MADRE DE LOS AUSENTES
Entra en casa y verás el frío que hace, con el cristal de la Alegría roto
y el Pecado azotando como un viento...
Se cruzan los hermanos sin mirarse,
ausentes de alma a alma.
Funcionan la cocina, la tele y la nevera, y la electricidad suple al Amor;
y cantan las monedas como urracas, cazadas bobamente, por todos los rincones.
¡Pero toda la casa está llena de ausencia!
(El Pan de cada día se calcina en los hornos electrónicos.)
El mundo está vacío como un cántaro, abultado de sed.
Desgajada, la piel, del sol que los ciñó con sus pañales,
emigrantes del agua cercada de la esposa,
desguarnecidos de los torreones de los hijos, flotantes
como lonas de cámping;
deportados en masa, como unos campamentos de llanto y de vergüenza:
emigrantes, ausentes, perdidos, locamente perdidos por la estepa asolada y sin retorno.
Lejanos a dos palmos de distancia;
partidos por el hacha de los celos,
en el patio de casa. ¡Inmensamente
ausentes de los hombres
los hombres...!
Entra y verás qué frío.
(Tú no emigraste nunca así de ausente.
La Patria te envolvía caminante, como una brisa dócil,
con un tacto de anémonas.
Y en la orilla del Nilo, la orilla de José te conducía al paso de paloma,
y el torreón del Hijo te crecía en los brazos.
¡Las espadas de Herodes no cabían entre Cristo y tus ojos!
¡La Presencia llenaba, en Carne viva, las noches de tu ausencia!).
Hasta la mesa del Altar separa a los hermanos.
Nos bebemos de espaldas el vino de la Fe, y el Pan antiguo
se nos desmiga, seco, entre los dientes.
La Túnica inconsútil que bordaron la aguja de tus manos y el oro del Espíritu
viste al Hijo del Hombre, desgarrada, de una nueva miseria,
en harapos de incógnito...
Inmensamente ausentes los hombres de los hombres:
¡inmensamente ausentes
de Dios...!
(El cántaro del mundo está vacío junto al pozo de Dios abierto en vano).
Entra en casa y verás cuántos hijos le faltan a la mesa del Padre. '
Se han partido la herencia con las uñas, y viven
como pueden, borrachos de tierra, igual que topos.
Viven porque les toca vivir, como la grama...
¡muertos!
Madre de los ausentes,
umbral de la ternura recobrada,
postigo del retorno vergonzante:
todos los hijos pródigos te llaman, sin saberlo,
con la boca vacía bajo los algarrobos desmayados
mientras muere la tarde sin respuesta,
en la ausencia de Dios ...
Refugio de los muertos pecadores, hogar de todo llanto:
tú que sabes la pena de haber perdido a Cristo
y buscarlo en las calles, día y noche,
y preguntar inútilmente a todos, desvivida en la busca de su Cara...,
¡recoge en la gavilla de tus brazos a todos los dispersos,
abre la puerta a todos los pródigos que llaman, tiritantes
de neón y de frío,
y acógelos a todos, oh seno de la Vida!,
¡congréganos a todos bajo el techo del júbilo paterno,
con el pan del Amor entre las manos nuevas!
Dom Pedro Casaldáliga, cmf
Obispo Emérito de Sao Félix de Araguaia, Brasil
Madre de los ausentes
En búsqueda del hambre
Para el día de hoy (19/04/10)
Evangelio según San Juan 6, 22-29
(La multitud que se había saciado con los panes y peces multiplicados por Jesús estaban algo confundidos.
Con su hartazgo de pan a cuestas, habían visto partir a los discípulos en la única barca que había por allí, pero el Maestro no iba con ellos. No obstante, el Señor ya no estaba allí.
Ellos se quedaron en la otra orilla, y cuando en otras barcas logran atravesar el lago hasta Cafarnaúm, logran encontrarlo.
Siguen sin entender como hizo para llegar hasta allí; ellos no habían visto a Jesús caminar sobre las aguas, por eso la pregunta -¿Maestro, cuando llegaste?- encierra también un -¡¿cómo llegaste!?-.
Pero Jesús no tiene intención de subsanar una inquietud banal; sabe que la pregunta se corresponde con el hartazgo de pan, y con los signos no como señales que conducen la mirada más allá, sino los signos, los milagros como cosas mágicas, como hechos que no sobrepasan lo espectacular.
Y entonces queda revelada la misión que está íntimamente unida al pan que se comparte.
Hay que ir más allá, dejar la orilla opuesta del hartazgo y la comodidad, buscar acallar el hambre de los cuerpos pero con la lógica del Reino que busca el Pan de Vida, pan que alimenta para la plenitud, pan que no perece, pan para siempre.
Será entonces cosa de invertir la cuestión: habrá que hacer lo indecible para aplacar el dolor del hermano acuciado por el hambre y a la vez, suplicar para nosotros mismos que nos sobrevenga el hambre.
Si, muchísimo hambre, un hambre incontenible, un hambre que nos duela tanto que nos movilice, que nos saque del letargo de ciertas rutinas espúreas, un hambre que nos obligue y comprometa y que nos haga intolerable el hambre del hermano que sufre.
Un hambre del Pan de Vida, Jesús mismo entre nosotros y para siempre, fuerza inagotable para realizar la obra de Dios: su Reino y su Justicia)
Paz y Bien
Con la confianza de Dios puesta en nosotros
Tercer Domingo de Pascua
Para el día de hoy (18/04/10)
Evangelio según San Juan 21, 1-19
(Luego de la Pasión, los discípulos estaban entristecidos y temerosos.
En parte, por los hechos de dolor que habían vivido, por haberse quedado solos. Pero especialmente también, porque Judas no fué el único que quebró la confianza de Jesús.
Porque Judas lo había vendido por monedas, porque Pedro lo había negado decididamente tres veces, porque los otros discípulos -ante la inminencia de su arresto y su juicio- corrieron a esconderse asustadísimos, y dejaron a su Maestro enfrentando a sus enemigos y a su Pasión en plena soledad.
Sin duda, lo amaban, pero su fé aún había de madurar; María de Magdala les había contado que Jesús estaba vivo y ellos, atados a viejas ideas, estaban temerosos de que Él regresara a cobrarse deudas, que volviera a vengarse de sus traiciones.
Ellos, con todo lo que habían vivido, seguían atados a lo viejo, a lo pasado; Jesús había muerto y el Reino que les había presentado era sólo una bella idea que quedaba en el pasado de un tiempo mejor que el presente.
Por eso vuelven al oficio viejo, vuelven a ser pescadores galileos, ya no tienen demasiado interés en ser pescadores de hombres como el Maestro les había enseñado.
Están en la barca, y todo es oscuro y ni un pececito pueden obtener; es la noche estéril de cuando Jesús está ausente.
Sin embargo, escuchan una voz desde la orilla que les manda echar nuevamente las redes.
Como pescadores experimentados, era una locura: si toda la noche había sido en vano, para qué?. Pero son hombres de fé también, y aún con incertidumbre, lanzan las redes... y sucede lo impensado: la quilla expresa su descontento por el sobrepeso, la barca casi se hunde de la cantidad de peces que han recogido.
Uno de ellos, el discípulo amado, se dá cuenta: el Señor está en la orilla!.
Las redes desbordan de peces, pero no se rompen ni se hunde la barca.
El Señor los espera en tierra con la comida lista: un pez sobre las brasas encendidas y pan. Él reparte el pan, y les manda agregar frutos de la pesca al fuego encendido.
En la tarea de dar de comer a los hermanos estará siempre haciéndose presente el Maestro, pero ahora está expresamente encomendada a sus amigos.
Sucederá el milagro de la Eucaristía cada vez que sus amigos se reúnan en su nombre y en su memoria a partir y compartir el Pan Bendito. Y sucederá el milagro de la solidaridad cuando sus amigos se hagan cargo del hambre que aqueja a tantos, haciéndolo propio, convirtiendo la necesidad del otro en propia y prioritaria.
