La dimensión de lo escondido, la primacía del hallazgo


Para el día de hoy (24/07/11):
Evangelio según San Mateo 13, 44-52

(Las parábolas tienen por finalidad enderezarnos la mirada más allá de lo evidente, de lo acotado por lo físico y limitado por la razón hacia lo trascendente, lo que perdura, lo que no muere, eso que llamamos eterno y que es propio de Dios.

Hay una dimensión en la existencia de la que a menudo no solemos dar importancia, y sin embargo es fundante: es la dimensión de lo que está escondido, fragancia primordial del Reino.
No diremos aquí apologías del esfuerzo ni menoscabaremos tampoco lo valioso del despojarse de lo inútil y estéril: las parábolas del tesoro escondido y de la perla mayor resaltan y vindican la primacía del hallazgo. El acento está puesto en la alegría del descubrimiento y en lo que este encuentro provoca como actitud y compromiso.

Uno de los protagonistas de las parábolas es un labrador que descubre el tesoro oculto en el campo de sus faenas; el otro, el comerciante de perlas finas que encuentra la más valiosa de todas. Nada sucede por casualidad, y aquí hay una causalidad santa: el tesoro de la eternidad, aquél que está escondido a la relatividad torpe y a la rutina opresiva, se deja encontrar en la vida cotidiana, más allá de las diversas tareas y vocaciones de los descubridores.

El Reino está cerca, muy cerca, tan cerca que palpita en cada corazón humano, y es tan valioso que cuando se halla, es dable abandonar lo previo y encontrarle nuevo sentido a todo; hay un nuevo horizonte a partir de ese encuentro maravilloso, no tanto condicionado por la actitud de quien busca, sino por las bondades infinitas de ese tesoro que, fantásticamente ilógico, se deja encontrar.

En esa misma sintonía está signada nuestro oficio y vocación de pescadores: no somos dueños ni de los peces ni del mar. Nuestra tarea se decide en el esfuerzo puesto en esas redes que mantengan con vida a los peces, redes sencillas y pequeñas que crecen con el esfuerzo en común y humilde de muchos.

Y allí sí, el Maestro podrá preguntarnos si hemos entendido y al fin, con mirada límpida y con frutos santos, contestaremos con serena alegría que sí, que te entendimos, que por aquí andamos con el corazón grande por este regalo inmenso que sabemos no merecer, y que seguimos insistiendo -con todo y a pesar de todo- en que ningún pequeño pez se extravíe en las anchuras de ese mar bravo que llamamos mundo, que seguimos obstinadamente empeñados en arrojar redes de compasión y misericordia)

Paz y Bien

3 comentarios:

Marian dijo...

Gracias Ricardo por tan magnifica entrada.
Siempre aprendo algo nuevo al venir aquí.
Dios te bendiga!
Feliz semana.

E. Baregó dijo...

La verdad es que me ha impresionado el título y resume todo un gran pensamiento, el contenido es hermoso, gracias por su posts. bendiciones hermano, tan iluminador como siempre.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Querida Marian, querido padre Enrique, que Dios los bendiga y colme de su alegría
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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