Al otro lado del río

Para el día de hoy (26/03/10)
Evangelio según San Juan 10, 31-42

(La brecha se vá ahondando cada vez más, y la cuerda se tensa hasta el límite de ruptura.

Hasta poco tiempo atrás buscaban arrestar a Jesús por las obras que hacía -curar enfermos, liberar demonios en sábado-... Ahora aumenta la amenaza: es acusado de blasfemo por hacerse Él -para ellos, un hombre y para colmo, un mísero galileo- igual a Dios.
La pena por blasfemia era la lapidación, es decir, le arrojarían piedras hasta que muriera.

La misma acusación sería la que estos guardianes de la religión llevarían con su odio reconcentrado y su concienzuda soberbia ante el procurador romano, Poncio Pilatos.

Aún cuando las piedras ya queman las manos de sus acusadores, Jesús baja a su mismo plano: desde las Escrituras trata de hacerlos entrar en razones, en un ámbito de fé. Les suplica que aunque no crean en Él, crean en la bondad de Dios expresada en las obras que ha hecho.

No les importa.
Están decididos a matar al Maestro en nombre de Dios.

Nada de esto nos es ajeno; muchas atrocidades se comenten por dedicados defensores de moral y religión. Es dable pensar que lo hacen en nombre de un dios que han fraguado a imagen y semejanza de su soberbia.

Ellos han cerrado todas las puertas, no hay posibilidad de diálogo a pesar de las súplicas de Jesús.
Por eso, aunque las piedras estén a punto de lanzarse, Él pasa en medio de ellos, se les escapa de las manos.
No hay que engañarse: no se escapa porque sea ágil ni diestro en fugas, sino porque su hora aún no había llegado.
Nadie hubiera podido tocar uno solo de sus cabellos si Él no lo hubiera permitido.

Él escapa de sus manos cargadas de odio, y deja esa ciudad que pretende ser santa...
Cruza el río, anticipando el cruce de la muerte a la vida.
Cruza el Jordán y se instala en el mismo lugar en donde bautizaba y enseñaba Juan el Bautista.

Es el mensaje silencioso del Maestro: todo conduce a Él, la Ley y los profetas -y muy especialmente Juan- son afluentes del río de vida que brota de su persona.

Hay que animarse a cruzar con Él esos ríos de desprecio, de fanatismo, de muerte... Y pasar a la otra orilla de la Vida y la Resurrección)

Paz y Bien

2 comentarios:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Sí, así es, toda una vida haciendo el bien,intentando darnos la verdadera libertad y aún hoy lo queremos volver a cucificar cuando despreciamos a alguno de muestros hermanos o a una comunidad de la ídole que sea.
«Pasar el rio» para mi significa seguir andando a su lado y asirme a su mano cuando me caigo o soy motivo de que alguno caiga por mi causa.
Gracias amigo por hacerme recordar lo mucho que le debo a nuestro Dios.
Un abrazo fraterno
Sor.Cecilia Codina Masachs O.P

rgr dijo...

A Dios que nunca nos suelta su mano le sean dadas todas las alabanzas expresadas en esa gratitud que es el amor al prójimo, con nuestras luces y sombras.
Y a usted, mi querida hermana sor Cecilia, un especial agradecimiento por la generosidad y calidez de sus palabras.
Que el Dios de la Vida y la Resurrección la bendiga a usted y a su comunidad.
Le envío un abrazo fraterno en Cristo y María.
Paz y Bien
Ricardo

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