Satisfechos por el sustento y colmados por la presencia del Resucitado, nada podrá con los discípulos.
Y hay un apartado especial, un momento muy personal que sucede entre Pedro y Jesús.
Por tres veces Jesús le pregunta a Pedro -¿Me amas?- -¿Me quieres?-
Pero es más una afirmación que un quitarse toda duda por parte del Maestro.
Pedro, aquel pescador impetuoso que con la rapidez del canto del gallo lo había negado, es llamado a llevar paz a las ovejas del Buen Pastor, a cuidarlas y protegerlas...El mismo Pedro que lo ha negado a conciencia, el mismo Pedro que quiere quedarse cómodamente instalado cuando Jesús se transfigura en el Tabor, el mismo Pedro de tantas idas y vueltas y vacilaciones de los primeros tiempos.
Nada será igual, ha sido vencida la muerte y es el destierro definitivo de los imposibles.
Es el tiempo de la Gracia y la Misericordia.
Abbá Dios construye comunidad, familia, Iglesia desde su infinito Amor, con su corazón puesto en esa increíble y maravillosa que deposita en todos y cada uno de nosotros, pedro, tomases y magdalenas.
Él construye, Él hace fructuosa la pesca e invita al hombre a la tarea de dar de comer a sus hermanos y edificar la paz del Reino.
Es tal esa confianza puesta en nosotros que no importa el pasado, no importan las traiciones, no importan los pecados, no importa una historia de miserias y quebrantos.
Sólo importa el amor)
Paz y Bien
Tu rostro en cada esquina
Señor, que vea…
que vea tu rostro en cada esquina.
Que vea reír al desheredado,
con risa alegre y renacida
Que vea encenderse la ilusión
en los ojos apagados
de quien un día olvidó soñar y creer.
Que vea los brazos que,
ocultos, pero infatigables,
construyen milagros
de amor, de paz, de futuro.
Que vea oportunidad y llamada
donde a veces sólo hay bruma.
Que vea cómo la dignidad recuperada
cierra los infiernos del mundo
Que en otro vea a mi hermano,
en el espejo, un apóstol
y en mi interior te vislumbre.
Porque no quiero andar ciego,
perdido de tu presencia,
distraído por la nada…
equivocando mis pasos
hacia lugares sin tí.
Señor, que vea…
que vea tu rostro en cada esquina.
José María R. Olaizola, SJ
En medio del mar embravecido y la noche oscura

Para el día de hoy (17/04/10)
Evangelio según San Juan 6, 16-21
(El Mesías no cuadraba con las espectativas de los discípulos. No podían entender a un Libertador de Israel que ofrecía la vida plena a todas las naciones, que hablaba de amor y mansedumbre, que renegaba del poder, que se hacía servidor de todos por igual.
A veces, a nosotros tampoco nos cuadra ese Jesús al que queremos exacto en nuestros moldes.
Por eso, suben a su barca y se van.
Por eso, le damos la espalda de nuestro orgullo y partimos.
Pero en cubierta, iban solos. Habían dejado en tierra a su Maestro, no habían querido aceptar su luz.
Y es cosa seria y peligrosa navegar sin luz: sobreviene la oscuridad, la noche nos traga, el viaje se hace incierto y peligroso, el mar se encrespa y el riesgo de zozobrar está ahí, más patente que cualquier confianza.
Y allí, justo allí, en el momento en que parece sobrevenir el fin y deviene la catástrofe, cuando parece que ya no hay nada más que esperar que una tragedia, viene Él.
Viene caminando sobre las aguas, porque no hay tormenta -por más bravura que muestre- que pueda detenerlo.
Inmersos en el miedo junto con los discípulos, al ver que a pesar de la tempestad Jesús viene a nosotros, se nos agolpan los temores.
Pero ante todo, no hay recriminación: -No tengan miedo- nos dice a cada paso, en toda angustia, en cada temporal.
Hay algo que de tan obvio se nos puede escapar: Jesús, al caminar sobre las aguas, muestra y demuestra que no necesita de barca alguna...
Somos nosotros los que necesitamos embarcarnos mar adentro en estas aguas del mundo, para cumplir nuestro sino de pescadores, nuestro destino de mantener a los pequeños peces con vida.
Quizás entonces, en estos tiempos de alegría por la Vida que prevalece y que llamamos Pascua, haya que replantearse si en nuestros barquitos viene el Maestro a bordo... y cederle con serenidad y confianza el timón.
No hay tormenta ni temporal que se resista a su Palabra y a su Presencia)
Paz y Bien
Padre Dios - una canción-
(Una canción para compartir, para orar dos veces como decía San Agustín,para mantener -a pesar de todo lo que nos pase-
el corazón vestido de fiesta: ¡Dios nos quiere, Jesús vive!.
Un pequeño detalle: Ñamandú es el nombre
con el que nuestros hermanos guaraníes llamaban y llaman
al Creador del Universo, Dios de la Vida... Padre de Jesús y Padre nuestro.
Desde ese Espíritu que nos hace celebrar con los más pequeños
y descubrir la mano del Creador en las cosas más sencillas,
un deseo de un fin de semana pleno en la alegría
y la esperanza del Resucitado.
Paz y Bien.
Ricardo)
Nuestro Dios hizo el cielo y la tierra,
nuestro Dios hizo el agua y el sol;
nuestro Dios invento la semilla,
y mantiene mi respiración.
Nuestro Dios hizo el hombre a su imagen,
y varón y mujer los creó;
y les puso la vida en las manos,
dándoles Su poder creador.
Y ese Dios, Ñamandú, Dios Yahvé,
es el Dios de Jesús, el Señor.
Y ese Dios será hoy como ayer,
Padre Dios, nuestro consolador.
Para El, Padre Dios, para El, cante y baile nuestro corazón.
Para El, Padre Dios, para El, cante y baile el pueblo de Dios.
Nuestro Dios invento el arco iris,
y su vuelo le dio al picaflor;
nuestro Dios hizo la primavera,
Su Obra cumbre es la resurrección.
Nuestro Dios es ternura y paciencia,
nuestro Dios tiene un gran corazón;
es el Dios defensor de los pobres:
providencia, justicia y perdón.
Julián Zini
aquí puede escucharse:
Milagros compartidos
Para el día de hoy (16/04/10)
Evangelio según San Juan 6, 1-15
(Dando un salto de fé, podemos ubicarnos allí, junto a la multitud, a los discípulos y al Maestro.
Jesús levanta sus ojos, y vé a la multitud que viene a Él; su mirada está cargada de amor hacia cada una de esas personas que lo buscan, que quieren estar cerca suyo.
Y su mirada hoy, ahora, está posada sobre cada uno de nosotros. La Misericordia -como todas las cosas del Reino- sucede ahora, se traduce siempre en tiempo presente.
Una multitud que se extiende hasta donde llega la mirada, una multitud cansada y hambrienta, una imagen de este mundo por el que peregrinamos junto a multitudes anónimas, agobiadas y desfallecientes.
Con sus ojos fijos en las gentes y en todas sus necesidades, la lógica indicaría que el Señor bien podría haberse encargado Él solo de solucionar cualquier problema al respecto.
Sin embargo, hace partícipes a sus amigos y discípulos, interesándolos en el problema, haciéndolos parte del mismo y juntos, buscando la solución.
Porque es año de Gracia y Misericordia y Dios se ha hecho uno de nosotros: por ello, el Reino y la Salvación serán de ahora en adelante cosas de Dios y el hombre.
Jesús -como siempre en los Evangelios y en nuestras vidas- dá el primer paso; Él, frente al problema de alimentar a tanta gente, podría haber consultado a Judas, que era el ecónomo de entre los Doce.
Sin embargo, las razones del Reino discurren por maravillosas vías a veces muy diferentes a las razones humanas. Por ello su pregunta la dirige a Felipe, y en la inquietud que le plantea lo involucra y nos involucra a abrir nuestros ojos a las necesidades de los demás. Y esto es también rasgo amable y primordial del Reino de Abbá, Padre suyo y nuestro.
