Zaqueo y la necesidad de ser árboles


Para el día de hoy (31/10/10):
Evangelio según San Lucas 19, 1-10

(La historia de Zaqueo nos remite a los Zaqueos de nuestro tiempo -nosotros también-.
Publicano, es decir, cobrador de los tributos debidos al Imperio. Explotador de los contribuyentes, en donde a menudo se los exprimía hasta lo indecible, pues en la diferencia del impuesto cobrado estaba la ganancia del recaudador.
Y este Zaqueo además era rico; seguramente con una riqueza obtenida a partir del sacrificio de los otros.

Zaqueo -nosotros también- tiene una necesidad de mirar y ver a Jesús: ese Maestro tiene respuestas a la preguntas más profundas, es un hombre extraño, inesperado, magnífico.
Sin embargo, no puede distinguirlo en medio de la gente: Zaqueo es bajo de estatura, y está impedido de ver a Jesús desde su abajo.

La Palabra nos nutre a través de signos y símbolos: es dable pensar que esa corta estatura no se debe tanto a una cuestión de longitud, sino más bien a la estatura de su alma.

Porque las cosas del mundo, el mal que hacemos a los hermanos y el dinero nos van desgastando y nos vamos achicando, volviéndonos ínfimos. Quizás el término bajeza -sin interés peyorativo- identifique mejor a Zaqueo -y a nosotros también-.
Claro está, es muy distinta la pequeñez de Zaqueo que la pequeñez de María.

Ella se descubrió pequeña, pequeñísima frente al Creador, por ello es la Bienaventurada de generación en generación, la más grande, la que pudo erguirse en toda su estatura y mirar a Dios de frente.
En cambio, Zaqueo necesita encaramarse a una altura para ver a Jesús. Esas ansias por conocerlo le hacen olvidar protocolos y dignidades, y como un niño, se trepa a un árbol.

Y sucede el encuentro: Jesús pasa por su vida, se aloja en su casacorazón y llega el perdón, y se libera un torrente de alegría.

Zaqueo ha descubierto a Jesús; mejor aún, se ha dejado descubrir por Él. En su vida se ha hecho presente la Misericordia y se crece la semilla del Reino.
Es la fiesta de la conversión: Zaqueo -nosotros también- por el paso de Jesús en su vida ha podido ver, y descubre a su prójimo: por ello, regalará la mitad de sus bienes a los pobres, y hará algo que a menudo pasamos por alto. Sabe que hay muchos a los que ha lastimado por sus miserias, y descubre que no basta ser perdonado. Hay que reparar y curar el mal infringido.

Tal vez en nuestra misión haya una veta silenciosa, esa necesidad de ser árboles.
Árboles frondosos y frutales, en donde se puedan encaramar aquellos que se han aniquilado por eso que llamamos pecado, árboles en donde muchos puedan subirse y encontrar la mirada el Maestro.
Misión feliz, santa y eficaz: el resto, corre por su Misericordia)

Paz y Bien

4 comentarios:

lourdes dijo...

Gracias hermosa reflexión esta mañana en la oración personal meditava este evangelio, y me sentia que Señor me decia que cada vez que el viene a mi casa en el momento de la eucaristía en ese mismo instante se realizaba en mi esa salvación cada vez que le recibimos en la santa comunión ese mila gro se da unidos en oración y un abrzo en Cristo Jesús

Edit dijo...

Siempre aprendo con tus reflexiones.
Tu modo de actualizar los pasajes bíblicos y de darnos un mensaje renovado de la Palabra, me llena de alegria.
Me hiciste pensar en los Zaqueos actuales. Los hay y muchos. Estan con en esa época institucionalizados, tienen toda la legalidad para vivir del esfuerzo ajeno. Tienen hasta determinado por ley el porcentaje de ganancia, pero resulta que son muy pocos los que lo respentan.
Dios mío, quita el velo de nuestros ojos, para que podamos como Zaqueo, convertirnos a la vida nueva y eterna.
Un abrazo.

rgr dijo...

Que maravilloso Lourdes que podamos por este medio compartir vivencias y suceda el milagro de la comunión en la oración, por ese Espíritu que constantemente nos llama!
Un abrazo grande en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Gracias Edit por la generosidad de tus palabras; pero en realidad se trata nada más de ser fiel a una mínima misión de ser birome de Dios en estos casos. Si acá hay algo bueno, es cuestión de Él.
Yo me alegro muchísimo -se cosecha ciento por uno, como decía el Maestro- de encontrar las mismas resonancias en los hermanos y en los amigos.
Me sumo a tu ruego, que se nos caiga el velo de la mirada, para poder convertirnos en su Presencia.
Un abrazo grande
Paz y Bien
Ricardo

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