Palabra y signo, salud y liberación


Para el día de hoy (01/07/10):
Evangelio según San Mateo 9, 1-8

(Todo tiene sus raíces en el alma, bien y mal, salud y enfermedad.

El Evangelio para el día de hoy nos muestras fehacientes de ello: le llevan a Jesús un paralítico.

Este hombre se hallaba sometido a un calvario doble: por un lado, el impedimento de la enfermedad que lo postraba y le impedía vivir en plenitud. Por otro, la consideración que se tenía de que toda enfermedad era consecuencia directa del pecado, más precisamente castigo por los quebrantos morales propios o de los padres.

-A veces, lamentablemente muy a menudo, el sostenimiento de determinadas ideas y preconceptos son causa de postración de muchos-

El Maestro derriba todos esos muros.
Sanación y perdón son las dos facetas de la liberación integral que Él nos trae y nos propone desde su Reino.
Sabe qué se teje en nuestros corazones, y sabe que el mal -eso que llamamos pecado- paraliza y estanca. Por ello, el primer paso es el desatar esos nudos que lentamente nos corroen, y desatarlos será misión prioritaria para sus seguidores.

Cuando Jesús se hace presente -Palabra y signo- no hay mal que perdure, por más fiero que parezca.
Jesús es Dios y Dios es Jesús y sólo Él tiene autoridad, potestad de perdón.
Con inefable ternura expresa la Misericordia divina al hombre enfermo, el que quedará desde ese momento sano: ya no es un alma postrada, ha recuperado su humana vocación de caminante y peregrino.

Es claro que se escucharán las voces conocidas de la crítica y el desprecio; no es un dato menor, el Maestro será tildado de blasfemo -una de las causas de su condena a muerte- por perdonar pecados y por atreverse a no pedir autorización para levantar del suelo al caído.
Son los sabihondos de siempre, eruditos importantes sin corazón.
Sólo el pueblo, la gente más sencilla y humilde lo intuye desde lo profundo de su alma y por ello alaba a ese Dios que ha dado tal poder a ese Jesús y, por ende, a los hombres...

Nos queda preguntarnos si somos capaces de aceptar su Misericordia cuando nos caemos a un costado de este camino que es nuestra existencia.
Y también, si somos capaces de ser mensajeros de ese perdón; misión irrevocable de salud, compromiso indeclinable de liberación en favor de nuestros hermanos postrados, sin necesidad de pedir permiso alguno.

Nuestro Dios, Padre y Madre de Misericordia, en un increíble misterio, nos invita a levantarnos y a construir su Reino desde este hoy enfermo y oprimido, llevando palabras, signos y hechos de salud y libertad)

Paz y Bien




4 comentarios:

Teresa dijo...

En el evangelio de hoy me ha impresionado esa cercanía que sólo Jesús podía mostrar, fruto de su encuentro real y profundo con la debilidad humana. Esa palabra suya "hijo, tus pecados te son perdonados" muestra su plena identificación con el sufrimiento del paralítico...que estaba "postrado" espiritualmente por el peso de unos pecados -propios o ajenos- que, más allá de su postración física, le impedían vivir con dignidad. Por eso Jesús ve en él, antes que nada, una necesidad profunda de liberarse del yugo de esa ley judaica tan esclavizante, y lo hace con esas palabras llenas de ternura... que imagino le llegarían muy hondo, además de dejar desconcertados a todos a su alrededor. En Jesús todo es rico, cualquier gesto suyo es "multidimensional"... llega a todos los rincones del ser humano. Un texto precioso. Un abrazo.

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

En tiempo de Jesús, las enfermedades seran consecuencia de los pecados de sus padres.Jesús al acercarse al paralítico no hace otra cosa que liberarlo del error«Nadie carga con los pecados de otros» por eso es perdonasdo ya por sus propios pecados no los de su ascendencia, son los que jesús perdona.
Con ternura
sor.cecilia

rgr dijo...

Teresa, a mí también me ha impresionado siempre eso: la cercanía de Jesús, todo para Él es personal, hasta las cosas que por ahí a nosotros se nos vuelven nimias de tan rutinarias.
Es maravillosa la desmesura de la Gracia
Un abrazo en Cristo y María
Paz y Bien
Ricardo

rgr dijo...

Es verdad, querida Sor Cecilia; me quedo especialmente con eso de "nadie carga con los pecados de otros". Una gran verdad: sólo el Señor se los ha puesto a las espalda y los ha llevado a su cruz para nuestra salvación.
Un fraternal saludo para usted y su comunidad
Paz y Bien
Ricardo

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