Felipe dá una respuesta impregnada de razón... humana. Aún debe aprender a caminar la vereda de la fé que confía en la Providencia. Y Andrés, hermano de Pedro y pescador también, es otro que vé la necesidad del prójimo y quiere involucrarse. Pero su mirada es también de corto alcance, sus ojos no son los del Maestro.
Pero había allí un niño, un muchacho que llevaba consigo un almuerzo de pobres: cinco panes de cebada y dos peces. En mentes impregnadas de mundanidad, no alcanza ni para empezar.
Pero el muchacho, el niño, no duda y se lo entrega a Jesús.
Y desde esa entrega generosa -era su comida- desinteresada y sazonada de confianza sucede el milagro -quizás debamos tener una fé como nos decía el Maestro, si no se hacen como niños...-
El Señor, anticipando la Cena Pascual que en breve tendría con sus amigos, bendice los alimentos, dá gracias y reparte panes y peces.
Todos quedan saciados, nadie queda hambriento, y así y todo sobran muchos panes, tantos para llenar doce canastos a tope.
En este tiempo Pascual, es buena hora para volver a las necesidades de los hermanos y a nuestra confianza en ese Jesús que atento al hambre de tantos, se hará Él mismo Pan de Vida y bebida de Salvación.
La Pascua es también el tiempo de redescubrir la abundancia de la bondad y la misericordia de un Dios constantemente preocupado por sus hijas e hijos, un Dios capaz de entregarse a la muerte por salvarlos a todos, un Dios que derrotará la última frontera.
Es el tiempo de la vida plena y abundante como lo fueron esos panes... Tan abundantes que alcanzan hasta el día de hoy, cuando lo compartimos en la Cena del Señor.
Y hay más, mucho más, para los que aún no han llegado)
Paz y Bien
De lo dado sin medida

Para el día de hoy (15/04/10)
Evangelio según San Juan 3, 31-36
(Él ha venido de lo alto, y está por encima de todos.
Sin embargo, se ha hecho servidor y esclavo de cada mujer y cada hombre.
Él habla palabras que no se dispersan en el aire, solo Él tiene palabras de eternidad.
Él es totalmente transparente: dá testimonio fiel de lo que ha visto y oído de su Padre. Están unidos de tal modo que quien lo vé a Él vé a su Padre.
Jesús es Dios y Dios es Jesús.
Quien lo reciba a Él y acepta su testimonio, se convierte en fedatario de la verdad que libera, Dios con nosotros.
Todo ha sido puesto en sus manos, absolutamente todo en esas manos traspasadas por dos clavos hechos de hierro y pecados.
Le ha sido dado el Espíritu sin medida.
Y por una cuestión sencilla -nosotros somos los que constantemente tendemos a opacarnos, a complejizar todo- no se queda con nada de lo que le ha sido dado.
Todo lo que le ha sido dado, todo lo dá, ahora, hoy mismo, en este preciso instante.
La Salvación sucede en este momento que escribo, en este momento que lees.
Él nos dá a cada uno de nosotros todo lo que a su vez el Padre le ha entregado.
No hay que hacer méritos, acumular puntajes ni aumentar el haber en la cuenta de la virtud.
Se trata de permitir que ese Espíritu dado gratuitamente, sin medida, en este momento, nos transforme en nuestra totalidad mental, espiritual, corporal.
Ese don infinito e increíble que es la expresión creadora del Amor de Dios es que nos hace decir ¡Abbá!, nos hace orar. Las primacías, los primeros pasos siempre son de Él hacia nosotros.
Y en clave de misión, es ese Espíritu que hoy nos impulsa a llevar el mensaje de perdón y reconciliación que salva y sana, que pone fin a la esclavitud y al hambre de tantas hermanas y hermanos nuestros.
Hálito de vida que nos sostiene, Fuerza de Dios que alienta la vida plena y abundante, Espíritu del Resucitado regalado a nosotros sin medida para que la vida prevalezca desde ahora mismo y en la eternidad también)
Paz y Bien
Dios Familia

Habla de esas verdad que deberíamos vivir
y que nos debería hacer vivir plenos a diario.
Y como toda verdad, suena mejor y se entiende más cuando,
como en este caso, está cantada por niños.
Paz y Bien
Ricardo)
Cada vez que nos juntamos,
siempre vuelve a suceder,
Lo que le pasó a María
y a su prima la Isabel:
Ni bien se reconocieron
se abrazaron y su fe
se hizo canto y profecía,
casi, casi un chamamé.
Y es que Dios es Dios familia
Dios amor, Dios Trinidad,
de tal palo tal astilla,
somos su comunidad
Nuestro Dios es Padre y Madre,
Causa de nuestra hermandad.
Por eso es lindo encontrarse
compartir y festejar.
Cada vez que nos juntamos
siempre vuelve a suceder
Lo que dice la promesa
de Jesús de Nazareth:
-Donde dos o más se junten,
En mi nombre y para bien,
Yo estaré personalmente,
Con ustedes, yo estaré.-
Cada vez que nos juntamos,
Siempre vuelve a suceder,
Lo que le pasó a la gente,
Reunida en Pentecostés:
Con el Espíritu Santo,
Viviendo la misma fe,
Se alegraban compartiendo,
Lo que Dios les hizo ver.
Julián Zini
aquí se puede escuchar:
Un dios que castiga o el Dios que es Amor
Para el día de hoy (14/04/10)
Evangelio según San Juan 3, 16-21
(El motivo y la clave-llave del misterio de la Salvación es uno e infinito: el amor de Dios por el mundo.
Ese Amor del Dios de la Vida se expresa en Jesús, nuestro hermano y Señor.
En toda mujer, en todo hombre, hay una pequeña llama incandescente que es reflejo de quien nos ha Creado con manos de ternura. Jesús ha sido enviado para que nadie pierda esa condición irrevocable de ser hijo.
No debemos dejar de insistirnos continuamente: Jesús ha venido para que el mundo se salve por Él, no para la condenación y el castigo.
Nuestro Dios es Misericordia y ternura; quizás haya que pensar en desterrar de mente y corazón esa imagen que hemos creado -probablemente para nuestra conveniencia- de un dios que castiga, que espera con el cadalso preparado el juicio final.
El juicio es ahora, y la Salvación tiene sonido de tiempo presente.
Jesús es Dios y Dios es Jesús, y Él obra ahora mismo, en este preciso instante por su Pasión y su Resurrección en nosotros.
Tan grande es su Amor y su confianza -Él cree en nosotros más de lo que nosotros creemos en Él- que se ha anonadado, se ha vuelto débil e indefenso, aparentemente derrotado y humillado en el dolor... para que nadie vuelva a quedar a merced del poder que somete, socava y humilla al hermano.
La Salvación es aquí y ahora, y la ha dejado por esa misteriosa confianza en nuestras manos.
Es nuestra elección, y no es sólo una toma de posición y una definida opción de determinados valores.
Implica un cambio total en la vida, implica decidirse a amar como Jesús ama... nada menos.
Quizás -sólo quizás- desde ojos de niñas y niños podamos en este horroroso mundo que sólo habla de opresión y muerte volver a descubrir asombrados lo que Dios Padre y Madre ha hecho por todos y cada uno de nosotros.
En el nombre de Jesús.
Y en su nombre está definida su misión y nuestra vida: Yehoshua, Yahveh Dios Salva)
Paz y Bien
Ruah
Para el día de hoy (13/04/10)
Evangelio según San Juan 3, 7b-15
(¡Ruah!
El Espíritu de Dios es viento, impulso, aire, aliento de vida.
¡Ruah!
El Espíritu aleteaba sobre las aguas primordiales, y es realidad creadora y re-creadora.
¡Ruah!
