Dar vida


Para el día de hoy (15/03/10)
Evangelio según San Juan 4, 43-54

(Viene a Jesús un funcionario real a pedirle que sane a su hijo.

Según la mentalidad imperante, no debería recibirlo: primero por pagano, y segundo por ser funcionario del tetrarca galileo -Herodes Antipas- a quienes casi todos despreciaban por ser lacayo de los romanos.

Sin embargo, el Maestro no está preso de preconceptos, ideologías, razas o religiones: su Palabra llega a todos.

El funcionario es un padre angustiado por su hijo gravemente enfermo, en peligro de muerte, que al enterarse de la presencia de Jesús en Galilea no se demora un instante y en su búsqueda: sabe que ese extraño Rabbí judío tiene el poder de sanar. Con ese espíritu, lo interpela y le suplica que "baje" a su casa... de lo contrario su hijo morirá.

Pero el Maestro le una respuesta inesperada: le recalca y reconviene, pues sabe que la gran mayoría quiere presenciar la cosa prodigiosa, el signo maravilloso y espectacular para poder creer.

Pero los milagros suceden por la Misericordia de Dios y, a la vez, por la del hombre que confía más allá de su razón, más allá de los signos evidentes.

Quizás por eso, quizás porque cree en Él y quizás también porque ante todo es un padre angustiado por su hijo, el funcionario confía en lo que le dice el Maestro, y regresa a su casa.

-Vete, tu hijo vive-

-nada sucede por casualidad: si abrimos los ojos del alma, siempre podremos descubrir la causalidad escondida en todas las cosas, la mano silenciosa y amorosa de ese Dios incansable en querer dar vida a todas sus hijas e hijos.
Nada es casual, no es casual que ayer precisamente hayamos reflexionado acerca de otro Padre también preocupado por que su hijo perdido viva...-

Al llegar a su casa y descubrir a su pequeño sano, el funcionario descubre esa mano silenciosa de la Gracia expresada en Jesús: esa vida recuperada fué causa de que tanto él como su familia creyera en Jesús.

El signo mayor es precisamente ése: conforme al ruego del funcionario -¡baja a mi casa!- el Dios de la Vida ha bajado a nuestros hogares primeros, a nuestras almas, para ser sanos y salvos en su Hijo, Jesús.

Él bajó y se ha hecho uno de nosotros para dar vida a este mundo inundado de muerte en todas sus formas.
Y sus discípulos -los Doce, todos y cada uno de nosotros- tenemos una misma misión: dar vida.

En esas dos simples palabras se expresa la Palabra y la misión.
Queda en nuestras manos descubrir y articular los medios y, por sobre todo, escuchar las súplicas de tantas madres y padres agobiados por la suerte de sus niños)

Paz y Bien

2 comentarios:

Salvador Pérez Alayón dijo...

El SEÑOR escucha al angustiado y necesitado, y le da testimonio de su Bondad y de su Amor. No importa quién sea ni de que condición es. Se trata simplemente de un hijo de DIOS, de una oveja necesitada de cura, de ayudarle a regresar al redil.

Y la oveja obediente accede a ser conducida y comprueba, una vez más, que no hay nada mejor que confiar en la Misericordia del PADRE.

rgr dijo...

Siempre es la confianza que nace de la humildad -verdadera medida de las cosas- la que endereza nuestros pasos en el regreso a los brazos de ese Padre que nunca deja de esperarnos, Salvador.
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

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