de Nazareth, nuestro Salvador.
Es ahora precisamente nuestro tiempo, el tiempo de los testigos, y el tiempo de preguntarnos cómo hacemos veraz nuestro testimonio.
Quizás volviéndonos cada día más humanos, enteramente humanos, tan humanos que esa humanidad sólo hable de cuestiones eternas, una humanidad total que acontece cuando somos solidarios, generosos, servidores, cuando nos volvemos rigurosamente observantes en el culto verdadero que es el servicio y el socorro al necesitado.
Sencillamente y eternamente humanos, tan humanos que lo inhumano, lo que perece no tiene lugar.
La vida eterna sucede aquí y ahora)
Paz y Bien
El paso de la justicia a la misericordia

Para el día de hoy (04/05/11):
Evangelio según San Juan 3, 16-21
(Son varios los pasos que hemos de dar para cruzar el bravo mar de nuestras ideas, y llegar a la tierra prometida de la vida en el Espíritu.
Es la Pascua que tenemos pendiente, el paso de nuestra idea de justicia a la Misericordia que sostiene al universo.
El comienzo quizás sea volver a comprender corazón adentro la idea de Dios como Padre: ningún padre desea ni gusta ninguna clase de mal, ni le resulta válido el sufrimiento de ninguno de sus hijos.
Así sea también para nosotros: Dios no ha querido que Jesús sufriera, fuera torturado y humillado, sometido a la crueldad ilimitada de la cruz.
Jesús de Nazareth asumió libre y voluntariamente el sacrificio como donación, como amor mayor, y por ese amor la humanidad se ha renovado y se nos revela sagrada: el Dios del Universo se expresa en cada acto, en cada gesto y en cada palabra que refleje la entrega de la vida para que otro viva.
-quizás por ello amor sea, ante todo, salir de sí mismo en la búsqueda y el bien del otro-
La Pascua pendiente refiere también a desandar las veredas erróneas de la justicia y el juicio divinos, el rictus espantoso de un Dios severo, castigador, rápido para condenar a los réprobos y sancionar todo pecado.
Ése no es el Dios de Jesús.
El Dios que nuestro hermano y Señor nazareno nos ofrece tiene un rostro bondadoso, un Dios que es manantial de vida, de esperanza, de luz en medio de las tinieblas, Dios del abrazo antes que del martillo eficaz de la sentencia, Dios del perdón que sana, Dios de la compasión, Dios de nuestra liberación.
En el amor mayor ofrecido en la Pasión está la clave de la existencia y de toda la humanidad: la justicia de Dios es la Misericordia, es el siempre más, la maravillosa desproporción, la increíble abundancia de la generosidad más allá de cualquier mérito y lejos -muy lejos- de cualquier premio o recompensa.)
Paz y Bien
Ver, conocer y creer
Para el día de hoy (03/05/11):
Evangelio según San Juan 14, 6-14
(Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos, y hay situaciones obvias que suelen pasarse por alto.
Se puede mirar con asiduidad, durante mucho tiempo, y sin embargo nunca llegar a ver en realidad, pues el ver se relaciona más a la mirada interior que a la respuesta neurofisiológica del sentido de la vista.
Se puede estar con alguien, saber su historia, logros y méritos, y sin embargo nunca llegar a conocerle realmente, pues el conocer vá mucho más allá de de la intelección de determinados estándares, e implica el despojarse de las propias anteojeras -esos esquemas duros- y dejarse iluminar por la verdad del otro. Más aún, el conocer verdadero hace posible el amor; no se puede amar a quien no se conoce.
Estas ideas mínimas pueden aplicarse a la realidad que vivieron Jesús y sus discípulos, y nosotros también.
El Maestro fué visto por tres años por los Doce, por sus familiares, por el pueblo sencillo, por los dirigentes del Sanedrín, por los romanos imperiales, por extranjeros a Israel... no muchos llegaron a conocerlo en verdad, muy pocos descubrieron en Él el rostro del Dios del Universo.
Jesús pasó haciendo el bien, pasa por nuestras vidas transformándolas sin imposición, y aún sigue siendo un extraño...
La fé es don y misterio, pero también es tarea que debe edificarse a diario, al igual que el Reino, y no pasa tanto por la adhesión doctrinaria o dogmática, sino por el aferrarse visceralmente a una persona, Jesús de Nazareth, nuestro hermano y Señor, nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida, con quien nos volvemos capaces de transformar este mundo.
La Resurrección ha enviado al destierro a los imposibles, es el fin del no se puede y es cuestión de amor primero y mayor)
Paz y Bien
Segundo parto
Para el día de hoy (02/05/11):
Evangelio según San Juan 3, 1-8
(Estar cerca de Jesús no era muy recomendable: se lo tenía por blasfemo, charlatán, subversivo, peligroso. Para colmo de males, gustaba de juntarse con lo más despreciable de la sociedad, los réprobos y los impuros, con lo cual Él mismo se impurificaba a los ojos crueles de la ortodoxia.
Por ello mismo, quien tuviera contacto con el Maestro también corría el riesgo de impurificarse.
Nicodemo acude a Jesús en la noche; es un hombre importante, poderoso y de gran prestigio.
Nicodemo acude a Jesús escondido, clandestino por temor a perder influencia y prestigio, por ese miedo de volverse réprobo a sus pares, extraño a su sociedad habitual, y estos temores a nosotros mismos nos acechan a diario.
Ese qué dirán magnificado es sinónimo de drama y causa de opresión social, religiosa y comunitaria.
Aún así, no es su único problema: su alma está atada a ese duro esquema de aferrarse a la letra por la letra misma, la tiniebla de la literalidad que conduce al fundamentalismo y al anquilosamiento cordial porque no hay espacios para el Espíritu.
Nicodemo es un hombre que se esfuerza desde la honestidad, y reconoce en ese galileo algo más; lo que le escucha y lo que le vé realizar sólo puede provenir de Dios. Sin embargo, debe dar otro paso, el gran paso, la Pascua del profeta milagrero y sanador al Mesías y Salvador.
El reducido espacio de la letra por la letra misma no abre sus puertas al Espíritu, y nosotros, al igual que Nicodemo, hemos de pasar por un segundo parto desde lo profundo de nuestro ser -un parto que no debe remitirse a los márgenes de lo biológico-.
Un nuevo nacimiento, el bautismo de lo alto en la paradoja del Reino que implica asumir la cruz en nuestro presente, el dolor de los crucificados en donde resplandece el rostro del Resucitado que vive hoy, aquí y ahora, entre nosotros, naciendo a la Resurrección y a la vida plena)
Paz y Bien
Karol
Las palabras probablemente vengan sobrando.En el día de la Misericordia y de San José Obrero, en el Día de los Trabajadores no podía Karol estar ausente.
Juan Pablo II beato, y desde este sur los mejores recuerdos, una gran alegría: él era uno de nosotros, Karol compañero, Juan Pablo pastor y amigo.

Este pueblo tiene una deuda de gratitud que es muy difícil de expresar, como son difíciles de expresar las cosas de Dios. Se viven antes que se explican, y por ello mismo la celebración es mayor.
Lo supimos y lo sabemos a Juan Pablo II cercano, padre y hermano.
Bendito sea Dios por este regalo infinito.
Paz y Bien
Ricardo