Soplo del Dios viviente en la eternidad y en la realidad del hombre, que lo impulsa más allá de los límites que se autoimpone.
¡Ruah!
Espíritu de Dios, Espíritu libre que trae la libertad de la verdad plena.
En nuestra soberbia, creemos que mediante algunos canjes semipiadosos podemos determinar su ruta.
Pero el Espíritu puede percibirse, aunque no puede saberse su hacia dónde... Sí su meta, la vida plena, la eternidad.
¡Ruah!
Espíritu del Resucitado, soplo del Maestro glorificado luego de su muerte en la cruz que nos llama a navegar en el mar de su Dios, que es el nuestro y es Él mismo.
Una barca nueva para un mar distinto: hay que renacer, renacer a una vida nueva libre de las ataduras a las que solemos aferrarnos por el miedo a quedarnos sin las falsas seguridades de la comodidad.
¡Ruah!
Vamos camino a Pentecostés de la mano del Dios Viviente que reconocemos cuando el pan se comparte y cuando por pura Gracia Él se queda allí hecho bebida y alimento.
Habrá que decidir morir de una buena vez a todas nuestras miserias, pasar por la cruz para nacer a una nueva vida que no se termine.
El Maestro lleva en sus hombros el peso mayor, y su Espíritu no nos deja caminar a ciegas)
Paz y Bien
Nicodemo, o renacer al misterio
Para el día de hoy (12/04/10)
Evangelio según San Juan 3, 1-8
(Nicodemo era un hombre importante entre los fariseos; su relevancia pasaba no sólo por su posición social y económica, sino también por sus conocimientos de la Ley. Por eso mismo intregraba el Tribunal Supremo de Israel, el Sanedrín.
Muy probablemente era un hombre de profusa piedad y nutridos conocimientos; a la vez, bullía en su alma un fuego de justicia, y algo lo ligaba a ese Rabbí de Galilea.
Recordemos: Nicodemo sería la única voz valiente que apelaría a la conciencia de sus pares en el juicio injusto del Sanedrín a Jesús.
Y en una tumba de su propiedad -probablemente excavada para él mismo- reposaría el cuerpo muerto de Jesús.
Nicodemo vá en la noche a ver a Jesús: vá en el atardecer de su vida -era un hombre de avanzada edad-, vá al caer la tarde y asomar la noche, pero especialmente vá en la noche oscura de su razón.
Porque una razón aferrada sólo a la limitación de sus ideas, al alambrado de sus manuales y tratados es una razón con destino borroso, opaco e incierto.
Ha perdido la capacidad de aceptar y degustar el misterio, lo inconmensurable, lo que está más allá de sus límites.
Y, precisamente, el Reino de Dios es el Reino de lo inesperado, el trigal de las sorpresas.
Aunque Nicodemo tenía en gran estima al Maestro, sólo lo miraba desde la mirada que le permitían sus propios lentes. Esa miopía de su corazón le decía que los signos -los milagros-, provenían de Dios...pero nada más.
Y un signo es literalmente eso, signo, segno, señal; lo que importa no es tanto el acto milagroso sino más bien hacia donde se apunta, por cual vereda se quiere que transitemos.
El Maestro sabe mejor que nadie qué urdimbre hay en cada corazón: por eso, impulsa a Nicodemo a ir más allá, a descubrir el aquí y el ahora del Reino de Abbá Padre suyo y nuestro.
Ni modo: Nicodemo insiste en medir con la vara de la lógica humana la ilógica maravillosa de la vida en el Espíritu. Por esa razón entiende el renacer en su literalidad y no en su significado profundo.
Todos tenemos mucho de Nicodemo, y en cada uno está el impulso ¡diario! a nacer de nuevo.
Hemos dado el primer paso desde el Bautismo: desde esas aguas nacimos a la vida de hijas e hijos de Dios.
Pero no basta, y la noche se acerca.
Hay que nacer de nuevo, a la libertad plena del Espíritu, ese Viento de Dios que tiene una dirección y un rumbo precisos, pero que erróneamente creemos a veces que podemos conducir.
El Espíritu nos llevará a lugares impensados dentro del propio corazón. Y en este sino de pescadores que somos, debemos izar nuevas velas: las que se despliegan y se muestran alegremente henchidas cuando descubren el misterio.)
Paz y Bien
Desde las llagas y las heridas

Segundo Domingo de Pascua
Dominica in Albis - Domingo de la Divina Misericordia
Para el día de hoy (11/04/10)
Evangelio según San Juan 20, 19-31
(El Resucitado se hace presente a los discípulos en un momento concreto, en la vida real, cotidiana.
La Palabra en este aspecto -y en todos, claro está- es diáfana, tan blanca como este Domingo después de Pascua: los discípulos se encontraban reunidos con las puertas fuertemente cerradas por el temor de lo que podría sucederles.
No se encontraban en el Templo; no estaban de misión, no caminaban prodigando signos de curación, no estaban partiendo el pan, no estaban orando.
Estaban encerrados por el miedo, y allí, justamente allí, el Señor se aparece, se hace presente.
Quizás sea tiempo de preguntarse si no debemos descubrir al Dios Viviente, al Resucitado en los hechos de todos los días, en la cotidianeidad antes que en lo que entendemos como puramente religiosos... Quizás sea porque Él quiere que transformemos la totalidad de nuestras vidas, y no un aspecto puntual, el religioso, el cultual.
Y a no caerse: cuando campea el miedo y paraliza el temor, como si fuera de la nada, viene Él, el mismo que murió y lleva las marcas del dolor, las huellas de la Pasión y que ahora vive.
Su Palabra despeja cualquier nube que nos amenace con robarnos el sol: -¡La paz esté con ustedes!-. Y es la primacía de su auxilio la que llega, aún antes que supliquemos ayuda.
Su auxilio viene, está en movimiento por iniciativa de su corazón infinito, gratuitamente, Gracia pura.
Y sopla su Espíritu, y envía a sus discípulos como Él mismo fué enviado.
Él es el primer apóstol, Enviado de Abbá Padre suyo y nuestro.
No les habla puntualmente a los Once, sino a los discípulos, a Pedro, Santiago, Juan, a vos, a tí, a ella, a él, a mí, a todos nosotros.
La misión es de Salvación, el camino es ofrecer y regalar el perdón.
El mundo ofrece numerosas y productivas versiones de la Ley del Talión, habla de separación, de odios, de rencores mantenidos ad infinitum.
Y nosotros somos enviados en misión de Reconciliación, misión de cura y esperanza, Buena Noticia de sanación y liberación plena.
La misión es pascual: es llevar el mensaje de un Dios hecho uno de nosotros, muerto en la cruz, con laceraciones a la vista, pero Resucitado.
Misión que renueva la esperanza en un mundo que conoce demasiado bien la muerte y el dolor.
Ese día que Jesús se apareció, Tomás no estaba allí.
Cuando los otros le cuentan lo sucedido, se niega a creer en que su Maestro está de vuelta, ¡vivo!, hasta no tocar sus llagas y sus heridas.
Habría que detenerse aquí un momento: hay una tendencia no demasiado agradable que tiende a defenestrar o censurar la actitud de Tomás.
Mirémoslo desde otro lado: Tomás creía, Tomás había dejado todo por ir con Jesús, Tomás había visto sufrir y morir al Maestro a quien amaba.
Seguramente tenía una fé que hacía pié en su amor, pero era una fé que precisaba madurar; sin embargo, no se conforma con la "idea" de un Señor Viviente que sea distinto del que él mismo vió ser torturado y morir.
Tenaz y tozudamente, se mantiene en sus trece una semana entera, posiblemente resistiendo las recriminaciones de los Once.
Y viene el Señor, y no reconviene ni critica.
Muestra sus llagas, los orificios de sus manos, la herida de la lanza e invita a Tomás a tocarlo... Y Tomás deja quietos sus dedos, y confiesa de modo conmovedor en su contundencia: -¡Señor mío y Dios mío!-.
