El privilegio del último lugar

Para el día de hoy (30/10/10):
Evangelio según San Lucas 14, 1.7-11

(Encarnar la verdadera humildad -la cordial- no es sencillo, pues puede ser muy doloroso derrotar a ese orgullo que a veces se nos ha adentrado tanto.
Por eso la humildad se corresponde con la justicia y es medida y verdad de nuestra existencia: la soberbia -ese creerse mucho más de lo que uno es- nos hace buscar reconocimiento y honores en terrazas inmanentes.

De allí la parábola que el Maestro nos regala: la clave, quizás, esté en que los sitios donde se han de sentar los invitados dependan de Aquél que convida al banquete antes que de los méritos de los asistentes.
Eso precisamente es aquello que entendemos por Gracia.

En el banquete del Reino, lo sabemos, hay invitaciones preferenciales: los pobres, los pequeños, los excluidos, los caídos al costado del camino. Y tienen un plato ya servido aquellos que sepan descubrirse en su verdadera estatura, los que sean capaces de humillarse y anonadarse frente a Dios y para bien de los hermanos.

El Maestro lo sabía bien, ya desde el vientre materno.
Su Madre supo cantar las maravillas de ese Dios que exalta a los humildes. Ella, la más pequeña de todos y por ello mismo, la mayor y la más feliz.
Y Él, que al decir de Pablo, se anonadó humildemente y a un esclavo se ha igualado.

Quizás haya que buscar con afán los últimos lugares, agradables al que nos convida a Su Mesa.
El modo: digamos con el Apóstol...tengamos los sentimientos de Cristo, Nuestro Señor)

Paz y Bien

2 comentarios:

Salvador Pérez Alayón dijo...

Ahí radica toda la esencia del amor: "la humildad", porque siendo humildes todo lo demás está conseguid, pues el humilde se olvida de sí mismo para darse a los demás.

Muy buena tu reflexión, Ricardo.

Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

rgr dijo...

La justa medida de todas las cosas, querido Salvador.
Gracias por tu constante comunión y compañía
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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