Un rostro de vida


Para el día de hoy (17/03/10)
Evangelio según San Juan 5, 17-30

(Ante los que murmuraban críticas despiadadas y enconadamente tramaban su muerte, Jesús les responde revelando el misterio de Gracia y Misericordia infinitas de su Padre.

Aún a los responsables de los crímenes más horrendos el Maestro no retacea su rostro de ternura.

Se identifica en absoluta dependencia, plena y totalmente con su Padre, que es también el nuestro, a tal punto de descubrir a nuestros ojos escasos su condición de Hijo de Dios y de que ese mismo Dios actúa a través de Él.

Cuando expresa su misión, no se desvía de la mirada bondadosa de su Padre, y la condensa y sintetiza en dos vertientes: la resurrección de los muertos y el juicio sobre el mundo.

En la Resurrección en la que tendrá primacía, se alza su voz todopoderosa porque es voz de amor: la muerte habrá de soltar a sus cautivos.
La Resurrección de los muertos es la expresión cabal y perfecta de la vida dada en plenitud y gratuidad.
La promesa certera de que los muertos escucharán esa voz única no está dirigida únicamente al día en que Él regrese, al día en que nos reencontremos todos de una vez y para siempre... Hoy también hay muchos muertos en vida, y nosotros también experimentamos esa muerte fragmentaria.
Es aquello que llamamos pecado, y nada ni nadie puede resistirse a su voz.

En el juicio, es la mano del Creador impulsándonos a una vida de justicia, a una existencia ajustada a su voluntad, a una vida en plenitud sin límite de fronteras ni discriminación de gentes... Es grato pensar también que ha dejado en nuestras manos la posibilidad de la vida o de la muerte, de la opresión o de la justicia.
Su Padre y Él creen en nosotros, confían en nosotros -aún más que nosotros mismos-.

Ver su rostro y escuchar su Palabra significa el aquí y el ahora del Reino, la creación que se renueva en este preciso instante por la Infinita Misericordia de un Dios que nunca nos abandonará)

Paz y Bien




2 comentarios:

Salvador Pérez Alayón dijo...

Eso es lo asombroso y extraordinario, que todo lo ha dejado en nuestras manos. Sabemos que sin ÉL nada podemos hacer, pero la libertad de decidir está en nosotros por su propia Voluntad.

Lo único que no tiene JESÚS son nuestros pecados, porque ÉL es Inmaculado, limpio de toda culpa, y eso es precisamente lo que nos pide y lo que viene a limpiar, para santificados llevarnos a la presencia del PADRE.

Y esa decisión tiene que ser nuestra: reconocernos pecadores y confiar, creer que ÉL nos puede limpiar y llevarnos a la presencia del PADRE.

Roguemos al SEÑOR, tomados de la Mano de María, para que nos dejémonos abandonar en su ESPÍRITU y conducir por sus Caminos.

Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

rgr dijo...

Amén, Salvador, el camino que nos presenta Jesús es sencillo... Nosotros lo hacemos difícil
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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