Probablemente no haya en las Escrituras una confesión de fé tan expresa y raigal.
¡El Crucificado es el Resucitado!
Es misión también, y es llamado de atención para cuando cerramos las puertas de esta comunidad, familia que llamamos Iglesia.
Ninguna puerta detiene la presencia del Señor.
Y con Tomás, impulsados por el Espíritu, descubrimos al Crucificado vivo, a Jesús Resucitado... al ver las llagas y heridas de nuestros hermanos caídos a la vera del camino, tirados en la noche de la desesperanza, sometidos en la esclavitud de palabras de muerte.
Perder la capacidad de ver esas llagas y heridas es no poder descubrir a nuesto Cristo muerto y Resucitado para la Salvación de toda la humanidad.
Más aún: no ver las llagas y las heridas del hermano es renunciar expresamente a ser testigos del Resucitado.
Son muchos, muchísimos, hay vastos calvarios llenos de hermanos crucificados a los que no les ha llegado la gran Noticia de la Resurrección.
Hay que dar aviso del perdón y la Gracia, nada ni nadie debe quedar sin saber que la muerte no tiene la última palabra.
La Palabra vive, y esa Palabra se expresa a menudo en el silencio de una vida entregada por el bien de los otros, el Pan Santo cuerpo de Jesús que se comparte para que tampoco haya panzas vacías ni almas macilentas.
Es año de Gracia y Misericordia.
Gracia, pues nada se pide a cambio, es pura donación y acción de amor.
Misericordia, pues hay que poner el corazón en las miserias del que sufre, identificarse totalmente con el oprimido, desde las situaciones de la vida diaria.
Amar como ama Jesús, el Resucitado que trae la paz y el perdón a nuestras almas temerosas y lastimadas).
Paz y Bien
Dos Marías
Sábado de la Octava de Pascua
Para el día de hoy (10/04/10)
Evangelio según San Marcos 16, 9-15
(El Dios de la Vida no quiso dejar a sus hijas e hijos librados a su suerte, esclavos de sus miserias; por eso hizo morada entre nosotros, uno más entre todos.
Para ello, el Todopoderoso... le pide permiso con una delicadeza increíble a una ignota muchacha judía de una aldea con no muy buena fama.
La primacía del Emannuel, Dios-con-nosotros, vendría por la fé y el amor de esa muchacha, María de Nazareth.
Dios con nosotros, Dios entre nosotros, Dios salva: el Hijo de esa muchacha galilea y de Abbá caminó tres años revelando la Buena Noticia de que Dios nos ama por sobre todas las cosas; y que nos ama hasta el fin.
A tal punto, de afrontar el cáliz terrible de la muerte en la cruz.
Pero no era un final, sino un nuevo comienzo: ese hijo de María, Jesús, habría de resucitar.
La muerte ya no tendría la última palabra, y ésa misma, la mejor de todas las noticias, había de avisársela a sus amigos.
Jesús es Dios y el Dios de la Vida es Jesús, y ha vencido a la muerte, y existe en la historia de la Salvación otra mujer, otra María que tendrá la primicia del fin de la noche.
María, la de Magdala, llamada la Magdalena.
Se han dicho demasiadas cosas acerca de ella; no hace mucho tiempo, bajo el pretexto de una profusa investigación, se ha construído una enorme falacia que dió por resultado un pingüe negocio editorial y fílmico.
En la Tradición de la Iglesia, lamentablemente se la ha pretendido estigmatizar asociando su imagen a la de una prostituta conversa...Nada más erróneo.
Y tristemente, los mismos apóstoles descreyeron del testimonio maravilloso que ella portaba: ¡Jesús está vivo!
María de Magdala, desde su fé y su amor, se convierte en discípula y evangelizadora, aún antes que los mismos Once y en su misma estatura y dignidad, y dá el testimonio del Resucitado -el testimonio que a la vez, dá sentido a nuestras vidas y es nuestra misión: anunciar la Buena Noticia a toda la creación.
María de Nazareth, Madre de Jesús y Madre Nuestra.
María de Magdala, testigo y evangelizadora.
Han pasado siglos y aún seguimos teniendo graves discusiones y exclusiones por cuestiones de género.
Dios ha hablado: Dios ha confiado en quien nadie confía, y desde ellas revela a su pueblo su rostro materno.
Ese mismo Dios que se nos revela Padre y Madre.
Quiera el Espíritu del Resucitado acompañarnos en la comprensión alma adentro y en ser testigos y servidores como ellas)
Paz y Bien
Viejo oficio, nueva misión
Viernes de la Octava de Pascua
Para el día de hoy (09/04/10)
Evangelio según San Juan 21, 1-14
(Pedro y los otros habían sido instituídos por el Maestro como pescadores de hombres.
El Señor había muerto y resucitado, y ellos regresaron a Galilea... Sin embargo, no regresan para anunciar la Buena Noticia desde donde todo comenzó.
Ellos regresan al pasado, más cómodo y tranquilo, vuelven a lo conocido, vuelven a lo viejo; por eso, vuelven a ser pescadores de peces.
Cuando la conversión no es total, siempre se vuelve a lo viejo, a lo que hemos dejado atrás.
En esa barca navegan como si nada hubiera sucedido, ni los tres años junto a Jesús ni su Pasión y Resurrección tampoco.
Por eso navegan infructuosamente, por eso navegan en la noche que eligieron.
Pero el Señor lo sabe, y está allí, en la orilla de nuestro andar errante y estéril, trayendo el amanecer a nuestra oscuridad, y elevando su voz los hace recordar en su corazón.
No han vivido tanto junto a Él por nada, Él ha pasado por sus vidas y ha dejado huella. Por eso son capaces de escucharlo, y de animarse a lo imposible, a lo inexplicable... a un acto de fé.
Ellos no sabían que era el Maestro quien estaba en la orilla; aún así, contra toda experiencia previa -tantos años de pescadores- echan las redes a un lado de la barca. Y sucede el milagro: la quilla de la barca se queja del sobrepeso, son muchísimos los peces en la red.
Entre el grupo de pescadores, estaba el discípulo amado por Jesús: y desde ese amor, se salta cualquier muro de imposibilidades, se abre toda oscuridad cerrada y se descubre la verdad: ¡El Resucitado está en la orilla!
Según nuestra lógica, cabría esperar por parte del Maestro alguna recriminación, algún tipo de reprimenda.
Pero son tiempos de Gracia plena: lo que importa es que los discípulos volvieran a navegar en el curso del Reino. Jesús, con infinita e increíble delicadeza está allí esperándolos y les ha preparado el almuerzo.
Es el amanecer, y todo está claro.
Es tiempo de dejar atrás el viejo oficio, y asumir la nueva misión: si Jesús guía la barca, la pesca no sólo será abundante en extremo, sino que la red que mantiene a los peces con vida no ha de romperse.
El Señor espera en nuestra orilla, y nos ha preparado su mesa para que nos alimentemos.
Basta animarnos a navegar con Él.)
Paz y Bien
Testigos de paz

Jueves de la Octava de Pascua
Para el día de hoy (08/04/10)
Evangelio según San Lucas 24, 35-48
(Estaba reunida la comunidad: comentaban los dos amigos del encuentro con Jesús camino a Emaús, describía Pedro su experiencia del Maestro Vivo.
Y el Señor se hace presente allí mismo, en medio de los reunidos en su Nombre, allí en donde se hablaba de Él.
-¡La paz esté con ustedes!- es el saludo primordial.
Todavía quedan resabios de miedos, de fantasmas de las mezquindades de las almas; por eso el sobresalto.
Por eso también el saludo, un saludo que es misión.
EL Maestro ha resucitado; es el mismo Jesús de Nazareth que ha caminado con ellos.
Les muestra sus pies, para que caminen con sus pasos.
Les muestra sus manos, para que con ellas generen signos de la Misericordia de ese Dios Padre y Madre que nunca nos abandona.
