Comunidad, don de Dios, señales de Misericordia

Para el día de hoy (02/07/10):
Evangelio según San Mateo 9, 9-13

(Nuestra comprensión de la realidad a veces está condicionada por la cultura, por la sociedad en que vivimos, por nuestras situaciones experienciales -buenas y malas-, por nuestra psicología.
Por ello es primordial mirar con la mirada de Jesús: desde allí, todo cobra sentido, hasta lo más pequeño se nos vuelve signo, hasta en lo más oscuro nos volvemos capaces de ver que la luz de la vida no puede apagarse, en cada rostro veremos Su Rostro, en cada cosa Su Mano.

El episodio de hoy es relatado también por los otros Evangelios: pero en la Palabra para el día de hoy, el publicano llamado a la conversión y al seguimiento de Jesús no es Leví, sino que es llamado Mateo.
Mateo, desde su etimología, significa "Don de Dios" o "Dado por Dios".

Allí hay un signo sensible, allí hay una señal precisa hacia donde dirigir nuestra mirada.

Leví / Mateo estaba excluido de la sociedad y de la vida religiosa por ser publicano, es decir, por recaudar impuestos para el opresor romano. Seguramente su función daba pié a numerosos abusos y a flagrantes hechos de corrupción... nada que nos sea desconocido actualmente.
Despreciado por sus paisanos, se le tenía en la misma estatura moral que las prostitutas.

Dios siempre, indefectiblemente, es quien toma la iniciativa: las primacías, los primeros pasos siempre son suyos. Por ello Jesús se acerca a la mesa de tributos y le dice -Sígueme-.
En esa sola palabra está la invitación a la conversión, está el perdón, está presente la Misericordia y la ternura, no el dedo acusador, no los dientes apretados de rabia.
La respuesta de Mateo es inmediata: se levanta y lo sigue.

¿Acaso hay otra imagen mejor de la conversión que ese levantarse del fango de miserias y seguir los pasos del Maestro?

Más aún: a continuación, Leví -que ha dejado paso a un hombre nuevo, Mateo- se sienta a la mesa con Jesús y sus amigos.
Todo un destino y toda una invitación a la humanidad entera.

Mateo es Don de Dios para la comunidad que llamamos Iglesia, que lo recibe, lo abraza y le tiene reservado un asiento preferencial en la Cena del Señor: al recibirlo como lo recibe Jesús, sin mirar atrás, amándolo en su presente y con una mirada esperanzada hacia un futuro mejor, la comunidad, la Iglesia se vuelve signo sensible y eficaz de la Misericordia y la Gracia.
Es decir, se vuelve sacramento de Salvación, de Vida Nueva.

Con Jesús, desde su Sagrado Corazón y sus entrañas de Misericordia, debemos mirar y ver con nuevos ojos... Hay demasiados, innumerables hermanas y hermanos preclasificados como réprobos, y muchos otros abandonados a un triste destino de exclusión, sumergidos en la miseria.

Quizás se nos vuelva imperiosa la necesidad de convertirnos, y de ver en el sumergido, en el excluido un Don de Dios en donde resplandece su rostro.

Nadie debe faltar a Su Mesa)

Paz y Bien

1 comentarios:

Maria del Rayo dijo...

¡Hola!
¡Yo también quiro seguirle día a día!
¡Señor regalame ese Don, yo lo quiero!

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