Come con ellos, para que a su vez ellos coman con otros, para que el pan sea abundante y nutritivo al ser compartido.
Inmersos en un mundo que sólo expresa violencia, que tolera con normalidad el egoísmo y el hambre, que sólo acepta la paz de los cementerios... Él nos muestra sus manos y sus pies.
Somos testigos de que Él está vivo, presente entre nosotros.
Quizás -aunque la ingenuidad levante sus rótulos- debamos ser testigos de esa paz que siempre precede su visita.
Ser testigos del Dios Viviente, llevando a todas partes el Shalom infinito de la vida plena y abundante)
Paz y Bien
Jesús en el camino, en la Palabra, en el pan compartido, en la comunidad reunida

Miércoles de la Octava de Pascua
Para el día de hoy (07/04/10)
Evangelio según San Lucas 24, 13-35
(Los dos discípulos iban camino a Emaús. Quizás sin un fin determinado, sino sólo con la intención de alejarse de Jerusalem, de alejarse de la tristeza, del espanto, del desengaño sufrido por la Pasión y Muerte de su Maestro.
Con ellos, también nosotros tendemos a tomar distancia de la cruz y de todo lo que nos agobia.
Aún en ese talante de desánimo, van conversando de Jesús, comentando y discutiendo lo sucedido.
Jesús es Dios y Dios es Jesús y es ese Dios quien siempre, invariablemente, toma la iniciativa en todos los órdenes de nuestras limitadas existencias.
El nos amó primero, y lo hizo y lo hace hasta el fin.
Y así, mientras los dos discípulos continuaban enfrascados en su diálogo, les sale al encuentro ese Jesús... al que ellos no buscaban, al que consideraban perdido pero que aún seguía presente en las profundidades de sus almas.
La Palabra nos dice que a pesar de que Él se hiciera presente junto a ellos, había algo que impedía que lo reconocieran.
Es claro: habían abdicado de toda esperanza, nos rendimos frente al embate de los estados de ánimo y se nos hace intolerable el peso de cualquier cruz.
Jesús sabe que cosas se tejen en cada corazón, y por eso los impulsa a desahogarse, a dejar fuera todo lo tóxico, todo lo que no crece, todo lo que nos ata.
Y paso a paso con ellos y con nosotros, nos hace recorrer la Palabra con paciencia y ternura, y ellos junto a cada uno de nosotros podemos descubrir que todo desemboca como un río de agua viva en Él.
Aún así, se nos acaba el día y se acerca la noche de nuestras limitaciones y nuestras mezquindades. Con ellos, le suplicamos que se quede.
Él se hace presente en ese Pan Sagrado, Él mismo alimento para todos, Él presente en el pan que se comparte... y sucede el milagro, triunfo increíble del Dios de la Vida y sus hijos, los discípulos, todos y cada uno de nosotros: ¡Él está vivo!
Ya no hay que escapar de la Jerusalem de la tristeza y el desengaño.
Es hora del regreso, y de contarle a los hermanos la increíble y maravillosa noticia del Resucitado.
Allí también lo sabían: el Señor se había aparecido a Simón Pedro.
Y los recién llegados cuentan lo que les ha sucedido, cuentan el ardor de sus corazones cuando el Maestro iba con ellos, cuentan de su presencia tangible al partir el Pan.
El Maestro se hace presente también allí cuando dos o más, reunidos en su Nombre, comparten la experiencia de Aquel que vive presente en sus vidas.
Es tiempo de fiesta, alegría y esperanza, tiempo de recordar que el Resucitado vá paso a paso caminando con nosotros aún cuando no podamos verlo, tiempo de escrutar desee un silencio orante sus huellas en la Palabra, tiempo de redescubrirlo al compartir el pan, tiempo de reencontrarlo vivo y presente junto a los hermanos reunidos en su Nombre.)
Paz y Bien
Cuando se escucha su voz
Martes de la Octava de Pascua
Para el día de hoy (06/04/10)
Evangelio según San Juan 20, 11-18
(María, la de Magdala, estaba anegada en un mar de lágrimas a las puertas del sepulcro.
Había bebido, fiel en su amor, el mismo cáliz de Jesús al pié de la cruz.
Había visto su cuerpo destrozado, desfigurado, frío por la muerte, lo había visto depositado casi a escondidas en ese sepulcro ajeno.
Aún en su tristeza, teje en el alba su esperanza y vá al sepulcro en donde -cree- reposa su Señor. Pero esa tumba está inhabitada.
Los Mensajeros adelantan misteriosamente el regreso de la alegría: le preguntan el porqué de su llanto, pero es una pregunta que a la vez lleva una afirmación. Hay algo más fuerte, más importante y más poderoso que esa gran tristeza.
Ella no encuentra al cuerpo del Señor; le han escondido a su Jesús amado, no lo puede encontrar.
En la noche de María, surge potente el alba de la Resurrección.
Ahí estaba el Señor Resucitado; y siempre su llamado es personal. Por eso exclama -¡María!-
Y al reconocer su voz, todo se transforma. Ella escucha su voz y lo reconoce, las ovejas reconocen la voz del Buen Pastor -¡Rabboní!- -¡Maestro!-
La tristeza desaparece instantáneamente, nada detiene el impulso de la vida de Jesús.
María de Magdala tiene ahora una misión: ir a decirle a los hermanos del Maestro que subirá al Padre de Todos, que está vivo, que nada ha sido en vano.
Ella escucha su voz, redescubre al Resucitado en su vida y de manera incontenible, lo transmite a los otros.
Ella es modelo para todos nosotros, signo por excelencia de nuestra misión y nuestra esperanza.
Nada ni nadie puede escondernos a Jesús Resucitado, Dios de la Vida.
Y la evangelización es precisamente eso, contar que uno ha descubierto y ha podido escuchar su voz viva, fuerte y permanente en su vida.
Quiera el Espíritu del Resucitado volverns a esa sencillez de redescubrir todas las veces que Él nos ha hablado, que su Palabra ha obrado maravillas de vida en nosotros. Y desde allí, compartir con los hermanos esa increíble, feliz e imperecedera noticia)
Paz y Bien
Esa mañana, esas mujeres
Lunes de la Octava de Pascua
Para el día de hoy (05/04/10)
Evangelio según San Mateo 28, 8-15
(No es del todo impensable imaginarnos los titulares de los medios:
-Robaron uno de los cuerpos de los crucificados el viernes pasado-.
A los guardias que custodiaban la tumba en donde dejaron los restos de Jesús, le dan una suma importante de dinero para que digan que los discípulos se habían robado su cuerpo. Es claro -voluntades compradas- nada dirían de sus desmayos, nada dirían de que nadie se apareció por allí hasta la madrugada del domingo.
Más allá de de las maquinaciones del Sanedrín, de ciertas trampas políticas y propagandísticas de los romanos -complots de aquel entonces y de nuestro presente también- creer en la Resurrección de Jesús luego de su muerte en la cruz es un acto de fé. Y como tal, es un don, un regalo, una cuestión de Gracia.
Era de mañana, nos cuenta el Evangelista; signo y símbolo del fin de la noche extensa de la humanidad.
Jesús ha resucitado, y elige aparecerse primero que todos...a mujeres.
Esas mujeres que temprano habían descubierto la tumba vacía.
Esas mujeres que iban corriendo a avisar a los discípulos, encendidas de temor y de alegría.
-temor y alegría, vivencias profundas del misterio-
Jesús elige como testigos privilegiadas de que está vivo a quienes nadie cree, pero que sin embargo se mantuvieron firmes al pié de la cruz, y bebieron su cáliz de dolor.
La Resurrección de Jesús puede expresarse en las primeras palabras pronunciadas por el Maestro:
-¡Alégrense!-
-¡No teman!-
Es su mano que nos rescata del miedo y la desesperanza.
Esas mujeres, que portan la maravillosa noticia que Jesús está vivo, deben ir adonde están sus hermanos.
Sus hermanos: Él lo había enseñado, sus hermanos, su madre, su padre, son todos aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la viven...
Portan el mensaje de que sus hermanos deben ir a Galilea, y allí lo verán.
Donde todo comenzó, todo renacerá, porque lo que ha comenzado no tiene fin.
Ellas vienen corriendo a nuestro encuentro ahora mismo.
Hay que volver al comienzo, y recorrer el maravilloso camino de la vida vestidos de esperanza porque la vida prevalece sobre la muerte.
Jesús está vivo, y nosotros vivimos con Él, por Él y en Él)
Paz y Bien
Una tumba vacía, la mejor de las noticias
Pascua de la Resurrección del Señor
Para el día de hoy (04/04/10)
Evangelio según San Juan 20, 1-9
(Odiaban a Jesús, de eso no cabe duda; pero también le temían.
Consumada su Pasión, es un muerto inquieto que parece no dejarlos en paz.
Por una parte, era costumbre romana dejar el cuerpo del ajusticiado en el cadalso como método ejemplificador y coercitivo; el mensaje para el pueblo era "esto es lo que les pasa a los que se oponen al Imperio".
Por otra parte, la Ley mosaica dictaminaba que cuando un hombre era ejecutado en la cruz -o también colgado- debía ser considerado maldito; por eso mismo, luego de morir no había de dejarse su cuerpo pudrirse en la cruz. Si eso sucedía, se contaminaba por ello la tierra santa de Israel.
Con todo esto, Jesús era para romanos y fariseos y para sus propios amigos un Mesías muy extraño y controversial. Es un rey que al morir no tiene funeral masivo y con gran pompa, es un profeta que no tiene tumba propia que se convierta en centro de peregrinación para sus seguidores.
Su cuerpo es depositado en una tumba ajena -parece que el propietario era José de Arimatea- y su funeral es prácticamente clandestino, sólo unos pocos se enteran del dónde, el cómo y el cuando.
Era la madrugada del primer día de la semana; María de Magdala, antes que todos, con las urgencias que hace brotar el amor profundo, se encuentra la piedra quitada y la tumba vacía. Encendida por un fuego impredecible corre hacia donde se encontraban Pedro y Juan a contarles lo sucedido, razonando que se han robado el cuerpo de su Maestro, pero intuyendo que quizás sea otra cosa lo que haya pasado.
Juan y Pedro, Pedro y Juan no se quedan quietos y, a su vez, salen corriendo -alas en sus pies y en sus almas- hacia el sepulcro.
Juan, el discípulo amado, llega primero... debe ser porque el amor se adelanta a todo. El amor siempre llega por delante.
La pesadísima piedra que obturaba la entrada está quitada de su sitio.
Las vendas que amortajaban el cuerpo estan caídas en el suelo.
El sudario que cubría su cabeza, cuidadosamente plegado en un rincón.
Ven y creen: los objetos funerarios, los signos que remiten a la muerte devienen inútiles.
Esa tumba está vacía porque ya no hay cuerpo que la habite, esas vendas están en el suelo porque no hay carne que ceñir, ese sudario está enrollado porque quien lo usaba...ya no lo necesitará más.
¡La tumba está vacía porque quien la habitaba está vivo!
El Maestro anunció la Buena Noticia, y esa tumba vacía, que su cuerpo ocupó poco tiempo, es la mejor de las noticias.
Jesús ha borrado la línea infranqueable de la última frontera, la de la muerte.
Es triunfo de Dios y del hombre: el Señor ha abierto una puerta definitiva para que pueda pasar toda la humanidad.
Es la victoria de la vida sobre la muerte; sin embargo no es una victoria como solemos conocer, una victoria edificada sobre la sangre y la muerte de los derrotados.
Es una victoria edificada a partir de la sangre y la muerte de quien más amó, y es una victoria para que ya no haya más derrotados por la muerte.
La vida eterna, la vida de Dios, imparable y que no puede encerrarse, se ha abierto paso por entre la noche.
Es un nuevo día: Jesús ha muerto en la cruz y ha resucitado, llevando de la mano a todos los crucificados de la historia.
La vida prevalece por la fuerza imparable del amor, Dios mismo.
Hay que salir corriendo a dar aviso de esta increíble noticia a todos nuestros hermanos muertos en vida: la muerte no tendrá jamás la última palabra.
La Palabra vive.
Feliz Pascua de Resurrección)
Paz y Bien
Malvinas, desde el silencio y la memoria

Hoy, 2 de abril, es una fecha muy cara a nuestros corazones argentinos.
Pero este año es especial: coincide con el recuerdo de la Pasión de Jesús.
Es un día de silencio, meditación y oración.
No se trata de reivindicar la guerra: se trata de honrar a los que murieron para que otros vivan, de recordar siempre a los que casi niños fueron a proteger esta casa común.
Se trata de reafirmar contra toda lógica y contra todo discurso que no hay nada más valioso que una vida.
Se trata de ejercer la memoria, y desde allí construir justicia, hermana de la verdad y la paz.
Allí donde debería haber escuelas y plazas, y banderas color cielo, hoy hay hombres armados.
Allí donde debería haber reconciliación y respeto, sólo se escuchan bravatas propias del imperialismo, insultos plenos de prepotencia.
Sin embargo, y a pesar de todo y de todos, no diremos el conocido Volveremos.
Nosotros estamos volviendo siempre, de manera inevitable... nuestros hijos, hermanos, padres están allí.
En este día de silencio, oramos por los nuestros.
Por los que dejaron su vida, por los que volvieron quebrados en sus almas y mutilados en su cuerpos, por todos los que se quiso esconder y relegar con gran malicia y sin vergüenza al olvido.
Y oramos también por el enemigo.
Jesús no espera menos de nosotros.
Con el corazón en llanto silencioso, nosotros nunca olvidaremos.
Paz y Bien
Ricardo
La cruz de mi hermano

Viernes Santo de la Pasión del Señor
Para el día de hoy (02/04/10)
Evangelio según San Juan 18, 1-19, 42
(Estaba allí. Vino el que creíamos amigo, y vino con soldados romanos en perfecta formación, y vino con policías del Templo, todos armados hasta los dientes, para llevarse a mi hermano.
Justo a Él, que sólo hablaba palabras de amor y de paz, lo vienen a prender como si fuera un sujeto muy peligroso y violento.
Yo miraba.
Pedro vé rojo, y la emprende contra los captores, espada en mano, ira desenvaindada. Yo hubiera levantado un arma también ¡se trataba de mi hermano!.
Pero ni Pedro ni yo entendíamos, y Él manda a guardar las armas.
Con una calma que nos asusta, nos dice que es la copa que Él debe beber, vaso que le ha dado nuestro Papá.
Yo miraba.
Miraba cuando maniatado se lo llevan a la casa de Anás, Miraba cuando Pedro lo negaba con la rapidez del canto del gallo al amanecer. Ese mismo Pedro que estaba hace muy poco presto a tomar las armas por Él. Yo lo miraba y creí por un momento que esa arma empuñada y esas negaciones eran la misma cosa.
Ví cuando a mi hermano lo interrogaban, ahí de pié, incólume en su soledad.
Ese Anás quería regodearse con el preso, pero la verdad que emanaba de mi hermano se lo impedía.
Atado como un fardo, se lo pasa a Caifás y éste lo envía a su vez al pretorio romano, sucursal del Imperio y la prepotencia.
Yo miraba.
Lo seguía mirando, entero en su abandono, roble en su entrega. Miraba al pretor romano, seguro por el poder de las legiones, vacilar frente a mi hermano. Tiene miedo de que la sencillez de mi hermano desate una vorágine que quiebre su status y lo haga quedar mal con el emperador. Sabe que lo hecho por mi hermano no clasifica como delito en sus códigos, pero al desalmado esto no le preocupa demasiado como tampoco le importa saber qué es la verdad. Sólo prevalece el poder.
Prefiere jugar a una baraja mortal dejando libre a un violento homicida y condenando a mi hermano.
Yo miraba.
Miraba las voces rabiosas de quien pedían su muerte... Me pareció encontrar en algunos rostros a varios de los que hace unos días aplaudían y vivaban que Él llegara a la Ciudad Santa. No, está mal: ni tan ciudad ni tan santa. Jerusalem se había convertido en nido de serpientes y en teatro de maldiciones.
Y el venal pretor cede una vez más al clamor del poder. Pero toma sus resguardos: sabe que algo está mal, y trata de sacarse de encima cualquier problema lavándose las manos enfrente de todos.
Pero serían manos difíciles de lavar, eran manos que estarían manchadas con la sangre de mi hermano.
Yo miraba a mi hermano estremecerse de dolor debajo del suplicio del látigo concienzudo y eficaz que lo iba desgarrando con desgarradora pericia. Miraba esas espinas clavarse en sus sienes, morder su cabeza. Miraba las burlas de los disciplinados legionarios. Miraba el suplicio del desprecio y la exclusión, la tortura del desempleo y la violencia, el calculado látigo de las drogas y la esclavitud, y las heridas de mi hermano se ensanchaban aún más.
Miraba cuando le pusieron a los hombros esa cruz tan pesada... Él ya estaba muy mal, la tortura regulada había cobrado tributo en su cuerpo.
La cruz lo hace vacilar y caer. Sin embargo, con su cuerpo casi fragmentado lo ví ponerse en pié y seguir inexorable hacia ese monte.
Miraba al Cireneo que lo ayuda, pero pareciera que mi hermano lleva en sus hombros desgarrados muchas más cosas que el grave peso de esa cruz enorme.
Miraba cuando los expertos atravesaron con gruesos clavos sus manos y sus pies. Esas manos que curaron, que bendijeron, que acariciaron. Esos pies que tanto caminaron junto a nosotros. Le dan duro a la maza. Como si mi hermano se fuera a escapar, justo Él.
Yo miraba desde lejos.
Miraba las burlas y los insultos, la hiel y el vinagre, la lanza que taladra su costado.
Immá, nuestra Madre, tenía el alma atravesada por una espada de doble filo. ¿Quién cómo una Madre para saber el dolor de un Hijo, quién como una Madre para sufrir tanto como mi hermano?
Y llegó su momento, todo estaba cumplido. Mi hermano inclina la cabeza, mi hermano entrega el espíritu, mi hermano ha muerto.
Mamá, transida de dolor como está, tiene una certeza escondida que no cuenta pero yo la conozco. Ella sabe que esto no termina allí.
Me cuesta creerlo. La cruz es fiera y es voraz, y a mi hermano lo pusieron allí como a un maldito, como a un miserable, como a un criminal muy peligroso.
Su cuerpo mutilado poco a poco se enfría con la irrupción de la muerte.
Yo miraba cuando vino el de Arimatea para bajarlo del cadalso y llevarlo a un sepulcro nuevo.
Y cuando corrieron esa piedra tan pesada, dejé de mirar y por fin pude ver.
Allí adentro está el cuerpo de mi hermano.
Sin embargo, los verdaderos muertos son los que quedamos afuera.)
Paz y Bien
No hay mayor amor
NO HAY MAYOR AMOR
No hay mayor amor que dar la vida.
No hay mayor amor
No hay mayor amor
Este es mi cuerpo y mi sangre
todo esto es lo que soy;
quedo por siempre entre ustedes
aunque parta no me voy.
No teman, amigos míos,
si algún tiempo no me ven,
si entre ustedes se quieren
me verán a mí también.
El miedo no es sentimiento
que abriga el que cree en mí,
recuerden estas palabras:
“al mundo yo lo vencí”.
Les enviaré mi Espíritu
que consuela en el dolor;
alentará la esperanza,
traerá fuego al corazón.
Alejandro Mayol - La Fuente
aquí puede escucharse:
Panes ázimos para hombres de pan

Jueves Santo - La Cena del Señor
Para el día de hoy (01/04/10)
Evangelio según San Juan 13, 1-15
(Se encontraban reunidos para celebrar la fiesta de la Pascua, y todo estaba dispuesto. La sala, las copas, el vino, los panes ázimos -Matzá-, las hierbas amargas, la carne de cordero... Se reunían para festejar al Dios que había liberado a su pueblo de la esclavitud de Faraón, y el éxodo o paso a través del Mar Rojo.
Jesús era plenamente consciente de lo que estaba por suceder en breve; tanta era la certidumbre de su misión y de las consecuencias espantosas que acarrearían, que de ninguna manera lo que le sucedería sería consecuencia directa de los acontecimientos planeados por los socios de la oscuridad, sus enemigos.
Él asume libre, plena y totalmente lo que ha de venir; lo suyo será una entrega generosa de su vida antes que el producto de las decisiones de los poderosos.
Esa entrega se lee en clave amorosa: la donación de su vida es gratuidad pura, es entrega de su vida amando a los suyos hasta el fin.
Durante la Cena Pascual, sucede lo impensado: se levanta, se ata a la cintura una toalla a la cintura y con un recipiente con agua comienza a lavar los pies de los discípulos y a secárselos.
No es un rito, pues para ser tal debería haberse producido al comienzo de la Cena en un ambiente mucho más formal. Tampoco es un gesto simbólico de humildad... Jesús ha hecho de todo, pero nunca sus acciones pueden ser amoldadas a formas predeterminadas.
El Maestro proclama una nueva realidad definitiva, la de su Reino, la de la familia de hijas e hijos de Dios.
-el lavado de pies era tarea reservada normalmente en esos tiempos a los esclavos; nos dice la Palabra que antes de ceñirse la toalla a la cintura, Jesús se quitó el manto. Y esa toalla no se la quitará una vez finalizado el lavado de los pies de sus amigos-
Es música del despojo: Jesús es Dios y Dios es Jesús, y ese Dios con nosotros se hace esclavo de todos para siempre... con esa toalla que no se quita.
Los acordes serán graves durante su crucifixión, y sonarán notas jubilosas en la mañana del regreso a la vida, su Resurrección, la vida recuperada para todos y cada uno de nosotros.
En esa misma Cena quiso quedarse de modo perenne en cuerpo y sangre desde el pan y el vino de la Pascua. No es casual que lo llamemos Eucaristía -acción de gracias- milagro diario que sucede por la Gracia infinita del Dios del Universo que se hace nada por nuestra salvación.
El vino -su sangre- es la savia nueva que animará la vida que quiere para toda la humanidad. Es abundante. Ya lo venía demostrando desde su primer signo en aquella boda en Caná de Galilea; es vino que no se acaba, vino de vida nueva y alegría para quien quiera beberlo.
El pan -su cuerpo- es el alimento perpetuo para sus amigos, para su familia, y para que nadie pase hambre de ninguna clase. También parece a nuestros ojos mezquinos una enormidad, y Él también ha sido providente como su Padre: aquellas tardes de fraternidad y enseñanza, convertía esos panes en alimento que satisfacía el hambre de miles...y aún quedaban muchos canastos llenos para los que todavía no habían llegado. Nosotros y muchos más.
El matzá, el pan ázimo del pueblo de Israel será para el nuevo pueblo de Dios el cuerpo de Jesús. Pan ázimo, pan sin levadura...pues la levadura serán sus mismos discípulos, fermento en la masa, sal de la tierra, luz del mundo.
En la Eucaristía confesamos la presencia real y efectiva del Señor; y el Señor también se encuentra de igual manera, real y efectivamente, cuando sucede el servicio al hermano, entrega desinteresada movida por el amor de Aquel que nos ha querido hasta el fin.
Panes ázimos que por el servicio recíproco y generoso, hace que los hombres también se hagan pan para el hermano hambriento.
Un Dios que se hace pan para que haya hombres de pan.
Un Maestro que lava los pies de sus amigos, un Dios de la Vida que se hace esclavo y servidor de la humanidad para la Salvación)
Paz y Bien


